Archivo mensual: febrero 2013

Gatos

“En el antiguo Egipto (los gatos) fueron dioses y eso no se olvida fácilmente” (Antonio Burgos)

Antes de comenzar con el contenido del post en curso, me vais a permitir que os haga partícipes del resultado del último pequeño experimento que anticipaba en la entrada anterior. Con la entrada futbolística he tenido en la última semana 300 visitas, una cuarta parte de todas las entradas desde que el blog existe hace 7 meses. También es la primera vez que me han dedicado “palabras gruesas”, algunas de lo más divertido.

Así que como moraleja podemos extraer que el fútbol vende, buscar(se) y conocer(se) no, y que por ello, unido a la realidad actual, podemos ver que el mundo tiene un futuro muy negro.

Pero vamos al tema que nos ocupa.

salem2Hablaba hace poco con un compañero sobre la eterna disputa entre perros y gatos, y a pesar de que cada uno pueda posicionarse en la contienda dialéctica como le venga en gana hay dos hechos que son más o menos objetivos, que los perros son más dependientes, sumisos y probablemente fieles que los gatos (debido a su carácter gregario), y que estos son más independientes, displicentes y desde luego están infinitamente más endiosados.

Por eso, aquellos que adoramos a estos pequeños dioses malcriados, lo hacemos en base a que probablemente entendemos que si hay un animal que pueda ser más cabroncete que el ser humano, sin duda es el gato.

Siempre se ha puesto como ejemplo de la maldad innata del ser humano, que cuando un niño se aburre, lo primero que hace es ir a tirarle del rabo al gato, pero lo que ignora esta historia es que cuando dos, tres o cuatro días después el niño esté desprevenido, probablemente recibirá un buen arañazo. Puede que el chaval no sepa por qué ni por qué no, que no recuerde su momento de aburrimiento, pero mientras esté curando sus heridas, esa pequeña bola de pelo de uñas afiladas esbozará una sonrisa mientras se atrinchera en la parte central de debajo de la cama.

Y es que si algo destaca en este animal es su personalidad, lo que puede apreciarse de forma bastante simpática en este texto que ha tenido cierto éxito en internet “Diario de un perro y un gato”, y que es absolutamente descriptivo de lo que supone vivir en la casa de un gato. Y digo en su casa, porque si bien un perro acepta de buen grado al humano como su dueño, el gato ni siquiera tendrá la decencia de considerarlo como su igual. Hay que asumirlo, no solo no somos sus dueños, somos sus mascotas.

Porque como dice Antonio Salas, el hecho de ser dioses, o al menos saber que lo han sido “es algo que no se olvida fácilmente”. Menos aún si quien te convierte en dios es una de las civilizaciones más grandes e importantes de la Historia, la egipcia, que no solo les concedió el honor de considerarlos animales sagrados, sino que además destacó en su panteón de dioses a Bastet, que representada bajo la forma de gato, era la diosa del hogar, la maternidad, la danza y la música.

Eso sí, como buena gata, cuando se cabreaba sacaba la cabeza de leona y te podía meter un zarpazo divino que te dejaba con un destino más chungo que España en una Unión Europea gobernada al dictado de Alemania, lo que unido a su carácter impredecible hacía a sus fieles estar más que finos a la hora de considerar a los felinos que se cruzaban. De hecho, el quitar la vida de un gato de forma voluntaria se castigaba con la pena de muerte, y si la cosa era involuntaria con cuantiosas multas determinadas según la situación.

Porque los gatos otra cosa no, pero hay dos características que llevan grabadas a fuego en su divinidad, la primera el rencor como hemos visto, y la segunda la dignidad.

En mi caso, el momentazo dignidad ocurrió con mi mujer. Como todo el mundo sabe, los gatos tienen una jerarquía muy marcada en cuanto a preferencias, y a nosotros, sus siervos, nos ordenan en un posicionamiento que, casualmente, suele ir muy parejo a la frecuencia con que cada uno le da de comer, le limpia el arenero y le provee de las caricias de rigor (si y sólo si les apetecen en ese momento). En mi casa, en el puesto número uno está mi mujer y en el segundo yo.salem1

Pero un fin de semana mi mujer se fue cuatro días y me tuve que quedar a cargo del minino, así que cuando ella volvió tomó cumplida venganza. El peludo apareció por la cocina y mientras mi mujer se agachaba abriendo los brazos y diciéndole que fuera a darle un beso de bienvenida, él, soberbio como solo puede ser un dios, llegó, se frotó contra mis piernas para marcar su posesión pasando su cara contra mis pantalones, se dio media vuelta y se fue caminando. Eso sí, antes de perdernos de vista, giró su cabeza para asegurarse de que mi mujer había percibido bien el desplante y le miró con una de las caras más dignas que puede tener ser vivo alguno. Solo le faltó decir: “Púdrete…”

El ataque de indignación le duró más o menos una hora, tras el cual empezó a merodear por las estancias donde ella estaba, para de forma muy discreta, hacerle ver que ya le concedía en su eterna misericordia el privilegio de poder adorarle otra vez.

