Explicando el Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) (4ªparte)

“Cuanto más alto coloque el hombre su meta, tanto más crecerá” (Friedrich Schiller)

Tras observar las manifestaciones del TOC en casos concretos de la vida real, entenderemos ahora por qué pueden alterar en cierta medida la vida de los pacientes afectados. Pero profundizaremos a continuación en un punto de especial relevancia, aunque del que poco se ha escrito, que puede derivar en una gestión con la que sacar partido a las obsesiones o, todo lo contrario, hacer que estas se vuelvan completamente autodestructivas.

Como hemos señalado, una de las características de las obsesiones es que son intrusivas (es decir, ideas que se nos “cuelan” en la mente sin que nosotros podamos controlar su presencia), recurrentes (vuelven una y otra vez) y generalmente con un contenido negativo que es lo que produce que se incremente la ansiedad y las consiguientes consecuencias en el deterioro del estado de ánimo.

Esta visión negativa es lo que le da al trastorno su carácter egodistónico, palabro psicológico que viene a significar que genera malestar, pues tales pensamientos, impulsos o imágenes son disonantes con la imagen que el sujeto tiene de sí mismo, con sus valores, creencias o principios. Es fácil entender que si yo doy mucha importancia a la higiene y la limpieza, tener obsesiones centradas en la suciedad me generará un profundo malestar.

Ahora bien, ¿qué pasa si llegamos a conectar con una obsesión, una imagen o un impulso producto del trastorno hasta el punto de que nos generen bienestar? En este caso, estamos ante una obsesión egosintónica, es decir, un pensamiento, imagen o impulso que sería coherente con la percepción de uno y nos podría generar bienestar, lo que a su vez la haría retroalimentarse.

Veámoslo con un ejemplo referido a otro trastorno diferente. Las personas con trastorno bipolar generalmente alternan estados de depresión con estados de manía, esto es, momentos de exaltación que les producen una gran energía, activación y que los dota de una gran autoestima e imagen de sí mismos (digamos que es el equivalente endógeno de ponerse de coca hasta las cejas. De hecho, la neuroquímica cerebral en ambos estados es bastante semejante). La persona no identifica esto como un trastorno porque no solo no le produce malestar, sino que contrariamente, la genera un subidón en toda regla proporcionándole satisfacción y megalomanía. Es decir, aunque su estado sea patológico, pues está alterado respecto al funcionamiento normal (entendiendo lo normal como lo habitual), ha sintonizado con él haciéndole sentir estupendamente. Este aspecto es el que, trasladándolo al TOC, puede permitir que le saquemos rendimiento a un pensamiento intrusivo o constituir en sí mismo un problema mayor aún que las propias obsesiones.

Imaginemos que en pleno festival guarrindongo-sexual de lujuria y desenfreno nos viene un impulso o una imagen sobre una conducta que podríamos calificar de “retorcida”. La imagen se nos cuela y aunque la vemos como algo con cierto contenido “perverso”, fruto de la cachondez damos pequeños pasitos hacia adelante. Y, coño, resulta que a nuestra pareja también le parece algo retorcido, lo cual deriva en que además de ponerla como una moto y permitirnos ejecutar la conducta, nos la solicite con fruición. He aquí la explicación de por qué las personas con un TOC manifestado en ciertas obsesiones sexuales son tan buenos amantes. Ahora bien, ¿qué pasa si sintoniza con obsesiones sexuales basadas en el daño, el abuso y otro sinfín de conductas poco recomendables que todos podemos imaginar? Aquí es donde entra en juego el yo de cada cual, y donde podemos comprobar que si uno no tiene principios, conciencia, ni límites, la presencia añadida de obsesiones le puede llevar a cotas no muy recomendables para el resto de los mortales.

Otro aspecto en el que se puede aprovechar el TOC como elemento al que sacarle partido, por supuesto estamos hablando siempre dentro de ciertos límites del trastorno que no han desbordado la capacidad de gestión de la persona, es en cuanto al orden. Recientemente televisaron dos documentales en los cuales un jefe de sala de un restaurante y un director de hotel, tenían claros síntomas de TOC. Era algo fascinante, porque los platos, la cubertería, las plantas estaban milimétricamente colocadas en las mesas. El mínimo detalle era cuidado con esmero y los directores del restaurante y del hotel estaban encantados con el trabajo de sus seleccionados, aunque en este caso habría que preguntar a los sufridos subordinados de estos últimos cómo lo llevaban.

