Archivo de la categoría: Psicología

Categoría sobre Psicología y reflexiones sobre el tema

La verdad sobre el cibersexo (1ª parte): Introducción

“El sexo sólo es sucio si se hace bien” (Woody Allen)

Con las entradas de blog pasa a veces como con los trinos de twitter, uno escribe algo profundo pensando que lo va a petar, algo a lo que el autor concede un valor incalculable por su afán didáctico y reflexivo, y el resultado es la más absoluta indiferencia por parte de los lectores. Sin embargo, posteriormente uno describe cómo se mete un algodón impregnado con vodka por el orto o en qué ángulo te potencia la Viagra, y el personal enloquece.

La moraleja es que el saber y el pensar aburren, mientras que el morbo vende. Así que, dado que mis estadísticas de acceso demuestran que sois unos morbosos sin redención, vamos a entrar de lleno en el mundo más morboso que hay dentro de las caretas sociales: el del sexo (hoy en día inentendible sin su correlato virtual, el cibersexo).

Como decía Oscar Wilde y ya hemos citado hasta la náusea por estos lares: “el hombre es menos sincero cuando habla por cuenta propia, dadle una máscara y os dirá la verdad”. Y como también hemos señalado, no hay mayor máscara que la que proporciona Internet, pues aunque el anonimato que facilita no es real, sí es lo suficientemente engañoso como para que la persona que está bajo su “dominio” así lo perciba y, por tanto, se comporte como si lo fuera.

A este respecto mueve bastante a hilaridad el comentario de quienes dicen que Internet no es el mundo real y que el personal confunde lo que existe con lo ficticio. Decía un viejo meme que si te metes en un chat de gatos, comportándote como un gato y queriendo relacionarte gatos, a lo mejor es porque tú eres un gato, quieres serlo o tienes intereses de gatos, por mucho que tengas apariencia de perro.

Es algo parecido a lo que podemos ver a diario los psicólogos, acostumbrados a observar la imagen social de ciertos sujetos interaccionando en un teatrillo perfecto donde todo es fachada y atrezzo, y donde las parejas pasean felices por la calle cogidas del hombro entre sonrisa y sonrisa, antes de quedar horrorizados por la crudeza de  la verdadera vida íntima que se esconde tras las bambalinas, y que te cuentan en consulta.

También recuerda en ocasiones a esos noticiarios truculentos donde la vecina sale a exponer sus primeras impresiones sobre el pederasta que acaban de detener en el piso de arriba y comenta aquello tan manido de: “pues era un vecino excepcional, quién iba a pensarlo con lo alegre que era y siempre saludando a todo el mundo”. Pues normal, señora, el problema de los monstruos es que no llevan tatuado en la cara la palabra “psicópata” o “pederasta”, más bien al contrario, les interesa pasar desapercibidos al ser conscientes de las barbaridades que cometen y de las consecuencias que puede tener ser descubiertos. Dicho de otro modo, el lugar más seguro para resguardarse de un grupo terrorista, es el bloque de edificios contiguo al suyo (y por aquello de que el suyo igual vuela en pedazos si yerran con el bombazo que están preparando).

Finalmente, y antes de comenzar a analizar la realidad que se esconde tras la pantalla, hay que considerar otro factor psicológico importante como es la negación (incluso la racionalización que en ocasiones se utiliza para justificar una negación), mecanismo de defensa que opera de forma generalizada cuando una motivación social básica, la de confianza, se ve alterada.

La motivación social básica de confianza es aquella que impele al ser humano a creer que vive en un lugar relativamente seguro donde su integridad física y psicológica no se ven alteradas. Este principio tiene su sentido, ya que en caso contrario la activación que generaría saberse permanente en peligro conllevaría un estado de ansiedad y miedo poco adaptativos que dificultarían mucho poder seguir adelante. El problema es que para mantener este tipo de principios básicos, a veces nuestra mente utiliza mecanismos de defensa como los señalados, ejemplo de lo mal diseñado que está en ocasiones nuestro software cognitivo.

Y claro, aplicándolo al caso que nos ocupa, esto se traduce en que será mucho más socorrido achacar antes las perversiones de un engendro a que Manolín es un perturbado mental (como los terroristas, hoy trastornados víctimas del capitalismo y la marginación social en lugar de hijos de puta a secas), que a pensar que nuestro médico, el profesor de nuestro hijo, nuestro fontanero, nuestro peluquero o el tío que nos vende la carne pueden disfrutar practicando según qué aberraciones o tener determinados impulsos, ejecutándolos en mayor o menor grado a la par que consiguen mantener, al menos durante un tiempo, una imagen de normalidad e incluso de afabilidad.

 

Salud y libertad…

[Continuará]

Aprovecho para solitaros colaboración cubriendo este cuestionario totalmente anónimo, que pretende estudiar de forma más científica el uso de este tipo de canales y contenidos, y no tardaréis más de 3 minutos en cubrir. Muchas gracias.

 

 

Deja un comentario

Archivado bajo General, Psicología

Entendiendo la transexualidad (2ª parte)

“En un bosque se bifurcaron dos caminos, y yo… Yo tomé el menos transitado. Esto marcó toda la diferencia” (Robert Frost)

El segundo aspecto que conviene señalar es el referido a las causas y manifestaciones de la propia condición de transexual, pero dejando claro que hablaremos de estos puntos como una aportación con afán didáctico y no desde luego como una justificación ante las tonterías varias que expelen ciertos grupos homófobos.

Entre este tipo de grupúsculos es generalizada la idea de plantear la transexualidad como una decisión libre o incluso como un capricho, lo cual ya es estúpido per se desde su base. ¿Quién en su sano juicio se metería  en un procedimiento tan física y psicológicamente duro y costoso, con implicaciones biopsicosociales tan graves y cuyo desenlace social, desgraciadamente, solo te va a llevar a la incomprensión o la discriminación? Es obvio que nadie. Hay que estar muy seguro de lo que se va a hacer y tener una fortaleza física y mental a prueba de bombas para meterse en semejante jardín.

