Archivo mensual: abril 2013

Sobre el método bárbaro de Estivill

“Para que el sueño, la riqueza y la salud se disfruten de verdad, es necesario interrumpirlos” (Jean Paul)

Hace una semana estuve en el cumpleaños de mi amigo Ios y, casualidades de la vida (o causalidades), uno de los regalos que recibió aprovechando que su futura mujer está a punto de dar a luz fue el libro del inefable Estivill: “Duérmete, niño”. Aprovechando que es un cizañero irremediable y que ya había visto un par de comentarios míos sobre el sujeto, se arrancó a grito pelado delante del donante diciendo: “Cervero, mira lo que me han regalado, ¿qué te parece?”

La verdad es que no recuerdo muy bien el exabrupto que solté, pero ya que tengo el tema reciente voy a tratar de explicar por qué el método de Estivill para favorecer el sueño me aparece una completa aberración.

Y es que alguien debería de explicarle la diferencia a Estivill entre eficacia y eficiencia. Porque el método Estivill no discuto que pueda ser eficaz pero es una verdadera barbaridad en cuanto a eficiencia.

Seguro que con un ejemplo se entiende mejor. Si yo arreo a un niño dos bofetones de medio lado cada vez que se equivoca en una coma cuando me da la lección, es muy probable que a partir del cuarto tema repita las lecciones con un índice de fiabilidad muy cercano al 100%.

¿Hemos descubierto pues un sistema pedagógico brillante para el fomento de la memorización? Obviamente no. ¿Por qué? Porque aunque es eficaz ya que el niño aprende a memorizar de forma magistral, no es eficiente, ya que los costes de ese sistema son enormes a nivel de salud, educativo, psicológico… para quien lo sufre. Dicho de otro modo, habremos conseguido que aprenda a memorizar a costa de generarle ansiedad, ira y violencia, odio, asco por el estudio, repugnancia por la temática tratada y un grave maltrato, es decir, daños mucho mayores que los beneficios inmediatos.

Además de mostrar una buena diferencia entre adiestrar y educar, algo parecido sucede con el método de nuestro amigo, lo que puede ser producto de que un médico se aventure a ejercer de psicólogo conductista sin tener mucho conocimiento del campo, algo además paradójico teniendo en cuenta la opinión que algunos de estos profesionales tienen de los psicólogos (que bastante sudan el reconocimiento como profesión sanitaria muy a pesar de muchos). [Tampoco quiero generalizar, hay médicos excelentes aunque no abunden]

Porque Estivill parece haber decidido que el hecho de que su método evite los lloros de los niños en un margen regular de tiempo, le libera a él, deidad médica y sobre todo mediática, de analizar los efectos secundarios perniciosos de su procedimiento. En otras palabras, tomar un medicamento que te cura el dolor de cabeza pero te revienta el hígado cinco años después.

Vamos a ver qué pasa cuando se aplica el método Estivill, que básicamente consiste en que si el niño llora ya cansará de llorar porque no va a estar toda la vida llorando, y por tanto, con el hábito de saber que nadie irá a su cuidado, acabará durmiendo sin dar la lata.

Para analizarlo, tomaremos como base el síndrome general de adaptación de Selye, que configura un patrón típico de respuesta al estrés. Aunque este es un tipo de modelo que se toma en general para determinar la respuesta ante estímulos amenazantes, lo cierto es que el estrés generado por un estímulo no es algo objetivo, sino que depende de la propia subjetividad del individuo. Por ello un estresor queda determinado por la propia interpretación que el sujeto hace de la estimulación que recibe (Fernández-Abascal, Jiménez y Martín, 2007)*

Resumiendo, este patrón de respuesta al estrés señala que ante un suceso estresante pasamos por tres fases: reacción de alarma (cuando el organismo se enfrenta a una situación para la que no se encuentra adaptado, lo que conlleva una activación extra de recursos del organismo para enfrentarse al estresor), estado de resistencia (cuando las condiciones estresantes se mantienen pero el organismo ya no puede mantener de forma continuada la activación) y fase de agotamiento (cuando el organismo ya no puede mantener los niveles de activación por el agotamiento de los recursos). (Fernández-Abascal, Jiménez y Martín, 2007)*

