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Manipulación a través de la educación sexual

(…)

El sexo también es una necesidad básica y primaria, aunque en este caso hay diferentes vertientes del concepto que cabría comentar antes de entrar a analizar cómo se puede utilizar para manipular a los ciudadanos. Porque cuando hablamos de lo sexual, no nos referimos solamente a las relaciones sexuales, sino que hay tres grandes ámbitos a considerar: el primero, el sexo propiamente dicho, que no es más que la constitución genética y genital del individuo; el segundo, la sexualidad, que es la forma de sentirse y expresarse como individuo sexuado y que, por tanto, está muy relacionado con la identidad sexual; y el tercero, la erótica, que es la forma de comunicarse y relacionarse sexualmente, lo que incluye desde la orientación sexual hasta esas pequeñas perversiones que todos llevamos dentro (y muy pocos fuera).

Así, el tipo de educación sexual que recibimos, o que se pretende difundir sobre cada uno de estos aspectos, puede ayudarnos a evolucionar como seres individuales o, en el peor de los casos, someternos a un férreo control conductual. Veamos cómo.

Lea el artículo completo en este enlace de El Asterisco.

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La verdad sobre el cibersexo (4ª parte): canales II

“Amor y deseo son dos cosas diferentes; que no todo lo que se ama se desea, ni todo lo que se desea se ama” (Miguel de Cervantes)

Tras las web, las páginas de relatos y los foros, canales que hemos visto en la tercera parte, podemos encontrar la joya de la corona en el mundo del cibersexo: los chat. La explicación es obvia, es la herramienta que permite bajo una comunicación síncrona y directa una mayor sensación de anonimato, facilitando el contacto directo con otros usuarios para posteriormente, en función del canal y del consenso, compartir el formato de interés: cambiar fotos o videos, escribir relatos compartidos, intercambiar experiencias, buscar contacto real, etc.

Aunque al igual que en los casos anteriores existen diversos servicios, lo más común es acceder a través de la red IRC-Hispano mediante páginas como Kiwi.Chathispano o Chathispano o descargar aplicaciones como mIRC, para una vez dentro de la red, entrar a los diferentes chat o canales específicos.

Aunque podremos entrar directamente en el canal o los canales objeto de interés, en el enlace correspondiente de acceso a salas encontraremos inicialmente el listado de canales generales o por ubicación geográfica (los denominados destacados en la web kiwi).

Solo al final de este listado aparecerán aquellas salas no destacadas, de carácter temático y entre las que como se puede ver en la imagen, que recoge solo algunos ejemplos, el sexo cobra un lugar destacado.

Lo que se puede y no se puede hacer a través de los chat lo comentaremos en el próximo apartado correspondiente a los formatos o tipo de conductas que se pueden realizar mediante la práctica del cibersexo, pero antes de pasar al siguiente canal sí hay un factor que hay que tener en cuenta y que configura todo un submundo dentro de estas salas, el universo de los nicks o seudónimos con los que un usuario se da a conocer.

Y es que, aunque en algunas ocasiones puede resultar simplemente chocante la motivación para seleccionar un seudónimo con el que interactuar en este tipo de encuentros, en otras encierra muchísima más importancia de la que podemos apreciar a simple vista. Veremos por qué.

Dentro del primer caso, tenemos de inicio los nick de los muy profesionales, aquellos que siempre se llevan el trabajo a casa (o a la sala porno de turno). Los muy orgullosos de su ámbito profesional y, quizás, del nivel socioeconómico que les otorga, aspecto que no tienen ningún problema en utilizar para pescar en el vasto océano del erotismo. Por poner algún ejemplo al azar de los conectados en este momento y su canal de disfrute: Médicodescalzo (#mazmorra), Xavimédico (#sexoduro), Médico_simpático_35 (#nudismo), Abogado___ (#Sexo), Abogadodominante (#Sexo), etc. En este ámbito uno puede encontrar sin problema bomberos, policías, profesores, psicólogos, jueces, pescaderos, fontaneros y un sinfín de figuras del ámbito laboral a las que, quien sabe si entre paja y paja, también se les puede colar alguna cuestión sobre dudas profesionales. Aquí ya podemos apreciar que el número de usuarios es mayoritariamente masculino, pero que nadie se engañe, hay buen número de mujeres que tampoco tienen problema en utilizar estas señas de identificación.

A continuación tenemos el ámbito de los buscadores, mucho más precisos que los anteriores y que van directamente a su objeto de interés. La siguiente es solo una muestra tomada al azar del canal #sexo: buscoembarazadabilbao, buscochicapararelato, buscotetona, buscobesa, buscosumisamadrid, buescomujerlactante, buscozorra, luciabuscanegros, mujerbusca, sandrabuscaarabe, sumisabuscamedico, travestibuscapoli, xicabuscaprincipe (que ya hay que tener pocas luces para buscar un príncipe azul en un chat porno), etc.

Otro sector muy solicitado es el de los manifiestamente infieles, que quizás haciendo gala de su limitada disponibilidad o de su teórica afabilidad, ya que al menos han encontrado a otra persona que los soporte, buscan sacar rentabilidad a su estado civil: casadaf3 o casada_vlc (#Fotisporno), casada37 (#lesbianas), casadabis40xmujer (#bisexuales), Anna_casada (#sumision), casadaxchicacadiz (#Les_Maduras), casadoxx (#Fotisporno), casadobix o casadomorboso (#Sexo), casado_4(#bisexuales), casadocaliente (#Bisex_maduros), casado53 (#Gaysm), casadolenceria (#Gayguarros), etc.

