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¿Cómo prevenir el abandono universitario?

La publicación de la edición actualizada del Informe U-Ranking, realizado por la Fundación BBVA y el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas, ha puesto de nuevo el foco sobre el sistema universitario pues, al margen del certero análisis que establece sobre la base de indicadores objetivos, ha incluido en esta ocasión datos sobre un fenómeno complejo y preocupante, como es el del abandono universitario.

Así, tomando datos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, el mencionado informe sitúa la tasa de abandono de los estudios de grado en el 33,3 %, de cuya cifra un 21,4 % se produciría por abandono definitivo del sistema universitario y un 11,9 % por el cambio del alumno respecto a la titulación en que inicialmente se había matriculado. Dicho de otro modo: tres de cada diez alumnos universitarios abandonan sus estudios sin completarlos.

La problemática que genera esta situación es amplia y no se limita a consecuencias negativas para el alumno y su familia como podrían ser la ansiedad, el menor número de oportunidades laborales o el surgimiento de conflictos intrafamiliares, sino que trasciende estos entornos para entrar de lleno en el ámbito sociopolítico, que debe tomar medidas para evitar que una inversión pública origine unas pérdidas de 1 000 millones de euros anuales que, según algunos investigadores, puede alcanzar los 1 500.

[Continúa…] Leer el artículo completo en El Plural aquí.

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El día que descubrí la estupidez generalizada

“Es un milagro que la curiosidad sobreviva a la educación reglada” (Albert Einstein)

A veces es curioso cómo un hecho de la infancia puede quedar grabado a fuego en la conciencia de una persona o cómo un suceso emocional hace que los recuerdos se fijen en la mente. Nunca le he contado esto a nadie, pero recuerdo perfectamente el día que descubrí la estupidez generalizada o, para no herir las sensibilidades de antiguos compañeros a los que recuerdo y tengo gran afecto, al menos el día que descubrí que era distinto a la hora de aceptar las verdades establecidas.

Estaba en una clase de Religión de 6º de EGB (ahora lo llamarían primaria), cuando el cura en cuestión, uno de esos cabrones que nunca debió haberse dedicado a la docencia, estaba explicando el Génesis.

Voy a hacer un pequeño inciso para explicar que, aunque ya es conocida mi falta de querencia por las instituciones católicas, nada tengo en contra de los curas por el hecho de serlo (incluso hay algunos que me parecen ejemplo de coherencia y de bondad y a los que guardo cierto cariño), como nada tengo en lo personal contra este del que hablo y de cuyo nombre no quiero acordarme (aunque recuerdo perfectamente). Cuando digo que era un cabrón y que nunca debió desempeñar labor alguna en el mundo educativo, lo digo a conciencia, pues fue la  persona a la que le vi meter dos de las hostias más escalofriantes que he “visto” en mi vida (el entrecomillado lo entenderán en la segunda).

Una de ellas se debió a que un compañero que estaba escribiendo en la pizarra no sabía la respuesta de vete tú a saber qué gilipollez de esas que el sistema educativo se empeñaba y se empeña en meternos a calzador. El cura en cuestión pasó por detrás de él y a traición le empujó la coronilla empotrándole la cara contra el encerado.

La segunda fue producto de un ejercicio de papiroflexia. Otro chaval al que habían expulsado de clase tenía un fraile hecho de papel con una pestaña en los pies de esas que se estiran y hacen que el muñequito de papel haga algo. El cura, mientras le echaba la bronca por la expulsión, vio tal ejercicio de creatividad y dijo que al menos tenía dotes artísticas… hasta que tiró de la pestaña. En ese momento al frailecillo de papel le salió de la sotana un pollazo que ríete tú del caballo de Espartero, con la consecuencia inmediata de un tortazo que hizo que la cabeza del malogrado compañero rebotara en los cristales de la ventana y, dado que todas las ventanas estaban conectadas, retumbaran al compás. Imagínense cómo sería la hostia, que mis compañeros y yo, que ni siquiera estábamos en esa clase, sino en la de al lado, escuchamos el golpe en las ventanas, enterándonos de lo ocurrido cuando salimos al recreo.

