Archivo mensual: febrero 2015

Manipulación psicológica y partidos políticos (6ª parte y final)

“La naturaleza de los hombres soberbios y viles es mostrarse insolentes en la prosperidad y abyectos y humildes en la adversidad” (Maquiavelo)

Limpiar los ojos cada cierto tiempo para ver con claridad

Limpiar los ojos cada cierto tiempo para ver con claridad

Como todo llega a su fin, a veces afortunadamente, con esta parte no solo finiquito la entrada sobre manipulación en los partidos, sino también mi propia etapa activa dedicada a la esfera política. Y como bien me comentaba ayer @1976andresg, otra de esas honestas personas que uno se ha encontrado por el camino de tan hediondo mundo y que también ha dicho basta: “sin política activa el análisis es solo melancolía, pero la melancolía está más cerca de la verdad, eso es cierto”.

Así que analicemos con melancolía… y con tristeza. La manipulación en política no se observa solo de cara a intentar convencer a las masas de votantes de qué es lo que tienen que pensar y a quién deben votar, ya sea a través de la propaganda política o del disciplinado trabajo de los medios de comunicación.

Otro amplio contexto de manipulación es el que se da en el seno de los propios partidos, donde uno puede ver, a veces con verdadera alucinación, estrategias sucias y retorcidas que demuestran que realmente para manipular no hacen falta años de estudio en una Facultad de Psicología o de Ciencias Políticas, sino simplemente tener un objetivo claro, una mente maquiavélica y una carencia absoluta de principios.

Esto no es de extrañar si consideramos, al igual que comentábamos que sucede en las grandes empresas, que en los partidos políticos hay un amplio porcentaje de psicópatas integrados (comentar la asombrosa sincronicidad de que justo en el momento en que escribía estas líneas me enviaran por twitter esta noticia), aunque las características que señala este meme que me han enviado al whatsapp son en realidad más propias de los narcisistas, de los que también hay un amplio porcentaje: no parar de hablar, estar encantados de escucharse a sí mismos, creer tener siempre la razón y reaccionar violentamente contra quien no comparte sus posturas.

Más bien estas características son propias del narcisismo

Más bien estas características son propias del narcisismo

Por ello, estas estrategias un tanto ocurrentes y deslavazadas que voy a comentar, son fruto de mi experiencia directa en la política, habiéndolas visto o sufrido directamente, habiéndoseme comentado por compañeros de diversos partidos políticos o siendo objeto de rumores de la vida interna de los partidos que sabiendo cómo funcionan, me merecen (a mí personalmente) toda la credibilidad del mundo.

El hecho de que se practiquen en los partidos políticos de forma habitual y se conozcan sobradamente hace que estén como los diez mandamientos grabadas en piedra en la mente de las cúpulas, lo que junto con su exigencia de control férreo sobre todo aspecto por nimio que sea, me lleva a llamarlas jocosamente estrategias petroférreas.

Así, me permito recordar que las denominaciones de estas estrategias son simplemente producto de mi mente cachonda y enfermiza, pero que no son ni mucho menos estrategias validadas, como si ocurría con las descritas en las entradas previas del blog.

 

1.- El café

Si hay una realidad inquebrantable es que la política de partidos se hace a golpe de café. No hay reunión, asamblea o decisión que no haya pasado previamente por cientos de cafés que permitan anticipar un resultado favorable para los intereses gobernantes de aquello que se va a decidir.

Esto claro, en los partidos pobres. La conspiración previa en otros ámbitos se puede realizar de forma más opulenta.

A las mariscadas!!!

A las mariscadas!!!

 

2.- El factor sorpresa

Mostrar las cartas al enemigo es de una torpeza manifiesta porque el tiempo de reacción es básico para una respuesta reflexiva. Por tanto, si hay que enviar un informe que aprobar, si hay que presentar un candidato afín, si hay que solicitar un favor, lo eficaz es hacerlo en el último momento y con total premura lo que evitaría cualquier tipo de estrategia defensiva. La escasez de tiempo da asimismo sensación de urgencia y dificulta el pensamiento, por tanto hay que agotar los plazos hasta el final.

 

Qué profesional!

Qué profesional!

 

3.- La cobarde

Esta estrategia es especialmente llamativa, porque teóricamente no debería tener eficacia alguna, ya que los comportamientos cobardes son generalmente fácilmente observables por lo que en la vida social suelen ser valorados negativamente y por tanto, penalizados.

Pero estamos en política, y aquí el sentido común a veces funciona por otros parámetros. Y es que como se diría científicamente, habría que considerar las variables extrañas. Y como el todo es más que la suma de las partes, al conjugar esta estrategia con otras como puede ser la ambiciosa (ver punto 5), se genera un efecto reforzador sobre la misma.