También hay quien no deja pasar la oportunidad para rendir homenaje a sus iconos, pudiendo encontrarnos a personajes que van desde Sergio Ramos o Maradona hasta la princesa Leticia, pasando por periodistas como Ana Pastor. Un verdadero elenco de celebridades a las que, supongo, algunos pretenden rendir culto a su manera.

Y por no extendernos demasiado citaremos como último grupo el de los orgullosos familiares: maduramadre46 (#mas_de_40), madrecasada (#general), evamadre (#Les_maduras), madre_separada (#lesbianas), madre_nudista (nudismo), padre_relatos (#cibersexo), padreNudista45 (#nudismo), padre38x (#ChuecaBarcelona), etc

Este último grupo es el que nos interesa, como simple ejemplo pues hay otros muchos, para comentar el segundo caso que mencionábamos  y que demuestra que el nick no es un elemento menor, pudiendo extraerse mucha información de él si se combina con el canal de referencia.

Así, por ejemplo, si vemos a una usuaria denominada Ana_Pastor en el canal #cibersexo buscando relatos, ya podemos imaginarnos cuál será su motivación, de la misma manera que si vemos a un usuario identificándose como padre o madre en un canal como #nudismo podemos inferir también el objeto de su deseo, que podrá ser o bien buscar familias para practicar este estilo de vida, o bien buscar equivalentes con los que contactar para entrar en un mundo infinitamente más sórdido.

A medio camino entre los chat y las redes sociales están las nuevas aplicaciones de geolocalización que permiten poner en contacto a personas dentro de un marco espacial definido. A este respecto, y aunque la variedad es amplia como en los casos anteriores, quizás las más conocidas sean Tinder (en el mundo heterosexual), Grindr (homosexuales y bisexuales) y Wapa (lesbianas).

Su funcionamiento es sencillo. El usuario crea un perfil en el que incluye su foto, nombre, edad y una pequeña descripción, y selecciona el número de kilómetros a la redonda en el cual estaría dispuesto a moverse, empezando a recibir perfiles de posibles parejas. A partir de ahí solo tiene que valorar dicho perfil con un me gusta o no me gusta. Si las dos personas marcan al otro con un me gusta se produce lo que se denomina un match, y en ese momento se abre un chat privado entre ambos para que puedan charlar y conocerse mejor, dejando que fluya el amor (o lo que tenga que fluir).

A este respecto es divertido ver las diferencias existentes entre las aplicaciones mencionadas. Si Tinder es una aplicación en la cual la variedad es mucho mayor, pues hay desde usuarios que buscan amistad, hasta usuarios que buscan pareja, sexo e incluso, prostitución, las aplicaciones de Grindr y Wapa van mucho más al “me(hoyo)” de la cuestión, convirtiendo la pantalla en un auténtico catálogo ganadero donde, los torsos y la falocracia en el primer caso, y las tetas en el segundo, tienen un carácter absolutamente prioritario sobre la belleza interior.

En todo caso y a pesar de la pérdida de encanto que este sistema pueda suponer para aquellos más tradicionales, lo que no se puede negar es que es ante todo práctico. Y de hecho, algunas rupturas dolorosas se han superado gracias a la eficaz y eficiente intervención de estas aplicaciones mediante el principio de “un clavo saca otro clavo”. Claro, que sería hipócrita negar que este procedimiento también ha generado sanguinarios conflictos, como los producidos cuando alguna hacendosa y sufrida esposa ha descubierto que su tarzán particular era un lustroso icono de la sección papis de Grindr.

A continuación, tenemos las redes sociales de contacto sexual, de nuevo con una amplia gama de canales a disposición de los usuarios que buscan satisfacer sus necesidades más primarias. Existen más de 300 redes sociales de búsqueda de contacto sexual también, en ocasiones, centradas en temáticas de búsqueda muy concretas.

Así, podemos citar: Adult Friend Finder, Amigos con Derechos, Amor con Cristo (me declaro absolutamente fan de esta red que promete “verdaderas relaciones evangélicas y citas cristianas”), Badoo, Bakala, Citas Furtivas, Encuentro Adulto, Follamigos, etc.

¿Cuál es el problema de estas redes? Que aunque no todas, mayoritariamente son de pago, por lo que para acceder a la mayoría de los contenidos y servicios de la página hay que poner el huevo, limitando mucho las posibilidades de contacto pese a permitir crear perfiles y algunas formas básicas de interacción.

Tampoco hay que preocuparse mucho por eso. Como ya sabemos no pueden ponerse puertas al campo y mucho menos en Internet, así que visto el problema, creada la solución. Y ya están proliferando páginas como Quiero Conocerte, que son agregadores de perfiles de páginas de contactos. La mecánica es fácil. Dado que a las páginas de contactos les interesa tener usuarios, uno se crea los perfiles en las diferentes web y posteriormente indica en esta página cuáles son sus nicks en las páginas precedentes, pudiendo utilizar para contactar e interaccionar los servicios de esta última que, en este caso, son abiertos y gratuitos.

