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Una de narcisistas (homenaje al yoísmo)

“El secreto de la sabiduría, del poder y del conocimiento es la humildad” (Ernest Hemingway)

NarcisismoEn primer lugar me vais a permitir que pida disculpas por haberme ausentado del blog durante tanto tiempo, pero han sido cinco meses que calificar de duros sería el eufemismo del siglo, por lo que mi tiempo libre para dedicarme a cualquier cosa que no fuera estudiar o cumplir con otras obligaciones era sencillamente inexistente. Tiempo habrá más adelante para comentar algunos aspectos de esta temporada.

Eso sí, ya que estoy en periodo de explosión ansiosa, creo que es buen momento para soltar un poco de bilis comentando ciertos aspectos de un cada vez más amplio colectivo, y muy de moda, que genera un grado de toxicidad importante en todo aquel que tiene el infortunio de cruzarse con uno de sus miembros: los narcisistas.

El DSM IV, Biblia de los trastornos psicológicos caída en desgracia en su quinta versión debido al intento de convertirla en una guía de tratamiento farmacológico para enfermedades ficticias por los conflictos de intereses de sus comités, definía el trastorno narcisista de personalidad como un patrón general de grandiosidad (en la imaginación o en el comportamiento), una necesidad de admiración y una falta de empatía, que empiezan al principio de la edad adulta y que se dan en diversos contextos como lo indican cinco (o más) de los siguientes ítem:

  • Tiene un grandioso sentido de autoimportancia (por ejemplo exagera los logros y capacidades, espera ser reconocido como superior sin unos logros proporcionados…).
  • Está preocupado por fantasías de éxito ilimitado, poder, brillantez, belleza o amor imaginarios.
  • Cree que es “especial” y único y que sólo puede ser comprendido por, o sólo puede relacionarse con otras personas (o instituciones) que son especiales o de alto status.
  • Exige una admiración excesiva.
  • Es muy pretencioso, por ejemplo tiene expectativas irrazonables de recibir un trato de favor especial o de que se cumplan automáticamente sus expectativas.
  • Es interpersonalmente explotador, por ejemplo saca provecho de los demás para alcanzar sus propias metas.
  • Carece de empatía: es reacio a reconocer o identificarse con los sentimientos y necesidades de los demás.
  • Frecuentemente envidia a los demás o cree que los demás le envidian a él.
  • Presenta comportamientos o actitudes arrogantes o soberbios.

Es decir, lo que toda la vida de dios antes de que existieran estos manuales se ha definido (que no diagnosticado) como un miserable o un gilipollas.

Pero aunque la vertiente teórica es muy importante para que sesudos académicos cobren un buen sueldo y puedan llevar corbata inventando lenguajes técnicos que requieren 4 años de enseñanza, y para que puedan justificar así su presencia en la cúpula de la pirámide social, es preferible para un pobre plebeyo ejemplificarlo con lo que aquellos que nos divertimos dando saltitos en charcos de barro vemos todos los días.

Hay varios campos en el que los narcisistas se reproducen como champiñones, pero como cada uno conoce lo que ve, no puedo dejar de mencionar en primer lugar a ALGUNOS de los que han mamado e interiorizado el discurso jurídico. Que legión de los miembros de este campo se relamen de gusto cada vez que se reflejan en un espejo y se ganan la vida emponzoñando la vida ajena es una realidad difícilmente cuestionable, pero a mí me enamora especialmente el narcisismo de las bases de los pilares que lo conforman. Lo descubrí en dos ocasiones.Justicia dinero

La primera de ellas fue cuando desde mi campo psicológico describía la auténtica aberración que suponía confrontar en un juicio a una mujer víctima de maltrato con su maltratador debido a que ese proceso continuado conlleva un importante deterioro en la formación de los esquemas mentales y una situación de subordinación y temor que sitúa a la víctima en una manifiesta inferioridad de condiciones, o dicho de otro modo, no está preparada ni tiene recursos para hacerlo. Pero he aquí que según varios defensores acérrimos del discurso jurídico la barbaridad ha de entenderse en dirección opuesta pues las “garantías procesales” exigen que se produzca el enfrentamiento para que “el proceso” cumpla con las exigencias jurídicas que le dan legitimidad. Es decir, que el proceso creado artificialmente para regusto de juristas ha de estar por encima de la más elemental humanidad.

