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Cómo convertir a un rebelde en un enfermo mental: del maltrato al consumo de cannabis

“La ciencia no nos ha enseñado aún si la locura es o no lo más sublime de la inteligencia” (Poe)

El miedo a la libertad no es algo nuevo, aunque hay que reconocer que ciertas tendencias políticas actuales han impulsado esta emoción con un nuevo vigor tras entender su poder para controlar y someter a una masa cada vez más manipulable. Pero en todo caso, ni siquiera las personas (o personajes) que pretenden coartar la libertad ajena reniegan de la libertad, solamente demuestran su consideración sobre uso por parte de los demás, presuponiendo que a diferencia de ellos, son demasiado estúpidos como para saber utilizarla.

Una de las formas de cortar de raíz la libertad ajena es precisamente convenciendo a la persona afectada de que el libre uso de criterio y actuación está determinado por una enfermedad mental y que, por tanto, en realidad no está siendo libre, sino que está siendo controlado por impulsos o motivaciones patológicas.

Esto se puede observar perfectamente en los casos de maltrato, donde lo primero que hará el sujeto en cuestión es romper la red social de apoyo de su pareja, a la par que la hace creer que su capacidad de discernimiento está afectada por un deterioro cognitivo o cualquier otro tipo de patología mental, con el fin de que dude de ella misma. No obstante, también hay ejemplos en el ámbito político, donde a los discrepantes de regímenes totalitarios, de derechas o de esa izquierda genocida tan del gusto de nuestros gobernantes actuales, se les enviaba a campos de concentración o gulags para re-educarse, que es la forma de decir aplicando la neolengua, que debían someterse al pensamiento en bloque dominante.

El problema cuando hablamos técnicamente, y no solo socialmente, de salud mental, es que podemos encontrarnos con algún caso semejante. Por ejemplo, la Historia de la Psicología deberá cargar con la vergüenza de haber  validado el concepto de histeria y su supuesto tratamiento, que incluía verdaderas torturas a base de electroshocks aplicados indiscriminadamente a mujeres perfectamente sanas que osaban no aceptar el régimen de esclavitud y abuso a las que les sometían sus maridos. Todavía hoy, de vez en cuando, algún marido pregunta o plantea tal posibilidad, de la misma forma que lo hace algún padre cuando su hijo le confiesa que es homosexual, condición considerada “trastorno” durante mucho tiempo por obra y gracia de la religión imperante.

Otro ejemplo es la drapetomanía, la supuesta enfermedad que padecían los esclavos negros del siglo XIX, por la cual tenían unas ansias de libertad excesivas que les hacían manifestarse contra el sistema de esclavitud. Y llegando a tiempos más actuales, el TDAH, donde algunos profesionales con pudor y reticencia a vender su conocimiento a la lucrativa industria farmacéutica, hablan de la patologización del natural, curioso y agotador comportamiento infantil.

Pero, ¿realmente es tan fácil que cuaje la idea de que alguien tiene un trastorno mental simplemente porque no acepta someterse a ciertos cánones morales, comportamentales, políticos o ideológicos imperantes? Veámoslo.

Imaginemos a un consumidor de cannabis que producto de una enfermedad cuyos síntomas pretende tratar, o simplemente por introspección psicológica o disfrute, realiza un uso no abusivo de la sustancia. Imaginemos también que el individuo en cuestión es un poco díscolo y está hasta las narices de que personas mediocres y corruptas dirijan su vida, por lo que desobedece la normativa y se pone a fumar un porro en medio de la calle con tan mala suerte de que se cruza con un policía.

Hasta aquí no habría problema, uno desobedece y el otro cursa la correspondiente denuncia por consumo en la vía pública. El conflicto surge cuando se inmiscuye el sistema sanitario, bien por exigencias del sujeto, jurídicas o de otro tipo, porque si el psicólogo o psiquiatra de turno no es muy espabilado, y hay profesionales que es aterrador que tengan permiso para ejercer, podría perfectamente aplicar con literalidad el DSM IV-TR.

El DSM, que actualmente va por su versión V (una versión que por cierto ha levantado una auténtica polémica por los conflictos de intereses económicos de sus principales impulsores con la industria farmacéutica), es el manual donde se recogen los diferentes trastornos y las condiciones que hay que cumplir para ser diagnosticado.

