Archivo mensual: agosto 2017

La verdad sobre el cibersexo (4ª parte): canales II

“Amor y deseo son dos cosas diferentes; que no todo lo que se ama se desea, ni todo lo que se desea se ama” (Miguel de Cervantes)

Tras las web, las páginas de relatos y los foros, canales que hemos visto en la tercera parte, podemos encontrar la joya de la corona en el mundo del cibersexo: los chat. La explicación es obvia, es la herramienta que permite bajo una comunicación síncrona y directa una mayor sensación de anonimato, facilitando el contacto directo con otros usuarios para posteriormente, en función del canal y del consenso, compartir el formato de interés: cambiar fotos o videos, escribir relatos compartidos, intercambiar experiencias, buscar contacto real, etc.

Aunque al igual que en los casos anteriores existen diversos servicios, lo más común es acceder a través de la red IRC-Hispano mediante páginas como Kiwi.Chathispano o Chathispano o descargar aplicaciones como mIRC, para una vez dentro de la red, entrar a los diferentes chat o canales específicos.

Aunque podremos entrar directamente en el canal o los canales objeto de interés, en el enlace correspondiente de acceso a salas encontraremos inicialmente el listado de canales generales o por ubicación geográfica (los denominados destacados en la web kiwi).

Solo al final de este listado aparecerán aquellas salas no destacadas, de carácter temático y entre las que como se puede ver en la imagen, que recoge solo algunos ejemplos, el sexo cobra un lugar destacado.

Lo que se puede y no se puede hacer a través de los chat lo comentaremos en el próximo apartado correspondiente a los formatos o tipo de conductas que se pueden realizar mediante la práctica del cibersexo, pero antes de pasar al siguiente canal sí hay un factor que hay que tener en cuenta y que configura todo un submundo dentro de estas salas, el universo de los nicks o seudónimos con los que un usuario se da a conocer.

Y es que, aunque en algunas ocasiones puede resultar simplemente chocante la motivación para seleccionar un seudónimo con el que interactuar en este tipo de encuentros, en otras encierra muchísima más importancia de la que podemos apreciar a simple vista. Veremos por qué.

Dentro del primer caso, tenemos de inicio los nick de los muy profesionales, aquellos que siempre se llevan el trabajo a casa (o a la sala porno de turno). Los muy orgullosos de su ámbito profesional y, quizás, del nivel socioeconómico que les otorga, aspecto que no tienen ningún problema en utilizar para pescar en el vasto océano del erotismo. Por poner algún ejemplo al azar de los conectados en este momento y su canal de disfrute: Médicodescalzo (#mazmorra), Xavimédico (#sexoduro), Médico_simpático_35 (#nudismo), Abogado___ (#Sexo), Abogadodominante (#Sexo), etc. En este ámbito uno puede encontrar sin problema bomberos, policías, profesores, psicólogos, jueces, pescaderos, fontaneros y un sinfín de figuras del ámbito laboral a las que, quien sabe si entre paja y paja, también se les puede colar alguna cuestión sobre dudas profesionales. Aquí ya podemos apreciar que el número de usuarios es mayoritariamente masculino, pero que nadie se engañe, hay buen número de mujeres que tampoco tienen problema en utilizar estas señas de identificación.

A continuación tenemos el ámbito de los buscadores, mucho más precisos que los anteriores y que van directamente a su objeto de interés. La siguiente es solo una muestra tomada al azar del canal #sexo: buscoembarazadabilbao, buscochicapararelato, buscotetona, buscobesa, buscosumisamadrid, buescomujerlactante, buscozorra, luciabuscanegros, mujerbusca, sandrabuscaarabe, sumisabuscamedico, travestibuscapoli, xicabuscaprincipe (que ya hay que tener pocas luces para buscar un príncipe azul en un chat porno), etc.

Otro sector muy solicitado es el de los manifiestamente infieles, que quizás haciendo gala de su limitada disponibilidad o de su teórica afabilidad, ya que al menos han encontrado a otra persona que los soporte, buscan sacar rentabilidad a su estado civil: casadaf3 o casada_vlc (#Fotisporno), casada37 (#lesbianas), casadabis40xmujer (#bisexuales), Anna_casada (#sumision), casadaxchicacadiz (#Les_Maduras), casadoxx (#Fotisporno), casadobix o casadomorboso (#Sexo), casado_4(#bisexuales), casadocaliente (#Bisex_maduros), casado53 (#Gaysm), casadolenceria (#Gayguarros), etc.

También hay quien no deja pasar la oportunidad para rendir homenaje a sus iconos, pudiendo encontrarnos a personajes que van desde Sergio Ramos o Maradona hasta la princesa Leticia, pasando por periodistas como Ana Pastor. Un verdadero elenco de celebridades a las que, supongo, algunos pretenden rendir culto a su manera.

Y por no extendernos demasiado citaremos como último grupo el de los orgullosos familiares: maduramadre46 (#mas_de_40), madrecasada (#general), evamadre (#Les_maduras), madre_separada (#lesbianas), madre_nudista (nudismo), padre_relatos (#cibersexo), padreNudista45 (#nudismo), padre38x (#ChuecaBarcelona), etc

Este último grupo es el que nos interesa, como simple ejemplo pues hay otros muchos, para comentar el segundo caso que mencionábamos  y que demuestra que el nick no es un elemento menor, pudiendo extraerse mucha información de él si se combina con el canal de referencia.

