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Categoría sobre Psicología y reflexiones sobre el tema

Autoengaño y mecanismos de defensa

“Todo idealismo frente a la necesidad es un engaño” (Nietzsche)

Entre los profesionales del ámbito psicoeducativo que trabajamos con jóvenes se comenta muy a menudo que una de las cosas más preocupantes (y que traerá serios problemas en el futuro generando una sociedad débil y dócil, si no lo es ya), es su falta de resiliencia, también denominada tolerancia a la frustración.

Y es que, durante demasiado tiempo, todos los agentes implicados en el campo educativo (padres, profesores, educadores…) hemos estado tan pendientes de proteger y facilitar las cosas a los chavales, que nos hemos olvidado de potenciar sus propias habilidades para enfrentarse a los problemas o de enseñarles a gestionar sus emociones cuando las cosas no vienen bien dadas. Las consecuencias de ello van desde una dependencia absoluta del prójimo para valorar su propio yo, en el mejor de los casos, hasta un acusado síndrome del niño emperador, en el peor.

La frustración es el malestar que invade al sujeto cuando este se enfrenta a la imposibilidad de conseguir una meta, satisfacer una necesidad o cumplir un deseo, y ante el cual, generalmente, existen dos vías de escape.

La primera, la agresividad, que puede estar dirigida al objeto mismo que causa la frustración, hacia un objeto sustitutorio o incluso contra uno mismo. Por ejemplo, si uno no alcanza las calificaciones que considera justas, puede optar por insultar al profesor de turno o calzarle una hostia (cosa impensable hace no demasiados años), pero también puede romper el documento de notas en su cara en el momento de la entrega (experiencia propia), o abofetearse a sí mismo pensando en lo mediocre que es. Sin embargo, en ocasiones, esta agresividad ni siquiera tiene por qué estar relacionada con la causa, como sucede con la ola de violencia social que padecemos y que, aunque ha tomado como vil pretexto el asesinato de un hombre, solo es una respuesta a la falta de identidad y rumbo de toda una generación.

La segunda, mucho más habitual, debido a las consecuencias indeseables que suele generar la primera, es la utilización de mecanismos de defensa, que son un conjunto de estrategias de resolución de conflictos psicológicos basadas en el autoengaño y que si se vuelven demasiado frecuentes o intensos pueden dar lugar a diferentes patologías, llegando en los casos más extremos a la somatización del conflicto psicológico que causa la frustración.

Así, dado que estos mecanismos los utilizamos todos en mayor o menor medida y que pueden tener consecuencias negativas, no estaría de más que les diéramos un pequeño repaso para poder identificarlos y, de este modo, ser más honestos con nosotros mismos, con los demás y con el entorno que nos rodea.

En primer lugar, y siendo quizás uno de los más importantes, está la represión, que consiste en generar una “barrera” a las pulsiones desagradables o inconfesables, de tal forma que quedan encapsuladas en el inconsciente donde, no obstante, continúan activas. Así, por ejemplo, el complejo de Caín, esa tendencia a sentir celos o envidia por un hermano, puede generar cierto deseo de daño violento que puede reprimirse, aunque en ocasiones se active en forma de actitudes defensivas o más que beligerantes ante la mínima ocasión que se presente.

En segundo lugar podemos mencionar la racionalización, un mecanismo consistente en buscar argumentos racionales que justifiquen aquello que deseamos realmente hacer, aunque seamos conscientes de su carácter ilusorio, como ya hemos visto al tratar el tema de la disonancia cognitiva. Por ejemplo, uno puede defender la violencia contra un oponente político del que molesta la crítica, racionalizándolo al decir que era realmente un “facha” que no respetaba los derechos de otros y que por tanto merecía la agresión, incluso aunque uno sepa en su fuero interno que tal juicio no es cierto.

En tercer lugar, encontramos la negación, probablemente el más precoz y más infantil de todos los mecanismos, consistente en negarse la realidad que no se quiere ver. El ejemplo prototípico podría ser el de “pues me enfado y no respiro” del niño pequeño, aunque hay ejemplos más retorcidos, como el de cierto sujeto que cuando vio a su mujer frente a otro con los pantalones bajados en un picadero, fue capaz de explicar posteriormente que no existía problema alguno porque en realidad ese sujeto le estaba enseñando la cicatriz que tenía  producto de una operación de apendicitis. Divina inocencia (aunque sea ilusoria).

La fantasía es una derivación del mecanismo anterior algo más sofisticada, de forma que esa negación de la realidad la solventamos a través de la creación de una ilusión. Por ejemplo, en el caso anterior, fantaseando con romperle los morros al tercero en discordia aunque en realidad tal cosa no haya sucedido ni tenga visos de suceder.