Y en lo referente al abuso de cannabis, lo define como: “un patrón desadaptativo de consumo de cannabis que conlleva un deterioro o malestar clínicamente significativos, expresado por uno (o más) de los ítems siguientes durante un período de 12 meses:

1.- (…)

2.- (…)

3) problemas legales repetidos relacionados con la sustancia (p. ej., arrestos por comportamiento escandaloso debido a la sustancia).

 

Así que, eureka, en aras de la literalidad y de buenas dosis de mala baba, hemos conseguido convertir una conducta rebelde en una taradura mental, un trastorno por abuso de cannabis, que en realidad lo único que oculta es un deseo de no someterse a una normativa que uno considera injusta o que simplemente, por mil razones, pretende pasarse por el arco del triunfo.  Eso sí, tienen el detalle de darte una segunda oportunidad, a partir del segundo problema legal, premio.

Resumiendo, teniendo todo esto en cuenta, deberíamos ser más laxos a la hora de achacar problemas mentales al personal, o al menos reconocer que con estos mimbres, todos somos carne de cañón. Por supuesto, sin quejarnos en demasía, no sea que nos diagnostiquen también de trastorno negativista desafiante y llevemos la oferta del 2×1 en el Carrefour jurídico-sanitario.

Salud y libertad…

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Técnicas de manipulación sectaria del independentismo catalán

Lavado de cerebro vs reforma del pensamiento

Cuando un grupo de individuos sube a un monte remoto y se suicida voluntariamente de forma colectiva en espera de un OVNI que vendrá a recoger sus almas trascendidas, generalmente produce un movimiento de reflexión social en el cual nos preguntamos cómo ha sido posible que personas aparentemente normales y correctamente adaptadas hasta un determinado momento de sus vidas, hayan caído en manos de un movimiento que las ha moldeado tanto como para hacerles creer semejante barbaridad y actuar en consecuencia.

Sin embargo, la curiosidad natural que nos genera ese fenómeno puede tornarse en verdadero terror si comprobamos que dicho grupo adquiriere suficiente masa crítica como para configurar una parte importante de la sociedad y vemos cómo toma en sus manos las estructuras de poder político y económico cuyas decisiones nos afectan a todos. Algo que, no nos vamos a engañar, ha sucedido más de una vez a lo largo de la Historia.

Desde el ámbito psicológico este fenómeno se ha estudiado ampliamente. No tanto centrándose en el cúmulo de perogrulladas que un grupo de iluminados con ansias económicas y de poder puede llegar a manifestar, algunas ingeniosas y realmente cómicas, sino en los procesos mentales por los cuales una persona aparentemente cabal llega a aceptarlas y defenderlas como dogma fundamental de su cuerpo de creencias. Por ello, no es extraño que Albert Boadella, que sabe muy bien de lo que habla, haya dicho hace unos días que lo que necesita Cataluña no son ni policías ni militares, sino un amplio cuerpo de psiquiatras que someta a la población a un planificado y generalizado proceso de desprogramación sectaria.

Lea el artículo completo en El Asterisco

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Técnicas de manipulación en la propaganda de los partidos políticos

Ingeniería social.

¿Recuerdan a la famosa niña de Rajoy? Sí, la de las chuchesshh. Pues, aunque no lo parezca, esta irrisoria situación se produjo por el intento de aplicar una técnica de manipulación denominada identificación catártica, que forma parte de un grupo más amplio de estrategias basadas en la apelación emocional. La técnica consiste en utilizar una historia con la cual las personas se sienten identificadas para despertar una respuesta emocional positiva, lo que facilita a su vez, por la humanización e identificación con el protagonista, aceptar las ideas o los argumentos que se esconden detrás de la misma. Cierto es que, aunque la técnica es buena, la ejecución fue absolutamente horrible pues faltó la credibilidad de alguien que narra una situación que desconoce y de la que nunca será partícipe debido a su superior status socioeconómico.

Ocurrió lo mismo, igual técnica y parecido resultado, con la famosa carta de las hijas de Pedro Sánchez y su “te quiero mucho, papi”, que rápidamente se difundió como un burdo montaje mal ejecutado. Y es que una cosa es conocer la receta de la tarta y otra saber hacerla. […]

Lea el artículo completo en este enlace de El Asterisco.

