Archivo mensual: marzo 2016

El cerdo ha muerto, viva el cerdo

“No le temas tanto a la muerte, sino más bien a la vida inadecuada” (Bertolt Brecht)

muerteCuando un maestro o un profesor pronuncian una sentencia categórica es difícil de olvidar, especialmente si los destinatarios son alumnos jóvenes que se dejan impresionar por la contundencia de una carga emocional importante. De hecho, está psicológicamente demostrado que el hecho de asociar un recuerdo a una emoción intensa facilita la perdurabilidad de la huella de memoria.

Hace muchos años, un antiguo profesor de Literatura criticó en clase la hipocresía social a cuenta de la muerte de cierta mujer famosa a quien todo el mundo había criticado e insultado mientras vivía pero que en ese momento solo generaba alabanzas por los mismos que la despreciaban (suele ocurrir cuando se muere un famoso). Lo hizo diciendo: “recordad siempre que un cabrón aunque se muera seguirá siendo un cabrón”.

Como yo ya he defendido varias veces el concepto de justicia platónica que viene a decir que hay que dar a cada cual según su merecimiento, a nadie le extrañará que yo comparta este pensamiento, que por cierto, muchos (yo desde luego, no) le aplicaron a él. Paradojas de la vida… y de la muerte.

La muerte es uno de los principales temas tabú de la sociedad, por no decir el tema, y es curioso como la deseabilidad y el fascismo de lo políticamente correcto penalizan que uno se alegre de la muerte de una persona. En realidad, como en tantos otros ámbitos, lo que se penaliza no es la emoción sino la expresión de la misma. O dicho de otro modo, piensa lo que te dé la gana pero no se te ocurra decirlo, que nos cargamos la burbujita teatral con la que mantenemos la impostura de que el mundo es un lugar limpio y seguro como las compresas. También hay quien por un mero componente práctico, no lo hace solo por evitar molestos procesos judiciales.

Sin embargo, el ser humano es persistente en dejar entrever su lado más oscuro, qué le vamos  hacer, y así, cuando muere el enemigo, es difícil que no asome cierta alegría reprimida, incluso aunque su protagonista esté en el mismísimo funeral de la víctima mostrando sus más sinceras condolencias.

Cuando Franco murió, muchas familias se dieron un paseo por la capilla ardiente solo para comprobar si estaba realmente muerto o para susurrarle al oído aquellas palabras que no tuvieron valor de pronunciar en vida. Otras brindaron con champagne en una fiesta sostenida en el tiempo, mientras los leales al régimen juzgaban la sucia moralidad de quienes se dejaban llevar por el odio celebrando la muerte de un “ser humano”. Cuando Santiago “Paracuellos” Carrillo hizo lo propio, las mismas que brindaron tiempo atrás mostraron en twitter su indignación por la hipócrita moral y la falta de respeto de la vergonzosa derecha que celebraba la muerte de una persona, mientras que las que habían hablado de la sucia moralidad muchos años antes, la practicaron gustosas con whisky de malta.

Las todopoderosas y justicieras “derecha” e “izquierda” siempre han tenido una hilarante ligereza para justificar a los suyos y una asombrosa beligerancia para condenar al contrario, pero en ambos casos, lo divertido, lo humano, es ver como lo disfrazan de superioridad moral.

Por eso, lo honesto, aunque quizás antisocial, sea asumir que la realidad del mundo es una guerra constante donde cada vez que muere un soldado del bando contrario, el propio lo tiene un poco más fácil. Y eso, amigos, genera cierto ánimo embriagador.

Otro viejo amigo comentaba que el mundo se dividía en dos bandos, el de los que si pueden y no les supone mucho perjuicio ayudan al resto, y el de los cerdos que solo miran por tener más y más, necesitando que otros estén peor porque ello les hace sentirse mejor, superiores, lo que hincha su ego. Pero cuidado, estar en uno u otro bando no implica un mayor nivel moral, solo una elección. Los de un bando se ayudan entre sí y atacan al otro, y los del otro hacen lo propio con el uno. Por tanto, no es cuestión de ética, sino de grupo.

En todo caso, hay una cierta justicia poética en la muerte, pues desde el más altruista hasta el más miserable, todos acabaremos en el mismo lugar como bien escribía Jorge Manrique en las “Coplas a la Muerte de su Padre”

Esos reyes poderosos

que vemos por escrituras

ya pasadas,

con casos tristes, llorosos,

fueron sus buenas venturas

trastornadas;

así que no hay cosa fuerte,

que a papas y emperadores

y prelados,

así los trata la Muerte

como a los pobres pastores

de ganados.

