La vuelta al cole (o no): protocolo de actuación contra las amenazas políticas por absentismo

“Jamás hay que discutir con un superior, pues se corre el riesgo de tener razón” (Marco Aurelio Almazán)

Nota: Quien quiera obviar la justificación de la primera parte, puede ir directamente al punto “Protocolo“.

Tranquilos, esto es la Ley pero ya llegará la jurisprudencia (pequeño chiste de abogados)

Suele decirse que los conflictos surgen cuando uno deja de preocuparse de lo suyo para empezar a preocuparse de lo que tienen que hacer los demás, así que ya podemos imaginar que la política, infantilismo e incompetencia aparte, es el mundo del conflicto por excelencia. Si, además, de lo que hace o deja de hacer el prójimo depende la propia vida, y no digamos ya la de los hijos, lo que empieza siendo un conflicto puede evolucionar con cierta facilidad hacia un enfrentamiento que en el mejor de los casos dirimirán las instituciones judiciales (bastante politizadas también) y, en el peor, desembocará en indeseables comportamientos agresivos.

No obstante, antes de estallar un conflicto de esta índole, casi siempre suelen aparecer los disuasores, que no son sino argumentos generalmente coactivos que una de las partes utiliza para evitar tener que tomarse la molestia de comenzar una guerra que conlleva gastos, preocupaciones, deterioro de imagen, enfrentamiento y aburrimiento. Y en el caso de las instituciones, ya sean políticas, educativas, laborales, etc. la sucesión de disuasores sigue un patrón bastante predecible: desprecio, amenaza, soborno y confrontación. A fin de cuentas las Administraciones Públicas y, por tanto, sus representantes, cuentan con los recursos ilimitados del dinero público que, como ya nos han hecho saber, no es de nadie.

De modo que tras el intento de ignorar a las familias preocupadas por la salud de sus chavales y comprobar que no solo no había manera de disuadirlas, sino que su número crecía cada día, hemos llegado al segundo punto, la amenaza, con el vergonzante documento de la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía, titulado: “Decálogo para una vuelta al cole segura”. Este sigue más o menos las directrices para el retorno escolar que plantean todas las instancias políticas independientemente del signo político, y amenaza explícitamente con denunciar por absentismo a las familias que no lleven a sus hijos al colegio.

2.2. -¿En caso de que alguna familia decida libremente, y por prevenir la salud de su hijo/a y su familia, no realizar la enseñanza presencial, se debe informar de este hecho a la Administración o Inspección Educativa o activar protocolo de absentismo?

En lo que se refiere a la enseñanza básica (Primaria y Secundaria Obligatoria), la legislación educativa vigente en nuestra comunidad autónoma y en el resto de España no recoge como opción más que la escolarización obligatoria. Esta se materializa mediante la actividad lectiva presencial en los centros educativos autorizados para la impartición de dichas enseñanzas.

En el caso que se plantea de negativa de las familias a que su hijo/a acuda al centro, salvo situaciones debidamente justificadas que ya están contempladas de cursos anteriores, se activaría el protocolo de absentismo.

Sin embargo, el gran problema es que esta advertencia inicial con fines intimidatorios deja varias dudas en el aire. Dudas que, aunque ellos no tienen intención de tratar, quizás sí que tengan relevancia a la hora de acudir a instancias superiores.

La primera es qué entiende por situaciones debidamente justificadas. Porque es posible que para estos poderes públicos (lo de autoridad les viene grande) la muerte de otro niño solo sea un concepto estadístico más sin importancia, pero no creo que la familia del menor se lo tome con la misma tranquilidad ni con la misma frivolidad. Más si tenemos en cuenta que dichos poderes públicos no han previsto la emergencia sanitaria, no se han tomado en serio las medidas de prevención más elementales, ni en la ola inicial ni en la segunda ola que estamos viviendo; y se han reído (sí, reído) de miles de muertos con actuaciones tan éticas como falsear el número de fallecidos, mentir sobre las existencia de comités de expertos que supuestamente estaban tomando las decisiones para mejorar la situación o desarrollar a regañadientes homenajes irrespetuosos. Y sí, soy plenamente consciente de que estoy mezclando medidas que han tomado gobiernos centrales y autonómicos de diferente signo, cosa que me importa un bledo porque lo único cierto es que todos han actuado en pro de su beneficio partidista, ignorando los más elementales (y humanos) principios de salud pública.

La segunda es respecto a la estupidez planteada al hablar “de situaciones (…) que ya están contempladas de cursos anteriores”, como si la gestión de la vida social fuera una mera repetición de casos pre-existentes en un ciclo sin fin (esto no es una puñetera peli de Disney) y no un ejercicio de adaptación a nuevos escenarios como el que supone, de hecho, el COVID-19.

Y la tercera, fundamental, es quién asume la responsabilidad de lo que ocurra si uno de nuestros hijos enferma por no ser suficientes esas draconianas (y absurdas) medidas de protección, consistentes en llevar mascarilla y echarse gel hidro-alcohólico en un entorno cerrado, masificado y cargado, como es un aula escolar. Porque no deja de ser curiosa la contradicción del propio decálogo, o la mala baba, que en su página 1 dice esto (paginar un documento no cuesta mucho):

La vuelta al colegio segura es un reto y una responsabilidad de todos, empezando por las consejerías de Educación y Deporte y de Salud y Familias, pasando por los ayuntamientos y entidades locales, la Inspección educativa, las direcciones de los centros, el profesorado, las familias y el alumnado (apartado 1, responsabilidad compartida).

Mientras en la página 4, señala:

1.1. ¿La elaboración del protocolo siguiendo el modelo proporcionado da garantías a los directores sobre su responsabilidad en caso de contagio en el centro?

La responsabilidad de un contagio en  ningún caso se puede achacar a los centros o a sus equipos directivos. En primer lugar, habría que determinar, supuesto muy difícil, dónde se contagió la persona en cuestión, a lo que habría que añadir el riesgo cero, como así señalan todas las autoridades y expertos en la materia, no existe.

Ante la sospecha de un contagio o la existencia de alguno, la responsabilidad de dirección de los centros se limita a la comunicación del mismo a la autoridad sanitaria y a actuar conforme a las pautas que ésta determine.

Como doy por hecho que estos responsables políticos tampoco se harían responsables, ya que sería la primera vez en la Historia de este país que un sujeto político se hiciera responsable de algo, ¿pretenden decirnos que la responsabilidad tendría que asumirla la familia tras tomar una decisión que le ha sido impuesta por ellos bajo coacción?

 

Protocolo

Así que en este contexto, y ante tal cúmulo de despropósitos, parece adecuado plantear un protocolo, o antiprotocolo, con las medidas a tomar por una familia que no quiera llevar a su hijo a la institución escolar, precisamente para proteger su salud. Medidas que sin saltarse las normas pero aprovechando sus recovecos, consigan el objetivo deseado muy al estilo de lo que esos mismos partidos hacen de forma regular (que a este juego sabemos jugar todos).

1.- El primer paso, como exponía Sun Tzu en “El Arte de la Guerra” es conocer y organizar las fuerzas:

La regla de la utilización de la fuerza es la siguiente: si tus fuerzas son diez veces superiores a las del adversario, rodéalo; si son cinco veces superiores, atácalo; si son dos veces superiores, divídelo (Sun Tzu).

Por lo tanto, una buena forma de comenzar es asociándose y buscando familias en la misma situación con el fin de crear un lobby de presión con el que se conseguirán tres objetivos: el primero, rebajar la respuesta dada por la administración, ya que aunque no ceda en sus pretensiones nada es más aterrador para un partido político que un grupo de presión compuesto de miles de votantes potenciales, lo que les obligará a no ser especialmente contundentes en la respuesta; el segundo, reunirse con los diferentes partidos de Gobierno y oposición, buscando la respuesta más favorable y aplicando el principio “divide y vencerás” (ningún  partido permitirá que un contingente así sea seducido por su oposición); y el tercero, generar una imposibilidad de respuesta, dado que si 10.000 alumnos dejan de asistir al mismo tiempo, el sistema no dispondrá de recursos humanos y administrativos para dar respuesta produciendo una situación de colapso y bloqueo, cuya resolución probablemente se dilate hasta que ya haya pasado la pandemia.

No obstante, cuidado, en este punto es muy fácil que se aplique la tercera estrategia disuasoria, el soborno, y se intente comprar a los dirigentes de la asociación, habiendo necios que se venden hasta por una palmadita en la espalda.

2.- El segundo paso es dilatar el asunto, siguiendo en parte esa máxima que unos atribuyen a Napoleón y otros a Perón:

Si quieres solucionar un problema, nombra un responsable; si quieres que el problema perdure, nombra una comisión.