Así, por ejemplo, si vemos a una usuaria denominada Ana_Pastor en el canal #cibersexo buscando relatos, ya podemos imaginarnos cuál será su motivación, de la misma manera que si vemos a un usuario identificándose como padre o madre en un canal como #nudismo podemos inferir también el objeto de su deseo, que podrá ser o bien buscar familias para practicar este estilo de vida, o bien buscar equivalentes con los que contactar para entrar en un mundo infinitamente más sórdido.

A medio camino entre los chat y las redes sociales están las nuevas aplicaciones de geolocalización que permiten poner en contacto a personas dentro de un marco espacial definido. A este respecto, y aunque la variedad es amplia como en los casos anteriores, quizás las más conocidas sean Tinder (en el mundo heterosexual), Grindr (homosexuales y bisexuales) y Wapa (lesbianas).

Su funcionamiento es sencillo. El usuario crea un perfil en el que incluye su foto, nombre, edad y una pequeña descripción, y selecciona el número de kilómetros a la redonda en el cual estaría dispuesto a moverse, empezando a recibir perfiles de posibles parejas. A partir de ahí solo tiene que valorar dicho perfil con un me gusta o no me gusta. Si las dos personas marcan al otro con un me gusta se produce lo que se denomina un match, y en ese momento se abre un chat privado entre ambos para que puedan charlar y conocerse mejor, dejando que fluya el amor (o lo que tenga que fluir).

A este respecto es divertido ver las diferencias existentes entre las aplicaciones mencionadas. Si Tinder es una aplicación en la cual la variedad es mucho mayor, pues hay desde usuarios que buscan amistad, hasta usuarios que buscan pareja, sexo e incluso, prostitución, las aplicaciones de Grindr y Wapa van mucho más al “me(hoyo)” de la cuestión, convirtiendo la pantalla en un auténtico catálogo ganadero donde, los torsos y la falocracia en el primer caso, y las tetas en el segundo, tienen un carácter absolutamente prioritario sobre la belleza interior.

En todo caso y a pesar de la pérdida de encanto que este sistema pueda suponer para aquellos más tradicionales, lo que no se puede negar es que es ante todo práctico. Y de hecho, algunas rupturas dolorosas se han superado gracias a la eficaz y eficiente intervención de estas aplicaciones mediante el principio de “un clavo saca otro clavo”. Claro, que sería hipócrita negar que este procedimiento también ha generado sanguinarios conflictos, como los producidos cuando alguna hacendosa y sufrida esposa ha descubierto que su tarzán particular era un lustroso icono de la sección papis de Grindr.

A continuación, tenemos las redes sociales de contacto sexual, de nuevo con una amplia gama de canales a disposición de los usuarios que buscan satisfacer sus necesidades más primarias. Existen más de 300 redes sociales de búsqueda de contacto sexual también, en ocasiones, centradas en temáticas de búsqueda muy concretas.

Así, podemos citar: Adult Friend Finder, Amigos con Derechos, Amor con Cristo (me declaro absolutamente fan de esta red que promete “verdaderas relaciones evangélicas y citas cristianas”), Badoo, Bakala, Citas Furtivas, Encuentro Adulto, Follamigos, etc.

¿Cuál es el problema de estas redes? Que aunque no todas, mayoritariamente son de pago, por lo que para acceder a la mayoría de los contenidos y servicios de la página hay que poner el huevo, limitando mucho las posibilidades de contacto pese a permitir crear perfiles y algunas formas básicas de interacción.

Tampoco hay que preocuparse mucho por eso. Como ya sabemos no pueden ponerse puertas al campo y mucho menos en Internet, así que visto el problema, creada la solución. Y ya están proliferando páginas como Quiero Conocerte, que son agregadores de perfiles de páginas de contactos. La mecánica es fácil. Dado que a las páginas de contactos les interesa tener usuarios, uno se crea los perfiles en las diferentes web y posteriormente indica en esta página cuáles son sus nicks en las páginas precedentes, pudiendo utilizar para contactar e interaccionar los servicios de esta última que, en este caso, son abiertos y gratuitos.

Y finalmente, como ya mencionamos, tenemos las web de servicio completo, especializadas en todos los campos que puedan ser de utilidad al buscador de cibersexo. Por ejemplo, EroProfile, que permite tanto acceder a contenidos pornográficos como fotografías y videos subidos por los propios usuarios de la red social, como contactar entre sí a través de una búsqueda por perfiles perfectamente categorizada.

Resumiendo, como hemos podido ver, y siguiendo el patrón habitual de internet, dos son las utilidades de todo este tipo de canales, el acceso a contenidos y la facilidad de interacción a través de herramientas de comunicación. ¿Para qué? Eso lo veremos en el siguiente apartado.

 

Salud y libertad…

Aprovecho para incluir un enlace a este cuestionario, que pretende estudiar de forma más científica el uso de este tipo de canales y contenidos, y al que agradecería dedicarais no más de 3 minutos, si no lo habéis cumplimentado ya.