Las hipótesis más actuales sobre por qué se produce la transexualidad son las relacionadas con las descargas de testosterona en el período perinatal. La testosterona tiene efectos masculinizantes en el embrión e interviene en la formación de los órganos sexuales internos y externos. Ahora bien, entre el cuarto y el séptimo mes de embarazo existen ciertas descargas de testosterona relacionadas con el desarrollo del sistema nervioso central y su dimorfismo sexual.

Desde esta perspectiva, la transexualidad se explicaría por la acción o inacción de las hormonas en dicho sistema nervioso central, cuando estas ya han configurado la biología sexual del embrión. Imaginemos, por ejemplo, que se han producido las descargas de testosterona que han configurado unos órganos sexuales masculinos pero que no se produce la descarga prevista a la hora de configurar el sistema nervioso central. El resultado sería un cerebro femenino en un cuerpo masculino, lo que, por cierto, se parece sospechosamente a la cita tradicionalmente escuchada a personas en esta situación, que decían aquello de: “soy una mujer atrapada en un cuerpo de hombre” (y viceversa).

En este punto también es obligado mencionar las denominadas situaciones de indefinición sexual, que anulan de raíz el argumento de la identificación del sexo en función de la carga genética. Así, por ejemplo,  tenemos a personas con el síndrome de insensibilidad a los andrógenos (genotipo XY y cuerpo femenino), con el síndrome del conducto mülleriano persistente (genotipo XY y genitales externos masculinos, pero con genitales internos mixtos, tantos masculinos como femeninos), con el síndrome de Turner (genotipo X0. ¿A estos qué los consideramos según esta categorización genética: hombres, mujeres, tocadiscos?), etc…

Resumiendo, que apreciando la complejidad del fenómeno ya podemos ver que la identidad sexual no es algo que pueda reducirse a algo tan simple como tener un determinado genotipo o tener o dejar de tener colita.

Finalmente y en tercer lugar, otro aspecto que ha generado polémica es el relativo a las campañas de difusión. Primero, la campaña: “hay niñas con pene y niños con vulva” y, posteriormente, su contraréplica: “los niños tienen pene, las niñas tienen vulva”.

Y aquí ha venido otro gran problema, uno que ha sido creado artificialmente en función de intereses de lobbies de ambos lados y en el que ha pesado muy poco pensar en el interés de los transexuales en general y de los niños con esta condición en particular.

Para entender este problema puede ser útil conocer la teoría lingüística de los prototipos. El lenguaje es una construcción categorial que se rige por un principio básico como es dar la máxima información con el mínimo coste (en este caso de palabras). En esta concepción las categorías son clases heterogéneas y no discretas, en las cuales habría algunos miembros más representativos de la categoría que otros. Por ejemplo, dentro del prototipo de mediocre, Pedro Sánchez o ZP serían ejemplos con máximo nivel de representatividad, mientras que Felipe González lo sería algo menos y Borrell no lo sería en absoluto. O dentro del prototipo de inútil, Rajoy sería un elemento con alto nivel de representatividad, mientras que Soraya, que es más lista que el hambre, no encajaría de momento en esta categoría.  Estos miembros más representativos de una categoría son pues los prototipos

Por otro lado, también existen niveles en el lenguaje en función de la generalidad y especificidad de la información que queremos transmitir. Por ejemplo, un nivel supraordenado que aporta información sobre una categoría general (fruta), un nivel ordenado que aporta una información más específica sobre aquello a los que nos referimos (manzana) y un nivel subordinado que establece un mayor nivel de concreción (golden). Vemos por tanto que podemos hacer referencia a un mismo concepto utilizando los tres niveles: una manzana golden es efectivamente una fruta, una manzana y del tipo golden, pudiendo utilizar cada concepto en función del grado de concreción que queramos darle a la información que nos interesa transmitir.

Funcionando así el lenguaje es pues absurdo pretender que un concepto pueda recoger todo el abanico de posibilidades específicas que lo definan. Más bien al contrario, utilizaremos un concepto genérico, teniendo en cuenta que cada elemento formará parte del mismo por compartir unas características semejantes, pero también asumiendo que posee unas características concretas que lo diferencian de los demás.

Así, en base a esos prototipos, los niños tienen una serie de rasgos, entre ellos algunos de carácter biológico, y las niñas otras. Pretender invertir estas características es desde el punto de vista lingüístico una estupidez y desde el punto de vista social una inutilidad, porque ni la sociedad tiene interés alguno en conocer la verdad sobre cómo funciona el lenguaje ni, en la mayoría de los casos, saber qué define a los niños transexuales, pues vivimos en una sociedad que mayormente, y al margen de imposturas, se preocupa de su propio culo y se rige por conocimientos superficiales que buscan solo contrastar el conocimiento previo, incluido sus prejuicios, sin mucho esfuerzo.

Así que lo que ha hecho la primera campaña pretendiendo acudir a una diferenciación tan específica, aun pudiendo ser cierta, es hacer un flaco favor a la causa, favoreciendo por el contrario una contra-campaña interesada en difundir ideas homófobas, a la que jamás se le habría dado la difusión que se le dio de no ser por ello.

Y es que, en efecto, hoy hay una cierta tendencia a querer que el lenguaje abarque la individualidad de cada uno cuando precisamente está construido para abarcar aspectos generales. Más hoy en día, cuando hay un estúpido complejo antihegemónico, en el que parece que si uno no se es miembro de una minoría, es directamente un cabrón fascista, aspecto que hay que agradecer a políticos mediocres e inútiles (ver prototipos) y a buenrollistas en general de intelecto muy limitado.

Salud y libertad…

1 comentario

Archivado bajo Psicología

Entendiendo la transexualidad (1ª parte)

“Tu tiempo es limitado, de modo que no lo malgastes viviendo la vida de alguien distinto” (Steve Jobs)

El verdadero bus de Hazte Oir

Tras llegar el parón de trabajo estival y retomar los contenidos del blog, estaba pensado en un tema adecuado para tratar, especialmente teniendo en cuenta que hace mucho que no me meto en una buena polémica y que como es sabido tengo cierta inclinación a lanzarme al fango de cabeza. Así que he pensado, ¿qué tema puede, tratado de forma más o menos seria y rigurosa, cabrear por igual a los fanáticos de un lado y a los buenrollistas de lo políticamente correcto por el otro, con el fin de dar un poco de vidilla a este insípido verano? Y allí, a lo lejos, mientras la avioneta de hazme reír pedía los permisos de despegue, lo vi: el tema de la transexualidad.