Y finalmente, como ya mencionamos, tenemos las web de servicio completo, especializadas en todos los campos que puedan ser de utilidad al buscador de cibersexo. Por ejemplo, EroProfile, que permite tanto acceder a contenidos pornográficos como fotografías y videos subidos por los propios usuarios de la red social, como contactar entre sí a través de una búsqueda por perfiles perfectamente categorizada.

Resumiendo, como hemos podido ver, y siguiendo el patrón habitual de internet, dos son las utilidades de todo este tipo de canales, el acceso a contenidos y la facilidad de interacción a través de herramientas de comunicación. ¿Para qué? Eso lo veremos en el siguiente apartado.

 

Salud y libertad…

Aprovecho para incluir un enlace a este cuestionario, que pretende estudiar de forma más científica el uso de este tipo de canales y contenidos, y al que agradecería dedicarais no más de 3 minutos, si no lo habéis cumplimentado ya.

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La verdad sobre el cibersexo (3ª parte): canales I

“Y entonces, habiendo sido privados de la cercanía de un abrazo o de una mesa compartida, nos quedarán los medios de comunicación” (Ernesto Sábato)

Teniendo ya claro por lo expuesto en las partes anteriores que lo que se pretende aquí es describir sin entrar en consideraciones morales, podemos entrar ya a analizar los principales canales que facilitan el cibersexo en sus distintas modalidades, aspecto que comentaremos posteriormente. La oferta en todo caso es de tal calibre que simplemente hablaremos de las características de algunos (todos legales, faltaría más), probablemente los más conocidos o los de uso más común, invitando a aquellos que cojan excesivo gusto a los lugares mencionados a que lean la venidera parte relativa a la adicción, consecuencias negativas y su prevención o intervención.

Comenzaremos pues con las páginas estáticas o de acceso a contenido pornográfico, asumiendo sobre la clasificación que mencionábamos en la segunda parte el contenido predominante, pero entendiendo como adelantábamos que ya no existe tal cosa pues a día de hoy casi todas las páginas integran los múltiples servicios. En este ámbito la cosa no requiere mayor atención, ya que basta con poner en la barra de búsqueda de google términos tan precisos como “videos porno” o “fotos porno” para poder acceder a un sinfín de webs de contenido adulto. Si uno quiere afinar la búsqueda, solo tiene que ser algo más preciso, detallando el fetiche objeto de sus amores para acceder a un universo que sin duda hará las delicias de su lujuria.

No obstante sí destacan algunas páginas muy ordenaditas donde la clasificación por categorías lleva a encontrar más fácilmente la perversión preferida de uno. Entre estas quizás las más conocidas sean dinotube o toroporno (su equivalente para quienes no quieran tener problemas con el idioma), si bien estas no contienen las parafilias más extremas que tienen sus propios canales, sobre los que no nos detendremos.

En segundo lugar, y aunque no las hemos comentado anteriormente de forma específica entre los contenidos estáticos, tenemos las páginas de relatos, que permiten dar rienda suelta a la vena creativa, literaria y, en cierto modo, más perversa del personal, como veremos en el apartado de modalidades.  ¿Por qué? Por algo tan simple como que la literatura sí puede dar cabida a fantasías que de ser explícitas en documentos gráficos o llevadas a la práctica real, tendrían un carácter delictivo. Algo parecido a lo que han hecho esos pervertidillos japoneses con su preocupante gusto por la infantilización del sexo, creando el hentai o las máquinas de buruseras, o con su indescriptible capacidad de fabricar rarezas como el sexo futanari (el equivalente al 2×1 del Carrefour).

Aunque también hay cientos de páginas de este tipo como se puede apreciar en google, donde podremos encontrarlas sin problemas tecleando términos tan rebuscados como “relatos eróticos” o “relatos porno”, quizás la página más conocida en español sea “Todorelatos”, una web donde pueden encontrarse textos clasificados por categorías según el objeto de interés. Y un primer dato importante en nuestro devenir por el mundo de los gustos sexuales nos lo puede aportar el hecho de que de los 10 relatos más valorados en su histórico, 6 pertenecen a la categoría “Amor Filial”, 1 a “Grandes Series”, 1 a “Voyeourismo”, 1 a “Grandes Relatos” y otro a “Sexo con Maduras”. Ello haciendo una búsqueda de andar por casa, sin carácter excesivamente exhaustivo, ¿me van pillando, no?

Por cierto, comentar a este respecto una pequeña anécdota. Cierta vez brujuleando en un chat erótico para satisfacer mi patológica curiosidad (no recuerdo si ese día en concreto quería también satisfacer algún otro aspecto no tan intelectual), una chica muy simpática me pidió que valorara un relato que había escrito y publicado en esa misma página. Tras exponerle que tenía serias dudas entre sí tal texto producía una mayor excitación o un mayor impulso de sacarse los ojos con una cucharilla para helados ante tamaña muestra de desconocimiento gramatical y ortográfico (lo de la duda era por ser cortés, pues era una auténtica certeza), me ofreció ser su negro literario. Sí, sí, a la usanza clásica, es decir, yo escribía los relatos y ella los firmaba. Desgraciadamente no hubo acuerdo, pues el pago de mis servicios se reducía al amor por difundir mi obra (cosa que no me aportaba especial beneficio) o cierto servicios de carácter sexual que, la verdad, no me interesaban lo más mínimo.