Bueno, pues volviendo al Génesis, en concreto al Génesis 2:17, el mencionado “educador” nos estaba explicando la historieta del árbol de la ciencia del bien y del mal. Ya saben, que Dios que estaba aburrido ese día y no tenía otra cosa que hacer se estaba dando un garbeo por el Jardín del Edén y le dijo a Adán: “come higos o lo que te salga del ídem, menos del árbol ese que la espichas”. Después creó a los animales y a Eva, y la serpiente le dijo a Eva que eso de morir tururú, que si comían de ese árbol lo que ocurriría sería que adquirirían conocimiento y se convertirían en dioses pues sabrían distinguir el bien del mal. Y Eva, pensó: “la idea es cojonuda, pero este marrón no me lo como yo sola”. Total que comió y tentó al otro que era un poco calzonazos para que comiera también y se lio parda.

Yo, que ya conocía la historia, había reflexionado varias veces sobre algunas cuestiones que no me encajaban y tenía ideas un poco peregrinas. Primero, que Dios no era tan puro porque había mentido (no murieron). Segundo, que menuda injusticia el castigo para la serpiente que, además de dar conocimiento y libertad a los seres humanos, había dicho la verdad; y tercero, que si Dios no quería que comieran del dichoso árbol, no tenía que haberlo creado.

Plantear las dos primeras cuestiones era impensable desde todo punto de vista, pero con la tercera me animé y, bastante acojonado (por no decir del todo) y lleno de inocencia, levanté la mano en medio de clase para preguntar: “padre, una duda, si Dios no quería que comieran del árbol de la ciencia del bien y del mal, ¿por qué lo creó?”.

Se pueden imaginar el descojone generalizado del resto de compañeros. Sin embargo, lo que yo recuerdo con asombrosa lucidez (y les garantizo que me carcome el no poder saber si esa imagen es certera y real o una mera distorsión por el paso del tiempo) más que el cachondeo, es la sonrisa nerviosa del cura, sus ojos mirándome con una expresión de entre desprecio y terror, y su explicación simplona diciendo que aquello era solo un cuento para explicar algo que estaba fuera de nuestro conocimiento y que no hacía falta que le buscáramos más justificación. Te lo crees o no, pero lo que implica lo aceptas.

Fue la primera vez que me planteé que, al menos para mí, no era suficiente una religión que estaba basada en cuentos que no necesitaban explicación. También fue la primera vez que maldije mi curiosidad como una condena y juro que durante un tiempo, intenté dejar de hacerme preguntas y encajar en lo que se supone, y donde se supone, que tenía que encajar.  Demasiada presión para un mocoso de apenas 12 años enfrentarse a sus compañeros, a sus profesores, a su colegio y al sistema de creencias de Occidente.

No duró mucho, quizás porque como buen Virgo según el horóscopo (otro cuento que tampoco necesita explicación), los virgos se preguntan el porqué de todo.

Desde hace mucho tiempo, agradezco en parte la condena de mi curiosidad, aunque no lo voy a negar, a veces me gustaría vivir en la felicidad del idiota que ni se hace preguntas ni necesita respuestas. Y conste que no quiero faltar al respeto a las creencias de nadie, todas me parecen respetables mientras no vayan contra los derechos civiles, muchas reconozco que ayudan a sacar lo mejor de algunas personas y a mí mismo me apasiona el estudio de los temas religiosos del que he sacado enseñanzas interesantes y válidas. Lo que critico es la aceptación ciega de dogmas y la ausencia intencionada de preguntas que se hacen algunos  en pro de una falsa seguridad que haga más fácil la vida (a este respecto recomiendo la serie de Castlevania, anime para adultos con un mensaje impecable, disponible en Netflix).

Hoy mientras tomaba una cerveza, estaba debatiendo con una buena amiga, muy religiosa cosa que como digo respeto, sobre religión; y mi hijo, que me da la impresión que es igual de bocazas que yo (que el dios que sea lo proteja), dijo que a él no le caían bien los curas y que no creía en esa religión, que él era “isotérico” y creía en los vampiros y los hombres lobo. Ella me miró con cara de: “ya te vale, que no crea en Dios y crea en esas cosas”, y aunque yo no dije nada, reconozco que pensé: “bueno a fin de cuentas ambos tienen la misma probabilidad de ser reales”: cuentos sin explicación basados en tradiciones, mitos y leyendas.