De hecho, es un tema lo suficientemente complejo como para que se pueda realizar una entrada con afán didáctico y permita a la par desarmar los argumentos peregrinos de quienes hablan de él gritando mucho y sabiendo poco. Por eso, parece apropiado que, en primer lugar, definamos qué se entiende por transexualidad.
Desde el punto de vista sanitario y psicológico la transexualidad es una condición técnicamente llamada disforia de género (en el DSM V, manual al cual yo no me acerco ni con un palo), o trastorno de la identidad sexual (según el DSM IV-TR), que se caracteriza por:

A. Identificación acusada y persistente con el otro sexo (no sólo por el deseo de obtener las supuestas ventajas relacionadas con las costumbres culturales).
En los niños el trastorno se manifiesta por cuatro o más de los siguientes rasgos:
1.- Deseos repetidos de ser, o insistencia en que uno es, del otro sexo,
2.- En los niños, preferencia por el transvestismo o por simular vestimenta femenina; en las niñas, insistencia en llevar puesta solamente ropa masculina.
3.- Preferencias marcadas y persistentes por el papel del otro sexo o fantasías referentes a pertenecer al otro sexo.
4.- Deseo intenso de participar en los juegos y en los pasatiempos propios del otro sexo.
5.- Preferencia marcada por compañeros del otro sexo
En los adolescentes y adultos la alteración se manifiesta por síntomas tales como un deseo firme de pertenecer al otro sexo, ser considerado como del otro sexo, un deseo de vivir o ser tratado como del otro sexo o la convicción de experimentar las reacciones y las sensaciones típicas del otro sexo.
B. Malestar persistente con el propio sexo o sentimiento de inadecuación con su rol.
En los niños la alteración se manifiesta por cualquiera de los siguientes rasgos: En los niños, sentimientos de que el pene o los testículos son horribles o van a desaparecer, de que sería mejor no tener pene o aversión hacia los juegos violentos y rechazo a los juguetes, juegos y actividades propios de los niños; en las niñas, rechazo a orinar en posición sentada, sentimientos de tener o de presentar en el futuro un pene, de no querer poseer pechos ni tener la regla o aversión acentuada hacia la ropa femenina.
En los adolescentes y en los adultos la alteración se manifiesta por síntomas como preocupación por eliminar las características sexuales primarias y secundarias (p. ej., pedir tratamiento hormonal, quirúrgico u otros procedimientos para modificar físicamente los rasgos sexuales y de esta manera parecerse al otro sexo) o creer que se ha nacido con el sexo equivocado.
C. La alteración no coexiste con una enfermedad intersexual.
D. La alteración provoca malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo.

 

En definitiva, lo que viene siendo prescindiendo de toda esta parafernalia, querer tener el sexo opuesto a aquel que nos define por nacimiento (o siendo más preciso, a aquel con el cual nos han definido en función de las categorías sociales establecidas).

Sin embargo, más allá de la propia condición, hay algunos conceptos asociados que son más complejos de lo que pueden parecer a simple vista y que constituyen una parte central de la polémica, por lo que será en los que nos centremos ignorando otros aspectos secundarios: el concepto de enfermedad, la causa de tal condición y el uso de un lenguaje interesado que ha dado lugar a enfrentadas campañas.

Pibón, se mire como se mire

El primer aspecto que conviene analizar sobre este asunto, y que ya genera los primeros sarpullidos es sobre el propio concepto de patología o enfermedad. Y realmente esta es una discusión o excesivamente técnica como para un debate social o tan absurda que solo pretende asentarse desde el plano de menospreciar al diferente.
Desde un punto de vista técnico, el concepto dogmático de enfermedad o patología es bastante irrisorio especialmente en el ámbito psicológico, porque aunque socialmente se entienda como una verdad de fe, lo cierto es que este ha hecho más que aguas a lo largo de la Historia. Así, en el campo de los trastornos mentales, como señalan Belloch et al. “en muchas ocasiones la cualificación de algo como psicopatológico no responde a criterios científicos, sino más bien a otros de naturaleza ética o moral, de tal modo que todo aquello que contraviene la ética dominante, puede ser caracterizado legítimamente como psicopatológico” (2008, 36)*.

A este respecto, y con el fin de priorizar el razonamiento sobre los dogmas sociales establecidos siempre incluyo el ejemplo en mis clases de la drapetomanía, que es la supuesta enfermedad mental que se les achacaba a los esclavos negros que querían escapar a toda costa o que se negaban a aceptar su condición de esclavos, y que se manifestaba en un estado de ansiedad que les impulsaba a querer escapar de las plantaciones. Sí, así es, esto fue aceptado como conocimiento científico y como enfermedad en un momento determinado de nuestra Historia.

Desde un punto de vista humano, por otro lado, es realmente irrelevante debatir sobre si la transexualidad es una enfermedad o no. Es una condición que genera un malestar a la persona que se encuentra en esa situación y, por tanto, esto ya es razón suficiente para justificar una intervención psicológica. A consulta pueden venir cientos de personas con múltiples problemas clínicos o no clínicos, pueden llegar pacientes con depresión (endógena o exógena), con distimia o, sencillamente, con un sentimiento de insatisfacción hacia su vida,queriendo reorientar su camino. Son problemas que requieren una intervención, pero en los que hablar de enfermedad con el fin de igualar ésta a no seguir la norma, carece de sentido más allá de la mala intención. Es como si tuviéramos que determinar la enfermedad o no de un niño con 5 suspensos que viene a consulta. Es absurdo, tiene un problema y viene a buscar una solución.

