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Explicando el Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) (5ªparte y final)

“La huella de un sueño no es menos real que la de una pisada” (George Duby)

Si ya hemos visto más o menos cómo funciona el TOC, pasaremos a continuación a exponer una serie de estrategias que pueden ser útiles para controlarlo. Pero antes de ello comentaremos dos situaciones relevantes que deberíamos considerar.

La primera es la que afecta a los familiares y personas del entorno del sujeto que padece TOC, ya que no es fácil convivir con una persona que tiene este trastorno. En ocasiones es muy complicado pues uno mismo puede ser el objeto de la obsesión del paciente. Imagínese que es la pareja de alguien que desarrolla una obsesión por celos. La película mental que puede haber desarrollado en su cabeza el afectado es de campeonato y si además tiene poca conciencia de su enfermedad, de poco servirán las explicaciones racionales que se le den. Si al menos tuviera conciencia de enfermedad, se podría apelar a explicaciones racionales, aunque esto tampoco solucionaría el problema, pues ante todo la afectación operaría a través de la vertiente emocional. En otras ocasiones lo difícil es adaptarse a las obsesiones de otros, si ya es complicado vivir con obsesiones propias, imagínese teniendo que lidiar con las ajenas. De nuevo la poca o suficiente conciencia de enfermedad puede aliviar o agravar el problema. Por tanto, no estaría de más que las personas del entorno también recibieran asistencia psicológica para saber lidiar con las obsesiones. De hecho, su actuación como co-terapeutas puede ser muy beneficiosa para el afectado.

La segunda es la referida a la manifestación del TOC en la infancia. Ya comentamos que es muy complicado tratar el TOC en esta edad, porque es más difícil hacer entender la irrealidad de las obsesiones a los niños (que aún no manejan bien el concepto de probabilidad de un suceso) a lo que hay que añadir que la gestión del pensamiento, la conducta y la emoción es más complicada. Además, al ser conscientes de que lo que piensan es extraño y suponer que no será entendido, son muy reacios a expresar sus verdaderos pensamientos, por lo que solo podremos observar conductas de ansiedad, irritabilidad o tristeza que fácilmente se pueden confundir con otros trastornos (como el TDAH). Lo realmente importante para los padres es que sepan diferenciar entre cuándo se encuentran ante una conducta caprichosa y cuándo se encuentran ante una obsesión. Y esto no es fácil. Las obsesiones de los niños pueden ir desde miedo a los monstruos nocturnos, a los ataques alienígenas o la clásica muerte de los padres en un suceso catastrófico, hasta la necesidad de proteger la habitación con papeles pegados en las paredes para evitar un incidente nuclear, todo ello pasando por tantas casuísticas como nos vengan a la cabeza (y muchas más inimaginables). La única estrategia posible es hablar con los chavales, crear un clima de comunicación adecuado y poco a poco ir perfeccionando la técnica para que se sientan libres de revelar sus pensamientos. La pregunta clave es, ¿por qué es tan importante que eso sea así? ¿Qué pasaría si esto no se hace de tal forma? ¿Qué consecuencias habría? No juzgarles, solo entenderles y ayudarles a gestionar el afrontamiento y la irrealidad de sus pensamientos.

De hecho, ya vemos que en la base del TOC lo que hay es una necesidad de control, de intentar dominar todas las variables para saber siempre qué es lo que podemos esperar, porque si algo lleva mal nuestro procesador humano es tener que lidiar con el azar y la incertidumbre. Así, no es extraño que el perfeccionismo y la rigidez sean las dos características principales de las personas obsesivas, a quienes romper hábitos, rutinas o su modo de hacer las cosas, les puede resultar una dura tarea. Intentar romper esa rigidez en los esquemas de una persona con TOC puede ser una de las acciones más heroicas de su entorno y desde luego generará no pocos conflictos.

¿Y cómo podemos intervenir ante la aparición de obsesiones? Estas son las estrategias principales.