Esta es exactamente la secuencia que el niño sigue cuando llega la noche y se encuentra solo para dormir. El bebé, que no lo olvidemos es un niño pequeño y no un adulto pequeño (otra confusión que tienen muchos profesionales a la hora de entender la infancia), se siente inseguro ante una situación en la que está solo y desprotegido, por lo que reacciona de la única manera en que lo puede hacer un humano en esa etapa, llorando para buscar la protección de sus padres. Si no lo consigue, la activación se va reduciendo buscando esa seguridad, hasta que finalmente llega la fase de agotamiento, en la que entendiendo que sus requerimientos no serán satisfechos, los recursos se acaban y el niño se duerme… producto de su propia extenuación ante el mantenimiento de la respuesta de estrés.

De hecho, el proceso que acabamos de ver, está determinado por el eje hipotálamo-hipófiso-suprarrenal (HHS), que es el encargado de regular los mecanismos de respuesta en situaciones de estrés. Así, los niveles de cortisol (hormona regulada por este sistema), cambian en función de la secuencia de anticipación, reacción o recuperación frente al estrés, con los consiguientes efectos que esto tiene para el organismo.

Y ahí empieza el problema porque: “las emociones negativas y la privación emocional afectan a los sistemas de respuesta al estrés (…) como el sistema HHS (hipotálamo-hipófiso-suprarrenal), que contrarresta o suprime las reacciones de estrés agudas” a lo que hay que sumar que “aunque las hormonas del sistema HHS (cortisol) sustentan la maduración del cerebro, el cortisol puede asimismo ser perjudicial para las neuronas en fase de desarrollo” (Semrud-Clikeman y Teeter, 2011)**

Y aunque estos hechos seguramente son de sobra conocidos por el colega Estivill en mucha mayor medida que por mí (para eso es médico), lo que tal vez ignore es que:  “las interacciones positivas entre madres e hijos reducen en último término el malestar que experimentan los bebés, porque los cuidados amortiguan la respuesta del cortisol, en tanto que las interacciones insensibles afectan negativamente a las respuestas de estrés de los bebés

Por eso, “el establecimiento de un apego temprano seguro con los cuidadores principales amortigua la respuesta del cortisol, con lo que el sistema HHS queda bajo regulación social

Dicho de otro modo, el método Estivill solo es eficaz porque consigue una reacción de agotamiento frente a una situación de estrés, lo que no es muy positivo para la salud, a lo que habría que añadir una marcada ineficiencia no solo por los problemas para el desarrollo que puede generar ese grado de estrés recurrente, sino porque ello puede provocar un apego inseguro.

El apego es la “atadura afectiva más fuerte que siente el ser humano hacia otros semejantes, produciendo placer cuando se llevan a cabo interacciones y buscando la cercanía de la persona con que se siente apego en momentos de ansiedad y seguridad. Por tanto, dicho vínculo responde a una de las necesidades más básicas y fundamentales que experimenta el ser humano: la necesidad crucial de sentirse seguro, protegido y ayudado” (Herranz y Sierra, 2006)*** y es fundamental establecer un apego seguro porque un apego inseguro o desorganizado, puede tener repercusiones negativas en las futuras relaciones humanas del sujeto.

Así que teniendo en cuenta todo esto, solo resta recuperar una de las expresiones que utilizábamos al principio, cuando decíamos que el método Estivill se basaba en el “si llora ya parará y dejará de dar la lata”, para preguntarnos si no será que este método en realidad no está diseñado para que los niños duerman bien, sino para que los adultos duerman bien (y los niños no molesten).

De hecho, esto es algo muy de la perspectiva de algunos médicos, como esos que no han tenido problema en hinchar a los niños un poco revoltosos con metilfenidato, (sobre)diagnosticándolos como hiperactivos, cuando su único diagnóstico real es que son niños. Y un niño sano tiene que ser activo, explorar, buscar, abrirse al mundo… y no ser una marmota estática y mucho menos drogada cuyo fin es no molestar a sus padres.