Actuemos por tanto por la vía de los hechos no enviando al menor a clase y dejando que todo funcione como suele en este país, con el equipo directivo reuniéndose con el claustro, este con el Consejo Escolar que debe tener el visto bueno del enviado de la Santa Sede apostólica y firma protocolaria del asesor del asesor del cuñado del concejal, etc. Con un poco de suerte, cuando acabe el proceso administrativo, no solo habrá pasado la pandemia, sino que ya habrá vacuna para esta, para la del COVID-20 y para la del COVID-21.

Por supuesto, en cualquier parte del proceso se deben agotar los plazos. Si nos requieren un documento en el periodo de 10 días de subsanación administrativa, nada de presentarlo al día siguiente sino al noveno, que la vida es muy estresante. Si hay 20 días para poner un recurso, el decimonoveno, etc. Y si por algún milagro del destino o de las presiones se finalizan las vías administrativas cuando el problema sigue encima de la mesa, pasamos a la vía judicial, de nuevo agotando plazos, pidiendo medidas cautelares, recurriendo a la siguiente instancia, etc.

3.- El tercer paso sería decir: ¿Absentismo? De qué está usted hablando, yo aplico el homeschooling (agradecimiento en este punto a mi asesora por su conocimiento del tema).

Otra opción completa, o como argumento a presentar entre que se dirimen las situaciones anteriores, sería aquel que dice que uno no está obligado a asumir el riesgo, pues existen alternativas que garantizan los derechos educativos de los menores a la par que los protegen de la situación de riesgo, como es el caso de la enseñanza en casa o homeschooling (que ya sabemos que todo en inglés, funciona).

Brownnie y cupcake, antes conocidos como bizcocho y magdalena.

En esta situación, como siempre, hacer las cosas mal es mucho mejor que hacerlas medio bien, ya que si uno no escolariza nunca a sus hijos es difícil detectarlo al no cruzar datos las instituciones escolares, mientras que si el niño ya ha sido escolarizado, es más fácil preguntarse dónde narices se ha metido.

En todo caso, dado que en España no existe una prohibición como en Alemania pero tampoco un reconocimiento explícito como en Francia (Instrucción en Familia), nos situaríamos en un limbo legal, cuya resolución final del asunto dependerá del funcionario que a uno le toque. Para ello, podremos alegar que aunque la ley de educación impone la educación básica y obligatoria entre los 6  y los 16 años, existe base jurídica de sobra para justificar esta modalidad educativa. Entre ella la correspondiente con los artículos:

Art. 27.3 de la Constitución Española: Los poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones.

Principio 7 de la Declaración Universal de los Derechos del Niño: El interés superior del niño debe ser el principio rector de quienes tienen la responsabilidad de la educación y orientación; dicha responsabilidad incumbe, en primer término, a sus padres.

Art.  7.1 de la Declaración Universal de los Derechos del Niño (que tiene cierto carácter supraestatal) y que dice: “El niño será inscripto inmediatamente después de su nacimiento y tendrá derecho desde que nace a un nombre, a adquirir una nacionalidad y, en la medida de lo posible, a conocer a sus padres y a ser cuidado por ellos.

Art. 26 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: Toda persona tiene derecho a la educación. La educación debe ser gratuita, al menos en lo concerniente a la educación básica y fundamental. La educación básica será obligatoria. La educación técnica y profesional habrá de ser accesible en general y el acceso a los estudios superiores será igual para todos, en función de los méritos respectivos.

 

Este entramado jurídico implica que a corto plazo los servicios educativos podrían intentar poner al menor en situación de desamparo con intervención de asuntos sociales, que pueden no ver riesgo de desamparo directamente porque la familia no lo está desescolarizando por una cuestión de desvinculación de la obligación parental sino por una causa justificada, archivando el caso. O derivándolo al Ministerio Fiscal quien puede decir también que no hay desamparo y archivarlo, o pasar a acusar por un delito de abandono de familia. Entonces la familia tendría que demostrar que su hijo no está desescolarizado, lo que por supuesto exige una organización para darle la escolaridad en el hogar, dictando el juez la correspondiente sentencia.

En este punto, es necesario decir que tanto a los servicios sociales como al Ministerio Fiscal probablemente les importe un auténtico bledo el menor, de cuyo bienestar estará bastante más pendiente su familia, pero que difícilmente archivarán el caso por los posibles conflictos que les pueda suponer a ellos en su ámbito profesional. Pero parece lógico pensar, asimismo, que ante un caso como el Covid-19 nadie estaría tan perturbado como para dictar una situación de desamparo.

De hecho, cabe señalar que en España la jurisprudencia muestra que nunca se ha retirado la custodia a nadie por optar por tal modalidad educativa, ni ha habido multas, ni muchos menos privación de libertad. En todo caso la obligación de escolaridad, que cuando llegue la sentencia (el proceso suele durar años) ya podremos cumplir alegremente (seguro que mucho antes). Vamos, que igual el caso empieza a juzgarse por el COVID-19 y acaba con el COVID-37, suponiendo que no se trate de una de esas Comunidades Autónomas que cuenta con un chiringuito de esos, denominado Comisión de Absentismo (recuerden el punto 2, no se me estresen). Además, como esta situación será temporal, en medio del proceso se puede volver a la escolarización con el archivo del expediente.

En todo caso, por esto mismo y para reservar la plaza, lo pertinente sería enviar un escrito al colegio indicando que se ha optado por esta modalidad de forma temporal dado los riesgos que conlleva el virus y hasta que la situación de seguridad vuelva. Escrito que quizás se conveniente enviar no de inicio, sino cuando el centro empiece a dar la lata de por qué está faltando este niño (grábense a fuego el punto 2).

Para los de mala memoria

Siendo más realista, el riesgo real es perder un año de escolarización o hacer que el niño tenga que recuperar las asignaturas de algún trimestre, aunque para que los niños que siguen esta modalidad hay tres opciones: escolarizarlo directamente matriculándolo en 4º ESO cuando toque porque se supone que tú lo has escolarizado en casa y domina los contenidos curriculares correspondientes a los cursos pasados, hacer un examen por libre a los 18 años (en este caso se perderían 2 años), o matricular al niño en las escuelas a distancia españolas con sede en EE.UU, que te dan el título de la ESO para poder pasar sin problemas al Bachillerato o a un ciclo formativo.

Cuando las instituciones públicas amenazan, suele moverlas o bien el deseo de imposición de su propio criterio (cuánto mal hace una autoestima dañada) o bien el miedo a la pérdida de su concepción como estructura de poder, que en caso de extenderse podría llevar a la conclusión (quien sabe si acertada) de que si desaparecieran, el mundo seguiría funcionando como si tal cosa.

Pero en todo caso, de lo que no cabe duda es de que, salvo perturbadas excepciones, nadie se preocupará más que uno mismo por sus propios hijos, lo que da lugar a concluir que la prueba del hijo es una gran prueba, y que si algunos quieren hacer experimentos para ganar puntos, sacar tajada política o jugar con la salud ajena, deberían de hacerlos con gaseosa.

Salud y libertad…

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Cuidado con los psicólogos sacaperras

“Cuando la estafa es enorme ya toma un nombre decente” (Pérez de Ayala)

Recientemente se han publicado los resultados de la EBAU (antigua EVAU, prueba de acceso a la Universidad o selectividad) y es bastante descorazonador comprobar que las miserias del pasado se repiten en el presente de forma casi milimétrica. Así, algunos alumnos ejemplares a los que solo falta ascender a los altares en ciertos colegios, generalmente concertados, se llevan un buen batacazo, mientras que los parias de estas mismas instituciones obtienen un milagroso incremento en sus calificaciones como consecuencia de enfrentarse a una prueba algo más objetiva que no tiene en cuenta ni la fama, ni los prejuicios, ni las filias o fobias de los profesores de turno.

Desde mi caso hace algo más de 20 años hasta el actual que conozco, imagino que habrá miles así. Profesores mediocres y amargados en un ámbito laboral que no les interesa lo más mínimo, que se dedican a hundir la autoestima de alumnos con un gran potencial, cuando no a complicarles la vida en contextos donde ya la tienen bastante complicada, mientras toman en palmitas a aquellos que les facilitan la posibilidad de seguir avanzando en su profesión sin hacer nada útil, pero con tranquilidad y sin sobresaltos.

Y si en el caso de los maestros, profesores y orientadores podemos encontrar un buen número de escenarios como el descrito (obviando a los buenos profesionales, que los hay, aunque en muchas ocasiones paradójicamente se premie su buen hacer con un despido), en el ámbito psicológico la cosa no funciona mucho mejor.

De hecho, no es extraño encontrar especialistas sacaperras cuyo único fin es hacer caja, aprovechando la situación de necesidad del desdichado de turno. Y es que cuando uno solicita ayuda, a quien sea, es cuando más tiene que extremar las precauciones sobre la selección de su benefactor, no sea que siguiendo el modus operandi de determinadas sectas caiga en manos de un auténtico sinvergüenza. Algún caso conozco, ya sea por vía directa o de segunda mano.