La primera intervención debe ir dirigida lógicamente a que el paciente acepte el problema. No hay que avergonzarse de tener TOC como no hay que avergonzarse de tener una gripe. No se puede arreglar lo que no se sabe que está estropeado y por tanto, uno debe ser honesto consigo mismo cuando aprecia que algo no funciona bien. Las personas del entorno también pueden animar a alguien que tiene ciertos comportamientos de los vistos a que consulte con un especialista. El fomento de la expresión emocional derivada de las dificultades que se han vivido y el dolor existente, constituyen ya una primera intervención terapéutica de primer nivel.

En los casos más graves, se puede requerir tratamiento farmacológico, que siempre bajo prescripción y seguimiento médico, suele consistir en antidepresivos, la mayor parte de las veces con dosis superiores a las recetadas en el caso de los trastornos depresivos. También se pueden complementar con ansiolíticos, ya que como hemos visto la ansiedad incrementa la presencia e intensidad de las obsesiones (y a veces puede ser un verdadero alivio tener una ayuda química para detener el funcionamiento de la mente).

Un ejercicio simple para evitar entrar en el bucle de la obsesión que se produce cuando uno empieza a rumiar pensamientos o a “montarse la película” en función de una idea obsesiva, es el de detención del pensamiento. Seguramente habrá visto a más de una persona con una gomita en la muñeca de esas que las niñas utilizan para sujetar las coletas. La idea es que cuando comienza la idea obsesiva, la persona tire del elástico soltándolo a la vez que piensa o dice la palabra alto. El objetivo de esta técnica es hacer consciente que se está entrando en una obsesión y detenerla antes de que se empiece a desarrollar, lo que focalizaría la atención aun más en la obsesión siendo más complicado detenerla. Si no quieres dejarte llevar por la curiosidad de saber cómo finalizará una película, no la comiences a ver.

Otra técnica es la de dejar fluir los pensamientos sin prestarles atención. En ocasiones el hecho de tratar de rechazar los pensamientos obsesivos y luchar contra ellos, lo único que genera es un gran desgaste que producto de su falta de éxito desemboca en una bajada de autoestima y de creencia en la capacidad de gestionar el problema. Por ello, dejar simplemente pasar los pensamientos sin prestarles atención pero sin tratar de eliminarlos puede ser una estrategia efectiva para reducir el malestar. Los orientales que nos llevan años en estas historias de meditación y aceptación suelen decir: “dejar pasar los pensamientos como nubes en el cielo”

Otra técnica irrenunciable es el afrontamiento con prevención de respuesta. Que te da pavor tocar el pomo de la puerta y no lavarte las manos después por si coges una enfermedad, tócalo y no te laves. Que piensas que si pasas por debajo del andamio se te va a caer encima, pasa por debajo (te juro que no se te caerá). Y si puede ser diez veces, mejor que una. Esto genera un gran malestar y en ocasiones puede verse como una tarea imposible, así que, al igual que en el tratamiento de las fobias, puede acompañarse de técnicas de reducción de la ansiedad como la respiración diafragmática.

Dado que hemos visto que la ansiedad y las obsesiones están muy relacionadas, técnicas para reducir la ansiedad pueden ser también útiles: respiración diafragmática, mindfulness, relajación de Jacobson, hacer deporte, yoga, meditación… Pero tampoco vamos a engañar a nadie, si la ansiedad es alta y se necesita respuesta a corto plazo, hay que recurrir al tratamiento farmacológico bajo prescripción médico.

La hipnosis sanitaria como técnica complementaria puede ayudar para reducir la ansiedad, incrementar la capacidad de afrontamiento del paciente, reducir su necesidad de control y flexibilizar la rigidez de los patrones de conducta.

