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El vergonzoso caso de Juanma

Vaya por delante, esta entrada no es mía. Es del portal Cannabis.es y me facilitó el enlace @drogoteca, hoy con su enésima cuenta Cocotrón (@Jajjaajjajja), por tocarle las narices a la gente a la que no le gusta que le toquen las narices con el apoyo censor de twitter. Pero es de obligada difusión para mí, por demostrar hasta qué punto los intereses económicos de algunos en esta sociedad hipócrita y materialista se imponen frente a la más mínima humanidad para otros.

Este es el (vergonzoso y vergonzante) caso de Juanma.

En la mañana del pasado miércoles día 22 de febrero, dos agentes de policía vestidos de paisano se personaron en el “Centro de Atención a Minusválidos Físicos – CAMF” de El Ferrol (Coruña), dirigiéndose hacia Juan Manuel Rodríguez Gantes -tetrapléjico de 45 años residente en el centro-, quien se encontraba en su silla de ruedas, terminando de fumar el cannabis medicinal que usa -desde hace décadas- para aliviar su dolor crónico de origen neuropático.

Tras identificarse como policías y directamente preguntarle si él era Juan Manuel Rodríguez, pasaron a recriminarle que estuviera consumiendo lo único que le alivia los dolores que sufre y le informaron de que iban a interrogarle.

Tras ser conducido a una sala Juanma fue cuestionado sobre su consumo de cannabis medicinal, y se le interrogó tanto por el origen del cannabis, como por la persona que le ayuda a liar el cannabis y que es necesaria para él, ya que por su tetraplejia no conserva movilidad suficiente en sus brazos, manos y dedos. Posteriormente, Juanma fue cacheado y se le incautó el cannabis medicinal que le había sido entregado poco antes por la persona que le presta sus manos, de forma voluntaria liándole el cannabis para que pueda fumarlo y aliviar así sus dolores de origen neuropático.

A Juanma se le comunicó que se le podría imputar tráfico de estupefacientes y se le presionó para que revelase el nombre de las personas que le ayudan, a lo que Juanma se negó. Todo esto sin abogado presente, a pesar de que Juanma hizo notar que le gustaría contar con uno antes de tener que contestar nada.

Finalmente, se le requisó todo su cannabis medicinal y se le propuso -así le indicaron que se haría- para una sanción administrativa (multa). Pocos días después, la policía fue a por un amigo de Juanma, cuando se encontraba en la calle con su mujer y “tuvo que acompañarles” a comisaría, quedando -tras ser interrogado sobre la relación que les une, según nos comunicó Juanma- “en libertad, pendiente de declaración ante el juez”.

Juanma se ha quedado -en su centro de El Ferrol- con sus dolores neuropáticos pero sin cannabis medicinal, y con las personas que le ayudaban -por su condición- bajo sospecha y/o vigilancia más la amenaza de enfrentar cargos penales, por ayudar a un enfermo tetrapléjico.

Para más información, noticia completa en http://www.cannabis.es/web/features/actuaidad/613-juanma-la-historia-recurrente-de-un-dolor-invisible

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La verdad sobre los fármacos para la erección

“El sexo sólo es sucio si se hace bien” (Woody Allen)

morbDespués de grandes éxitos como “La Verdad sobre el Tampodka” y “La Verdad sobre el Metilfenidato” hoy nos aventuraremos a escribir sobre la experiencia con los fármacos para la erección. Porque en el fondo sois unos morbosos, os gusta… ¡y lo sabéis! Eso sí, no esperéis morbos más allá de lo estrictamente necesario porque aquí no se trata de hablar de sexo (ya llegará la entrada sobre la verdad del cibersexo donde hablaremos de todas las cochinadas habidas y por haber), sino de los efectos de los fármacos de turno.

Y sí, vale, ya sabemos que los fármacos para la erección, como el resto, son para pacientes que tienen problemas de erección y que no están recomendados en otras personas, pero también los fármacos para el supuesto TDAH son para los pacientes con TDAH y hoy tenemos a medio estudiantado y a medio mundo laboral consumiéndolos para incrementar su rendimiento, aprovechando sus efectos y disfrutando de sus contraindicaciones como bien nos narra este artículo del diario El Mundo.

