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Todo el mundo es nazi

“La violencia es el último recurso del incompetente” (Isaac Asimov)

Allá por el año 1982 nuestro excelentísimo cine patrio, el de las subvenciones, que ya por aquel entonces se dedicaba a hacer grandes obras de arte como las actuales, sacaba a la palestra la película: To er mundo e güeno, dirigida por Manuel Summers, más conocido hoy por ser el padre de David Summers, el de Hombres G.

La película era un invento que mostraba un cúmulo de situaciones absurdas grabadas con cámara oculta ante las cuales los sufridos e involuntarios actores generalmente respondían con una paciencia infinita. Esto debe hacernos pensar en dos cosas: la primera, que los memos y descerebrados de los youtubers de hoy en día no han inventado nada nuevo y la segunda, que por entonces se tenía bastante más educación que ahora, porque incluso aunque te vacilase un faltoso por la calle, el hecho de calzarle una hostia no era algo que se tomase a la ligera y tenía que estar bien justificado.

En otro orden de cosas, el miércoles 1 de febrero nos levantábamos con la noticia de que un jugador del Betis que había fichado por el Rayo Vallecano, un tal Zozulya, estaba teniendo serios problemas porque lo habían catalogado como nazi, lo que había derivado en que, gracias a la presión de un grupo de fútbol ultra, lo devolvieran certificado y con acuse de recibo a su antiguo domicilio.

Por si esto fuera poco, ese mismo día la también defensora de los trabajadores y prolífica escritora Ana Rosa Quintana, currante e izquierdista de pro como es fácilmente apreciable, se destapaba a micro abierto (por error) justificando que 15 tíos lincharan y apalizaran públicamente a una chavala de 19 años porque, oh casualidad, también era nazi.

El problema con este tipo de manifestaciones y justificaciones es de una enorme gravedad y nos debe llevar a reflexionar sobre dos aspectos. Por un lado, sobre si la violencia, la censura o el acoso están justificados en base a una supuesta adscripción ideológica, por muy reprochable que sea. Por otro, si no estaremos utilizando paradójicamente un pretexto ideológico totalitario para imponer nuestro criterio totalitariamente.

Respecto al primer problema es ciertamente peligroso justificar la actuación de pelotones de jueces, jurados y ejecutores adolescentes que se toman la justicia por su mano, especialmente si tales pelotones están conformados por niñatos activistas de sofá sin cultura, formación ni cerebro, que actúan al dictado de personas bastante más maquiavélicas y con bastantes más intereses que ellos. En el caso de Zozulya su supuesta adscripción nazi viene de la acusación de un periodista que no llevaba muy bien la vena promilitarista y nacionalista del ucraniano.

Ahora bien, de la denuncia de un periodista a la existencia de pruebas que demuestren que este personaje es realmente nazi media un mundo, más si tenemos en cuenta que el mismo jugador lo negó y explicó, siendo difícil de creer que el conocimiento de la realidad ucraniana de unos tarambainas que conforman un grupo ultra o de los memos de twitter que repiten eslóganes como cacatúas sin ser capaces de leer dos artículos seguidos, sea razón suficiente para ejercer acusación y sentencia conjuntas.

En cuanto a la inefable Ana Rosa Quintana, poco cabe decir, salvo que esperemos sea igual de empática  y de coherente si, debido a los amores que genera, recibe parte de la medicina que prescribe a los demás. Porque no debería de tener que explicarse que si uno realmente es nazi y se salta la ley, quien debe de juzgarle es el sistema judicial, que aunque deje mucho que desear, es la herramienta que tenemos para determinar con pruebas, y salvaguardando ciertas garantías, si se ha cometido un delito y la pena correspondiente.

Veamos de forma cruda lo que defiende Ana Rosa, ossssea, Quintana

Pero infinitamente más preocupante es el segundo punto, por cuanto parece haberse instalado una cierta tendencia consistente en redefinir el término de fascista (hoy ya nazi) considerando como tal a todo aquel que no piense como uno mismo.

