Archivo mensual: noviembre 2013

Feminismo sí, papanatismo no

“No hay nada peor que un tonto motivado” (Emilio Duró)

Hoy he vuelto a constatar que vivimos en un país donde hay un amplio número de ciudadanos, no sé ya si mayoritario, que todo lo entiende al revés. O mejor aún, que no entiende nada ni quiere entenderlo porque desde la más firme molicie intelectual solo vive preocupado por adquirir una pose, una imagen, aunque detrás de ella no haya absolutamente nada: ni argumentos, ni rigor, ni capacidad o competencia para sustentarla. Cómo me recuerda esto a aquellos que se cargaron con su papanatismo el prometedor movimiento que era el 15M en sus orígenes.

Y es que tras acudir a mi cita twittera de domingo tarde con Pérez Reverte y el bar de Lola, donde uno se encuentra en similar medida con individuos que aportan razonamientos dignos de la más sosegada reflexión y firmes candidatos al (como señala el organizador) premio “Reverte malegra verte al tonto de la semana”, he quedado asombrado con uno de los enlaces que se hacían llegar al escritor como digno de lectura.

Se trata de la entrada “El Tenorio en el corazón simbólico del 15M” de una tal Nuria Varela, donde el cúmulo de despropósitos y delirios del nuevo fascismo dogmático de lo políticamente correcto solo es comparable al fomento de la ignorancia y la incultura que difunde.

Como muestra, el “brillante” comentario con que se inicia el tercer párrafo, desde luego significativo: “Don Juan Tenorio es machista hasta el ridículo, no hace falta ni decirlo”. Yo no sé si don Juan es “machista hasta el ridículo” o no desde la perspectiva actual y por supuesto literaria (no soy nada amigo de los tics inquisitoriales en cuanto a la literatura se refiere), pero lo que sí se es que lo que es bastante ridículo es aplicar juicios morales desde la perspectiva actual a contextos espacio-temporales pasados, sesgo que en Historiografía se denomina sesgo presentista.

Cómo recuerda esta argumentación a la polémica suscitada hace unos meses con la novela “50 sombras de Grey”, obra que algunos grupos feministas querían boicotear o directamente prohibir por suponer una “apología del maltrato”. Tal vez haya que recordar que la literatura es FICCIÓN, y que por tanto contar o leer una historia no implica asumir los principios de los protagonistas (nunca creí que fuera necesario explicitar este punto).

Quizás estos grupos en lo que difieren es en su concepción del ser humano, y simplemente nos consideran a algunos tan tontitos como para no distinguir entre realidad y ficción literaria, pero les aseguro que la mayoría, si no la totalidad (salvo algún perturbado que otro) conocemos la diferencia. Dicho de otro modo, que me guste la novela o la película “El Silencio de los Corderos” les juro que ni me convierte ni me despierta instintos psicopáticos (al menos no más de los que genero espontáneamente cada vez que leo la prensa).

Y es que dentro de determinadas tendencias políticas hay algunos absolutamente obsesionados con la conspiración artística, sea literaria o cinematográfica, lo que dejando al margen el tufillo censor que demuestran, destaca un cierto carácter patológico de tipo paranoide. A veces una obra solo es una historia reflejo de una época (o ni siquiera eso) y no pretende inculcar perversos principios e ideas a su lector.

Todavía recuerdo cuando en uno de los cursillos de doctorado “Comunicación, Lenguaje y Educación”, algún docente explicó como Blancanieves y los siete enanitos era una obra pérfida que pretendía expandir el capitalismo por el mundo, pues los enanitos especulaban con diamantes nada menos, o que el Rey León era una clara oda a la monarquía, que pretendía inculcar la normalidad de tal forma de Gobierno para su mantenimiento y supervivencia.

En fin, que memeces aparte, quizás algunos (y algunas, no se me ofendan) debieran entender más el fondo que las formas. Porque si hablamos del feminismo bien entendido yo me declaro su primer defensor, ese feminismo que se hace práctico cuando una mujer lucha contra viento y marea para no cobrar menos que uno hombre cuando realiza el mismo trabajo, el de la mujer que reclama que se evalúe su mérito y capacidad con independencia de su género, también el de la mujer que exige no tener dificultades añadidas al decidir que quiere ser madre, o el respeto absoluto a la que decide no serlo, y ni que decir tiene de la que lucha con un par de ovarios y poniendo en peligro su integridad contra el patriarcado más rancio y peligroso que existe (veamos un ejemplo de quitarse el sombrero… y el pañuelo).

Pero cuando este feminismo se convierte en rancio hembrismo o directamente en una pose vacía y hueca, tan hueca como el del cerebro que la finge, lo único que cabe es la respuesta directa y sincera. La de hacer entender que prohibir escribir libros sobre determinados temas no es feminismo, es censura; que determinados usos artificiales del lenguaje no son feminismo, son desconocimiento; que pretender desterrar una obra literaria de culto como el Tenorio (¿de qué otra obra teatral conoce la mayoría aunque sea una estrofa?) porque a una no le gusta el tema que trata y cómo lo trata aunque sea ficción, no es feminismo sino fomento de la incultura; que eliminar un premio literario porque el título es sexista, es sencillamente estúpido; que arremeter contra el latín por ser una lengua machista es digno de consulta psicológica, etc, etc…

Y es que el enfoque equivocado, el entenderlo todo al revés o la mera adopción de poses parece ser tan típicamente español como la tortilla de patata. Porque hoy ha tocado el feminismo, pero se me ocurren casos semejantes.

Por ejemplo el de los seguidores de ese psicópata que era el Che Guevara (si no me creen respecto a su psicopatía les recomiendo leer algunos de sus escritos) y que se han quedado en la mayoría de los casos en el simple uso de camisetas y carteras con su cara, convirtiéndolo precisamente en un icono del capitalismo materialista contra el que se supone que luchaba (de ahí su gran fracaso).

O el del progresista que entiende que el nacionalismo es lo más de izquierdas y guay que hay cuando en el resto del mundo es lo más reaccionario, pero no así observar con normalidad la bandera de España (cosa absolutamente fascistoide). Así un largo etcétera de peculiaridades de este, nuestro país (que dicen algunos).

Y para finalizar, como el término medio (el mésotes aristotélico) tampoco se estila y las estupideces abundan, les dejo este sobrecogedor y casposo titular producto de la actualidad informativa: El Arzobispado de Granada edita el libro «Cásate y sé sumisa» que ha sido editado por el obispado de Granada, pero escrito por… UNA MUJER! Ay, si Aristóteles levantara la cabeza…

Salud y libertad

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