Y por último, fundamental, la distracción. Las obsesiones llegan cuando no tiene la mente ocupada (cuando se aburre), así que en el caso de que uno perciba que está empezando a tener un funcionamiento de la mente demasiado agitado, puede plantearse ocupar en algo la atención. Aquí podríamos diferenciar las técnicas de distracción externas (ver la tele, hacer un crucigrama, leer…) de las técnicas de distracción mental (recitar tablas de multiplicar, contar sumando de tres en tres, recordar una canción, inventarse una historia ajena a la obsesión…). Eso sí, a veces la televisión es tan anodina que vale más la pena tumbarse en el sofá y disfrutar de una buena “película mental” editada con imágenes obsesivas, que a todo se le puede sacar partido en esta vida.

Como vemos, existen técnicas que pueden hacer la vida más llevadera. Eso sí, recordemos que el TOC no se cura y que las obsesiones son bastante tramposas, porque de hecho cuando uno consigue controlar una obsesión, la mente lleva la capacidad obsesiva a otro tema, lo que hace que en ocasiones sea difícil diferenciar si nuestro pensamiento es producto de una obsesión o no. Mucho ánimo a todos los que sufren el trastorno y familiares y no se “obsesionen” con el tema. Como decía Marx (Groucho): “no se tome la vida demasiado en serio, no saldrá vivo de ella”.

Salud y libertad

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Explicando el Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) (4ªparte)

“Cuanto más alto coloque el hombre su meta, tanto más crecerá” (Friedrich Schiller)

Tras observar las manifestaciones del TOC en casos concretos de la vida real, entenderemos ahora por qué pueden alterar en cierta medida la vida de los pacientes afectados. Pero profundizaremos a continuación en un punto de especial relevancia, aunque del que poco se ha escrito, que puede derivar en una gestión con la que sacar partido a las obsesiones o, todo lo contrario, hacer que estas se vuelvan completamente autodestructivas.

Como hemos señalado, una de las características de las obsesiones es que son intrusivas (es decir, ideas que se nos “cuelan” en la mente sin que nosotros podamos controlar su presencia), recurrentes (vuelven una y otra vez) y generalmente con un contenido negativo que es lo que produce que se incremente la ansiedad y las consiguientes consecuencias en el deterioro del estado de ánimo.

Esta visión negativa es lo que le da al trastorno su carácter egodistónico, palabro psicológico que viene a significar que genera malestar, pues tales pensamientos, impulsos o imágenes son disonantes con la imagen que el sujeto tiene de sí mismo, con sus valores, creencias o principios. Es fácil entender que si yo doy mucha importancia a la higiene y la limpieza, tener obsesiones centradas en la suciedad me generará un profundo malestar.

Ahora bien, ¿qué pasa si llegamos a conectar con una obsesión, una imagen o un impulso producto del trastorno hasta el punto de que nos generen bienestar? En este caso, estamos ante una obsesión egosintónica, es decir, un pensamiento, imagen o impulso que sería coherente con la percepción de uno y nos podría generar bienestar, lo que a su vez la haría retroalimentarse.

Veámoslo con un ejemplo referido a otro trastorno diferente. Las personas con trastorno bipolar generalmente alternan estados de depresión con estados de manía, esto es, momentos de exaltación que les producen una gran energía, activación y que los dota de una gran autoestima e imagen de sí mismos (digamos que es el equivalente endógeno de ponerse de coca hasta las cejas. De hecho, la neuroquímica cerebral en ambos estados es bastante semejante). La persona no identifica esto como un trastorno porque no solo no le produce malestar, sino que contrariamente, la genera un subidón en toda regla proporcionándole satisfacción y megalomanía. Es decir, aunque su estado sea patológico, pues está alterado respecto al funcionamiento normal (entendiendo lo normal como lo habitual), ha sintonizado con él haciéndole sentir estupendamente. Este aspecto es el que, trasladándolo al TOC, puede permitir que le saquemos rendimiento a un pensamiento intrusivo o constituir en sí mismo un problema mayor aún que las propias obsesiones.