Sin embargo, esta categorización sí tiene una importante connotación en el ámbito de las prestaciones sanitarias, y por eso creo que en este punto se equivocan ampliamente los colectivos LGTBI. El tratamiento hormonal y no digamos ya el quirúrgico es largo, caro y problemático. El hecho de que se considere el trastorno de identidad sexual como una enfermedad, permite incluir esta parte del tratamiento como una prestación sanitaria a cargo del erario público. Eliminar la concepción patológica está dando una vía por explotar a los integristas para eliminar el tratamiento gratuito, porque, ¿cómo se justificaría una intervención tan cara si no existe tal enfermedad? Es complicado, y por eso quizás sea preferible hablar de patología, entendiendo por tal concepto cualquier situación que genera malestar o complicaciones a una persona y que, por tanto, requiere una intervención, ya sea médica o psicológica.

Salud y libertad…

Continuación 2ª parte

*Belloch, A., Sandín, B., y Ramos, F. (2008). Manual de Psicopatología (vol. I). Madrid: McGraw Hill.

Deja un comentario

Archivado bajo Psicología

La verdad sobre los fármacos para la erección

“El sexo sólo es sucio si se hace bien” (Woody Allen)

morbDespués de grandes éxitos como “La Verdad sobre el Tampodka” y “La Verdad sobre el Metilfenidato” hoy nos aventuraremos a escribir sobre la experiencia con los fármacos para la erección. Porque en el fondo sois unos morbosos, os gusta… ¡y lo sabéis! Eso sí, no esperéis morbos más allá de lo estrictamente necesario porque aquí no se trata de hablar de sexo (ya llegará la entrada sobre la verdad del cibersexo donde hablaremos de todas las cochinadas habidas y por haber), sino de los efectos de los fármacos de turno.

Y sí, vale, ya sabemos que los fármacos para la erección, como el resto, son para pacientes que tienen problemas de erección y que no están recomendados en otras personas, pero también los fármacos para el supuesto TDAH son para los pacientes con TDAH y hoy tenemos a medio estudiantado y a medio mundo laboral consumiéndolos para incrementar su rendimiento, aprovechando sus efectos y disfrutando de sus contraindicaciones como bien nos narra este artículo del diario El Mundo.

Eso sí, en esta ocasión no hay toma de datos fisiológicos por dos razones: la primera, porque por la propia condición de la situación no sería posible separar los efectos del fármaco de los efectos fisiológicos del acto en sí. Si vas a echar un polvo se te va incrementar la frecuencia cardiaca, la tensión… con lo cual nunca se sabría si es por el efecto de la pastilla o por efecto del calentón (podría hacerse si tomo el fármaco sin consumar, pero la verdad, ya puestos, prefiero aprovecharlo). La segunda porque, como entenderéis, no voy a decir en medio del asunto: disculpa un segundo, tengo que tomarme la tensión para un experimento a los 5, a los 15 y a los 30 minutos, luego sigo. Enfriaría un poco la situación y podría quedarme el experimento sin finalizar con algún exabrupto justificado. Por tanto, esto supone que por un lado tendré que abreviar, cosa que no viene mal teniendo en cuenta lo rollista que tiendo a ser, y que el efecto narrado se reducirá a una exposición muy subjetiva de los síntomas que yo percibí en su consumo.

También tengo que decir que a mí en eso del sexo me pasa como en el Mcdonalds. La hamburguesa (el mete-saca) está bien, pero me gustan más los complementos. Vamos, que sí, que me como el Big Mac porque va con el menú básico, pero prefiero picotear unos nuggets por aquí, unos aritos por allá,  unas alitas, unos mcbites de pollo…

El primero de los fármacos, y quizás el menos conocido es Levitra, cuyo principio activo es el vardenafilo, un inhibidor de la fosfodiesterasa 5, que se vende generalmente en comprimidos de 5 mg, 10 mg y 20 mg (aunque he visto el vardenafilo genérico en presentaciones de 40 mg y 60 mg). La ventaja que tiene sobre el Viagra, que veremos a continuación, es que no hay que restringir la ingesta de alcohol ni evitar la dieta rica en grasas y aumenta teóricamente hasta 12 horas la capacidad de erección. En este punto cabe decir que si el problema es psicológico estos fármacos no tendrán efecto alguno pues actúan sobre el componente biológico, por tanto la reacción se produce cuando existe un deseo sexual activado. Si el deseo desaparece o la consumación llega, fin de la historia. Que nadie piense que va a estar 12 horas con el menhir a la espalda como Obelix (y si alguien lo está, debería marchar pitando hacia el servicio de urgencias).

Personal y subjetivamente, este medicamento en su versión de 10 mg no me ha aportado nada. La intensidad de la erección es igual que sin él, el tiempo de reacción el mismo, sí que quizás hay una cierta sensación de incremento de la insensibilidad (lo cual está muy bien para postergar el acto pero pierde gracia) y lo que sí me ha supuesto es un terrible dolor de cabeza posterior, supongo que debido al efecto vasodilatador que tienen todos estos medicamentos y razón por la cual no son recomendables en caso de problemas de corazón (músculo, no dedo).

El segundo fármaco, lo reconozco, ha sido una gran decepción. Todos hemos oído hablar del Viagra y de sus efectos milagrosos, esa pastillita azul pitufo que hace las delicias del respetable cuyo principio activo es citrato de sildenafilo. Es primo hermano del anterior y actúa exactamente igual, inhibiendo la fosfodiesterasa 5, facilitando el flujo de sangre en el pene.  Esta se presenta en dosis de 25 mg, 50 mg y 100 mg. Quizás el hecho de haber escuchado esta divertida experiencia en el programa de Carlos Herrera me hiciera tener de antemano unas expectativas muy altas, y ya se sabe que cuando las expectativas son altas, el nivel de exigencia se incrementa y el resultado suele ser decepcionante.

El Viagra tiene que tomarse aproximadamente media hora antes de tener relaciones y su efecto dura hasta 4 horas después, ya vemos que menos que el Levitra (12 horas), siendo conveniente no tomar una comida copiosa o rica en grasas ni alcohol, pues puede reducir su efecto o incrementar el tiempo que tarda en actuar. Sinceramente, la versión de 25 mg, ni fu ni fa, un ligero aumento de la capacidad de erección con un dolor de cabeza y sensación de mareo poco después que la verdad no compensan. Supongo que sería posible tomar una dosis mayor pero solo pensar que ese horrible dolor de cabeza se incremente también, me quita todo el vacilón.