En este mundillo, la primera forma de exprimir la teta económica del perjudicado es a través del diagnóstico sensacionalista o, directamente, falso. Como un paciente no tiene por qué tener el más elemental conocimiento de psicología o salud mental, establecer  un diagnóstico inexistente o exagerado, unido a las apocalípticas consecuencias de no seguir un tratamiento prolongado, es toda una garantía de ingresos. Por ejemplo, si usted va a un profesional por estar un poco bajo de ánimo y este le dice que tiene una depresión moderada que puede devenir en una depresión grave con intencionalidad suicida si no realiza un programa de intervención diseñado para prevenirla, el miedo inducido le impulsará a realizarlo, a la par que la sugestión sobre el diagnóstico establecido le lleve a buscar síntomas que lo reafirmen.

La segunda es a través de la nueva religión político-ideológica. Tomemos como ejemplo el caso de una mujer víctima de violencia de género y con escasos recursos económicos que precisaba de un informe sobre su situación para iniciar los trámites legales. Fue derivada a una psicóloga feminista que en base a los principios de sororidad, solidaridad, lucha contra el heteropatriarcado y la jeta propia de quien se aprovecha del más débil, pretendía soplarle 250€ por el escrito de marras (cuyo precio de mercado ronda los 150-200€) que, finalmente, lo han adivinado, hizo gratis uno de esos pérfidos psicólogos fascistas.

Y la tercera es aprovecharse de la buena voluntad o necesidad de autoafirmación del incauto. De hecho, no es difícil comprobar cómo ciertas clínicas con altos índices de diagnóstico en patologías como el TDAH, configuran grupos “de tratamiento” donde puede observarse a los supuestos pacientes realizando las tareas de clase. Es decir, un tratamiento a base de clases particulares colectivas para ayudarles con los deberes, vendido a precio de intervención psicológica gracias al valor añadido de tranquilizar la conciencia de los padres, que estarán encantados al entender que han puesto a su hijo en manos del mejor profesional y hacer todo lo que está en su mano para ayudarle con su problema, evitando por supuesto involucrarse en el mismo complicándose la existencia.

En definitiva, encontrar un buen profesional en cualquier campo no es fácil, especialmente en sectores de gran trascendencia para el desarrollo del individuo como son la educación o la salud mental. Así que recabar una amplia información sobre aquel en quien vamos a confiar debería ser una tarea prioritaria, pero no como concurso de imagen o elitismo social, sino de buen hacer, honestidad, implicación, seriedad y rigor.

Salud y libertad…

 

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Autoengaño y mecanismos de defensa

“Todo idealismo frente a la necesidad es un engaño” (Nietzsche)

Entre los profesionales del ámbito psicoeducativo que trabajamos con jóvenes se comenta muy a menudo que una de las cosas más preocupantes (y que traerá serios problemas en el futuro generando una sociedad débil y dócil, si no lo es ya), es su falta de resiliencia, también denominada tolerancia a la frustración.

Y es que, durante demasiado tiempo, todos los agentes implicados en el campo educativo (padres, profesores, educadores…) hemos estado tan pendientes de proteger y facilitar las cosas a los chavales, que nos hemos olvidado de potenciar sus propias habilidades para enfrentarse a los problemas o de enseñarles a gestionar sus emociones cuando las cosas no vienen bien dadas. Las consecuencias de ello van desde una dependencia absoluta del prójimo para valorar su propio yo, en el mejor de los casos, hasta un acusado síndrome del niño emperador, en el peor.

La frustración es el malestar que invade al sujeto cuando este se enfrenta a la imposibilidad de conseguir una meta, satisfacer una necesidad o cumplir un deseo, y ante el cual, generalmente, existen dos vías de escape.

La primera, la agresividad, que puede estar dirigida al objeto mismo que causa la frustración, hacia un objeto sustitutorio o incluso contra uno mismo. Por ejemplo, si uno no alcanza las calificaciones que considera justas, puede optar por insultar al profesor de turno o calzarle una hostia (cosa impensable hace no demasiados años), pero también puede romper el documento de notas en su cara en el momento de la entrega (experiencia propia), o abofetearse a sí mismo pensando en lo mediocre que es. Sin embargo, en ocasiones, esta agresividad ni siquiera tiene por qué estar relacionada con la causa, como sucede con la ola de violencia social que padecemos y que, aunque ha tomado como vil pretexto el asesinato de un hombre, solo es una respuesta a la falta de identidad y rumbo de toda una generación.

La segunda, mucho más habitual, debido a las consecuencias indeseables que suele generar la primera, es la utilización de mecanismos de defensa, que son un conjunto de estrategias de resolución de conflictos psicológicos basadas en el autoengaño y que si se vuelven demasiado frecuentes o intensos pueden dar lugar a diferentes patologías, llegando en los casos más extremos a la somatización del conflicto psicológico que causa la frustración.

Así, dado que estos mecanismos los utilizamos todos en mayor o menor medida y que pueden tener consecuencias negativas, no estaría de más que les diéramos un pequeño repaso para poder identificarlos y, de este modo, ser más honestos con nosotros mismos, con los demás y con el entorno que nos rodea.

En primer lugar, y siendo quizás uno de los más importantes, está la represión, que consiste en generar una “barrera” a las pulsiones desagradables o inconfesables, de tal forma que quedan encapsuladas en el inconsciente donde, no obstante, continúan activas. Así, por ejemplo, el complejo de Caín, esa tendencia a sentir celos o envidia por un hermano, puede generar cierto deseo de daño violento que puede reprimirse, aunque en ocasiones se active en forma de actitudes defensivas o más que beligerantes ante la mínima ocasión que se presente.

En segundo lugar podemos mencionar la racionalización, un mecanismo consistente en buscar argumentos racionales que justifiquen aquello que deseamos realmente hacer, aunque seamos conscientes de su carácter ilusorio, como ya hemos visto al tratar el tema de la disonancia cognitiva. Por ejemplo, uno puede defender la violencia contra un oponente político del que molesta la crítica, racionalizándolo al decir que era realmente un “facha” que no respetaba los derechos de otros y que por tanto merecía la agresión, incluso aunque uno sepa en su fuero interno que tal juicio no es cierto.

En tercer lugar, encontramos la negación, probablemente el más precoz y más infantil de todos los mecanismos, consistente en negarse la realidad que no se quiere ver. El ejemplo prototípico podría ser el de “pues me enfado y no respiro” del niño pequeño, aunque hay ejemplos más retorcidos, como el de cierto sujeto que cuando vio a su mujer frente a otro con los pantalones bajados en un picadero, fue capaz de explicar posteriormente que no existía problema alguno porque en realidad ese sujeto le estaba enseñando la cicatriz que tenía  producto de una operación de apendicitis. Divina inocencia (aunque sea ilusoria).

La fantasía es una derivación del mecanismo anterior algo más sofisticada, de forma que esa negación de la realidad la solventamos a través de la creación de una ilusión. Por ejemplo, en el caso anterior, fantaseando con romperle los morros al tercero en discordia aunque en realidad tal cosa no haya sucedido ni tenga visos de suceder.

En quinto lugar, tenemos la introyección, que consiste en la identificación con personajes ideales o modélicos, de forma que, ante un evidente fracaso propio o problema de autoestima, se busca la comparación con algún sujeto de éxito, o digno de admiración. Esto llevado al extremo es la base, por ejemplo, de muchas de las conductas de acoso a personajes famosos, que pueden llegar al nivel de “Mujer blanca soltera busca…”

En sexto lugar, la proyección, atribuye a otros o a todos, la propia frustración. Así, no es raro que sujetos que acusen a otro de violento o perturbado, estén en realidad proyectando en el otro su verdadero yo. De hecho, se suele decir que cuando alguien nos da un consejo, dice más de sí mismo que de la situación, porque en la mayor parte de las ocasiones nos estaría mostrando cómo se comportaría él en ese caso, y no cómo deberíamos obrar nosotros, que podemos tener creencias, valores o prioridades distintas.

En séptimo lugar podemos aludir a la reacción, con la cual se acentúa la conducta contraria que genera la frustración. Esto se ve particularmente bien en el caso de la homofobia, que muchas veces trata de esconder un deseo homosexual reprimido y que explica muchas de las conductas incoherentes que pueden apreciarse en instituciones como la Iglesia Católica como alguno ya ha confesado.

En octavo lugar, la compensación, intenta compensar el fracaso en una actividad con el triunfo en otra. Así, por ejemplo se puede intentar triunfar en los negocios o en los deportes cuando uno es un mal estudiante.

La supercompensación va más allá, de forma que el fracaso en una actividad se trata de solventar triunfando en esa misma actividad. Por ejemplo, en el caso de algún hipotético perturbado que tras fracasar en sus estudios escolares, finaliza tres carreras y un doctorado para refocicárselo a sus supuestos orientadores escolares que, quizás años atrás, lo catalogaron como fracasado escolar (que ya hay que ser rencoroso y retorcido).