Así, si algún equipo quiere minar una votación, siempre se puede sugerir a los votantes que no se quieran mojar en exceso que se abstengan en la misma. De esta forma se salva la cara pues no da lugar a un voto en contra, lo que siempre se puede justificar apelando a las dudas generadas por el objeto a votar, a la par que se reduce el margen de apoyo al oponente.

En segundo lugar, podríamos señalar la muy cobarde, que consiste en bajar la cabeza y las orejas cuando uno se ve descubierto ante una  conducta vil y es acusado en público respondiendo con el más absoluto silencio esperando que pase el chaparrón.

Y finalmente, en un grado superlativo, está la cobarde magistral elite package, que consiste naturalmente en ni siquiera tener el valor de acudir a una votación apelando a cualquier compromiso urgente, dejando que sean los esbirros los que hagan el trabajo sucio y tumben la iniciativa a desmontar sin ensuciarse las enaguas. ¿Acaso no recordamos todos el caso de Tamayo y Sáez?

 

4.- La desleal

Pero incluso resulta un nivel de indecencia añadido respecto a la anterior hacerlo desde dentro. Es decir, no se trata ya en este caso de no acudir a la votación sino de formar parte de los proponentes, estando como un infiltrado para aportar información desde dentro de la oposición y hacer fracasar una tras otra todas las iniciativas del grupo discrepante. Lo que viene siendo de toda la vida, inflitrar un topo en cualquier organización.

Lo paradójico del tema es que estos comportamientos verdaderamente nauseabundos suelen ser muy bien recompensados, por lo que no es de extrañar que la gentuza de este calibre tenga puestos de decisión en los órganos institucionales o políticos de los partidos.

 

5.- La ambiciosa

Otra de las características de un determinado grupo de personas que se acercan a los partidos políticos es, sin duda, la ambición. Y las personas ambiciosas tienen por definición una característica que las define: son fáciles de comprar.

Por eso no es extraño encontrar la estrategia de prometer hasta lo indecible. Puestos, cargos, posiciones en una lista, premios, reciprocidades… Si se cumple el privilegio, la lealtad está garantizada, si no, siempre se podrá echar la culpa a un enemigo con el aliciente de hacerlo responsable de males ajenos que ayudarán a quitarlo de en medio.

Sin duda es la estrategia más efectiva y algunos alcanzarían cotas de hilaridad inimaginables si supieran lo fácil y barato que puede salir comprar a algunos con meras palmaditas en la espalda. Las bases de un partido se excitan enormemente cada vez que una de las cabezas institucionales baja al mundo terrenal a saludarles. Una llamada en un proceso de votación explicando lo importante que es para el partido un determinado resultado, untando un poco de jabón sobre la lealtad, hace maravillas para dirigir el voto. Además suele haber una relación directamente proporcional entre el cargo político del emisor y la influencia ejercida en la decisión de la víctima. Claro, que esta estrategia tiene un problema, la persona ambiciosa siempre puede posteriormente aceptar un precio de alguien que tenga y ofrezca más.

Los mapaches roban y se alimentan de basura. No se fíe de aquel/la a quien sigan amigablemente por mucho envoltorio que lleve

Los mapaches roban y se alimentan de basura. No se fíe de aquel/la a quien sigan amigablemente por mucho envoltorio que lleve

En este punto, siempre recuerdo la frasecita de marras de cierto representante público al que cuando se le reprochó su desmedida ambición respondió algo parecido a: “es gracias a mi ambición que hemos llegado a las instituciones”. Aterrador.

 

6.- La paciente

Si vamos viendo todas estas estrategias, ya podremos ir imaginando que una persona de principios, honesta y cuyo fin sea realmente ayudar a los demás (y las hay, doy fe de que las hay), no se encontrará precisamente en un ambiente amigable y placentero para desarrollar su actuación.

Por eso, en muchas ocasiones la estrategia de los miserables es sencillamente esperar a que este tipo de gente se canse de tanta inmundicia y se vaya por donde vino. En (repugnantes) palabras de cierto personajillo de la política asturiana, tras la marcha de personas trabajadoras que suponían una perspectiva crítica respecto a las estrategias de la cúpula dirigente: “sí, pero ellos ya no están y yo aquí sigo en mi puesto”.

De hecho, muchas buenas personas que siguen en política tras haber visto este tipo de mundo, lo hacen precisamente porque se niegan a dejar su partido, su proyecto y su desinteresado trabajo en manos de esta gente, por lo que deciden seguir luchando contra ello. Tienen mi admiración.

