Infanticidio desde la perspectiva ecologica

“Lo peor que hacen los malos es obligarnos a dudar de los buenos” (Jacinto Benavente)

Vaya por delante que ojalá nunca hubiera tenido que escribir esta entrada o, al menos, que nunca la hubiera tenido que escribir a costa de un suceso concreto de final tan trágico como el del pequeño Gabriel, que en paz descanse. Sin embargo, más allá de los necios que prefieren vivir en un mundo fantasioso por miedo a aceptar la crudeza del mundo en el que viven, algunos sí quieren encontrar explicaciones. Así que lo siento por aquellos que prefieren vivir en lo que podemos llamar “el mundo compresa”, un mundo fino, limpio y seguro como los anuncios nos cuentan que son estas, pero deben saber que desgraciadamente esta visión no es real.

Y aunque explicar lo ocurrido desde la vertiente psicológica es altamente complicado por el nivel de inhumanidad de los hechos, voy a detenerme en unas pocas líneas para intentar exponer uno de los aspectos qué puede mover a cometer un infanticidio como el ocurrido.

El infanticidio humano es generalmente cometido por los propios padres biológicos, especialmente por la madre*, y desde una perspectiva de la ecología del comportamiento o incluso considerando las teorías evolutivas que conceden una importancia fundamental a la propagación de los genes, se basan en el principio de selección sexual y éxito reproductivo, o lo que es lo mismo, a la competencia por parejas con el fin de procrear y poder transmitir el legado genético, como si este garantizara la permanencia en el futuro de una pequeña parte de uno mismo.

Muchas son las especies, como los leones por ejemplo, en que la aparición de una nueva pareja de uno de los progenitores conlleva el asesinato de las crías de esta con su pareja anterior, con el fin de que los recursos, limitados, puedan ser invertidos en la crianza de los hijos propios y no de los ajenos, para que la hembra entre nuevamente en celo o simplemente para evitar competidores futuros.

Si esto ya es poco cruel de por sí, puede volverse incluso peor con el concepto de valor reproductivo, o lo que es lo mismo, la capacidad de un hijo para dar nietos a sus padres, propagando nuevamente el legado genético. Imaginemos una madre cuyo macho ha sido abatido y que ve que su única cría es débil o no va a salir adelante fácilmente. En este caso puede decidir matarla para buscar un nuevo macho con el que procrear, de forma que con la protección de este, nuevos hijos (y más) puedan adaptarse mejor al ambiente, dándole una descendencia futura mayor. Este fenómeno se ha estudiado ampliamente, siendo dos de las variables principales la edad de la madre y del hijo. Cuanto menor es el hijo y cuanto menor la edad de la madre en términos de fertilidad, mayor es la probabilidad de cometer infanticidio.

Esto como vemos puede operar de forma más o menos simple en distintas especies animales y justificar en ellas este tipo de conductas. De hecho, esto podría explicar mejor que el caso de Gabriel, el ahora posible asesinato de su hija, aspecto aún desconocido y que está por determinar con la reapertura de la investigación, aunque podría encajar en su perfil psicológico.

No obstante, afortunadamente, en los seres humanos la complejidad de las conductas es infinitamente mayor que en los animales, fruto de la cultura, la moral y otros muchos aspectos psicológicos. Así que, la presunta avería de esta elementa, de haberla y de confirmarse el hecho, tendría que estar muy por encima de tal posibilidad, incluyendo características de tinte psicopático, indubitables al conocer el tipo de asesinato cometido y su posterior comportamiento en el entorno familiar, con el fingido dolor de la desaparición y sus conductas teatrales de ayuda. Y es que, desgraciadamente, a veces el mal en sí mismo tiene poca explicación.

Aunque desgraciadamente este caso ya no tiene solución, quizás sí deberíamos tomar nota de los perfiles de personalidad de ciertos individuos para aprender y anticiparnos a casos futuros semejantes. Y por qué no decirlo, también a casos presentes en los cuales sujetos aparentemente bien integrados y de sonrisa fingida, ejecutan sus impulsos más bajos en contextos cercanos pero ocultos a la mirada social. Ya saben, aquel a quien se descubre con sorpresa tras varios años de perversiones, porque siempre saludaba a sus vecinos.