…y este rasero que nos iguala solo dejará nuestro recuerdo en la memoria de quienes nos conocieron. Quienes dejaron la impronta de la hediondez de sus actos: el robo, la infamia, la vileza de sus genes y el fariseísmo de su propio interés en la excusa fingida de la justicia social; así sean recordados, aunque sin duda pronto tendrán remplazo.

A fin de cuentas, quizás sea bueno recordar siempre que un cabrón aunque se muera, seguirá siendo un cabrón.

El cerdo ha muerto!
Viva el cerdo!

Salud y libertad…

 

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Micromachismos y otras formas de reventar luchas

La mujer tiene un solo camino para superar en méritos al hombre: ser cada día más mujer” (Ángel Ganivet)

Hoy es el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, otro de esos días inventados para tranquilizar la conciencia social y fingir que nos preocupamos de diferentes problemáticas que el resto del año ignoramos en pro de los intereses propios, suponiendo que dichos intereses no dependan también de una fingida preocupación colectiva, lo que siempre ha sido una estrategia fantástica para sacar rédito y recibir parte del pastel con el añadido de ganar aplauso de la masa focalizada (de foca).

Así que hoy, en otro ejercicio de impostura, han salido los carteles y las guirnaldas en defensa de las mujeres del mundo. Bueno, no de todas, de algunas. Porque a muchas de ellas las guirnaldas y los carteles se les quedan cortas cuando la nómina llega con significativa merma respecto a su compañero masculino, cuando no pueden responder reventándole los morros al baboso de turno que les toca el culo en el trabajo por miedo al despido, cuando les cortan el acceso a los ascensos o cuando no pueden tener un hijo porque tienen miedo a perder el empleo.

Todos ellos objetivos muy respetables, al menos para quienes creemos sin llenarnos la boca de defensa de la mujer (es su lucha y deben hacerla ellas), que tienen derecho a decidir qué hacer con su vida de forma adulta y libre sin que un hombre ni tampoco una hembrista totalitaria les diga que elegir un camino que a él/ella no le gusta es indecente o perpetuador del sistema patriarcal y todas estas zarandajas. Sí, lo digo por cosas como estas

Yendo al grano, el problema del Día de la Mujer, del Niño, del Trabajador o del Telefonista de Vodafone, es que se ha convertido en un teatrillo para representar una obra de corte ético alejada de la búsqueda de objetivos políticos tangibles.

Uno de los grandes problemas de nuestro país (aparte de la cada vez más extrema estupidez como podemos ver) es el imperio de la deseabilidad social, de las formas sobre el fondo, de la impostura… de lo políticamente correcto en definitiva. Y el activismo reflexivo en cualquier campo que una vez buscó objetivos complejos, pero posibles, ha dado paso a un simplón activismo de sillón en búsqueda de aplauso moralista, que en ocasiones recibe respuesta contundente…

semaforo

Es por cosas como esta que, en lugar de reconocer y respetar el camino allanado por otros en importantes luchas como la democracia, el respeto homosexual o el feminismo bien entendido (que también hay otro para echar a correr),  niñitos de papá aburguesados se permiten el lujo de dar lecciones desde su sofá y con su IPAD a tíos y tías que se han jugado el tipo y la cara en luchas muchísimo más complicadas y en situaciones mucho más difíciles, básicamente cuando batallar por algo implicaba que te pegaran una paliza en un calabozo o que te descerrajaran dos tiros en la nuca (como ejemplo podemos ver el ZAS antológico de Carlos Martínez Gorriarán al patético Antonio Maestre a cuento de las lecciones de lucha franquista).

zas

Así, mientras nuevas masas enfervorecidas se dedican a pontificar y pegar carteles hablando de cosas tan estúpidas, frívolas y superficiales como los micromachismos para que todos veamos lo buenas personas que son (sexo aparte)…

bobo

… otros/as se tiran de los pelos preguntándose en qué momento el sistema consiguió manipular a los ciudadanos lo suficiente como para desviar la lucha legítima, convirtiéndola en una mera campaña publicitaria donde cada uno solo busca su palmadita en la espalda.

No soy muy amigo de las FEMEN, su origen totalitario no me gusta, algunos de sus objetivos me parecen discutibles y no comparto su estrategia de fácil escándalo mostrando las tetas (ya hay que ser muy meapilas para que te escandalice ver un pezón), pero al menos les reconozco que no han perdido la perspectiva de sus objetivos y el valor de algunas de sus acciones, que tampoco han traicionado por el aplauso del vecino.

Salud y libertad…

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