Eso sí, en esta ocasión no hay toma de datos fisiológicos por dos razones: la primera, porque por la propia condición de la situación no sería posible separar los efectos del fármaco de los efectos fisiológicos del acto en sí. Si vas a echar un polvo se te va incrementar la frecuencia cardiaca, la tensión… con lo cual nunca se sabría si es por el efecto de la pastilla o por efecto del calentón (podría hacerse si tomo el fármaco sin consumar, pero la verdad, ya puestos, prefiero aprovecharlo). La segunda porque, como entenderéis, no voy a decir en medio del asunto: disculpa un segundo, tengo que tomarme la tensión para un experimento a los 5, a los 15 y a los 30 minutos, luego sigo. Enfriaría un poco la situación y podría quedarme el experimento sin finalizar con algún exabrupto justificado. Por tanto, esto supone que por un lado tendré que abreviar, cosa que no viene mal teniendo en cuenta lo rollista que tiendo a ser, y que el efecto narrado se reducirá a una exposición muy subjetiva de los síntomas que yo percibí en su consumo.

También tengo que decir que a mí en eso del sexo me pasa como en el Mcdonalds. La hamburguesa (el mete-saca) está bien, pero me gustan más los complementos. Vamos, que sí, que me como el Big Mac porque va con el menú básico, pero prefiero picotear unos nuggets por aquí, unos aritos por allá,  unas alitas, unos mcbites de pollo…

El primero de los fármacos, y quizás el menos conocido es Levitra, cuyo principio activo es el vardenafilo, un inhibidor de la fosfodiesterasa 5, que se vende generalmente en comprimidos de 5 mg, 10 mg y 20 mg (aunque he visto el vardenafilo genérico en presentaciones de 40 mg y 60 mg). La ventaja que tiene sobre el Viagra, que veremos a continuación, es que no hay que restringir la ingesta de alcohol ni evitar la dieta rica en grasas y aumenta teóricamente hasta 12 horas la capacidad de erección. En este punto cabe decir que si el problema es psicológico estos fármacos no tendrán efecto alguno pues actúan sobre el componente biológico, por tanto la reacción se produce cuando existe un deseo sexual activado. Si el deseo desaparece o la consumación llega, fin de la historia. Que nadie piense que va a estar 12 horas con el menhir a la espalda como Obelix (y si alguien lo está, debería marchar pitando hacia el servicio de urgencias).

Personal y subjetivamente, este medicamento en su versión de 10 mg no me ha aportado nada. La intensidad de la erección es igual que sin él, el tiempo de reacción el mismo, sí que quizás hay una cierta sensación de incremento de la insensibilidad (lo cual está muy bien para postergar el acto pero pierde gracia) y lo que sí me ha supuesto es un terrible dolor de cabeza posterior, supongo que debido al efecto vasodilatador que tienen todos estos medicamentos y razón por la cual no son recomendables en caso de problemas de corazón (músculo, no dedo).

El segundo fármaco, lo reconozco, ha sido una gran decepción. Todos hemos oído hablar del Viagra y de sus efectos milagrosos, esa pastillita azul pitufo que hace las delicias del respetable cuyo principio activo es citrato de sildenafilo. Es primo hermano del anterior y actúa exactamente igual, inhibiendo la fosfodiesterasa 5, facilitando el flujo de sangre en el pene.  Esta se presenta en dosis de 25 mg, 50 mg y 100 mg. Quizás el hecho de haber escuchado esta divertida experiencia en el programa de Carlos Herrera me hiciera tener de antemano unas expectativas muy altas, y ya se sabe que cuando las expectativas son altas, el nivel de exigencia se incrementa y el resultado suele ser decepcionante.