Y por último el Cialis, medicamento que yo conocí hace poco, pero que cierto amigo farmacéutico ya me había dicho que era lo que él recomendaba. Su principio genérico es el tadalafilo, también inhibidor la fosfodiesterasa 5, y se vende en presentaciones de 5 mg, 10 mg y 20 mg. Las ventajas que tiene son que su duración es mucho mayor, pudiendo durar hasta 36 o 48 horas (de ahí que se la llame la píldora del fin de semana), que tarda mucho menos en hacer efecto que las anteriores y que, al parecer es más limpia para el organismo, generando menos efectos secundarios.

Si las anteriores fueron una decepción, los 20 mg de esta son…

 

…una jodida maravilla!!! Es el mejor fármaco, droga o químico inventado por el ser humano, que dios bendiga a los laboratorios Lilly. El efecto se percibe en un limitado periodo de tiempo tras la ingesta. La intensidad de la erección es claramente perceptible (es como volver a tener 20 años cuando uno está todo el día en posición “tienda de campaña”), la duración de la erección es semejante y lo mejor de todo, reduce de forma considerable el periodo refractario, es decir, el periodo de tiempo que tiene que pasar desde que uno eyacula hasta que puede volver a estimularse para volver a empezar. Doy fe de que durante el periodo finsemanal en que está activo ese delicioso compuesto, uno está tan cachondo que no tiene nada que envidiar a los babuinos de los documentales de La 2 respecto a su necesidad de consumación sexual.

A ello hay que añadir que los efectos son mucho más limpios, en mi caso solo tuve un extraño síntoma, un dolor en la parte posterior de la cuenca de los ojos (de los de la cara, abstengámonos de chistes fáciles) que curiosamente el prospecto ya señala, que pasa durante la mañana posterior a las 48 horas en que está activo, y que, francamente, después de lo experimentado es poco precio a una experiencia como para tener visiones celestiales.

El gran hándicap de estos fármacos, de los tres, está en su precio. Aunque este depende en gran medida de la dosis del compuesto y de la cantidad, háganse a la idea de que una caja de cuatro Cialis 20 mg ronda los 65 euros, y una de cuatro Viagra 100 mg o  de cuatro Levitra 20 mg, unos 60€. Desde luego, no es para todos los bolsillos, lo que ha supuesto que haya un gran comercio de estos comprimidos a través de farmacias on-line que, en ocasiones, sí reducen mucho el precio, pero en otras dan pie a estafas o a comprimidos que vaya usted a saber qué tipo de sustancias incorporan.

El resto de la experiencia se la pueden imaginar, un nugget con mostaza picante por aquí, una alita con barbacoa por allá, un arito, un ice tea, cambiamos el envase, más ice tea, lanzamos el envase, mcbite, mcbite, alita, arito, alita, big mac, big mac, big mac y para acabar mcflurry, siempre mcflurry.

Un poco de todo

Un poco de todo

Hasta la próxima verdad, que ya hay candidatos.

Salud y libertad…

1 comentario

Archivado bajo General, Psicología

Explicando el Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) (5ªparte y final)

“La huella de un sueño no es menos real que la de una pisada” (George Duby)

Si ya hemos visto más o menos cómo funciona el TOC, pasaremos a continuación a exponer una serie de estrategias que pueden ser útiles para controlarlo. Pero antes de ello comentaremos dos situaciones relevantes que deberíamos considerar.

La primera es la que afecta a los familiares y personas del entorno del sujeto que padece TOC, ya que no es fácil convivir con una persona que tiene este trastorno. En ocasiones es muy complicado pues uno mismo puede ser el objeto de la obsesión del paciente. Imagínese que es la pareja de alguien que desarrolla una obsesión por celos. La película mental que puede haber desarrollado en su cabeza el afectado es de campeonato y si además tiene poca conciencia de su enfermedad, de poco servirán las explicaciones racionales que se le den. Si al menos tuviera conciencia de enfermedad, se podría apelar a explicaciones racionales, aunque esto tampoco solucionaría el problema, pues ante todo la afectación operaría a través de la vertiente emocional. En otras ocasiones lo difícil es adaptarse a las obsesiones de otros, si ya es complicado vivir con obsesiones propias, imagínese teniendo que lidiar con las ajenas. De nuevo la poca o suficiente conciencia de enfermedad puede aliviar o agravar el problema. Por tanto, no estaría de más que las personas del entorno también recibieran asistencia psicológica para saber lidiar con las obsesiones. De hecho, su actuación como co-terapeutas puede ser muy beneficiosa para el afectado.

La segunda es la referida a la manifestación del TOC en la infancia. Ya comentamos que es muy complicado tratar el TOC en esta edad, porque es más difícil hacer entender la irrealidad de las obsesiones a los niños (que aún no manejan bien el concepto de probabilidad de un suceso) a lo que hay que añadir que la gestión del pensamiento, la conducta y la emoción es más complicada. Además, al ser conscientes de que lo que piensan es extraño y suponer que no será entendido, son muy reacios a expresar sus verdaderos pensamientos, por lo que solo podremos observar conductas de ansiedad, irritabilidad o tristeza que fácilmente se pueden confundir con otros trastornos (como el TDAH). Lo realmente importante para los padres es que sepan diferenciar entre cuándo se encuentran ante una conducta caprichosa y cuándo se encuentran ante una obsesión. Y esto no es fácil. Las obsesiones de los niños pueden ir desde miedo a los monstruos nocturnos, a los ataques alienígenas o la clásica muerte de los padres en un suceso catastrófico, hasta la necesidad de proteger la habitación con papeles pegados en las paredes para evitar un incidente nuclear, todo ello pasando por tantas casuísticas como nos vengan a la cabeza (y muchas más inimaginables). La única estrategia posible es hablar con los chavales, crear un clima de comunicación adecuado y poco a poco ir perfeccionando la técnica para que se sientan libres de revelar sus pensamientos. La pregunta clave es, ¿por qué es tan importante que eso sea así? ¿Qué pasaría si esto no se hace de tal forma? ¿Qué consecuencias habría? No juzgarles, solo entenderles y ayudarles a gestionar el afrontamiento y la irrealidad de sus pensamientos.

