Archivo mensual: febrero 2017

Reconfigurando la figura del pedagogo

“Antes de casarme tenía seis teorías sobre el modo de educar a los niños. Ahora tengo seis hijos y ningún teoría” (John Wilmot)

Corría el año 2013 cuando publiqué en el blog la entrada “Reivindicando la pedagogía”, un alegato en favor de la figura de este profesional tan denostado y en el que comentaba ya algunos problemas en la formación de esta figura.

Desgraciadamente (o no), como decía el profesor Antonio Escohotado solo algunos cretinos llevan a gala eso de no cambiar su criterio a lo largo del tiempo fingiendo coherencia, lo que denota o bien su escasa ampliación de conocimientos en base a la lectura o bien su incapacidad de aprendizaje en base a la experiencia.

Cuatro años después, mi percepción, ahora como docente a tiempo más que parcial del Grado en Pedagogía, no puede ser más descorazonadora. Primero porque creo que se está literalmente engañando a los alumnos que con buena intención se acercan al mundo de la educación y segundo porque la rigidez de esquemas de algunos junto con los intereses económicos de otros, los están abocando a un futuro sin salida.

Es por esta razón, y porque desde mi perspectiva la figura del pedagogo sí tiene sentido (si las cosas se hacen bien), por la que creo que es absolutamente imprescindible redefinir la figura y formación del pedagogo. En caso contrario, quizás sea más honesto plantearse su desaparición, más que nada para no jugar con el futuro de terceros.

En primer lugar, hay que redefinir cuál es el papel del pedagogo. En la entrada mencionada hablábamos de los campos profesionales a los que estaba destinada esta figura. Sin embargo, tras conocer un poco más el mundo laboral (no solo desde la perspectiva del palacete de mármol universitario y de los libros blancos que todo lo soportan, sino desde el mundo real de la búsqueda de empleo), lo cierto es que la figura del pedagogo tiene un margen de actuación muy limitado. Y este margen se reduce (salvo algunas excepciones, que las hay), al campo de la orientación escolar o educativa en los centros escolares, al de la intervención educativa (en el sector público o privado) o al de la formación en empresas (lo que incluye la gestión de la formación).

El Libro Blanco o el perfil competencial podrá decir que tiene un amplio porvenir en el campo de los museos, de la intervención social o bla, bla, bla, pero lo cierto es que eso es falso y que el papel que tiene en otros campos al margen de los señalados es residual o totalmente secundario. En la práctica diaria, dentro del ámbito de la intervención social siempre se contratará antes que a un pedagogo, a un educador social o a un psicólogo si se trata de intervenir, con el añadido de que el segundo puede hacer todo el trabajo del pedagogo y además diagnosticar; en el ámbito de las TIC, a un informático o a un experto en el contenido al que ya se le darán las oportunas directrices didácticas suponiendo que se consideren necesarias; en el ámbito de los museos, al cuñado tonto del político de turno que no vale para otra cosa, que para eso suelen estar subvencionados…

Museo de cera de Madrid. El que hace las figuras tiene que estar muy orgulloso de su trabajo

Museo de cera de Madrid (izquierda). El que hace las figuras también debía ser cuñado de alguno…

Parte de la culpa de este reduccionismo en las funciones profesionales la tiene sin duda alguna la propia formación universitaria y su plan de estudios, donde ya desde su configuración hay un problema estructural que afecta a otro tipo de ramas de conocimiento: que casi todos los profesionales que imparten la docencia pertenecen en exclusiva y desde siempre al sector universitario, y no han ejercido como pedagogos fuera de este jamás. Ello, con el agravante de que lo fundamental y lo que se valora en la institución universitaria no es la docencia sino la investigación, lo que deriva en la paradoja de que en una institución destianda a la formación de profesionales, enseña a los alumnos a investigar (una cosa que solo harán los que tomen el relevo en la institución académica) y no a ejercer la profesión (con la consiguiente merma de competencia profesional en los futuros graduados).

La desastrosa consecuencia de esto es una carencia de conocimientos elementales básicos en el mundo laboral, como por ejemplo, que un pedagogo obtenga el título de graduado sin tener ni idea de lo que es el subsistema de formación profesional para el empleo (con la formación de oferta y de demanda), y que debido a ello el que se dedique a la gestión de la formación en una empresa sea un titulado en otra carrera (en la empresa donde yo trabajé seis años, de hecho, la llevaba un biólogo con gran eficacia). Pero claro, ¿cómo va a enseñar a utilizar la aplicación de gestión de formación un docente que no sabe ni que existe? Es complicado.

Otro ejemplo lo constituye el hecho de que, debido a que los docentes son celosos de su parcelita, se empeñen en fortalecer el reduccionismo de aquellos temas sobre los que investigan, negándose a ampliar campos de actuación que son necesarios a nivel social. Por ejemplo, hay una tendencia a centrar la figura del pedagogo en la atención a problemas de lectura, escritura, matemáticas… obviando temas más psicológicos como el TOC, ansiedad… porque son campo de los psicólogos.  El problema es que yo personalmente no he encontrado un sujeto con discalculia en mi vida profesional (suponiendo que tal cosa exista, cosa sobre la que tengo ciertas dudas), pero sí me encuentro a niños y adolescentes con ansiedad, problemas de desestructuración familiar, TOC… día sí y día también. Y no es cierto que sea un problema exclusivamente psicológico por dos razones.

Primero, porque la orientación en los colegios e institutos la pueden desempeñar tanto psicólogos como pedagogos, por lo que el hecho de no formar a un pedagogo en estas historias supone una pérdida de oportunidades clamorosa para identificar problemáticas tempranas en los alumnos. Un orientador tiene que ser capaz de identificar cuándo hay un problema y si no puede evaluarlo o tratarlo, ha de derivarlo al menos para su diagnóstico e intervención. A los padres les importa un comino que el orientador del colegio o instituto de su hijo sea pedagogo, psicólogo o legionario. Lo que quieren es que si su hijo tiene un problema, se lo digan y les ayuden a identificarlo y ponerle remedio.