El obsesionarse con un tema también tiene su punto positivo. Imaginemos que un joven, guapo y simpático bloguero desea escribir una entrada con cinco partes sobre el TOC para su excelente, inigualable y magnífico blog, publicando una entrada por semana. En este caso, el deseo de finalizar con cierto nivel de perfección la tarea global puede hacer que el sujeto focalice la atención en la misma, y en lugar de hacer las cinco partes en cinco semanas, las haga en cinco días. Cuando una persona con TOC está enfrascada en una tarea el tiempo se detiene y no es raro que comience una tarea no pestañeando hasta que la finalice. Y no pestañear implica que puede postergar comer, dormir, salir… Solo se centra en la tarea y no parará hasta que la concluya, lo que los convierte en ciertos ámbitos en muy buenos trabajadores. Las relaciones no habituales que pueden hacer entre sucesos también los señalan cómo potenciales genios en ciertas labores intelectuales o de investigación.

En lo referente a escribir, también el TOC ha sido causa de grandes éxitos. Imagine que constantemente le vienen a la mente pensamientos violentos, terroríficos, preocupantes o extraños… unidos en ocasiones a intensas pesadillas que suelen acompañarlosdurante el sueño. A poco que trabajen la escritura, tendrán un filón para crear novelas, guiones, cuentos, historias… No tendrán ni que esperar que las musas les inspiren, bastará con plasmar su propio pensamiento. Dickens es un ejemplo de ello, pero hay otros casos como Woody Allen, Martin Scorsese, Charles Chaplin, Kant, Oscar Wilde…

Ahora bien, la vida no es todo color de rosa y uno siempre se va a encontrar con auténticos hijos de puta. Imagine que ese potencial para realizar trabajos con perfección sin importarle un pito ni el tiempo que dedica a ello, ni lo que deja sin hacer, ni las consecuencias que le va a implicar, lo emplea en putear a alguien con quien ha tenido un conflicto (los acosadores o la celotipia también pueden partir de aquí). Con el añadido de imaginar en cada hora cien formas a cada cual más enfermiza de hacerle la vida imposible, desarrollándolas mentalmente como si de una película se tratase, focalizando su atención solo sobre ello y con el añadido de disfrutarlo como si otro estuviera tomando el sol en la playa. ¿Malas perspectivas, verdad? Esta es la razón por la que es una soberana estupidez buscarle las cosquillas a una persona con TOC y por la que uno queda prendado de su perfección para lo bueno o para lo malo. De hecho, se me está ocurriendo… ¿y si se enfrentaran dos con TOC? Pues que gane el mejor… o el peor!

Salud y libertad…

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Explicando el Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) (3ªparte)

“La mejor amiga y la peor enemiga del hombre es la fantasía” (Arturo Graf)

Analizado ya el tema desde un punto de vista más teórico y científico en cuanto a sus componentes, obsesiones y compulsiones, y en cuanto a su consideración como trastorno, vamos a continuación con la chicha, a ver cómo se manifiesta en la vida diaria de quienes lo padecen.

Quizás uno de los campos en los que más generalmente se manifiesta el TOC, y que lo hace visible para otros, es en el de las compulsiones generadas por obsesiones de contaminación. Este campo es muy amplio ya que pueden darse obsesiones con los deshechos del cuerpo, con los gérmenes, con los agentes contaminantes del medioambiente, con los productos del hogar, bichos (generalmente insectos), contagios varios… Como en todos los casos, las compulsiones van dirigidas a evitar la obsesión relacionada. Por ejemplo, el caso de una chica que hacía recurrentemente la cama por miedo a que hubiera bichos en su interior, el de un niño que tenía que abrir siempre de forma completa las sábanas antes de dormir para asegurarse de que no los había, un hombre que se lavaba las manos casi 20 veces al día por miedo a contagiarse de cualquier enfermedad debido al contacto con superficies no limpias o el caso de Michael Jacksón cuando llevaba su clásica mascarilla.