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Manipulación a través de la educación sexual

(…)

El sexo también es una necesidad básica y primaria, aunque en este caso hay diferentes vertientes del concepto que cabría comentar antes de entrar a analizar cómo se puede utilizar para manipular a los ciudadanos. Porque cuando hablamos de lo sexual, no nos referimos solamente a las relaciones sexuales, sino que hay tres grandes ámbitos a considerar: el primero, el sexo propiamente dicho, que no es más que la constitución genética y genital del individuo; el segundo, la sexualidad, que es la forma de sentirse y expresarse como individuo sexuado y que, por tanto, está muy relacionado con la identidad sexual; y el tercero, la erótica, que es la forma de comunicarse y relacionarse sexualmente, lo que incluye desde la orientación sexual hasta esas pequeñas perversiones que todos llevamos dentro (y muy pocos fuera).

Así, el tipo de educación sexual que recibimos, o que se pretende difundir sobre cada uno de estos aspectos, puede ayudarnos a evolucionar como seres individuales o, en el peor de los casos, someternos a un férreo control conductual. Veamos cómo.

Lea el artículo completo en este enlace de El Asterisco.

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Psicología del buenismo irresponsable

Orígenes psicológicos

En una de las escenas de la reveladora película sobre política vaticana “El Padrino III”, la hija de Michael Corleone, Mary, habla con su primo Vincent, del que está enamorada, interrogándole para que le cuente lo que sabe de su padre. Este le responde que es un gran hombre y un héroe que salvó a la familia, pero Mary tiene serias dudas y le pregunta más directamente si mató a su hermano o si todo lo que se dice sobre él es cierto. Vincent replica que solo son historias y Mary finalmente acepta esta versión diciendo: “Está bien, quiero creerte”.

En ese quiero creerte se encuentra la base psicológica de muchos de los comportamientos desadaptativos que podemos apreciar en el contexto socio-político actual, desde el buenismo irresponsable del que hablaremos hasta el sectarizado y fanático comportamiento inherente a las conductas propias del independentismo catalán.

[…]

Entrada completa en este enlace del blog el Asterico.

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Políticos y psicopatía

1.- Qué es la psicopatía.

Si en una conversación cualquiera saliera a relucir el término psicópata, es probable que lo primero que nos viniera a la mente fuera la figura de algún asesino en serie como Hannibal Lecter o el desgraciadamente célebre, Charles Manson. Y en ambos casos, esta imagen visual respondería con toda seguridad a alguna fotografía o al fotograma de algún video publicado en los medios de comunicación, que no lo olvidemos, configuran el denominado cuarto poder debido precisamente a su capacidad de influencia.

El problema de los medios de comunicación es que al igual que pueden aprovechar su capacidad de difusión para informar a la ciudadanía con cierto rigor (siendo idealistas), también pueden optar por la desinformación y el sensacionalismo, creando en ocasiones prototipos de corte cinematográfico que se alejan de su referente real. Esto es precisamente lo que ha pasado con la figura del psicópata, con el consiguiente y peligroso descenso en el umbral de activación de defensas psicológicas de los ciudadanos.

(…)

Leer la entrada completa en este enlace del blog el Asterisco

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Manipulación psicológica y partidos políticos (6ª parte y final)

“La naturaleza de los hombres soberbios y viles es mostrarse insolentes en la prosperidad y abyectos y humildes en la adversidad” (Maquiavelo)

Limpiar los ojos cada cierto tiempo para ver con claridad

Limpiar los ojos cada cierto tiempo para ver con claridad

Como todo llega a su fin, a veces afortunadamente, con esta parte no solo finiquito la entrada sobre manipulación en los partidos, sino también mi propia etapa activa dedicada a la esfera política. Y como bien me comentaba ayer @1976andresg, otra de esas honestas personas que uno se ha encontrado por el camino de tan hediondo mundo y que también ha dicho basta: “sin política activa el análisis es solo melancolía, pero la melancolía está más cerca de la verdad, eso es cierto”.

Así que analicemos con melancolía… y con tristeza. La manipulación en política no se observa solo de cara a intentar convencer a las masas de votantes de qué es lo que tienen que pensar y a quién deben votar, ya sea a través de la propaganda política o del disciplinado trabajo de los medios de comunicación.