Y segundo, porque la labor del orientador es tratar los aspectos puramente educativos, por lo que si un niño tiene TOC, lógicamente ha de ir a un psicólogo a que le ayude a gestionar el tema desde el punto de vista psicológico y personal, pero también ello tiene unas implicaciones en el ámbito educativo, y es el orientador el que tiene que estar preparado para dar pautas o intervenir a este nivel mejorando la adaptación del sujeto a su vida académica.

Como estos podrían ponerse muchos más ejemplos, pero no nos vamos a extender más. Lo que sí parece obvio es que la formación del pedagogo debe reconfigurarse ajustándola más al ejercicio profesional de lo que uno se puede encontrar en la sociedad en la que vivimos y alejarla un poquito más de los intereses económicos, políticos y científicos de las instituciones. Está bien que un pedagogo estudie Historia de la Educación, Antropología, Sociología y demás teoricismos, pero es insultante que no esté capacitado para identificar los problemas de sus alumnos o gestionar la formación de una empresa.

Para despedirme, os dejo con una historia muy pedagógica…

Salud y libertad

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La verdad sobre los fármacos para la erección

“El sexo sólo es sucio si se hace bien” (Woody Allen)

morbDespués de grandes éxitos como “La Verdad sobre el Tampodka” y “La Verdad sobre el Metilfenidato” hoy nos aventuraremos a escribir sobre la experiencia con los fármacos para la erección. Porque en el fondo sois unos morbosos, os gusta… ¡y lo sabéis! Eso sí, no esperéis morbos más allá de lo estrictamente necesario porque aquí no se trata de hablar de sexo (ya llegará la entrada sobre la verdad del cibersexo donde hablaremos de todas las cochinadas habidas y por haber), sino de los efectos de los fármacos de turno.

Y sí, vale, ya sabemos que los fármacos para la erección, como el resto, son para pacientes que tienen problemas de erección y que no están recomendados en otras personas, pero también los fármacos para el supuesto TDAH son para los pacientes con TDAH y hoy tenemos a medio estudiantado y a medio mundo laboral consumiéndolos para incrementar su rendimiento, aprovechando sus efectos y disfrutando de sus contraindicaciones como bien nos narra este artículo del diario El Mundo.

Eso sí, en esta ocasión no hay toma de datos fisiológicos por dos razones: la primera, porque por la propia condición de la situación no sería posible separar los efectos del fármaco de los efectos fisiológicos del acto en sí. Si vas a echar un polvo se te va incrementar la frecuencia cardiaca, la tensión… con lo cual nunca se sabría si es por el efecto de la pastilla o por efecto del calentón (podría hacerse si tomo el fármaco sin consumar, pero la verdad, ya puestos, prefiero aprovecharlo). La segunda porque, como entenderéis, no voy a decir en medio del asunto: disculpa un segundo, tengo que tomarme la tensión para un experimento a los 5, a los 15 y a los 30 minutos, luego sigo. Enfriaría un poco la situación y podría quedarme el experimento sin finalizar con algún exabrupto justificado. Por tanto, esto supone que por un lado tendré que abreviar, cosa que no viene mal teniendo en cuenta lo rollista que tiendo a ser, y que el efecto narrado se reducirá a una exposición muy subjetiva de los síntomas que yo percibí en su consumo.

También tengo que decir que a mí en eso del sexo me pasa como en el Mcdonalds. La hamburguesa (el mete-saca) está bien, pero me gustan más los complementos. Vamos, que sí, que me como el Big Mac porque va con el menú básico, pero prefiero picotear unos nuggets por aquí, unos aritos por allá,  unas alitas, unos mcbites de pollo…

El primero de los fármacos, y quizás el menos conocido es Levitra, cuyo principio activo es el vardenafilo, un inhibidor de la fosfodiesterasa 5, que se vende generalmente en comprimidos de 5 mg, 10 mg y 20 mg (aunque he visto el vardenafilo genérico en presentaciones de 40 mg y 60 mg). La ventaja que tiene sobre el Viagra, que veremos a continuación, es que no hay que restringir la ingesta de alcohol ni evitar la dieta rica en grasas y aumenta teóricamente hasta 12 horas la capacidad de erección. En este punto cabe decir que si el problema es psicológico estos fármacos no tendrán efecto alguno pues actúan sobre el componente biológico, por tanto la reacción se produce cuando existe un deseo sexual activado. Si el deseo desaparece o la consumación llega, fin de la historia. Que nadie piense que va a estar 12 horas con el menhir a la espalda como Obelix (y si alguien lo está, debería marchar pitando hacia el servicio de urgencias).

Personal y subjetivamente, este medicamento en su versión de 10 mg no me ha aportado nada. La intensidad de la erección es igual que sin él, el tiempo de reacción el mismo, sí que quizás hay una cierta sensación de incremento de la insensibilidad (lo cual está muy bien para postergar el acto pero pierde gracia) y lo que sí me ha supuesto es un terrible dolor de cabeza posterior, supongo que debido al efecto vasodilatador que tienen todos estos medicamentos y razón por la cual no son recomendables en caso de problemas de corazón (músculo, no dedo).

El segundo fármaco, lo reconozco, ha sido una gran decepción. Todos hemos oído hablar del Viagra y de sus efectos milagrosos, esa pastillita azul pitufo que hace las delicias del respetable cuyo principio activo es citrato de sildenafilo. Es primo hermano del anterior y actúa exactamente igual, inhibiendo la fosfodiesterasa 5, facilitando el flujo de sangre en el pene.  Esta se presenta en dosis de 25 mg, 50 mg y 100 mg. Quizás el hecho de haber escuchado esta divertida experiencia en el programa de Carlos Herrera me hiciera tener de antemano unas expectativas muy altas, y ya se sabe que cuando las expectativas son altas, el nivel de exigencia se incrementa y el resultado suele ser decepcionante.

El Viagra tiene que tomarse aproximadamente media hora antes de tener relaciones y su efecto dura hasta 4 horas después, ya vemos que menos que el Levitra (12 horas), siendo conveniente no tomar una comida copiosa o rica en grasas ni alcohol, pues puede reducir su efecto o incrementar el tiempo que tarda en actuar. Sinceramente, la versión de 25 mg, ni fu ni fa, un ligero aumento de la capacidad de erección con un dolor de cabeza y sensación de mareo poco después que la verdad no compensan. Supongo que sería posible tomar una dosis mayor pero solo pensar que ese horrible dolor de cabeza se incremente también, me quita todo el vacilón.