Otro campo amplio y quizás uno de los que mayor culpabilidad y malestar genera, es el relacionado con las obsesiones agresivas. Este es un caso curioso, porque hay quien dice que quizás su origen parta precisamente del miedo a hacer algo que uno no haría, lo que conduce a que aparezca el pensamiento. Se entenderá mejor con un simple ejercicio. Piense durante dos minutos en cualquier cosa que desee…

dos

Conteste a la pregunta: ¿ha pensado usted en un oso blanco? Probablemente la respuesta sea que no. Ahora bien, si yo le pido en este momento que durante un par de minutos piense en cualquier cosa excepto en un oso blanco, ¿qué ocurre? Pues que es muy probable que el oso blanco se le haya colado en alguna ocasión. ¿Por qué? Porque el hecho de no querer pensar en algo hace que tengamos que focalizar la atención en ello precisamente para eliminarlo, lo que produce un efecto paradójico. Obsesiones de este tipo hay muchas: estar parado en la acera esperando para cruzar y que surja el impulso de saltar a la carretera o, peor, el de empujar a otro contra un coche, estar en una tienda y tener el impulso de robar algo, miedo a herir a otra persona por no tener suficiente cuidado…

Analicemos una situación que no por extraña, deja de ser habitual en las persona con TOC. A un padre le venía una imagen horrible en la que sin venir a cuento se veía agrediendo a su hijo. Precisamente producto de esa imagen, la compulsión consistía en darle un beso, abrazarle o acariciarle la cabeza, ya que era la forma de demostrarse a sí mismo que no era capaz de ejecutar lo que esa terrible visión le dictaba y que en realidad a su hijo lo quería con locura. Lógicamente, el simple hecho de tener esa imagen le producía una gran culpabilidad y sufrimiento.

Las obsesiones agresivas, en ocasiones también se mezclan con las de carácter sexual. Otro hombre estaba destrozado porque en una ocasión viendo a un niño le asaltaron imágenes de ese carácter, con lo cual llegaba a dudar de que fuera pedófilo. En este caso, desde luego no lo era y que le asaltaran esas imágenes le producía una gran culpabilidad. Esta es quizás la cara más dolorosa del TOC, pero se ve cómo las obsesiones son casi siempre de origen negativo, doloroso e intrusivo.

Otro tipo de obsesiones que pueden darse son aquellas relacionadas con el ahorro, la necesidad de orden, de acaparamiento, los miedos supersticiosos, celos, parejas, personas, necesidad de contar, obsesiones con números (como el gran genio Nicola “Redios” Tesla, que eso sí, estaba como unas marcacas), de repetir ciertas cosas, de confesar ciertos pensamientos, controlar la alimentación, el ejercicio, preocupación por enfermedades, por catástrofes que pueden ocurrir, revisar cerraduras, el gas, la luz… ¿Cuántas veces ha vuelto al coche para ver si lo había cerrado correctamente?

Relacionado con los miedos supersticiosos para mí a veces es un verdadero deporte (que nuestro cierto grado de enajenación lo tenemos todos) ver cómo tanto niños como adultos pasan de saltito en saltito por las baldosas azules del suelo de la zona del famoso Hotel de la Reconquista de Oviedo, evitando pisar las rosas a toda costa. Esto como recordatorio de que todos podemos tener obsesiones en algún momento que a veces pueden verse incluso como juegos inocentes.

Saltito a saltito hasta la victoria final

Saltito a saltito hasta la victoria final

Vamos, desde masticar 207 veces cada alimento antes de tragarlo hasta no permitir la entrada de tu cuñado en casa porque eso puede ocasionar que los extraterrestres vengan a destruirnos, las obsesiones del TOC abarcan hasta donde llega la imaginación. Y ya decía La Historia Interminable que el reino de Fantasía no tiene fronteras. Qué le vamos a hacer, los seres humanos a veces venimos con estos pequeños errores de software. Bueno, y algunos con errores mucho mayores.

Salud y libertad…

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Explicando el Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) (2ªparte)

“Cuando las leyes de la matemática se refieren a la realidad, no son ciertas; cuando son ciertas, no se refieren a la realidad” (Einstein)

En la primera parte hemos visto qué es el TOC a grandes rasgos, cómo se definen las obsesiones y las compulsiones, que más o menos todos tenemos en algún momento y cómo algún iluminado tira de TDAH por intuición sin hacer la más elemental de las preguntas al paciente. ¿Pero cómo podemos saber si existe un problema?