Imaginemos que en pleno festival guarrindongo-sexual de lujuria y desenfreno nos viene un impulso o una imagen sobre una conducta que podríamos calificar de “retorcida”. La imagen se nos cuela y aunque la vemos como algo con cierto contenido “perverso”, fruto de la cachondez damos pequeños pasitos hacia adelante. Y, coño, resulta que a nuestra pareja también le parece algo retorcido, lo cual deriva en que además de ponerla como una moto y permitirnos ejecutar la conducta, nos la solicite con fruición. He aquí la explicación de por qué las personas con un TOC manifestado en ciertas obsesiones sexuales son tan buenos amantes. Ahora bien, ¿qué pasa si sintoniza con obsesiones sexuales basadas en el daño, el abuso y otro sinfín de conductas poco recomendables que todos podemos imaginar? Aquí es donde entra en juego el yo de cada cual, y donde podemos comprobar que si uno no tiene principios, conciencia, ni límites, la presencia añadida de obsesiones le puede llevar a cotas no muy recomendables para el resto de los mortales.

Otro aspecto en el que se puede aprovechar el TOC como elemento al que sacarle partido, por supuesto estamos hablando siempre dentro de ciertos límites del trastorno que no han desbordado la capacidad de gestión de la persona, es en cuanto al orden. Recientemente televisaron dos documentales en los cuales un jefe de sala de un restaurante y un director de hotel, tenían claros síntomas de TOC. Era algo fascinante, porque los platos, la cubertería, las plantas estaban milimétricamente colocadas en las mesas. El mínimo detalle era cuidado con esmero y los directores del restaurante y del hotel estaban encantados con el trabajo de sus seleccionados, aunque en este caso habría que preguntar a los sufridos subordinados de estos últimos cómo lo llevaban.

El obsesionarse con un tema también tiene su punto positivo. Imaginemos que un joven, guapo y simpático bloguero desea escribir una entrada con cinco partes sobre el TOC para su excelente, inigualable y magnífico blog, publicando una entrada por semana. En este caso, el deseo de finalizar con cierto nivel de perfección la tarea global puede hacer que el sujeto focalice la atención en la misma, y en lugar de hacer las cinco partes en cinco semanas, las haga en cinco días. Cuando una persona con TOC está enfrascada en una tarea el tiempo se detiene y no es raro que comience una tarea no pestañeando hasta que la finalice. Y no pestañear implica que puede postergar comer, dormir, salir… Solo se centra en la tarea y no parará hasta que la concluya, lo que los convierte en ciertos ámbitos en muy buenos trabajadores. Las relaciones no habituales que pueden hacer entre sucesos también los señalan cómo potenciales genios en ciertas labores intelectuales o de investigación.

En lo referente a escribir, también el TOC ha sido causa de grandes éxitos. Imagine que constantemente le vienen a la mente pensamientos violentos, terroríficos, preocupantes o extraños… unidos en ocasiones a intensas pesadillas que suelen acompañarlosdurante el sueño. A poco que trabajen la escritura, tendrán un filón para crear novelas, guiones, cuentos, historias… No tendrán ni que esperar que las musas les inspiren, bastará con plasmar su propio pensamiento. Dickens es un ejemplo de ello, pero hay otros casos como Woody Allen, Martin Scorsese, Charles Chaplin, Kant, Oscar Wilde…

Ahora bien, la vida no es todo color de rosa y uno siempre se va a encontrar con auténticos hijos de puta. Imagine que ese potencial para realizar trabajos con perfección sin importarle un pito ni el tiempo que dedica a ello, ni lo que deja sin hacer, ni las consecuencias que le va a implicar, lo emplea en putear a alguien con quien ha tenido un conflicto (los acosadores o la celotipia también pueden partir de aquí). Con el añadido de imaginar en cada hora cien formas a cada cual más enfermiza de hacerle la vida imposible, desarrollándolas mentalmente como si de una película se tratase, focalizando su atención solo sobre ello y con el añadido de disfrutarlo como si otro estuviera tomando el sol en la playa. ¿Malas perspectivas, verdad? Esta es la razón por la que es una soberana estupidez buscarle las cosquillas a una persona con TOC y por la que uno queda prendado de su perfección para lo bueno o para lo malo. De hecho, se me está ocurriendo… ¿y si se enfrentaran dos con TOC? Pues que gane el mejor… o el peor!