En tercer lugar, tenemos los foros, de los cuales quizás el más conocido en la red hispana sea “pajilleros” (que no se diga que el ciberporno está reñido con el marketing). Este es un ejemplo de cómo las páginas de foros han evolucionado hasta integrar todos los servicios que un buen onanista usuario de estas páginas, como bien indica su nombre, puede requerir. Así, aquí tenemos un espacio para los videos porno, otro para las fotos, otro para contactos, otro para relatos, un chat y hasta un acceso a sex-shop (que la pela es la pela, y más aún si podemos aprovecharnos de que el prójimo quiere pelársela). Cada uno de estos grandes apartados, tiene ordenados sus correspondientes hilos temáticos, con su presentación y sus respuestas engarzadas. Todo perfectamente gestionado por un grupo de moderadores que se encargan de ordenar los contenidos, y poner orden cordura cuando algún descerebrado se sale de madre.

No obstante, la cosa no queda aquí y aún existen más canales como veremos en nuestra próxima entrada.

 Salud y libertad…

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La verdad sobre el cibersexo (2ª parte): el marco de lo aceptable

“El único egoísmo aceptable es el de procurar que todos estén bien para estar uno mejor” (Jacinto Benavente)

Shibari, para los que tengan paciencia y amor por el arte de los nudos marineros

Entrando en harina, tras las consideraciones más psicológicas de la primera parte acerca de por qué este tema sigue siendo un tema tabú para los meapilas y conlleva una incapacidad para entenderlo en sus manifestaciones más brutales para los buenrollistas habituales, lo primero que conviene analizar es el factor relativo a los canales y formatos que se utilizan en su práctica.

Desde que Internet se instaló en nuestras vidas, este medio se ha constituido como un avance incomparable por el acceso a la información que ha permitido y por su utilidad como facilitador de la comunicación, lo que ha posibilitado que personas de todo signo y condición puedan ponerse en contacto entre sí sin problema. En el tema del sexo, esto ha supuesto una auténtica revolución.

¿Por qué? Por algo tan sencillo como la globalización. Antes de que Internet permitiera un contacto universal y generalizado, aquel que tenía algún gusto sexual llamémosle particular, peculiar o socialmente minoritario, lo vivía en la intimidad, de forma privada, cuando no con sentimientos de culpabilidad que le impelían incluso a reprimirlo (en ocasiones lo conseguía y en otras los desarrollaba en ciertos círculos que no dejaban de ser marginales). Sin embargo, Internet trajo la luz y todo aquel con gustos particulares descubrió no solo que su gusto no era una anormalidad exclusiva producto de su mente enferma, sino que había una legión de seguidores enamorados de la misma temática. Es más, independientemente de la peculiaridad o de la aberración que fuera, no solo había una legión de seguidores con los que poder “normalizarse”, sino que la red les permitía ponerse en contacto para intercambiar material, llevarla a la práctica o, por qué no, retroalimentarla llevándola más allá con ideas más originales.

Así, primero aparecieron las web estáticas donde acceder a los contenidos, después los chat y foros (algunos específicos de temática sexual), posteriormente las redes sociales (algunas también temáticas) y, finalmente, las páginas dinámicas que permitían integrar todos los servicios previos en un único canal distribuidor.

Pero antes de entrar a ver qué canales se utilizan, qué modalidades de cibersexo se practican y qué tipologías o categorías de sexo pueden encontrarse a través suyo, y dado que hemos hablado de conductas sexuales convencionales, peculiares o aberrantes, conviene definir lo que puede entenderse como una conducta sexual aceptable o inaceptable.

Desde el punto de vista psicológico el conjunto de fantasías, deseos o prácticas sexuales, entrarían dentro de la forma de expresión sexual de un individuo, lo que se engloba dentro del concepto de la erótica (hay quien incluye este aspecto en el concepto de sexualidad). Hasta hace relativamente poco tiempo cuando esta forma de expresión sexual era considerada patológica se hablaba de parafilia, si bien desde la aprobación del DSM-V se hace una distinción entre parafilias y trastornos parafílicos.

La parafilia se define por tres factores generales: involucrar en el acto sexual a objetos inanimados o personas no conscientes y/o sin capacidad de consentir el acto sexual (animales, niños, etc.), generar malestar clínicamente significativo o afectar a la vida laboral, social, etc. del sujeto, y por manifestar el comportamiento durante un mínimo de seis meses. Cuando dicha parafilia causa además un deterioro en el individuo o supone un daño personal o riesgo de daño ajeno, es cuando hablamos de trastorno parafílico, lo que requiere una intervención psicológica.