La segunda fue cuando un abogado en ejercicio me relató hace ya algunos años cómo debido a su intachable profesionalidad tuvo que destrozar a un niño víctima de abusos porque él tenía que hacer lo mejor para su defendido. Eso sí, no sin explicarme que le dio mucha pena, y apuntar un vergonzante intento de justificación a través de la racionalización, señalando que es bueno que el sistema tenga estas cosas y falle, porque así se perfecciona.

¿Recuerdan los ítem del narcisismo: sentido de autoimportancia, falta de empatía, interpersonalmente explotadores, actitudes soberbias y arrogantes…? Pues ello.

Otro sector donde podemos ver a sujetos de esta cepa en abundancia es en el de los profesores universitarios. Es una pena, pero por cada verdadero maestro y enseñante con mayúsculas que disfrute un alumno en su vida universitaria (y los hay), se tendrá que comer a tres o cuatro del polo opuesto. Afortunadamente, identificarlos es rematadamente fácil. Se mueren por el halago y el aplauso público, tratan al alumno con absoluto desprecio y alardean de ello sin darse cuenta de que ello redunda en su mala consideración como docentes, y muy especialmente, su narcisismo correlaciona positivamente con su nivel de mediocridad.

Esta última característica es especialmente interesante porque si seguimos a Hayes (2011), podemos encontrar una explicación al fenómeno. Este autor señala como el hecho de tener una falta de autoestima o de pensar recurrentemente que uno vale poco, puede llevar a tratar de compensarlo triunfando en la vida laboral, de ahí por ejemplo una de las causas de la adicción al trabajo. Eso aparentemente compensaría la falta de autoestima, pero como esta tiende a permanecer pues dicha característica es una atribución personal no específica de un contexto, la persona acaba sumando a su repertorio la culpabilidad, dado que el estar en un puesto que internamente se cree que no se merece o que está fundamentado en otras causas, acaba haciendo que la persona se considere un fraude, el denominado “síndrome del impostor”. Si a esto le sumamos el nivel de endogamia del ambiente universitario tenemos un caldo de cultivo inmejorable.

Como para no variar ya me estoy extendiendo más de la cuenta, mencionaremos de pasada otros sectores como el periodismo, cuya socialización de la autoimportancia, asumida por la masa, ha influido en la famosa concepción de McLuha de que “el medio es el mensaje” y donde los hinchados egos de muchos profesionales brillan con fuerza cada vez que crean verdades para la plebe, pero llevan muy mal la crítica cuando se les da un toque de atención porque se pasan de vuelta en la infravaloración de sus destinatarios.

Por último mencionar a buena parte de los políticos y grandes empresarios, cuyo nivel de narcisismo es tan elevado que en algunos casos casi roza la psicopatía, que aunque no sea muy ortodoxo, podemos entender como un superlativo narcisismo elevado a la enésima potencia. ¿Creéis que exagero? Echad un vistazo…

Muchos de los que mandan son posibles psicópatas

La psicopatía de las corporaciones

El capitalismo premia rasgos del psicópata

Del narcisismo estándar de los políticos no merece la pena ni hablar. Hacer una lista de los políticos profesionales en posiciones de poder a los que les encanta estar rodeados de palmeros mediocres para sentirse superiores y ser alabados cual pequeños budas, acabaría con la memoria de internet. Pero cuando la cosa se complica y adquiere niveles extremos, el peligro puede ser importante.

¿Qué pensaríais de primera mano de una persona que dice cosas como estas?

“Los jóvenes deben aprender a pensar y actuar como una masa. Es criminal pensar como individuos”

“Hay que acabar con todos los periódicos. Una revolución no se puede lograr con la libertad de prensa”

“Para enviar hombres al pelotón de fusilamiento, la prueba judicial es innecesaria. Estos procedimientos son un detalle burgués arcaico. ¡Esta es una revolución! Y un revolucionario debe convertirse en una fría máquina de matar motivado por odio puro”

“¡El odio es el elemento central de nuestra lucha! El odio tan violento que impulsa al ser humano más allá de sus limitaciones naturales, convirtiéndolo en una máquina de matar violenta y de sangre fría. Nuestros soldados tienen que ser así”

¿No pensaríais que es un psicópata? ¿Y si digo que son del Che Guevara, ídolo de miles de jóvenes que llevan su foto en carteras y camisetas, pero que obviamente no han leído ni una coma de su pensamiento?