De hecho, ya vemos que en la base del TOC lo que hay es una necesidad de control, de intentar dominar todas las variables para saber siempre qué es lo que podemos esperar, porque si algo lleva mal nuestro procesador humano es tener que lidiar con el azar y la incertidumbre. Así, no es extraño que el perfeccionismo y la rigidez sean las dos características principales de las personas obsesivas, a quienes romper hábitos, rutinas o su modo de hacer las cosas, les puede resultar una dura tarea. Intentar romper esa rigidez en los esquemas de una persona con TOC puede ser una de las acciones más heroicas de su entorno y desde luego generará no pocos conflictos.

¿Y cómo podemos intervenir ante la aparición de obsesiones? Estas son las estrategias principales.

La primera intervención debe ir dirigida lógicamente a que el paciente acepte el problema. No hay que avergonzarse de tener TOC como no hay que avergonzarse de tener una gripe. No se puede arreglar lo que no se sabe que está estropeado y por tanto, uno debe ser honesto consigo mismo cuando aprecia que algo no funciona bien. Las personas del entorno también pueden animar a alguien que tiene ciertos comportamientos de los vistos a que consulte con un especialista. El fomento de la expresión emocional derivada de las dificultades que se han vivido y el dolor existente, constituyen ya una primera intervención terapéutica de primer nivel.

En los casos más graves, se puede requerir tratamiento farmacológico, que siempre bajo prescripción y seguimiento médico, suele consistir en antidepresivos, la mayor parte de las veces con dosis superiores a las recetadas en el caso de los trastornos depresivos. También se pueden complementar con ansiolíticos, ya que como hemos visto la ansiedad incrementa la presencia e intensidad de las obsesiones (y a veces puede ser un verdadero alivio tener una ayuda química para detener el funcionamiento de la mente).

Un ejercicio simple para evitar entrar en el bucle de la obsesión que se produce cuando uno empieza a rumiar pensamientos o a “montarse la película” en función de una idea obsesiva, es el de detención del pensamiento. Seguramente habrá visto a más de una persona con una gomita en la muñeca de esas que las niñas utilizan para sujetar las coletas. La idea es que cuando comienza la idea obsesiva, la persona tire del elástico soltándolo a la vez que piensa o dice la palabra alto. El objetivo de esta técnica es hacer consciente que se está entrando en una obsesión y detenerla antes de que se empiece a desarrollar, lo que focalizaría la atención aun más en la obsesión siendo más complicado detenerla. Si no quieres dejarte llevar por la curiosidad de saber cómo finalizará una película, no la comiences a ver.

Otra técnica es la de dejar fluir los pensamientos sin prestarles atención. En ocasiones el hecho de tratar de rechazar los pensamientos obsesivos y luchar contra ellos, lo único que genera es un gran desgaste que producto de su falta de éxito desemboca en una bajada de autoestima y de creencia en la capacidad de gestionar el problema. Por ello, dejar simplemente pasar los pensamientos sin prestarles atención pero sin tratar de eliminarlos puede ser una estrategia efectiva para reducir el malestar. Los orientales que nos llevan años en estas historias de meditación y aceptación suelen decir: “dejar pasar los pensamientos como nubes en el cielo”

Otra técnica irrenunciable es el afrontamiento con prevención de respuesta. Que te da pavor tocar el pomo de la puerta y no lavarte las manos después por si coges una enfermedad, tócalo y no te laves. Que piensas que si pasas por debajo del andamio se te va a caer encima, pasa por debajo (te juro que no se te caerá). Y si puede ser diez veces, mejor que una. Esto genera un gran malestar y en ocasiones puede verse como una tarea imposible, así que, al igual que en el tratamiento de las fobias, puede acompañarse de técnicas de reducción de la ansiedad como la respiración diafragmática.

Dado que hemos visto que la ansiedad y las obsesiones están muy relacionadas, técnicas para reducir la ansiedad pueden ser también útiles: respiración diafragmática, mindfulness, relajación de Jacobson, hacer deporte, yoga, meditación… Pero tampoco vamos a engañar a nadie, si la ansiedad es alta y se necesita respuesta a corto plazo, hay que recurrir al tratamiento farmacológico bajo prescripción médico.

La hipnosis sanitaria como técnica complementaria puede ayudar para reducir la ansiedad, incrementar la capacidad de afrontamiento del paciente, reducir su necesidad de control y flexibilizar la rigidez de los patrones de conducta.

Y por último, fundamental, la distracción. Las obsesiones llegan cuando no tiene la mente ocupada (cuando se aburre), así que en el caso de que uno perciba que está empezando a tener un funcionamiento de la mente demasiado agitado, puede plantearse ocupar en algo la atención. Aquí podríamos diferenciar las técnicas de distracción externas (ver la tele, hacer un crucigrama, leer…) de las técnicas de distracción mental (recitar tablas de multiplicar, contar sumando de tres en tres, recordar una canción, inventarse una historia ajena a la obsesión…). Eso sí, a veces la televisión es tan anodina que vale más la pena tumbarse en el sofá y disfrutar de una buena “película mental” editada con imágenes obsesivas, que a todo se le puede sacar partido en esta vida.

Como vemos, existen técnicas que pueden hacer la vida más llevadera. Eso sí, recordemos que el TOC no se cura y que las obsesiones son bastante tramposas, porque de hecho cuando uno consigue controlar una obsesión, la mente lleva la capacidad obsesiva a otro tema, lo que hace que en ocasiones sea difícil diferenciar si nuestro pensamiento es producto de una obsesión o no. Mucho ánimo a todos los que sufren el trastorno y familiares y no se “obsesionen” con el tema. Como decía Marx (Groucho): “no se tome la vida demasiado en serio, no saldrá vivo de ella”.