Salud y libertad…

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Explicando el Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) (3ªparte)

“La mejor amiga y la peor enemiga del hombre es la fantasía” (Arturo Graf)

Analizado ya el tema desde un punto de vista más teórico y científico en cuanto a sus componentes, obsesiones y compulsiones, y en cuanto a su consideración como trastorno, vamos a continuación con la chicha, a ver cómo se manifiesta en la vida diaria de quienes lo padecen.

Quizás uno de los campos en los que más generalmente se manifiesta el TOC, y que lo hace visible para otros, es en el de las compulsiones generadas por obsesiones de contaminación. Este campo es muy amplio ya que pueden darse obsesiones con los deshechos del cuerpo, con los gérmenes, con los agentes contaminantes del medioambiente, con los productos del hogar, bichos (generalmente insectos), contagios varios… Como en todos los casos, las compulsiones van dirigidas a evitar la obsesión relacionada. Por ejemplo, el caso de una chica que hacía recurrentemente la cama por miedo a que hubiera bichos en su interior, el de un niño que tenía que abrir siempre de forma completa las sábanas antes de dormir para asegurarse de que no los había, un hombre que se lavaba las manos casi 20 veces al día por miedo a contagiarse de cualquier enfermedad debido al contacto con superficies no limpias o el caso de Michael Jacksón cuando llevaba su clásica mascarilla.

Otro campo amplio y quizás uno de los que mayor culpabilidad y malestar genera, es el relacionado con las obsesiones agresivas. Este es un caso curioso, porque hay quien dice que quizás su origen parta precisamente del miedo a hacer algo que uno no haría, lo que conduce a que aparezca el pensamiento. Se entenderá mejor con un simple ejercicio. Piense durante dos minutos en cualquier cosa que desee…

dos

Conteste a la pregunta: ¿ha pensado usted en un oso blanco? Probablemente la respuesta sea que no. Ahora bien, si yo le pido en este momento que durante un par de minutos piense en cualquier cosa excepto en un oso blanco, ¿qué ocurre? Pues que es muy probable que el oso blanco se le haya colado en alguna ocasión. ¿Por qué? Porque el hecho de no querer pensar en algo hace que tengamos que focalizar la atención en ello precisamente para eliminarlo, lo que produce un efecto paradójico. Obsesiones de este tipo hay muchas: estar parado en la acera esperando para cruzar y que surja el impulso de saltar a la carretera o, peor, el de empujar a otro contra un coche, estar en una tienda y tener el impulso de robar algo, miedo a herir a otra persona por no tener suficiente cuidado…

Analicemos una situación que no por extraña, deja de ser habitual en las persona con TOC. A un padre le venía una imagen horrible en la que sin venir a cuento se veía agrediendo a su hijo. Precisamente producto de esa imagen, la compulsión consistía en darle un beso, abrazarle o acariciarle la cabeza, ya que era la forma de demostrarse a sí mismo que no era capaz de ejecutar lo que esa terrible visión le dictaba y que en realidad a su hijo lo quería con locura. Lógicamente, el simple hecho de tener esa imagen le producía una gran culpabilidad y sufrimiento.

Las obsesiones agresivas, en ocasiones también se mezclan con las de carácter sexual. Otro hombre estaba destrozado porque en una ocasión viendo a un niño le asaltaron imágenes de ese carácter, con lo cual llegaba a dudar de que fuera pedófilo. En este caso, desde luego no lo era y que le asaltaran esas imágenes le producía una gran culpabilidad. Esta es quizás la cara más dolorosa del TOC, pero se ve cómo las obsesiones son casi siempre de origen negativo, doloroso e intrusivo.

