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Republicanos con felipitis

“Que Dios me libre de mis amigos que de mis enemigos ya me libro yo” (Popular)

Es curioso desde nuestra perspectiva cultural ver cómo a veces las contradicciones no se resuelven, simplemente se asumen. De hecho ya comenté en este blog que hay quien defiende que la mayor diferencia entre las culturas occidentales y orientales es que en las primeras los sujetos están obsesionados con resolver las contradicciones mientras que en las segundas se asumen con plena naturalidad como parte del proceso de evolución.

Por eso, el otro día cuando paseaba con un buen amigo y nos cruzamos con la manifestación en Asturias que exigía un referéndum para implantar la República, no me sorprendí mucho de la conversación posterior. Si acaso, sí de que tantos ciudadanos (y republicanos sin complejos) compartan el planteamiento.

Porque al menos mi compañero y yo, lo primero en lo que coincidimos es que la institución monárquica no va con nosotros. No es una cuestión de hacer balance de pros y contras, de costes ni nada por estilo, es una cuestión de principios elementales. Que una figura se justifique en que ha tenido la suerte de nacer en una determinada cuna y por tanto queda automáticamente investida del don divino de la gracia (o la gracieta) para reinar, no va con nuestro pensamiento.

reyTambién es cierto, como bien me rebatía @Hernan_valles en twitter, que esta es una visión un tanto moderna más propia de las monarquías absolutas, pues en un primer momento los reyes no se decidían por cuestión de nacimiento, sino a la asturiana (es decir, a hostia pelada). En todo caso, la versión actual parece justificarse más en esa visión absolutista pues yo al menos hasta la fecha no he visto a Juan Carlos liarse a mamporros con nadie (elefantes y osos al margen).

Pero aunque partamos de esta premisa, uno tampoco es opaco al mundo y al contexto que lo rodea, y a veces desgraciadamente se da de bruces con la realidad. O para ser más purista, con la realidad percibida por uno que al final es lo que determina las infinitas realidades existentes.

Y mi realidad, que parece coincidente con la de tantos otros, hace que no deje de preguntarme si viendo a la mayoría de los sujetos que dicen defender la República en esas manifestaciones, estos tienen algún interés en la República en sí. Uno ve banderas de determinados partidos y sindicatos en abundancia, banderas por doquier de determinado régimen dictatorial y hasta esa pseudobandera que lo único que representa es un complejo alarmante y patológico sobre la propia existencia del país en que se vive. Porque hasta donde yo sé, la Primera República también era república y se dejó de zarandajas con la banderita de marras.

Así, lo que denota eso, al margen del nivel de falta de formación y complejo de algunos sujetos, es un intento de apropiación vergonzoso y contraproducente de un sistema de gobierno por parte de una opción ideológica muy concreta (la izquierda, y cada vez más la ultraizquierda), lo que no deja de ser paradójico (y contradictorio también) pues quienes más están consiguiendo aumentar el apoyo monárquico son precisamente quienes dicen salir a manifestarse para conseguir la República.

A ello hay que añadir que hasta donde yo sé, o concibo la República, la base de este sistema se fundamenta en el imperio de la Ley y la igualdad ante la misma, por lo que viendo los espectáculos que montan los que dicen defenderla tenemos un problema de concepto. Es evidente que el suyo y el mío difieren ampliamente, porque analizando el bochornoso espectáculo vivido el otro día en el Congreso, uno lo único que observa es que los defensores del sistema republicano estaban más pendientes de su propio espectáculo circense que de un debate serio y riguroso. Lo vivido en el Congreso, donde los defensores del referéndum por la República han evidenciado su falta de formación, de educación, de estilo y de respeto por la legalidad democrática, ha hecho más en favor de la Monarquía que toda la familia real en los últimos 20 años.

Y para rematar, si a eso le sumamos la perspectiva imaginada de un presidente de la República como Cayo Lara o Pablito coletas, no es de extrañar que tengamos a una ingente legión de republicanos con el extraño sarampión de la felipitis, que como dice mi colega “por lo menos sabe estar, actúa con respeto y criterio, es competente, tiene formación y habla inglés”.

En definitiva, que si queremos como ciudadanos elegir entre monarquía o república, lo primero que deberíamos tener es respeto por la legalidad y hacerlo en base a los procedimiento establecidos, con rigor y argumentos, y no con un fraude de ley que a través de una Ley Orgánica trata de cepillarse un mandato constitucional.

Y desde luego, con un pueblo formado que no se mueva a golpe de eslogan publicitario de los más gritones. Porque hay que reconocer que como republicano, con sujetos como este y similares, yo no voy ni al retrete…

republicaSalud y libertad…

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