Pero salvando las enormes distancias, también por aquí tenemos narcisistas patrios que dicen cosas como:

“Los que aspiramos a una sociedad más justa necesitamos tener a nuestro lado a hombres, y también a mujeres, armados, preparados y disciplinados”

Este escrito forma parte de la tesis de ese nuevo icono endiosado aupado por los poderes televisivos que considera fascista a quien no acepta su pensamiento como dogma y que no tiene ningún problema en ejercer de inquisidor decidiendo quién puede y quién no puede difundir su mensaje.

Así que finalmente en este pequeño e irónico repaso, solo nos quedan los grandones (que llamamos en Asturias), o aquellos que en determinada posición asumen con deleite la impostura social para sojuzgar y pisar violentamente al que no asume sus mismas normas, simplemente porque si algo no puede permitir ni soportar un narcisista que se resigna al esculpido social es la libertad ajena.

A mí siempre me han hecho particular gracia los ritos elitistas, escenificados en un mierdecilla al estilo Fonseca que no es capaz de distinguir un don Simón de tetrabrik de un Ribera del Duero Crianza 2005 (yo no lo diferenciaría ni ganas), pero que en un restaurante lo catará con aires de grandeza frente al sumiller simplemente para hacerle saber que él es quien está en una posición de superioridad. Si además devuelve el vino, el grado de narcisismo (que suele correlacionar positivamente con el de imbecilidad) ya será para nota.

Para aquellos que no lo conozcáis, aquí podréis conocer a Fonseca. Y de paso saber qué es esa pseudociencia del coaching a partir de este sketch de la película española “El año de la garrapata”…

Otro buen ejemplo es el de aquel que se permite ir a degustar la obscenidad y el insulto humano de un menú de 1.650 € simplemente porque forma parte del elite package, que es lo que en definitiva le permitirá realizar una actividad al alcance de pocos y considerarse por tanto diferente y superior.

Como veis, ejemplos todos de autosuficiencia, soberbia, arrogancia, carácter explotador en lo interpersonal, falta de empatía… en definitiva, narcisismo.

Al estudiar estos perfiles se entiende que subyace en ellos una problemática concreta. Por ejemplo, hay quien dice, tomando como referente la teoría de la autodeterminación de Ryan y Deci (2008) que ya hemos comentado en este blog, que en el narcisismo existe un fracaso infantil en la necesidad de autonomía y en la necesidad de relaciones junto con un éxito en la necesidad de competencia.

Dicho de otro modo, se fracasó en la forma de relacionarse con los demás y se impidió la toma de decisiones por iniciativa propia en una fase temprana, pero se tuvo éxito en aquellos objetivos impuestos. Ello hace que el sujeto se autovalore de forma exagerada y se convierta en el centro de su propio universo, y es entonces cuando los mecanismos de defensa y las racionalizaciones empiezan a generar la osadía de las certezas, creer que se tienen todas las respuestas y que estas son verdades inalterables.

De hecho, la falsa seguridad y la incapacidad de aprender de los narcisistas es quizás uno de sus peores castigos, y su señal más visible de identificación. A mí líbreme dios de un maestro que no manifieste dudas, de un psicólogo que no ha experimentado el dolor o de un líder espiritual que no disfrute de la vida… y por supuesto de un narcisista.

El problema es que cuando uno trata con estos sujetos es tal el grado de toxicidad que emanan que a uno ya le preocupa poco la causa. Se puede aceptar que sea un trastorno pero si los interesados no le buscan remedio (y en este caso no suelen hacerlo porque es un trastorno egosintónico), lo único que queda preguntarnos es por qué coño tenemos que aguantarlos los demás…

Piramide social

Salud y libertad…

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