En quinto lugar, tenemos la introyección, que consiste en la identificación con personajes ideales o modélicos, de forma que, ante un evidente fracaso propio o problema de autoestima, se busca la comparación con algún sujeto de éxito, o digno de admiración. Esto llevado al extremo es la base, por ejemplo, de muchas de las conductas de acoso a personajes famosos, que pueden llegar al nivel de “Mujer blanca soltera busca…”

En sexto lugar, la proyección, atribuye a otros o a todos, la propia frustración. Así, no es raro que sujetos que acusen a otro de violento o perturbado, estén en realidad proyectando en el otro su verdadero yo. De hecho, se suele decir que cuando alguien nos da un consejo, dice más de sí mismo que de la situación, porque en la mayor parte de las ocasiones nos estaría mostrando cómo se comportaría él en ese caso, y no cómo deberíamos obrar nosotros, que podemos tener creencias, valores o prioridades distintas.

En séptimo lugar podemos aludir a la reacción, con la cual se acentúa la conducta contraria que genera la frustración. Esto se ve particularmente bien en el caso de la homofobia, que muchas veces trata de esconder un deseo homosexual reprimido y que explica muchas de las conductas incoherentes que pueden apreciarse en instituciones como la Iglesia Católica como alguno ya ha confesado.

En octavo lugar, la compensación, intenta compensar el fracaso en una actividad con el triunfo en otra. Así, por ejemplo se puede intentar triunfar en los negocios o en los deportes cuando uno es un mal estudiante.

La supercompensación va más allá, de forma que el fracaso en una actividad se trata de solventar triunfando en esa misma actividad. Por ejemplo, en el caso de algún hipotético perturbado que tras fracasar en sus estudios escolares, finaliza tres carreras y un doctorado para refocicárselo a sus supuestos orientadores escolares que, quizás años atrás, lo catalogaron como fracasado escolar (que ya hay que ser rencoroso y retorcido).

Y finalmente, la sublimación, desvía los impulsos que son considerados como inaceptables por el sujeto (especialmente impulsos agresivos y sexuales), hacia actividades consideradas “superiores”, lo que ha dado lugar a múltiples y variadas obras de arte de la pintura, la escultura, la literatura…

Como se puede apreciar, las formas de autoengaño para enfrentarnos a una realidad que nos desagrada o simplemente para apartar a nuestros demonios más oscuros, son amplias y diversas. Pero eso no implica que en cierto fuero interno el sujeto no tenga una lucha interna entre su yo moral (el superyó de Freud) y su yo animal (o ello) lo cual le genera cierta incomodidad existencial.

Por ello, ya hablemos de jóvenes o de adultos, lo cierto es que deberíamos ser capaces de enfrentarnos a nuestro propio reflejo, porque como decía Jung: “uno no alcanza la iluminación fantaseando sobre la luz sino haciendo consciente la oscuridad”

Salud y libertad…

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La secta de los besa-pies: una explicación psicológica.

“El individuo ha luchado siempre para no ser absorbido por la tribu. Si lo intentas, a menudo estarás solo, y a veces asustado. Pero ningún precio es demasiado alto por el privilegio de ser uno mismo” (Nietzsche)

Fue uno de mis dioses, Carl Gustav Jung, quien definió la sincronicidad como el fenómeno por el cual se produce la simultaneidad de dos sucesos vinculados por su sentido o significado pero no por relaciones de causa-efecto. Esto es algo que en mayor medida hemos experimentado todos, seguramente cuando en algún momento pensamos en llamar a un amigo o familiar y nos sorprendimos al comprobar que este nos telefoneó primero en ese mismo instante.

La cuestión es que estaba el otro día dando la undécima charla basada en el curso de técnicas defensivas frente a la manipulación psicológica (cuyos directos podéis seguir en la cuenta cancerverus19 de instagram y que tenéis disponible en diferido en el canal de youtube Cancerverus), cuando me encontré explicando el modelo de los ocho puntos de Robert Jay Lifton, lo que unido al posterior bombardeo de tweet sobre las nuevas formas de humillación auto-infligida de ciertos acomplejados existenciales, resultó en una sincronicidad asombrosa. Eureka.

El modelo de los ocho puntos es un modelo que explica la reforma del pensamiento, fenómeno que puede aplicarse para modificar la personalidad de cualquier sujeto si se dan ciertas condiciones y que muchos profesionales tomamos como referente para saber si un grupo puede ser tildado como grupo de dinámica sectaria. Pero, ¿podría desbordar este fenómeno el ámbito puramente sectario para anclarse en las propias estructuras de organización social? La respuesta es sí, pasando a hablar entonces de procesos de ingeniería social, mucho más preocupantes.

Esto es precisamente lo anticipado en el artículo: “Técnicas de manipulación sectaria del independentismo catalán” publicado por El Asterisco, cuando se menciona que la curiosidad natural que nos genera este fenómeno (el de las sectas) puede tornarse en verdadero terror si comprobamos que dicho grupo adquiriere suficiente masa crítica como para configurar una parte importante de la sociedad y vemos cómo toma en sus manos las estructuras de poder político, económico y social cuyas decisiones nos afectan a todos. Visión profética.

Así que, ante la perspectiva que nos espera y con la vana esperanza de poner cierto coto al fenómeno (cuyas consecuencias serán difíciles de soportar), creo necesario hacer un cierto ejercicio de análisis experimental, comprobando si puede existir un encaje de este proceso social de buenismo pro-violento (paradojas) en el modelo de los ocho puntos, para que alguno reflexione (me da la risa) sobre si no estará cayendo en las garras de una perversa estrategia que aprovecha los resortes de la posmoderna necesidad de reconocimiento existencial.