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La verdad sobre el cibersexo (3ª parte): canales I

“Y entonces, habiendo sido privados de la cercanía de un abrazo o de una mesa compartida, nos quedarán los medios de comunicación” (Ernesto Sábato)

Teniendo ya claro por lo expuesto en las partes anteriores que lo que se pretende aquí es describir sin entrar en consideraciones morales, podemos entrar ya a analizar los principales canales que facilitan el cibersexo en sus distintas modalidades, aspecto que comentaremos posteriormente. La oferta en todo caso es de tal calibre que simplemente hablaremos de las características de algunos (todos legales, faltaría más), probablemente los más conocidos o los de uso más común, invitando a aquellos que cojan excesivo gusto a los lugares mencionados a que lean la venidera parte relativa a la adicción, consecuencias negativas y su prevención o intervención.

Comenzaremos pues con las páginas estáticas o de acceso a contenido pornográfico, asumiendo sobre la clasificación que mencionábamos en la segunda parte el contenido predominante, pero entendiendo como adelantábamos que ya no existe tal cosa pues a día de hoy casi todas las páginas integran los múltiples servicios. En este ámbito la cosa no requiere mayor atención, ya que basta con poner en la barra de búsqueda de google términos tan precisos como “videos porno” o “fotos porno” para poder acceder a un sinfín de webs de contenido adulto. Si uno quiere afinar la búsqueda, solo tiene que ser algo más preciso, detallando el fetiche objeto de sus amores para acceder a un universo que sin duda hará las delicias de su lujuria.

No obstante sí destacan algunas páginas muy ordenaditas donde la clasificación por categorías lleva a encontrar más fácilmente la perversión preferida de uno. Entre estas quizás las más conocidas sean dinotube o toroporno (su equivalente para quienes no quieran tener problemas con el idioma), si bien estas no contienen las parafilias más extremas que tienen sus propios canales, sobre los que no nos detendremos.

En segundo lugar, y aunque no las hemos comentado anteriormente de forma específica entre los contenidos estáticos, tenemos las páginas de relatos, que permiten dar rienda suelta a la vena creativa, literaria y, en cierto modo, más perversa del personal, como veremos en el apartado de modalidades.  ¿Por qué? Por algo tan simple como que la literatura sí puede dar cabida a fantasías que de ser explícitas en documentos gráficos o llevadas a la práctica real, tendrían un carácter delictivo. Algo parecido a lo que han hecho esos pervertidillos japoneses con su preocupante gusto por la infantilización del sexo, creando el hentai o las máquinas de buruseras, o con su indescriptible capacidad de fabricar rarezas como el sexo futanari (el equivalente al 2×1 del Carrefour).

Aunque también hay cientos de páginas de este tipo como se puede apreciar en google, donde podremos encontrarlas sin problemas tecleando términos tan rebuscados como “relatos eróticos” o “relatos porno”, quizás la página más conocida en español sea “Todorelatos”, una web donde pueden encontrarse textos clasificados por categorías según el objeto de interés. Y un primer dato importante en nuestro devenir por el mundo de los gustos sexuales nos lo puede aportar el hecho de que de los 10 relatos más valorados en su histórico, 6 pertenecen a la categoría “Amor Filial”, 1 a “Grandes Series”, 1 a “Voyeourismo”, 1 a “Grandes Relatos” y otro a “Sexo con Maduras”. Ello haciendo una búsqueda de andar por casa, sin carácter excesivamente exhaustivo, ¿me van pillando, no?

Por cierto, comentar a este respecto una pequeña anécdota. Cierta vez brujuleando en un chat erótico para satisfacer mi patológica curiosidad (no recuerdo si ese día en concreto quería también satisfacer algún otro aspecto no tan intelectual), una chica muy simpática me pidió que valorara un relato que había escrito y publicado en esa misma página. Tras exponerle que tenía serias dudas entre sí tal texto producía una mayor excitación o un mayor impulso de sacarse los ojos con una cucharilla para helados ante tamaña muestra de desconocimiento gramatical y ortográfico (lo de la duda era por ser cortés, pues era una auténtica certeza), me ofreció ser su negro literario. Sí, sí, a la usanza clásica, es decir, yo escribía los relatos y ella los firmaba. Desgraciadamente no hubo acuerdo, pues el pago de mis servicios se reducía al amor por difundir mi obra (cosa que no me aportaba especial beneficio) o cierto servicios de carácter sexual que, la verdad, no me interesaban lo más mínimo.

En tercer lugar, tenemos los foros, de los cuales quizás el más conocido en la red hispana sea “pajilleros” (que no se diga que el ciberporno está reñido con el marketing). Este es un ejemplo de cómo las páginas de foros han evolucionado hasta integrar todos los servicios que un buen onanista usuario de estas páginas, como bien indica su nombre, puede requerir. Así, aquí tenemos un espacio para los videos porno, otro para las fotos, otro para contactos, otro para relatos, un chat y hasta un acceso a sex-shop (que la pela es la pela, y más aún si podemos aprovecharnos de que el prójimo quiere pelársela). Cada uno de estos grandes apartados, tiene ordenados sus correspondientes hilos temáticos, con su presentación y sus respuestas engarzadas. Todo perfectamente gestionado por un grupo de moderadores que se encargan de ordenar los contenidos, y poner orden cordura cuando algún descerebrado se sale de madre.

