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La verdad sobre los principales ansiolíticos: alprazolam (trankimazin), bromazepam (lexatin) y lorazepam (orfidal) (2ª parte)

“En los sesenta la gente tomaba ácido para hacer el mundo raro. Ahora que el mundo es raro, la gente toma Prozac para hacerlo normal.” (Damon Albarn)

En la primera parte hemos visto cuatro apuntes teóricos básicos, pero como sé que son ustedes unos morbosos irremediables, pasemos al meollo de la cuestión, no sin antes aprovechar la presentación que cierto conde nos expone para presentar la película Creepshow 2 y que bien podemos aprovechar para el caso que nos ocupa, (basta ver este video entre el minuto 4:20 y 4:55, no es necesario que se traguen toda la película).

Y como siempre, recordando que una cosa es el uso de estos fármacos de forma ocasional para reducir la ansiedad puntual de un episodio concreto y otra muy diferente el tratamiento terapéutico para patologías específicas de corte ansioso (ansiedad generalizada, fobias, TOC, etc.) comenzamos con el gráfico de evolución relativa a presión arterial y frecuencia cardiaca, que son las respuestas fisiológicas que podemos medir con equipos de andar por casa, sin recurrir a grandes tecnologías que cuestan un dineral, del que de momento, carezco.

Como pueden ver, la cosa es más o menos estable en la presión diastólica y en el caso del alprazolam también en la sistólica, cosa que no ocurre con el lexatin, que genera una bajada desde el momento de la toma y hasta dos horas después. El orfidal, por el contrario, favorece una subida desde el momento de la toma y también hasta unas dos horas después de la misma, cuando los valores se estabilizan. En este último caso, quizás debería realizar otro experimento evaluando el efecto que leer las habituales chorradas e indecencias de twitter puede llegar a producir en el sistema nervioso. Desde luego en el circulatorio parece que se nota, por lo que tampoco debemos descartar el efecto de la tercera variable.

En todo caso, y fuera de bromas, sí parece haber un efecto paradójico y curioso en el caso de la frecuencia cardiaca con el uso del orfidal, que una hora después de la toma lleva a las 100 pulsaciones y que cuatro horas después del inicio, aún se mantiene en unos niveles altos (103 pulsaciones), sin que ello impida percibir un estado de mayor relajación y reducción de la ansiedad.

Al margen de los datos generales, el primer ansiolítico probado es el trankimazin, cuyo principio activo es el alprazolam, que se vende (con receta, como todas las benzodiacepinas) en dosis de 0,25 mg; 0,5 mg; 1mg y 2 mg (también en gotas orales en solución de 0,75 mg /ml), a un precio que oscila aproximadamente entre 1,5€ (la caja de 30 comprimidos de 0,25 mg) y 8 € (la caja de 50 comprimidos de 2 mg). Realmente, este fármaco ya lo había probado en su dosis de 0,25 mg pues es particularmente efectivo para rebajar la ansiedad las primeras veces que uno tiene que hablar en público (aunque otros prefieren el betabloqueante sumial –propranolol-, que además elimina los temblores) y para dejar de fumar, de lo que no me resisto a comentar algunos aspectos.

Me gustaría comentar que el tabaco es la única droga que no he podido controlar en cuanto a su consumo. Siempre que he iniciado los periodos de fumeteo se ha producido un incremento paulatino de este, de forma que en pocas semanas hago un uso compulsivo del mismo que puede no bajar de cajetilla o cajetilla y media diaria. Ante este hecho, la respuesta lógica es dejarlo, tanto por razones de salud como de coste económico. Y en mi caso, además de la hipnosis, con la que he tenido algunos rápidos y sorprendentes éxitos como terapeuta, más limitados en mí mismo como paciente, un buen mecanismo de eliminación lo ha facilitado el alprazolam. Una dosis de 0,25 mg de alprazolam por la mañana los tres o cuatro días posteriores a la decisión de dejar de fumar, reduce de forma considerable los síntomas más graves del síndrome de abstinencia de la nicotina (que suele durar en su forma más intensa alrededor de una semana), haciéndolo más llevadero y garantizando notables tasas de éxito. Lo de la adicción psicológica, ya es otra historia, pero les invito a probar para ese supuesto otro remedio tan útil como barato: las piruletas, mucho mejor que los vapeadores, que además de ser más caros y tener efectos para la salud aún desconocidos, a mí personalmente me generan importantes dolores de cabeza.