Y es que hay que reconocer una cosa. El gato es el único ser que puede conseguir que el hombre más miserable, más tirano o más desagradable, se acurruque en la cama para no molestarlo mientras duerme, le permita que descanse encima de su tripa mientras ve la televisión, le dé un pedazo de jamón que acaba de negarle a su hijo del bocadillo que se está zampando, o le responda con una sonrisa cuando se siente encima de su ropa justo después de haberla planchado o cuando vaya literalmente a ciscarse en el arenero y en su esfuerzo nada más haberlo limpiado. Probablemente porque sabe que es tan … como él.

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Por qué Cristiano nunca alcanzará a Messi

“La unión en el rebaño obliga al león a acostarse con hambre” (Proverbio africano)

Visto que llevo ya varias semanas en plan profundo, hoy voy a descolgarme con el post más intrascendente y frívolo de cuantos he escrito y probablemente escribiré. Así, de paso, podré hacer otro de mis pequeños experimentos conductuales, que es comparar la media de visitas a post que hablan sobre el ser humano, la psicología, la vida… y los que lo hacen a algo tan frívolo, superficial e intrascendente como el fútbol. Vamos pues a analizar a dos de los protagonistas de la pista central del espectáculo de la segunda parte del dicho… pan y circo.

Intentar analizar desde un punto de vista mínimamente neutral algo que despierta tantas pasiones como quién es mejor futbolista entre Cristiano Ronaldo y Messi es ciertamente difícil, más que nada porque la gran mayoría de esas valoraciones no responden a criterios racionales, sino emocionales. Con el fútbol pasa como con la educación, todo el mundo cree que sabe, pero en realidad pocos saben de lo que hablan. Y no, yo no soy uno de ellos, y menos en cuanto a técnica y estrategia se refiere.

Esto se demuestra por ejemplo, cuando los grandes periodistas deportivos dicen mamarrachadas como: “es tarjeta roja porque es el último defensor”, cuando hay múltiples situaciones y posiciones en que siendo el último defensor quien realiza la falta, no tiene por qué ser expulsado; o: “es fuera de juego”, cuando ni siquiera saben que para señalar fuera de juego tiene que haber una combinación de posición e influencia, cosa que parecen desconocer al mencionar esa estupidez del fuera de juego posicional, que sencillamente no existe pues si no hay influencia no hay fuera de juego. No mencionemos ya que, si la cosa no ha cambiado desde que yo arbitraba (que lo desconozco), la posición del fuera de juego se mide por la posición del pie más atrasado.

En fin, el caso es que como la prensa deportiva deja en evidencia por su hooliganismo y su fidelidad a la mano que le da de comer, hasta a la prensa convencional, cosa harto difícil, llegar a un análisis racional es ciertamente complicado.

Como ya he dicho que no soy precisamente un crack de la técnica y la estrategia, exactamente igual que el 99% de los que lean esto, aunque muchos se tengan en muy alta estima, voy a explicar en qué me baso para decir que uno no podrá alcanzar al otro, que no es sino en estudios empíricos de carácter psicológico (y es que hay toda una disciplina psicológica, la psicología del deporte, que se dedica a analizar las relaciones entre las variables de los deportistas y su rendimiento).

Vamos a asumir de inicio que independientemente de las variaciones en cada una de sus habilidades, estos dos sujetos tienen la misma capacidad deportiva y el mismo potencial en cuanto a su calidad en el fútbol. Vale, Messi tiene más técnica pero Cristiano más potencia; uno más agilidad, pero el otro más fuerza; uno más precisión, pero el otro más remate de cabeza… Asumiendo que son los dos mejores futbolistas del mundo, concedámosles pues un potencial de juego semejante.

En igualdad de estas condiciones existen varios estudios que demuestran que una variable de gran influencia en el rendimiento es la motivación. Y es aquí donde existen dos tipos de motivación deportiva, la motivación orientada hacia la tarea y la orientada hacia el ego. La motivación orientada hacia la tarea es aquella que mide el éxito en función de su grado de aprendizaje o dominio de la tarea, mientras que la motivación orientada hacia el ego utiliza criterios externos para determinar su competencia y basa su éxito en superar a otros deportistas.