Otro amplio contexto de manipulación es el que se da en el seno de los propios partidos, donde uno puede ver, a veces con verdadera alucinación, estrategias sucias y retorcidas que demuestran que realmente para manipular no hacen falta años de estudio en una Facultad de Psicología o de Ciencias Políticas, sino simplemente tener un objetivo claro, una mente maquiavélica y una carencia absoluta de principios.

Esto no es de extrañar si consideramos, al igual que comentábamos que sucede en las grandes empresas, que en los partidos políticos hay un amplio porcentaje de psicópatas integrados (comentar la asombrosa sincronicidad de que justo en el momento en que escribía estas líneas me enviaran por twitter esta noticia), aunque las características que señala este meme que me han enviado al whatsapp son en realidad más propias de los narcisistas, de los que también hay un amplio porcentaje: no parar de hablar, estar encantados de escucharse a sí mismos, creer tener siempre la razón y reaccionar violentamente contra quien no comparte sus posturas.

Más bien estas características son propias del narcisismo

Más bien estas características son propias del narcisismo

Por ello, estas estrategias un tanto ocurrentes y deslavazadas que voy a comentar, son fruto de mi experiencia directa en la política, habiéndolas visto o sufrido directamente, habiéndoseme comentado por compañeros de diversos partidos políticos o siendo objeto de rumores de la vida interna de los partidos que sabiendo cómo funcionan, me merecen (a mí personalmente) toda la credibilidad del mundo.

El hecho de que se practiquen en los partidos políticos de forma habitual y se conozcan sobradamente hace que estén como los diez mandamientos grabadas en piedra en la mente de las cúpulas, lo que junto con su exigencia de control férreo sobre todo aspecto por nimio que sea, me lleva a llamarlas jocosamente estrategias petroférreas.

Así, me permito recordar que las denominaciones de estas estrategias son simplemente producto de mi mente cachonda y enfermiza, pero que no son ni mucho menos estrategias validadas, como si ocurría con las descritas en las entradas previas del blog.

 

1.- El café

Si hay una realidad inquebrantable es que la política de partidos se hace a golpe de café. No hay reunión, asamblea o decisión que no haya pasado previamente por cientos de cafés que permitan anticipar un resultado favorable para los intereses gobernantes de aquello que se va a decidir.

Esto claro, en los partidos pobres. La conspiración previa en otros ámbitos se puede realizar de forma más opulenta.

A las mariscadas!!!

A las mariscadas!!!

 

2.- El factor sorpresa

Mostrar las cartas al enemigo es de una torpeza manifiesta porque el tiempo de reacción es básico para una respuesta reflexiva. Por tanto, si hay que enviar un informe que aprobar, si hay que presentar un candidato afín, si hay que solicitar un favor, lo eficaz es hacerlo en el último momento y con total premura lo que evitaría cualquier tipo de estrategia defensiva. La escasez de tiempo da asimismo sensación de urgencia y dificulta el pensamiento, por tanto hay que agotar los plazos hasta el final.

 

Qué profesional!

Qué profesional!

 

3.- La cobarde

Esta estrategia es especialmente llamativa, porque teóricamente no debería tener eficacia alguna, ya que los comportamientos cobardes son generalmente fácilmente observables por lo que en la vida social suelen ser valorados negativamente y por tanto, penalizados.

Pero estamos en política, y aquí el sentido común a veces funciona por otros parámetros. Y es que como se diría científicamente, habría que considerar las variables extrañas. Y como el todo es más que la suma de las partes, al conjugar esta estrategia con otras como puede ser la ambiciosa (ver punto 5), se genera un efecto reforzador sobre la misma.

Así, si algún equipo quiere minar una votación, siempre se puede sugerir a los votantes que no se quieran mojar en exceso que se abstengan en la misma. De esta forma se salva la cara pues no da lugar a un voto en contra, lo que siempre se puede justificar apelando a las dudas generadas por el objeto a votar, a la par que se reduce el margen de apoyo al oponente.

En segundo lugar, podríamos señalar la muy cobarde, que consiste en bajar la cabeza y las orejas cuando uno se ve descubierto ante una  conducta vil y es acusado en público respondiendo con el más absoluto silencio esperando que pase el chaparrón.

Y finalmente, en un grado superlativo, está la cobarde magistral elite package, que consiste naturalmente en ni siquiera tener el valor de acudir a una votación apelando a cualquier compromiso urgente, dejando que sean los esbirros los que hagan el trabajo sucio y tumben la iniciativa a desmontar sin ensuciarse las enaguas. ¿Acaso no recordamos todos el caso de Tamayo y Sáez?