El alprazolam a tal dosis parece por tanto un fármaco bastante útil contra la ansiedad, dado que en mi experiencia rebaja los síntomas físicos y fisiológicos de la ansiedad, sin reducir en absoluto las capacidades cognitivas, lo que permite realizar las actividades que uno tenga que realizar sin ver disminuido su potencial o capacidad de acción.

En este caso los comprimidos no se corresponden con la caja, ya que los comprimidos son de alprazolam genérico, pero no trankimazin

No obstante, dado que ya conocía estos efectos, de cara al experimento utilicé la dosis de 0,5 mg retard (abstengámonos de chistes fáciles sobre si el término se debe a una característica de la sustancia o del sujeto experimental), que es un mecanismo de acción prolongada por el cual una parte de la sustancia se libera inmediatamente tras el consumo, mientras otra parte se va liberando de forma gradual, lo que permite extender los efectos del fármaco y por tanto ampliar el tiempo entre dosis. Este incremento de la dosis he de reconocer que no fue muy acertado por cuanto potenció los efectos considerablemente. Si a los quince minutos se produce cierta relajación con disminución de la tensión muscular, a partir de la media hora, se comienzan a sentir los efectos secundarios y no deseados, como una ligera somnolencia y enlentecimiento en el procesamiento cognitivo especialmente llamativo por las dificultades de concentración que genera y cierto embotamiento perceptivo acompañado de cansancio. A las dos horas, la ligera somnolencia pasa a convertirse en una sensación de letargo y adormecimiento importante (di literalmente cabezadas para no dormirme, aunque esto podría estar influenciado por el cansancio del día en cuestión), con debilidad en las extremidades y una incapacidad para realizar tareas que requieran de un mínimo procesamiento cognitivo. Finalmente, a las cuatro horas, comienza la recuperación de facultades, quedando una leve sensación de enlentecimiento y dificultad de concentración, manteniéndose no obstante la sensación de relajación tanto física como mental, que dura varias horas más.

El segundo fármaco es el lexatín, cuyo principio activo es el bromazepam, que podríamos definir como el gran amante de las mujeres mayores de 40 años a bastante distancia de Harrison Ford. Este se vende en presentaciones de 1,5 mg, 3 mg y 6 mg a un precio precio que puede oscilar entre 1 € (caja de 30 cápsulas de 1,5 mg) y 1,5 € (caja de 20 cápsulas de 6 mg).

Sus efectos comienzan a experimentarse a partir de los 15 minutos o media hora desde la toma, produciendo una leve sudoración así como una sensación de amodorramiento (similar a la de la ingesta de alcohol en una comida copiosa), que evoluciona un tiempo después con la percepción de los efectos indeseados, como pérdida de concentración y de agilidad en el procesamiento cognitivo (distracciones, errores en la escritura, pérdida del hilo en la lectura, etc.). A partir de la primera hora, se da un deterioro en la memoria a corto plazo y un enlentecimiento que dificulta la realización de varias tareas simultáneas y a partir de la segunda, los efectos nocivos van desapareciendo progresivamente, manteniéndose ya solo la sensación de relajación, tanto física como psíquica, que dura unas horas más.

Al igual que el alprazolam (al menos en su dosis de 0,25 mg) y siempre que no existan circunstancias que incrementen la potencia del fármaco, estas sustancias podrían permitir la realización de tareas siempre que estas no requieran un alto nivel de concentración y no conlleven cierto nivel de riesgo. No serían desde luego muy recomendables para conducir o manejar maquinaria, como nos indican hasta la saciedad los prospectos de cientos de medicamentos.