Aquí puede ser interesante mencionar la hipótesis de Sapir-Whorf, que básicamente señala en su versión fuerte que el lenguaje condiciona el pensamiento. Pongamos un ejemplo de cómo aplican este principio a la manipulación los grupos de dinámica sectaria, sean religiosos, comerciales o nazionalistas. Asumamos que una persona busca ser feliz, objetivo muy lícito y ampliamente generalizado. Lógicamente la definición de felicidad condicionará en gran medida el camino de conductas que emprenda el sujeto. Si un grupo sectario convence al adepto de la que felicidad está en sufrir porque de esa manera se acerca al dolor de nuestro señor lo cual lo aproxima más a él que es el objetivo de la felicidad (estar cerca de Dios), la persona  buscará sufrimiento. Y lo hará paradójicamente para encontrar la felicidad. Hasta no hace mucho, esta búsqueda de la felicidad basada en el valle de lágrimas era muy habitual.

Este tipo de tergiversaciones del lenguaje están ampliamente extendidas hoy día: redefinimos lo que es democracia para hacer que la gente defienda a quien no dejan de ser meros tiranos convertidos en figuras democráticas por arte de magia, redefinimos lo que es igualdad para justificar por qué un sexo tiene que tener más derechos que otro, redefinimos lo que es una España Federal, para justificar lo que en realidad es un régimen confederal… y cuando cambiamos el significado y el nuevo cala entre las masas, ya podemos controlar sus conductas.

Si llevamos esta manipulación  a la hipótesis nazi, nos encontramos con algo muy semejante a lo que ocurre hoy en twitter y que se está extendiendo peligrosamente al ámbito social, que podemos redefinir al nazi como todo aquel que no siga los preceptos que yo (o mi grupo social) marco para no ser nazi. Y claro, una vez catalogado, si sigo la primera regla, ya puedo empezar a atizar al personal porque lo merece.

Podrá pensarse que exagero, pero cuando las hordas progresistas de Berkeley, una Universidad corroída por el cáncer de lo políticamente correcto, acosan y censuran la conferencia de Yiannopoulos, a uno empiezan a saltarle las alarmas. ¿Por qué? Pues sencillamente porque el tal Yiannopoulos es un judío homosexual con un novio negro, que eso sí, defiende a Donald Trump, lo que parece ser para algunos una prueba irrefutable de su nazismo.

Recristo, cómo ha cambiado la estética nazi.

Recristo, cómo ha cambiado la estética nazi.

Lamentablemente esta realidad, como la de los youtubers, tampoco es nueva. En este excelente artículo se nos habla del camino que hemos emprendido hacia una sociedad adolescente. Una sociedad inculta e infantilizada donde los mantras del fascismo de lo políticamente correcto imperan sobre toda las cosas y en todos los ámbitos. También, trsitemente, en el mundo universitario donde estas estupideces tendrían que ser contrarrestadas.

Desgraciadamente no es así y hasta los universitarios, que deberían velar por el libre planteamiento de perspectivas encontradas como base de su aprendizaje desde la confrontación de argumentos contrarios, responden de forma beligerante e impostadamente ofendida exigiendo la censura de cualquier consideración opuesta a sus endebles principios. Recuerdo en este punto una cita del genial Leo Bassi, cuando decía: “si un bufón como yo es capaz de ofenderte y poner a prueba tus principios y tu fe, vaya mierda de principios y vaya mierda de fe”.

Como señala el artículo, si uno no está preparado para que otro le lleve la contraria debería volver a casa a abrazarse a su osito de peluche hasta que sea capaz de aceptar que puede estar equivocado o tenga criterio para defender su postura.  La alternativa es que vivamos en una sociedad donde to er mundo e güeno, to er mundo e nazi y, desgraciadamente, también cada día, un poquito más imbécil.