Arriba la foto retocada de la CNN, debajo la original. Si tira a morenito le metemos un poco de photoshop y ya tenemos un blanquito opresor.

El primero de los puntos del modelo es el que constituye el control del medio, que podría desglosarse en el control de la información, el control de la comunicación y las relaciones, y el control del ambiente. Así, en lo referente al nivel informativo se busca determinar qué medios pueden utilizarse como fuentes informativas y controlar o prohibir el acceso a canales ajenos a las ideas del grupo. En lo que respecta a la comunicación y las relaciones, se trata de fomentar lazos emocionales exclusivamente con miembros del grupo, limitando el contacto con quien pueda cuestionar sus ideas. Y en cuanto al control del ambiente, se asegura la organización reiterada y continua de actividades relacionadas con “la causa”, lo que parece favorecer un clima proclive a la cohesión grupal. Desde luego, hay que reconocer que  este marco de referencia tiene un parecido asombroso con algunas tendencias actuales, como: el desprestigio de cualquier medio de comunicación que lleve la contraria a los dogmas buenistas de una prensa ya suficientemente sometida, 15 millones de euros mediante; el nuevo sistema de relaciones, en el que parece adquirir un papel fundamental la percepción de ofensa y ruptura consecuente generada ante la más mínima crítica; y la organización de actos masivos y colectivos continuos, cuyas destructivas consecuencias son de sobra conocidas.

El segundo punto se basa en la carga del lenguaje, que se despliega tras la adquisición por parte del adepto de: un nuevo vocabulario con una jerga propia, una redefinición de significados, una utilización de términos cargados emocionalmente, una polarización del pensamiento y lenguaje (analizar todo en términos de blanco o negro y valorarlo todo con calificativos de bueno o malo), un uso del lenguaje fundamentado en la valoración del grupo frente a otros… Tampoco es cuestión de profundizar demasiado en este tema, que ya hemos tratado cuando analizamos el intento de Golpe de Estado catalán en la entrada “Kirk Cameron y el nacionalismo catalán (2ª parte)”, pero no dejan de ser curiosos, por explícitos y evidentes, aspectos como son la redefinición que hacen estos sujetos del concepto de democracia, justificando actitudes y propuestas que atentan contra los fundamentos más íntimos de dicho sistema, o la permanente obsesión de acusación filo-fascista a cualquiera que a estas alturas ose no pensar como dictan que hay que pensar.

El tercer punto se denomina la demanda de pureza y busca dotar al individuo de un objetivo admirable y digno de reconocimiento, de carácter trascedente. No obstante, esta meta solo puede alcanzarse a través del compromiso con el grupo, que es quien guía y concede al sujeto la llegada a dicho estado de perfección y plenitud. De esta forma, el sujeto se embriaga con un sentido de auto-importancia y trascendencia, cediendo su identidad personal en pro de una identidad de tipo grupal. Lógicamente, este estado no es inmediato, sino que se va alcanzando de forma progresiva y, por ello, la víctima siempre ha de ofrecer más al grupo (más recursos económicos, materiales, laborales…), buscando ser merecedor de alcanzar el siguiente nivel, solo apto para los más distinguidos.

Además, dicho objetivo admirable puede ser: de carácter personal, como adquirir un conocimiento especial o llegar a la iluminación; de carácter social, como crear una nueva conciencia social; o de carácter global, como la percepción de participación en un momento socio-histórico relevante. Y lo que es más importante, pueden combinarse varios, estableciendo una sinergia entre los objetivos y mejorando con ello la eficacia de reforma del pensamiento. Teniendo esto en cuenta, esa extraña tendencia a creerse en posesión de una superioridad moral que no necesita ser explicada (personal), dado que es necesaria para crear una nueva era de paz e igualdad (social), salvando al mundo de su pernicioso destino capitalista (global) y configurando un mundo ilusorio de pequeños ponis y osos amorosos, realmente apesta a proceso de ingeniería social.

Pero cabe decir también que este tercer punto es especialmente relevante pues es donde se encuentran las conductas más extremas y radicales, participadas por los individuos que buscan constituirse en el prototipo más puro del grupo, lo que puede llevar a situaciones de liderazgo o, si uno es especialmente hábil, a la obtención de amplios refuerzos sociales y económicos, accesibles estos últimos a través de la gestión de chiringuitos diseñados ad hoc. Quizás teniendo esto en cuenta, entendamos mejor por qué lo que comenzó siendo una reverencia, pasó a ser un arrodillamiento, después un besada de pies, actualmente se ha convertido en lavado de pies y dentro de una semana, será un más que posible restriegue del instrumental falócrata por la cara. O por qué se empezó rompiendo escaparates y saqueando tiendas, y estamos ya en la fase de demolición de estatuas y asesinatos por los que curiosa y vilmente no protesta nadie.

