Archivo mensual: junio 2014

Imposición nacionalista ya en Asturias

“El objeto de la educación es formar seres aptos para gobernarse a sí mismos, y no para ser gobernados por los demás” (Herbert Spencer)

La última en Asturias parece ser una nueva concesión de los mamporreros del PSOE al lobby político-partidista nacionalista para incluir de forma obligatoria en el curriculum de primaria el asturiano en cualquiera de sus vertientes: o bien la denominada Llingua Asturiana o para aquellos que no la deseen, la alternativa de cultura asturiana, en cualquier caso una asignatura supuestamente de libre elección con la que se trata de imponer a los padres una decisión la quieran o no, bajo el insulto de una falsa elección.

Prescindiendo del tema de la Llingua, que me parece muy bien que se oferte y sea cursada por todos aquellos que así lo soliciten, y de la cultura asturiana, considerándome un auténtico enamorado de la mitología asturiana desde que leí a Constantino Cabal (por lo que no tolero el reparto de carnet de los babayos de siempre que no han leído ni una coma ni saben de qué va la copla), el problema de nuevo viene por el intento de imposición vergonzante para todos de lo que solo desean algunos, fundamentándose como no podía ser de otra manera en la más nauseabunda tergiversación o directamente en la mentira política.

Esto puede apreciarse si consideramos que el principal argumento de la consejera de educación, Ana González, es que el asturiano “es una demanda de la comunidad educativa, no una imposición”. Pero si leemos la noticia del diario La Nueva España, nos enteramos de que para la consejera dicha comunidad educativa está formada por “los sindicatos, asociaciones de padres y madres como la FAPA Miguel Virgós, o FAPA Xixón, y a la Academia de la Llingua”.

Algo no cuadra, más si vamos a la web educastur donde nos señala que existen cuatro Federaciones de AMPAS: COAPA, CEAPA, CONCAPA y la mencionada Virgos. Así que mi primera duda es (porque lo desconozco, no insinúo nada) por qué se considera que una Federación de AMPAS de cuatro existentes representa a la comunidad educativa, teniendo en cuenta el carácter local de la otra.

Y por supuesto, prescindiendo de los sindicatos, tan politizados ellos y tan al rabo siempre de quien reparte las subvenciones, me pregunto cómo la consejera tiene la absoluta desfachatez de incluir entre los representantes de la comunidad educativa a la Academia de la Llingua, que no representa a nadie en dicha comunidad, y que desde luego es arte y parte en el asunto, porque estará encantada del cambio aunque solo sea para colocar a sus amiguetes y asociados. Porque si el lobby llingüístico tiene una utilidad evidente, nadie lo duda, es chupar subvenciones y crear puestos de trabajo artificiales en los que colocar a los colegas como ya ha ocurrido en tantos lugares de la geografía. Todavía recuerdo en mi primer acercamiento al mundillo literario hace unos años cuando me dijeron: “Tío, escribe en asturiano. La Academia de la Llingua tiene subvenciones y está publicándolo todo aunque sea una mierda para promocionar la llingua. Es el momento” (Lo cierto es que ignoro si era cierto o un simple rumor).

De hecho, no deja de ser paradójico que ante tal consenso educativo, en tan solo unos pocos días ya se haya constituido un grupo de padres que, con buen criterio, no entienden que se imponga a sus hijos un idioma que ni siquiera es co-oficial en la propia Comunidad Autónoma. Un grupo que va creciendo progresivamente, y que en la plataforma Change.org suma ya casi 1.500 firmas de adhesión.

En todo caso, el tema de la elección forzosa y de las manipulaciones promovidas por miserables en esta imposición no es nuevo. Recuerdo cómo a comienzos de este curso una impresentable maestra de cierto colegio, ante la falta de solicitudes para cursar asturiano, fue con toda su miseria hablando con los padres, diciéndoles que su hijo era el único que no se había matriculado en asturiano, por lo que estaría marginado y al margen del grupo si no lo hacía. Obviamente, la cosa coló entre varios padres hasta que el tema se comentó más adelante, cuando ya el curso estaba avanzado. Una pena que las tragaderas de muchos para evitar problemas sean mayores que su deseo de libre determinación.