De inicio, el DSM-V incluye los siguientes tipos de parafilias (recordando que deben cumplirse las condiciones anteriores): voyeurismo (observar a personas desnudas o practicando sexo que no son conscientes de estar siendo vistas, lo cual diferencia este caso de la pornografía, por ejemplo), exhibicionismo (exponer los genitales a una persona desprevenida), frotteurismo (tocar o frotarse contra otra persona con fines sexuales sin su consentimiento, muy habitual en el metro y los autobuses urbanos aprovechando la ocasión), masoquismo sexual (excitación sexual a través del hecho de ser humillado, golpeado, atado o sometido a sufrimiento), sadismo sexual (excitación sexual derivada de causar sufrimiento físico o psicológico a otra persona), pedofilia (excitación sexual con niños prepúberes, generalmente con niños menores de 13 años), fetichismo (excitación sexual con objetos inanimados –excluyéndose artículos diseñados con fines específicamente sexuales- o gran interés por partes del cuerpo no genitales), travestismo (excitación sexual por el hecho de travestirse) o trastorno parafílico no especificado (cuando se cumplen las condiciones del trastorno parafílico pero este no se debe a los objetos mencionados en los casos anteriores. Tendríamos aquí por ejemplo la zoofilia, necrofilia, catafilia, belonefilia, etc.).

Todo este rollo psicológico o sanitario se puede resumir en algo que es de puro sentido común, aunque a veces el sentido común sea el menos común de los sentidos: aceptable es cualquier conducta sexual consensuada entre dos adultos en plenas facultades mentales que consienten libremente, lo disfrutan y siempre que no les cause un daño excesivo a ninguno de los dos.

Y aquí conviene hacer dos matices importantes. El primero que libremente es libremente, lo que invalida la presión, la coacción y no digamos ya la amenaza o el uso de la fuerza. Es obvio que no habría ni que mencionarlo, pero desgraciadamente todavía hay un buen número de miserables que no entienden el no, o de más miserables aún que saben perfectamente cómo manipular a sus parejas para satisfacer sus más oscuras inclinaciones, aunque sean perfectamente conscientes de que no las disfrutan o que les causan un daño irreparable, lo que por cierto, no deja de ser otra forma de violación.

El segundo es el matiz del daño “excesivo”. ¿Por qué es importante? Porque siempre hay algunos que gustan de llevarlo todo más allá y podemos encontrarnos casos como los de canibalismo que han proliferado últimamente en Alemania y que, independientemente de su carácter consensuado y aceptando el improbable caso de que no incluyan un trastorno mental, no son aceptables por sus mortíferas consecuencias, independientemente de la grata (o ingrata) experiencia gastronómica y culi-naria que generen.

Apeluchado pero con disciplina

 

 Salud y libertad

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La verdad sobre el cibersexo (1ª parte): Introducción

“El sexo sólo es sucio si se hace bien” (Woody Allen)

Con las entradas de blog pasa a veces como con los trinos de twitter, uno escribe algo profundo pensando que lo va a petar, algo a lo que el autor concede un valor incalculable por su afán didáctico y reflexivo, y el resultado es la más absoluta indiferencia por parte de los lectores. Sin embargo, posteriormente uno describe cómo se mete un algodón impregnado con vodka por el orto o en qué ángulo te potencia la Viagra, y el personal enloquece.

La moraleja es que el saber y el pensar aburren, mientras que el morbo vende. Así que, dado que mis estadísticas de acceso demuestran que sois unos morbosos sin redención, vamos a entrar de lleno en el mundo más morboso que hay dentro de las caretas sociales: el del sexo (hoy en día inentendible sin su correlato virtual, el cibersexo).

Como decía Oscar Wilde y ya hemos citado hasta la náusea por estos lares: “el hombre es menos sincero cuando habla por cuenta propia, dadle una máscara y os dirá la verdad”. Y como también hemos señalado, no hay mayor máscara que la que proporciona Internet, pues aunque el anonimato que facilita no es real, sí es lo suficientemente engañoso como para que la persona que está bajo su “dominio” así lo perciba y, por tanto, se comporte como si lo fuera.

A este respecto mueve bastante a hilaridad el comentario de quienes dicen que Internet no es el mundo real y que el personal confunde lo que existe con lo ficticio. Decía un viejo meme que si te metes en un chat de gatos, comportándote como un gato y queriendo relacionarte gatos, a lo mejor es porque tú eres un gato, quieres serlo o tienes intereses de gatos, por mucho que tengas apariencia de perro.

Es algo parecido a lo que podemos ver a diario los psicólogos, acostumbrados a observar la imagen social de ciertos sujetos interaccionando en un teatrillo perfecto donde todo es fachada y atrezzo, y donde las parejas pasean felices por la calle cogidas del hombro entre sonrisa y sonrisa, antes de quedar horrorizados por la crudeza de  la verdadera vida íntima que se esconde tras las bambalinas, y que te cuentan en consulta.

También recuerda en ocasiones a esos noticiarios truculentos donde la vecina sale a exponer sus primeras impresiones sobre el pederasta que acaban de detener en el piso de arriba y comenta aquello tan manido de: “pues era un vecino excepcional, quién iba a pensarlo con lo alegre que era y siempre saludando a todo el mundo”. Pues normal, señora, el problema de los monstruos es que no llevan tatuado en la cara la palabra “psicópata” o “pederasta”, más bien al contrario, les interesa pasar desapercibidos al ser conscientes de las barbaridades que cometen y de las consecuencias que puede tener ser descubiertos. Dicho de otro modo, el lugar más seguro para resguardarse de un grupo terrorista, es el bloque de edificios contiguo al suyo (y por aquello de que el suyo igual vuela en pedazos si yerran con el bombazo que están preparando).