El cuarto punto se basa en la manipulación mística, que no es más que el convencimiento por parte de las víctimas de que el propósito más alto del grupo se debe a una experiencia o encuentro profundo, como un milagro, una palabra profética, un fenómeno de trascendencia, un objetivo glorioso… Como ya hemos mencionado anteriormente el objetivo trascendente de la paz mundial y la igualdad, que es el mismo objetivo que han utilizado como pretexto todos los movimientos totalitarios de corte genocida del siglo XX tan del gusto de esta gente, no entraremos en mayor explicación, salvo para recordar a costa de Lisa Simpson lo que ocurre cuando no se valoran las consecuencias de deseos ilusorios, y que en palabras de Lone Starr (el de la película Spaceballs) se resumen al decir: “ahora ya sabes que el malo siempre gana porque el bueno es idiota”.

En el quinto punto tenemos la confesión, entendida como la práctica consistente en exponerse de forma autocrítica a los miembros del grupo de forma pública reconociendo defectos, dudas o pensamientos críticos sobre el grupo. Al asumir la culpabilidad de uno y la falta de pureza elevada al máximo se generan lazos de unión emocional entre los miembros y de paso se destruye la autoestima del sujeto. Como consecuencia, proliferan los ejercicios de menosprecio propio, como forma de anular la individualidad en favor del grupo, entrando en un absurdo donde sujetos que se sienten opresores sin serlo, se arrodillan ante quien dice sentirse víctima de una opresión que no ha sufrido nunca, obviando toda la realidad de violencia y crueldad que le circunda al margen de la que le señalan y actuando como un tonto útil de personas y entidades más listas y perversas que él.

El sexto punto es la ciencia sagrada, una perspectiva dogmática según la cual la realidad revelada por el grupo es la verdad absoluta, no está sometida a discusión o mejora y es capaz de explicarlo todo. Debido a ello se afianza el dogmatismo, se incrementa la epidemia de ofendiditis “que atenta contra mis creencias” y se automatiza la defensa frente a la crítica, lo que llega al punto de dotar a los adeptos de argumentarios frente a la misma para que no se tengan que tomar la molestia (o el inconveniente) de pensar.

Será por argumentarios. ¡Comunicado 699!

El séptimo punto es la superioridad de la doctrina sobre la persona, según la cual la verdad del grupo además de ser absoluta está comprobada por experiencias anteriores, y por tanto, si una víctima no la comparte es fruto de su falta de avance y su ausencia de perfección. Una definición de manual de la moral superior de estos nuevos moralistas inquisitoriales.

Y el octavo punto es el otorgamiento de existencia, de forma que solo en el grupo se puede alcanzar la salvación, ya que fuera de él se está condenado. Básicamente porque como hemos visto en algunas imágenes, más vale para algunos arrodillarse antes que ser arrodillado.

Teniendo todo ello en cuenta, no sé si la coincidencia es lo suficientemente precisa como para considerar que, efectivamente, el nuevo movimiento social ha llegado al status de religión, como ya sucedió con el nazismo o el comunismo con lamentables consecuencias, pero sí que, de momento, se ha ganado el derecho a ser analizado como una secta, que esperemos no sea de dinámica auto-desctrutiva.

Salud y libertad…

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Tiempos de crisis, tiempos de sectas

“Piensa mal, pero en todos los casos, piensa por ti mismo” (Doris Lessing)

Secta de mujeres

Aleluya, aleluya, cada una con la suya.

Desde que empezó el confinamiento por culpa del dichoso virus, mi whatsapp sólo se mantiene en silencio cuando lo fuerzo a ello. Obviando las charlas entre amigos y los grupos de colegas con sus respectivos memes, videos porno-cómicos y sandeces varias, el resto son consultas o peticiones de consejo psicológico sobre la situación: si es normal tal o cual síntoma, qué puedo hacer para dormir, cómo puedo rebajar la ansiedad, cómo controlo los pensamientos catastróficos, qué puedo tomar para o qué pasa si tomo… (de esto último mucho, a lo que yo siempre respondo en el primer caso que no soy médico ni puedo recetar y que consulten al especialista correspondiente, y en el segundo que ni se le ocurra mezclarlo con… y que haría mejor consultando al especialista correspondiente).

Sin embargo ayer, una buena amiga se puso en contacto conmigo para comentar una situación que se apartaba de los clásicos. Una persona cercana había contactado con ella, sabedora de que la situación en el trabajo no era todo lo deseable que podía ser, para ofrecerle algo relacionado con el ámbito laboral. Lógicamente, quedaron para ampliar información y lo que comenzó siendo una “oportunidad de empleo”, pasó rápidamente a convertirse en una petición monetaria (1.500€) para un supuesto “negocio” que le podía hacer ganar mucho dinero (con esas alforjas, se avecina mal viaje).

Tras escuchar con interés el asunto, el resultado era una inversión en uno de esos timos piramidales que, cada vez más, son el eslabón inicial de una cadena que suele acabar en grupo de dinámica sectaria. Y, efectivamente, buscando un poco de información, el asunto finalizaba en el denominado Telar de los Sueños (y menudo telar). Lo gracioso de esta oferta del 2×1 al estilo Carrefour (estafa piramidal + secta al mismo precio) es que aprovecha los nuevos nichos de mercado social que, desde que las grandes religiones empezaron a caer en desgracia, llenan las ansias de trascendencia y activismo de los potenciales adeptos.