Y por último el Cialis, medicamento que yo conocí hace poco, pero que cierto amigo farmacéutico ya me había dicho que era lo que él recomendaba. Su principio genérico es el tadalafilo, también inhibidor la fosfodiesterasa 5, y se vende en presentaciones de 5 mg, 10 mg y 20 mg. Las ventajas que tiene son que su duración es mucho mayor, pudiendo durar hasta 36 o 48 horas (de ahí que se la llame la píldora del fin de semana), que tarda mucho menos en hacer efecto que las anteriores y que, al parecer es más limpia para el organismo, generando menos efectos secundarios.

Si las anteriores fueron una decepción, los 20 mg de esta son…

 

…una jodida maravilla!!! Es el mejor fármaco, droga o químico inventado por el ser humano, que dios bendiga a los laboratorios Lilly. El efecto se percibe en un limitado periodo de tiempo tras la ingesta. La intensidad de la erección es claramente perceptible (es como volver a tener 20 años cuando uno está todo el día en posición “tienda de campaña”), la duración de la erección es semejante y lo mejor de todo, reduce de forma considerable el periodo refractario, es decir, el periodo de tiempo que tiene que pasar desde que uno eyacula hasta que puede volver a estimularse para volver a empezar. Doy fe de que durante el periodo finsemanal en que está activo ese delicioso compuesto, uno está tan cachondo que no tiene nada que envidiar a los babuinos de los documentales de La 2 respecto a su necesidad de consumación sexual.

A ello hay que añadir que los efectos son mucho más limpios, en mi caso solo tuve un extraño síntoma, un dolor en la parte posterior de la cuenca de los ojos (de los de la cara, abstengámonos de chistes fáciles) que curiosamente el prospecto ya señala, que pasa durante la mañana posterior a las 48 horas en que está activo, y que, francamente, después de lo experimentado es poco precio a una experiencia como para tener visiones celestiales.

El gran hándicap de estos fármacos, de los tres, está en su precio. Aunque este depende en gran medida de la dosis del compuesto y de la cantidad, háganse a la idea de que una caja de cuatro Cialis 20 mg ronda los 65 euros, y una de cuatro Viagra 100 mg o  de cuatro Levitra 20 mg, unos 60€. Desde luego, no es para todos los bolsillos, lo que ha supuesto que haya un gran comercio de estos comprimidos a través de farmacias on-line que, en ocasiones, sí reducen mucho el precio, pero en otras dan pie a estafas o a comprimidos que vaya usted a saber qué tipo de sustancias incorporan.

El resto de la experiencia se la pueden imaginar, un nugget con mostaza picante por aquí, una alita con barbacoa por allá, un arito, un ice tea, cambiamos el envase, más ice tea, lanzamos el envase, mcbite, mcbite, alita, arito, alita, big mac, big mac, big mac y para acabar mcflurry, siempre mcflurry.

Un poco de todo

Un poco de todo

Hasta la próxima verdad, que ya hay candidatos.

Salud y libertad…

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Breve debate sobre el bilingüismo

“La lengua no es la envoltura del pensamiento sino el pensamiento mismo” (Miguel de Unamuno)

Hace unos días el mundo twittero, que guste más o menos marca la agenda informativa debido en gran medida a la torpeza de los medios informativos, despertó con un trino alarmante del grupo de educación de lo que antes era Izquierda Unida, en aquellos lejanos tiempos previos a  que Alberto “dipucuqui” Garzón lo utilizara como moneda de cambio para ganarse el puesto de mayordomo de Pablo Iglesias.

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La estupidez, efectivamente, es de tal calibre que rápidamente recibió la respuesta de los participantes en la red social, alguno incluso solicitando que borraran el famoso tweet para  no tener que soportar la vergüenza de que se le señalase como votante del partido que publicaba tamaña barbaridad.

Si peregrina era la afirmación, más peregrina era la justificación ideológica de por qué no había que aprender inglés. Básicamente porque esto se justificaba en la necesidad de generar camareros propios y ajenos para los países anglosajones.

Ante la respuesta burlona generada por la red, el área de educación de IU eliminó el tweet que vemos y lo sustituyó por este otro, que pasó a constituir la base de su argumentario.

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Este tweet es un ejemplo interesante, porque evidencia como pocos una de las estrategias de manipulación  y persuasión que suele utilizar la izquierda radical y que maneja a la perfección, consistente en entremezclar afirmaciones con cierto nivel de veracidad con la barrabasada que se persigue inculcar socialmente. El principio que subyace, bastante eficaz, es que los favorables a esa corriente focalizarán su atención en el argumento veraz y minimizarán el otro, que no obstante aceptarán por asociación con el primero.

Por tanto, con el fin de desestructurar esta burda técnica de manipulación para mentes frágiles, analizaremos por separado y sin unir las dos partes de la historia.

La primera es sobre el bilingüismo en sí. Y es cierto, hay un serio  problema con su implementación. Más cercano a una moda que a una estrategia educativa estudiada y contrastada, el bilingüismo se ha impuesto como casi una obligación en los centros educativos bajo el supuesto de que es efectivo para el aprendizaje del inglés. El problema es que no ha habido muchos estudios que garanticen su eficacia, y mucho menos que garanticen el conocimiento de las otras materias.

Así que a falta de estudios rigurosos lo que a uno le queda es la experiencia. Y la experiencia que personalmente veo en hijos propios y ajenos es que los chavales acaban sabiendo mucho vocabulario de inglés, más o menos la misma gramática inglesa o dominio de la lengua inglesa que sin él y menos conocimiento de la materia bilingüe, por ejemplo Science (lo que viene siendo Ciencias Sociales de toda la vida si eliminamos el nuevo lenguaje barroco y pedante para fingir que las cosas han avanzado una barbaridad).