 

Salud y libertad…

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Buscando libertad

“Sólo es digno de libertad quien sabe conquistarla cada día”

Dejando al margen partes interminables de entradas pendientes que retomaremos más adelante y experimentos realizados que, como decía Mozart en la genial película Amadeus, ya están en la cabeza y solo resta garabatear, quería relatar de forma breve las reflexiones derivadas de mi último viaje en compañía de mi buena amiga, la viuda blanca.

En este nuevo paseo, navegando por esa especie de registro akásico que ha tenido a bien enseñarme, me mostró los volúmenes que aleccionaban sobre la esencia (y los peligros) de la búsqueda de libertad. Cinco pautas tan simples de entender, como difíciles de aplicar, peligros y consecuencias de puesta en práctica aparte.

La primera pauta que me dio fue potenciar mi curiosidad, buscando información y conocimiento, pero haciendo constar que el mismo no necesariamente (y para nada deseable) debía identificarse con el conocimiento institucionalmente establecido. Más bien me invitó a apostar por una curiosidad infantil que, por encima de dogmas, incluso de los científicos y cientificistas (aunque no cabe otro método), no perdiera de vista el objetivo de conocerse a uno mismo, al ser humano y el entorno. Sin eso, me dijo, ni existe ni puede existir libertad, solo tontos útiles al servicio de las creencias maniqueas.

La segunda fue aceptar que la vida es cambio, que la estabilidad no existe y es una mera ilusión. Y me mostró varias vidas donde en un minuto todo comenzaba y terminaba, se moría o se vivía una vida entera.

La tercera lección me obligaba a flexibilizar el pensamiento. Me invitó a romper los andamios rígidos de lo establecido desde el origen, poniéndolo en duda y sometiéndolo a prueba constante, sin apriorismos y sin presunción de veracidad. Y me mostró el volumen donde Quinto Ennio prevenía: “lejos de mí esos que no saben su camino y pretenden enseñarlo a los demás, esos que prometiendo tesoros te piden monedas”.

La cuarta, exigía superar el miedo al qué dirán. Hizo resonar la cita de Cela cuando señaló: “si te preocupa lo que piensen otros estás perdido” y me recordó cómo las palabras de otros te enseñan más sobre ellos que sobre ti mismo, porque solo son un reflejo de lo que estos harían en nuestro caso, en base a sus principios, valores y deseos sin conocer los nuestros; me despertó del baño de inocencia y de los principios y motivos sociales básicos de seguridad y confianza, para visualizar la perversidad de los consejos basados en intereses ajenos; y evocó aquella fábula de Esopo para mostrar la imposibilidad de un consenso externo.

Y finalmente me invitó a trascender el miedo a la muerte. Si como mencionaba el maestro Antonio Escohotado lo único que conduce indefectiblemente a la muerte es haber nacido, solo cabe aceptarla como un proceso natural, bajo la pena de que “si no recibes a la muerte como tu novia habrás de recibirla como tu verdugo” (Gustavo Timón).

Y después, arropándome, se fue como había venido, dejándome de nuevo en la soledad de un silencio atronador…

Salud y libertad…

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Entrevista sobre acoso escolar

Entrevista sobre acoso escolar publicada en el diario La Nueva España el 9/01/2018:

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La otra realidad del acoso escolar

Artículo sobre acoso escolar publicado en el diario La Nueva España el 7/01/2018

Entre sorprendido e indignado acabo de leer su artículo de 20 de diciembre, en que una supuesta generalidad de maestros alertaba sobre la falsedad de la mayoría de las denuncias por casos de acoso escolar en el Principado de Asturias, dato convenientemente refrendado por el señor consejero de Educación. Se da la circunstancia de que los datos señalados tan categóricamente hacían referencia al curso 2016/2017, año en el que ejerciendo como psicólogo sanitario, y sólo en Oviedo, yo mismo he tratado más casos de acoso escolar de los que el señor consejero, arropado por sus acólitos, reconoce para toda Asturias. Esto me lleva pues a pensar que, impregnado de espíritu navideño, o bien está ornamentando los datos para endulzar los informes políticos de fin de año, o bien está confundiendo sus buenos deseos con la realidad de los centros a su cargo, donde muchos alumnos sufren un auténtico infierno día tras día.