Y finalmente, la sublimación, desvía los impulsos que son considerados como inaceptables por el sujeto (especialmente impulsos agresivos y sexuales), hacia actividades consideradas “superiores”, lo que ha dado lugar a múltiples y variadas obras de arte de la pintura, la escultura, la literatura…

Como se puede apreciar, las formas de autoengaño para enfrentarnos a una realidad que nos desagrada o simplemente para apartar a nuestros demonios más oscuros, son amplias y diversas. Pero eso no implica que en cierto fuero interno el sujeto no tenga una lucha interna entre su yo moral (el superyó de Freud) y su yo animal (o ello) lo cual le genera cierta incomodidad existencial.

Por ello, ya hablemos de jóvenes o de adultos, lo cierto es que deberíamos ser capaces de enfrentarnos a nuestro propio reflejo, porque como decía Jung: “uno no alcanza la iluminación fantaseando sobre la luz sino haciendo consciente la oscuridad”

Salud y libertad…

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La secta de los besa-pies: una explicación psicológica.

“El individuo ha luchado siempre para no ser absorbido por la tribu. Si lo intentas, a menudo estarás solo, y a veces asustado. Pero ningún precio es demasiado alto por el privilegio de ser uno mismo” (Nietzsche)

Fue uno de mis dioses, Carl Gustav Jung, quien definió la sincronicidad como el fenómeno por el cual se produce la simultaneidad de dos sucesos vinculados por su sentido o significado pero no por relaciones de causa-efecto. Esto es algo que en mayor medida hemos experimentado todos, seguramente cuando en algún momento pensamos en llamar a un amigo o familiar y nos sorprendimos al comprobar que este nos telefoneó primero en ese mismo instante.

La cuestión es que estaba el otro día dando la undécima charla basada en el curso de técnicas defensivas frente a la manipulación psicológica (cuyos directos podéis seguir en la cuenta cancerverus19 de instagram y que tenéis disponible en diferido en el canal de youtube Cancerverus), cuando me encontré explicando el modelo de los ocho puntos de Robert Jay Lifton, lo que unido al posterior bombardeo de tweet sobre las nuevas formas de humillación auto-infligida de ciertos acomplejados existenciales, resultó en una sincronicidad asombrosa. Eureka.

El modelo de los ocho puntos es un modelo que explica la reforma del pensamiento, fenómeno que puede aplicarse para modificar la personalidad de cualquier sujeto si se dan ciertas condiciones y que muchos profesionales tomamos como referente para saber si un grupo puede ser tildado como grupo de dinámica sectaria. Pero, ¿podría desbordar este fenómeno el ámbito puramente sectario para anclarse en las propias estructuras de organización social? La respuesta es sí, pasando a hablar entonces de procesos de ingeniería social, mucho más preocupantes.

Esto es precisamente lo anticipado en el artículo: “Técnicas de manipulación sectaria del independentismo catalán” publicado por El Asterisco, cuando se menciona que la curiosidad natural que nos genera este fenómeno (el de las sectas) puede tornarse en verdadero terror si comprobamos que dicho grupo adquiriere suficiente masa crítica como para configurar una parte importante de la sociedad y vemos cómo toma en sus manos las estructuras de poder político, económico y social cuyas decisiones nos afectan a todos. Visión profética.

Así que, ante la perspectiva que nos espera y con la vana esperanza de poner cierto coto al fenómeno (cuyas consecuencias serán difíciles de soportar), creo necesario hacer un cierto ejercicio de análisis experimental, comprobando si puede existir un encaje de este proceso social de buenismo pro-violento (paradojas) en el modelo de los ocho puntos, para que alguno reflexione (me da la risa) sobre si no estará cayendo en las garras de una perversa estrategia que aprovecha los resortes de la posmoderna necesidad de reconocimiento existencial.

Arriba la foto retocada de la CNN, debajo la original. Si tira a morenito le metemos un poco de photoshop y ya tenemos un blanquito opresor.

El primero de los puntos del modelo es el que constituye el control del medio, que podría desglosarse en el control de la información, el control de la comunicación y las relaciones, y el control del ambiente. Así, en lo referente al nivel informativo se busca determinar qué medios pueden utilizarse como fuentes informativas y controlar o prohibir el acceso a canales ajenos a las ideas del grupo. En lo que respecta a la comunicación y las relaciones, se trata de fomentar lazos emocionales exclusivamente con miembros del grupo, limitando el contacto con quien pueda cuestionar sus ideas. Y en cuanto al control del ambiente, se asegura la organización reiterada y continua de actividades relacionadas con “la causa”, lo que parece favorecer un clima proclive a la cohesión grupal. Desde luego, hay que reconocer que  este marco de referencia tiene un parecido asombroso con algunas tendencias actuales, como: el desprestigio de cualquier medio de comunicación que lleve la contraria a los dogmas buenistas de una prensa ya suficientemente sometida, 15 millones de euros mediante; el nuevo sistema de relaciones, en el que parece adquirir un papel fundamental la percepción de ofensa y ruptura consecuente generada ante la más mínima crítica; y la organización de actos masivos y colectivos continuos, cuyas destructivas consecuencias son de sobra conocidas.

El segundo punto se basa en la carga del lenguaje, que se despliega tras la adquisición por parte del adepto de: un nuevo vocabulario con una jerga propia, una redefinición de significados, una utilización de términos cargados emocionalmente, una polarización del pensamiento y lenguaje (analizar todo en términos de blanco o negro y valorarlo todo con calificativos de bueno o malo), un uso del lenguaje fundamentado en la valoración del grupo frente a otros… Tampoco es cuestión de profundizar demasiado en este tema, que ya hemos tratado cuando analizamos el intento de Golpe de Estado catalán en la entrada “Kirk Cameron y el nacionalismo catalán (2ª parte)”, pero no dejan de ser curiosos, por explícitos y evidentes, aspectos como son la redefinición que hacen estos sujetos del concepto de democracia, justificando actitudes y propuestas que atentan contra los fundamentos más íntimos de dicho sistema, o la permanente obsesión de acusación filo-fascista a cualquiera que a estas alturas ose no pensar como dictan que hay que pensar.

El tercer punto se denomina la demanda de pureza y busca dotar al individuo de un objetivo admirable y digno de reconocimiento, de carácter trascedente. No obstante, esta meta solo puede alcanzarse a través del compromiso con el grupo, que es quien guía y concede al sujeto la llegada a dicho estado de perfección y plenitud. De esta forma, el sujeto se embriaga con un sentido de auto-importancia y trascendencia, cediendo su identidad personal en pro de una identidad de tipo grupal. Lógicamente, este estado no es inmediato, sino que se va alcanzando de forma progresiva y, por ello, la víctima siempre ha de ofrecer más al grupo (más recursos económicos, materiales, laborales…), buscando ser merecedor de alcanzar el siguiente nivel, solo apto para los más distinguidos.

Además, dicho objetivo admirable puede ser: de carácter personal, como adquirir un conocimiento especial o llegar a la iluminación; de carácter social, como crear una nueva conciencia social; o de carácter global, como la percepción de participación en un momento socio-histórico relevante. Y lo que es más importante, pueden combinarse varios, estableciendo una sinergia entre los objetivos y mejorando con ello la eficacia de reforma del pensamiento. Teniendo esto en cuenta, esa extraña tendencia a creerse en posesión de una superioridad moral que no necesita ser explicada (personal), dado que es necesaria para crear una nueva era de paz e igualdad (social), salvando al mundo de su pernicioso destino capitalista (global) y configurando un mundo ilusorio de pequeños ponis y osos amorosos, realmente apesta a proceso de ingeniería social.

Pero cabe decir también que este tercer punto es especialmente relevante pues es donde se encuentran las conductas más extremas y radicales, participadas por los individuos que buscan constituirse en el prototipo más puro del grupo, lo que puede llevar a situaciones de liderazgo o, si uno es especialmente hábil, a la obtención de amplios refuerzos sociales y económicos, accesibles estos últimos a través de la gestión de chiringuitos diseñados ad hoc. Quizás teniendo esto en cuenta, entendamos mejor por qué lo que comenzó siendo una reverencia, pasó a ser un arrodillamiento, después un besada de pies, actualmente se ha convertido en lavado de pies y dentro de una semana, será un más que posible restriegue del instrumental falócrata por la cara. O por qué se empezó rompiendo escaparates y saqueando tiendas, y estamos ya en la fase de demolición de estatuas y asesinatos por los que curiosa y vilmente no protesta nadie.