También cómo el año pasado, algunos padres de los chiquillos que cursaban religión y asturiano, se quejaron de las alternativas (un programa de desarrollo de la inteligencia e informática), pues sus hijos no iban a poder cursar esas fantásticas asignaturas alternativas. Y es que aquí está el verdadero problema del tinglado, no se trata solo de que sus hijos cursen lo que les viene en gana, sino de condicionar (e imponer) lo que tienen que cursar los hijos de otros.

Porque a mí, me parece estupendo que sus hijos reciban clases de asturiano, religión, esperanto o cienciología aplicada con matices de reiki IV, pero me molesta profundamente que pretendan imponer a los de los demás un aprendizaje que no se considera básico y elemental (o peor aún, que les adoctrina, pues ya sabemos de qué va la copla por lo existente en otras comunidades) cuando podrían estar formándose en otros aspectos (idiomas, tecnologías, salud…) que considero serían mucho más importantes para su vida personal y profesional.

De hecho, no dejo de preguntarme si precisamente en esta situación no hay algo de política maquiavélica. Quizás esos políticos tan “preocupados” por el asturiano lo que pretenden es que, apelando a la emocionalidad primaria del nacionalismo provinciano, sean los propios ciudadanos los que pidan seppuku en masa, mientras sus hijos estudian varios idiomas en colegios privados al estilo nacionalista catalán, o se forman en idiomas mayoritarios en las academias privadas que gustosamente pagan al salir de los centros escolares.

Esto, en una “ficción maquiavélica” claro está, garantizaría en el futuro una mayor competencia personal, profesional y laboral que aseguraría el relevo generacional en la cúspide social. Y oye, ¿qué mejor manera de conseguir superioridad frente al resto que haciendo que la propia masa social en desventaja la pida aplaudiendo las medidas que la garantizan con las orejas?

En fin, esperemos que no cunda el ejemplo, no sea que además de elegir entre llingua asturiana y cultura asturiana, el año que viene tenga que elegir también entre religión católica y fe católica. Ante tanta alternativa, no sabría qué elegir…

Y para finalizar, les invito a ver este video en el que pueden apreciarse los delirios y la psicosis que se generan cuando se permite a fanáticos nacionalistas meter el focico (n´asturianu) en la educación:

Salud y (a ver si algunos se lo meten en la cabeza) LIBERTAD

 

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Republicanos con felipitis

“Que Dios me libre de mis amigos que de mis enemigos ya me libro yo” (Popular)

Es curioso desde nuestra perspectiva cultural ver cómo a veces las contradicciones no se resuelven, simplemente se asumen. De hecho ya comenté en este blog que hay quien defiende que la mayor diferencia entre las culturas occidentales y orientales es que en las primeras los sujetos están obsesionados con resolver las contradicciones mientras que en las segundas se asumen con plena naturalidad como parte del proceso de evolución.

Por eso, el otro día cuando paseaba con un buen amigo y nos cruzamos con la manifestación en Asturias que exigía un referéndum para implantar la República, no me sorprendí mucho de la conversación posterior. Si acaso, sí de que tantos ciudadanos (y republicanos sin complejos) compartan el planteamiento.

Porque al menos mi compañero y yo, lo primero en lo que coincidimos es que la institución monárquica no va con nosotros. No es una cuestión de hacer balance de pros y contras, de costes ni nada por estilo, es una cuestión de principios elementales. Que una figura se justifique en que ha tenido la suerte de nacer en una determinada cuna y por tanto queda automáticamente investida del don divino de la gracia (o la gracieta) para reinar, no va con nuestro pensamiento.

reyTambién es cierto, como bien me rebatía @Hernan_valles en twitter, que esta es una visión un tanto moderna más propia de las monarquías absolutas, pues en un primer momento los reyes no se decidían por cuestión de nacimiento, sino a la asturiana (es decir, a hostia pelada). En todo caso, la versión actual parece justificarse más en esa visión absolutista pues yo al menos hasta la fecha no he visto a Juan Carlos liarse a mamporros con nadie (elefantes y osos al margen).