Porque aquí es donde se cuelan dos trampas del bilingüismo tal y como está concebido. La primera, la que nos hace pensar que los docentes quizás no están preparados para impartir una educación bilingüe. Y la segunda, la que para solventar la falta de conocimiento de expresión y comprensión en inglés de los alumnos, propicia que los exámenes sean meros ejercicios de traducción de vocabulario, lo que nos lleva a  que efectivamente el rendimiento del alumno parezca adecuado con la satisfacción de los padres que ven que su hijo obtiene buen rendimiento en una asignatura en lengua inglesa, aunque no se esté midiendo con fiabilidad ni su conocimiento de la asignatura ni su dominio de la lengua inglesa.

Por tanto, les concedo a los sujetos de IU cierto punto razonable en esa parte de la premisa. Es cierto que el bilingüismo tal y como está desarrollándose tiene problemas y es mejorable.

Ahora bien, sugerir que el aprendizaje de la lengua inglesa es producto de una conspiración para fabricar camareros para la city es además de un delirio paranoide una chorrada de campeonato. El inglés mejorará, ¿qué?, preguntan las gacelas de IU. Pues mejorará la capacidad de comunicación con medio mundo, mejorará el conocimiento de otras culturas y dará accesibilidad a la lengua más utilizada en el campo científico, por poner algunos ejemplos facilones que son los que me vienen a la mente en los primeros 3 segundos.

Porque, francamente, cuando uno dice que para qué sirve la lengua inglesa, lo primero que se le viene a la cabeza es la escena de los Monty Python cuando el escuadrón suicida del Frente Judaico Popular se preguntaba que habían hecho los romanos por ellos. Si este es el grupo de educación de IU, no quiero imaginar los demás, aunque claro, quizás esto explique muchas cosas.

 

Salud y libertad

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Todo el mundo es nazi

“La violencia es el último recurso del incompetente” (Isaac Asimov)

Allá por el año 1982 nuestro excelentísimo cine patrio, el de las subvenciones, que ya por aquel entonces se dedicaba a hacer grandes obras de arte como las actuales, sacaba a la palestra la película: To er mundo e güeno, dirigida por Manuel Summers, más conocido hoy por ser el padre de David Summers, el de Hombres G.

La película era un invento que mostraba un cúmulo de situaciones absurdas grabadas con cámara oculta ante las cuales los sufridos e involuntarios actores generalmente respondían con una paciencia infinita. Esto debe hacernos pensar en dos cosas: la primera, que los memos y descerebrados de los youtubers de hoy en día no han inventado nada nuevo y la segunda, que por entonces se tenía bastante más educación que ahora, porque incluso aunque te vacilase un faltoso por la calle, el hecho de calzarle una hostia no era algo que se tomase a la ligera y tenía que estar bien justificado.

En otro orden de cosas, el miércoles 1 de febrero nos levantábamos con la noticia de que un jugador del Betis que había fichado por el Rayo Vallecano, un tal Zozulya, estaba teniendo serios problemas porque lo habían catalogado como nazi, lo que había derivado en que, gracias a la presión de un grupo de fútbol ultra, lo devolvieran certificado y con acuse de recibo a su antiguo domicilio.

Por si esto fuera poco, ese mismo día la también defensora de los trabajadores y prolífica escritora Ana Rosa Quintana, currante e izquierdista de pro como es fácilmente apreciable, se destapaba a micro abierto (por error) justificando que 15 tíos lincharan y apalizaran públicamente a una chavala de 19 años porque, oh casualidad, también era nazi.

El problema con este tipo de manifestaciones y justificaciones es de una enorme gravedad y nos debe llevar a reflexionar sobre dos aspectos. Por un lado, sobre si la violencia, la censura o el acoso están justificados en base a una supuesta adscripción ideológica, por muy reprochable que sea. Por otro, si no estaremos utilizando paradójicamente un pretexto ideológico totalitario para imponer nuestro criterio totalitariamente.

Respecto al primer problema es ciertamente peligroso justificar la actuación de pelotones de jueces, jurados y ejecutores adolescentes que se toman la justicia por su mano, especialmente si tales pelotones están conformados por niñatos activistas de sofá sin cultura, formación ni cerebro, que actúan al dictado de personas bastante más maquiavélicas y con bastantes más intereses que ellos. En el caso de Zozulya su supuesta adscripción nazi viene de la acusación de un periodista que no llevaba muy bien la vena promilitarista y nacionalista del ucraniano.

Ahora bien, de la denuncia de un periodista a la existencia de pruebas que demuestren que este personaje es realmente nazi media un mundo, más si tenemos en cuenta que el mismo jugador lo negó y explicó, siendo difícil de creer que el conocimiento de la realidad ucraniana de unos tarambainas que conforman un grupo ultra o de los memos de twitter que repiten eslóganes como cacatúas sin ser capaces de leer dos artículos seguidos, sea razón suficiente para ejercer acusación y sentencia conjuntas.

En cuanto a la inefable Ana Rosa Quintana, poco cabe decir, salvo que esperemos sea igual de empática  y de coherente si, debido a los amores que genera, recibe parte de la medicina que prescribe a los demás. Porque no debería de tener que explicarse que si uno realmente es nazi y se salta la ley, quien debe de juzgarle es el sistema judicial, que aunque deje mucho que desear, es la herramienta que tenemos para determinar con pruebas, y salvaguardando ciertas garantías, si se ha cometido un delito y la pena correspondiente.

Veamos de forma cruda lo que defiende Ana Rosa, ossssea, Quintana

Pero infinitamente más preocupante es el segundo punto, por cuanto parece haberse instalado una cierta tendencia consistente en redefinir el término de fascista (hoy ya nazi) considerando como tal a todo aquel que no piense como uno mismo.

Aquí puede ser interesante mencionar la hipótesis de Sapir-Whorf, que básicamente señala en su versión fuerte que el lenguaje condiciona el pensamiento. Pongamos un ejemplo de cómo aplican este principio a la manipulación los grupos de dinámica sectaria, sean religiosos, comerciales o nazionalistas. Asumamos que una persona busca ser feliz, objetivo muy lícito y ampliamente generalizado. Lógicamente la definición de felicidad condicionará en gran medida el camino de conductas que emprenda el sujeto. Si un grupo sectario convence al adepto de la que felicidad está en sufrir porque de esa manera se acerca al dolor de nuestro señor lo cual lo aproxima más a él que es el objetivo de la felicidad (estar cerca de Dios), la persona  buscará sufrimiento. Y lo hará paradójicamente para encontrar la felicidad. Hasta no hace mucho, esta búsqueda de la felicidad basada en el valle de lágrimas era muy habitual.

