Archivo mensual: marzo 2015

Reflexiones psicológicas sobre el caso Lubitz

“El tiempo saca a luz todo lo que está oculto y encubre y esconde lo que ahora brilla con el más grande esplendor” (Horacio)

tertulianoEn primer lugar pido perdón por tener la osadía de hablar del tema sin ser tertuliano ni ingeniero aeronáutico, profesiones que por formación y experiencia a la vista de lo escuchado en los últimos días, seguramente tengan mucho más fundamento para tratar el asunto. Pero aunque pobre psicólogo y prevencionista de riesgos algo especializado en la modalidad de psicosociología aplicada (esa que todo el mundo ignora o se pasa por el arco del triunfo hasta que ocurren sucesos como este), quería humildemente exponer algunas reflexiones.

Desgraciadamente, en un país con las peculiaridades de este en que vivimos, para lo bueno y para lo malo, hay una cierta tendencia a buscar la culpabilidad en lugar de la explicación, por lo que hay una máxima no escrita que se suele aplicar en el caso de la investigación de accidentes (y en casi cualquier situación donde haya que escurrir el bulto): si hay un fallecido, buscar el origen de la tragedia en él suele ahorrar mucho tiempo y por tanto dinero. Y si no lo hay, señalar al que pueda justificar el archiconocido “error humano”. No pretendo utilizar mi habitual ironía con un toque de humor negro aprovechando esta desgraciada tragedia, pero creo que por ser una realidad tampoco se puede dejar de mostrar. Ocurrió con el maquinista del accidente del AVE, ocurre ahora con el copiloto Lubitz y ocurre hasta en el vergonzoso caso de Bartomeu con Tito Vilanova.

Y cuidado, que no estoy diciendo con esto que el tal Lubitz no sea responsable directo, que tiene todas las papeletas para serlo aunque la investigación no haya finalizado, solo que hay una cierta tendencia a buscar ya de antemano una conclusión en forma de responsabilidad personal que evite costosas responsabilidades organizativas. Porque si Lubitz hizo lo que hizo fue sin duda porque la organización también falló al dejarlo ocupar la posición que ostentaba.

En todo caso, lo que quiero manifestar en esta entrada antes de analizar un poco la personalidad de este sujeto al hilo de lo que he leído sobre él en los medios (y por tanto con un rigor más bien justito), es la desvergüenza que han manifestado estos mismos medios de comunicación utilizando de forma sensacionalista el tema de los trastornos mentales para acrecentar sus ganancias, importándoles un auténtico bledo incrementar el estigma hacia las personas que ya bastante desgracia tienen con estar pasando por una mala situación.

En los últimos dos días he leído titulares como “Lubitz tenía un trastorno de ansiedad generalizada y desprendimiento de retina”, “Lubitz tenía Síndrome de burnout” o “Andreas Lubitz sufría una severa depresión”. Y sea o no cierta esta ligereza en los diagnósticos, lo que sí es cierto es que al mencionar de esta forma estos sucesos están haciendo que opere el mecanismo psicológico de asociación por yuxtaposición, que consiste básicamente en que si Lubitz tenía estos trastornos, y Lubitz estrelló el avión, estos trastornos pueden llevar a estrellar aviones, una falacia que no por el hecho de serlo deja de calar en la ciudadanía incrementando el estigma de los trastornos mentales.

Por tanto, sería de agradecer que los medios de comunicación actuaran con un poco más de responsabilidad y un poco menos de interés monetario, aunque todos sepamos que esto es como pedir a los políticos que sean honrados. La respuesta puede ser una sonora carcajada.

Por no extenderme demasiado es de sobra conocido, y no hace falta ser psicólogo para ello, que patologías como la depresión y la ansiedad no pueden desencadenar por sí mismas la decisión de algo tan brutal como decidir estrellar un avión repleto de pasajeros contra una montaña. La depresión en primer lugar porque generalmente tiene como principal síntoma un estado de ánimo decaído que deviene en inhibición conductual, por lo que incluso en casos extremadamente graves puede llevar a plantearse el suicidio, pero no el asesinato y menos el asesinato múltiple sin variables añadidas. Y el trastorno de ansiedad generalizada porque conlleva preocupaciones exageradas y un importante grado de tensión que no tiene relación alguna con la planificación de un hecho de semejantes características.