También en este caso el DSM IV-TR nos saca de dudas, señalando que la vertiente problemática se da cuando las obsesiones o compulsiones provocan un malestar clínicamente significativo, es decir, cuando representan una pérdida de tiempo excesiva (suponen más de 1 hora al día) o interfieren marcadamente con la rutina diaria del individuo, sus relaciones laborales, académicas o su vida social. En definitiva, cuando la cantidad de obsesiones, su frecuencia o la intensidad del miedo o preocupación que generan supera unos ciertos límites y empiezan a interferir en nuestra vida diaria. Vamos, lo que viene siendo cuando la cosa se desmadra, porque no es lo mismo tener una mancha que nadie apreció en la camisa e ir a frotarla al baño en una comida social, que tener que ausentarte de la misma por la vergüenza que produce una mancha que nadie está viendo ni sería capaz de ver.

En la mayoría de los casos, como ya comentamos no es un trastorno particularmente grave pero sí es un auténtico coñazo de trastorno. La metáfora que yo suelo utilizar en consulta es la del pájaro carpintero. Imagina que tienes un pájaro carpintero picoteando en un tronco al lado de tu oído 24 horas al día. Al principio es posible que puedas ignorar al pajarito de marras, pero cuando llevas 2 horas con el pájaro a cuestas te dan ganas de crucificarlo y cenártelo ensartándolo en una brocheta. Los pensamientos del TOC son de este tipo y pueden acabar desquiciando al más paciente de los santos.

Prueba para entender el TOC: sube el volumen todo lo que puedas e intenta aguantar al pajarito 4 horas. La persona con TOC tiene que aguantar esto en su mente 24 horas al día con pensamientos desagradables.

La situación se desborda generalmente cuando se da el cierre del círculo, ya que la ansiedad incrementa la frecuencia e intensidad de las obsesiones. Es decir, las obsesiones nos producen ansiedad y esta ansiedad (sumada a la que ya tenemos por el devenir de la vida diaria) incrementa la frecuencia e intensidad de las obsesiones. Es por ello que además de la ansiedad, el trastorno puede derivar en depresión, muy especialmente cuando uno aún no ha sido diagnosticado del mismo, se culpabiliza por tener unos pensamientos “malignos” o sencillamente piensa que está como unas maracas porque le vienen unas cosas horribles a la cabeza que es incapaz de gestionar, lo que sumado a una ansiedad sostenida durante mucho tiempo lleva al organismo literalmente al agotamiento. De hecho la función adaptativa que tiene la depresión es esa, que el organismo descanse y ahorre recursos para poder volver a enfrentarse al entorno.

Este tipo de consecuencias son más problemáticas en los niños lógicamente, porque la conciencia de sí mismos y la gestión de sus conductas y emociones son menores que en los adultos.  Al menos en la mayoría de las ocasiones, porque generalmente un adulto cuando tiene estas obsesiones o compulsiones puede llegar a reconocer que estos pensamientos son excesivos o irracionales, característica que no se da en los niños, que pueden ver esos pensamientos como naturales, empeorando la situación. No obstante, también hay que decir que ciertos adultos tampoco son conscientes de la irracionalidad o exageración de sus pensamientos, lo que se conoce con el nombre de “pobre insight” o “poca conciencia de enfermedad”.

Como vemos, diagnosticar esta situación en el caso de los niños es especialmente importante, más si tenemos en cuenta que en no pocas  ocasiones la conducta derivada de sus obsesiones se confunde con caprichos absurdos. El niño puede no querer ir a la escuela porque es un vago redomado o porque le da por saco aguantar a un maestro soplagaitas, pero también puede intentar quedarse en casa porque le están acosando (bullying) o porque tiene la idea obsesiva, a la que da visos de realidad, de que si va, sus padres van a morir en un terrible accidente (una de las obsesiones más típicas en la infancia) quedándose solo y desamparado en el mundo. Por eso es tan importante la entrevista clínica y hablar con ellos para saber cuál es el motivo de su desatención, de su irritabilidad , de su ansiedad o de su inquietud, antes de que un cenutrio los diagnostique TDAH.

No me resisto a contar aquí el caso de un niño con Trastorno de Ansiedad por Separación, que no deja de ser una variante contextualizada de ideas obsesivas, al que cierto médico le diagnosticó TDAH sin haber intercambiado con él ni una sola palabra, y al que, debido al consumo de metilfenidato (ese derivado anfetamínico que se receta en el TDAH), se le incrementaron las obsesiones ad infinitum.