Este tipo de tergiversaciones del lenguaje están ampliamente extendidas hoy día: redefinimos lo que es democracia para hacer que la gente defienda a quien no dejan de ser meros tiranos convertidos en figuras democráticas por arte de magia, redefinimos lo que es igualdad para justificar por qué un sexo tiene que tener más derechos que otro, redefinimos lo que es una España Federal, para justificar lo que en realidad es un régimen confederal… y cuando cambiamos el significado y el nuevo cala entre las masas, ya podemos controlar sus conductas.

Si llevamos esta manipulación  a la hipótesis nazi, nos encontramos con algo muy semejante a lo que ocurre hoy en twitter y que se está extendiendo peligrosamente al ámbito social, que podemos redefinir al nazi como todo aquel que no siga los preceptos que yo (o mi grupo social) marco para no ser nazi. Y claro, una vez catalogado, si sigo la primera regla, ya puedo empezar a atizar al personal porque lo merece.

Podrá pensarse que exagero, pero cuando las hordas progresistas de Berkeley, una Universidad corroída por el cáncer de lo políticamente correcto, acosan y censuran la conferencia de Yiannopoulos, a uno empiezan a saltarle las alarmas. ¿Por qué? Pues sencillamente porque el tal Yiannopoulos es un judío homosexual con un novio negro, que eso sí, defiende a Donald Trump, lo que parece ser para algunos una prueba irrefutable de su nazismo.

Recristo, cómo ha cambiado la estética nazi.

Recristo, cómo ha cambiado la estética nazi.

Lamentablemente esta realidad, como la de los youtubers, tampoco es nueva. En este excelente artículo se nos habla del camino que hemos emprendido hacia una sociedad adolescente. Una sociedad inculta e infantilizada donde los mantras del fascismo de lo políticamente correcto imperan sobre toda las cosas y en todos los ámbitos. También, trsitemente, en el mundo universitario donde estas estupideces tendrían que ser contrarrestadas.

Desgraciadamente no es así y hasta los universitarios, que deberían velar por el libre planteamiento de perspectivas encontradas como base de su aprendizaje desde la confrontación de argumentos contrarios, responden de forma beligerante e impostadamente ofendida exigiendo la censura de cualquier consideración opuesta a sus endebles principios. Recuerdo en este punto una cita del genial Leo Bassi, cuando decía: “si un bufón como yo es capaz de ofenderte y poner a prueba tus principios y tu fe, vaya mierda de principios y vaya mierda de fe”.

Como señala el artículo, si uno no está preparado para que otro le lleve la contraria debería volver a casa a abrazarse a su osito de peluche hasta que sea capaz de aceptar que puede estar equivocado o tenga criterio para defender su postura.  La alternativa es que vivamos en una sociedad donde to er mundo e güeno, to er mundo e nazi y, desgraciadamente, también cada día, un poquito más imbécil.

Salud y libertad…

P.D: Muy recomendable la entrada sobre este mismo supuesto en el blog de josejazz

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Explicando el Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) (5ªparte y final)

“La huella de un sueño no es menos real que la de una pisada” (George Duby)

Si ya hemos visto más o menos cómo funciona el TOC, pasaremos a continuación a exponer una serie de estrategias que pueden ser útiles para controlarlo. Pero antes de ello comentaremos dos situaciones relevantes que deberíamos considerar.

La primera es la que afecta a los familiares y personas del entorno del sujeto que padece TOC, ya que no es fácil convivir con una persona que tiene este trastorno. En ocasiones es muy complicado pues uno mismo puede ser el objeto de la obsesión del paciente. Imagínese que es la pareja de alguien que desarrolla una obsesión por celos. La película mental que puede haber desarrollado en su cabeza el afectado es de campeonato y si además tiene poca conciencia de su enfermedad, de poco servirán las explicaciones racionales que se le den. Si al menos tuviera conciencia de enfermedad, se podría apelar a explicaciones racionales, aunque esto tampoco solucionaría el problema, pues ante todo la afectación operaría a través de la vertiente emocional. En otras ocasiones lo difícil es adaptarse a las obsesiones de otros, si ya es complicado vivir con obsesiones propias, imagínese teniendo que lidiar con las ajenas. De nuevo la poca o suficiente conciencia de enfermedad puede aliviar o agravar el problema. Por tanto, no estaría de más que las personas del entorno también recibieran asistencia psicológica para saber lidiar con las obsesiones. De hecho, su actuación como co-terapeutas puede ser muy beneficiosa para el afectado.

La segunda es la referida a la manifestación del TOC en la infancia. Ya comentamos que es muy complicado tratar el TOC en esta edad, porque es más difícil hacer entender la irrealidad de las obsesiones a los niños (que aún no manejan bien el concepto de probabilidad de un suceso) a lo que hay que añadir que la gestión del pensamiento, la conducta y la emoción es más complicada. Además, al ser conscientes de que lo que piensan es extraño y suponer que no será entendido, son muy reacios a expresar sus verdaderos pensamientos, por lo que solo podremos observar conductas de ansiedad, irritabilidad o tristeza que fácilmente se pueden confundir con otros trastornos (como el TDAH). Lo realmente importante para los padres es que sepan diferenciar entre cuándo se encuentran ante una conducta caprichosa y cuándo se encuentran ante una obsesión. Y esto no es fácil. Las obsesiones de los niños pueden ir desde miedo a los monstruos nocturnos, a los ataques alienígenas o la clásica muerte de los padres en un suceso catastrófico, hasta la necesidad de proteger la habitación con papeles pegados en las paredes para evitar un incidente nuclear, todo ello pasando por tantas casuísticas como nos vengan a la cabeza (y muchas más inimaginables). La única estrategia posible es hablar con los chavales, crear un clima de comunicación adecuado y poco a poco ir perfeccionando la técnica para que se sientan libres de revelar sus pensamientos. La pregunta clave es, ¿por qué es tan importante que eso sea así? ¿Qué pasaría si esto no se hace de tal forma? ¿Qué consecuencias habría? No juzgarles, solo entenderles y ayudarles a gestionar el afrontamiento y la irrealidad de sus pensamientos.