Finalmente, y antes de comenzar a analizar la realidad que se esconde tras la pantalla, hay que considerar otro factor psicológico importante como es la negación (incluso la racionalización que en ocasiones se utiliza para justificar una negación), mecanismo de defensa que opera de forma generalizada cuando una motivación social básica, la de confianza, se ve alterada.

La motivación social básica de confianza es aquella que impele al ser humano a creer que vive en un lugar relativamente seguro donde su integridad física y psicológica no se ven alteradas. Este principio tiene su sentido, ya que en caso contrario la activación que generaría saberse permanente en peligro conllevaría un estado de ansiedad y miedo poco adaptativos que dificultarían mucho poder seguir adelante. El problema es que para mantener este tipo de principios básicos, a veces nuestra mente utiliza mecanismos de defensa como los señalados, ejemplo de lo mal diseñado que está en ocasiones nuestro software cognitivo.

Y claro, aplicándolo al caso que nos ocupa, esto se traduce en que será mucho más socorrido achacar antes las perversiones de un engendro a que Manolín es un perturbado mental (como los terroristas, hoy trastornados víctimas del capitalismo y la marginación social en lugar de hijos de puta a secas), que a pensar que nuestro médico, el profesor de nuestro hijo, nuestro fontanero, nuestro peluquero o el tío que nos vende la carne pueden disfrutar practicando según qué aberraciones o tener determinados impulsos, ejecutándolos en mayor o menor grado a la par que consiguen mantener, al menos durante un tiempo, una imagen de normalidad e incluso de afabilidad.

 

Salud y libertad…

[Continuará]

Aprovecho para solitaros colaboración cubriendo este cuestionario totalmente anónimo, que pretende estudiar de forma más científica el uso de este tipo de canales y contenidos, y no tardaréis más de 3 minutos en cubrir. Muchas gracias.

 

 

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Esencia humana (3ª parte)

“El mal conoce el bien, pero el bien no conoce el mal” (Kafka)

La verdad es que para analizar esa esencia humana de la que hablamos y saber si es virtuosa o fruto de las pasiones más aterradoras, no hace falta mucho. Basta con leer un periódico e informarse de las noticias de los últimos días para que los defensores del buenismo tengan que dar muchas explicaciones. Quizás la principal y más utilizada sea que esa “esencia” no es producto de la propia “naturaleza” del hombre sino de sus “influencias sociales”.

Hay que decir a este respecto, aunque vaya contra mi propia argumentación, que a estas alturas poco importa si el origen es “natural” o “social” porque la distinción natura vs nurtura (naturaleza vs ambiente) hace ya algún tiempo que ha sido superada. De hecho, los genetistas asumen que la expresión del genotipo está influida por la interacción con el ambiente (epigenética). Por tanto, realmente se podría mejor hablar del concepto de “esencia humana” prescindiendo de ese dualismo que busca su origen, aunque yo soy reticente a asumir esa minusvaloración del cerebro límbico en la conducta.

Así que volviendo al tema que nos ocupa, plantearemos a continuación algunos ejemplos, comentaremos algunos aspectos de una institución y de dos de los personajes más famosos que en el plano filosófico han defendido la innata bondad humana, y quizás la parte más interesante, analizaremos por qué el ser humano se empeña en defender contra toda lógica lo que los hechos niegan de forma bastante contundente (algunos principios psicológicos son por definición también muy descriptivos de la propia esencia de la que hablamos).

El primer ejemplo lo tenemos en el caso del asesino de Denver. El caso lo conocemos: un  individuo se disfraza de Joker y asesina a un montón de personas en la presentación de la nueva película de Batman. Lo que me gustaría comentar, más allá del hecho, está en la noticia que el diario El Mundo, publicó el día 21/07/2012 al respecto y donde figura la visión del presidente de la sociedad española de criminología:

El sociópata, tal y como explica este experto, se trata de una persona antisocial que odia a la sociedad, la rechaza y transgrede sus normas, a sabiendas de que lo que está haciendo está mal. Disfruta con el daño que hace, insiste y disfruta porque sí tiene empatía. Margaz hace una diferencia clara con otro tipo de perfiles. El psicópata no tiene ningún tipo de empatía, no puede ponerse en la piel del otro ni reconocer sentimientos. No sabe lo que es. El sociópata, por su parte, sí tiene empatía, la conoce y la siente. Si hace algo mal, lo hace sabiendo lo que hace, disfrutando con ello. El sociópata tiene lo que los criminólogos llaman un resentimiento social contra el resto de la población

Es decir, tenemos ya de primera mano a un tipo de individuos que “disfrutan causando dolor”, los sociópatas, y aunque el origen de su conducta sea de carácter social, ese “disfrute del sufrimiento” no está tan claro que sea producto de un aprendizaje social. Uno podría llevar a efecto conductas bárbaras por puro resentimiento, pero ello no implica que tuviera que disfrutar con ellas.