El Viagra tiene que tomarse aproximadamente media hora antes de tener relaciones y su efecto dura hasta 4 horas después, ya vemos que menos que el Levitra (12 horas), siendo conveniente no tomar una comida copiosa o rica en grasas ni alcohol, pues puede reducir su efecto o incrementar el tiempo que tarda en actuar. Sinceramente, la versión de 25 mg, ni fu ni fa, un ligero aumento de la capacidad de erección con un dolor de cabeza y sensación de mareo poco después que la verdad no compensan. Supongo que sería posible tomar una dosis mayor pero solo pensar que ese horrible dolor de cabeza se incremente también, me quita todo el vacilón.

Y por último el Cialis, medicamento que yo conocí hace poco, pero que cierto amigo farmacéutico ya me había dicho que era lo que él recomendaba. Su principio genérico es el tadalafilo, también inhibidor la fosfodiesterasa 5, y se vende en presentaciones de 5 mg, 10 mg y 20 mg. Las ventajas que tiene son que su duración es mucho mayor, pudiendo durar hasta 36 o 48 horas (de ahí que se la llame la píldora del fin de semana), que tarda mucho menos en hacer efecto que las anteriores y que, al parecer es más limpia para el organismo, generando menos efectos secundarios.

Si las anteriores fueron una decepción, los 20 mg de esta son…

 

…una jodida maravilla!!! Es el mejor fármaco, droga o químico inventado por el ser humano, que dios bendiga a los laboratorios Lilly. El efecto se percibe en un limitado periodo de tiempo tras la ingesta. La intensidad de la erección es claramente perceptible (es como volver a tener 20 años cuando uno está todo el día en posición “tienda de campaña”), la duración de la erección es semejante y lo mejor de todo, reduce de forma considerable el periodo refractario, es decir, el periodo de tiempo que tiene que pasar desde que uno eyacula hasta que puede volver a estimularse para volver a empezar. Doy fe de que durante el periodo finsemanal en que está activo ese delicioso compuesto, uno está tan cachondo que no tiene nada que envidiar a los babuinos de los documentales de La 2 respecto a su necesidad de consumación sexual.

A ello hay que añadir que los efectos son mucho más limpios, en mi caso solo tuve un extraño síntoma, un dolor en la parte posterior de la cuenca de los ojos (de los de la cara, abstengámonos de chistes fáciles) que curiosamente el prospecto ya señala, que pasa durante la mañana posterior a las 48 horas en que está activo, y que, francamente, después de lo experimentado es poco precio a una experiencia como para tener visiones celestiales.

El gran hándicap de estos fármacos, de los tres, está en su precio. Aunque este depende en gran medida de la dosis del compuesto y de la cantidad, háganse a la idea de que una caja de cuatro Cialis 20 mg ronda los 65 euros, y una de cuatro Viagra 100 mg o  de cuatro Levitra 20 mg, unos 60€. Desde luego, no es para todos los bolsillos, lo que ha supuesto que haya un gran comercio de estos comprimidos a través de farmacias on-line que, en ocasiones, sí reducen mucho el precio, pero en otras dan pie a estafas o a comprimidos que vaya usted a saber qué tipo de sustancias incorporan.

El resto de la experiencia se la pueden imaginar, un nugget con mostaza picante por aquí, una alita con barbacoa por allá, un arito, un ice tea, cambiamos el envase, más ice tea, lanzamos el envase, mcbite, mcbite, alita, arito, alita, big mac, big mac, big mac y para acabar mcflurry, siempre mcflurry.

Un poco de todo

Un poco de todo

Hasta la próxima verdad, que ya hay candidatos.

Salud y libertad…

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Breve debate sobre el bilingüismo

“La lengua no es la envoltura del pensamiento sino el pensamiento mismo” (Miguel de Unamuno)

Hace unos días el mundo twittero, que guste más o menos marca la agenda informativa debido en gran medida a la torpeza de los medios informativos, despertó con un trino alarmante del grupo de educación de lo que antes era Izquierda Unida, en aquellos lejanos tiempos previos a  que Alberto “dipucuqui” Garzón lo utilizara como moneda de cambio para ganarse el puesto de mayordomo de Pablo Iglesias.