El Síndrome del trabajador quemado o burnout es menos conocido. Es una patología derivada generalmente de un prolongado estrés laboral y unas condiciones organizativas deficitarias que generan importantes problemas físicos y psicológicos, concretándose en tres dimensiones que afectan al trabajador:

  • Agotamiento emocional: Situación de cansancio psicológico y pérdida de recursos emocionales para hacer frente a las situaciones laborales y al estrés generado por el trabajo.
  • Deshumanización: Adopción de actitudes negativas, insensibilidad y cinismo hacia los usuarios o personas con quien se tiene contacto laboral.
  • Falta de realización personal: Evaluación negativa del trabajo, sensación de ineficacia profesional y baja autoestima personal.

En todo caso, y al igual que en los casos anteriores, tampoco supondría una explicación única plausible para el caso que nos ocupa.

burnout

En mi opinión, ya digo que sin un análisis exhaustivo y a tenor de lo leído en los medios de prensa, y suponiendo que sea real la hipótesis principal lo cual a estas alturas es mucho suponer, lo que nos encontramos es ante un caso sociopatía, muy probablemente generado por la frustración de la obsesión permanente en su vida de ser piloto.

Prescindiendo de las múltiples teorías y diferencias existentes, a veces contradictorias, entre la definición de sociópatas y psicópatas, yo coincido más con aquella que frente al entendimiento de la psicopatía como algo más inherente a la persona, temprano y, solo en ocasiones, producto de causas traumáticas más generales, entiende la sociopatía como un trastorno desadaptativo en contra de la sociedad como consecuencia de hechos concretos o interacciones sociales específicas que influyen sobre la emocionalidad y la conducta.

Prueba de ello es que tal y como señalan los medios, a Lubitz no se le reconocía otro hobby que su profesión, su obsesión era ser piloto y como señala algún compañero: “era un friki que estaba obsesionado y que habría muerto si no pasa las pruebas para ser piloto“.

Ante estos tintes obsesivos no sería de extrañar que, cada vez de forma más creciente, las diferentes dificultades que se iba encontrando en su anhelo de ser capitán y comandante de vuelos de larga distancia, producto de su historial de salud, se fueran haciendo más evidentes para él y que ello le generase un rechazo y odio creciente hacia el sistema que le iba a impedir “triunfar” en aquello a lo que había destinado su vida. Es decir, un fenómeno de externalización de la culpa con ansias de destrucción hacia lo que representaba la frustración de su sueño.

La baja médica que recibió y que le impedía volar el día del suceso y el desprendimiento de retina que podría haber acabado con su vida como piloto, probablemente pudieron actuar como desencadenantes de la situación.

mascaraResumiendo, vista frustrada su obsesión ante la imposibilidad de seguir ocultando su situación de salud que hubiera sido evidente en el siguiente reconocimiento médico, decidió no solo quitarse la vida, sino hacerlo en una acción que afectara gravemente a la imagen de la organización para la que trabajaba (que representaría el sistema al que ha culpabilizado de su fracaso), y con un acto lo suficientemente trascendente como para que se recordase su nombre. No olvidemos la confesión realizada a una exnovia a la que comentó: “Todo el mundo sabrá mi nombre y lo recordará

El fenómeno de la trascendencia es también característico de los grandes casos de asesinos en serie, asesinos múltiples o magnicidas como una forma de expresión desadaptativa de la megalomanía de determinados sujetos (más propia en este caso sí de los psicópatas que de los sociópatas), aspecto que podría incluso estar en la base de su obsesión. Ahí tenemos el caso de David Chapman que asesinó a Lennon simplemente porque quería que su nombre pasase a la Historia ligado al del segundo.