Salud y libertad…

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Explicando el Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) (1ªparte)

“Cuidado con el hombre que habla de poner las cosas en orden. Poner las cosas en orden siempre significa poner las cosas bajo su control” (Diderot)

Desde hace un tiempo llevo recibiendo en consulta un buen número de casos de Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) infantil. Aunque no es raro que el TOC se presente en niños de corta edad (los síntomas del TOC pueden aparecer a los 8 años de edad o incluso antes), lo que sí es llamativo es que sean ya varios los pacientes que me han llegado con el diagnóstico previo del, cómo no, omnipresente TDAH.

De hecho, alguno de los diagnósticos del TDAH ha sido descrito con un realismo tal que horrorizaría al más lego. Ciertas asociaciones que pasan un test en veinte minutos, sin hablar siquiera con el menor, y realizan un informe diagnóstico de copy-paste (más bien creepypasta)  o médicos que ante la exposición de síntomas tan científicos como: este zopenco no para quieto y en el colegio siempre está de bronca, ya están prescribiendo el concerta, aunque ahora también se está poniendo de moda, como no podía ser de otra manera por su nombre, el moda-finilo. Ironías de la vida, el modafinilo es un fármaco contra la narcolepsia hoy consumido de forma extendida por los estudiantes, que debieron de pensar que si despertaba al personal en cualquier lugar, por qué no les iba a despertar a ellos cuando se durmieran en clase o tuvieran que estudiar para los exámenes (efectos potenciadores cognitivos aparte, claro).

Pero dejando al margen el TDAH, el TOC, sobre todo en la infancia, es un trastorno que suele aterrorizar bastante a los padres, además de a los niños que lo sufren, por los casos más extremos conocidos. Así que para tratar de aclarar un poco el tema, y tranquilizar a los padres que puedan ver cosas extrañas en sus hijos, lo primero que diremos es que existen muchos niveles de gravedad dentro del TOC. Es cierto que el TOC puede llegar a ser incapacitante, pero también es cierto que estos casos más graves solo se dan en una minoría de personas, y que en la mayoría, el sujeto puede hacer una vida normal aunque padezca TOC.

Lo primero que hay que describir es el TOC como trastorno para analizar sus componentes. El TOC está catalogado en el DSM IV-TR como un trastorno de ansiedad. De hecho, el efecto que tienen las obsesiones es el incremento de la ansiedad por la anticipación de una consecuencia desagradable, lo que obliga a realizar una conducta subsecuente para impedir que dichas consecuencias ocurran. Seguramente se aprecie mejor con un ejemplo que todos habremos visto ya. Si una persona se ve incapaz de tocar el pomo de una puerta porque piensa que se va a contaminar y enfermar producto de sus gérmenes, tiene dos opciones. La primera no tocar la puerta (conducta de evitación), la segunda, cuando se vea obligada a tocarla, lavarse inmediatamente las manos (compulsión). De este modo las consecuencias de la idea obsesiva desaparecen (ya no me pondré enfermo porque me he quitado los gérmenes lavándome las manos). El problema, claro, es cuando uno tiene que lavarse las manos 20 veces al día.

¿Qué son pues las obsesiones? El DSM IV las define como pensamientos, impulsos o imágenes recurrentes y persistentes que se experimentan en algún momento como intrusos e inapropiados y causan ansiedad o malestar significativos. Esto implica que los pensamientos, impulsos o imágenes no se reducen a simples preocupaciones excesivas sobre problemas de la vida real. Además, aunque la persona reconoce que estos son el producto de su mente, intenta ignorarlos o suprimirlos mediante otros pensamientos o actos. Tras analizar esto, es bastante evidente que todos tenemos obsesiones en un momento u otro.

Vamos, confiese, usted también ha  pensado tras dejar el brazo colgando por el lateral de la cama, que el monstruo que todos sabemos que vive allí va a tirar de él para arrastrarlo a lo más oscuro del infierno. A no ser claro, que esconda el brazo de su vista poniéndolo encima de la cama, en cuyo caso el monstruo en cuestión queda tan desconcertado o acojonado, que no se atreve a salir de su cubil, lo que le reporta una gran tranquilidad.