De hecho, ya vemos que en la base del TOC lo que hay es una necesidad de control, de intentar dominar todas las variables para saber siempre qué es lo que podemos esperar, porque si algo lleva mal nuestro procesador humano es tener que lidiar con el azar y la incertidumbre. Así, no es extraño que el perfeccionismo y la rigidez sean las dos características principales de las personas obsesivas, a quienes romper hábitos, rutinas o su modo de hacer las cosas, les puede resultar una dura tarea. Intentar romper esa rigidez en los esquemas de una persona con TOC puede ser una de las acciones más heroicas de su entorno y desde luego generará no pocos conflictos.

¿Y cómo podemos intervenir ante la aparición de obsesiones? Estas son las estrategias principales.

La primera intervención debe ir dirigida lógicamente a que el paciente acepte el problema. No hay que avergonzarse de tener TOC como no hay que avergonzarse de tener una gripe. No se puede arreglar lo que no se sabe que está estropeado y por tanto, uno debe ser honesto consigo mismo cuando aprecia que algo no funciona bien. Las personas del entorno también pueden animar a alguien que tiene ciertos comportamientos de los vistos a que consulte con un especialista. El fomento de la expresión emocional derivada de las dificultades que se han vivido y el dolor existente, constituyen ya una primera intervención terapéutica de primer nivel.

En los casos más graves, se puede requerir tratamiento farmacológico, que siempre bajo prescripción y seguimiento médico, suele consistir en antidepresivos, la mayor parte de las veces con dosis superiores a las recetadas en el caso de los trastornos depresivos. También se pueden complementar con ansiolíticos, ya que como hemos visto la ansiedad incrementa la presencia e intensidad de las obsesiones (y a veces puede ser un verdadero alivio tener una ayuda química para detener el funcionamiento de la mente).

Un ejercicio simple para evitar entrar en el bucle de la obsesión que se produce cuando uno empieza a rumiar pensamientos o a “montarse la película” en función de una idea obsesiva, es el de detención del pensamiento. Seguramente habrá visto a más de una persona con una gomita en la muñeca de esas que las niñas utilizan para sujetar las coletas. La idea es que cuando comienza la idea obsesiva, la persona tire del elástico soltándolo a la vez que piensa o dice la palabra alto. El objetivo de esta técnica es hacer consciente que se está entrando en una obsesión y detenerla antes de que se empiece a desarrollar, lo que focalizaría la atención aun más en la obsesión siendo más complicado detenerla. Si no quieres dejarte llevar por la curiosidad de saber cómo finalizará una película, no la comiences a ver.

Otra técnica es la de dejar fluir los pensamientos sin prestarles atención. En ocasiones el hecho de tratar de rechazar los pensamientos obsesivos y luchar contra ellos, lo único que genera es un gran desgaste que producto de su falta de éxito desemboca en una bajada de autoestima y de creencia en la capacidad de gestionar el problema. Por ello, dejar simplemente pasar los pensamientos sin prestarles atención pero sin tratar de eliminarlos puede ser una estrategia efectiva para reducir el malestar. Los orientales que nos llevan años en estas historias de meditación y aceptación suelen decir: “dejar pasar los pensamientos como nubes en el cielo”

Otra técnica irrenunciable es el afrontamiento con prevención de respuesta. Que te da pavor tocar el pomo de la puerta y no lavarte las manos después por si coges una enfermedad, tócalo y no te laves. Que piensas que si pasas por debajo del andamio se te va a caer encima, pasa por debajo (te juro que no se te caerá). Y si puede ser diez veces, mejor que una. Esto genera un gran malestar y en ocasiones puede verse como una tarea imposible, así que, al igual que en el tratamiento de las fobias, puede acompañarse de técnicas de reducción de la ansiedad como la respiración diafragmática.

Dado que hemos visto que la ansiedad y las obsesiones están muy relacionadas, técnicas para reducir la ansiedad pueden ser también útiles: respiración diafragmática, mindfulness, relajación de Jacobson, hacer deporte, yoga, meditación… Pero tampoco vamos a engañar a nadie, si la ansiedad es alta y se necesita respuesta a corto plazo, hay que recurrir al tratamiento farmacológico bajo prescripción médico.

La hipnosis sanitaria como técnica complementaria puede ayudar para reducir la ansiedad, incrementar la capacidad de afrontamiento del paciente, reducir su necesidad de control y flexibilizar la rigidez de los patrones de conducta.

Y por último, fundamental, la distracción. Las obsesiones llegan cuando no tiene la mente ocupada (cuando se aburre), así que en el caso de que uno perciba que está empezando a tener un funcionamiento de la mente demasiado agitado, puede plantearse ocupar en algo la atención. Aquí podríamos diferenciar las técnicas de distracción externas (ver la tele, hacer un crucigrama, leer…) de las técnicas de distracción mental (recitar tablas de multiplicar, contar sumando de tres en tres, recordar una canción, inventarse una historia ajena a la obsesión…). Eso sí, a veces la televisión es tan anodina que vale más la pena tumbarse en el sofá y disfrutar de una buena “película mental” editada con imágenes obsesivas, que a todo se le puede sacar partido en esta vida.

Como vemos, existen técnicas que pueden hacer la vida más llevadera. Eso sí, recordemos que el TOC no se cura y que las obsesiones son bastante tramposas, porque de hecho cuando uno consigue controlar una obsesión, la mente lleva la capacidad obsesiva a otro tema, lo que hace que en ocasiones sea difícil diferenciar si nuestro pensamiento es producto de una obsesión o no. Mucho ánimo a todos los que sufren el trastorno y familiares y no se “obsesionen” con el tema. Como decía Marx (Groucho): “no se tome la vida demasiado en serio, no saldrá vivo de ella”.