En fin, sea esta hipótesis acertada o no, lo que sí ha supuesto el caso es convertirse en razón suficiente para que las compañías aéreas, y la sociedad en general, empiece a tomarse un poco más en serio el factor psicológico. Porque es un poco surrealista que las pruebas psicológicas en el caso de los pilotos solo se realicen para la obtención de la licencia pero no en las revisiones periódicas, que atienden solo a criterios médicos y biológicos pero no psicológicos. Un absurdo si consideramos que buena parte de los trastornos mentales son sobrevenidos.

Y quizás, solo quizás, una prueba más de que muchas veces cometemos el error de considerar que todo el mundo se rige por principios y valores semejantes a los nuestros. Otro tema es que esos otros sean lo suficientemente inteligentes como para ocultarlos por deseabilidad social en las relaciones con los vecinos. Decir que era una persona entrañable y bondadosa o un vecino ejemplar, al igual que ocurre cuando se descubre a un asesino en serie o a un pederasta, es bastante sintomático de nuestro deseo de ser ignorantes al riesgo para vivir bajo una ficticia sensación de seguridad, porque ¿acaso pensamos que lo van a ir gritando por la calle?

Como decía Oscar Wilde: “El hombre es menos sincero cuando habla por cuenta propia, darle una máscara y os dirá la verdad”. Y créanme que hablar con personas bajo la máscara, aspecto que ha permitido el anonimato de internet es a la par adictivo… y aterrador.

Salud y libertad

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Los 10 pecados de UPyD, su peligro y su salida

“El hombre que ha cometido un error y no lo corrige comete otro error mayor” (Confucio)

suricatoA pesar de haber peleado durante 7 años como responsable de comunicación de UPyD-Oviedo y haberme desgañitado hasta lo indecible intentando predicar en el desierto para reconducir determinados aspectos, tengo que decir que nunca imaginé que se llegaría hasta el nivel de ridículo de lo vivido en la rueda de prensa protagonizada ayer por Rosa Díez.

Afortunadamente, mi umbral de paciencia ya lo habían sobrepasado con creces en diciembre los inefables miembros de la dirección de UPyD-Asturias, por lo que ayer pude visualizar el bochorno como mero simpatizante de lo que un día fue un proyecto esperanzador hoy en ruinas.

Y es que lo de que el diputado asturiano Ignacio Prendes pretenda sacar tajada postulándose como la salida a la situación, resaltando su desacuerdo con la dirección y constituyéndose ahora en la alternativa que quería pactar con Ciudadanos, tras cargarse UPyD en Asturias, es de espectáculo circense. Quizás me anime más adelante a publicar la carta de dos folios con la que me di de baja de UPyD en Diciembre, y en que se detalla la deslealtad y estrategia que este sujeto y sus esbirros están cumpliendo paso a paso.

Pero al margen de ello, con la siempre interesante perspectiva que da el mirar las cosas desde fuera, y tras haber pasado un tiempo necesario para una mínima desintoxicación emocional, creo poder apuntar con bastante acierto cuáles son los diez principales errores que han llevado a UPyD a la situación actual.

1.- Ingratitud.

El principal defecto de UPyD es que ha sido un partido ingrato hasta lo indecible. Rara vez ha agradecido a las personas leales su desinteresado trabajo más allá de por los canales puramente formales y protocolarios.

Personas con las que yo viví y trabajé de cerca que han dejado de lado su tiempo libre, su tiempo familiar y su dinero (en muchas ocasiones no precisamente sobrante) por unos ideales y por un proyecto que creían podía cambiar las cosas, merecían desde luego mucho más reconocimiento que el absoluto desdén con que algunos les han tratado, como si existiera la extraña presuposición de que ese era su trabajo y su obligación.

Eso sin hablar ya de las menciones y descalificativos proferidos contra quienes osaban abandonar el proyecto, independientemente de lo mucho que hubieran luchado por él, al más puro estilo sectario.

2.- Arrogancia/despotismo.

La ingratitud con determinados afiliados ha venido como consecuencia de otro de los males que han asolado a UPyD desde sus principios, y que no es otro que la arrogancia, considerando su mensaje como una verdad absoluta que por encima del bien y del mal hay que predicar a los fieles.