Finalmente, el Orfidal, cuyo principio activo es el lorazepam, se oferta en cajas de 25  y 50 comprimidos de 1 mg, oscilando su precio entre 1,30 € (caja de 25 comprimidos) y 1,80 € (caja de 50 comprimidos).

Sus efectos comienzan entre los quince minutos y la media hora después de su toma, con una ligera sudoración, que se entremezcla con una sensación de confusión y embotamiento perceptivo progresivo. Posteriormente la percepción visual se altera y se da una sensación de desrealización y despersonalización (sensación como de estar en un sueño y de ver el mundo o a uno mismo como extraños a la propia realidad), aspecto curioso dado que ambos estados suelen estar relacionados o ser consecuencia de altos niveles de ansiedad. La relajación muscular es apreciable produciendo cierta torpeza motora y dándose una sedación y analgesia placentera que enlentece las funciones cognitivas e impide la realización de cualquier tarea que requiera un mínimo de procesamiento. A las dos horas, la sensación de “estar colocado” o “grogui” es evidente y puede apreciarse cierta sequedad en la boca; y a las tres horas, simplemente quedan los efectos propios de una relajación profunda que torna en somnolencia, razón por la cual este fármaco es ampliamente utilizado como hipnótico.

Sin embargo, el uso de esta sustancia como hipnótico conlleva un efecto secundario que siempre ha generado cierta polémica. Tradicionalmente, la efectividad de los hipnóticos se medía por su capacidad para inducir el sueño. Sin embargo, muchos de ellos tenían ciertos efectos secundarios, de forma que uno efectivamente se dormía, pero se despertaba a la mañana siguiente con una “resaca” importante después de haber tenido un sueño poco reparador (efecto que puedo corroborar).

Esta situación se ha solventado con los denominados hipnóticos de nueva generación que son mucho más eficaces tanto para inducir el sueño como para que este cumpla su finalidad de descansar cuerpo y mente, permitiendo al sujeto iniciar el día con alegría (como decía cierto anuncio de cuyo nombre no quiero acordarme). Uno de los más comunes sedantes hipnóticos recetados actualmente es el zolpidem, cuyo relato de la experiencia cedo a mi amigo Drogoteca, en esta entrada de su blog.

Teniendo en cuenta lo anterior, no parece que el orfidal tenga mucha utilidad como ansiolítico debido a los efectos secundarios y no deseados que generan ciertas dificultades para realizar tareas complejas durante el día, ni como hipnótico, dado que parecen existir alternativas más adecuadas.

Salud y libertad

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La verdad sobre los principales ansiolíticos: alprazolam (trankimazin), bromazepam (lexatin) y lorazepam (orfidal) (1ª parte)

“Nada es veneno, todo es veneno: la diferencia está en la dosis” (Paracelso)

Con esta entrada me van a permitir que retome el ciclo de entradas “La verdad sobre…”, del cual, como diría Troy McClure, tal vez recuerden otros episodios como “La verdad sobre el tampodka”, “la verdad sobre el metilfenidato” (la famosa pastillita para el TDAH), “la verdad sobre los fármacos para la erección (viagra, levitra y cialis)” o “la verdad sobre el cibersexo”, cuya serie algún día juro terminar. En todo caso, vuelvo a repetir que a pesar de lo categórico del título, ni pretendo sentar cátedra, ni presentar estos datos como dogmas irrefutables sobre los asuntos que tratan, sino simplemente acercar en la medida de lo posible el conocimiento sobre estas temáticas con fines divulgativos, y por qué no decirlo, profundizar desde la experiencia personal en el mismo, lo que creo que me ayuda a mejorar como profesional. Vamos, que ya que uno se molesta en escribir un blog, ¿me permitirán que tire un poco de marketing en los títulos, no?