Sin embargo, y al margen de la vertiente política, más hiriente es el pomposo despliegue de cinismo manifestado por alguno de los directores de los colegios e institutos que acudieron al evento, indignándose y denunciando públicamente el teórico grado de histeria de ciertos padres que, a fin de cuentas, sólo buscan que sus hijos vayan al centro escolar en condiciones de seguridad, garantía que, por cierto, la ley exige a los centros.

Así que, sin divagar más y yendo a lo concreto, me pregunto si entre esos encolerizados y pomposos maestros estaría la directora de un centro de primaria que cuando recibió la exigencia de una madre para que pusiera fin al ciclo de acoso de su hijo, respondió diciéndole que lo mejor era “que lo cambiara de colegio”. Me pregunto si entre ellos estaría la orientadora que tuvo la desfachatez de decirle a una alumna que sufría acoso, que no tenía por qué contar a su madre todo lo que ocurría en el centro ya que “la preocupaba”; o aquella otra que ante la petición de una psicóloga a su paciente de que escribiera un diario con todo lo que ocurría en el centro, respondió acentuando lo inapropiado del ejercicio porque “a ver qué era lo que iba a decir la alumna y qué imagen se podía dar de su colegio”. Me pregunto si entre ellos estaría el profesor que recomendó a su alumna acosada que se llevara “un libro a la biblioteca en el recreo o un cuadernillo de sudokus porque hay que aprender a estar sola”, etc…

Todo ello por no mencionar las exigencias de algunos padres de niños acosadores, que antes de reconocer la miseria de sus propios hijos y repudiar la pésima actuación de los centros donde los han escolarizado, prefieren agravar el ciclo de acoso participando en el mismo. Un ejemplo lo hemos visto esta mañana en el bochornoso y repugnante abucheo de un centro de Avilés por parte de unos padres, que seguro que son los primeros en rasgarse las vestiduras con gran impostura cuando ven a una madre como la del presunto asesino Rodrigo Lanza justificando las atrocidades de su hijo vendiéndolo como víctima.

Así, ante todos estos hechos vivenciados en primera persona por sus protagonistas y alguno por mí mismo, me gustaría apuntar lo desacertado del titular utilizado. En primer lugar, porque no todos los maestros participan de tal visión y, en segundo lugar, porque se echa de menos, y mucho, la visión de psicólogos que han tratado casos de acoso, la perspectiva de familias de niños acosados e, incluso, el relato de los propios niños que sufren a diario conductas absolutamente mezquinas. ¿Han pensado ustedes cuál puede ser la reacción de una víctima ante su lectura? Probablemente la misma que la que tenían hasta hace no mucho tiempo las mujeres víctimas de violencia de género, que se veían doblemente juzgadas por la sociedad, primero por el hecho y después por las dudas sobre su denuncia, hecho que en muchas ocasiones frenaba su acusación.

El intento de vender una realidad inexistente y artificial para fingir seguridad y tranquilizar conciencias es entendible desde el punto de vista psicológico. El llamado motivo social de confianza es aquel que facilita al ser humano pensar que vive en un lugar relativamente seguro donde su integridad física y psicológica no se ven alteradas. Este principio tiene su sentido, ya que en caso contrario la activación que generaría saberse permanentemente en peligro conllevaría un estado de ansiedad y miedo que dificultarían mucho afrontar el día a día. Pero cuando esto nos lleva a culpabilizar a la víctima y denegarle la ayuda que precisa, se convierte en un mecanismo absolutamente detestable, lo defiendan individuos aislados o el propio sistema.

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La verdad sobre el cibersexo (4ª parte): canales II

“Amor y deseo son dos cosas diferentes; que no todo lo que se ama se desea, ni todo lo que se desea se ama” (Miguel de Cervantes)

Tras las web, las páginas de relatos y los foros, canales que hemos visto en la tercera parte, podemos encontrar la joya de la corona en el mundo del cibersexo: los chat. La explicación es obvia, es la herramienta que permite bajo una comunicación síncrona y directa una mayor sensación de anonimato, facilitando el contacto directo con otros usuarios para posteriormente, en función del canal y del consenso, compartir el formato de interés: cambiar fotos o videos, escribir relatos compartidos, intercambiar experiencias, buscar contacto real, etc.