Por último invito a leer el libro de Rosa Jové, Dormir sin Lágrimas, que sin duda le da un buen repaso al método Estivill desde una perspectiva mucho más natural, y me hago la siguiente pregunta: ¿Cuándo han visto ustedes que un buen método tenga que sacar un segundo manual para matizar los errores, aclarar dudas, o contestar las críticas del primero? Pues eso, si quieren método Estivill: dos tazas, su segunda parte “A dormir” (cómo le gustan los imperativos a este hombre).

Salud y libertad.

P.D: Me he encontrado por casualidad con este blog en el que también hay un excelente análisis del método Estivill. Muy recomendable.

* Fernández-Abascal,E.; Jiménez Sánchez, M.P. y Martín Díaz, M.D. (2007). Emoción y motivación. La adaptación humana. Madrid: Editorial Centro de Estudios Ramón Areces.

** Semrud-Clikeman, M. y Teeter Ellison, P.A. (2011). Neuropsicología infantil. Madrid: Pearson.

*** Herranz Ybarra, P. y Sierra García, P. (2006). Psicología Evolutiva I (vol, 2). Desarrollo social. Madrid: UNED.

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Libertad y muerte

“Si no recibes a la muerte como tu novia, habrás de recibirla como tu verdugo” (Gustavo Timón)

Hoy me he propuesto hacer un ejercicio de videncia con una probabilidad de acierto del 100%. Sé que pensarán que es imposible pero les aseguro que antes de acabar el post les habré adivinado el futuro con una profecía sin margen de error.

Entre que me llega la inspiración ultraterrena y mientras tanto, me gustaría compartir algunas reflexiones que me vienen desvelando desde el pasado jueves día 11, cuando fui de nuevo a ver al genial Leo Bassi al teatro Filarmónica de Oviedo.

Con Leo Bassi pasa un poco como con Toni Cantó, que a algunos les basta con leer los titulares y tener una vaga idea de su figura precedente para ponerlo a parir sin más. ¿Para qué molestarse en ir a una de sus actuaciones o ver sus videos completos hasta el final? [Por cierto, que en estos momentos Cantó vuelve a ser TT en un nuevo ejercicio de tergiversación y manipulación de un titular que miles de personas se animan a repetir como loros sin contrastar y sin haber leído la entrevista. Demasiado esfuerzo]

Si estos mismos se molestaran en acudir al menos a uno de los espectáculos de Bassi tal vez descubrirían con sorpresa una obra que mezcla a partes iguales espectáculo al estilo del circo tradicional, provocación (desde luego) y reflexión. Una reflexión que desde luego impele a hacer lo propio en base a la potencia de sus argumentos.

Así que mientras algunos siguen pensando que no tienen nada que aprender del tipo que martilleaba sandías en Crónicas Marcianas (en eso se quedan) y otros escriben artículos comentando un espectáculo que probablemente no han visto a la luz de lo dicho, yo aquí sigo comiéndome la cabeza con sus palabras.

Hablaba en un momento del espectáculo desde la perspectiva de un hombre que, ya al final de su vida, sólo espera el momento en el que le confirmen que se va a morir porque considera que es el momento en que adquirirá un nuevo nivel de experimentación en cuanto a libertad se refiere.

Considera que es en ese momento, cuando le confirmen que la muerte es inevitable y cercana, cuando realmente podrá alcanzar un nuevo clímax de libertad. Porque en ese instante ya no le importarán las imposturas sociales, las morales artificiales, las críticas superficiales… ni siquiera las pocas que ha aceptado, ya nada le importará excepto lo que realmente él mismo quiera asumir, su verdadero yo. Es en ese breve periodo que llega salvo en los casos de muerte automática (infarto fulminante, accidente de coche…), cuando uno sube un nivel respecto al conocimiento de sí mismo y a la forma de vivir en libertad, aunque sea ya durante poco tiempo.