Las compulsiones, por su parte, son conductas o actos mentales que el individuo se ve obligado a realizar en respuesta a una obsesión o con arreglo a ciertas normas que debe seguir estrictamente con el fin de reducir el malestar o prevenir algún acontecimiento o situación negativos, aunque estos comportamientos u operaciones mentales no estén conectados de forma realista con aquello que pretenden neutralizar.

En el caso de lavarse las manos con el fin de prevenir la catástrofe de la enfermedad puede haber cierta “lógica”, pero en el hecho de que David Beckham tenga que comprar cuarenta pares de calzoncillos iguales cada dos semanas para evitar sabe dios qué, parece que la “lógica” se nos va de las manos.

Antes de pasar a la segunda parte, veamos cómo el TOC también puede ser el responsable de un poema que expresa como pocos la relación entre el amor y el sufrimiento.

 

Salud y libertad…

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Cataluña: el síndrome del niño emperador

“Podrían engendrarse hijos educados si lo estuvieran los padres” (Goethe)

Niño emperadorEn el ámbito educativo se conoce como síndrome del niño emperador a la condición del menor caracterizada por un comportamiento disruptivo cuyos síntomas son la agresión física y psicológica hacia los progenitores o las figuras de autoridad, una conducta desafiante con dificultades para canalizar la expresión de la ira y una persistencia en la violación de las normas y límites familiares que se acompañan de un alto nivel de egocentrismo, baja tolerancia a la frustración, escasa empatía y falta de autoestima.

Este fenómeno, también conocido en el ámbito clínico como trastorno negativista-desafiante u oposicionista (aunque habría ciertos matices diferenciales), comenzó a estudiarse en profundidad dada la alarmante proliferación de casos que se produjo en China como consecuencia de la política del hijo único, momento en que  comenzó a sospecharse que los patrones educativos familiares influían de manera notable en el aumento de casos, más teniendo en cuenta que afectaba especialmente a chavales de cierto nivel socioeconómico.

Dos de las variables que parecían tener especial relevancia en la aparición del trastorno eran la total ausencia de autoridad y exceso de permisividad de los padres, unidos a una sobreprotección importante, lo que generaba en el niño un egocentrismo y egoísmo ilimitado: el niño se sentía dios y se consideraba el centro del mundo, de forma que entendía que todo y todos estaban ahí para él, para satisfacer sus demandas y caprichos porque era especial. En definitiva, un niño mimado que se consideraba mejor que cualquier otro y digno de alabanza, exigiendo en todo momento atención y la satisfacción de sus deseos porque siempre se le había tratado como si fuera único y así lo mereciera.

A veces la extrapolación que puede hacerse entre las características individuales y los procesos sociales es ciertamente certera, como ocurrió con el documental “La Corporación”, que describía cómo si se aplicaban características humanas a las multinacionales, un amplio porcentaje de estas acabarían teniendo el diagnóstico de psicopatía.

Lo descrito con el caso del síndrome del niño emperador es perfectamente aplicable al caso de Cataluña, dejando al margen los procesos de ingeniería social que ya hemos analizado. Cataluña no deja de ser hoy un niño malcriado y consentido al que durante mucho tiempo se le ha hecho creer que es especial y al que no se le han dado los dos azotes necesarios cuando la situación lo requería. De hecho, cuando se ha planteado la necesidad de encauzar a ese pequeño déspota que siempre ha recibido todos los caprichos (el emperador) han aparecido las habituales voces acusadoras de algunos vecinos que al grito de “fascistas” exigían que no se regañara al niño y que se le diera un pedazo más de tarta. Y es que siempre hay quien busca el aplauso social desde su impostada superioridad moral cuando no tiene que sufrir en su vida diaria las consecuencias de lo sermoneado.

En realidad, hasta aquí, nada hay nuevo bajo el sol, ni siquiera el hecho de que, como en tantas ocasiones, haya tenido que ser otro padre el que venga a darnos una lección de educación y coherencia con su ejemplo, para ponernos en el espejo de nuestras malas prácticas. El Tribunal Constitucional alemán prohíbe a Baviera realizar un referendum de independencia por ir contra la Constitución, ya que la soberanía recae en el pueblo alemán.

