Archivo mensual: enero 2016

El nuevo fascismo de lo políticamente correcto

“La educación de la mujer no puede llamarse tal educación, sino doma, pues se propone por fin la obediencia, la pasividad y la sumisión” (Emilia Pardo Bazán)

Hace tiempo que llevo graznando del peligro del nuevo fascismo de lo políticamente correcto, esa suerte de pensamiento único entontecedor que rodea casi todos los contextos sociales desde hace tiempo. El buenrollismo, el optimismo por deseo y otros aspectos equivalentes que demuestran la fragilidad de la psique y hacen a algunos pensar en función de lo que desean en lugar de lo que ven o del mundo real, son grandes peligros actuales porque lejos de resolver nada, impiden poner solución a problemas existentes.

Hoy empieza a haber ya voces de denuncia. Lo celebro. Quizás para algunos Iker Jiménez sea un friki al que no cabe dedicar ni dos segundos, pero para mí, curioso patológico, su programa es un placentero entretenimiento y creo que en este caso ha tenido la brillantez y sobre todo LOS HUEVOS, que han faltado a todos sus compañeros de la “prensa seria”. Digno de ver… aquí

Curiosamente, este alegato salió a la luz dos días después de esta noticia, que señala  cómo varios jóvenes norteafricanos intentaron lapidar a dos transexuales. Esperemos que la patética, acomplejada y chachi Europa actúe con toda la fuerza necesaria contra esta chusma. No son todos y no se puede generalizar, de acuerdo. Pero no son pocos. Y ocultarlo bajo el pretexto del racismo solo les da fuerza. Contra esta gentuza, contundencia, más que nada para no acabar dándole la razón a Cascoscuro cuando dijo en Spaceballs: “Lonestar, ahora ya sabes que el malo siempre gana porque el bueno es idiota”. Reverte, desgraciadamente, lo tiene bastante claro.

Salud y libertad…

 

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Navidades, pictoplasmas y otros motivos de suicidio

“Hemos de proceder de tal manera que no nos sonrojemos ante nosotros mismos” (Baltasar Gracián)

gato

Yo en Navidad

Por fin han pasado las Navidades. Cada vez que llega este periodo, que para mí es una tortura indescriptible, tengo la impresión de que no lo superaré y recuerdo a mi abuela que se pasó 20 años diciendo: “por si acaso son las últimas”. Pero no, ni eran ni son las últimas, así que tengo que conformarme con que al menos hoy estemos en el momento más lejano del calendario hasta que el evento se repita.

En todo caso, en lo que sí ha sido florido este periodo vacacional es en falta de sentido común y es que, en un país cainita y sectario como el nuestro, con sus nuevos órdenes políticos, lo de dejar que cada uno se gestione a su modo no se estila ni en sus rasgos más elementales. Para qué dar opciones y permitir que cada uno elija libremente cuando podemos putear al prójimo imponiéndole nuestro criterio.

Sí, todo esto viene a cuento de la famosa Cabalgata de Reyes. Pero antes de comentar ese asunto y aunque no suelo justificarme nunca, vaya por delante mi confesión de que soy apóstata reconocido, por lo que conmigo la respuesta de la reacción católica no cuela, porque la religión en su vertiente practicante me importa más bien poco. De hecho, recuerdo que cuando iba a presentar la declaración de apostasía, compañeros me dijeron lo complicado que era, que ponían trabas, que te hacían hablar con un cura para que lo reconsiderases… Yo envié una carta certificada al Arzobispado y en una semana ya la tenía reconocida. Joder, pensé, qué chasco, sí que tenían ganas de deshacerse de mí (seguramente tanta como yo de ellos), le hace sentirse a uno poco querido y valorado.

apostasia

En definitiva, que a pesar de la apostasía mi criterio sobre las creencias religiosas es el mismo que para el resto de la vida. De inicio respeto y si es el prójimo el que te lo falta a ti, entonces respondemos con la misma moneda. Lo que viene siendo mi defensa radical del concepto de justicia platónica: “a cada cual según su merecimiento”.