Dicho de otro modo, el primero intenta superarse a sí mismo y el segundo, superar a lso demás. Y es aquí donde podemos establecer esa diferencia, porque los estudios demuestran que la orientación hacia la tarea implica menores niveles de ansiedad que la orientación hacia el ego, siendo la ansiedad una variable muy influyente pues correlaciona negativamente con el rendimiento.

Es cierto que no tengo pruebas de la motivación de uno y otro, pero creo que puede ser una percepción bastante generalizada que Messi se divierte mucho más jugando al fútbol, disfruta con la propia actividad haciendo jugadas imposibles y prescindiendo de referentes ajenos, mientras que Cristiano Ronaldo siempre está más pendiente de contestar al público, de la chulería fanfarrona o incluso en los medios de prensa, de las comparaciones, precisamente con Messi, de las que este pasa olímpicamente.

El siguiente punto, relacionado con la motivación, es el que se produce en los experimentos que analizan la condición de competición, o ganar cueste lo que cueste. En estos experimentos se crean dos grupos, uno de competición y otro centrado en la maestría de la actividad. Mientras a los sujetos del primer grupo se les induce y ordena competir contra los otros participantes, a los del segundo grupo, se les anima para que intenten realizar la tarea lo mejor posible. Los resultados ponen de manifiesto que aquellos sujetos de la condición de maestría muestran mejores resultados, y que los de la condición de competición, además de tener peores resultados, se divierten menos, muestran menos interés por la tarea con la repercusión que ello tiene para desarrollar el aprendizaje y tienen menos motivación intrínseca (lo que también perjudica el rendimiento).

Por si esto fuera poco, aquellos deportistas que forma parte de equipos deportivos cuya motivación está orientada hacia el ego y que priman la condición de competición, tienen un impacto muy negativo en la cohesión del grupo, lo que es otra variable relevante añadida a la hora de determinar el rendimiento del grupo, pues también los estudios demuestran que existe una relación positiva entre cohesión de equipo y éxito en los deportes que requieren cooperación, como es el caso del fútbol.

Esto lo supo ver muy bien Guardiola (al que tengo especial inquina, pues no me gustan los lobos con piel de cordero), cuando directamente decidió prescindir de Eto´o en el Barcelona. Eto´o era un gran jugador, de los mejores del Barcelona, pero al igual que Cristiano, era un personaje que solo se interesaba por su propia individualidad y al que el grupo le importaba un comino. Eso suponía una ruptura de la cohesión interna del bloque, lo que implicaba mayores costes para el equipo que los beneficios que él mismo aportaba como jugador. Por eso Guardiola siempre manifestó, y no mentía, que no tenía nada contra él como jugador pues era un jugador magnífico. Lo que le faltó fue decir la segunda parte… “pero me revienta el equipo

Hablando claro, si quieres que tu equipo sea tal, crea un grupo donde los mejores trabajen por un objetivo común, pero no permitas que un líder egocéntrico crea (o haga efectivo) estar rodeado de mediocres para resaltar su superioridad (táctica Zapatero).

Por eso, hasta que el Madrid no asuma que el rendimiento en un deporte de equipo pasa por constituir un equipo cohesionado, y no una suma de individualidades geniales, no podrá igualar a los dos equipos que a día de hoy tienen grupos más sólidos, el Barcelona y la selección española, que han hecho del conjunto mucho más que la suma de sus partes.

Salud y libertad

P.D: Para que aquellos que lo deseen puedan ponerme a parir a gusto y con fundamento, aclaro varias cosas. Primero, que la perspectiva utilizada para lo analizado es la propia de la Psicología Social del Deporte; segundo, que detesto el mundo del fútbol desde cierto tiempo después de ser árbitro (aunque todavía me di una oportunidad que no duró mucho más); tercero, que después de tener diferentes perspectivas en ese mundillo, considero que está plagado de hienas carroñeras que sólo van a pillar cacho en un mundo donde hay demasiado ingreso, una total falta de principios y mucho sectario incauto dispuesto a hacer el trabajo sucio para alguien a quien le importa un pito lo que representa; cuarto, que si tuviera que definirme seguidor de alguno de los dos equipos principales lo haría, paradójicamente ante lo que puede parecer, como madridista; quinto, que para quienes sienten que ese grado de identificación emocional y territorial con los personajes de los que hablo les lleva al arrebato, les recuerdo que son un portugués y un argentino; y sexto, que no tengo ningún tipo de aprecio por ninguno de los dos, ya que si no fuera porque son los dos mejores futbolistas del mundo (y a mí eso no me dice nada), desde mi punto de vista uno apenas tendría la capacidad básica para expresarse en una entrevista de trabajo y otro no pasaría de ser un participante de Gandía Shore (dicho esto con todo mi desprecio, pues hablando en un post de fútbol todavía habrá quien piense que lo utilizo como un halago).