No obstante, la cosa no queda aquí y aún existen más canales como veremos en nuestra próxima entrada.

 Salud y libertad…

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La verdad sobre el cibersexo (2ª parte): el marco de lo aceptable

“El único egoísmo aceptable es el de procurar que todos estén bien para estar uno mejor” (Jacinto Benavente)

Shibari, para los que tengan paciencia y amor por el arte de los nudos marineros

Entrando en harina, tras las consideraciones más psicológicas de la primera parte acerca de por qué este tema sigue siendo un tema tabú para los meapilas y conlleva una incapacidad para entenderlo en sus manifestaciones más brutales para los buenrollistas habituales, lo primero que conviene analizar es el factor relativo a los canales y formatos que se utilizan en su práctica.

Desde que Internet se instaló en nuestras vidas, este medio se ha constituido como un avance incomparable por el acceso a la información que ha permitido y por su utilidad como facilitador de la comunicación, lo que ha posibilitado que personas de todo signo y condición puedan ponerse en contacto entre sí sin problema. En el tema del sexo, esto ha supuesto una auténtica revolución.

¿Por qué? Por algo tan sencillo como la globalización. Antes de que Internet permitiera un contacto universal y generalizado, aquel que tenía algún gusto sexual llamémosle particular, peculiar o socialmente minoritario, lo vivía en la intimidad, de forma privada, cuando no con sentimientos de culpabilidad que le impelían incluso a reprimirlo (en ocasiones lo conseguía y en otras los desarrollaba en ciertos círculos que no dejaban de ser marginales). Sin embargo, Internet trajo la luz y todo aquel con gustos particulares descubrió no solo que su gusto no era una anormalidad exclusiva producto de su mente enferma, sino que había una legión de seguidores enamorados de la misma temática. Es más, independientemente de la peculiaridad o de la aberración que fuera, no solo había una legión de seguidores con los que poder “normalizarse”, sino que la red les permitía ponerse en contacto para intercambiar material, llevarla a la práctica o, por qué no, retroalimentarla llevándola más allá con ideas más originales.

Así, primero aparecieron las web estáticas donde acceder a los contenidos, después los chat y foros (algunos específicos de temática sexual), posteriormente las redes sociales (algunas también temáticas) y, finalmente, las páginas dinámicas que permitían integrar todos los servicios previos en un único canal distribuidor.

Pero antes de entrar a ver qué canales se utilizan, qué modalidades de cibersexo se practican y qué tipologías o categorías de sexo pueden encontrarse a través suyo, y dado que hemos hablado de conductas sexuales convencionales, peculiares o aberrantes, conviene definir lo que puede entenderse como una conducta sexual aceptable o inaceptable.

Desde el punto de vista psicológico el conjunto de fantasías, deseos o prácticas sexuales, entrarían dentro de la forma de expresión sexual de un individuo, lo que se engloba dentro del concepto de la erótica (hay quien incluye este aspecto en el concepto de sexualidad). Hasta hace relativamente poco tiempo cuando esta forma de expresión sexual era considerada patológica se hablaba de parafilia, si bien desde la aprobación del DSM-V se hace una distinción entre parafilias y trastornos parafílicos.

La parafilia se define por tres factores generales: involucrar en el acto sexual a objetos inanimados o personas no conscientes y/o sin capacidad de consentir el acto sexual (animales, niños, etc.), generar malestar clínicamente significativo o afectar a la vida laboral, social, etc. del sujeto, y por manifestar el comportamiento durante un mínimo de seis meses. Cuando dicha parafilia causa además un deterioro en el individuo o supone un daño personal o riesgo de daño ajeno, es cuando hablamos de trastorno parafílico, lo que requiere una intervención psicológica.

De inicio, el DSM-V incluye los siguientes tipos de parafilias (recordando que deben cumplirse las condiciones anteriores): voyeurismo (observar a personas desnudas o practicando sexo que no son conscientes de estar siendo vistas, lo cual diferencia este caso de la pornografía, por ejemplo), exhibicionismo (exponer los genitales a una persona desprevenida), frotteurismo (tocar o frotarse contra otra persona con fines sexuales sin su consentimiento, muy habitual en el metro y los autobuses urbanos aprovechando la ocasión), masoquismo sexual (excitación sexual a través del hecho de ser humillado, golpeado, atado o sometido a sufrimiento), sadismo sexual (excitación sexual derivada de causar sufrimiento físico o psicológico a otra persona), pedofilia (excitación sexual con niños prepúberes, generalmente con niños menores de 13 años), fetichismo (excitación sexual con objetos inanimados –excluyéndose artículos diseñados con fines específicamente sexuales- o gran interés por partes del cuerpo no genitales), travestismo (excitación sexual por el hecho de travestirse) o trastorno parafílico no especificado (cuando se cumplen las condiciones del trastorno parafílico pero este no se debe a los objetos mencionados en los casos anteriores. Tendríamos aquí por ejemplo la zoofilia, necrofilia, catafilia, belonefilia, etc.).