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La estupidez, efectivamente, es de tal calibre que rápidamente recibió la respuesta de los participantes en la red social, alguno incluso solicitando que borraran el famoso tweet para  no tener que soportar la vergüenza de que se le señalase como votante del partido que publicaba tamaña barbaridad.

Si peregrina era la afirmación, más peregrina era la justificación ideológica de por qué no había que aprender inglés. Básicamente porque esto se justificaba en la necesidad de generar camareros propios y ajenos para los países anglosajones.

Ante la respuesta burlona generada por la red, el área de educación de IU eliminó el tweet que vemos y lo sustituyó por este otro, que pasó a constituir la base de su argumentario.

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Este tweet es un ejemplo interesante, porque evidencia como pocos una de las estrategias de manipulación  y persuasión que suele utilizar la izquierda radical y que maneja a la perfección, consistente en entremezclar afirmaciones con cierto nivel de veracidad con la barrabasada que se persigue inculcar socialmente. El principio que subyace, bastante eficaz, es que los favorables a esa corriente focalizarán su atención en el argumento veraz y minimizarán el otro, que no obstante aceptarán por asociación con el primero.

Por tanto, con el fin de desestructurar esta burda técnica de manipulación para mentes frágiles, analizaremos por separado y sin unir las dos partes de la historia.

La primera es sobre el bilingüismo en sí. Y es cierto, hay un serio  problema con su implementación. Más cercano a una moda que a una estrategia educativa estudiada y contrastada, el bilingüismo se ha impuesto como casi una obligación en los centros educativos bajo el supuesto de que es efectivo para el aprendizaje del inglés. El problema es que no ha habido muchos estudios que garanticen su eficacia, y mucho menos que garanticen el conocimiento de las otras materias.

Así que a falta de estudios rigurosos lo que a uno le queda es la experiencia. Y la experiencia que personalmente veo en hijos propios y ajenos es que los chavales acaban sabiendo mucho vocabulario de inglés, más o menos la misma gramática inglesa o dominio de la lengua inglesa que sin él y menos conocimiento de la materia bilingüe, por ejemplo Science (lo que viene siendo Ciencias Sociales de toda la vida si eliminamos el nuevo lenguaje barroco y pedante para fingir que las cosas han avanzado una barbaridad).

Porque aquí es donde se cuelan dos trampas del bilingüismo tal y como está concebido. La primera, la que nos hace pensar que los docentes quizás no están preparados para impartir una educación bilingüe. Y la segunda, la que para solventar la falta de conocimiento de expresión y comprensión en inglés de los alumnos, propicia que los exámenes sean meros ejercicios de traducción de vocabulario, lo que nos lleva a  que efectivamente el rendimiento del alumno parezca adecuado con la satisfacción de los padres que ven que su hijo obtiene buen rendimiento en una asignatura en lengua inglesa, aunque no se esté midiendo con fiabilidad ni su conocimiento de la asignatura ni su dominio de la lengua inglesa.

Por tanto, les concedo a los sujetos de IU cierto punto razonable en esa parte de la premisa. Es cierto que el bilingüismo tal y como está desarrollándose tiene problemas y es mejorable.

Ahora bien, sugerir que el aprendizaje de la lengua inglesa es producto de una conspiración para fabricar camareros para la city es además de un delirio paranoide una chorrada de campeonato. El inglés mejorará, ¿qué?, preguntan las gacelas de IU. Pues mejorará la capacidad de comunicación con medio mundo, mejorará el conocimiento de otras culturas y dará accesibilidad a la lengua más utilizada en el campo científico, por poner algunos ejemplos facilones que son los que me vienen a la mente en los primeros 3 segundos.

Porque, francamente, cuando uno dice que para qué sirve la lengua inglesa, lo primero que se le viene a la cabeza es la escena de los Monty Python cuando el escuadrón suicida del Frente Judaico Popular se preguntaba que habían hecho los romanos por ellos. Si este es el grupo de educación de IU, no quiero imaginar los demás, aunque claro, quizás esto explique muchas cosas.