Salud y libertad

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Explicando el Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) (4ªparte)

“Cuanto más alto coloque el hombre su meta, tanto más crecerá” (Friedrich Schiller)

Tras observar las manifestaciones del TOC en casos concretos de la vida real, entenderemos ahora por qué pueden alterar en cierta medida la vida de los pacientes afectados. Pero profundizaremos a continuación en un punto de especial relevancia, aunque del que poco se ha escrito, que puede derivar en una gestión con la que sacar partido a las obsesiones o, todo lo contrario, hacer que estas se vuelvan completamente autodestructivas.

Como hemos señalado, una de las características de las obsesiones es que son intrusivas (es decir, ideas que se nos “cuelan” en la mente sin que nosotros podamos controlar su presencia), recurrentes (vuelven una y otra vez) y generalmente con un contenido negativo que es lo que produce que se incremente la ansiedad y las consiguientes consecuencias en el deterioro del estado de ánimo.

Esta visión negativa es lo que le da al trastorno su carácter egodistónico, palabro psicológico que viene a significar que genera malestar, pues tales pensamientos, impulsos o imágenes son disonantes con la imagen que el sujeto tiene de sí mismo, con sus valores, creencias o principios. Es fácil entender que si yo doy mucha importancia a la higiene y la limpieza, tener obsesiones centradas en la suciedad me generará un profundo malestar.

Ahora bien, ¿qué pasa si llegamos a conectar con una obsesión, una imagen o un impulso producto del trastorno hasta el punto de que nos generen bienestar? En este caso, estamos ante una obsesión egosintónica, es decir, un pensamiento, imagen o impulso que sería coherente con la percepción de uno y nos podría generar bienestar, lo que a su vez la haría retroalimentarse.

Veámoslo con un ejemplo referido a otro trastorno diferente. Las personas con trastorno bipolar generalmente alternan estados de depresión con estados de manía, esto es, momentos de exaltación que les producen una gran energía, activación y que los dota de una gran autoestima e imagen de sí mismos (digamos que es el equivalente endógeno de ponerse de coca hasta las cejas. De hecho, la neuroquímica cerebral en ambos estados es bastante semejante). La persona no identifica esto como un trastorno porque no solo no le produce malestar, sino que contrariamente, la genera un subidón en toda regla proporcionándole satisfacción y megalomanía. Es decir, aunque su estado sea patológico, pues está alterado respecto al funcionamiento normal (entendiendo lo normal como lo habitual), ha sintonizado con él haciéndole sentir estupendamente. Este aspecto es el que, trasladándolo al TOC, puede permitir que le saquemos rendimiento a un pensamiento intrusivo o constituir en sí mismo un problema mayor aún que las propias obsesiones.

Imaginemos que en pleno festival guarrindongo-sexual de lujuria y desenfreno nos viene un impulso o una imagen sobre una conducta que podríamos calificar de “retorcida”. La imagen se nos cuela y aunque la vemos como algo con cierto contenido “perverso”, fruto de la cachondez damos pequeños pasitos hacia adelante. Y, coño, resulta que a nuestra pareja también le parece algo retorcido, lo cual deriva en que además de ponerla como una moto y permitirnos ejecutar la conducta, nos la solicite con fruición. He aquí la explicación de por qué las personas con un TOC manifestado en ciertas obsesiones sexuales son tan buenos amantes. Ahora bien, ¿qué pasa si sintoniza con obsesiones sexuales basadas en el daño, el abuso y otro sinfín de conductas poco recomendables que todos podemos imaginar? Aquí es donde entra en juego el yo de cada cual, y donde podemos comprobar que si uno no tiene principios, conciencia, ni límites, la presencia añadida de obsesiones le puede llevar a cotas no muy recomendables para el resto de los mortales.

Otro aspecto en el que se puede aprovechar el TOC como elemento al que sacarle partido, por supuesto estamos hablando siempre dentro de ciertos límites del trastorno que no han desbordado la capacidad de gestión de la persona, es en cuanto al orden. Recientemente televisaron dos documentales en los cuales un jefe de sala de un restaurante y un director de hotel, tenían claros síntomas de TOC. Era algo fascinante, porque los platos, la cubertería, las plantas estaban milimétricamente colocadas en las mesas. El mínimo detalle era cuidado con esmero y los directores del restaurante y del hotel estaban encantados con el trabajo de sus seleccionados, aunque en este caso habría que preguntar a los sufridos subordinados de estos últimos cómo lo llevaban.

El obsesionarse con un tema también tiene su punto positivo. Imaginemos que un joven, guapo y simpático bloguero desea escribir una entrada con cinco partes sobre el TOC para su excelente, inigualable y magnífico blog, publicando una entrada por semana. En este caso, el deseo de finalizar con cierto nivel de perfección la tarea global puede hacer que el sujeto focalice la atención en la misma, y en lugar de hacer las cinco partes en cinco semanas, las haga en cinco días. Cuando una persona con TOC está enfrascada en una tarea el tiempo se detiene y no es raro que comience una tarea no pestañeando hasta que la finalice. Y no pestañear implica que puede postergar comer, dormir, salir… Solo se centra en la tarea y no parará hasta que la concluya, lo que los convierte en ciertos ámbitos en muy buenos trabajadores. Las relaciones no habituales que pueden hacer entre sucesos también los señalan cómo potenciales genios en ciertas labores intelectuales o de investigación.