Todo este rollo psicológico o sanitario se puede resumir en algo que es de puro sentido común, aunque a veces el sentido común sea el menos común de los sentidos: aceptable es cualquier conducta sexual consensuada entre dos adultos en plenas facultades mentales que consienten libremente, lo disfrutan y siempre que no les cause un daño excesivo a ninguno de los dos.

Y aquí conviene hacer dos matices importantes. El primero que libremente es libremente, lo que invalida la presión, la coacción y no digamos ya la amenaza o el uso de la fuerza. Es obvio que no habría ni que mencionarlo, pero desgraciadamente todavía hay un buen número de miserables que no entienden el no, o de más miserables aún que saben perfectamente cómo manipular a sus parejas para satisfacer sus más oscuras inclinaciones, aunque sean perfectamente conscientes de que no las disfrutan o que les causan un daño irreparable, lo que por cierto, no deja de ser otra forma de violación.

El segundo es el matiz del daño “excesivo”. ¿Por qué es importante? Porque siempre hay algunos que gustan de llevarlo todo más allá y podemos encontrarnos casos como los de canibalismo que han proliferado últimamente en Alemania y que, independientemente de su carácter consensuado y aceptando el improbable caso de que no incluyan un trastorno mental, no son aceptables por sus mortíferas consecuencias, independientemente de la grata (o ingrata) experiencia gastronómica y culi-naria que generen.

Apeluchado pero con disciplina

 

 Salud y libertad

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La verdad sobre el cibersexo (1ª parte): Introducción

“El sexo sólo es sucio si se hace bien” (Woody Allen)

Con las entradas de blog pasa a veces como con los trinos de twitter, uno escribe algo profundo pensando que lo va a petar, algo a lo que el autor concede un valor incalculable por su afán didáctico y reflexivo, y el resultado es la más absoluta indiferencia por parte de los lectores. Sin embargo, posteriormente uno describe cómo se mete un algodón impregnado con vodka por el orto o en qué ángulo te potencia la Viagra, y el personal enloquece.

La moraleja es que el saber y el pensar aburren, mientras que el morbo vende. Así que, dado que mis estadísticas de acceso demuestran que sois unos morbosos sin redención, vamos a entrar de lleno en el mundo más morboso que hay dentro de las caretas sociales: el del sexo (hoy en día inentendible sin su correlato virtual, el cibersexo).

Como decía Oscar Wilde y ya hemos citado hasta la náusea por estos lares: “el hombre es menos sincero cuando habla por cuenta propia, dadle una máscara y os dirá la verdad”. Y como también hemos señalado, no hay mayor máscara que la que proporciona Internet, pues aunque el anonimato que facilita no es real, sí es lo suficientemente engañoso como para que la persona que está bajo su “dominio” así lo perciba y, por tanto, se comporte como si lo fuera.

A este respecto mueve bastante a hilaridad el comentario de quienes dicen que Internet no es el mundo real y que el personal confunde lo que existe con lo ficticio. Decía un viejo meme que si te metes en un chat de gatos, comportándote como un gato y queriendo relacionarte gatos, a lo mejor es porque tú eres un gato, quieres serlo o tienes intereses de gatos, por mucho que tengas apariencia de perro.

Es algo parecido a lo que podemos ver a diario los psicólogos, acostumbrados a observar la imagen social de ciertos sujetos interaccionando en un teatrillo perfecto donde todo es fachada y atrezzo, y donde las parejas pasean felices por la calle cogidas del hombro entre sonrisa y sonrisa, antes de quedar horrorizados por la crudeza de  la verdadera vida íntima que se esconde tras las bambalinas, y que te cuentan en consulta.

También recuerda en ocasiones a esos noticiarios truculentos donde la vecina sale a exponer sus primeras impresiones sobre el pederasta que acaban de detener en el piso de arriba y comenta aquello tan manido de: “pues era un vecino excepcional, quién iba a pensarlo con lo alegre que era y siempre saludando a todo el mundo”. Pues normal, señora, el problema de los monstruos es que no llevan tatuado en la cara la palabra “psicópata” o “pederasta”, más bien al contrario, les interesa pasar desapercibidos al ser conscientes de las barbaridades que cometen y de las consecuencias que puede tener ser descubiertos. Dicho de otro modo, el lugar más seguro para resguardarse de un grupo terrorista, es el bloque de edificios contiguo al suyo (y por aquello de que el suyo igual vuela en pedazos si yerran con el bombazo que están preparando).

Finalmente, y antes de comenzar a analizar la realidad que se esconde tras la pantalla, hay que considerar otro factor psicológico importante como es la negación (incluso la racionalización que en ocasiones se utiliza para justificar una negación), mecanismo de defensa que opera de forma generalizada cuando una motivación social básica, la de confianza, se ve alterada.