En esta ocasión, analizaremos tres de los principales ansiolíticos de uso común en España, si bien una primera aclaración que tenemos que realizar es de tipo conceptual. Así, con el término genérico “ansiolíticos” (etimológicamente, destructores de la ansiedad, y también conocidos como tranquilizantes menores) nos referimos al conjunto de fármacos que tienen por efecto disminuir los niveles de activación del organismo, que es la principal característica de la ansiedad.

A este respecto, conviene diferenciar previamente los términos “estrés” y “ansiedad”. La ONU define el estrés como el conjunto de reaccionas fisiológicas que preparan al organismo para la acción, aunque por extensión, los psicólogos se refieran a este como “el mecanismo psicológico que se origina ante una experiencia del organismo frente a la cual éste no tiene una respuesta adecuada, movilizando un mecanismo de emergencia consistente en una activación psicofisiológica que permite recoger más y mejor información, y procesarla e interpretarla más rápida y eficientemente para permitir al organismo dar una respuesta adecuada a la demanda” (Fernández-Abascal, Jiménez y Martín, 2007). Como se ve, esto no es negativo en sí mismo ya que si nos acecha un peligro, parece adecuado que el organismo haga uso de recursos extra que nos permitan enfrentarnos a él. Por eso se habla de un tipo de estrés positivo (eustrés), que es el que nos hace enfrentarnos a un peligro de forma rápida y eficaz, y de un estrés negativo (distrés), que ocurre cuando este mecanismo se activa de forma demasiado intensa o durante más tiempo del necesario frente a una amenaza que no lo requiere.

La ansiedad, por su parte, es el mecanismo de anticipación del estrés. Nuestro cuerpo y nuestra mente, que no siempre son tan estúpidos como parecería a la vista de los comportamientos de algunos, saben que en ocasiones nos vamos a enfrentar a un suceso estresante, y por tanto anticipa esa respuesta para estar preparados y alerta antes de que el hecho suceda.

Dicho de otro modo, si vemos un león enorme y furioso delante de nosotros o a Pilar Rahola vociferando que Cataluña ha sufrido un ataque nuclear por parte de España, nuestro organismo activará recursos extraordinarios para que podamos salir pitando de forma inmediata (estrés), pero si estamos paseando por la sabana donde se pasean este tipo de animales o en un plató de TV3, nuestro organismo también los activará, aunque no los hayamos visto aún, en previsión de que tal suceso pueda ocurrir (ansiedad) y podamos escapar igualmente.

¿Dónde está pues el problema? En que esos mecanismos ansiosos en ocasiones se activan ante hechos que no lo justifican, y se da una respuesta exagerada ante un peligro mínimo o, peor aún, ante un peligro irreal, que solo está en nuestra cabeza. Probablemente sí esté justificado escapar de Rahola, pero no tanto del pobre león si acaba de comer y está “fartuco”.

Las sociedades modernas, especialmente las occidentales, son proclives a la inmediatez y al alarmismo y, por ello, favorecen especialmente que los ciudadanos disparemos nuestros mecanismos de ansiedad, convirtiendo esta patología en un mal endémico del mundo actual. A veces, por el sentido de autoimportancia que nos damos, es difícil asumir que si no hacemos un trabajo en tiempo y forma, el mundo va a seguir a su ritmo y no se va a desatar el apocalipsis, pero les garantizo que así es. Así pues, los denominados ansiolíticos lo que pretenden es reducir este tipo de sobre-excitación injustificada.

Sin embargo, si hablamos más técnicamente de los ansiolíticos, estos suelen pertenecer a un grupo de fármacos denominado benzodiacepinas, un grupo de sustancias que actúan como agonistas (es decir, activadores) de los receptores GABA (en concreto de los receptores GABA-A del ácido gamma-aminobutírico) y que actúan, no solo pero sí especialmente, deprimiendo el sistema límbico (fundamental en la regulación de las emociones y de ciertos instintos primarios). El GABA es un neurotransmisor que tiene un acción inhibitoria, y dependiendo de la subunidad por la cual la bezodiacepina concreta tenga mayor afinidad, generará unos u otros efectos. Así, si tiene mayor afinidad por la subunidad alfa-1, generará sedación, si tiene más afinidad por la subunidad alfa-2 tendrá efectos ansiolíticos, etc (Stahl, S., 2010).