El cuarto punto se basa en la manipulación mística, que no es más que el convencimiento por parte de las víctimas de que el propósito más alto del grupo se debe a una experiencia o encuentro profundo, como un milagro, una palabra profética, un fenómeno de trascendencia, un objetivo glorioso… Como ya hemos mencionado anteriormente el objetivo trascendente de la paz mundial y la igualdad, que es el mismo objetivo que han utilizado como pretexto todos los movimientos totalitarios de corte genocida del siglo XX tan del gusto de esta gente, no entraremos en mayor explicación, salvo para recordar a costa de Lisa Simpson lo que ocurre cuando no se valoran las consecuencias de deseos ilusorios, y que en palabras de Lone Starr (el de la película Spaceballs) se resumen al decir: “ahora ya sabes que el malo siempre gana porque el bueno es idiota”.

En el quinto punto tenemos la confesión, entendida como la práctica consistente en exponerse de forma autocrítica a los miembros del grupo de forma pública reconociendo defectos, dudas o pensamientos críticos sobre el grupo. Al asumir la culpabilidad de uno y la falta de pureza elevada al máximo se generan lazos de unión emocional entre los miembros y de paso se destruye la autoestima del sujeto. Como consecuencia, proliferan los ejercicios de menosprecio propio, como forma de anular la individualidad en favor del grupo, entrando en un absurdo donde sujetos que se sienten opresores sin serlo, se arrodillan ante quien dice sentirse víctima de una opresión que no ha sufrido nunca, obviando toda la realidad de violencia y crueldad que le circunda al margen de la que le señalan y actuando como un tonto útil de personas y entidades más listas y perversas que él.

El sexto punto es la ciencia sagrada, una perspectiva dogmática según la cual la realidad revelada por el grupo es la verdad absoluta, no está sometida a discusión o mejora y es capaz de explicarlo todo. Debido a ello se afianza el dogmatismo, se incrementa la epidemia de ofendiditis “que atenta contra mis creencias” y se automatiza la defensa frente a la crítica, lo que llega al punto de dotar a los adeptos de argumentarios frente a la misma para que no se tengan que tomar la molestia (o el inconveniente) de pensar.

Será por argumentarios. ¡Comunicado 699!

El séptimo punto es la superioridad de la doctrina sobre la persona, según la cual la verdad del grupo además de ser absoluta está comprobada por experiencias anteriores, y por tanto, si una víctima no la comparte es fruto de su falta de avance y su ausencia de perfección. Una definición de manual de la moral superior de estos nuevos moralistas inquisitoriales.

Y el octavo punto es el otorgamiento de existencia, de forma que solo en el grupo se puede alcanzar la salvación, ya que fuera de él se está condenado. Básicamente porque como hemos visto en algunas imágenes, más vale para algunos arrodillarse antes que ser arrodillado.

Teniendo todo ello en cuenta, no sé si la coincidencia es lo suficientemente precisa como para considerar que, efectivamente, el nuevo movimiento social ha llegado al status de religión, como ya sucedió con el nazismo o el comunismo con lamentables consecuencias, pero sí que, de momento, se ha ganado el derecho a ser analizado como una secta, que esperemos no sea de dinámica auto-desctrutiva.

Salud y libertad…

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Star Wars IX: el despertar de los ninis

“Hay dos maneras de conseguir la felicidad, una hacerse el idiota; otra serlo” (Jardiel Poncela)

Hoy me siento pelín jocoso, así que me vais a permitir que ejerza de crítico cinematográfico y reconvierta en entrada de blog lo que simplemente fue un hilo de twitter con mi visión personal sobre el último invento de Star Wars, a cuya franquicia he de reconocer el logro de conseguir que viera los seis últimos bodrios rebautizados como películas, bajo el eslogan de: ¿te vas a perder la última de la saga? Si la saga original eran tres y he visto nueve, de las cuales seis son historias más anodinas que un culebrón turco, mérito no les falta.

Y es que tras ver Star Wars IX: el ascenso de Skywalker, no doy crédito. Podría decir que es una basura o una tomadura de pelo sin más, pero me voy a tomar la licencia de gustarme (atención, en el hilo hay spoiler… más o menos). Bueno, pues la historia es un cúmulo de sketches al estilo de como se diseñaban las películas de Martes y 13. Ya sabéis: “Aquí huele a muerto, pues yo no he sido” o “El robobo de la jojoya”. Eso sí, en este caso los gags en lugar de utilizarse con fines humorísticos y con un guion como pretexto, se utilizan para representar la gloria del buenismo tontorrón y moralista adolescente. De hecho, la prueba de que es una película para ninis se pueden observar en que a cada simbolismo lo acompaña su explicación. Si uno descarga rayos por los dedos, el diálogo es: “¿no esperabas que expulsara la fuerza, eh truhán de Aquisgrán?”. Vamos, que se asume que hay que explicarlo clarito, que los idiotas también pagan entrada.

El pretexto de guion parte de que Rey (imperdonable lapsus de referencia monárquica), una mujer feminista de hoy, busca vengarse de su abuelito, el niño ya crecidito que escapó de “El Pueblo de los Malditos” de Cristopher Reeves, transmutado en una especie de abuelo de Heidi pero en más cabrón todavía. Porque el abuelito quiere que la chica, que solo trabajó de chatarrera, ocupe el lugar que por nepotismo le corresponde como emperatriz (o emperadora que diríamos ahora), superando incluso el ascenso de Irene Montero (aunque con similar sistema, el dedazo).

Los diálogos son super tiernos y profundos, sobre todo para niños de entre 6 y 10 años, y muestran a hombres muy, muy, muy emocionales (cursis que decíamos los fascistas de mi época), y mujeres feministas, duras y liberadas, de las que van a la manifestación del 8-M en la sección TERF (Feministas Radicales Trans-Exclusivistas, para los legos en la materia).

Personajes de Lego trans

Legos en la materia

Por otro lado, los actores realizan un trabajo que ríete tú de los premios razzies y la debacle es de tal nivel, que ni siquiera los antiguos actores que hacen cameos (la mayoría de los cuales parecen a tratamiento con corticoides, como Landon) se toman en serio el papel. No me extraña.

Total, que durante el viaje tipo: “El Señor de los Anillos” en la búsqueda del güeli, también hay sucesos para-anormales. Hay fantasmas, rayos catódicos tipo poltergeist y cuando les peta, teletransportación telepática, enviándose la espada láser a una velocidad semejante a la que tardan los de Glovo en llevarte una hamburguesa. Y por si alguien tuviera dudas respecto a que pudiera ser que la prota estuviera sufriendo episodios psicóticos, se añaden pruebas objetivas sustentadas en remedios científicos. Vamos, que te curan un espadazo con reiki (Rey-ki), que ríete tú del poder del poder de la homeopatía.

Todo es super-mega-giga-hiper-osea-ultra-inter-cultural. Que si hay que celebrar algo ves abrazos entre todos, sin que exista el más mínimo sesgo especista, incluso beso de lesbis para demostrar que la galaxia no es lgtbfóbica. Y entre los protas buenos hay hombres, mujeres y bícepsyberzas, chinos, negros, blancos, seres mitad cerdo-mitad elefante, y hasta un gordito, al que de forma absolutamente discriminatoria, ponen a conducir una nave y no dando saltos por la parte exterior de la nave especial, como si estuvieran trotando por la feria. De hecho, la avanzadilla rebelde está constituida por afro-galácticos, aunque a mí lo de que hagan el papel de los ewoks no me acaba de encajar, ya que dudo entre que se deba a una sana integración o a una apropiación cultural indebida con fines denigratorios.

En el desenlace, todo llega a un recinto semejante al Camp Nou, lleno hasta la bandera, donde una secta de acólitos, que ríete tú de los del PSOE adorando a Pedro Sánchez, disfruta el combate entra la nena y el güelito. Pero lo que no sabe güeli es que su antiguo esbirro ha visto la luz (Caroline), debido al sermón dominical pronunciado por Rey y a que sus papis le han pedido que vuelva a casa a vivir de la sopa boba, que la vida ahí fuera “tá muy mal”, como para tolerar a un jefe explotador del palo de Amancio Ortega.

Mientras, fuera, cuando todo parece perdido, la oda al colectivismo se manifiesta y producto de una convocatoria de manifestación del 8-M, unido a un botellón de Podemos, empieza a llegar peña destrozando los cajeros y la infraestructura de los malos-malísimos. Pero para que no te vaya ello a despertar ningún ánimo capitalista ni  deseo de salirte del rebaño , te dejan claro que: “son solo individuos”. Es decir, que si los revientan que se jodan, que esto es como China y hay muchos más, así que por cada astronauta que casca, aparecen cincuenta.

Y por fin, como el respeto a los mayores es cosa de otros tiempos, la chiquilla se carga al patriarca del clan, pero no contrayendo el virus del lado oscuro que durante toda la puñetera película nos han dicho que va a poseerla si lo hace (pequeño fallo de guion). Así que vemos la destrucción del imperio, dejando la galaxia con más mierda espacial que nuestra exosfera, pero eso sí, permitiendo un final abierto para una parte X, donde se supone que habrá una reconstrucción ecológica y medioambiental por parte de la revolución.