Más claro es el caso de los psicópatas, individuos que por definición “no tienen empatía, no pueden ponerse en la piel del otro ni reconocer sentimientos”. Sin embargo, muchos profesionales se niegan a aplicar a los psicópatas el apelativo de enfermos (por las connotaciones atenuantes que ello supondría desde el punto de vista jurídico), definiéndolos sencillamente como personas “distintas”, algunos de ellos con una inteligencia superior a la media (aunque no la mayoría como nos han vendido los estudios de Hollywood). De hecho, habría mucho que diferenciar entre la concepción americana del psicópata, definida en base a su análisis conductual, y la concepción europea, más centrada en los factores cognitivos. Pero aquí ya tenemos una prueba de que por definición, esa esencia humana no tiene por qué ser virtuosa.

Otro problema que tendríamos al analizar esa esencia humana como virtuosa o perversa, es la definición de qué entendemos por bueno y malo. Como ya señalé en otra entrada, desde mi postura relativista este aspecto no tiene mucha solución en los típicos dilemas morales porque muchas variables varían en función del contexto espacio-temporal, pero sí es verdad que si analizamos conductas extremas podríamos llegar a algún tipo de consenso. Así, matar a alguien en defensa propia no parece que sea propio de una maldad innata. Matar a alguien por el simple disfrute personal, la mayoría entenderíamos que sí.

Y es aquí donde podemos ver gran cantidad de conductas que van desde lo más repugnante por su intrínseca perversión a conductas que demuestran una absoluta falta de empatía ante el sufrimiento ajeno, lo que deja un poco “tocada” la teoría de la virtud humana.

Entre las primeras podemos citar, y nada más que citar por su repugnante crudeza, ejemplos como los casos de canibalismo pactados por internet cuyo único fin suele ser el disfrute del agresor, los nauseabundos casos de pederastas como el de Nanisex o Del Valle, los asesinatos rituales…

Entre las segundas, son bastante conocidos los casos de justificación o minimización del dolor ajeno que muchas personas han realizado en caso de asesinatos terroristas, cuyas argumentaciones y excusas no tendríamos que ir muy lejos para escuchar. De hecho, en algunas zonas cercanas era habitual ver a parte del pueblo concentrarse en la plaza realizando un minuto de silencio tras el asesinato de un vecino, mientras la otra parte tomaba desenfadadamente una tapa y una cañita en la terraza del bar de la misma plaza.

También puede ser interesante si alguno tiene especial curiosidad, adentrarse en el mundo de internet, donde a través de canales específicos de chat de temática política o sexual puede encontrar con mucha facilidad personas que bajo la percepción de anonimato, no tendrán mucho problema en mostrar su “verdadero yo” y comentar los que piensan sobre determinados aspectos relacionados con la violencia o las pulsiones sexuales. De hecho, acceder a uno de estos chat, sobre todo a los segundos, debería de ser de obligado cumplimiento para que los padres vean y conozcan la realidad a la que sí o sí se van a enfrentar sus hijos, pertenecientes ya al grupo de los nativos digitales.

Incluso si quieren ir un poco más allá, siguiendo la metodología que comentábamos de Antonio Salas, no sería muy difícil que asumieran discursos ajenos (en el sentido global del concepto) lo que les permitiría de primera mano conocer las verdaderas pulsiones de quien en última instancia es su fontanero, su médico, su maestro, su vecino…

No me resisto a contar aquí una pequeña anécdota que me dejó profundamente marcado. El diálogo que tuve en uno de estos chat con una chica que podríamos tildar de hematofílica (o fetichismo vampiro), es decir, que sentía una profunda excitación de carácter sexual con el brotar de la sangre. Una chica muy agradable a la que agradezco me abriera su mente para mantener un diálogo sereno, pero desde luego no lo vamos a negar, una auténtica psicópata en potencia como algún día se plantee llevar a la práctica lo que en principio, quiero pensar, solo era una fantasía. En todo caso, tampoco quiero entrar mucho más en este tema, porque como ya he dicho, tengo ciertas hipótesis que estoy analizando desde un punto de vista más científico, por lo que no quiero anticipar nada al respecto, ni mezclarlo con un ámbito más divulgativo, al que quizás algún día también me anime.

Finalmente, y retomando el análisis de las conductas más extremas, podemos observar también que estas no se llevan a cabo solamente como conductas individuales, sino también en procesos sociales, cuyos juicios posteriores son a veces verdaderamente sorprendentes. Porque nadie discute que los nazis hayan sido (y sean) unos cabrones que promovieron un genocidio, pero a mí me sigue asombrando que se califique a los aliados como “los buenos”, siendo como fueron los que lanzaron las bombas nucleares de Hiroshima y Nagasaki sobre una población indefensa. Y podemos entrar también en las purgas de Stalin de cuyos millones de asesinados se ha perdido la cuenta, pese que algunos niños mimados occidentales (y bastante ignorantes, o algo peor) se siguen definiendo como stalinistas.

Y así podríamos seguir poniendo ejemplos ad infinitum, pero el objetivo no es ni profundizar en el morbo de conductas lamentables, ni analizar la hipocresía y ligereza con que tildamos de “buenos” a aquellos que cometen auténticas atrocidades, sino plantear que esas atrocidades de una u otra forma, forman parte de eso que entendemos por seres humanos, y que por tanto, entender la esencia humana como virtuosa o bondadosa es negar la propia realidad. Así que tras el surtido de casuística que convertiría en muy extraña la hipótesis de que el ser humano fuera virtuoso en esencia por la multitud de casos que la niegan, vamos a ver algunos aspectos relativos a aquellos que lo han defendido.