Salud y libertad…

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A vueltas con el acoso escolar

Año y medio después de publicar en su diario la carta al director titulada “Otro caso de acoso escolar” (09/03/2015) a cuenta de un caso en un centro educativo de la ciudad, y tras atender en consulta a otro buen número de chavales víctimas de acoso escolar, presente o pasado (las consecuencias psicológicas del ciclo de acoso pueden prolongarse mucho tiempo después de que éste haya desaparecido), la situación no puede ser más desesperanzadora.

El caso de la niña de Baleares y del alumno de Olula del Río han vuelto a traer a la actualidad el problema, añadiendo al tema una cierta carga de indignación social más que justificada, que, no obstante, volverá a olvidarse dentro de unos días. A pesar de todo, estos casos son interesantes por ser verdaderamente prototípicos de lo que supone un caso de “bullying”.

En primer lugar, muestran la culpabilización de la víctima y la falta de consecuencias negativas que estos hechos tienen para los acosadores. Sobre esto poco se puede decir, salvo que una sociedad que sitúa por encima del bienestar de las personas las excusas jurídicas y las argumentaciones sobre los procesos normativos es una sociedad enferma. Tampoco hace falta ser psicólogo para comprender que si uno ejecuta una conducta negativa sin consecuencia alguna, o incluso con cierto refuerzo positivo (como lo es la sensación de poder), la conducta tenderá a repetirse. No olvidemos que en un grave caso como el de Baleares la irrisoria expulsión de 3 a 5 días sólo se produjo días después del hecho y muy probablemente debido al eco mediático del acontecimiento. Eso por no mencionar la forma de acoso secundario más adulto que suele darse entre las familias de acosadores y acosados cuando los primeros se ven expuestos y que también puede comprobarse en el caso de las islas.

En segundo lugar, exponen la falta de respuesta del centro. Este contexto resulta de especial relevancia, pues es el que determina que la situación de acoso pueda cesar de forma inmediata o se perpetúe y agrave en el tiempo. Así, puedo describir cómo un centro de nuestra ciudad detuvo un caso de acoso en menos de tres días por la valiente y contundente intervención de una docente, y cómo otros dos (cuyo nombre obvio por confidencialidad y no, desde luego, por no tener ganas de gritarlo públicamente) lo empeoraron al intentar priorizar y proteger la imagen de la institución frente a su responsabilidad en proteger a los alumnos acosados, problema que se suele dar en aquellos centros que se ven a sí mismos como empresas en búsqueda de clientes y no como lo que son, o deberían ser, instituciones educativas. No es, por tanto, una cuestión de recursos y formación, sino de voluntad, que, eso sí, suele llevar aparejada como daño colateral para el docente que actúa una cierta complicación de su vida. En el caso de Baleares, según la información publicada, se dio una absoluta pasividad docente, donde no había vigilancia alguna en el lugar de la agresión (ignorando su obligación de velar por la seguridad de los alumnos) y donde los profesionales del centro no tuvieron ni siquiera la decencia de trasladar a la menor al recinto hospitalario, siendo la propia madre de la agredida quien hubo de hacerlo.

Y, finalmente, evidencian la actuación siempre autoexculpatoria de las administraciones públicas, que, independientemente de su ámbito competencial, rápidamente minimizan los hechos y se apresuran a señalar la inexistencia del caso de acoso calificándolo como conflicto o agresión puntual (el equivalente a echar la culpa al muerto en los casos de accidente, no sea que la Administración tenga que asumir gastos). Seguramente, si en el caso mallorquín el agredido hubiera sido el hijo del inefable fiscal, no hubiera tenido la frívola osadía de calificar como leve la agresión o las lesiones. También hay que reconocer, no obstante, que la Administración ha tomado rápidamente medidas contundentes, como revisar el plan de convivencia, los reglamentos de régimen interno y, seguramente, todos los manuales de convivencia cívica publicados en nuestro país, con la enorme eficacia que, como todos imaginamos, estos cambios tendrán en la lucha contra el acoso. Al menos esta vez, y aunque sea por la alarma social generada, el Ministerio ha implantado un número de teléfono contra el “bullying”, el 900018018, que comenzará a operar a partir del 1 de noviembre y que esperemos tenga una eficacia real, no siendo un mero movimiento efectista para cubrir el expediente mientras dure la tormenta.