Este aspecto viene además muy unido a una circunstancia particular de muchos de los dirigentes y cargos de dirección de UPyD, su procedencia universitaria. En no pocas ocasiones la altanería en el ámbito universitario va unida a no entender que este es como una isla escasamente comunicada con el mundo real, como si las puertas de la institución educativa separaran dos universos ajenos. Porque, precisamente por no estar en las aulas, no se puede tratar a los votantes como el profesor trata a sus alumnos, desde una posición de superioridad donde a veces los modales son auténticamente despóticos.

Si alguien quiere profundizar en este aspecto aquí tiene mi entrada sobre la UNED.

3.- Falta de autocrítica.

¿Cuál es la consecuencia lógica de los puntos anteriores? La más absoluta falta de autocrítica. El problema siempre eran los medios de comunicación, los votantes, el no entender lo que se quiere plantear… Pero nunca, nunca, se ha realizado un verdadero ejercicio de autocrítica. Y mejor no cuento las respuestas que teníamos que aguantar aquellos que la exigíamos.

Tengo que reconocer que esto en lo personal siempre me ha sangrado bastante. Todo perfeccionista detesta equivocarse, pero la diferencia entre un perfeccionista inteligente y uno con síntomas de mediocridad, es que el primero siempre pedirá que se le busque la imperfección, porque solo desde la crítica sincera se puede hacer un ejercicio de mejora constante. Guste o no, buena parte del aprendizaje se produce por ensayo y error, así que si uno no asume sus equivocaciones, lejos de mejorar, repetirá machaconamente sus tropiezos.

4.-Comunicación.

UPyD ha tenido siempre un serio problema de comunicación. Prescindiendo de los intereses para ocultar su mensaje (que luego veremos y que desde luego existen), no ha sabido utilizar estrategias comunicativas adecuadas.

Lo discutí en varias ocasiones de forma pública en twitter, así que si alguno tiene interés y tiempo puede buscarlo en el Time Line. Comunicar en el siglo XXI no es solo exponer tu mensaje de forma eficaz para hacerlo accesible al entendimiento de otros, es también, y más si cabe, saber utilizar las estrategias para que dicho mensaje llegue a los destinatarios.

No se puede pretender que una sociedad que tiene un interés justo e incluso escaso en lo político, lea programas y documentos de análisis de 300 folios que, sinceramente, le importan un bledo. Hay que dárselo claro, masticado y a ser posible disfrazado de sensacionalista. La respuesta que me dio alguno en ocasiones es que para tratar a los demás como idiotas se iba a su casa. Craso error, ahí están los resultados de unos y otros, porque volviendo al punto dos, el mundo intelectual de la Universidad no es el mundo donde Sálvame o Adán y Eva tienen un 20% de cuota de pantalla.

5.- Antipatía.

El resultado: un partido antipático. Y esto es grave, porque por mucho que se empeñen las direcciones nacionales y regionales del partido, en el voto pesa sobremanera la emoción y bastante poco la razón.

Seamos honestos, ¿cuántas veces se ha leído alguien íntegramente el programa de un partido al que ha votado?, es más, ¿cuántas veces ha leído alguien un programa político? Pues eso, el voto no es solo, ni siquiera prioritariamente, una cuestión racional y reflexiva. Es en gran medida una decisión emocional y los grandes partidos que lo saben juegan con sus estrategias para reforzar la emocionalidad primaria (y entontecedora) del ser humano. ¿De qué si no siguen algunos 40 años después con la cantinela de Franco y el miedo a la derecha?

Así que, como decíamos, apelar a la racionalidad de una sociedad que no vota en base a este criterio es, primero, un disparate estratégico, y segundo, un vivir al margen de la realidad, por muy políticamente correcto y socialmente deseable que suene.

¿Alguien se imagina que cualquier otro partido hubiera denunciado a todos los bancos que denunció UPyD o hubiera puesto la querella de Bankia? Sería un héroe nacional… Pero si caes mal, ya puedes repartir oro que te buscarán la mala intención.