Aunque al igual que en los casos anteriores existen diversos servicios, lo más común es acceder a través de la red IRC-Hispano mediante páginas como Kiwi.Chathispano o Chathispano o descargar aplicaciones como mIRC, para una vez dentro de la red, entrar a los diferentes chat o canales específicos.

Aunque podremos entrar directamente en el canal o los canales objeto de interés, en el enlace correspondiente de acceso a salas encontraremos inicialmente el listado de canales generales o por ubicación geográfica (los denominados destacados en la web kiwi).

Solo al final de este listado aparecerán aquellas salas no destacadas, de carácter temático y entre las que como se puede ver en la imagen, que recoge solo algunos ejemplos, el sexo cobra un lugar destacado.

Lo que se puede y no se puede hacer a través de los chat lo comentaremos en el próximo apartado correspondiente a los formatos o tipo de conductas que se pueden realizar mediante la práctica del cibersexo, pero antes de pasar al siguiente canal sí hay un factor que hay que tener en cuenta y que configura todo un submundo dentro de estas salas, el universo de los nicks o seudónimos con los que un usuario se da a conocer.

Y es que, aunque en algunas ocasiones puede resultar simplemente chocante la motivación para seleccionar un seudónimo con el que interactuar en este tipo de encuentros, en otras encierra muchísima más importancia de la que podemos apreciar a simple vista. Veremos por qué.

Dentro del primer caso, tenemos de inicio los nick de los muy profesionales, aquellos que siempre se llevan el trabajo a casa (o a la sala porno de turno). Los muy orgullosos de su ámbito profesional y, quizás, del nivel socioeconómico que les otorga, aspecto que no tienen ningún problema en utilizar para pescar en el vasto océano del erotismo. Por poner algún ejemplo al azar de los conectados en este momento y su canal de disfrute: Médicodescalzo (#mazmorra), Xavimédico (#sexoduro), Médico_simpático_35 (#nudismo), Abogado___ (#Sexo), Abogadodominante (#Sexo), etc. En este ámbito uno puede encontrar sin problema bomberos, policías, profesores, psicólogos, jueces, pescaderos, fontaneros y un sinfín de figuras del ámbito laboral a las que, quien sabe si entre paja y paja, también se les puede colar alguna cuestión sobre dudas profesionales. Aquí ya podemos apreciar que el número de usuarios es mayoritariamente masculino, pero que nadie se engañe, hay buen número de mujeres que tampoco tienen problema en utilizar estas señas de identificación.

A continuación tenemos el ámbito de los buscadores, mucho más precisos que los anteriores y que van directamente a su objeto de interés. La siguiente es solo una muestra tomada al azar del canal #sexo: buscoembarazadabilbao, buscochicapararelato, buscotetona, buscobesa, buscosumisamadrid, buescomujerlactante, buscozorra, luciabuscanegros, mujerbusca, sandrabuscaarabe, sumisabuscamedico, travestibuscapoli, xicabuscaprincipe (que ya hay que tener pocas luces para buscar un príncipe azul en un chat porno), etc.

Otro sector muy solicitado es el de los manifiestamente infieles, que quizás haciendo gala de su limitada disponibilidad o de su teórica afabilidad, ya que al menos han encontrado a otra persona que los soporte, buscan sacar rentabilidad a su estado civil: casadaf3 o casada_vlc (#Fotisporno), casada37 (#lesbianas), casadabis40xmujer (#bisexuales), Anna_casada (#sumision), casadaxchicacadiz (#Les_Maduras), casadoxx (#Fotisporno), casadobix o casadomorboso (#Sexo), casado_4(#bisexuales), casadocaliente (#Bisex_maduros), casado53 (#Gaysm), casadolenceria (#Gayguarros), etc.

También hay quien no deja pasar la oportunidad para rendir homenaje a sus iconos, pudiendo encontrarnos a personajes que van desde Sergio Ramos o Maradona hasta la princesa Leticia, pasando por periodistas como Ana Pastor. Un verdadero elenco de celebridades a las que, supongo, algunos pretenden rendir culto a su manera.