Otro tipo de obsesiones que pueden darse son aquellas relacionadas con el ahorro, la necesidad de orden, de acaparamiento, los miedos supersticiosos, celos, parejas, personas, necesidad de contar, obsesiones con números (como el gran genio Nicola “Redios” Tesla, que eso sí, estaba como unas marcacas), de repetir ciertas cosas, de confesar ciertos pensamientos, controlar la alimentación, el ejercicio, preocupación por enfermedades, por catástrofes que pueden ocurrir, revisar cerraduras, el gas, la luz… ¿Cuántas veces ha vuelto al coche para ver si lo había cerrado correctamente?

Relacionado con los miedos supersticiosos para mí a veces es un verdadero deporte (que nuestro cierto grado de enajenación lo tenemos todos) ver cómo tanto niños como adultos pasan de saltito en saltito por las baldosas azules del suelo de la zona del famoso Hotel de la Reconquista de Oviedo, evitando pisar las rosas a toda costa. Esto como recordatorio de que todos podemos tener obsesiones en algún momento que a veces pueden verse incluso como juegos inocentes.

Saltito a saltito hasta la victoria final

Saltito a saltito hasta la victoria final

Vamos, desde masticar 207 veces cada alimento antes de tragarlo hasta no permitir la entrada de tu cuñado en casa porque eso puede ocasionar que los extraterrestres vengan a destruirnos, las obsesiones del TOC abarcan hasta donde llega la imaginación. Y ya decía La Historia Interminable que el reino de Fantasía no tiene fronteras. Qué le vamos a hacer, los seres humanos a veces venimos con estos pequeños errores de software. Bueno, y algunos con errores mucho mayores.

Salud y libertad…

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Explicando el Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) (2ªparte)

“Cuando las leyes de la matemática se refieren a la realidad, no son ciertas; cuando son ciertas, no se refieren a la realidad” (Einstein)

En la primera parte hemos visto qué es el TOC a grandes rasgos, cómo se definen las obsesiones y las compulsiones, que más o menos todos tenemos en algún momento y cómo algún iluminado tira de TDAH por intuición sin hacer la más elemental de las preguntas al paciente. ¿Pero cómo podemos saber si existe un problema?

También en este caso el DSM IV-TR nos saca de dudas, señalando que la vertiente problemática se da cuando las obsesiones o compulsiones provocan un malestar clínicamente significativo, es decir, cuando representan una pérdida de tiempo excesiva (suponen más de 1 hora al día) o interfieren marcadamente con la rutina diaria del individuo, sus relaciones laborales, académicas o su vida social. En definitiva, cuando la cantidad de obsesiones, su frecuencia o la intensidad del miedo o preocupación que generan supera unos ciertos límites y empiezan a interferir en nuestra vida diaria. Vamos, lo que viene siendo cuando la cosa se desmadra, porque no es lo mismo tener una mancha que nadie apreció en la camisa e ir a frotarla al baño en una comida social, que tener que ausentarte de la misma por la vergüenza que produce una mancha que nadie está viendo ni sería capaz de ver.

En la mayoría de los casos, como ya comentamos no es un trastorno particularmente grave pero sí es un auténtico coñazo de trastorno. La metáfora que yo suelo utilizar en consulta es la del pájaro carpintero. Imagina que tienes un pájaro carpintero picoteando en un tronco al lado de tu oído 24 horas al día. Al principio es posible que puedas ignorar al pajarito de marras, pero cuando llevas 2 horas con el pájaro a cuestas te dan ganas de crucificarlo y cenártelo ensartándolo en una brocheta. Los pensamientos del TOC son de este tipo y pueden acabar desquiciando al más paciente de los santos.

Prueba para entender el TOC: sube el volumen todo lo que puedas e intenta aguantar al pajarito 4 horas. La persona con TOC tiene que aguantar esto en su mente 24 horas al día con pensamientos desagradables.