Pero aunque partamos de esta premisa, uno tampoco es opaco al mundo y al contexto que lo rodea, y a veces desgraciadamente se da de bruces con la realidad. O para ser más purista, con la realidad percibida por uno que al final es lo que determina las infinitas realidades existentes.

Y mi realidad, que parece coincidente con la de tantos otros, hace que no deje de preguntarme si viendo a la mayoría de los sujetos que dicen defender la República en esas manifestaciones, estos tienen algún interés en la República en sí. Uno ve banderas de determinados partidos y sindicatos en abundancia, banderas por doquier de determinado régimen dictatorial y hasta esa pseudobandera que lo único que representa es un complejo alarmante y patológico sobre la propia existencia del país en que se vive. Porque hasta donde yo sé, la Primera República también era república y se dejó de zarandajas con la banderita de marras.

Así, lo que denota eso, al margen del nivel de falta de formación y complejo de algunos sujetos, es un intento de apropiación vergonzoso y contraproducente de un sistema de gobierno por parte de una opción ideológica muy concreta (la izquierda, y cada vez más la ultraizquierda), lo que no deja de ser paradójico (y contradictorio también) pues quienes más están consiguiendo aumentar el apoyo monárquico son precisamente quienes dicen salir a manifestarse para conseguir la República.

A ello hay que añadir que hasta donde yo sé, o concibo la República, la base de este sistema se fundamenta en el imperio de la Ley y la igualdad ante la misma, por lo que viendo los espectáculos que montan los que dicen defenderla tenemos un problema de concepto. Es evidente que el suyo y el mío difieren ampliamente, porque analizando el bochornoso espectáculo vivido el otro día en el Congreso, uno lo único que observa es que los defensores del sistema republicano estaban más pendientes de su propio espectáculo circense que de un debate serio y riguroso. Lo vivido en el Congreso, donde los defensores del referéndum por la República han evidenciado su falta de formación, de educación, de estilo y de respeto por la legalidad democrática, ha hecho más en favor de la Monarquía que toda la familia real en los últimos 20 años.

Y para rematar, si a eso le sumamos la perspectiva imaginada de un presidente de la República como Cayo Lara o Pablito coletas, no es de extrañar que tengamos a una ingente legión de republicanos con el extraño sarampión de la felipitis, que como dice mi colega “por lo menos sabe estar, actúa con respeto y criterio, es competente, tiene formación y habla inglés”.

En definitiva, que si queremos como ciudadanos elegir entre monarquía o república, lo primero que deberíamos tener es respeto por la legalidad y hacerlo en base a los procedimiento establecidos, con rigor y argumentos, y no con un fraude de ley que a través de una Ley Orgánica trata de cepillarse un mandato constitucional.

Y desde luego, con un pueblo formado que no se mueva a golpe de eslogan publicitario de los más gritones. Porque hay que reconocer que como republicano, con sujetos como este y similares, yo no voy ni al retrete…

republicaSalud y libertad…

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Una de narcisistas (homenaje al yoísmo)

“El secreto de la sabiduría, del poder y del conocimiento es la humildad” (Ernest Hemingway)

NarcisismoEn primer lugar me vais a permitir que pida disculpas por haberme ausentado del blog durante tanto tiempo, pero han sido cinco meses que calificar de duros sería el eufemismo del siglo, por lo que mi tiempo libre para dedicarme a cualquier cosa que no fuera estudiar o cumplir con otras obligaciones era sencillamente inexistente. Tiempo habrá más adelante para comentar algunos aspectos de esta temporada.