En lo referente a escribir, también el TOC ha sido causa de grandes éxitos. Imagine que constantemente le vienen a la mente pensamientos violentos, terroríficos, preocupantes o extraños… unidos en ocasiones a intensas pesadillas que suelen acompañarlosdurante el sueño. A poco que trabajen la escritura, tendrán un filón para crear novelas, guiones, cuentos, historias… No tendrán ni que esperar que las musas les inspiren, bastará con plasmar su propio pensamiento. Dickens es un ejemplo de ello, pero hay otros casos como Woody Allen, Martin Scorsese, Charles Chaplin, Kant, Oscar Wilde…

Ahora bien, la vida no es todo color de rosa y uno siempre se va a encontrar con auténticos hijos de puta. Imagine que ese potencial para realizar trabajos con perfección sin importarle un pito ni el tiempo que dedica a ello, ni lo que deja sin hacer, ni las consecuencias que le va a implicar, lo emplea en putear a alguien con quien ha tenido un conflicto (los acosadores o la celotipia también pueden partir de aquí). Con el añadido de imaginar en cada hora cien formas a cada cual más enfermiza de hacerle la vida imposible, desarrollándolas mentalmente como si de una película se tratase, focalizando su atención solo sobre ello y con el añadido de disfrutarlo como si otro estuviera tomando el sol en la playa. ¿Malas perspectivas, verdad? Esta es la razón por la que es una soberana estupidez buscarle las cosquillas a una persona con TOC y por la que uno queda prendado de su perfección para lo bueno o para lo malo. De hecho, se me está ocurriendo… ¿y si se enfrentaran dos con TOC? Pues que gane el mejor… o el peor!

Salud y libertad…

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Explicando el Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) (3ªparte)

“La mejor amiga y la peor enemiga del hombre es la fantasía” (Arturo Graf)

Analizado ya el tema desde un punto de vista más teórico y científico en cuanto a sus componentes, obsesiones y compulsiones, y en cuanto a su consideración como trastorno, vamos a continuación con la chicha, a ver cómo se manifiesta en la vida diaria de quienes lo padecen.

Quizás uno de los campos en los que más generalmente se manifiesta el TOC, y que lo hace visible para otros, es en el de las compulsiones generadas por obsesiones de contaminación. Este campo es muy amplio ya que pueden darse obsesiones con los deshechos del cuerpo, con los gérmenes, con los agentes contaminantes del medioambiente, con los productos del hogar, bichos (generalmente insectos), contagios varios… Como en todos los casos, las compulsiones van dirigidas a evitar la obsesión relacionada. Por ejemplo, el caso de una chica que hacía recurrentemente la cama por miedo a que hubiera bichos en su interior, el de un niño que tenía que abrir siempre de forma completa las sábanas antes de dormir para asegurarse de que no los había, un hombre que se lavaba las manos casi 20 veces al día por miedo a contagiarse de cualquier enfermedad debido al contacto con superficies no limpias o el caso de Michael Jacksón cuando llevaba su clásica mascarilla.

Otro campo amplio y quizás uno de los que mayor culpabilidad y malestar genera, es el relacionado con las obsesiones agresivas. Este es un caso curioso, porque hay quien dice que quizás su origen parta precisamente del miedo a hacer algo que uno no haría, lo que conduce a que aparezca el pensamiento. Se entenderá mejor con un simple ejercicio. Piense durante dos minutos en cualquier cosa que desee…

dos

Conteste a la pregunta: ¿ha pensado usted en un oso blanco? Probablemente la respuesta sea que no. Ahora bien, si yo le pido en este momento que durante un par de minutos piense en cualquier cosa excepto en un oso blanco, ¿qué ocurre? Pues que es muy probable que el oso blanco se le haya colado en alguna ocasión. ¿Por qué? Porque el hecho de no querer pensar en algo hace que tengamos que focalizar la atención en ello precisamente para eliminarlo, lo que produce un efecto paradójico. Obsesiones de este tipo hay muchas: estar parado en la acera esperando para cruzar y que surja el impulso de saltar a la carretera o, peor, el de empujar a otro contra un coche, estar en una tienda y tener el impulso de robar algo, miedo a herir a otra persona por no tener suficiente cuidado…

Analicemos una situación que no por extraña, deja de ser habitual en las persona con TOC. A un padre le venía una imagen horrible en la que sin venir a cuento se veía agrediendo a su hijo. Precisamente producto de esa imagen, la compulsión consistía en darle un beso, abrazarle o acariciarle la cabeza, ya que era la forma de demostrarse a sí mismo que no era capaz de ejecutar lo que esa terrible visión le dictaba y que en realidad a su hijo lo quería con locura. Lógicamente, el simple hecho de tener esa imagen le producía una gran culpabilidad y sufrimiento.

Las obsesiones agresivas, en ocasiones también se mezclan con las de carácter sexual. Otro hombre estaba destrozado porque en una ocasión viendo a un niño le asaltaron imágenes de ese carácter, con lo cual llegaba a dudar de que fuera pedófilo. En este caso, desde luego no lo era y que le asaltaran esas imágenes le producía una gran culpabilidad. Esta es quizás la cara más dolorosa del TOC, pero se ve cómo las obsesiones son casi siempre de origen negativo, doloroso e intrusivo.

Otro tipo de obsesiones que pueden darse son aquellas relacionadas con el ahorro, la necesidad de orden, de acaparamiento, los miedos supersticiosos, celos, parejas, personas, necesidad de contar, obsesiones con números (como el gran genio Nicola “Redios” Tesla, que eso sí, estaba como unas marcacas), de repetir ciertas cosas, de confesar ciertos pensamientos, controlar la alimentación, el ejercicio, preocupación por enfermedades, por catástrofes que pueden ocurrir, revisar cerraduras, el gas, la luz… ¿Cuántas veces ha vuelto al coche para ver si lo había cerrado correctamente?

Relacionado con los miedos supersticiosos para mí a veces es un verdadero deporte (que nuestro cierto grado de enajenación lo tenemos todos) ver cómo tanto niños como adultos pasan de saltito en saltito por las baldosas azules del suelo de la zona del famoso Hotel de la Reconquista de Oviedo, evitando pisar las rosas a toda costa. Esto como recordatorio de que todos podemos tener obsesiones en algún momento que a veces pueden verse incluso como juegos inocentes.

Saltito a saltito hasta la victoria final

Saltito a saltito hasta la victoria final

Vamos, desde masticar 207 veces cada alimento antes de tragarlo hasta no permitir la entrada de tu cuñado en casa porque eso puede ocasionar que los extraterrestres vengan a destruirnos, las obsesiones del TOC abarcan hasta donde llega la imaginación. Y ya decía La Historia Interminable que el reino de Fantasía no tiene fronteras. Qué le vamos a hacer, los seres humanos a veces venimos con estos pequeños errores de software. Bueno, y algunos con errores mucho mayores.

Salud y libertad…

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