Salud y libertad…

P.D: Muy recomendable la entrada sobre este mismo supuesto en el blog de josejazz

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El nuevo fascismo de lo políticamente correcto

“La educación de la mujer no puede llamarse tal educación, sino doma, pues se propone por fin la obediencia, la pasividad y la sumisión” (Emilia Pardo Bazán)

Hace tiempo que llevo graznando del peligro del nuevo fascismo de lo políticamente correcto, esa suerte de pensamiento único entontecedor que rodea casi todos los contextos sociales desde hace tiempo. El buenrollismo, el optimismo por deseo y otros aspectos equivalentes que demuestran la fragilidad de la psique y hacen a algunos pensar en función de lo que desean en lugar de lo que ven o del mundo real, son grandes peligros actuales porque lejos de resolver nada, impiden poner solución a problemas existentes.

Hoy empieza a haber ya voces de denuncia. Lo celebro. Quizás para algunos Iker Jiménez sea un friki al que no cabe dedicar ni dos segundos, pero para mí, curioso patológico, su programa es un placentero entretenimiento y creo que en este caso ha tenido la brillantez y sobre todo LOS HUEVOS, que han faltado a todos sus compañeros de la “prensa seria”. Digno de ver… aquí

Curiosamente, este alegato salió a la luz dos días después de esta noticia, que señala  cómo varios jóvenes norteafricanos intentaron lapidar a dos transexuales. Esperemos que la patética, acomplejada y chachi Europa actúe con toda la fuerza necesaria contra esta chusma. No son todos y no se puede generalizar, de acuerdo. Pero no son pocos. Y ocultarlo bajo el pretexto del racismo solo les da fuerza. Contra esta gentuza, contundencia, más que nada para no acabar dándole la razón a Cascoscuro cuando dijo en Spaceballs: “Lonestar, ahora ya sabes que el malo siempre gana porque el bueno es idiota”. Reverte, desgraciadamente, lo tiene bastante claro.

Salud y libertad…

 

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Feminismo sí, papanatismo no

“No hay nada peor que un tonto motivado” (Emilio Duró)

Hoy he vuelto a constatar que vivimos en un país donde hay un amplio número de ciudadanos, no sé ya si mayoritario, que todo lo entiende al revés. O mejor aún, que no entiende nada ni quiere entenderlo porque desde la más firme molicie intelectual solo vive preocupado por adquirir una pose, una imagen, aunque detrás de ella no haya absolutamente nada: ni argumentos, ni rigor, ni capacidad o competencia para sustentarla. Cómo me recuerda esto a aquellos que se cargaron con su papanatismo el prometedor movimiento que era el 15M en sus orígenes.

Y es que tras acudir a mi cita twittera de domingo tarde con Pérez Reverte y el bar de Lola, donde uno se encuentra en similar medida con individuos que aportan razonamientos dignos de la más sosegada reflexión y firmes candidatos al (como señala el organizador) premio “Reverte malegra verte al tonto de la semana”, he quedado asombrado con uno de los enlaces que se hacían llegar al escritor como digno de lectura.

Se trata de la entrada “El Tenorio en el corazón simbólico del 15M” de una tal Nuria Varela, donde el cúmulo de despropósitos y delirios del nuevo fascismo dogmático de lo políticamente correcto solo es comparable al fomento de la ignorancia y la incultura que difunde.

Como muestra, el “brillante” comentario con que se inicia el tercer párrafo, desde luego significativo: “Don Juan Tenorio es machista hasta el ridículo, no hace falta ni decirlo”. Yo no sé si don Juan es “machista hasta el ridículo” o no desde la perspectiva actual y por supuesto literaria (no soy nada amigo de los tics inquisitoriales en cuanto a la literatura se refiere), pero lo que sí se es que lo que es bastante ridículo es aplicar juicios morales desde la perspectiva actual a contextos espacio-temporales pasados, sesgo que en Historiografía se denomina sesgo presentista.

Cómo recuerda esta argumentación a la polémica suscitada hace unos meses con la novela “50 sombras de Grey”, obra que algunos grupos feministas querían boicotear o directamente prohibir por suponer una “apología del maltrato”. Tal vez haya que recordar que la literatura es FICCIÓN, y que por tanto contar o leer una historia no implica asumir los principios de los protagonistas (nunca creí que fuera necesario explicitar este punto).