6.- Enemistad.

Si uno tiene problemas para difundir su mensaje, para caer simpático y para que la gente le entienda, por favor, no es inteligente buscar más enemigos con los que guerrear ni mucho menos batallar contra todos a la vez.

Si quieres cambiar el sistema, ya tienes de partida como adversarios a todos los partidos políticos del establishment, a la prensa servil que trabaja a sueldo para ellos, y si además eres un partido laico, a la Iglesia tampoco le simpatizas. Lo propio sería por lo menos tratar de pactar tregua con alguno mientras te centras en los otros.

Por tanto, la estrategia de ir acusando a los medios de comunicación (que son quienes tienen el poder de transmitir tu mensaje) y guerreando contra ellos es una auténtica torpeza. Donde ya te tienen en el punto de mira, solo conseguirás que te ignoren más y que sean más beligerantes contra ti. Y sí, los medios de comunicación han ocultado deliberadamente el mensaje de UPyD, han tergiversado hasta lo indecible su discurso, han mentido descaradamente y han atribuido sus méritos a otros. Pero precisamente por eso lo que no se puede es establecer con ellos guerra abierta, mientras se lucha en otras tres, porque lo único que puede salir de ahí es una pérdida mayor que si al menos intentas fingir entendimiento.

Y en el plano partidista tres cuartos de lo mismo. Bastante guerra había con el PPSOEIU como para convertir a Ciudadanos en el principal punto de mira, organización que además te ha ganado la estrategia de la comunicación y del diálogo, dejándote a ti como autoritario (aunque lo haya hecho con malas artes, las mismas que tú en tu arrogancia te has negado a utilizar o que en tu mundo de yupi no has visto venir).

7.- Burocracia.

Recuerdo que uno de los males de los que huía como de la peste el primer coordinador de UPyD en Asturias, Eduardo Madroñal, era de la burocracia (o lo que es lo mismo de la adopción de roles burócratas), aspecto que él siempre supo manejar en una yo creo que buena labor mientras estuvo en el cargo.

Desgraciadamente con el tiempo la cosa se torció, tanto a nivel nacional como autonómico. A nivel nacional empezaron a proliferar documentos inacabables y absurdos sobre cómo había que ejecutar la gestión, la comunicación, la representación… Una pérdida de trabajo y esfuerzo que no tenía utilidad alguna, más que demostrar la labor que realizaban algunos. Y en Asturias, peor aún, cuando esta indescriptible dirección decidió que algunos niñatos serviles iban a tener sueldo y dedicarse a tareas propiamente políticas, mientras lo más leal, competente, político en el sentido amplio del término y formado, se dedicaría a dar la imagen amable, reuniéndose con los ciudadanos o repartiendo folletitos. Un reparto de actividades cuya única función era quitar del debate político precisamente a aquellos que podían rebatir las decisiones institucionales o algunas barbaridades que se estaban ejecutando.

8.- Yoísmo/intereses personales.

La búsqueda de intereses personales es otro aspecto que a nadie se le escapa que va a ser campo de batalla en la arena política. Desgraciadamente, de la persecución incansable (incluso paranoica) que había en los inicios para detectar a quien quería chupar del bote y practicar la “vieja política” se pasó por parte de algunos al peloteo más absoluto cuando hubo puestos y ya no digamos sueldos que repartir.

El hecho de estar en Asturias con los famosos 6 asesores, que luego fueron 7, quizás hizo ver esto de forma evidente, pero es verdaderamente frustrante, no solo a nivel político sino a nivel humano, comprobar lo fácilmente que se pueden vender algunos. Un puesto catorce en una lista de la que como mucho puede salir uno o una palmadita en la espalda del mandamás es para algunos razón suficiente para tener una flamante erección y comportarse como el jorobado servil de las viejas historias de terror. Francamente descorazonador.