Y en este caso el pretexto es un feminismo, con su sororidad y su mandala floreciente, que ataca toda crítica, cómo no, como expresión del patriarcado que quiere evitar el crecimiento libre de las mujeres. Para no extenderme demasiado, quien quiera conocer el asunto aquí tiene el artículo de El Confidencial: “Dentro del telar de los sueños: la ‘secta’ que te saca 1.200€ en nombre del feminismo” (parece que ha subido la cuota).

Ante esta nueva situación, por tanto, deberíamos tener en cuenta estas consideraciones:

1.- Cualquiera puede ser objetivo y víctima de una secta: Caer en una no tiene nada que ver con el nivel cultural, formativo o intelectual de la persona, porque todas ellas utilizan mecanismos de manipulación emocionales, especialmente útiles en tiempos de debilidad emocional y crisis personales o sociales.

2.- Siempre hay una actividad “gancho” que no tiene nada que ver con la secta ni su objetivo final: puede ser una charla, un taller, un análisis gratuito, una oferta de empleo, sexo (que hombre, ya puestos a tener que elegir)…

3.- Las sectas pueden ser de diversos tipos: las hay religiosas, pero en la actualidad están proliferando otras de tipo comercial, político, cultural, ecologista, feminista…

4.- Tras la actividad “gancho” se pasa a la segunda fase donde se desarrolla la captación emocional, incrementando las conductas asociadas al verdadero fin del grupo y se controla la información a la que el nuevo adepto debe acceder.

5.- En la última fase, se pasa al control de toda la vida de la persona: cogniciones, emociones, conductas, información, descando, alimentación y entorno social, convirtiéndose el adepto en un esclavo del grupo.

6.- El adepto es una víctima: Esto implica que todo su comportamiento está en cierto modo condicionado por el grupo y puede utilizar toda la información que tenga sobre nosotros, contra nosotros. Lo mejor, por tanto, es no entrar a debatir sobre el contenido de la secta (al igual que con los maltratadores, acosadores y psicópatas, entrar a debatir sólo nos lleva a desgastarnos y a ser más proclives para caer en sus estrategias de manipulación. Por ello lo más adecuado es la estrategia del contacto cero). Si se le quiere ayudar, decirle que se estará ahí para lo que necesite, especialmente si necesita ayuda para salir de ese grupo, pero para nada que tenga que ver con unirse a él o debatir sobre su fondo.

El tiempo del virus es un tiempo de grandes crisis: sanitaría, social, económica y de valores. Tengamos especial cuidado para no caer en círculos de este tipo. Hoy más que nunca…

Salud y libertad…

 

 

 

 

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La verdad sobre la anfetamina (lisdexanfetamina)

“La mente se estira por una nueva idea o sensación, y nunca se contrae de nuevo a sus antiguas dimensiones” (Oliver Wendell Holmes)

Después de grandes éxitos como “La verdad sobre el metilfenidato”, “La verdad sobre los ansiolíticos” o “La verdad sobre los fármacos para la erección”, entre otros, estaba prácticamente obligado a escribir otra verdad, mi verdad, sobre las anfetaminas.

Vaya por delante que no me gustan las drogas estimulantes, salvo mi siempre reparadora Coca-Cola si es que se me permite incluirla en tal categoría, pero tener un blog es como escribir una novela, a veces el contenido cobra vida y te lleva por sus propios derroteros.

Que te sirvan una Pepsi cuando has pedido Coca-Cola, debería estar penado con la más terrible de las muertes.

Como decía, los estimulantes no me gustan por tres razones. Primero, porque por constitución personal ya vivo sobre-estimulado, ansioso y  nervioso de sobra, y porque para notarme hiperactivo y sentirme Dios, yo al menos no necesito droga alguna (la llevo endógena de serie). Segundo, porque tengo mucho respeto por los fármacos liberadores de grandes cantidades de dopamina, tanto por su capacidad para generar dependencia o brotes psicóticos a medio plazo, como para facilitar Parkinson a largo. Y tercero, no lo voy a negar, porque siento bastante desprecio por la sub-cultura de la cocaína, donde se encuentra el prototipo que tanto detesto del yupi farlopero que busca el desfase por el desfase y ejercer una superioridad artificial que solo busca mitigar sus complejos ante la falta de un sobrevaloradísimo éxito social o profesional.

Ahora bien, dicho esto, respeto la libertad de cada uno para consumir aquello que desee, siempre que se haga responsable de las conductas bajo sus efectos, y no veo mal alguno en que uno busque incrementar su capacidad, rendimiento y productividad, asumiendo ciertos riesgos de los que, por supuesto, debería ser consciente. Resumiendo, allá cada cual, que los conflictos empiezan cuando uno deja de gestionar su propia vida para intentar gestionar la de los demás.