Salud y libertad

Deja un comentario

Archivado bajo Psicología

Explicando el Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) (4ªparte)

“Cuanto más alto coloque el hombre su meta, tanto más crecerá” (Friedrich Schiller)

Tras observar las manifestaciones del TOC en casos concretos de la vida real, entenderemos ahora por qué pueden alterar en cierta medida la vida de los pacientes afectados. Pero profundizaremos a continuación en un punto de especial relevancia, aunque del que poco se ha escrito, que puede derivar en una gestión con la que sacar partido a las obsesiones o, todo lo contrario, hacer que estas se vuelvan completamente autodestructivas.

Como hemos señalado, una de las características de las obsesiones es que son intrusivas (es decir, ideas que se nos “cuelan” en la mente sin que nosotros podamos controlar su presencia), recurrentes (vuelven una y otra vez) y generalmente con un contenido negativo que es lo que produce que se incremente la ansiedad y las consiguientes consecuencias en el deterioro del estado de ánimo.

Esta visión negativa es lo que le da al trastorno su carácter egodistónico, palabro psicológico que viene a significar que genera malestar, pues tales pensamientos, impulsos o imágenes son disonantes con la imagen que el sujeto tiene de sí mismo, con sus valores, creencias o principios. Es fácil entender que si yo doy mucha importancia a la higiene y la limpieza, tener obsesiones centradas en la suciedad me generará un profundo malestar.

Ahora bien, ¿qué pasa si llegamos a conectar con una obsesión, una imagen o un impulso producto del trastorno hasta el punto de que nos generen bienestar? En este caso, estamos ante una obsesión egosintónica, es decir, un pensamiento, imagen o impulso que sería coherente con la percepción de uno y nos podría generar bienestar, lo que a su vez la haría retroalimentarse.

Veámoslo con un ejemplo referido a otro trastorno diferente. Las personas con trastorno bipolar generalmente alternan estados de depresión con estados de manía, esto es, momentos de exaltación que les producen una gran energía, activación y que los dota de una gran autoestima e imagen de sí mismos (digamos que es el equivalente endógeno de ponerse de coca hasta las cejas. De hecho, la neuroquímica cerebral en ambos estados es bastante semejante). La persona no identifica esto como un trastorno porque no solo no le produce malestar, sino que contrariamente, la genera un subidón en toda regla proporcionándole satisfacción y megalomanía. Es decir, aunque su estado sea patológico, pues está alterado respecto al funcionamiento normal (entendiendo lo normal como lo habitual), ha sintonizado con él haciéndole sentir estupendamente. Este aspecto es el que, trasladándolo al TOC, puede permitir que le saquemos rendimiento a un pensamiento intrusivo o constituir en sí mismo un problema mayor aún que las propias obsesiones.

Imaginemos que en pleno festival guarrindongo-sexual de lujuria y desenfreno nos viene un impulso o una imagen sobre una conducta que podríamos calificar de “retorcida”. La imagen se nos cuela y aunque la vemos como algo con cierto contenido “perverso”, fruto de la cachondez damos pequeños pasitos hacia adelante. Y, coño, resulta que a nuestra pareja también le parece algo retorcido, lo cual deriva en que además de ponerla como una moto y permitirnos ejecutar la conducta, nos la solicite con fruición. He aquí la explicación de por qué las personas con un TOC manifestado en ciertas obsesiones sexuales son tan buenos amantes. Ahora bien, ¿qué pasa si sintoniza con obsesiones sexuales basadas en el daño, el abuso y otro sinfín de conductas poco recomendables que todos podemos imaginar? Aquí es donde entra en juego el yo de cada cual, y donde podemos comprobar que si uno no tiene principios, conciencia, ni límites, la presencia añadida de obsesiones le puede llevar a cotas no muy recomendables para el resto de los mortales.

Otro aspecto en el que se puede aprovechar el TOC como elemento al que sacarle partido, por supuesto estamos hablando siempre dentro de ciertos límites del trastorno que no han desbordado la capacidad de gestión de la persona, es en cuanto al orden. Recientemente televisaron dos documentales en los cuales un jefe de sala de un restaurante y un director de hotel, tenían claros síntomas de TOC. Era algo fascinante, porque los platos, la cubertería, las plantas estaban milimétricamente colocadas en las mesas. El mínimo detalle era cuidado con esmero y los directores del restaurante y del hotel estaban encantados con el trabajo de sus seleccionados, aunque en este caso habría que preguntar a los sufridos subordinados de estos últimos cómo lo llevaban.

El obsesionarse con un tema también tiene su punto positivo. Imaginemos que un joven, guapo y simpático bloguero desea escribir una entrada con cinco partes sobre el TOC para su excelente, inigualable y magnífico blog, publicando una entrada por semana. En este caso, el deseo de finalizar con cierto nivel de perfección la tarea global puede hacer que el sujeto focalice la atención en la misma, y en lugar de hacer las cinco partes en cinco semanas, las haga en cinco días. Cuando una persona con TOC está enfrascada en una tarea el tiempo se detiene y no es raro que comience una tarea no pestañeando hasta que la finalice. Y no pestañear implica que puede postergar comer, dormir, salir… Solo se centra en la tarea y no parará hasta que la concluya, lo que los convierte en ciertos ámbitos en muy buenos trabajadores. Las relaciones no habituales que pueden hacer entre sucesos también los señalan cómo potenciales genios en ciertas labores intelectuales o de investigación.

En lo referente a escribir, también el TOC ha sido causa de grandes éxitos. Imagine que constantemente le vienen a la mente pensamientos violentos, terroríficos, preocupantes o extraños… unidos en ocasiones a intensas pesadillas que suelen acompañarlosdurante el sueño. A poco que trabajen la escritura, tendrán un filón para crear novelas, guiones, cuentos, historias… No tendrán ni que esperar que las musas les inspiren, bastará con plasmar su propio pensamiento. Dickens es un ejemplo de ello, pero hay otros casos como Woody Allen, Martin Scorsese, Charles Chaplin, Kant, Oscar Wilde…

Ahora bien, la vida no es todo color de rosa y uno siempre se va a encontrar con auténticos hijos de puta. Imagine que ese potencial para realizar trabajos con perfección sin importarle un pito ni el tiempo que dedica a ello, ni lo que deja sin hacer, ni las consecuencias que le va a implicar, lo emplea en putear a alguien con quien ha tenido un conflicto (los acosadores o la celotipia también pueden partir de aquí). Con el añadido de imaginar en cada hora cien formas a cada cual más enfermiza de hacerle la vida imposible, desarrollándolas mentalmente como si de una película se tratase, focalizando su atención solo sobre ello y con el añadido de disfrutarlo como si otro estuviera tomando el sol en la playa. ¿Malas perspectivas, verdad? Esta es la razón por la que es una soberana estupidez buscarle las cosquillas a una persona con TOC y por la que uno queda prendado de su perfección para lo bueno o para lo malo. De hecho, se me está ocurriendo… ¿y si se enfrentaran dos con TOC? Pues que gane el mejor… o el peor!