Y por no extendernos demasiado citaremos como último grupo el de los orgullosos familiares: maduramadre46 (#mas_de_40), madrecasada (#general), evamadre (#Les_maduras), madre_separada (#lesbianas), madre_nudista (nudismo), padre_relatos (#cibersexo), padreNudista45 (#nudismo), padre38x (#ChuecaBarcelona), etc

Este último grupo es el que nos interesa, como simple ejemplo pues hay otros muchos, para comentar el segundo caso que mencionábamos  y que demuestra que el nick no es un elemento menor, pudiendo extraerse mucha información de él si se combina con el canal de referencia.

Así, por ejemplo, si vemos a una usuaria denominada Ana_Pastor en el canal #cibersexo buscando relatos, ya podemos imaginarnos cuál será su motivación, de la misma manera que si vemos a un usuario identificándose como padre o madre en un canal como #nudismo podemos inferir también el objeto de su deseo, que podrá ser o bien buscar familias para practicar este estilo de vida, o bien buscar equivalentes con los que contactar para entrar en un mundo infinitamente más sórdido.

A medio camino entre los chat y las redes sociales están las nuevas aplicaciones de geolocalización que permiten poner en contacto a personas dentro de un marco espacial definido. A este respecto, y aunque la variedad es amplia como en los casos anteriores, quizás las más conocidas sean Tinder (en el mundo heterosexual), Grindr (homosexuales y bisexuales) y Wapa (lesbianas).

Su funcionamiento es sencillo. El usuario crea un perfil en el que incluye su foto, nombre, edad y una pequeña descripción, y selecciona el número de kilómetros a la redonda en el cual estaría dispuesto a moverse, empezando a recibir perfiles de posibles parejas. A partir de ahí solo tiene que valorar dicho perfil con un me gusta o no me gusta. Si las dos personas marcan al otro con un me gusta se produce lo que se denomina un match, y en ese momento se abre un chat privado entre ambos para que puedan charlar y conocerse mejor, dejando que fluya el amor (o lo que tenga que fluir).

A este respecto es divertido ver las diferencias existentes entre las aplicaciones mencionadas. Si Tinder es una aplicación en la cual la variedad es mucho mayor, pues hay desde usuarios que buscan amistad, hasta usuarios que buscan pareja, sexo e incluso, prostitución, las aplicaciones de Grindr y Wapa van mucho más al “me(hoyo)” de la cuestión, convirtiendo la pantalla en un auténtico catálogo ganadero donde, los torsos y la falocracia en el primer caso, y las tetas en el segundo, tienen un carácter absolutamente prioritario sobre la belleza interior.

En todo caso y a pesar de la pérdida de encanto que este sistema pueda suponer para aquellos más tradicionales, lo que no se puede negar es que es ante todo práctico. Y de hecho, algunas rupturas dolorosas se han superado gracias a la eficaz y eficiente intervención de estas aplicaciones mediante el principio de “un clavo saca otro clavo”. Claro, que sería hipócrita negar que este procedimiento también ha generado sanguinarios conflictos, como los producidos cuando alguna hacendosa y sufrida esposa ha descubierto que su tarzán particular era un lustroso icono de la sección papis de Grindr.

A continuación, tenemos las redes sociales de contacto sexual, de nuevo con una amplia gama de canales a disposición de los usuarios que buscan satisfacer sus necesidades más primarias. Existen más de 300 redes sociales de búsqueda de contacto sexual también, en ocasiones, centradas en temáticas de búsqueda muy concretas.

Así, podemos citar: Adult Friend Finder, Amigos con Derechos, Amor con Cristo (me declaro absolutamente fan de esta red que promete “verdaderas relaciones evangélicas y citas cristianas”), Badoo, Bakala, Citas Furtivas, Encuentro Adulto, Follamigos, etc.

¿Cuál es el problema de estas redes? Que aunque no todas, mayoritariamente son de pago, por lo que para acceder a la mayoría de los contenidos y servicios de la página hay que poner el huevo, limitando mucho las posibilidades de contacto pese a permitir crear perfiles y algunas formas básicas de interacción.

Tampoco hay que preocuparse mucho por eso. Como ya sabemos no pueden ponerse puertas al campo y mucho menos en Internet, así que visto el problema, creada la solución. Y ya están proliferando páginas como Quiero Conocerte, que son agregadores de perfiles de páginas de contactos. La mecánica es fácil. Dado que a las páginas de contactos les interesa tener usuarios, uno se crea los perfiles en las diferentes web y posteriormente indica en esta página cuáles son sus nicks en las páginas precedentes, pudiendo utilizar para contactar e interaccionar los servicios de esta última que, en este caso, son abiertos y gratuitos.