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Levántate y anda

“¿Por qué buscais la felicidad, oh, mortales, fuera de vosotros mismos?” (Boecio)

Gustavo Bueno padre comentaba hace cierto tiempo que si se encontrara con una persona que le decía que era feliz, le escupiría a la cara. Por supuesto, antes de cualquier explicación y cualquier análisis, las hordas de primera línea de combate de lo políticamente correcto y del buenismo infantiloide, lo tildaron de viejo demente, de estar gagá y de cosas mucho peores.

Y es  que es difícil hacer entender a alguien aquello que no quiere entender, más aún si va contra las verdades pre-establecidas que conforman sus esquemas cognitivos y que no quiere alterar, por preferir la seguridad de una falacia a la incertidumbre de las inseguridades que le rodean.

Obviamente no voy a analizar aquí lo que Gustavo Bueno quiso decir o entiende por felicidad, concepto al que ha dedicado múltiples estudios, pero sí a analizar el por qué se puede defender esa afirmación, para lo que habría que partir de la definición del propio concepto de felicidad, ya que dependiendo del contexto y del discurso puede significar cosas muy distintas.

Si partimos por ejemplo del concepto de felicidad desde la psicología como: “el estado emocional que se acompaña de sentimientos de plenitud, bienestar y satisfacción  que aparece como reacción a la consecución de metas vitales y personales (…) de gran relevancia en la vida de una persona”, es obvio que la afirmación de Bueno sobra, buscar la felicidad sería una meta obligada y encontrarla un destino afortunado.

Pero si partimos de la definición de felicidad como el completo estado de alegría y satisfacción permanente en la vida, de dicha plena, podría parecer que al menos en nuestro contexto solo dos tipos de personas podrían definirse como felices: los idiotas o los miserables. Los idiotas, técnicamente hablando, por no ser conscientes de la más elemental realidad circundante y los miserables, porque solo alguien muy egoísta e incapaz de tener el más mínimo principio empático, podría definirse así en un mundo como en el que nos ha tocado vivir. En este caso, la postura de Bueno, aunque radical, no andaría muy desencaminada.

En esta entrevista, el periodista y antiguo corresponsal de guerra, Juan José Revenga, da buena cuenta de cuál es esa realidad del mundo en que vivimos con lo que ello implica sobre la esencia del ser humano de la que tanto hemos hablado. Lo recomiendo a todo aquel que quiera reflexionar sin apriorismos sobre la naturaleza humana porque como ya he comentado varias veces, del conocimiento de la experiencia se puede aprender más a veces que del conocimiento académico, al menos para la práctica de la vida diaria.

(pulsar play para escuchar o descargar, la entrevista empieza en el minuto 4:00)

http://www.ivoox.com/espacio-blanco-i-14-01-12-mundo_md_990430_1.mp3″ Ir a descargar

Sin embargo, también en esa concepción de felicidad como plenitud, hay una tercera posibilidad, aunque eso sí, tendremos que trascender el asqueroso resultadismo tan propio de la cultura occidental, que busca siempre la meta sin querer recorrer el camino y que, en lugar de valorar los procesos, basa todo en fines: si vas a emprender, olvídalo, es muy complicado; si vas a buscar trabajo, no vayas, no hay nada hoy por hoy; si vas a ayudar a alguien, cuidado, a lo mejor te engaña; si vas a cambiar el mundo, déjalo, no conseguirás nada… Una lógica planificada y artificialmente diseñada para que los individuos se rindan antes de empezar y para que asuman su sometimiento a través de interiorizar el estigma de su falta de voluntad.

Esa tercera vía parte de la perspectiva eudaimónica frente a la hedónica, de la autorrealización frente al disfrute inmediato, de saber, en definitiva, que se hace lo correcto independientemente del resultado. O lo que es lo mismo, que andar el propio camino se convierta en la meta.

No es fácil en ese mundo del que nos habla Revenga, pero como dice el maestro Rocky (esa no os la esperábais, ¿eh?) es el único camino para, solo quizás, ganar…

Salud y libertad

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