Para la realización de este pequeño experimento hemos utilizado el fármaco Elvanse, una anfetamina que en España se utiliza como sustituto del metilfenidato para los pacientes con TDAH, cuando este no genera los efectos deseados o cuando existe una respuesta adversa. Otros países como EE.UU., sin embargo, facilitan la anfetamina directamente como tratamiento de primera línea, si bien allí la moda es el Adderall, una mezcla a tres cuartos de dextroanfetamina y un cuarto de levoanfetamina, que se utiliza con gran éxito no solo  para que los niños movidos dejen de dar por saco, sino para que los universitarios y trabajadores incrementen su rendimiento aprovechando sus efectos nootrópicos o lo disfruten recreativamente aprovechando su potencial afrodisiaco y estimulante.

Siendo purista, el Elvanse es lisdexanfetamina, un profármaco de la dextroanfetamina (que sería la anfetamina clásica) que se vende en botes de 30 cápsulas que pueden contener dosis de 30 mg, 50 mg y 70 mg, siendo la primera presentación óptima para medicar a los niños (dios bendito, qué aberración) y las otras para los adultos. Su precio ronda los 115€ en farmacia si no se aplican los descuentos de la Seguridad Social, aunque exige receta obligatoria, y puede encontrarse en el mercado negro con un coste que oscila entre los 200€ y 300€. Su efecto terapéutico comienza en teoría a los 45-60 minutos desde la toma y puede durar hasta 13 horas, funcionando a través de un mecanismo dual: liberando directamente dopamina y en menor medida noradrenalina, y bloqueando de forma aguda la recaptación de ambos neurostransmisores monoaminérgicos.

Para la prueba se ha utilizado una cápsula de 50 mg por mera disponibilidad. No obstante, como la dosis parecía muy alta para el objetivo pretendido, se dividió el contenido de la misma en dos, consumiendo la mitad (unos 25 mg) por vía oral y devolviendo el resto al interior de la cápsula. Aunque la sustancia puede esnifarse, esta forma de administración está específicamente desaconsejada debido al incremento de la intensidad de sus efectos y de su capacidad adictiva. La dosis ingerida es especialmente interesante pues recordemos que la cápsula indicada como dosis para menores es de 30 mg. Es decir, se ha consumido algo menos de la dosis correspondiente a un niño.

Teniendo esto en cuenta y habiendo estado controlado en la distancia por mi ángel de la guarda por si hubieran existido complicaciones, comento los resultados, empezando, como siempre, por los registros fisiológicos. Primero, de tensión arterial…

… y después, del incremento de pulsaciones, donde se puede apreciar claramente un incremento en el momento de mayor efecto, aunque como veremos, quizás no se debiese solo al efecto directo de la sustancia…

Desde el momento del consumo y durante los primeros 15 minutos, la única sensación apreciable fue una percepción interoceptiva de aceleramiento cardiaco que no se corresponde, como podemos ver, con ningún indicador objetivo y que, como ya ocurrió en otros casos, puede ser simple consecuencia del nerviosismo. Sí se produjo a partir de la media hora una sensación en la cabeza como de presión, acompañada de un claro incremento en la nitidez de las percepciones, más ricas en matices y semejante a la sensación de “estar colocado” que ya se expuso con el metilfenidato.

En este momento cometí un gran error, dado que la idea, además de realizar la prueba, era analizar su capacidad potencial para incrementar el rendimiento cognitivo. Pero como en ese momento los efectos tampoco parecían especialmente relevantes, decidí ponerme a fregar los platos mientras esperaba a que el efecto se intensificara. El caso es que fue en ese preciso momento cuando la sustancia decidió operar toda su magia, y lo que iba a ser una limpieza básica de cacharros para volver raudo a mi pc, se convirtió, atención, en una maratón de hora y media consistente en: fregar los cacharros, limpiar los armarios, desengrasar la campana extractora, limpiar el baño al completo y la vitrocerámica (cuyo último episodio de profilaxis dista en fechas lejanas tanto que ignoraremos) y tender la ropa.

He aquí el poder de la higiene de una vitro haciéndote visualizar hipnóticamente el origen del cosmos

Juro que el sudor de mi frente, del que tengo fotos que por pudor no voy a incorporar, pero que es semejante, si no superior, al de cualquier sesión de gimnasio, da buena cuenta de los  efectos activadores y de aceleración de la sustancia. Por si fuera poco, estos se completan con una focalización atencional algo más potente que la derivada del consumo de metilfenidato, y claro, escuchar “Semos las niñas del colegio de La Salle” de los Mojinos Escozíos, en este plan, mientras se observa la más mínima brizna de grasa como un enemigo a aniquilar, genera una escena entre cómica y dantesca.

Afortunadamente, tras hora y media, sonó una nueva alarma del móvil para indicarme que debía volver a realizar la toma de datos fisiológicos, lo que me ofreció la oportunidad de cambiar el foco de actividad y empezar a realizar un trabajo más cognitivo. No obstante, en ese momento de cambio de actividad, que puede apreciarse claramente en los registros, sobrevino una sensación intensa de calor, que me llevó a tomarme la temperatura (no llegaba a 36,5º) y a hidratarme en abundancia con un extraño elemento que tiempo atrás escuché que se podía utilizar para beber: agua.