Y finalmente, como ya mencionamos, tenemos las web de servicio completo, especializadas en todos los campos que puedan ser de utilidad al buscador de cibersexo. Por ejemplo, EroProfile, que permite tanto acceder a contenidos pornográficos como fotografías y videos subidos por los propios usuarios de la red social, como contactar entre sí a través de una búsqueda por perfiles perfectamente categorizada.

Resumiendo, como hemos podido ver, y siguiendo el patrón habitual de internet, dos son las utilidades de todo este tipo de canales, el acceso a contenidos y la facilidad de interacción a través de herramientas de comunicación. ¿Para qué? Eso lo veremos en el siguiente apartado.

 

Salud y libertad…

Aprovecho para incluir un enlace a este cuestionario, que pretende estudiar de forma más científica el uso de este tipo de canales y contenidos, y al que agradecería dedicarais no más de 3 minutos, si no lo habéis cumplimentado ya.

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La verdad sobre el cibersexo (3ª parte): canales I

“Y entonces, habiendo sido privados de la cercanía de un abrazo o de una mesa compartida, nos quedarán los medios de comunicación” (Ernesto Sábato)

Teniendo ya claro por lo expuesto en las partes anteriores que lo que se pretende aquí es describir sin entrar en consideraciones morales, podemos entrar ya a analizar los principales canales que facilitan el cibersexo en sus distintas modalidades, aspecto que comentaremos posteriormente. La oferta en todo caso es de tal calibre que simplemente hablaremos de las características de algunos (todos legales, faltaría más), probablemente los más conocidos o los de uso más común, invitando a aquellos que cojan excesivo gusto a los lugares mencionados a que lean la venidera parte relativa a la adicción, consecuencias negativas y su prevención o intervención.

Comenzaremos pues con las páginas estáticas o de acceso a contenido pornográfico, asumiendo sobre la clasificación que mencionábamos en la segunda parte el contenido predominante, pero entendiendo como adelantábamos que ya no existe tal cosa pues a día de hoy casi todas las páginas integran los múltiples servicios. En este ámbito la cosa no requiere mayor atención, ya que basta con poner en la barra de búsqueda de google términos tan precisos como “videos porno” o “fotos porno” para poder acceder a un sinfín de webs de contenido adulto. Si uno quiere afinar la búsqueda, solo tiene que ser algo más preciso, detallando el fetiche objeto de sus amores para acceder a un universo que sin duda hará las delicias de su lujuria.

No obstante sí destacan algunas páginas muy ordenaditas donde la clasificación por categorías lleva a encontrar más fácilmente la perversión preferida de uno. Entre estas quizás las más conocidas sean dinotube o toroporno (su equivalente para quienes no quieran tener problemas con el idioma), si bien estas no contienen las parafilias más extremas que tienen sus propios canales, sobre los que no nos detendremos.

En segundo lugar, y aunque no las hemos comentado anteriormente de forma específica entre los contenidos estáticos, tenemos las páginas de relatos, que permiten dar rienda suelta a la vena creativa, literaria y, en cierto modo, más perversa del personal, como veremos en el apartado de modalidades.  ¿Por qué? Por algo tan simple como que la literatura sí puede dar cabida a fantasías que de ser explícitas en documentos gráficos o llevadas a la práctica real, tendrían un carácter delictivo. Algo parecido a lo que han hecho esos pervertidillos japoneses con su preocupante gusto por la infantilización del sexo, creando el hentai o las máquinas de buruseras, o con su indescriptible capacidad de fabricar rarezas como el sexo futanari (el equivalente al 2×1 del Carrefour).

Aunque también hay cientos de páginas de este tipo como se puede apreciar en google, donde podremos encontrarlas sin problemas tecleando términos tan rebuscados como “relatos eróticos” o “relatos porno”, quizás la página más conocida en español sea “Todorelatos”, una web donde pueden encontrarse textos clasificados por categorías según el objeto de interés. Y un primer dato importante en nuestro devenir por el mundo de los gustos sexuales nos lo puede aportar el hecho de que de los 10 relatos más valorados en su histórico, 6 pertenecen a la categoría “Amor Filial”, 1 a “Grandes Series”, 1 a “Voyeourismo”, 1 a “Grandes Relatos” y otro a “Sexo con Maduras”. Ello haciendo una búsqueda de andar por casa, sin carácter excesivamente exhaustivo, ¿me van pillando, no?