 

Salud y libertad

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Todo el mundo es nazi

“La violencia es el último recurso del incompetente” (Isaac Asimov)

Allá por el año 1982 nuestro excelentísimo cine patrio, el de las subvenciones, que ya por aquel entonces se dedicaba a hacer grandes obras de arte como las actuales, sacaba a la palestra la película: To er mundo e güeno, dirigida por Manuel Summers, más conocido hoy por ser el padre de David Summers, el de Hombres G.

La película era un invento que mostraba un cúmulo de situaciones absurdas grabadas con cámara oculta ante las cuales los sufridos e involuntarios actores generalmente respondían con una paciencia infinita. Esto debe hacernos pensar en dos cosas: la primera, que los memos y descerebrados de los youtubers de hoy en día no han inventado nada nuevo y la segunda, que por entonces se tenía bastante más educación que ahora, porque incluso aunque te vacilase un faltoso por la calle, el hecho de calzarle una hostia no era algo que se tomase a la ligera y tenía que estar bien justificado.

En otro orden de cosas, el miércoles 1 de febrero nos levantábamos con la noticia de que un jugador del Betis que había fichado por el Rayo Vallecano, un tal Zozulya, estaba teniendo serios problemas porque lo habían catalogado como nazi, lo que había derivado en que, gracias a la presión de un grupo de fútbol ultra, lo devolvieran certificado y con acuse de recibo a su antiguo domicilio.

Por si esto fuera poco, ese mismo día la también defensora de los trabajadores y prolífica escritora Ana Rosa Quintana, currante e izquierdista de pro como es fácilmente apreciable, se destapaba a micro abierto (por error) justificando que 15 tíos lincharan y apalizaran públicamente a una chavala de 19 años porque, oh casualidad, también era nazi.

El problema con este tipo de manifestaciones y justificaciones es de una enorme gravedad y nos debe llevar a reflexionar sobre dos aspectos. Por un lado, sobre si la violencia, la censura o el acoso están justificados en base a una supuesta adscripción ideológica, por muy reprochable que sea. Por otro, si no estaremos utilizando paradójicamente un pretexto ideológico totalitario para imponer nuestro criterio totalitariamente.

Respecto al primer problema es ciertamente peligroso justificar la actuación de pelotones de jueces, jurados y ejecutores adolescentes que se toman la justicia por su mano, especialmente si tales pelotones están conformados por niñatos activistas de sofá sin cultura, formación ni cerebro, que actúan al dictado de personas bastante más maquiavélicas y con bastantes más intereses que ellos. En el caso de Zozulya su supuesta adscripción nazi viene de la acusación de un periodista que no llevaba muy bien la vena promilitarista y nacionalista del ucraniano.

Ahora bien, de la denuncia de un periodista a la existencia de pruebas que demuestren que este personaje es realmente nazi media un mundo, más si tenemos en cuenta que el mismo jugador lo negó y explicó, siendo difícil de creer que el conocimiento de la realidad ucraniana de unos tarambainas que conforman un grupo ultra o de los memos de twitter que repiten eslóganes como cacatúas sin ser capaces de leer dos artículos seguidos, sea razón suficiente para ejercer acusación y sentencia conjuntas.

En cuanto a la inefable Ana Rosa Quintana, poco cabe decir, salvo que esperemos sea igual de empática  y de coherente si, debido a los amores que genera, recibe parte de la medicina que prescribe a los demás. Porque no debería de tener que explicarse que si uno realmente es nazi y se salta la ley, quien debe de juzgarle es el sistema judicial, que aunque deje mucho que desear, es la herramienta que tenemos para determinar con pruebas, y salvaguardando ciertas garantías, si se ha cometido un delito y la pena correspondiente.

Veamos de forma cruda lo que defiende Ana Rosa, ossssea, Quintana

Pero infinitamente más preocupante es el segundo punto, por cuanto parece haberse instalado una cierta tendencia consistente en redefinir el término de fascista (hoy ya nazi) considerando como tal a todo aquel que no piense como uno mismo.