Aproximadamente una hora después de estar trabajando a buen ritmo y con una capacidad de concentración muy mejorada, apareció otro efecto de la sustancia, su efecto afrodisiaco. No obstante, como tampoco tenía ninguna intención de perder el tiempo con esas incómodas necesidades fisiológicas, apliqué la UPE (unidad de paja estándar) volviendo en diez minutos a tareas más productivas.

En las dos o tres horas siguientes, la productividad se incrementó de forma considerable, manteniendo la capacidad de atención y concentración, con una sensación de rapidez en el paso del tiempo semejante a la que puede ocurrir bajo los procesos de sugestión hipnótica y sin aparición alguna de síntomas de cansancio o fatiga. En este tiempo, solamente se produjo alguna fuga al desviar la atención de un estímulo a otro, focalizando la atención en el nuevo; un cierto malestar por sensibilidad  a la luz, que no tengo ni idea de si se debe a la sustancia o no; y eso sí, una sensación lo suficientemente energizante como para pensar que con cuatro amigos de mi elección podría conquistar la Alemania de Merkel. Claro, que en este último punto quizás influyó estar escuchando la banda sonora de Braveheart.

Finalmente, a las tres horas (cinco desde el inicio del experimento), caí en la cuenta de que se me había olvidado comer, algo bastante habitual en sujetos con trastorno obsesivo cuando se enfrascan en la realización de una tarea, así que planteé una nueva parada estratégica para cumplir con el incordio de satisfacer una nueva necesidad fisiológica prefiriendo estar en otros menesteres y volví a mis asuntos.

A partir de ahí la sensación fue más incómoda, aunque no llegó a ser especialmente desagradable, interpretando que se debía al final de su acción mucho tiempo antes de lo esperado, probablemente debido a la reducción de la dosis. En esos momentos aparecieron sensaciones como: confusión, dolor de cabeza, mareo, sensación de resaca y cierta ansiedad, que supongo desaparecerá en un par de horas (o ya me encargaré yo de que desaparezca).

Por supuesto, este experimento se limita a comentar los efectos agudos desde un prisma exclusivamente personal y puntual, pero no olvidemos que los riesgos se incrementan con un consumo frecuente, además de por el incremento de tolerancia, por unos efectos secundarios cuando el consumo es crónico, que pueden ir desde paranoia y alucinaciones, hasta bruxismo, ataques de ira,  convulsiones e impotencia.

Así, una vez expuesta la situación, dejo como siempre que cada cual saque su propia conclusión. La mía, a fuerza de ser honesto, es que aun aceptando que incrementa la capacidad de atención y la concentración junto con el rendimiento, no se justifica su uso, salvo quizás en casos muy, muy puntuales o graves, como tratamiento farmacológico. Entiendo que alguien pueda utilizar la sustancia puntualmente como droga (que no fármaco), para salir airoso de un pico de trabajo o para eliminar la fatiga con fines recreativos, pero me parece una barbaridad indecente, sugerirla como medida de tratamiento psicológico a un menor.

Salud y libertad

[AÑADIDO]: Esa noche fui incapaz de dormir más de dos horas con el consiguiente destrozo por cansancio al día siguiente, lo que puede explicar también la capacidad adictiva de la sustancia.

 

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¿Debería España legalizar el cannabis?

cannabisEl Senado canadiense aprobó legalizar el cannabis en junio de 2018, permitiéndose la producción y consumo de la sustancia a partir del 17 de octubre del mismo año. La importancia que tiene este hecho viene determinada por el potencial político y económico del país, ya que es el primer miembro del G-20 que lo hace.

De este modo, se une a la lista cada vez más larga de países que han optado por reducir las restricciones respecto a la producción, comercio y consumo de esta sustancia y apostar por vías más aperturistas.

[Leer artículo completo en The Huffington Post]

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Reflexiones sobre el aborto y sus fake news

En el discurso del Estado de la Unión del martes 5 de febrero, Donald Trump solicitó al Congreso que prohibiera los abortos tardíos, mostrando su indignación porque, según sus propias palabras, en Nueva York se había aprobado una ley que permitía abortar hasta momentos antes del nacimiento (Laborde, 2019). La ola de indignación, incluida la mía, pronto se propagó por las redes sociales gracias a la labor de algunos medios de comunicación de corte católico que titularon la noticia con un sensacionalista: “el aborto será legal durante todo el embarazo en Nueva York” (ACI Prensa, 2019).

Tras el escándalo inicial, sin embargo, fuentes de información adicionales permitieron conocer una realidad bien distinta. Así, lo que facilitaba dicha legislación era el aborto más allá de la semana 24, en efecto, pero siempre que el feto fuera inviable o se diera el caso de que la vida de la madre corriera peligro, matices que desde luego cambian notablemente el sentido de la noticia y recuerdan tangencialmente a la extinta legislación española de plazos y supuestos.

Fake news

Lo ocurrido es un buen ejemplo del fenómeno actual de las fake news, que no es más que la manipulación informativa de siempre pero con unas características propias y definidas, y con un término anglosajón, lo cual siempre parece otorgar un plus de importancia a la realidad descrita. Dicho de otro modo, un falseamiento de las circunstancias que busca generar una opinión social concordante con intereses concretos, bajo el supuesto de que una tergiversación siempre es mucho más difícil de detectar que una mentira y, por tanto, más eficaz para manipular a las masas.