Quizás estos grupos en lo que difieren es en su concepción del ser humano, y simplemente nos consideran a algunos tan tontitos como para no distinguir entre realidad y ficción literaria, pero les aseguro que la mayoría, si no la totalidad (salvo algún perturbado que otro) conocemos la diferencia. Dicho de otro modo, que me guste la novela o la película “El Silencio de los Corderos” les juro que ni me convierte ni me despierta instintos psicopáticos (al menos no más de los que genero espontáneamente cada vez que leo la prensa).

Y es que dentro de determinadas tendencias políticas hay algunos absolutamente obsesionados con la conspiración artística, sea literaria o cinematográfica, lo que dejando al margen el tufillo censor que demuestran, destaca un cierto carácter patológico de tipo paranoide. A veces una obra solo es una historia reflejo de una época (o ni siquiera eso) y no pretende inculcar perversos principios e ideas a su lector.

Todavía recuerdo cuando en uno de los cursillos de doctorado “Comunicación, Lenguaje y Educación”, algún docente explicó como Blancanieves y los siete enanitos era una obra pérfida que pretendía expandir el capitalismo por el mundo, pues los enanitos especulaban con diamantes nada menos, o que el Rey León era una clara oda a la monarquía, que pretendía inculcar la normalidad de tal forma de Gobierno para su mantenimiento y supervivencia.

En fin, que memeces aparte, quizás algunos (y algunas, no se me ofendan) debieran entender más el fondo que las formas. Porque si hablamos del feminismo bien entendido yo me declaro su primer defensor, ese feminismo que se hace práctico cuando una mujer lucha contra viento y marea para no cobrar menos que uno hombre cuando realiza el mismo trabajo, el de la mujer que reclama que se evalúe su mérito y capacidad con independencia de su género, también el de la mujer que exige no tener dificultades añadidas al decidir que quiere ser madre, o el respeto absoluto a la que decide no serlo, y ni que decir tiene de la que lucha con un par de ovarios y poniendo en peligro su integridad contra el patriarcado más rancio y peligroso que existe (veamos un ejemplo de quitarse el sombrero… y el pañuelo).

Pero cuando este feminismo se convierte en rancio hembrismo o directamente en una pose vacía y hueca, tan hueca como el del cerebro que la finge, lo único que cabe es la respuesta directa y sincera. La de hacer entender que prohibir escribir libros sobre determinados temas no es feminismo, es censura; que determinados usos artificiales del lenguaje no son feminismo, son desconocimiento; que pretender desterrar una obra literaria de culto como el Tenorio (¿de qué otra obra teatral conoce la mayoría aunque sea una estrofa?) porque a una no le gusta el tema que trata y cómo lo trata aunque sea ficción, no es feminismo sino fomento de la incultura; que eliminar un premio literario porque el título es sexista, es sencillamente estúpido; que arremeter contra el latín por ser una lengua machista es digno de consulta psicológica, etc, etc…

Y es que el enfoque equivocado, el entenderlo todo al revés o la mera adopción de poses parece ser tan típicamente español como la tortilla de patata. Porque hoy ha tocado el feminismo, pero se me ocurren casos semejantes.

Por ejemplo el de los seguidores de ese psicópata que era el Che Guevara (si no me creen respecto a su psicopatía les recomiendo leer algunos de sus escritos) y que se han quedado en la mayoría de los casos en el simple uso de camisetas y carteras con su cara, convirtiéndolo precisamente en un icono del capitalismo materialista contra el que se supone que luchaba (de ahí su gran fracaso).

O el del progresista que entiende que el nacionalismo es lo más de izquierdas y guay que hay cuando en el resto del mundo es lo más reaccionario, pero no así observar con normalidad la bandera de España (cosa absolutamente fascistoide). Así un largo etcétera de peculiaridades de este, nuestro país (que dicen algunos).

Y para finalizar, como el término medio (el mésotes aristotélico) tampoco se estila y las estupideces abundan, les dejo este sobrecogedor y casposo titular producto de la actualidad informativa: El Arzobispado de Granada edita el libro «Cásate y sé sumisa» que ha sido editado por el obispado de Granada, pero escrito por… UNA MUJER! Ay, si Aristóteles levantara la cabeza…

Salud y libertad

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