Salud y libertad…

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El PSOE y sus ocurrencias educativas

“La mayor parte de la gente confunde la educación con instrucción” (Severo Catalina)

Como reza el dicho: “ya llegó el verano, ya llegó la fruta y el que no descanse…” puede pasar a leer la nueva entrada del blog, en esta ocasión a cuenta de las recientes ocurrencias de la ministra de educación, que parecen tener un nivel de peligrosidad semejante a esas concepciones demagógicas y dogmáticas que pergeñaron la LOGSE con erótico resultado (que diría Homer Simpson).

Y es que si por algo destaca la izquierda, en esto igual que la derecha, es por tener unas creencias totalmente infundadas y apriorísticas sin ningún sustento sobre lo que hay que hacer para arreglar el panorama educativo. A algún alma pensante quizás le parecería una alternativa razonable lo de hacer un estudio previo que permitiera establecer un diagnóstico desinteresado sobre las variables que hay que tocar para arreglar el sistema, pero eso queda muy lejos de la sapiencia y omnisciencia de nuestros, por otra parte, cultivadísimos políticos. Que se lo pregunten si no, a Adriana Lastra.

En todo caso, por una cuestión de brevedad les remitiré directamente a la entrevista del diario El Mundo en la que Isabel Celaá amenazaba con la siguiente decisión: “Voy a dar más peso a la comunidad educativa en la elección de directores” y en el cual hay tres aspectos que me gustaría comentar.

El primero de ellos es el relativo al que facilita el titular de la noticia. Dar más peso a la comunidad educativa para elegir director es un error por la simple razón de que es convertir la elección de este órgano en un casting de Operación Truño, con el agravante de que al menos a los miembros del casting de OT se les “presupone” cierto conocimiento musical, aspecto que en el caso de los padres es discutible. Es cierto que el PSOE siempre se las ha ingeniado para nombrar directores serviles en los centros escolares, incluso con concursos (¿amañados?) donde se daba una puntuación de cero al programa educativo del aspirante alternativo al deseado, pero lo que faltaba es someter la dirección del centro no ya solo a las habituales peleas entre docentes sino, especialmente, a las AMPAS (nunca mayor acierto homófono tuvo esta denominación). Estas, compuestas en el mejor de los casos por mediocres que quieren utilizar esta vía para ascender en sus respectivos partidos políticos y, en el peor, por padres aburridos que no teniendo conocimientos ni sentido común para educar a sus propios hijos, pretenden imponer sus peregrinas estupideces a los hijos de los demás. Ya saben a lo que me refiero: eliminar los donuts y sustituirlos por alfalfa (supongo que en una enfermiza proyección lúbrica por la que visualizan a sus hijos ganando el Derby de Kentucky), prohibir cantar villancicos en Navidad por resultar ofensivos para las minorías pero aprovechar el ramadán din don para explicar la religión musulmana, que queda supermulticultural, etcétera.

El segundo aspecto es el de los itinerarios educativos, si bien en este caso la mala leche de la entrevistadora ya permite anticipar la incoherencia de la respuesta en la propia estructura de la cuestión: ¿Por qué los itinerarios son «segregadores» cuando los pone el PP pero no cuando los incorporó Ángel Gabilondo? le pregunta a la ministra. El ZAS! es antológico, pero más allá de ello, lo que alguien le debería de explicar a la ministra es que los itinerarios no segregan, sino que diferencian. Hay un matiz importante en ello, por cuanto generar diferentes caminos que lleven a un alumno a desarrollarse, integrarse en la sociedad y en el mercado laboral solo es ampliar sus oportunidades, frente a una uniformidad mal entendida que pretende que todos hagan lo mismo adaptándose, por supuesto, al nivel del más bajo (o del más vago). Y es que en el PSOE siempre ha habido una acomplejada e interesada confusión de términos, aspecto que podemos comprobar no solo en la dicotomía: segregación vs diferencia, sino muy especialmente, en la dicotomía: igualdad vs equidad, cuya explicación por su simplicidad deberían interiorizar al observar la siguiente viñeta:

Resultado de imagen de igualdad equidad

Por último, nos señala la señora ministra que la asignatura de religión no será extraescolar y que los que no la elijan recibirán atención educativa, a lo que con buen criterio la periodista responde que si consistirá por tanto en hacer dibujitos como hasta el momento. Y replica la buena ministra que eso no es así, lo que da pie a pensar una de dos cosas: o bien que la señora ministra no tiene NI PUTA IDEA de la realidad que se vive en los centros escolares de los que es responsable, o bien que es plenamente consciente de ello pero que no se puede permitir afirmarlo. Lo cierto es que, efectivamente, la alternativa de religión consiste en hacer dibujitos y cosas peores, porque en esa alternativa no se permite avanzar curricularmente y les voy a ahorrar el hilarante debate de un colegio cercano, donde los padres religiosos se quejaron porque la alternativa a dicha asignatura consistía en un programa de desarrollo de la inteligencia (finalmente eliminado). Una elección es una elección y lícito es que si unos han conseguido que sus hijos estudien religión, los padres no creyentes planteen una alternativa que suponga que sus hijos no tengan que estar perdiendo el tiempo. Dicho de otro modo, elija usted si prefiere que su hijo incremente su fe o que desarrolle su inteligencia.

Pero peor aún es que, en este planteamiento, la ministra utilice el argumento de que la religión no debe tener una asignatura espejo porque el derecho de unos a hacer Religión no puede conllevar la obligación de otros a hacer otra cosa semejante. Y digo peor no porque esté en contra de tal plantemiento, sino por la incoherencia y desfachatez farisea que se da cuando la misma persona que argumenta esto impone ciertas lenguas minoritarias como la Lengua Asturiana creando asignaturas espejo como (¿la utilísima?) “Cultura Asturiana” en un evidente intento de que los hijos ajenos cursen algo sí o sí, y porque lo dicta su excelencia. ¿Por qué en este caso no puede elegir el niño entre estudiar asturiano o francés, inglés, alemán… chino mandarín? Por varias razones probablemente:

1.- Porque entonces el porcentaje de estudiantes que cursarían tal materia sería tan irrirosorio que se caería el chiringuito nazionalista por su propio peso.

2.- Porque las quejas de los padres de los niños que cursan asturiano alegando que cursar otro idioma ÚTIL va en demérito de sus hijos se escucharían hasta en la China Popular (que decía el otro sinvergüenza).

3.- Y, especialmente, porque la imposición lingüística, a diferencia de la espiritual, sí es dogma de la nueva, aunque laica, religión socialista. Y ello con el objetivo de conseguir el beneficio instrumental, que tan buenos resultados dio a los nazionalistas, de favorecer aprendizajes útiles a sus vástagos mientras hacían decrecer el nivel de la futura competencia con el propio aplauso de los damnificados. No vaya a ser que la ciudadanía se forme de una vez, descubra su simpleza manipuladora y los saque a patadas de la élite política del país.

Salud y libertad…

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Entrevista sobre acoso escolar

Entrevista sobre acoso escolar publicada en el diario La Nueva España el 9/01/2018:

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Cuando te saluda un mierda

“Educar a un niño no es hacerle aprender algo que no sabía, sino hacer de él alguien que no existía” (John Ruskin)

cerdiNo sé si alguna vez os ha ocurrido este caso, pero me jugaría los dos brazos a que sí. Un sujeto conocido, incluso cercano en alguno de los ambientes por los cuales os movéis, os hace a vosotros, a vuestra familia o a un amigo la cerdada del siglo y al encontrarlo un par de meses después se acerca con una sonrisa a saludaros, a preguntaros cómo os va la vida o si estáis bien y a deciros que se alegra de veros, esperando por supuesto una respuesta “educada” y cortés, como se supone que dictan las buenas maneras.

Sin embargo, hay que reconocer que a veces las buenas maneras no esconden nada más que inercias poco reflexivas basadas en la práctica habitual, y cuando uno las piensa se da cuenta de que carecen de sentido o utilidad alguna. Es lo que me ha pasado a mí con los saludos recíprocos, decidiendo hace ya tiempo dejar de utilizar este tipo de dogmas sociales pro-concordia en beneficio de conductas mucho más saludables psicológicamente que se basan en escupirle en la cara al sujeto en cuestión lo que se piensa de él.