Salud y libertad…

Deja un comentario

Archivado bajo Psicología

Explicando el Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) (3ªparte)

“La mejor amiga y la peor enemiga del hombre es la fantasía” (Arturo Graf)

Analizado ya el tema desde un punto de vista más teórico y científico en cuanto a sus componentes, obsesiones y compulsiones, y en cuanto a su consideración como trastorno, vamos a continuación con la chicha, a ver cómo se manifiesta en la vida diaria de quienes lo padecen.

Quizás uno de los campos en los que más generalmente se manifiesta el TOC, y que lo hace visible para otros, es en el de las compulsiones generadas por obsesiones de contaminación. Este campo es muy amplio ya que pueden darse obsesiones con los deshechos del cuerpo, con los gérmenes, con los agentes contaminantes del medioambiente, con los productos del hogar, bichos (generalmente insectos), contagios varios… Como en todos los casos, las compulsiones van dirigidas a evitar la obsesión relacionada. Por ejemplo, el caso de una chica que hacía recurrentemente la cama por miedo a que hubiera bichos en su interior, el de un niño que tenía que abrir siempre de forma completa las sábanas antes de dormir para asegurarse de que no los había, un hombre que se lavaba las manos casi 20 veces al día por miedo a contagiarse de cualquier enfermedad debido al contacto con superficies no limpias o el caso de Michael Jacksón cuando llevaba su clásica mascarilla.

Otro campo amplio y quizás uno de los que mayor culpabilidad y malestar genera, es el relacionado con las obsesiones agresivas. Este es un caso curioso, porque hay quien dice que quizás su origen parta precisamente del miedo a hacer algo que uno no haría, lo que conduce a que aparezca el pensamiento. Se entenderá mejor con un simple ejercicio. Piense durante dos minutos en cualquier cosa que desee…

dos

Conteste a la pregunta: ¿ha pensado usted en un oso blanco? Probablemente la respuesta sea que no. Ahora bien, si yo le pido en este momento que durante un par de minutos piense en cualquier cosa excepto en un oso blanco, ¿qué ocurre? Pues que es muy probable que el oso blanco se le haya colado en alguna ocasión. ¿Por qué? Porque el hecho de no querer pensar en algo hace que tengamos que focalizar la atención en ello precisamente para eliminarlo, lo que produce un efecto paradójico. Obsesiones de este tipo hay muchas: estar parado en la acera esperando para cruzar y que surja el impulso de saltar a la carretera o, peor, el de empujar a otro contra un coche, estar en una tienda y tener el impulso de robar algo, miedo a herir a otra persona por no tener suficiente cuidado…

Analicemos una situación que no por extraña, deja de ser habitual en las persona con TOC. A un padre le venía una imagen horrible en la que sin venir a cuento se veía agrediendo a su hijo. Precisamente producto de esa imagen, la compulsión consistía en darle un beso, abrazarle o acariciarle la cabeza, ya que era la forma de demostrarse a sí mismo que no era capaz de ejecutar lo que esa terrible visión le dictaba y que en realidad a su hijo lo quería con locura. Lógicamente, el simple hecho de tener esa imagen le producía una gran culpabilidad y sufrimiento.

Las obsesiones agresivas, en ocasiones también se mezclan con las de carácter sexual. Otro hombre estaba destrozado porque en una ocasión viendo a un niño le asaltaron imágenes de ese carácter, con lo cual llegaba a dudar de que fuera pedófilo. En este caso, desde luego no lo era y que le asaltaran esas imágenes le producía una gran culpabilidad. Esta es quizás la cara más dolorosa del TOC, pero se ve cómo las obsesiones son casi siempre de origen negativo, doloroso e intrusivo.

Otro tipo de obsesiones que pueden darse son aquellas relacionadas con el ahorro, la necesidad de orden, de acaparamiento, los miedos supersticiosos, celos, parejas, personas, necesidad de contar, obsesiones con números (como el gran genio Nicola “Redios” Tesla, que eso sí, estaba como unas marcacas), de repetir ciertas cosas, de confesar ciertos pensamientos, controlar la alimentación, el ejercicio, preocupación por enfermedades, por catástrofes que pueden ocurrir, revisar cerraduras, el gas, la luz… ¿Cuántas veces ha vuelto al coche para ver si lo había cerrado correctamente?

Relacionado con los miedos supersticiosos para mí a veces es un verdadero deporte (que nuestro cierto grado de enajenación lo tenemos todos) ver cómo tanto niños como adultos pasan de saltito en saltito por las baldosas azules del suelo de la zona del famoso Hotel de la Reconquista de Oviedo, evitando pisar las rosas a toda costa. Esto como recordatorio de que todos podemos tener obsesiones en algún momento que a veces pueden verse incluso como juegos inocentes.

Saltito a saltito hasta la victoria final

Saltito a saltito hasta la victoria final

Vamos, desde masticar 207 veces cada alimento antes de tragarlo hasta no permitir la entrada de tu cuñado en casa porque eso puede ocasionar que los extraterrestres vengan a destruirnos, las obsesiones del TOC abarcan hasta donde llega la imaginación. Y ya decía La Historia Interminable que el reino de Fantasía no tiene fronteras. Qué le vamos a hacer, los seres humanos a veces venimos con estos pequeños errores de software. Bueno, y algunos con errores mucho mayores.

Salud y libertad…

Deja un comentario

Archivado bajo Psicología