Por supuesto, si sumamos el anteponer el propio yo o incluso las siglas del partido al proyecto de fondo, que es para lo que muchos se unieron a él, el resultado no puede ser otro que la catástrofe vivida. Y en este plano Rosa Díez no ha tenido la generosidad necesaria que se debe exigir a alguien que de verdad quiere cambiar las cosas por encima de sí mismo. Tampoco es la única, sujetos que han actuado con la deslealtad, narcisismo y yoísmo con que lo han hecho Fernando Maura, Enrique Calvet o Ignacio Prendes, son para UPyD un peligro de ambición personalista mucho mayor que veinte Rosas Díez.

9.- Control obsesivo.

El devenir lógico de alguien que se ama a sí mismo por encima de todas las cosas es querer controlarlo todo, porque obviamente nadie estará a su divino nivel intelectual para tomar las portentosas decisiones que toma quien solo reconoce como su igual a la figura del espejo.

El problema en política con el intento de control desmedido y obsesivo, al menos en un partido que se dice regenerador y compuesto en gran medida por afiliados que se dieron de alta precisamente para hacer las cosas de forma distinta, es que lleva inevitablemente a las estrategias sucias de la “vieja política”. Y claro, muchos no están (ni estábamos) dispuestos a pasar por ese aro. Porque sinceramente, para hacer las cosas de la misma forma que lo hacen otros y con los mismos fines, uno se mete en uno de los grandes partidos que tiene más posibilidades de “pillar cacho” trabajando menos.

10.- Peculiaridad de la afiliación.

Y esto es lo que nunca entendió, o no quiso entender, la dirección de UPyD. Que su afiliación, hasta la llegada de los que vinieron al olor de los prometedores resultados anteriores a las europeas, era una afiliación diferente y muy, muy particular.

Eran personas con su trabajo, profesionales sin mayor interés en el lado instrumental de la política, con escasas ambiciones en lo personal dentro de este mundo pero con conciencia, indignadas con el funcionamiento del sistema, que habían decidido dar un paso adelante porque pensaban que si no lo daban ellos, nadie lo haría.

Pero ante todo, en su mayoría, personas competentes, informadas y críticas, que no estaban dispuestas a tolerar mucha tontería porque ni se jugaban nada ni buscaban nada. Es más, lo único que les ofrecía la política era trabajo voluntario (muchas horas), pérdida de dinero (con la cuota de afiliación más alta de todos los partidos nacionales, derramas aparte para folletos, dípticos…) y para colmo, algún que otro reproche del típico ciudadano bocazas en la calle pero votante del PPSOE en la intimidad, del estilo: “sois todos iguales”, “sois unos fascistas”…

 

Y con esta situación, era cuestión de tiempo que se llegara a la situación actual en que podemos aplicar el dicho de: “entre todos la mataron y ella sola se murió”. Aunque personalmente aún creo que hay una posibilidad, no exenta de un peligro mayor.

La posibilidad pasa por una regeneración absoluta del partido, encabezada por una nueva cara visible que permita recobrar el espíritu original de UPyD. Pocas opciones hay para semejante labor, aunque yo apostaría por Irene Lozano, Andrés Herzog o, muy a pesar de muchos, Toni Cantó.

Desde luego, sea quien sea, tendrá el inconveniente de que no contará ya con el trabajo, esfuerzo, competencia y motivación de la cantidad de afiliados leales al proyecto que se han ido dando de baja, pero al menos tendrá la suerte de quitarse de encima a los afiliados que han venido al olor de sus intereses particulares, y que ahora ven opciones mejores para satisfacer sus ansias de ambición.

El peligro mayor es caer en manos de uno de los mesías que, al estilo Pablo Iglesias, promete paraísos para todos buscando tesoros para sí. Y es un peligro real porque muchos de los afiliados leales al proyecto se han ido marchando mientras que muchos de los leales a sus amos se han ido quedando, con lo cual actualmente nadie sabe por dónde puede ir el correlato de fuerzas. Yo personalmente, por decencia, antes de ver este proyecto dirigido por individuos como Enrique Calvet, Fernando Maura o Ignacio Prendes, preferiría verlo disolverse recordando con nostalgia lo que pudo ser y no fue.