Aquí puede ser interesante mencionar la hipótesis de Sapir-Whorf, que básicamente señala en su versión fuerte que el lenguaje condiciona el pensamiento. Pongamos un ejemplo de cómo aplican este principio a la manipulación los grupos de dinámica sectaria, sean religiosos, comerciales o nazionalistas. Asumamos que una persona busca ser feliz, objetivo muy lícito y ampliamente generalizado. Lógicamente la definición de felicidad condicionará en gran medida el camino de conductas que emprenda el sujeto. Si un grupo sectario convence al adepto de la que felicidad está en sufrir porque de esa manera se acerca al dolor de nuestro señor lo cual lo aproxima más a él que es el objetivo de la felicidad (estar cerca de Dios), la persona  buscará sufrimiento. Y lo hará paradójicamente para encontrar la felicidad. Hasta no hace mucho, esta búsqueda de la felicidad basada en el valle de lágrimas era muy habitual.

Este tipo de tergiversaciones del lenguaje están ampliamente extendidas hoy día: redefinimos lo que es democracia para hacer que la gente defienda a quien no dejan de ser meros tiranos convertidos en figuras democráticas por arte de magia, redefinimos lo que es igualdad para justificar por qué un sexo tiene que tener más derechos que otro, redefinimos lo que es una España Federal, para justificar lo que en realidad es un régimen confederal… y cuando cambiamos el significado y el nuevo cala entre las masas, ya podemos controlar sus conductas.

Si llevamos esta manipulación  a la hipótesis nazi, nos encontramos con algo muy semejante a lo que ocurre hoy en twitter y que se está extendiendo peligrosamente al ámbito social, que podemos redefinir al nazi como todo aquel que no siga los preceptos que yo (o mi grupo social) marco para no ser nazi. Y claro, una vez catalogado, si sigo la primera regla, ya puedo empezar a atizar al personal porque lo merece.

Podrá pensarse que exagero, pero cuando las hordas progresistas de Berkeley, una Universidad corroída por el cáncer de lo políticamente correcto, acosan y censuran la conferencia de Yiannopoulos, a uno empiezan a saltarle las alarmas. ¿Por qué? Pues sencillamente porque el tal Yiannopoulos es un judío homosexual con un novio negro, que eso sí, defiende a Donald Trump, lo que parece ser para algunos una prueba irrefutable de su nazismo.

Recristo, cómo ha cambiado la estética nazi.

Recristo, cómo ha cambiado la estética nazi.

Lamentablemente esta realidad, como la de los youtubers, tampoco es nueva. En este excelente artículo se nos habla del camino que hemos emprendido hacia una sociedad adolescente. Una sociedad inculta e infantilizada donde los mantras del fascismo de lo políticamente correcto imperan sobre toda las cosas y en todos los ámbitos. También, trsitemente, en el mundo universitario donde estas estupideces tendrían que ser contrarrestadas.

Desgraciadamente no es así y hasta los universitarios, que deberían velar por el libre planteamiento de perspectivas encontradas como base de su aprendizaje desde la confrontación de argumentos contrarios, responden de forma beligerante e impostadamente ofendida exigiendo la censura de cualquier consideración opuesta a sus endebles principios. Recuerdo en este punto una cita del genial Leo Bassi, cuando decía: “si un bufón como yo es capaz de ofenderte y poner a prueba tus principios y tu fe, vaya mierda de principios y vaya mierda de fe”.

Como señala el artículo, si uno no está preparado para que otro le lleve la contraria debería volver a casa a abrazarse a su osito de peluche hasta que sea capaz de aceptar que puede estar equivocado o tenga criterio para defender su postura.  La alternativa es que vivamos en una sociedad donde to er mundo e güeno, to er mundo e nazi y, desgraciadamente, también cada día, un poquito más imbécil.