 

4.- La desleal

Pero incluso resulta un nivel de indecencia añadido respecto a la anterior hacerlo desde dentro. Es decir, no se trata ya en este caso de no acudir a la votación sino de formar parte de los proponentes, estando como un infiltrado para aportar información desde dentro de la oposición y hacer fracasar una tras otra todas las iniciativas del grupo discrepante. Lo que viene siendo de toda la vida, inflitrar un topo en cualquier organización.

Lo paradójico del tema es que estos comportamientos verdaderamente nauseabundos suelen ser muy bien recompensados, por lo que no es de extrañar que la gentuza de este calibre tenga puestos de decisión en los órganos institucionales o políticos de los partidos.

 

5.- La ambiciosa

Otra de las características de un determinado grupo de personas que se acercan a los partidos políticos es, sin duda, la ambición. Y las personas ambiciosas tienen por definición una característica que las define: son fáciles de comprar.

Por eso no es extraño encontrar la estrategia de prometer hasta lo indecible. Puestos, cargos, posiciones en una lista, premios, reciprocidades… Si se cumple el privilegio, la lealtad está garantizada, si no, siempre se podrá echar la culpa a un enemigo con el aliciente de hacerlo responsable de males ajenos que ayudarán a quitarlo de en medio.

Sin duda es la estrategia más efectiva y algunos alcanzarían cotas de hilaridad inimaginables si supieran lo fácil y barato que puede salir comprar a algunos con meras palmaditas en la espalda. Las bases de un partido se excitan enormemente cada vez que una de las cabezas institucionales baja al mundo terrenal a saludarles. Una llamada en un proceso de votación explicando lo importante que es para el partido un determinado resultado, untando un poco de jabón sobre la lealtad, hace maravillas para dirigir el voto. Además suele haber una relación directamente proporcional entre el cargo político del emisor y la influencia ejercida en la decisión de la víctima. Claro, que esta estrategia tiene un problema, la persona ambiciosa siempre puede posteriormente aceptar un precio de alguien que tenga y ofrezca más.

Los mapaches roban y se alimentan de basura. No se fíe de aquel/la a quien sigan amigablemente por mucho envoltorio que lleve

Los mapaches roban y se alimentan de basura. No se fíe de aquel/la a quien sigan amigablemente por mucho envoltorio que lleve

En este punto, siempre recuerdo la frasecita de marras de cierto representante público al que cuando se le reprochó su desmedida ambición respondió algo parecido a: “es gracias a mi ambición que hemos llegado a las instituciones”. Aterrador.

 

6.- La paciente

Si vamos viendo todas estas estrategias, ya podremos ir imaginando que una persona de principios, honesta y cuyo fin sea realmente ayudar a los demás (y las hay, doy fe de que las hay), no se encontrará precisamente en un ambiente amigable y placentero para desarrollar su actuación.

Por eso, en muchas ocasiones la estrategia de los miserables es sencillamente esperar a que este tipo de gente se canse de tanta inmundicia y se vaya por donde vino. En (repugnantes) palabras de cierto personajillo de la política asturiana, tras la marcha de personas trabajadoras que suponían una perspectiva crítica respecto a las estrategias de la cúpula dirigente: “sí, pero ellos ya no están y yo aquí sigo en mi puesto”.

De hecho, muchas buenas personas que siguen en política tras haber visto este tipo de mundo, lo hacen precisamente porque se niegan a dejar su partido, su proyecto y su desinteresado trabajo en manos de esta gente, por lo que deciden seguir luchando contra ello. Tienen mi admiración.

 

7.- La impostura

La impostura básicamente consiste en presentarse con una imagen de seguridad que convierta en ley todo lo que uno suelta por la boca. En diferentes ámbitos se suele utilizar esta estrategia que se fundamenta en algo parecido a plantear que si se dice una burrada con el suficiente tono de seguridad y los demás desconocen si es cierto o no, la afirmación se dará por cierta.

Personalmente me parece muy llamativo, porque al menos bajo mi experiencia, cuanto más he sabido sobre un tema o cuando he conocido a gente que realmente dominaba un campo, la duda era síntoma de conocimiento. Cuanto más sabe uno sobre algo, más preguntas se genera y menos certezas tiene. La falsa seguridad y la rigidez en el conocimiento, sobre todo en los ámbitos humanos y sociales suele ser un síntoma de mediocridad.