El límite por tanto, es el principio de bidireccionalidad: como yo respeto sus creencias (siempre he creído que las creencias religiosas pueden sacar lo mejor o lo peor de uno mismo, dependiendo el asunto casi en exclusiva de quién sea ese uno), no me toque las narices con las mías (extensibles a las de los no creyentes) y si lo hace, tendremos problemas.

Que usted, en su infinito desconocimiento humano y científico dice que los homosexuales son enfermos, yo le invitaré a leer el DSM y a cerrar la boca estando en una institución donde un teólogo y cura cuantificó la homosexualidad en su seno en un 60%; que usted comenta que mis conductas sexuales son inmorales y retorcidas, yo le diré que no estoy en una Institución que ha practicado y encubierto la pederastia de forma generalizada; que usted señala con el dedo a una mujer porque no se resigna a llevar las zapatillas y el periódico a su marido en la boca como si fuera un chuquel, yo le explicaré por qué es usted un machista retrógado que pretende hacer valer los principios sociales de una sociedad de hace dos mil años…

Esto, obviamente, no es inconveniente para que no les dé la razón cuando la tienen. La Cabalgata de Reyes se puede entender desde dos perspectivas: como un evento religioso fruto de la tradición o como un evento folclórico basado en una tradición religiosa. Por tanto, respetando unos formatos mínimos, pueden convivir perfectamente las dos formas de vivirlo sin problema ninguno, incluso renovando dentro de unos márgenes la tradición e incorporando elementos actuales. Pero claro, una cosa es respetar y renovar la tradición y otra muy distinta hacer con ella el gilipollas. No voy a entrar mucho en el asunto porque el genial Pérez Reverte (otra vez) ya lo explicó de forma inmejorable (¡y en el año 2013!) Teniendo esto en cuenta me limitaré a decir que, por encima de pretextos y justificaciones estúpidas, el problema surge cuando se pretende imponer un formato artificial para hacer política partidista, para despreciar las creencias ajenas o simplemente para molestar y tocar las narices al disidente en esta venganza mutua y perpetua que vivimos en nuestro país.

Es entonces cuando algún iluminado decide introducir un pictoplasma como personaje en la Cabalgata, como si alguien conociera al susodicho elemento o supiera qué pinta en el desfile. Y ya que un tonto de primera tiene la ocurrencia, qué menos que contratar a un tonto de segunda para dárselas de protagonista desvelando con ambigüedades, pretendiendo ser más listo que nadie, el secreto de los Reyes Magos en TVE (es curiosa esa tendencia de los más idiotas por pretender siempre ir de listos). Eso sí, donde pensamos que el surrealismo no puede ir más allá, leemos la autoinculpación del “artista” objeto de la polémica que nos dice que “aborrece a los Reyes Magos y lo que representan (…) considerándolo un evento casposo”. La pregunta es por qué entonces no pasa olímpicamente del evento como hacemos otros y se dedica a su “arte” en lugar de amargar a los niños y a las familias que están en su derecho de creer en lo que les dé la real gana sin tener por qué aguantar a un imbécil incoherente de semejante calibre.

Visto este cuadro, lo único que me gustaría pedir es que los de un lado dejen de utilizarnos a los no creyentes o apóstatas para justificar sus vergonzantes espectáculos circenses y los del otro de generalizar la falta de cultura y sentido común a todo el colectivo, que bastante penitencia tenemos con compartir etiqueta con esta gente. La mayoría no necesitamos ni bautizos laicos, ni comuniones civiles, ni exorcismos democráticos ni cabalgatas multi-pluri-inter-culturales de túnica hawaiana para vivir. Si ya renunciamos a esas zarandajas, lo que nos faltaba es tener que tragar con la copia acomplejada.

Por favor, atiendan esta humilde petición, como regalo de reyes, religioso o laico, al menos hasta que los habitantes de mi planeta me recojan y me saquen de esta casa de locos. Gracias.

Salud y libertad…

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