Eso sí, ya que estoy en periodo de explosión ansiosa, creo que es buen momento para soltar un poco de bilis comentando ciertos aspectos de un cada vez más amplio colectivo, y muy de moda, que genera un grado de toxicidad importante en todo aquel que tiene el infortunio de cruzarse con uno de sus miembros: los narcisistas.

El DSM IV, Biblia de los trastornos psicológicos caída en desgracia en su quinta versión debido al intento de convertirla en una guía de tratamiento farmacológico para enfermedades ficticias por los conflictos de intereses de sus comités, definía el trastorno narcisista de personalidad como un patrón general de grandiosidad (en la imaginación o en el comportamiento), una necesidad de admiración y una falta de empatía, que empiezan al principio de la edad adulta y que se dan en diversos contextos como lo indican cinco (o más) de los siguientes ítem:

  • Tiene un grandioso sentido de autoimportancia (por ejemplo exagera los logros y capacidades, espera ser reconocido como superior sin unos logros proporcionados…).
  • Está preocupado por fantasías de éxito ilimitado, poder, brillantez, belleza o amor imaginarios.
  • Cree que es “especial” y único y que sólo puede ser comprendido por, o sólo puede relacionarse con otras personas (o instituciones) que son especiales o de alto status.
  • Exige una admiración excesiva.
  • Es muy pretencioso, por ejemplo tiene expectativas irrazonables de recibir un trato de favor especial o de que se cumplan automáticamente sus expectativas.
  • Es interpersonalmente explotador, por ejemplo saca provecho de los demás para alcanzar sus propias metas.
  • Carece de empatía: es reacio a reconocer o identificarse con los sentimientos y necesidades de los demás.
  • Frecuentemente envidia a los demás o cree que los demás le envidian a él.
  • Presenta comportamientos o actitudes arrogantes o soberbios.

Es decir, lo que toda la vida de dios antes de que existieran estos manuales se ha definido (que no diagnosticado) como un miserable o un gilipollas.

Pero aunque la vertiente teórica es muy importante para que sesudos académicos cobren un buen sueldo y puedan llevar corbata inventando lenguajes técnicos que requieren 4 años de enseñanza, y para que puedan justificar así su presencia en la cúpula de la pirámide social, es preferible para un pobre plebeyo ejemplificarlo con lo que aquellos que nos divertimos dando saltitos en charcos de barro vemos todos los días.

Hay varios campos en el que los narcisistas se reproducen como champiñones, pero como cada uno conoce lo que ve, no puedo dejar de mencionar en primer lugar a ALGUNOS de los que han mamado e interiorizado el discurso jurídico. Que legión de los miembros de este campo se relamen de gusto cada vez que se reflejan en un espejo y se ganan la vida emponzoñando la vida ajena es una realidad difícilmente cuestionable, pero a mí me enamora especialmente el narcisismo de las bases de los pilares que lo conforman. Lo descubrí en dos ocasiones.Justicia dinero

La primera de ellas fue cuando desde mi campo psicológico describía la auténtica aberración que suponía confrontar en un juicio a una mujer víctima de maltrato con su maltratador debido a que ese proceso continuado conlleva un importante deterioro en la formación de los esquemas mentales y una situación de subordinación y temor que sitúa a la víctima en una manifiesta inferioridad de condiciones, o dicho de otro modo, no está preparada ni tiene recursos para hacerlo. Pero he aquí que según varios defensores acérrimos del discurso jurídico la barbaridad ha de entenderse en dirección opuesta pues las “garantías procesales” exigen que se produzca el enfrentamiento para que “el proceso” cumpla con las exigencias jurídicas que le dan legitimidad. Es decir, que el proceso creado artificialmente para regusto de juristas ha de estar por encima de la más elemental humanidad.