 

7.- La impostura

La impostura básicamente consiste en presentarse con una imagen de seguridad que convierta en ley todo lo que uno suelta por la boca. En diferentes ámbitos se suele utilizar esta estrategia que se fundamenta en algo parecido a plantear que si se dice una burrada con el suficiente tono de seguridad y los demás desconocen si es cierto o no, la afirmación se dará por cierta.

Personalmente me parece muy llamativo, porque al menos bajo mi experiencia, cuanto más he sabido sobre un tema o cuando he conocido a gente que realmente dominaba un campo, la duda era síntoma de conocimiento. Cuanto más sabe uno sobre algo, más preguntas se genera y menos certezas tiene. La falsa seguridad y la rigidez en el conocimiento, sobre todo en los ámbitos humanos y sociales suele ser un síntoma de mediocridad.

Especialmente gracioso resulta el hecho cuando tal firmeza la muestra alguno que oculta su curriculum para no descubrir públicamente que, tras haberse trabajado cierta imagen de superioridad, tiene una formación escasa y un nivel bajo mínimos.

 

8.- El anónimo encubierto.

Profundizando en la cobardía que mencionamos anteriormente, los anónimos descalificantes suelen ser otra estrategia útil para eliminar adversarios (ver estrategia 10). Al igual que ocurría con la sorpresa, generar rumores o imputar hechos ciertos o falsos sin que se pueda identificar la fuente, da una cierta superioridad, porque la víctima no sabe en realidad contra quién defenderse.

Si además, la descalificación o la injuria se realiza por la espalda, sin mención directa ni envío al propio damnificado, la eficacia se incrementa, pues si uno no tiene la información sobre el hecho imputado, ya no se trata de no saber contra quién defenderse, sino de qué.

Es el equivalente político del cornudo, todo el mundo sabe que lo es pero nadie se atreve a decírselo y cuando se entera suele ser el último.

 

9.- Control.

Como vimos, el narcisismo es una característica muy habitual en la mayoría de quienes han llegado a tener cierta cota de poder. Así que ya sea por constitución genética o porque rodearse de palmeros no puede llevar a otra meta más que al propio auto-endiosamiento, en ciertas posiciones es tendencia controlar hasta el más mínimo detalle. A veces la obsesión lleva a cotas realmente divertidas, dejando la fase anal retentiva de Freud en una mera anécdota.

Pero uno tiene sus limitaciones, así que si de lo que se trata es de controlar ámbitos cada vez más lejanos al propio donde se desarrolla la actividad, como órganos subordinados, no hay mucho más que hacer que inducir una marioneta en representación. Estará eternamente agradecida por la concesión y permitirá el control de una nueva parcela.


Aprendizaje por descubrimiento: busque las diferencias con la fase anal retentiva

10.- El genocidio.

En política, en realidad en cualquier medio donde abundan los mediocres, los psicópatas y los narcisistas, los adversarios sobran. Y por tanto hay que cargárselos sea como sea. Los mediocres se cargarán a otros porque temen ver destapada su propia mediocridad, los narcisistas porque pueden descubrir que a pesar de estar permanente lamiendo su pija siempre hay alguien más listo y con más criterio, y los psicópatas porque se morirán de risa cuando vean que alguien tiene buenas intenciones, lo que no cuadra con sus esquemas mentales.

Por supuesto, hay miles de formas de deshacerse de los adversarios, y no necesariamente todas negativas para este, pues habrá que medir mucho si el deshacerse de alguien va a implicar un rasguño propio.

En ocasiones, la mejor estrategia para su exilio es el ascenso. Esta es una estrategia que ya había conocido en los jesuitas. Cuando uno molesta, patada hacia arriba. Eres demasiado bueno para estar aquí, donde no se están aprovechando tus cualidades, así que te vamos a proponer para un ascenso a obispo, eso sí, en la diócesis de Xingú en Brasil. Patada hacia arriba, un besito y envíanos una postal.

Para cargarse un adversario en un debate público, una estrategia genial es plantear una pregunta especialmente complicada a dos candidatos. Por supuesto, esto va acompañado de dos estrategias complementarias: primero, al candidato afín ya se le habrá dicho un par de días antes cuál es la pregunta para que pueda preparar la respuesta a gusto, y segundo, la pregunta la hará un afiliado común para que no se pueda achacar que la cúpula está tomando posición en el proceso.

A primera línea de fuego que vaya alguien prescindible, el tonto útil, el abanderado que todos sabemos que es el más valiente y por supuesto al primero que liquidan en el campo de batalla. El general estará en su caballo para que pueda echar a correr si las cosas se ponen feas.

 

En fin, que se podrían enumerar tantas y tantas estrategias que esta entrada no tendría fin. Pero no están mal como descripción de los diez mandamientos de la política sucia. Como siempre y hoy más que nunca…

Charlton es mucho Charlton

Charlton es mucho Charlton

                  Salud y libertad.

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