Buscar la libertad como él puede ser una opción personal, pero nadie ha dicho que sea fácil ni sencilla. Con la libertad pasa como con el conocimiento, muchos hablan de ello pero pocos se atreven a buscarlo de forma real, y cuando uno lo hace, sabe que va a ser costa de varios inconvenientes: incomprensión, ostracismo, amenazas… Por ejemplo, el conocimiento real, el de saber cuál es la verdadera esencia del mundo en que uno vive o la propia esencia humana, conlleva dolor o infelicidad, porque solo cuando uno es consciente de la crudeza de un hecho sin adornos es cuando puede valorarlo como tal.

Cuando a uno le preguntan si es completamente feliz, caben dos explicaciones a una respuesta afirmativa. La del necio que desconoce el mundo en el que vive, con lo cual puede permitirse ser feliz gracias a la burbuja cultural que lo protege de la naturaleza de la propia realidad; o la del completo miserable psicopático, la de quien conociendo el sufrimiento y la realidad, carece de la más mínima empatía y se preocupa exclusivamente de sí mismo y de lo suyo.

La libertad es algo semejante, muchos hablan de libertad pero sus conductas están mediatizadas por lo que tienen que hacer o decir para no molestar a unos y a otros, para que su comportamiento no pueda influir negativamente en un presente o futuro trabajo, para guardar las formas de determinada posición social, para agradar o molestar… pero siempre actuando, como Leo Bassi. Y el que quiera realmente ser libre tendrá que lidiar con la incomprensión, y a veces la ira, de sus semejantes, como Zaratustra.

La búsqueda de la libertad desde un punto de vista psicoanalítico consiste desde mi perspectiva en la función de maximizar el yo, minimizar el superyó y controlar el ello [ampliar], pero cuidado, no es la fórmula de la felicidad, solo la de la libertad.

Y la libertad, mayor o menor, existente o inexistente, también tiene su juicio final, un juicio que se basa en la máxima justiciera de Platón: “a cada cual según su merecimiento”. Porque no hay juicio más aterrador y más devastador que el propio juicio personal. Ese momento justo antes de la muerte, ese instante, en que uno hace la valoración de su vida. Esos segundos en que uno nota que se le apaga el corazón o la décima de segundo en que uno ve venir el coche de frente y tiene que hacer balance.

Habrá quien considere que por esas décimas de segundo no merece la pena condicionar una vida, pero los griegos que para esto eran unos fenómenos, conocían bien la diferencia entre el Kronos y el Xeiros, el tiempo objetivo y el tiempo subjetivo. Cómo en un tiempo objetivo de tres segundos, uno puede vivir emocionalmente toda una vida en un beso, o maldecirse a sí mismo al ser consciente de que ha desperdiciado el regalo de una vida preocupándose de cosas insulsas y sin valor… y ya nada puede cambiarlo.

Los egipcios tras morir tenían que sufrir la prueba del peso del alma. Osiris presidía una ceremonia en que se ponía en uno de los platos de una balanza el corazón del muerto y en otro la pluma de Maat, que representaba la Verdad y la Justicia. Si los platos se equilibraban el muerto podía pasar al Más Allá, si no quedaba condenado.

Pero el juicio de Osiris es un juego de niños comparado con la sentencia que uno mismo puede aplicarse en el último instante. Ese juicio que convierte el último pensamiento de la vida de uno en un momento de satisfacción por haber vivido conforme a las propias convicciones y los propios principios, o de amargura por haber malgastado la vida conforme a postulados ajenos e intrascendentes. Porque, ¿cuánto durará esa décima de segundo objetivo en la subjetividad de la mente? Siendo el último pensamiento y la última emoción, podría ser eterna…

Y como empezando el post me comprometí a hacer una profecía sin margen de error, aquí se la incluyo en forma de imagen. Vea bien su futuro, sin artificialidad, sin adornos, sin disfraces. La pregunta es, ¿hacia que lado dejará usted caer la balanza, cuál será SU juicio?

Salud y (hoy más que nunca) libertad.

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