La segunda fue cuando un abogado en ejercicio me relató hace ya algunos años cómo debido a su intachable profesionalidad tuvo que destrozar a un niño víctima de abusos porque él tenía que hacer lo mejor para su defendido. Eso sí, no sin explicarme que le dio mucha pena, y apuntar un vergonzante intento de justificación a través de la racionalización, señalando que es bueno que el sistema tenga estas cosas y falle, porque así se perfecciona.

¿Recuerdan los ítem del narcisismo: sentido de autoimportancia, falta de empatía, interpersonalmente explotadores, actitudes soberbias y arrogantes…? Pues ello.

Otro sector donde podemos ver a sujetos de esta cepa en abundancia es en el de los profesores universitarios. Es una pena, pero por cada verdadero maestro y enseñante con mayúsculas que disfrute un alumno en su vida universitaria (y los hay), se tendrá que comer a tres o cuatro del polo opuesto. Afortunadamente, identificarlos es rematadamente fácil. Se mueren por el halago y el aplauso público, tratan al alumno con absoluto desprecio y alardean de ello sin darse cuenta de que ello redunda en su mala consideración como docentes, y muy especialmente, su narcisismo correlaciona positivamente con su nivel de mediocridad.

Esta última característica es especialmente interesante porque si seguimos a Hayes (2011), podemos encontrar una explicación al fenómeno. Este autor señala como el hecho de tener una falta de autoestima o de pensar recurrentemente que uno vale poco, puede llevar a tratar de compensarlo triunfando en la vida laboral, de ahí por ejemplo una de las causas de la adicción al trabajo. Eso aparentemente compensaría la falta de autoestima, pero como esta tiende a permanecer pues dicha característica es una atribución personal no específica de un contexto, la persona acaba sumando a su repertorio la culpabilidad, dado que el estar en un puesto que internamente se cree que no se merece o que está fundamentado en otras causas, acaba haciendo que la persona se considere un fraude, el denominado “síndrome del impostor”. Si a esto le sumamos el nivel de endogamia del ambiente universitario tenemos un caldo de cultivo inmejorable.

Como para no variar ya me estoy extendiendo más de la cuenta, mencionaremos de pasada otros sectores como el periodismo, cuya socialización de la autoimportancia, asumida por la masa, ha influido en la famosa concepción de McLuha de que “el medio es el mensaje” y donde los hinchados egos de muchos profesionales brillan con fuerza cada vez que crean verdades para la plebe, pero llevan muy mal la crítica cuando se les da un toque de atención porque se pasan de vuelta en la infravaloración de sus destinatarios.

Por último mencionar a buena parte de los políticos y grandes empresarios, cuyo nivel de narcisismo es tan elevado que en algunos casos casi roza la psicopatía, que aunque no sea muy ortodoxo, podemos entender como un superlativo narcisismo elevado a la enésima potencia. ¿Creéis que exagero? Echad un vistazo…

Muchos de los que mandan son posibles psicópatas

La psicopatía de las corporaciones

El capitalismo premia rasgos del psicópata

Del narcisismo estándar de los políticos no merece la pena ni hablar. Hacer una lista de los políticos profesionales en posiciones de poder a los que les encanta estar rodeados de palmeros mediocres para sentirse superiores y ser alabados cual pequeños budas, acabaría con la memoria de internet. Pero cuando la cosa se complica y adquiere niveles extremos, el peligro puede ser importante.

¿Qué pensaríais de primera mano de una persona que dice cosas como estas?

“Los jóvenes deben aprender a pensar y actuar como una masa. Es criminal pensar como individuos”

“Hay que acabar con todos los periódicos. Una revolución no se puede lograr con la libertad de prensa”

“Para enviar hombres al pelotón de fusilamiento, la prueba judicial es innecesaria. Estos procedimientos son un detalle burgués arcaico. ¡Esta es una revolución! Y un revolucionario debe convertirse en una fría máquina de matar motivado por odio puro”

“¡El odio es el elemento central de nuestra lucha! El odio tan violento que impulsa al ser humano más allá de sus limitaciones naturales, convirtiéndolo en una máquina de matar violenta y de sangre fría. Nuestros soldados tienen que ser así”

¿No pensaríais que es un psicópata? ¿Y si digo que son del Che Guevara, ídolo de miles de jóvenes que llevan su foto en carteras y camisetas, pero que obviamente no han leído ni una coma de su pensamiento?