En resumen, que todo apunta a que seguiremos viviendo casos de acoso a diario, también en Asturias, que solamente pasarán a los medios de comunicación cuando las consecuencias de los mismos sean difíciles de ocultar por su gravedad extrema. Mi experiencia me dice que los afectados tendrán que seguir guerreando contra el acoso y contra el sistema, y por eso ante cualquier situación de este tipo mi consejo siempre es el mismo: denuncia inmediata ante los organismos pertinentes y ante los medios de comunicación. Desgraciadamente, sólo cuando los daños los sufre uno mismo (aunque sea por cuestión de imagen), es cuando algunos se deciden a actuar.

Salud y libertad…

Carta al director publicada en el diario “La Nueva España” el día 24/10/2016

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Liderazgo y guerracivilismo en Podemos

“La masa busca al líder, no porque lo estime sino por interés; y el líder acepta a la masa por vanidad o por necesidad” (Napoleón I)

iglerreHoy tocaba nueva información sobre la Guerra Civil en Podemos: “Partidarios de Pablo Iglesias cargan contra íñigo Errejón por ser dócil con el PSOE“. Es gracioso, la pseudoizquierda o paleoizquierda española (como la llaman otros con gran acierto) llevan 40 años viviendo de un guerracivilismo trasnochado que muchos criticamos, y ahora resulta que sí, que el guerracivilismo es real, aunque sea entre ellos. Dios, qué envidia de esa izquierda francesa sin complejos y con responsabilidad de país (acierte o no).

En todo caso, esta entrada no pretende ser un ensayo sobre el guerracivilismo interesado en España, ni sobre la rancia, acomplejada, victimista, irresponsable y descerebrada izquierda que padecemos en este país (única en el mundo para nuestra desgracia), solo pretende plantear una reflexión sobre un par de apuntes relativos al liderazgo a cuento de la historieta podemita.

El primero referente a la figura que encarna el liderazgo. Según ciertas teorías del liderazgo, el líder sería aquel que mejor encarna el prototipo del grupo. Iglesias es el líder en este sentido pero tiene una papeleta difícil de cubrir. Su grupo ha aumentado tanto y en tan poco tiempo, que apenas tiene cohesión e identidad propia, siendo una amalgama de creencias dispares con unos difusos objetivos comunes. Esa es la razón por la cual le están empezando a salir rivales, lo que si se suma a los intereses particulares de un partido político, pronostica un conflicto asegurado. Ni que decir tiene que este conflicto se ha agudizado al venir mal dadas en un contexto de previsione de éxito, como ocurrió con la famosa pérdida del millón de votos en las últimas elecciones.

El segundo referente a la estrategia. Errejón, que es infinitamente más listo y apegado a la realidad que el coletas, sabe que para que su partido tenga opciones de victoria (y con victoria queremos decir poder llegar a equipararse al PSOE, pero nunca llegar más allá) y un peso específico, tiene que hacerse mucho más integrador. Los líderes eficaces integran a otras corrientes y personas externas sumándolos a su proyecto porque saben que en este tipo de grupos el total es mucho más que la suma de las partes. Y saben que no integrar supone dividir, crearse más rivales, enemigos… lo que en política genera muchas dificultades e impide el éxito.

El problema es que integrar supone atraer más conciencias y más diversidad, lo que a su vez haría peligrar el liderazgo de Iglesias, que es el prototipo del grupo original, es decir, de su vertiente más radical, fanatizada y ortodoxa. La integración, precisamente, cambiaría el prototipo del grupo hacia uno mucho más sincrético, lo que desplazaría a Iglesias a la irrelevancia y auparía al liderazgo a Errejón.

Por tanto, no es solo una cuestión de estrategia o de identidad. La una y la otra son las que determinan el liderazgo del grupo y de ahí el guerracivilismo que estamos viendo. Ambos lo saben y por tanto es iluso pensar que este conflicto es solo una discrepancia política.

Errejón como integrador alcanzará su potencial si los resultados mejoran (lo que atraerá nueva gente) y Podemos se abre. Iglesias, con su pose dogmática, se mantendrá si los resultados se mantienen (o se reducen y consigue culpar al otro de ello por su estrategia light) y Podemos se encierra en su núcleo duro. A fin de cuentas, Iglesias habla a los ya convencidos, pero Errejón busca nuevos caladeros. Veremos quién gana esta partida de Juego de Tronos.

Salud y libertad…

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