La motivación social básica de confianza es aquella que impele al ser humano a creer que vive en un lugar relativamente seguro donde su integridad física y psicológica no se ven alteradas. Este principio tiene su sentido, ya que en caso contrario la activación que generaría saberse permanente en peligro conllevaría un estado de ansiedad y miedo poco adaptativos que dificultarían mucho poder seguir adelante. El problema es que para mantener este tipo de principios básicos, a veces nuestra mente utiliza mecanismos de defensa como los señalados, ejemplo de lo mal diseñado que está en ocasiones nuestro software cognitivo.

Y claro, aplicándolo al caso que nos ocupa, esto se traduce en que será mucho más socorrido achacar antes las perversiones de un engendro a que Manolín es un perturbado mental (como los terroristas, hoy trastornados víctimas del capitalismo y la marginación social en lugar de hijos de puta a secas), que a pensar que nuestro médico, el profesor de nuestro hijo, nuestro fontanero, nuestro peluquero o el tío que nos vende la carne pueden disfrutar practicando según qué aberraciones o tener determinados impulsos, ejecutándolos en mayor o menor grado a la par que consiguen mantener, al menos durante un tiempo, una imagen de normalidad e incluso de afabilidad.

 

Salud y libertad…

[Continuará]

Aprovecho para solitaros colaboración cubriendo este cuestionario totalmente anónimo, que pretende estudiar de forma más científica el uso de este tipo de canales y contenidos, y no tardaréis más de 3 minutos en cubrir. Muchas gracias.

 

 

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Entendiendo la transexualidad (2ª parte)

“En un bosque se bifurcaron dos caminos, y yo… Yo tomé el menos transitado. Esto marcó toda la diferencia” (Robert Frost)

El segundo aspecto que conviene señalar es el referido a las causas y manifestaciones de la propia condición de transexual, pero dejando claro que hablaremos de estos puntos como una aportación con afán didáctico y no desde luego como una justificación ante las tonterías varias que expelen ciertos grupos homófobos.

Entre este tipo de grupúsculos es generalizada la idea de plantear la transexualidad como una decisión libre o incluso como un capricho, lo cual ya es estúpido per se desde su base. ¿Quién en su sano juicio se metería  en un procedimiento tan física y psicológicamente duro y costoso, con implicaciones biopsicosociales tan graves y cuyo desenlace social, desgraciadamente, solo te va a llevar a la incomprensión o la discriminación? Es obvio que nadie. Hay que estar muy seguro de lo que se va a hacer y tener una fortaleza física y mental a prueba de bombas para meterse en semejante jardín.

Las hipótesis más actuales sobre por qué se produce la transexualidad son las relacionadas con las descargas de testosterona en el período perinatal. La testosterona tiene efectos masculinizantes en el embrión e interviene en la formación de los órganos sexuales internos y externos. Ahora bien, entre el cuarto y el séptimo mes de embarazo existen ciertas descargas de testosterona relacionadas con el desarrollo del sistema nervioso central y su dimorfismo sexual.

Desde esta perspectiva, la transexualidad se explicaría por la acción o inacción de las hormonas en dicho sistema nervioso central, cuando estas ya han configurado la biología sexual del embrión. Imaginemos, por ejemplo, que se han producido las descargas de testosterona que han configurado unos órganos sexuales masculinos pero que no se produce la descarga prevista a la hora de configurar el sistema nervioso central. El resultado sería un cerebro femenino en un cuerpo masculino, lo que, por cierto, se parece sospechosamente a la cita tradicionalmente escuchada a personas en esta situación, que decían aquello de: “soy una mujer atrapada en un cuerpo de hombre” (y viceversa).

En este punto también es obligado mencionar las denominadas situaciones de indefinición sexual, que anulan de raíz el argumento de la identificación del sexo en función de la carga genética. Así, por ejemplo,  tenemos a personas con el síndrome de insensibilidad a los andrógenos (genotipo XY y cuerpo femenino), con el síndrome del conducto mülleriano persistente (genotipo XY y genitales externos masculinos, pero con genitales internos mixtos, tantos masculinos como femeninos), con el síndrome de Turner (genotipo X0. ¿A estos qué los consideramos según esta categorización genética: hombres, mujeres, tocadiscos?), etc…

Resumiendo, que apreciando la complejidad del fenómeno ya podemos ver que la identidad sexual no es algo que pueda reducirse a algo tan simple como tener un determinado genotipo o tener o dejar de tener colita.

Finalmente y en tercer lugar, otro aspecto que ha generado polémica es el relativo a las campañas de difusión. Primero, la campaña: “hay niñas con pene y niños con vulva” y, posteriormente, su contraréplica: “los niños tienen pene, las niñas tienen vulva”.

Y aquí ha venido otro gran problema, uno que ha sido creado artificialmente en función de intereses de lobbies de ambos lados y en el que ha pesado muy poco pensar en el interés de los transexuales en general y de los niños con esta condición en particular.