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Técnicas de manipulación sectaria del independentismo catalán

Lavado de cerebro vs reforma del pensamiento

Cuando un grupo de individuos sube a un monte remoto y se suicida voluntariamente de forma colectiva en espera de un OVNI que vendrá a recoger sus almas trascendidas, generalmente produce un movimiento de reflexión social en el cual nos preguntamos cómo ha sido posible que personas aparentemente normales y correctamente adaptadas hasta un determinado momento de sus vidas, hayan caído en manos de un movimiento que las ha moldeado tanto como para hacerles creer semejante barbaridad y actuar en consecuencia.

Sin embargo, la curiosidad natural que nos genera ese fenómeno puede tornarse en verdadero terror si comprobamos que dicho grupo adquiriere suficiente masa crítica como para configurar una parte importante de la sociedad y vemos cómo toma en sus manos las estructuras de poder político y económico cuyas decisiones nos afectan a todos. Algo que, no nos vamos a engañar, ha sucedido más de una vez a lo largo de la Historia.

Desde el ámbito psicológico este fenómeno se ha estudiado ampliamente. No tanto centrándose en el cúmulo de perogrulladas que un grupo de iluminados con ansias económicas y de poder puede llegar a manifestar, algunas ingeniosas y realmente cómicas, sino en los procesos mentales por los cuales una persona aparentemente cabal llega a aceptarlas y defenderlas como dogma fundamental de su cuerpo de creencias. Por ello, no es extraño que Albert Boadella, que sabe muy bien de lo que habla, haya dicho hace unos días que lo que necesita Cataluña no son ni policías ni militares, sino un amplio cuerpo de psiquiatras que someta a la población a un planificado y generalizado proceso de desprogramación sectaria.

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Técnicas de manipulación en la propaganda de los partidos políticos

Ingeniería social.

¿Recuerdan a la famosa niña de Rajoy? Sí, la de las chuchesshh. Pues, aunque no lo parezca, esta irrisoria situación se produjo por el intento de aplicar una técnica de manipulación denominada identificación catártica, que forma parte de un grupo más amplio de estrategias basadas en la apelación emocional. La técnica consiste en utilizar una historia con la cual las personas se sienten identificadas para despertar una respuesta emocional positiva, lo que facilita a su vez, por la humanización e identificación con el protagonista, aceptar las ideas o los argumentos que se esconden detrás de la misma. Cierto es que, aunque la técnica es buena, la ejecución fue absolutamente horrible pues faltó la credibilidad de alguien que narra una situación que desconoce y de la que nunca será partícipe debido a su superior status socioeconómico.

Ocurrió lo mismo, igual técnica y parecido resultado, con la famosa carta de las hijas de Pedro Sánchez y su “te quiero mucho, papi”, que rápidamente se difundió como un burdo montaje mal ejecutado. Y es que una cosa es conocer la receta de la tarta y otra saber hacerla. […]

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Manipulación a través de la educación sexual

(…)

El sexo también es una necesidad básica y primaria, aunque en este caso hay diferentes vertientes del concepto que cabría comentar antes de entrar a analizar cómo se puede utilizar para manipular a los ciudadanos. Porque cuando hablamos de lo sexual, no nos referimos solamente a las relaciones sexuales, sino que hay tres grandes ámbitos a considerar: el primero, el sexo propiamente dicho, que no es más que la constitución genética y genital del individuo; el segundo, la sexualidad, que es la forma de sentirse y expresarse como individuo sexuado y que, por tanto, está muy relacionado con la identidad sexual; y el tercero, la erótica, que es la forma de comunicarse y relacionarse sexualmente, lo que incluye desde la orientación sexual hasta esas pequeñas perversiones que todos llevamos dentro (y muy pocos fuera).

Así, el tipo de educación sexual que recibimos, o que se pretende difundir sobre cada uno de estos aspectos, puede ayudarnos a evolucionar como seres individuales o, en el peor de los casos, someternos a un férreo control conductual. Veamos cómo.

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Psicología del buenismo irresponsable

Orígenes psicológicos

En una de las escenas de la reveladora película sobre política vaticana “El Padrino III”, la hija de Michael Corleone, Mary, habla con su primo Vincent, del que está enamorada, interrogándole para que le cuente lo que sabe de su padre. Este le responde que es un gran hombre y un héroe que salvó a la familia, pero Mary tiene serias dudas y le pregunta más directamente si mató a su hermano o si todo lo que se dice sobre él es cierto. Vincent replica que solo son historias y Mary finalmente acepta esta versión diciendo: “Está bien, quiero creerte”.

En ese quiero creerte se encuentra la base psicológica de muchos de los comportamientos desadaptativos que podemos apreciar en el contexto socio-político actual, desde el buenismo irresponsable del que hablaremos hasta el sectarizado y fanático comportamiento inherente a las conductas propias del independentismo catalán.

[…]

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