FIN… y a ver si esta vez es verdad.

Salud y libertad…

 

 

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Tiempos de crisis, tiempos de sectas

“Piensa mal, pero en todos los casos, piensa por ti mismo” (Doris Lessing)

Secta de mujeres

Aleluya, aleluya, cada una con la suya.

Desde que empezó el confinamiento por culpa del dichoso virus, mi whatsapp sólo se mantiene en silencio cuando lo fuerzo a ello. Obviando las charlas entre amigos y los grupos de colegas con sus respectivos memes, videos porno-cómicos y sandeces varias, el resto son consultas o peticiones de consejo psicológico sobre la situación: si es normal tal o cual síntoma, qué puedo hacer para dormir, cómo puedo rebajar la ansiedad, cómo controlo los pensamientos catastróficos, qué puedo tomar para o qué pasa si tomo… (de esto último mucho, a lo que yo siempre respondo en el primer caso que no soy médico ni puedo recetar y que consulten al especialista correspondiente, y en el segundo que ni se le ocurra mezclarlo con… y que haría mejor consultando al especialista correspondiente).

Sin embargo ayer, una buena amiga se puso en contacto conmigo para comentar una situación que se apartaba de los clásicos. Una persona cercana había contactado con ella, sabedora de que la situación en el trabajo no era todo lo deseable que podía ser, para ofrecerle algo relacionado con el ámbito laboral. Lógicamente, quedaron para ampliar información y lo que comenzó siendo una “oportunidad de empleo”, pasó rápidamente a convertirse en una petición monetaria (1.500€) para un supuesto “negocio” que le podía hacer ganar mucho dinero (con esas alforjas, se avecina mal viaje).

Tras escuchar con interés el asunto, el resultado era una inversión en uno de esos timos piramidales que, cada vez más, son el eslabón inicial de una cadena que suele acabar en grupo de dinámica sectaria. Y, efectivamente, buscando un poco de información, el asunto finalizaba en el denominado Telar de los Sueños (y menudo telar). Lo gracioso de esta oferta del 2×1 al estilo Carrefour (estafa piramidal + secta al mismo precio) es que aprovecha los nuevos nichos de mercado social que, desde que las grandes religiones empezaron a caer en desgracia, llenan las ansias de trascendencia y activismo de los potenciales adeptos.

Y en este caso el pretexto es un feminismo, con su sororidad y su mandala floreciente, que ataca toda crítica, cómo no, como expresión del patriarcado que quiere evitar el crecimiento libre de las mujeres. Para no extenderme demasiado, quien quiera conocer el asunto aquí tiene el artículo de El Confidencial: “Dentro del telar de los sueños: la ‘secta’ que te saca 1.200€ en nombre del feminismo” (parece que ha subido la cuota).

Ante esta nueva situación, por tanto, deberíamos tener en cuenta estas consideraciones:

1.- Cualquiera puede ser objetivo y víctima de una secta: Caer en una no tiene nada que ver con el nivel cultural, formativo o intelectual de la persona, porque todas ellas utilizan mecanismos de manipulación emocionales, especialmente útiles en tiempos de debilidad emocional y crisis personales o sociales.

2.- Siempre hay una actividad “gancho” que no tiene nada que ver con la secta ni su objetivo final: puede ser una charla, un taller, un análisis gratuito, una oferta de empleo, sexo (que hombre, ya puestos a tener que elegir)…

3.- Las sectas pueden ser de diversos tipos: las hay religiosas, pero en la actualidad están proliferando otras de tipo comercial, político, cultural, ecologista, feminista…

4.- Tras la actividad “gancho” se pasa a la segunda fase donde se desarrolla la captación emocional, incrementando las conductas asociadas al verdadero fin del grupo y se controla la información a la que el nuevo adepto debe acceder.

5.- En la última fase, se pasa al control de toda la vida de la persona: cogniciones, emociones, conductas, información, descando, alimentación y entorno social, convirtiéndose el adepto en un esclavo del grupo.

6.- El adepto es una víctima: Esto implica que todo su comportamiento está en cierto modo condicionado por el grupo y puede utilizar toda la información que tenga sobre nosotros, contra nosotros. Lo mejor, por tanto, es no entrar a debatir sobre el contenido de la secta (al igual que con los maltratadores, acosadores y psicópatas, entrar a debatir sólo nos lleva a desgastarnos y a ser más proclives para caer en sus estrategias de manipulación. Por ello lo más adecuado es la estrategia del contacto cero). Si se le quiere ayudar, decirle que se estará ahí para lo que necesite, especialmente si necesita ayuda para salir de ese grupo, pero para nada que tenga que ver con unirse a él o debatir sobre su fondo.

El tiempo del virus es un tiempo de grandes crisis: sanitaría, social, económica y de valores. Tengamos especial cuidado para no caer en círculos de este tipo. Hoy más que nunca…

Salud y libertad…

 

 

 

 

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Cómo convertir a un rebelde en un enfermo mental: del maltrato al consumo de cannabis

“La ciencia no nos ha enseñado aún si la locura es o no lo más sublime de la inteligencia” (Poe)

El miedo a la libertad no es algo nuevo, aunque hay que reconocer que ciertas tendencias políticas actuales han impulsado esta emoción con un nuevo vigor tras entender su poder para controlar y someter a una masa cada vez más manipulable. Pero en todo caso, ni siquiera las personas (o personajes) que pretenden coartar la libertad ajena reniegan de la libertad, solamente demuestran su consideración sobre uso por parte de los demás, presuponiendo que a diferencia de ellos, son demasiado estúpidos como para saber utilizarla.

Una de las formas de cortar de raíz la libertad ajena es precisamente convenciendo a la persona afectada de que el libre uso de criterio y actuación está determinado por una enfermedad mental y que, por tanto, en realidad no está siendo libre, sino que está siendo controlado por impulsos o motivaciones patológicas.

Esto se puede observar perfectamente en los casos de maltrato, donde lo primero que hará el sujeto en cuestión es romper la red social de apoyo de su pareja, a la par que la hace creer que su capacidad de discernimiento está afectada por un deterioro cognitivo o cualquier otro tipo de patología mental, con el fin de que dude de ella misma. No obstante, también hay ejemplos en el ámbito político, donde a los discrepantes de regímenes totalitarios, de derechas o de esa izquierda genocida tan del gusto de nuestros gobernantes actuales, se les enviaba a campos de concentración o gulags para re-educarse, que es la forma de decir aplicando la neolengua, que debían someterse al pensamiento en bloque dominante.

El problema cuando hablamos técnicamente, y no solo socialmente, de salud mental, es que podemos encontrarnos con algún caso semejante. Por ejemplo, la Historia de la Psicología deberá cargar con la vergüenza de haber  validado el concepto de histeria y su supuesto tratamiento, que incluía verdaderas torturas a base de electroshocks aplicados indiscriminadamente a mujeres perfectamente sanas que osaban no aceptar el régimen de esclavitud y abuso a las que les sometían sus maridos. Todavía hoy, de vez en cuando, algún marido pregunta o plantea tal posibilidad, de la misma forma que lo hace algún padre cuando su hijo le confiesa que es homosexual, condición considerada “trastorno” durante mucho tiempo por obra y gracia de la religión imperante.

Otro ejemplo es la drapetomanía, la supuesta enfermedad que padecían los esclavos negros del siglo XIX, por la cual tenían unas ansias de libertad excesivas que les hacían manifestarse contra el sistema de esclavitud. Y llegando a tiempos más actuales, el TDAH, donde algunos profesionales con pudor y reticencia a vender su conocimiento a la lucrativa industria farmacéutica, hablan de la patologización del natural, curioso y agotador comportamiento infantil.

Pero, ¿realmente es tan fácil que cuaje la idea de que alguien tiene un trastorno mental simplemente porque no acepta someterse a ciertos cánones morales, comportamentales, políticos o ideológicos imperantes? Veámoslo.

Imaginemos a un consumidor de cannabis que producto de una enfermedad cuyos síntomas pretende tratar, o simplemente por introspección psicológica o disfrute, realiza un uso no abusivo de la sustancia. Imaginemos también que el individuo en cuestión es un poco díscolo y está hasta las narices de que personas mediocres y corruptas dirijan su vida, por lo que desobedece la normativa y se pone a fumar un porro en medio de la calle con tan mala suerte de que se cruza con un policía.

Hasta aquí no habría problema, uno desobedece y el otro cursa la correspondiente denuncia por consumo en la vía pública. El conflicto surge cuando se inmiscuye el sistema sanitario, bien por exigencias del sujeto, jurídicas o de otro tipo, porque si el psicólogo o psiquiatra de turno no es muy espabilado, y hay profesionales que es aterrador que tengan permiso para ejercer, podría perfectamente aplicar con literalidad el DSM IV-TR.