Salud y libertad…

P.D: Muy recomendable la entrada sobre este mismo supuesto en el blog de josejazz

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Las corporaciones: Monsanto y Bayer

Nunca se logra ningún beneficio sin perjudicar a otro (Michel de Montaigne)

El mundo de las corporaciones (a las que recordemos que según un estudio planteado en el documental “La Corporación” si les aplicáramos rasgos humanos tendríamos que diagnosticar como psicópatas en un 90% de los casos) me parece fascinante. Tienen bula para hacer lo que les venga en gana con un descaro tal que no se consiente ni siquiera a los políticos, sindicalistas y otras formas de parásitos conocidos.

La última noticia al respecto ha sido la adquisición de Monsanto (sí, la del maíz transgénico, las semillas de soja y los mataderos masivos) por Bayer (sí, la que experimentaba con judíos y creó la heroína buscando un sustituto de la morfina) en una operación de unos 66.000 millones de dólares.

De este modo, la nueva corporación podrá crear la mierda ambiental en forma de semillas y pesticidas para envenenarte y venderte los productos para sanarte (negocio completo).

Así que lo que no me explico es por qué, teniendo estos lobbies el poder de presión política que poseen, sus compañeros no toman buena nota y se animan a comprar a cinco o seis politiquillos (que son cuatro duros) para redondear sus negocios. No por amor al arte y al prójimo, no, ¡qué cojones! Por puro beneficio.

Se me ocurre que Mcdonalds por ejemplo, debería utilizar su influencia para presionar a los gobiernos en pro de la legalización de la marihuana. Una vez hecho esto, diversificar su ámbito de negocio y moverse entre un 50% de coffee shop y un 50% de restaurantes. Primero desinhibimos un poco a los clientes y les abrimos el apetito, y luego en el local del al lado les metemos el Big Mac triple con doble de todo por el gaznate. Coño, como en el bingo, que te ponen el alcohol baratito para que te sueltes y juegues más cartones. Deberían de pensárselo, no sea que se les adelante Burger King con la idea. Yo les prometo que si lo hacen, al menos en esa ocasión, no pienso decir ni mu.

Salud y libertad…

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¿Derechos Humanos? El don de la fe

“Nos batimos más por nuestros intereses que por nuestros derechos” (Napoleón)

Hace poco el genial filósofo francés Luc Ferry se preguntó en una entrevista inmejorable para el diario El Mundo: ¿Qué son los derechos humanos sino la religión de los laicos? No pudo estar más acertado. El problema es que como toda religión, tiene un ligero problema de consistencia. Una cosa es predicar y otra dar trigo, o como decían hace tiempo los jesuitas, cuando uno profesa una religión por cumplimiento hace dos cosas: cumple y miente.

Lo mismo pasa con esta religión laica que difunde con gran impostura los Derechos Humanos y la libertad, amén de otras muchas zarandajas, pero que tiene un serio problema a la hora de hacer cumplir tales dogmas. Tampoco importa mucho, mientras cumpla (y mienta en) su labor de tranquilizar conciencias y dar esa sensación de seguridad ficticia a los niños del iphone con ansias de heroísmo solidario, estará llevando a efecto con eficacia las intenciones con las cuales se constituyó, porque aunque por todos es sabido que para garantizar un derecho tiene que haber una fuerza que garantice su ejercicio, usar la violencia queda tan autoritario y fascista en estos tiempos de zumo de gumibayas…

Para los que frente a deseos buscan realidades, aquí tienen la dosis de hoy: “Un informe oficial de EEUU denuncia que las tres cuartas partes del mundo viven en países que castigan la blasfemia, la apostasía y la fe no oficial

Salud y libertad…

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Trastornos mentales y terrorismo islámico

“Tengo una pregunta que a veces me tortura: estoy loco yo o los locos son los demás” (Albert Einstein)

Empiezo esta nueva entrada con una especie de deja vu, pidiendo perdón por no haber podido actualizar el blog desde hace tiempo, otro pico de trabajo o más bien de ocupaciones me han restado tiempo para hacerlo. Y como suele ser habitual, lo que me saca de la hibernación veraniega (paradojas) es la indignación con las cada vez más simplonas estrategias de entontecimiento social. Esta, lo reconozco, me genera un plus de beligerancia por ir milimétricamente dirigida a atacar a uno de los colectivos sociales más débiles y por contener un cierto aire de ofensa personal, ya que de las pocas cosas que respeto en este mundo quizás una de las más importantes sea a mis pacientes (la mayoría, dicho sea de paso, bastante más cuerdos que su entorno y en mucho casos que yo mismo).