Por cierto, comentar a este respecto una pequeña anécdota. Cierta vez brujuleando en un chat erótico para satisfacer mi patológica curiosidad (no recuerdo si ese día en concreto quería también satisfacer algún otro aspecto no tan intelectual), una chica muy simpática me pidió que valorara un relato que había escrito y publicado en esa misma página. Tras exponerle que tenía serias dudas entre sí tal texto producía una mayor excitación o un mayor impulso de sacarse los ojos con una cucharilla para helados ante tamaña muestra de desconocimiento gramatical y ortográfico (lo de la duda era por ser cortés, pues era una auténtica certeza), me ofreció ser su negro literario. Sí, sí, a la usanza clásica, es decir, yo escribía los relatos y ella los firmaba. Desgraciadamente no hubo acuerdo, pues el pago de mis servicios se reducía al amor por difundir mi obra (cosa que no me aportaba especial beneficio) o cierto servicios de carácter sexual que, la verdad, no me interesaban lo más mínimo.

En tercer lugar, tenemos los foros, de los cuales quizás el más conocido en la red hispana sea “pajilleros” (que no se diga que el ciberporno está reñido con el marketing). Este es un ejemplo de cómo las páginas de foros han evolucionado hasta integrar todos los servicios que un buen onanista usuario de estas páginas, como bien indica su nombre, puede requerir. Así, aquí tenemos un espacio para los videos porno, otro para las fotos, otro para contactos, otro para relatos, un chat y hasta un acceso a sex-shop (que la pela es la pela, y más aún si podemos aprovecharnos de que el prójimo quiere pelársela). Cada uno de estos grandes apartados, tiene ordenados sus correspondientes hilos temáticos, con su presentación y sus respuestas engarzadas. Todo perfectamente gestionado por un grupo de moderadores que se encargan de ordenar los contenidos, y poner orden cordura cuando algún descerebrado se sale de madre.

No obstante, la cosa no queda aquí y aún existen más canales como veremos en nuestra próxima entrada.

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La verdad sobre el cibersexo (2ª parte): el marco de lo aceptable

“El único egoísmo aceptable es el de procurar que todos estén bien para estar uno mejor” (Jacinto Benavente)

Shibari, para los que tengan paciencia y amor por el arte de los nudos marineros

Entrando en harina, tras las consideraciones más psicológicas de la primera parte acerca de por qué este tema sigue siendo un tema tabú para los meapilas y conlleva una incapacidad para entenderlo en sus manifestaciones más brutales para los buenrollistas habituales, lo primero que conviene analizar es el factor relativo a los canales y formatos que se utilizan en su práctica.

Desde que Internet se instaló en nuestras vidas, este medio se ha constituido como un avance incomparable por el acceso a la información que ha permitido y por su utilidad como facilitador de la comunicación, lo que ha posibilitado que personas de todo signo y condición puedan ponerse en contacto entre sí sin problema. En el tema del sexo, esto ha supuesto una auténtica revolución.

¿Por qué? Por algo tan sencillo como la globalización. Antes de que Internet permitiera un contacto universal y generalizado, aquel que tenía algún gusto sexual llamémosle particular, peculiar o socialmente minoritario, lo vivía en la intimidad, de forma privada, cuando no con sentimientos de culpabilidad que le impelían incluso a reprimirlo (en ocasiones lo conseguía y en otras los desarrollaba en ciertos círculos que no dejaban de ser marginales). Sin embargo, Internet trajo la luz y todo aquel con gustos particulares descubrió no solo que su gusto no era una anormalidad exclusiva producto de su mente enferma, sino que había una legión de seguidores enamorados de la misma temática. Es más, independientemente de la peculiaridad o de la aberración que fuera, no solo había una legión de seguidores con los que poder “normalizarse”, sino que la red les permitía ponerse en contacto para intercambiar material, llevarla a la práctica o, por qué no, retroalimentarla llevándola más allá con ideas más originales.