Así que hoy, cuando me encontré con un mierdecilla al estilo Fonseca (ver video), procedí por consejo de mi psicólogo (es decir, yo) a practicar el noble ejercicio de la terapia que podríamos denominar “de liberación emocional” (os la recomiendo). [modo irónico on, no sea que se empiecen a poner nerviosillos los ilustrérrimos miembros del Colegio de Psicólogos]

En todo caso, como este blog no es lugar para el morbo y sí para reflexiones educativas, no os contaré el resto de la historia. Lo que sí os quería dejar aquí, además de mi discutible consejo sobre cómo actuar con esta gentuza, es este pensamiento que me vino al hilo de toda la historia.

El mundo sería un lugar mejor si cuando viene un miserable a saludarte después de haberse comportado de forma repugnante, no fuera de nuevo saludado como si nada hubiera pasado. Es esa mal entendida concepción de la educación la que lleva a que la gente crea que puede ser vil sin que pase nada, sin que se den resultados negativos por su mala conducta. La respuesta adecuada podría ser: a mí no me saludes porque eres un mierda. Quizás cuando muchas personas respondan de esta manera, este sujeto se dará cuenta de que tiene que cambiar porque ser un personaje basuriento tiene consecuencias. No será cívico ni responderá a las normas de urbanidad y cortesía, pero desde luego se estará realizando una tarea infinitamente más educativa.

Salud y libertad…

 

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Sobre el cambio educativo

Carta al director publicada en La Nueva España con fecha 22/09/2015

Recientemente se ha publicado en su diario LA NUEVA ESPAÑA un interesante editorial que desgrana algunos de los principales problemas educativos que, si bien reducen al contexto regional, muy bien podrían ser extensivos al ámbito nacional. Algunos de los problemas a los que alude versan sobre la falta de autoridad de los docentes, el bajo nivel formativo de los alumnos, la exigencia de derechos frente al olvido de los deberes de estos, la multiplicidad y transitoriedad de las leyes educativas, la necesidad de una verdadera reflexión sobre la eficacia (o no) de recientes tendencias educativas como el bilingüismo o la inclusión de las TIC en el proceso de enseñanza-aprendizaje.

Sin embargo, parece que estos aspectos no dejan de ser los síntomas de un problema de mayor envergadura y relevancia, como es la propia conceptualización de la educación y sus instituciones, incluyendo la concreción de sus funciones en la sociedad actual, sociedad de la información y el conocimiento. Una reconfiguración que no se ha planteado hasta el momento siguiendo la máxima nacional de la patada hacia adelante, lo que ha llevado a disponer en la actualidad de unas instituciones y una educación que, siendo más características de la sociedad industrial, se parchean precisamente para no tener que afrontar la problemática de su redefinición.

En este contexto, quizás un primer planteamiento, estrictamente ideológico, pase por clarificar el objetivo primordial de la institución educativa, porque obviamente no es lo mismo perseguir un ideal orteguiano que busque enseñar a pensar por uno mismo que entender estos entornos como contextos de fomento de principios y valores determinados (eufemismo muy utilizado para edulcorar el poco disimulado adoctrinamiento político o religioso que desarrollan hoy cientos de centros escolares públicos, concertados y privados a través de su currículum explícito y oculto). Tampoco es lo mismo entender la educación como una herramienta para favorecer el desarrollo integral de la persona o como un medio para facilitar la selección y adaptación de personal al futuro entorno laboral, etcétera.

Así las cosas, sólo estableciendo previamente un objetivo o una meta socioeducativa perfectamente delimitada se podrá plantear la realización de un estudio diagnóstico que permita conocer la situación real y actual del sistema para priorizar los diferentes cambios a adoptar, evitando así actuar a golpe de ocurrencia política o de modas derivadas de discursos partidistas nacidos exclusivamente para contentar a los diferentes grupos de presión. También resulta obvio que para no repetir los errores que han desencadenado la situación actual, tanto el objetivo como el análisis de los resultados deberían ser consensuados buscando un pacto por la educación de los principales partidos políticos, ya sea a nivel autonómico o nacional.