A continuación podemos observar una tabla de diferentes tipos de benzodiacepinas con sus principales usos y dosis que, aunque está un poco desfasada, es bastante intuitiva para hacernos una idea de la multitud de benzodiacepinas existentes y sus usos (Ashton, H., 2002).

La principal ventaja de las benzodiacepinas, además de sus efectos buscados como droga de paz, es que tienen un alto margen de seguridad (recordemos que, aunque hay diferentes formas de cálculo, suele establecerse como el cociente entre la dosis activa media y la dosis letal media), que puede oscilar entre 1/60 y 1/100. Por el contrario, tienen como inconveniente su alto factor de tolerancia y su rapidez para generar dependencia física, que pueden llevar a un peligroso síndrome de abstinencia caracterizado, entre otros, por síntomas como: dolores y calambres abdominales, náuseas y vómitos, sudoración, taquicardia, diarrea e incluso temblor y convulsiones. Además, su uso prolongado puede provocar episodios depresivos, efectos paradójicos de corte ansiógeno y problemas de concentración o en la percepción del tiempo (Escohotado, 2001).

Salud y libertad…

Continua en la 2ª parte.

 

Referencias bibliográficas:

* Escohotado, A. (2001). Historia General de las Drogas. Madrid: Espasa.

*Fernández-Abascal, E., Jiménez Sánchez, M.P. y Martín Díaz, M.D. (2007). Emoción y motivación: la adaptación humana (vol. 2). Madrid: CERASA.

* Stahl, S. (2010). Psicofarmacología Esencial. Barcelona: Planeta.

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Buscando libertad

“Sólo es digno de libertad quien sabe conquistarla cada día”

Dejando al margen partes interminables de entradas pendientes que retomaremos más adelante y experimentos realizados que, como decía Mozart en la genial película Amadeus, ya están en la cabeza y solo resta garabatear, quería relatar de forma breve las reflexiones derivadas de mi último viaje en compañía de mi buena amiga, la viuda blanca.

En este nuevo paseo, navegando por esa especie de registro akásico que ha tenido a bien enseñarme, me mostró los volúmenes que aleccionaban sobre la esencia (y los peligros) de la búsqueda de libertad. Cinco pautas tan simples de entender, como difíciles de aplicar, peligros y consecuencias de puesta en práctica aparte.

La primera pauta que me dio fue potenciar mi curiosidad, buscando información y conocimiento, pero haciendo constar que el mismo no necesariamente (y para nada deseable) debía identificarse con el conocimiento institucionalmente establecido. Más bien me invitó a apostar por una curiosidad infantil que, por encima de dogmas, incluso de los científicos y cientificistas (aunque no cabe otro método), no perdiera de vista el objetivo de conocerse a uno mismo, al ser humano y el entorno. Sin eso, me dijo, ni existe ni puede existir libertad, solo tontos útiles al servicio de las creencias maniqueas.

La segunda fue aceptar que la vida es cambio, que la estabilidad no existe y es una mera ilusión. Y me mostró varias vidas donde en un minuto todo comenzaba y terminaba, se moría o se vivía una vida entera.

La tercera lección me obligaba a flexibilizar el pensamiento. Me invitó a romper los andamios rígidos de lo establecido desde el origen, poniéndolo en duda y sometiéndolo a prueba constante, sin apriorismos y sin presunción de veracidad. Y me mostró el volumen donde Quinto Ennio prevenía: “lejos de mí esos que no saben su camino y pretenden enseñarlo a los demás, esos que prometiendo tesoros te piden monedas”.