Y por último, una reflexión: ¿qué pasaría si Ciudadanos a medio plazo y ahora que juega en la liga del poder y las decisiones, actuara como los partidos tradicionales y no ejecutara los cambios a que se ha comprometido con la coherencia con que sí lo ha hecho UPyD en su pequeña parcelita de poder? ¿Podría UPyD volver a ser una opción? Ahí lo dejo, claro, que eso ya no depende de lo que haga uno (UPyD) sino de lo que hagan otros (Ciudadanos). Veremos.

Salud y libertad…

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Esto es… ¡España!

“La mayor parte de los hombres tiene una capacidad intelectual muy superior al ejercicio que hacen de ella” (Ortega y Gasset)

Cuando en la película 300 el gran Leónidas hace gala de las mejores virtudes espartanas para lanzar al pánfilo del emisario de Jerjes a un pozo (pidiendo permiso previo a la parienta que será espartano pero no tonto, como se aprecia en el video), le espeta el famoso grito de “Esto es… ¡Esparta!”, que sería el equivalente actual de: “sí, somos suicidas pero aquí nadie viene a tocarnos las narices”

Y esta semana, que no tenía pensado escribir entrada en el blog, me vais a permitir comentaros una anécdota breve para referir las mejores características hispanas, porque: “Esto es… ¡España!”.

Para no abundar en mis ladrillos habituales, comentaré simplemente que el lunes de esta semana (16 de marzo), se me estropeó internet. A pesar de todos mis intentos habituales por reestablecer la conexión, esta vez no hubo manera, así que tuve que armarme de paciencia y conectar con la centralita de la compañía naranjita (parecen afiliados de Ciudadanos).

Tras varios intentos desconectando y reconectando el router, el primer diagnóstico fue que estaba averiada la conexión por lo que muy diligentemente me enviaron un técnico al día siguiente que cambió el PTR. Pero mal asunto, seguía sin poder conectarme a interneeeeeet.

Así que cual Enjuto Mujamuto volví a llamar al servicio técnico, quien tras nuevas operaciones llegó a la conclusión de que también tenía estropeado el router por lo que procedía enviándome otro que llegaría en un plazo inferior a  72 horas a través de una compañía de transporte de cuyo nombre no quiero acordarme.

La verdad es que en estas cosas son muy resultones pues me dieron acceso a una aplicación donde podía ver en todo momento el estado de mi pedido. Por eso cuando el jueves día 19 vi que el router estaba en reparto pensé que el servicio era estupendo por la rapidez en la resolución de incidencias.

Y de pronto, entre tanta felicidad, a las 19:30 de la tarde, recibí un sms de orange informándome de que se había producido una incidencia pues como bien señalaba la aplicación de la empresa de transportes se había dado la incidencia de error en los datos del cliente.

incidencia

Ya estaba pensando yo que mi router estaría en Málaga cuando a la mañana siguiente contacté telefónicamente con la empresa de transportes. Un momento por favor, tiririririririri, tiririririri, le paso.

– Buenos días me ha llegado un SMS diciendo que me ponga en contacto con ustedes por la incidencia tipo tropecientosmilquinientoscuarentaydos.

– Entiendo, sus datos de contacto están mal.

– Es usted Antonio Cervero tal y tal.

– Sí señor.

– Su dirección es C/ Perico los palotes 4, 2º.

– Sí señor, 2º B, pero sí.

– Ah, ¿2º B?

– Sí.

– AHÍ ESTÁ EL ERROR! Aquí pone solo 2º, falta la B.

– : O (careto incapaz de verbalizar palabra alguna)

Y claro, uno podría pensar: joder, normal, que tiquismiquis es el ancerverus este. Entre el 2º A y el 2ºM como para que se ponga el mensajero de la empresa de transportes a buscar cuál es su puerta. Podría ser, salvo por el pequeño detalle de que en la calle Perico los palotes 4, ¡SOLO HAY DOS SEGUNDOS! Es decir, o el segundo A o el segundo B.