[Continuación]

Salud y libertad

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Esencia humana (2ª parte)

“El conocimiento no es algo separado y que se baste a sí mismo, sino que está envuelto en el proceso por el cual la vida se sostiene y se desenvuelve” (John Dewey)

Todos son más valientes y más sinceros detrás de una máscara.

Vuelvo así al tema inicial, cuyo primer aspecto a considerar parte de cómo podemos llegar a ese conocimiento, es decir, establecer una metodología que nos permita obtener información directa y válida sobre eso que hemos definido como esencia humana.

Desde un punto de vista lógico parecería plausible que esa esencia humana tal y como se ha definido, pudiera alcanzarse desde el estudio de la parte más innata de los seres humanos y despojando al individuo de todo aquello que supone enculturación o cualquier tipo de influencia externa. Dicho de otro modo, si analizáramos una muestra de sujetos y quitáramos de cada individuo su educación, sus creencias, la influencia de su contexto espacio-temporal, su moral (mayormente inducida) y las características innatas de carácter personal, analizando posteriormente la parte que les queda a todos en común, podríamos tener una remota idea de lo que es la esencia humana. Y ya podemos anticipar hablando en términos psicológicos que esto se parece mucho a anular el yo y el superyo, dejando esa esencia a tenor de los deseos y conductas del ello (¿empieza a asustar, eh?).

Esto que parece bastante lógico en el campo teórico, es un problema de difícil resolución en el ámbito práctico, porque evidentemente no podemos analizar a sujetos aislados de todos esos condicionantes. ¿Cómo encontrar entonces datos que nos permitan acercarnos a ese conocimiento? Podríamos hacerlo no estudiando al individuo o a los individuos de forma global sino centrándonos en las conductas o situaciones en que esos condicionantes se minimizan en mayor medida. Y es aquí donde aparece mi interés por el estudio y el análisis de las conductas más primarias del ser humano (las conductas sexuales y las conductas violentas), por un lado, y de algunas patologías mentales (no confundir con enfermedades), por otro.

Sin embargo, analizar este tipo de conductas también es complicado, porque debido a evidentes limitaciones éticas no podemos provocarlas y tampoco podemos analizarlas a posteriori con un índice aceptable de fiabilidad debido a fenómenos como el de la deseabilidad social. Todos estaremos de acuerdo en que no tiene mucho sentido preguntar a un sujeto: Disculpe, ¿ha disfrutado mucho rompiéndole los morros a aquel individuo? Responda 1 si ha disfrutado muchísimo; 2 si ha disfrutado algo, 3 si ha disfrutado poco y 4 si no ha disfrutado nada.

CiberdelincuentePor tanto, lo que necesitamos es una vía de contacto que evite el conocimiento directo del informante, o que, aunque no lo haga, facilite su total percepción de anonimato. Una vía en la que sus comportamientos no parezcan tan desviados respecto a la norma social establecida, o mejor aún, donde haya personas con ideas, emociones y comportamientos semejantes al suyo y donde, por tanto, pueda sentirse libre para expresarse sin aplicar la censura moral y social.

¿Existe esa vía de contacto y esa herramienta? Desde hace algunos años, sí. Internet y las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) han abierto no solo la posibilidad de crear herramientas de acceso  a una información global, sino que han potenciado los canales de comunicación hasta el punto que se han creado redes digitales para todo. Y cuando digo para todo es para todo, para lo bueno y para lo malo. No hay conducta, necesidad, impulso, perversión o confesión que no tenga su público y lo que antes era un comportamiento más o menos privado e incluso culpabilizador, ahora tiene además de seguidores, una cierta demanda específica.

Así es que teniendo la herramienta y el objeto de interés podemos empezar a obtener información de primera mano de esas conductas que mencionábamos sin estar excesivamente cortadas por el patrón de la deseabilidad social y de lo políticamente correcto.

Y francamente, lo que yo al menos he visto, oído y dialogado es verdaderamente alucinante (y en muchos casos aterrador), porque viene a mostrar que por encima de las convenciones sociales, se encuentran unos instintos primitivos y perversos que no dejan en muy buen lugar a la especie humana. Como comentó mi amigo el estilita en twitter (animo a ver su blog Estilitaecologico): “El ser humano no es más que un mono con algo de alopecia”.

Por supuesto se puede decir que todo ello no es representativo de la población en general y que esas características están circunscritas a una muestra que responde a unas características muy concretas. Es posible, pero es el único conocimiento al que yo he accedido que cumple esas características y que por ello me interesa desde una perspectiva reflexiva, cítica y personal. Ello, aunque ya tenga mi propio estudio en marcha sobre determinadas conductas (ese sí con todo el rigor científico del mundo mundial).

Por tanto, después de exponer descriptivamente la parte más densa sobre el concepto de esencia humana y la metodología de mis pequeños análisis al respecto, ya podemos plantear el debate en cuestión sobre si el ser humano es bueno por naturaleza (como exponían Sócrates o Rousseau y manifiestan la mayor parte de las religiones) o si esto es un camelo fruto del miedo y la inseguridad que supondría aceptar que nuestros vecinos, amigos y compañeros son unos auténticos… seres humanos.

[Continuación]

Salud y libertad.

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