El DSM, que actualmente va por su versión V (una versión que por cierto ha levantado una auténtica polémica por los conflictos de intereses económicos de sus principales impulsores con la industria farmacéutica), es el manual donde se recogen los diferentes trastornos y las condiciones que hay que cumplir para ser diagnosticado.

Y en lo referente al abuso de cannabis, lo define como: “un patrón desadaptativo de consumo de cannabis que conlleva un deterioro o malestar clínicamente significativos, expresado por uno (o más) de los ítems siguientes durante un período de 12 meses:

1.- (…)

2.- (…)

3) problemas legales repetidos relacionados con la sustancia (p. ej., arrestos por comportamiento escandaloso debido a la sustancia).

 

Así que, eureka, en aras de la literalidad y de buenas dosis de mala baba, hemos conseguido convertir una conducta rebelde en una taradura mental, un trastorno por abuso de cannabis, que en realidad lo único que oculta es un deseo de no someterse a una normativa que uno considera injusta o que simplemente, por mil razones, pretende pasarse por el arco del triunfo.  Eso sí, tienen el detalle de darte una segunda oportunidad, a partir del segundo problema legal, premio.

Resumiendo, teniendo todo esto en cuenta, deberíamos ser más laxos a la hora de achacar problemas mentales al personal, o al menos reconocer que con estos mimbres, todos somos carne de cañón. Por supuesto, sin quejarnos en demasía, no sea que nos diagnostiquen también de trastorno negativista desafiante y llevemos la oferta del 2×1 en el Carrefour jurídico-sanitario.

Salud y libertad…

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La verdad sobre la anfetamina (lisdexanfetamina)

“La mente se estira por una nueva idea o sensación, y nunca se contrae de nuevo a sus antiguas dimensiones” (Oliver Wendell Holmes)

Después de grandes éxitos como “La verdad sobre el metilfenidato”, “La verdad sobre los ansiolíticos” o “La verdad sobre los fármacos para la erección”, entre otros, estaba prácticamente obligado a escribir otra verdad, mi verdad, sobre las anfetaminas.

Vaya por delante que no me gustan las drogas estimulantes, salvo mi siempre reparadora Coca-Cola si es que se me permite incluirla en tal categoría, pero tener un blog es como escribir una novela, a veces el contenido cobra vida y te lleva por sus propios derroteros.

Que te sirvan una Pepsi cuando has pedido Coca-Cola, debería estar penado con la más terrible de las muertes.

Como decía, los estimulantes no me gustan por tres razones. Primero, porque por constitución personal ya vivo sobre-estimulado, ansioso y  nervioso de sobra, y porque para notarme hiperactivo y sentirme Dios, yo al menos no necesito droga alguna (la llevo endógena de serie). Segundo, porque tengo mucho respeto por los fármacos liberadores de grandes cantidades de dopamina, tanto por su capacidad para generar dependencia o brotes psicóticos a medio plazo, como para facilitar Parkinson a largo. Y tercero, no lo voy a negar, porque siento bastante desprecio por la sub-cultura de la cocaína, donde se encuentra el prototipo que tanto detesto del yupi farlopero que busca el desfase por el desfase y ejercer una superioridad artificial que solo busca mitigar sus complejos ante la falta de un sobrevaloradísimo éxito social o profesional.

Ahora bien, dicho esto, respeto la libertad de cada uno para consumir aquello que desee, siempre que se haga responsable de las conductas bajo sus efectos, y no veo mal alguno en que uno busque incrementar su capacidad, rendimiento y productividad, asumiendo ciertos riesgos de los que, por supuesto, debería ser consciente. Resumiendo, allá cada cual, que los conflictos empiezan cuando uno deja de gestionar su propia vida para intentar gestionar la de los demás.

Para la realización de este pequeño experimento hemos utilizado el fármaco Elvanse, una anfetamina que en España se utiliza como sustituto del metilfenidato para los pacientes con TDAH, cuando este no genera los efectos deseados o cuando existe una respuesta adversa. Otros países como EE.UU., sin embargo, facilitan la anfetamina directamente como tratamiento de primera línea, si bien allí la moda es el Adderall, una mezcla a tres cuartos de dextroanfetamina y un cuarto de levoanfetamina, que se utiliza con gran éxito no solo  para que los niños movidos dejen de dar por saco, sino para que los universitarios y trabajadores incrementen su rendimiento aprovechando sus efectos nootrópicos o lo disfruten recreativamente aprovechando su potencial afrodisiaco y estimulante.

Siendo purista, el Elvanse es lisdexanfetamina, un profármaco de la dextroanfetamina (que sería la anfetamina clásica) que se vende en botes de 30 cápsulas que pueden contener dosis de 30 mg, 50 mg y 70 mg, siendo la primera presentación óptima para medicar a los niños (dios bendito, qué aberración) y las otras para los adultos. Su precio ronda los 115€ en farmacia si no se aplican los descuentos de la Seguridad Social, aunque exige receta obligatoria, y puede encontrarse en el mercado negro con un coste que oscila entre los 200€ y 300€. Su efecto terapéutico comienza en teoría a los 45-60 minutos desde la toma y puede durar hasta 13 horas, funcionando a través de un mecanismo dual: liberando directamente dopamina y en menor medida noradrenalina, y bloqueando de forma aguda la recaptación de ambos neurostransmisores monoaminérgicos.

Para la prueba se ha utilizado una cápsula de 50 mg por mera disponibilidad. No obstante, como la dosis parecía muy alta para el objetivo pretendido, se dividió el contenido de la misma en dos, consumiendo la mitad (unos 25 mg) por vía oral y devolviendo el resto al interior de la cápsula. Aunque la sustancia puede esnifarse, esta forma de administración está específicamente desaconsejada debido al incremento de la intensidad de sus efectos y de su capacidad adictiva. La dosis ingerida es especialmente interesante pues recordemos que la cápsula indicada como dosis para menores es de 30 mg. Es decir, se ha consumido algo menos de la dosis correspondiente a un niño.

Teniendo esto en cuenta y habiendo estado controlado en la distancia por mi ángel de la guarda por si hubieran existido complicaciones, comento los resultados, empezando, como siempre, por los registros fisiológicos. Primero, de tensión arterial…

… y después, del incremento de pulsaciones, donde se puede apreciar claramente un incremento en el momento de mayor efecto, aunque como veremos, quizás no se debiese solo al efecto directo de la sustancia…

Desde el momento del consumo y durante los primeros 15 minutos, la única sensación apreciable fue una percepción interoceptiva de aceleramiento cardiaco que no se corresponde, como podemos ver, con ningún indicador objetivo y que, como ya ocurrió en otros casos, puede ser simple consecuencia del nerviosismo. Sí se produjo a partir de la media hora una sensación en la cabeza como de presión, acompañada de un claro incremento en la nitidez de las percepciones, más ricas en matices y semejante a la sensación de “estar colocado” que ya se expuso con el metilfenidato.

En este momento cometí un gran error, dado que la idea, además de realizar la prueba, era analizar su capacidad potencial para incrementar el rendimiento cognitivo. Pero como en ese momento los efectos tampoco parecían especialmente relevantes, decidí ponerme a fregar los platos mientras esperaba a que el efecto se intensificara. El caso es que fue en ese preciso momento cuando la sustancia decidió operar toda su magia, y lo que iba a ser una limpieza básica de cacharros para volver raudo a mi pc, se convirtió, atención, en una maratón de hora y media consistente en: fregar los cacharros, limpiar los armarios, desengrasar la campana extractora, limpiar el baño al completo y la vitrocerámica (cuyo último episodio de profilaxis dista en fechas lejanas tanto que ignoraremos) y tender la ropa.

He aquí el poder de la higiene de una vitro haciéndote visualizar hipnóticamente el origen del cosmos

Juro que el sudor de mi frente, del que tengo fotos que por pudor no voy a incorporar, pero que es semejante, si no superior, al de cualquier sesión de gimnasio, da buena cuenta de los  efectos activadores y de aceleración de la sustancia. Por si fuera poco, estos se completan con una focalización atencional algo más potente que la derivada del consumo de metilfenidato, y claro, escuchar “Semos las niñas del colegio de La Salle” de los Mojinos Escozíos, en este plan, mientras se observa la más mínima brizna de grasa como un enemigo a aniquilar, genera una escena entre cómica y dantesca.

Afortunadamente, tras hora y media, sonó una nueva alarma del móvil para indicarme que debía volver a realizar la toma de datos fisiológicos, lo que me ofreció la oportunidad de cambiar el foco de actividad y empezar a realizar un trabajo más cognitivo. No obstante, en ese momento de cambio de actividad, que puede apreciarse claramente en los registros, sobrevino una sensación intensa de calor, que me llevó a tomarme la temperatura (no llegaba a 36,5º) y a hidratarme en abundancia con un extraño elemento que tiempo atrás escuché que se podía utilizar para beber: agua.