Resumiendo, que el mensajero cogió mi router de las oficinas centrales, condujo aproximadamente 10 Km hasta mi casa, y ante el tremendo e irresoluble dilema mental entre llamar al 2ºA o al 2ºB del telefonillo del portal, presa del pánico, volvió a conducir 10 Km llevando de nuevo mi router a las oficinas centrales, para dar aviso a Orange de que a su vez me enviaran un SMS diciendo que a la operadora con la que hablé se le había olvidado señalar la letra de la puerta, y que me pusiera al día siguiente en contacto con las oficinas centrales haciendo constar la incidencia 0200xxxx14 y resolver tamaño conflicto.

Y es que al parecer, llamar a una de las dos puertas para preguntar si Antonio vivía en ese piso o en el de enfrente o, ya en un nivel de complejidad mayor aún, llamar desde el portal al número de teléfono que figuraba en la documentación de entrega para ver cuál era la letra de destino, eran opciones de imposible consideración.

Mucho más fácil, donde va a parar, el procedimiento anterior. Y entonces recordé la historia de Jerjes, de Leónidas y las virtudes hispanas entre las que está desde luego la productividad. Y me acordé de los pérfidos alemanes que quieren hundir nuestra economía. Y decidí que la culpa era de Merkel y que la próxima vez, en lugar de empujar al negrito al pozo, me tiro yo de cabeza porque esto es… ¡España!

Salud y libertad…

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Otro caso de acoso escolar en Asturias

Parece ser, como señala este diario, que tiempo después del triste suceso ocurrido en el colegio Santo Ángel de Gijón se ha producido un nuevo caso de acoso escolar en Asturias, ahora a una niña de 11 años de un centro público de Oviedo.

Es obvio que el acoso escolar es un problema en el que influyen múltiples variables que van desde las personales y psicológicas, hasta las escolares y sociales, y que por tanto una intervención adecuada debe abarcar todas ellas, con la consecuente implicación de alumnos, familias, centro y Servicios Sociales. Pero no es menos cierto que, en ocasiones, la labor de las instituciones educativas parece más encaminada a deshacerse del problema que a atajarlo de forma eficaz.

Así, no es extraño ver casos en consulta donde la minimización y el ocultamiento por parte de los centros escolares, en ocasiones por desconocimiento y en ocasiones por las negativas consecuencias publicitarias que acarrearía para éste que tal situación trascendiese, parecen primar sobre el intento de resolución del problema en la propia institución.

Y no deja de ser curioso que en este caso se haya producido de nuevo la que suele ser la típica solución estándar en procesos semejantes, el cambio de centro de la víctima, una nefasta estrategia que supone la culpabilización de ésta (se envía el mensaje de que el problema está en ella), y un nuevo triunfo de los acosadores, que ya se encargarán de difundir su hazaña al nuevo centro donde se escolarice, lo que puede propiciar el reinicio del ciclo de acoso.

Desgraciadamente, ésta parece ser la maniobra más asequible y habitual ante las complicaciones y costes (no sólo materiales, también organizativos) que puede originar el poner en marcha una estrategia global contra el acoso en un centro, más allá de las obligadas explicitaciones burocráticas en forma del plan de convivencia que se incluye en el reglamento de régimen interno, y que no suele pasar de ser simple papel mojado para cumplir con la Administración.

Es vergonzoso que sea necesario recordar que un centro tiene que garantizar en sus instalaciones, en primer lugar porque está obligado por ley, la seguridad de los alumnos y que debe velar por que las condiciones sean las más adecuadas para llevar a cabo las tareas de enseñanza-aprendizaje. Y es más vergonzoso aún que los padres tengan que comenzar un vía crucis legal y administrativo para algo tan básico como garantizar la seguridad de sus hijos mientras la Administración sigue limitándose a avalar la estrategia de derivar el problema, desentendiéndose del mismo.

Publicado en el diario “La Nueva España”, 09/03/2015. Ver en la edición digital

Salud y libertad…

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