La situación se desborda generalmente cuando se da el cierre del círculo, ya que la ansiedad incrementa la frecuencia e intensidad de las obsesiones. Es decir, las obsesiones nos producen ansiedad y esta ansiedad (sumada a la que ya tenemos por el devenir de la vida diaria) incrementa la frecuencia e intensidad de las obsesiones. Es por ello que además de la ansiedad, el trastorno puede derivar en depresión, muy especialmente cuando uno aún no ha sido diagnosticado del mismo, se culpabiliza por tener unos pensamientos “malignos” o sencillamente piensa que está como unas maracas porque le vienen unas cosas horribles a la cabeza que es incapaz de gestionar, lo que sumado a una ansiedad sostenida durante mucho tiempo lleva al organismo literalmente al agotamiento. De hecho la función adaptativa que tiene la depresión es esa, que el organismo descanse y ahorre recursos para poder volver a enfrentarse al entorno.

Este tipo de consecuencias son más problemáticas en los niños lógicamente, porque la conciencia de sí mismos y la gestión de sus conductas y emociones son menores que en los adultos.  Al menos en la mayoría de las ocasiones, porque generalmente un adulto cuando tiene estas obsesiones o compulsiones puede llegar a reconocer que estos pensamientos son excesivos o irracionales, característica que no se da en los niños, que pueden ver esos pensamientos como naturales, empeorando la situación. No obstante, también hay que decir que ciertos adultos tampoco son conscientes de la irracionalidad o exageración de sus pensamientos, lo que se conoce con el nombre de “pobre insight” o “poca conciencia de enfermedad”.

Como vemos, diagnosticar esta situación en el caso de los niños es especialmente importante, más si tenemos en cuenta que en no pocas  ocasiones la conducta derivada de sus obsesiones se confunde con caprichos absurdos. El niño puede no querer ir a la escuela porque es un vago redomado o porque le da por saco aguantar a un maestro soplagaitas, pero también puede intentar quedarse en casa porque le están acosando (bullying) o porque tiene la idea obsesiva, a la que da visos de realidad, de que si va, sus padres van a morir en un terrible accidente (una de las obsesiones más típicas en la infancia) quedándose solo y desamparado en el mundo. Por eso es tan importante la entrevista clínica y hablar con ellos para saber cuál es el motivo de su desatención, de su irritabilidad , de su ansiedad o de su inquietud, antes de que un cenutrio los diagnostique TDAH.

No me resisto a contar aquí el caso de un niño con Trastorno de Ansiedad por Separación, que no deja de ser una variante contextualizada de ideas obsesivas, al que cierto médico le diagnosticó TDAH sin haber intercambiado con él ni una sola palabra, y al que, debido al consumo de metilfenidato (ese derivado anfetamínico que se receta en el TDAH), se le incrementaron las obsesiones ad infinitum.

Salud y libertad…

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Explicando el Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) (1ªparte)

“Cuidado con el hombre que habla de poner las cosas en orden. Poner las cosas en orden siempre significa poner las cosas bajo su control” (Diderot)

Desde hace un tiempo llevo recibiendo en consulta un buen número de casos de Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) infantil. Aunque no es raro que el TOC se presente en niños de corta edad (los síntomas del TOC pueden aparecer a los 8 años de edad o incluso antes), lo que sí es llamativo es que sean ya varios los pacientes que me han llegado con el diagnóstico previo del, cómo no, omnipresente TDAH.

De hecho, alguno de los diagnósticos del TDAH ha sido descrito con un realismo tal que horrorizaría al más lego. Ciertas asociaciones que pasan un test en veinte minutos, sin hablar siquiera con el menor, y realizan un informe diagnóstico de copy-paste (más bien creepypasta)  o médicos que ante la exposición de síntomas tan científicos como: este zopenco no para quieto y en el colegio siempre está de bronca, ya están prescribiendo el concerta, aunque ahora también se está poniendo de moda, como no podía ser de otra manera por su nombre, el moda-finilo. Ironías de la vida, el modafinilo es un fármaco contra la narcolepsia hoy consumido de forma extendida por los estudiantes, que debieron de pensar que si despertaba al personal en cualquier lugar, por qué no les iba a despertar a ellos cuando se durmieran en clase o tuvieran que estudiar para los exámenes (efectos potenciadores cognitivos aparte, claro).