Pero salvando las enormes distancias, también por aquí tenemos narcisistas patrios que dicen cosas como:

“Los que aspiramos a una sociedad más justa necesitamos tener a nuestro lado a hombres, y también a mujeres, armados, preparados y disciplinados”

Este escrito forma parte de la tesis de ese nuevo icono endiosado aupado por los poderes televisivos que considera fascista a quien no acepta su pensamiento como dogma y que no tiene ningún problema en ejercer de inquisidor decidiendo quién puede y quién no puede difundir su mensaje.

Así que finalmente en este pequeño e irónico repaso, solo nos quedan los grandones (que llamamos en Asturias), o aquellos que en determinada posición asumen con deleite la impostura social para sojuzgar y pisar violentamente al que no asume sus mismas normas, simplemente porque si algo no puede permitir ni soportar un narcisista que se resigna al esculpido social es la libertad ajena.

A mí siempre me han hecho particular gracia los ritos elitistas, escenificados en un mierdecilla al estilo Fonseca que no es capaz de distinguir un don Simón de tetrabrik de un Ribera del Duero Crianza 2005 (yo no lo diferenciaría ni ganas), pero que en un restaurante lo catará con aires de grandeza frente al sumiller simplemente para hacerle saber que él es quien está en una posición de superioridad. Si además devuelve el vino, el grado de narcisismo (que suele correlacionar positivamente con el de imbecilidad) ya será para nota.

Para aquellos que no lo conozcáis, aquí podréis conocer a Fonseca. Y de paso saber qué es esa pseudociencia del coaching a partir de este sketch de la película española “El año de la garrapata”…

Otro buen ejemplo es el de aquel que se permite ir a degustar la obscenidad y el insulto humano de un menú de 1.650 € simplemente porque forma parte del elite package, que es lo que en definitiva le permitirá realizar una actividad al alcance de pocos y considerarse por tanto diferente y superior.

Como veis, ejemplos todos de autosuficiencia, soberbia, arrogancia, carácter explotador en lo interpersonal, falta de empatía… en definitiva, narcisismo.

Al estudiar estos perfiles se entiende que subyace en ellos una problemática concreta. Por ejemplo, hay quien dice, tomando como referente la teoría de la autodeterminación de Ryan y Deci (2008) que ya hemos comentado en este blog, que en el narcisismo existe un fracaso infantil en la necesidad de autonomía y en la necesidad de relaciones junto con un éxito en la necesidad de competencia.

Dicho de otro modo, se fracasó en la forma de relacionarse con los demás y se impidió la toma de decisiones por iniciativa propia en una fase temprana, pero se tuvo éxito en aquellos objetivos impuestos. Ello hace que el sujeto se autovalore de forma exagerada y se convierta en el centro de su propio universo, y es entonces cuando los mecanismos de defensa y las racionalizaciones empiezan a generar la osadía de las certezas, creer que se tienen todas las respuestas y que estas son verdades inalterables.

De hecho, la falsa seguridad y la incapacidad de aprender de los narcisistas es quizás uno de sus peores castigos, y su señal más visible de identificación. A mí líbreme dios de un maestro que no manifieste dudas, de un psicólogo que no ha experimentado el dolor o de un líder espiritual que no disfrute de la vida… y por supuesto de un narcisista.

El problema es que cuando uno trata con estos sujetos es tal el grado de toxicidad que emanan que a uno ya le preocupa poco la causa. Se puede aceptar que sea un trastorno pero si los interesados no le buscan remedio (y en este caso no suelen hacerlo porque es un trastorno egosintónico), lo único que queda preguntarnos es por qué coño tenemos que aguantarlos los demás…

Piramide social

Salud y libertad…

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