Especialmente gracioso resulta el hecho cuando tal firmeza la muestra alguno que oculta su curriculum para no descubrir públicamente que, tras haberse trabajado cierta imagen de superioridad, tiene una formación escasa y un nivel bajo mínimos.

 

8.- El anónimo encubierto.

Profundizando en la cobardía que mencionamos anteriormente, los anónimos descalificantes suelen ser otra estrategia útil para eliminar adversarios (ver estrategia 10). Al igual que ocurría con la sorpresa, generar rumores o imputar hechos ciertos o falsos sin que se pueda identificar la fuente, da una cierta superioridad, porque la víctima no sabe en realidad contra quién defenderse.

Si además, la descalificación o la injuria se realiza por la espalda, sin mención directa ni envío al propio damnificado, la eficacia se incrementa, pues si uno no tiene la información sobre el hecho imputado, ya no se trata de no saber contra quién defenderse, sino de qué.

Es el equivalente político del cornudo, todo el mundo sabe que lo es pero nadie se atreve a decírselo y cuando se entera suele ser el último.

 

9.- Control.

Como vimos, el narcisismo es una característica muy habitual en la mayoría de quienes han llegado a tener cierta cota de poder. Así que ya sea por constitución genética o porque rodearse de palmeros no puede llevar a otra meta más que al propio auto-endiosamiento, en ciertas posiciones es tendencia controlar hasta el más mínimo detalle. A veces la obsesión lleva a cotas realmente divertidas, dejando la fase anal retentiva de Freud en una mera anécdota.

Pero uno tiene sus limitaciones, así que si de lo que se trata es de controlar ámbitos cada vez más lejanos al propio donde se desarrolla la actividad, como órganos subordinados, no hay mucho más que hacer que inducir una marioneta en representación. Estará eternamente agradecida por la concesión y permitirá el control de una nueva parcela.


Aprendizaje por descubrimiento: busque las diferencias con la fase anal retentiva

10.- El genocidio.

En política, en realidad en cualquier medio donde abundan los mediocres, los psicópatas y los narcisistas, los adversarios sobran. Y por tanto hay que cargárselos sea como sea. Los mediocres se cargarán a otros porque temen ver destapada su propia mediocridad, los narcisistas porque pueden descubrir que a pesar de estar permanente lamiendo su pija siempre hay alguien más listo y con más criterio, y los psicópatas porque se morirán de risa cuando vean que alguien tiene buenas intenciones, lo que no cuadra con sus esquemas mentales.

Por supuesto, hay miles de formas de deshacerse de los adversarios, y no necesariamente todas negativas para este, pues habrá que medir mucho si el deshacerse de alguien va a implicar un rasguño propio.

En ocasiones, la mejor estrategia para su exilio es el ascenso. Esta es una estrategia que ya había conocido en los jesuitas. Cuando uno molesta, patada hacia arriba. Eres demasiado bueno para estar aquí, donde no se están aprovechando tus cualidades, así que te vamos a proponer para un ascenso a obispo, eso sí, en la diócesis de Xingú en Brasil. Patada hacia arriba, un besito y envíanos una postal.

Para cargarse un adversario en un debate público, una estrategia genial es plantear una pregunta especialmente complicada a dos candidatos. Por supuesto, esto va acompañado de dos estrategias complementarias: primero, al candidato afín ya se le habrá dicho un par de días antes cuál es la pregunta para que pueda preparar la respuesta a gusto, y segundo, la pregunta la hará un afiliado común para que no se pueda achacar que la cúpula está tomando posición en el proceso.

A primera línea de fuego que vaya alguien prescindible, el tonto útil, el abanderado que todos sabemos que es el más valiente y por supuesto al primero que liquidan en el campo de batalla. El general estará en su caballo para que pueda echar a correr si las cosas se ponen feas.

 

En fin, que se podrían enumerar tantas y tantas estrategias que esta entrada no tendría fin. Pero no están mal como descripción de los diez mandamientos de la política sucia. Como siempre y hoy más que nunca…

Charlton es mucho Charlton

Charlton es mucho Charlton

                  Salud y libertad.

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