Archivo mensual: mayo 2017

Idiocracia en los partidos políticos

“Existen dos maneras de ser feliz en esta vida, una es hacerse el idiota y la otra serlo” (Freud)

Hace unos días vi por sugerencia de un amigo la película “Idiocracia”, una absoluta genialidad muy recomendable del mundo friki, cuyo argumento narra la vida de un sujeto medio inútil y una prostituta que, producto de un experimento militar, despiertan 500 años en el futuro. El problema es que ese futuro, nada descartable por cierto, ha favorecido evolutivamente a los más imbéciles. ¿Por qué? Fácil. Mientras los científicos y la gente inteligente estaban absorbidos por su trabajo y eran conscientes de las dificultades de traer hijos al mundo, los más cretinos, que no reparaban en las consecuencias de sus actos ni tenían el más mínimo tipo de responsabilidad, procreaban sin parar, lo que había logrado en 500 años, favorecer genéticamente la estupidez como rasgo dominante. Así que al llegar ese momento, nuestro amigo el cretino, un mediocre y simplón de manual, se había convertido en el hombre más inteligente del planeta, básicamente porque sabía introducir cuadrados en huecos con forma de cuadrado y círculos en su recipiente correspondiente.

 

La hilaridad de la película en cuestión no fue nada comparada con la equivalente producida al ver el resultado de las primarias del PSOE, donde por tercera vez, se pudo apreciar que la idiocracia ha llegado para instalarse en el seno de los partidos políticos.

La primera vez que se pudo observar este fenómeno fue en el mundo nazionalista. Las jerarquías nazionalistas (con “Quatto” Pujol a la cabeza) utilizaron durante años un discurso tergiversador sobre España con el fin de generar odio, arengar a sus militantes y aprovechar la habitual idiocia del votante medio para sacar rédito electoral. El problema es que el tiempo pasa inexorable, y cuando esta generación de “listillos” fue retirándose, fue llegando otra generación de idiotas que ignoraba que su propio discurso solo era una estrategia para aprovecharse de la imbecilidad emocional del personal, interiorizándolo como algo real.

El resultado lo conocemos, el estadista Astut Más se carga su partido en pro de ERC, porque la gente suele preferir los originales antes que las copias por muchas sandeces que digan ambos, y se entra en un bucle psicótico en que se empiezan a tomar como verdades aspectos delirantes: que Cervantes era catalán, que la bandera de EE.UU. está basada en la estelada, que Santa Teresa y Da Vinci eran catalanes… y un largo etcétera que solo se podría curar ya introduciendo antipsicóticos atípicos en el agua del grifo.

El segundo momento se produjo con las primarias de Podemos siendo un calco de lo narrado anteriormente. Pablito Iglesias, que tiene un complejazo de Mesías extraño en alguien que teóricamente no soporta la religión (y eso que ya se empieza a analizar a Podemos desde el marco de los grupos de dinámica sectaria), se acaba creyendo los propios eslóganes que su partido ha utilizado para cazar tarados y se carga a la única persona de Podemos que realmente tenía una estrategia (e inteligencia suficiente) para dar un buen susto en una cita electoral. Y es que el problema que suele tener rodearse de lameculos que te doran la píldora continuamente para tener un sillón y que te hacen creer que eres dios, es precisamente ese, que te lo acabas creyendo y actúas en consecuencia con el aplauso del entorno ante las estupideces que haces. Con el terrible precio a pagar para un grupo de encumbrar nuevamente a los más idiotas, que a falta de inteligencia solo pueden ejercer la estrategia del servilismo.

El resultado: un partido que reniega de su propio país, que se dice teóricamente de izquierdas pero que actúa como mamporrero del nazionalismo más reaccionario, que utiliza un discurso de libertad e igualdad pero que defiende a dictadores y asesinos, etc.

Y en este marco es donde la idiocracia va un paso más allá encumbrando a, probablemente, la persona más mediocre, inútil e irresponsable que ha pisado moqueta desde la llegada de la democracia (más incluso que ZP, sí), Pedro Sánchez. Pedrito encarna en todo su esplendor, los dos aspectos antes comentados, con el agravante de no haber aprendido nada de los sucesos vividos por otros. Es lo que tiene la idiocia, que plantea incapacidad para aprender hasta del aprendizaje más elemental que existe, el aprendizaje por observación.

Coño, ZP, tú por mi blog

Al igual que Arturo, no se ha enterado de que muchas de las memeces que ha defendido su partido eran una simple cuestión de estrategia para mentes frágiles. Maniobras para movilizar a ese tipo de idiotas a los que les dices: “que viene Franco” y te votan o a los que les dices desde el otro bloque: “que viene Venezuela” y hacen lo propio. Y se las ha creído, proponiendo como verdad absoluta tonterías como que España es un Estado plurinacional, cuando el muy inculto no sabe ni lo que es una nación, llegando a decir la memez de que es un sentimiento.

Readaptación de la actividad del curso de Inteligencia Emocional para alumnos de primaria.

Tampoco ha aprendido la lección de lo vivido en Cataluña. Porque rodeado como está de pelotas en busca de sueldo, nadie de su entorno le ha dicho lo de la copia y el original. Y entre este y Podemos la gente tirará por el segundo, perdiendo además el electorado centrado que, por cierto, es quien decide las elecciones en España desde hace tiempo. Al menos quien las decidía antes de que el PSOE decidiera inmolarse con líderes como este genio.

Y por supuesto, ha seguido la senda de Podemos purgando a todos aquellos más inteligentes que saben de sobra diferenciar entre la estrategia y la idea, entre el pastoreo de un rebaño y la dirección de la granja, que ven claramente que no es lo mismo un militante de un partido que un votante del mismo, y que las elecciones se ganan a través del voto de los ciudadanos y no a través de los votos de los militantes fanáticos y sectarios de partido.

En definitiva, parece que deberemos de acostumbrarnos a que los más idiotas sigan escalando en los partidos y rezando para que ninguno de ellos llegue a presidente. Aunque habría cierta justicia poética en que una población tan sumamente imbécil como para seguir votando a un partido manifiestamente corrupto como el que está en el gobierno, acabe siendo gobernada por el político más imbécil de todos.

Salud y libertad…

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