La cuarta, exigía superar el miedo al qué dirán. Hizo resonar la cita de Cela cuando señaló: “si te preocupa lo que piensen otros estás perdido” y me recordó cómo las palabras de otros te enseñan más sobre ellos que sobre ti mismo, porque solo son un reflejo de lo que estos harían en nuestro caso, en base a sus principios, valores y deseos sin conocer los nuestros; me despertó del baño de inocencia y de los principios y motivos sociales básicos de seguridad y confianza, para visualizar la perversidad de los consejos basados en intereses ajenos; y evocó aquella fábula de Esopo para mostrar la imposibilidad de un consenso externo.

Y finalmente me invitó a trascender el miedo a la muerte. Si como mencionaba el maestro Antonio Escohotado lo único que conduce indefectiblemente a la muerte es haber nacido, solo cabe aceptarla como un proceso natural, bajo la pena de que “si no recibes a la muerte como tu novia habrás de recibirla como tu verdugo” (Gustavo Timón).

Y después, arropándome, se fue como había venido, dejándome de nuevo en la soledad de un silencio atronador…

Salud y libertad…

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La verdad sobre el cibersexo (4ª parte): canales II

“Amor y deseo son dos cosas diferentes; que no todo lo que se ama se desea, ni todo lo que se desea se ama” (Miguel de Cervantes)

Tras las web, las páginas de relatos y los foros, canales que hemos visto en la tercera parte, podemos encontrar la joya de la corona en el mundo del cibersexo: los chat. La explicación es obvia, es la herramienta que permite bajo una comunicación síncrona y directa una mayor sensación de anonimato, facilitando el contacto directo con otros usuarios para posteriormente, en función del canal y del consenso, compartir el formato de interés: cambiar fotos o videos, escribir relatos compartidos, intercambiar experiencias, buscar contacto real, etc.

Aunque al igual que en los casos anteriores existen diversos servicios, lo más común es acceder a través de la red IRC-Hispano mediante páginas como Kiwi.Chathispano o Chathispano o descargar aplicaciones como mIRC, para una vez dentro de la red, entrar a los diferentes chat o canales específicos.

Aunque podremos entrar directamente en el canal o los canales objeto de interés, en el enlace correspondiente de acceso a salas encontraremos inicialmente el listado de canales generales o por ubicación geográfica (los denominados destacados en la web kiwi).

Solo al final de este listado aparecerán aquellas salas no destacadas, de carácter temático y entre las que como se puede ver en la imagen, que recoge solo algunos ejemplos, el sexo cobra un lugar destacado.

Lo que se puede y no se puede hacer a través de los chat lo comentaremos en el próximo apartado correspondiente a los formatos o tipo de conductas que se pueden realizar mediante la práctica del cibersexo, pero antes de pasar al siguiente canal sí hay un factor que hay que tener en cuenta y que configura todo un submundo dentro de estas salas, el universo de los nicks o seudónimos con los que un usuario se da a conocer.

Y es que, aunque en algunas ocasiones puede resultar simplemente chocante la motivación para seleccionar un seudónimo con el que interactuar en este tipo de encuentros, en otras encierra muchísima más importancia de la que podemos apreciar a simple vista. Veremos por qué.

Dentro del primer caso, tenemos de inicio los nick de los muy profesionales, aquellos que siempre se llevan el trabajo a casa (o a la sala porno de turno). Los muy orgullosos de su ámbito profesional y, quizás, del nivel socioeconómico que les otorga, aspecto que no tienen ningún problema en utilizar para pescar en el vasto océano del erotismo. Por poner algún ejemplo al azar de los conectados en este momento y su canal de disfrute: Médicodescalzo (#mazmorra), Xavimédico (#sexoduro), Médico_simpático_35 (#nudismo), Abogado___ (#Sexo), Abogadodominante (#Sexo), etc. En este ámbito uno puede encontrar sin problema bomberos, policías, profesores, psicólogos, jueces, pescaderos, fontaneros y un sinfín de figuras del ámbito laboral a las que, quien sabe si entre paja y paja, también se les puede colar alguna cuestión sobre dudas profesionales. Aquí ya podemos apreciar que el número de usuarios es mayoritariamente masculino, pero que nadie se engañe, hay buen número de mujeres que tampoco tienen problema en utilizar estas señas de identificación.