Me refiero a la tendencia actual de los medios de comunicación de, siguiendo las directrices de sus amos, criminalizar al colectivo de personas con trastorno mental en beneficio de intereses políticos secundarios. Algo que empieza a ser tan evidente que personas con criterio propio ya denuncian públicamente.

noofenderCierto es que culpabilizar a las personas de este colectivo no es algo nuevo. Cada vez que hay un accidente importante o una situación de impacto (como el caso Lubitz), responsabilizar a un enfermo mental facilita las cosas: reduce el tiempo de investigación, reduce los costes en indemnizaciones y afianza la sensación de seguridad de la amplia mayoría que prefiere vivir en un mundo ficticio.  Ello a pesar de que está científicamente aceptado que el colectivo de personas con trastorno mental no solo no es más violento que la media, sino que muy probablemente se sitúe por debajo de esta.

Pero lo novedoso es utilizar a este colectivo para tapar hechos que ponen en jaque la estupidez y el buenrollismo europeo, hecho que pocos se atreven a mencionar y que cuando lo hacen, como le ocurrió a Iker Jiménez, tienen que someterse a la censura inquisitorial, cuando no a la violencia, de los optimistas ilusorios, que al más puro estilo fanático y sectario jamás permitirán que nadie les arrebate su fantasiosa felicidad y sensación de confort (al menos, no hasta que la madre a la que revienten la cabeza sea la suya y no la de otro, que siempre es más fácil dar lecciones de moral a costa del dolor ajeno).

La vil estrategia la podemos comprobar en noticias como la del asesino de Londres, cuya información en apenas minutos ya se apresuró a indicar que tenía un trastorno mental (sin especificar cuál) ignorando su origen somalí y su férrea educación religiosa conocidas posteriormente, o incluso en la del asesino del centro comercial alemán, que desde un principio se trató de desvincular del integrismo religioso y del colectivo de refugiados, llegando a extenderse la hipótesis de que era un atentado de la extrema derecha, lo que dio lugar a muestras de brillante cinismo reflexivo como la siguiente:

islamHace un par de días falleció Gustavo Bueno, en uno de esos casos curiosos en los que una persona apenas sobrevive dos días a la muerte de su pareja. Él fue quien dijo aquello de: “Si alguien me dijera que es feliz le escupiría a la cara”, denotando que solo una persona muy imbécil o un completo hijo de puta (con tintes psicopáticos) podría llegar al estado de dicha plena que supone la felicidad, pues tendría que ser insensible al dolor y al sufrimiento de su entorno. Prescindiendo de los segundos, entre los primeros hay un subgrupo especialmente miserable, el de los que inducen su propia estupidez por egoísmo, a veces incluso culpabilizando a las víctimas para no perturbar su estado de bienestar (el capitalismo, Occidente o la muy puta que llevaba minifalda, ya saben).

Sería prácticamente imposible para estos entender que en muchos casos los trastornos mentales no son sinónimo de estupidez y que la lucidez que muestran estas personas es en ocasiones muy cercana a la genialidad,  eso cuando no es precisamente el mayor conocimiento de la realidad circundante y la falta de autoengaño lo que ha precipitado su trastorno. Supongo que al menos tendrán la decencia de guardar las lecciones de ética cuando se ataque el próximo centro de personas con enfermedad mental como ocurrió en Japón.

Y cuidado con las interpretaciones, que como ya lo veo venir (otra vez), entre la culpabilización de todo un colectivo y la dureza y la intransigencia con quien viene simplemente a destruir media un abismo, casi el mismo que existe entre quien quiere enfrentarse al mundo analizando los hechos y los que prefieren hacerlo fabulando en función de sus deseos.

Salud y libertad…

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