Finalmente, cabe mencionar tres aspectos fundamentales que deben formar parte obligada de esta urgente e imperiosa reconceptualización educativa.

En primer lugar, determinar el papel de las familias en las instituciones escolares articulando la relación familia-centro de forma que se produzca una interacción fluida que permita avanzar en una dirección común frente al demasiado habitual enfrentamiento existente, y extender la formación de prácticas de parentalidad positiva por las que tanto apuestan las instancias europeas.

En segundo lugar, integrar la educación emocional como un factor añadido que debe incorporarse a la enseñanza de contenidos (hoy competencias). Por un lado, porque no puede entenderse una educación que considere el componente cognitivo y conductual prescindiendo del tercer factor, el ámbito de la emoción; y, por otro, porque hoy más que nunca el control emocional se ha convertido en una peligrosa arma de manipulación sociopolítica, como bien podemos ver en nuestro entorno cercano.

Por último, en tercer lugar, superar el conflicto entre prioridad de contenidos o metodología, sabiendo que una educación de calidad, como parecen haber entendido e implementado en otros países europeos que nos negamos a tomar como referentes, exige la excelencia tanto en uno como en otro aspectos.

Ante la gravedad de la situación que atraviesa el sistema educativo y sus instituciones, estos son aspectos suficientes para comenzar una reflexión seria y rigurosa. Desde luego, mal vamos si ante los presentes problemas educativos, muchos estructurales, la agenda viene marcada por asuntos tan nimios y tan interesados en lo político y económico como, por ejemplo, el uso del asturiano y las clases de religión o sus alternativas.

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Otro caso de acoso escolar en Asturias

Parece ser, como señala este diario, que tiempo después del triste suceso ocurrido en el colegio Santo Ángel de Gijón se ha producido un nuevo caso de acoso escolar en Asturias, ahora a una niña de 11 años de un centro público de Oviedo.

Es obvio que el acoso escolar es un problema en el que influyen múltiples variables que van desde las personales y psicológicas, hasta las escolares y sociales, y que por tanto una intervención adecuada debe abarcar todas ellas, con la consecuente implicación de alumnos, familias, centro y Servicios Sociales. Pero no es menos cierto que, en ocasiones, la labor de las instituciones educativas parece más encaminada a deshacerse del problema que a atajarlo de forma eficaz.

Así, no es extraño ver casos en consulta donde la minimización y el ocultamiento por parte de los centros escolares, en ocasiones por desconocimiento y en ocasiones por las negativas consecuencias publicitarias que acarrearía para éste que tal situación trascendiese, parecen primar sobre el intento de resolución del problema en la propia institución.

Y no deja de ser curioso que en este caso se haya producido de nuevo la que suele ser la típica solución estándar en procesos semejantes, el cambio de centro de la víctima, una nefasta estrategia que supone la culpabilización de ésta (se envía el mensaje de que el problema está en ella), y un nuevo triunfo de los acosadores, que ya se encargarán de difundir su hazaña al nuevo centro donde se escolarice, lo que puede propiciar el reinicio del ciclo de acoso.

Desgraciadamente, ésta parece ser la maniobra más asequible y habitual ante las complicaciones y costes (no sólo materiales, también organizativos) que puede originar el poner en marcha una estrategia global contra el acoso en un centro, más allá de las obligadas explicitaciones burocráticas en forma del plan de convivencia que se incluye en el reglamento de régimen interno, y que no suele pasar de ser simple papel mojado para cumplir con la Administración.

Es vergonzoso que sea necesario recordar que un centro tiene que garantizar en sus instalaciones, en primer lugar porque está obligado por ley, la seguridad de los alumnos y que debe velar por que las condiciones sean las más adecuadas para llevar a cabo las tareas de enseñanza-aprendizaje. Y es más vergonzoso aún que los padres tengan que comenzar un vía crucis legal y administrativo para algo tan básico como garantizar la seguridad de sus hijos mientras la Administración sigue limitándose a avalar la estrategia de derivar el problema, desentendiéndose del mismo.

Publicado en el diario “La Nueva España”, 09/03/2015. Ver en la edición digital

Salud y libertad…

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