Aproximadamente una hora después de estar trabajando a buen ritmo y con una capacidad de concentración muy mejorada, apareció otro efecto de la sustancia, su efecto afrodisiaco. No obstante, como tampoco tenía ninguna intención de perder el tiempo con esas incómodas necesidades fisiológicas, apliqué la UPE (unidad de paja estándar) volviendo en diez minutos a tareas más productivas.

En las dos o tres horas siguientes, la productividad se incrementó de forma considerable, manteniendo la capacidad de atención y concentración, con una sensación de rapidez en el paso del tiempo semejante a la que puede ocurrir bajo los procesos de sugestión hipnótica y sin aparición alguna de síntomas de cansancio o fatiga. En este tiempo, solamente se produjo alguna fuga al desviar la atención de un estímulo a otro, focalizando la atención en el nuevo; un cierto malestar por sensibilidad  a la luz, que no tengo ni idea de si se debe a la sustancia o no; y eso sí, una sensación lo suficientemente energizante como para pensar que con cuatro amigos de mi elección podría conquistar la Alemania de Merkel. Claro, que en este último punto quizás influyó estar escuchando la banda sonora de Braveheart.

Finalmente, a las tres horas (cinco desde el inicio del experimento), caí en la cuenta de que se me había olvidado comer, algo bastante habitual en sujetos con trastorno obsesivo cuando se enfrascan en la realización de una tarea, así que planteé una nueva parada estratégica para cumplir con el incordio de satisfacer una nueva necesidad fisiológica prefiriendo estar en otros menesteres y volví a mis asuntos.

A partir de ahí la sensación fue más incómoda, aunque no llegó a ser especialmente desagradable, interpretando que se debía al final de su acción mucho tiempo antes de lo esperado, probablemente debido a la reducción de la dosis. En esos momentos aparecieron sensaciones como: confusión, dolor de cabeza, mareo, sensación de resaca y cierta ansiedad, que supongo desaparecerá en un par de horas (o ya me encargaré yo de que desaparezca).

Por supuesto, este experimento se limita a comentar los efectos agudos desde un prisma exclusivamente personal y puntual, pero no olvidemos que los riesgos se incrementan con un consumo frecuente, además de por el incremento de tolerancia, por unos efectos secundarios cuando el consumo es crónico, que pueden ir desde paranoia y alucinaciones, hasta bruxismo, ataques de ira,  convulsiones e impotencia.

Así, una vez expuesta la situación, dejo como siempre que cada cual saque su propia conclusión. La mía, a fuerza de ser honesto, es que aun aceptando que incrementa la capacidad de atención y la concentración junto con el rendimiento, no se justifica su uso, salvo quizás en casos muy, muy puntuales o graves, como tratamiento farmacológico. Entiendo que alguien pueda utilizar la sustancia puntualmente como droga (que no fármaco), para salir airoso de un pico de trabajo o para eliminar la fatiga con fines recreativos, pero me parece una barbaridad indecente, sugerirla como medida de tratamiento psicológico a un menor.

Salud y libertad

[AÑADIDO]: Esa noche fui incapaz de dormir más de dos horas con el consiguiente destrozo por cansancio al día siguiente, lo que puede explicar también la capacidad adictiva de la sustancia.

 

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Por qué desprecio el Día de la Paz

“No puedes separar la paz de la libertad, porque nadie puede estar en paz, a no ser que tenga su libertad”

Hoy es día 30 de enero y se conmemora el Día de la Paz en los centros escolares,  los cuales celebran con gran autocomplacencia su promoción de la cultura de la no violencia y de la paz. Este por supuesto, es distinto del Día de la Paz (a secas) que se celebra el 21 de Septiembre, que para fardar de superioridad moral simplona a base de slogan, siempre es mejor pillar la oferta del 2×1.

La idea es preciosa y enternecedora, o mejor dicho, lo sería, si uno no fuera un viejo zorro que  conoce perfectamente las interioridades que se ocultan bajo las fachadas éticas de algunos centros y de los más vociferantes místicos con complejo de John Lennon (cuya faceta real dista mucho de su imagen).

El caso es que a cuenta de la fecha, he recordado dos anécdotas curiosas de mi adolescencia.

La primera de ellas ocurrió en una celebración del día de la Paz, no recuerdo de cuál de los dos o si en aquella época había tres o seis, cuando los jerifaltes del colegio quisieron celebrar el día en cuestión haciéndonos seguir otra moda aún más absurda e insustancial que la de los Días de… la de los lacitos (ya se sabe que las modas son cíclicas). Total, que convocaron a todos los alumnos, alumnas, alumnes y almartes, a hacer una manifestación silenciosa con un lacito blanco en señal de la ansiada paz. Yo ya llevaba un par de días haciendo objeciones: que si los terroristas se cachondeaban de los lacitos (ETA estaba en pleno apogeo), que lo que hay que hacer es callar menos e incrementar las penas, etc. percibiendo un evidente malestar hacia mis comentarios. Así que el día de marras fueron directos a pasar revista encontrándose con mi despiste (se me había olvidado en casa), y con alguna alegación como que suponía que la participación en el show era voluntaria. La respuesta que recibí fue que lo fuera a buscar a casa y así me fumé un día más de expulsión a cuenta del asunto. Por cierto, cuánta beligerancia para tan pacífico día, aunque poco sorprendente si tenemos en cuenta que años después me enteré que el mismo colegio había organizado para sus alumnos mayores un periodo de voluntariado que, por supuesto, era impuesto con carácter obligatorio (paradojas).

El segundo momento, del que no cabe frivolizar, fue desgraciadamente más duro y quienes lo vivimos seguimos recordándolo con espanto, teniendo además que soportar las imbecilidades de los niñatos que van sentando cátedra desde su absoluta ignorancia. Habían secuestrado a Miguel Ángel Blanco y volvíamos de un campo de trabajo o alguna actividad por el estilo. El tema se comentaba por todos lados y recuerdo que el cura me dijo en el autobús: no lo matarán porque supondría una reacción social salvaje de rechazo que políticamente bla, bla, bla… Mi respuesta fue: yo creo que sí lo van a hacer porque son terroristas, y porque antes del rechazo, que se la sopla, no van a dar una imagen de debilidad y sometimiento a la presión social. A mitad del viaje en autobús, la radio dio la noticia del desenlace que todos conocemos. Ese día descubrí dos cosas: que hay gente que toma como patrón para analizar su realidad el criterio de sus propios deseos y que la paz por la paz, carece de valor. Alguien lo definió posteriormente como la paz del cementerio. Y es que la paz no tiene utilidad alguna si no va acompañada de libertad, aspecto que se puede aplicar al terrorismo o a la política, valga en algunos casos la redundancia, y que en ocasiones debe ser impuesta por la fuerza (si vis pacem para bellum).

En definitiva, que estas dos anécdotas me han hecho reflexionar sobre lo peligroso de inculcar en los estudiantes una cultura de la paz basada en el diálogo a toda costa, en presuponer de forma general al otro interlocutor buenas intenciones o en renunciar a los principios democráticos o de libertad más elementales en beneficio de dicha paz. En definitiva, en promover, no la paz, sino una paz, la paz del cementerio.

Salud y libertad…

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Necrofilia Política

[…] La muerte, como única certeza desde el momento del nacimiento, no es ajena a este fenómeno y por tanto, no es extraño que la misma se perciba desde dos polos aparentemente irreconciliables que van desde la más fingida ignorancia hasta la más completa fascinación. Dos extremos que, curiosamente, se pueden explicar desde un punto de vista psicológico a través de un mismo proceso, el mecanismo de defensa de la negación.

El primer caso es más fácil de apreciar, obviar su existencia nos hace tenerla menos presente y permite escapar de su influencia, reduciendo con ello la emoción de miedo e incrementando la sensación de control sobre variables que realmente están fuera de nuestro alcance.

El segundo, es algo más retorcido. La atracción que provoca la muerte, especialmente cuando se trata de saldar cuentas pendientes, está en la propia esencia de nuestra cultura de corte cristiano, que tiene que lidiar con la paradoja de explicar cómo la ejecución de su principal líder mesiánico precipitó su triunfo. O dicho de otro modo, convencernos de que la derrota de un asesinato particularmente lento y cruel, fue la causa de una dulce victoria a posteriori (generalmente de corte moral).

Es en este segundo marco de referencia donde el encanto que produce la muerte puede trastocar los esquemas mentales y, especialmente en sujetos con tendencia psicopática o no muy equilibrados emocionalmente, generar una cierta excitación que afecta a los impulsos humanos más primarios como son la ira y la violencia, adquiriendo en los casos más extremos connotaciones de tipo sexual. En definitiva, una activación de corte placentero y energizante que podemos calificar desde un punto de vista simbólico, como necrófila. […]

Artículo completo aquí, en El Asterisco.

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