Para entender este problema puede ser útil conocer la teoría lingüística de los prototipos. El lenguaje es una construcción categorial que se rige por un principio básico como es dar la máxima información con el mínimo coste (en este caso de palabras). En esta concepción las categorías son clases heterogéneas y no discretas, en las cuales habría algunos miembros más representativos de la categoría que otros. Por ejemplo, dentro del prototipo de mediocre, Pedro Sánchez o ZP serían ejemplos con máximo nivel de representatividad, mientras que Felipe González lo sería algo menos y Borrell no lo sería en absoluto. O dentro del prototipo de inútil, Rajoy sería un elemento con alto nivel de representatividad, mientras que Soraya, que es más lista que el hambre, no encajaría de momento en esta categoría.  Estos miembros más representativos de una categoría son pues los prototipos

Por otro lado, también existen niveles en el lenguaje en función de la generalidad y especificidad de la información que queremos transmitir. Por ejemplo, un nivel supraordenado que aporta información sobre una categoría general (fruta), un nivel ordenado que aporta una información más específica sobre aquello a los que nos referimos (manzana) y un nivel subordinado que establece un mayor nivel de concreción (golden). Vemos por tanto que podemos hacer referencia a un mismo concepto utilizando los tres niveles: una manzana golden es efectivamente una fruta, una manzana y del tipo golden, pudiendo utilizar cada concepto en función del grado de concreción que queramos darle a la información que nos interesa transmitir.

Funcionando así el lenguaje es pues absurdo pretender que un concepto pueda recoger todo el abanico de posibilidades específicas que lo definan. Más bien al contrario, utilizaremos un concepto genérico, teniendo en cuenta que cada elemento formará parte del mismo por compartir unas características semejantes, pero también asumiendo que posee unas características concretas que lo diferencian de los demás.

Así, en base a esos prototipos, los niños tienen una serie de rasgos, entre ellos algunos de carácter biológico, y las niñas otras. Pretender invertir estas características es desde el punto de vista lingüístico una estupidez y desde el punto de vista social una inutilidad, porque ni la sociedad tiene interés alguno en conocer la verdad sobre cómo funciona el lenguaje ni, en la mayoría de los casos, saber qué define a los niños transexuales, pues vivimos en una sociedad que mayormente, y al margen de imposturas, se preocupa de su propio culo y se rige por conocimientos superficiales que buscan solo contrastar el conocimiento previo, incluido sus prejuicios, sin mucho esfuerzo.

Así que lo que ha hecho la primera campaña pretendiendo acudir a una diferenciación tan específica, aun pudiendo ser cierta, es hacer un flaco favor a la causa, favoreciendo por el contrario una contra-campaña interesada en difundir ideas homófobas, a la que jamás se le habría dado la difusión que se le dio de no ser por ello.

Y es que, en efecto, hoy hay una cierta tendencia a querer que el lenguaje abarque la individualidad de cada uno cuando precisamente está construido para abarcar aspectos generales. Más hoy en día, cuando hay un estúpido complejo antihegemónico, en el que parece que si uno no se es miembro de una minoría, es directamente un cabrón fascista, aspecto que hay que agradecer a políticos mediocres e inútiles (ver prototipos) y a buenrollistas en general de intelecto muy limitado.

Salud y libertad…

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Entendiendo la transexualidad (1ª parte)

“Tu tiempo es limitado, de modo que no lo malgastes viviendo la vida de alguien distinto” (Steve Jobs)

El verdadero bus de Hazte Oir

Tras llegar el parón de trabajo estival y retomar los contenidos del blog, estaba pensado en un tema adecuado para tratar, especialmente teniendo en cuenta que hace mucho que no me meto en una buena polémica y que como es sabido tengo cierta inclinación a lanzarme al fango de cabeza. Así que he pensado, ¿qué tema puede, tratado de forma más o menos seria y rigurosa, cabrear por igual a los fanáticos de un lado y a los buenrollistas de lo políticamente correcto por el otro, con el fin de dar un poco de vidilla a este insípido verano? Y allí, a lo lejos, mientras la avioneta de hazme reír pedía los permisos de despegue, lo vi: el tema de la transexualidad.

De hecho, es un tema lo suficientemente complejo como para que se pueda realizar una entrada con afán didáctico y permita a la par desarmar los argumentos peregrinos de quienes hablan de él gritando mucho y sabiendo poco. Por eso, parece apropiado que, en primer lugar, definamos qué se entiende por transexualidad.
Desde el punto de vista sanitario y psicológico la transexualidad es una condición técnicamente llamada disforia de género (en el DSM V, manual al cual yo no me acerco ni con un palo), o trastorno de la identidad sexual (según el DSM IV-TR), que se caracteriza por:

A. Identificación acusada y persistente con el otro sexo (no sólo por el deseo de obtener las supuestas ventajas relacionadas con las costumbres culturales).
En los niños el trastorno se manifiesta por cuatro o más de los siguientes rasgos:
1.- Deseos repetidos de ser, o insistencia en que uno es, del otro sexo,
2.- En los niños, preferencia por el transvestismo o por simular vestimenta femenina; en las niñas, insistencia en llevar puesta solamente ropa masculina.
3.- Preferencias marcadas y persistentes por el papel del otro sexo o fantasías referentes a pertenecer al otro sexo.
4.- Deseo intenso de participar en los juegos y en los pasatiempos propios del otro sexo.
5.- Preferencia marcada por compañeros del otro sexo
En los adolescentes y adultos la alteración se manifiesta por síntomas tales como un deseo firme de pertenecer al otro sexo, ser considerado como del otro sexo, un deseo de vivir o ser tratado como del otro sexo o la convicción de experimentar las reacciones y las sensaciones típicas del otro sexo.
B. Malestar persistente con el propio sexo o sentimiento de inadecuación con su rol.
En los niños la alteración se manifiesta por cualquiera de los siguientes rasgos: En los niños, sentimientos de que el pene o los testículos son horribles o van a desaparecer, de que sería mejor no tener pene o aversión hacia los juegos violentos y rechazo a los juguetes, juegos y actividades propios de los niños; en las niñas, rechazo a orinar en posición sentada, sentimientos de tener o de presentar en el futuro un pene, de no querer poseer pechos ni tener la regla o aversión acentuada hacia la ropa femenina.
En los adolescentes y en los adultos la alteración se manifiesta por síntomas como preocupación por eliminar las características sexuales primarias y secundarias (p. ej., pedir tratamiento hormonal, quirúrgico u otros procedimientos para modificar físicamente los rasgos sexuales y de esta manera parecerse al otro sexo) o creer que se ha nacido con el sexo equivocado.
C. La alteración no coexiste con una enfermedad intersexual.
D. La alteración provoca malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo.

 

En definitiva, lo que viene siendo prescindiendo de toda esta parafernalia, querer tener el sexo opuesto a aquel que nos define por nacimiento (o siendo más preciso, a aquel con el cual nos han definido en función de las categorías sociales establecidas).

Sin embargo, más allá de la propia condición, hay algunos conceptos asociados que son más complejos de lo que pueden parecer a simple vista y que constituyen una parte central de la polémica, por lo que será en los que nos centremos ignorando otros aspectos secundarios: el concepto de enfermedad, la causa de tal condición y el uso de un lenguaje interesado que ha dado lugar a enfrentadas campañas.

Pibón, se mire como se mire

El primer aspecto que conviene analizar sobre este asunto, y que ya genera los primeros sarpullidos es sobre el propio concepto de patología o enfermedad. Y realmente esta es una discusión o excesivamente técnica como para un debate social o tan absurda que solo pretende asentarse desde el plano de menospreciar al diferente.
Desde un punto de vista técnico, el concepto dogmático de enfermedad o patología es bastante irrisorio especialmente en el ámbito psicológico, porque aunque socialmente se entienda como una verdad de fe, lo cierto es que este ha hecho más que aguas a lo largo de la Historia. Así, en el campo de los trastornos mentales, como señalan Belloch et al. “en muchas ocasiones la cualificación de algo como psicopatológico no responde a criterios científicos, sino más bien a otros de naturaleza ética o moral, de tal modo que todo aquello que contraviene la ética dominante, puede ser caracterizado legítimamente como psicopatológico” (2008, 36)*.

A este respecto, y con el fin de priorizar el razonamiento sobre los dogmas sociales establecidos siempre incluyo el ejemplo en mis clases de la drapetomanía, que es la supuesta enfermedad mental que se les achacaba a los esclavos negros que querían escapar a toda costa o que se negaban a aceptar su condición de esclavos, y que se manifestaba en un estado de ansiedad que les impulsaba a querer escapar de las plantaciones. Sí, así es, esto fue aceptado como conocimiento científico y como enfermedad en un momento determinado de nuestra Historia.

Desde un punto de vista humano, por otro lado, es realmente irrelevante debatir sobre si la transexualidad es una enfermedad o no. Es una condición que genera un malestar a la persona que se encuentra en esa situación y, por tanto, esto ya es razón suficiente para justificar una intervención psicológica. A consulta pueden venir cientos de personas con múltiples problemas clínicos o no clínicos, pueden llegar pacientes con depresión (endógena o exógena), con distimia o, sencillamente, con un sentimiento de insatisfacción hacia su vida,queriendo reorientar su camino. Son problemas que requieren una intervención, pero en los que hablar de enfermedad con el fin de igualar ésta a no seguir la norma, carece de sentido más allá de la mala intención. Es como si tuviéramos que determinar la enfermedad o no de un niño con 5 suspensos que viene a consulta. Es absurdo, tiene un problema y viene a buscar una solución.

Sin embargo, esta categorización sí tiene una importante connotación en el ámbito de las prestaciones sanitarias, y por eso creo que en este punto se equivocan ampliamente los colectivos LGTBI. El tratamiento hormonal y no digamos ya el quirúrgico es largo, caro y problemático. El hecho de que se considere el trastorno de identidad sexual como una enfermedad, permite incluir esta parte del tratamiento como una prestación sanitaria a cargo del erario público. Eliminar la concepción patológica está dando una vía por explotar a los integristas para eliminar el tratamiento gratuito, porque, ¿cómo se justificaría una intervención tan cara si no existe tal enfermedad? Es complicado, y por eso quizás sea preferible hablar de patología, entendiendo por tal concepto cualquier situación que genera malestar o complicaciones a una persona y que, por tanto, requiere una intervención, ya sea médica o psicológica.

Salud y libertad…

Continuación 2ª parte

*Belloch, A., Sandín, B., y Ramos, F. (2008). Manual de Psicopatología (vol. I). Madrid: McGraw Hill.

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