Pero dejando al margen el TDAH, el TOC, sobre todo en la infancia, es un trastorno que suele aterrorizar bastante a los padres, además de a los niños que lo sufren, por los casos más extremos conocidos. Así que para tratar de aclarar un poco el tema, y tranquilizar a los padres que puedan ver cosas extrañas en sus hijos, lo primero que diremos es que existen muchos niveles de gravedad dentro del TOC. Es cierto que el TOC puede llegar a ser incapacitante, pero también es cierto que estos casos más graves solo se dan en una minoría de personas, y que en la mayoría, el sujeto puede hacer una vida normal aunque padezca TOC.

Lo primero que hay que describir es el TOC como trastorno para analizar sus componentes. El TOC está catalogado en el DSM IV-TR como un trastorno de ansiedad. De hecho, el efecto que tienen las obsesiones es el incremento de la ansiedad por la anticipación de una consecuencia desagradable, lo que obliga a realizar una conducta subsecuente para impedir que dichas consecuencias ocurran. Seguramente se aprecie mejor con un ejemplo que todos habremos visto ya. Si una persona se ve incapaz de tocar el pomo de una puerta porque piensa que se va a contaminar y enfermar producto de sus gérmenes, tiene dos opciones. La primera no tocar la puerta (conducta de evitación), la segunda, cuando se vea obligada a tocarla, lavarse inmediatamente las manos (compulsión). De este modo las consecuencias de la idea obsesiva desaparecen (ya no me pondré enfermo porque me he quitado los gérmenes lavándome las manos). El problema, claro, es cuando uno tiene que lavarse las manos 20 veces al día.

¿Qué son pues las obsesiones? El DSM IV las define como pensamientos, impulsos o imágenes recurrentes y persistentes que se experimentan en algún momento como intrusos e inapropiados y causan ansiedad o malestar significativos. Esto implica que los pensamientos, impulsos o imágenes no se reducen a simples preocupaciones excesivas sobre problemas de la vida real. Además, aunque la persona reconoce que estos son el producto de su mente, intenta ignorarlos o suprimirlos mediante otros pensamientos o actos. Tras analizar esto, es bastante evidente que todos tenemos obsesiones en un momento u otro.

Vamos, confiese, usted también ha  pensado tras dejar el brazo colgando por el lateral de la cama, que el monstruo que todos sabemos que vive allí va a tirar de él para arrastrarlo a lo más oscuro del infierno. A no ser claro, que esconda el brazo de su vista poniéndolo encima de la cama, en cuyo caso el monstruo en cuestión queda tan desconcertado o acojonado, que no se atreve a salir de su cubil, lo que le reporta una gran tranquilidad.

Las compulsiones, por su parte, son conductas o actos mentales que el individuo se ve obligado a realizar en respuesta a una obsesión o con arreglo a ciertas normas que debe seguir estrictamente con el fin de reducir el malestar o prevenir algún acontecimiento o situación negativos, aunque estos comportamientos u operaciones mentales no estén conectados de forma realista con aquello que pretenden neutralizar.

En el caso de lavarse las manos con el fin de prevenir la catástrofe de la enfermedad puede haber cierta “lógica”, pero en el hecho de que David Beckham tenga que comprar cuarenta pares de calzoncillos iguales cada dos semanas para evitar sabe dios qué, parece que la “lógica” se nos va de las manos.

Antes de pasar a la segunda parte, veamos cómo el TOC también puede ser el responsable de un poema que expresa como pocos la relación entre el amor y el sufrimiento.

 

Salud y libertad…

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