Así, primero aparecieron las web estáticas donde acceder a los contenidos, después los chat y foros (algunos específicos de temática sexual), posteriormente las redes sociales (algunas también temáticas) y, finalmente, las páginas dinámicas que permitían integrar todos los servicios previos en un único canal distribuidor.

Pero antes de entrar a ver qué canales se utilizan, qué modalidades de cibersexo se practican y qué tipologías o categorías de sexo pueden encontrarse a través suyo, y dado que hemos hablado de conductas sexuales convencionales, peculiares o aberrantes, conviene definir lo que puede entenderse como una conducta sexual aceptable o inaceptable.

Desde el punto de vista psicológico el conjunto de fantasías, deseos o prácticas sexuales, entrarían dentro de la forma de expresión sexual de un individuo, lo que se engloba dentro del concepto de la erótica (hay quien incluye este aspecto en el concepto de sexualidad). Hasta hace relativamente poco tiempo cuando esta forma de expresión sexual era considerada patológica se hablaba de parafilia, si bien desde la aprobación del DSM-V se hace una distinción entre parafilias y trastornos parafílicos.

La parafilia se define por tres factores generales: involucrar en el acto sexual a objetos inanimados o personas no conscientes y/o sin capacidad de consentir el acto sexual (animales, niños, etc.), generar malestar clínicamente significativo o afectar a la vida laboral, social, etc. del sujeto, y por manifestar el comportamiento durante un mínimo de seis meses. Cuando dicha parafilia causa además un deterioro en el individuo o supone un daño personal o riesgo de daño ajeno, es cuando hablamos de trastorno parafílico, lo que requiere una intervención psicológica.

De inicio, el DSM-V incluye los siguientes tipos de parafilias (recordando que deben cumplirse las condiciones anteriores): voyeurismo (observar a personas desnudas o practicando sexo que no son conscientes de estar siendo vistas, lo cual diferencia este caso de la pornografía, por ejemplo), exhibicionismo (exponer los genitales a una persona desprevenida), frotteurismo (tocar o frotarse contra otra persona con fines sexuales sin su consentimiento, muy habitual en el metro y los autobuses urbanos aprovechando la ocasión), masoquismo sexual (excitación sexual a través del hecho de ser humillado, golpeado, atado o sometido a sufrimiento), sadismo sexual (excitación sexual derivada de causar sufrimiento físico o psicológico a otra persona), pedofilia (excitación sexual con niños prepúberes, generalmente con niños menores de 13 años), fetichismo (excitación sexual con objetos inanimados –excluyéndose artículos diseñados con fines específicamente sexuales- o gran interés por partes del cuerpo no genitales), travestismo (excitación sexual por el hecho de travestirse) o trastorno parafílico no especificado (cuando se cumplen las condiciones del trastorno parafílico pero este no se debe a los objetos mencionados en los casos anteriores. Tendríamos aquí por ejemplo la zoofilia, necrofilia, catafilia, belonefilia, etc.).

Todo este rollo psicológico o sanitario se puede resumir en algo que es de puro sentido común, aunque a veces el sentido común sea el menos común de los sentidos: aceptable es cualquier conducta sexual consensuada entre dos adultos en plenas facultades mentales que consienten libremente, lo disfrutan y siempre que no les cause un daño excesivo a ninguno de los dos.

Y aquí conviene hacer dos matices importantes. El primero que libremente es libremente, lo que invalida la presión, la coacción y no digamos ya la amenaza o el uso de la fuerza. Es obvio que no habría ni que mencionarlo, pero desgraciadamente todavía hay un buen número de miserables que no entienden el no, o de más miserables aún que saben perfectamente cómo manipular a sus parejas para satisfacer sus más oscuras inclinaciones, aunque sean perfectamente conscientes de que no las disfrutan o que les causan un daño irreparable, lo que por cierto, no deja de ser otra forma de violación.

El segundo es el matiz del daño “excesivo”. ¿Por qué es importante? Porque siempre hay algunos que gustan de llevarlo todo más allá y podemos encontrarnos casos como los de canibalismo que han proliferado últimamente en Alemania y que, independientemente de su carácter consensuado y aceptando el improbable caso de que no incluyan un trastorno mental, no son aceptables por sus mortíferas consecuencias, independientemente de la grata (o ingrata) experiencia gastronómica y culi-naria que generen.

Apeluchado pero con disciplina

 

 Salud y libertad

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