A continuación tenemos el ámbito de los buscadores, mucho más precisos que los anteriores y que van directamente a su objeto de interés. La siguiente es solo una muestra tomada al azar del canal #sexo: buscoembarazadabilbao, buscochicapararelato, buscotetona, buscobesa, buscosumisamadrid, buescomujerlactante, buscozorra, luciabuscanegros, mujerbusca, sandrabuscaarabe, sumisabuscamedico, travestibuscapoli, xicabuscaprincipe (que ya hay que tener pocas luces para buscar un príncipe azul en un chat porno), etc.

Otro sector muy solicitado es el de los manifiestamente infieles, que quizás haciendo gala de su limitada disponibilidad o de su teórica afabilidad, ya que al menos han encontrado a otra persona que los soporte, buscan sacar rentabilidad a su estado civil: casadaf3 o casada_vlc (#Fotisporno), casada37 (#lesbianas), casadabis40xmujer (#bisexuales), Anna_casada (#sumision), casadaxchicacadiz (#Les_Maduras), casadoxx (#Fotisporno), casadobix o casadomorboso (#Sexo), casado_4(#bisexuales), casadocaliente (#Bisex_maduros), casado53 (#Gaysm), casadolenceria (#Gayguarros), etc.

También hay quien no deja pasar la oportunidad para rendir homenaje a sus iconos, pudiendo encontrarnos a personajes que van desde Sergio Ramos o Maradona hasta la princesa Leticia, pasando por periodistas como Ana Pastor. Un verdadero elenco de celebridades a las que, supongo, algunos pretenden rendir culto a su manera.

Y por no extendernos demasiado citaremos como último grupo el de los orgullosos familiares: maduramadre46 (#mas_de_40), madrecasada (#general), evamadre (#Les_maduras), madre_separada (#lesbianas), madre_nudista (nudismo), padre_relatos (#cibersexo), padreNudista45 (#nudismo), padre38x (#ChuecaBarcelona), etc

Este último grupo es el que nos interesa, como simple ejemplo pues hay otros muchos, para comentar el segundo caso que mencionábamos  y que demuestra que el nick no es un elemento menor, pudiendo extraerse mucha información de él si se combina con el canal de referencia.

Así, por ejemplo, si vemos a una usuaria denominada Ana_Pastor en el canal #cibersexo buscando relatos, ya podemos imaginarnos cuál será su motivación, de la misma manera que si vemos a un usuario identificándose como padre o madre en un canal como #nudismo podemos inferir también el objeto de su deseo, que podrá ser o bien buscar familias para practicar este estilo de vida, o bien buscar equivalentes con los que contactar para entrar en un mundo infinitamente más sórdido.

A medio camino entre los chat y las redes sociales están las nuevas aplicaciones de geolocalización que permiten poner en contacto a personas dentro de un marco espacial definido. A este respecto, y aunque la variedad es amplia como en los casos anteriores, quizás las más conocidas sean Tinder (en el mundo heterosexual), Grindr (homosexuales y bisexuales) y Wapa (lesbianas).

Su funcionamiento es sencillo. El usuario crea un perfil en el que incluye su foto, nombre, edad y una pequeña descripción, y selecciona el número de kilómetros a la redonda en el cual estaría dispuesto a moverse, empezando a recibir perfiles de posibles parejas. A partir de ahí solo tiene que valorar dicho perfil con un me gusta o no me gusta. Si las dos personas marcan al otro con un me gusta se produce lo que se denomina un match, y en ese momento se abre un chat privado entre ambos para que puedan charlar y conocerse mejor, dejando que fluya el amor (o lo que tenga que fluir).

A este respecto es divertido ver las diferencias existentes entre las aplicaciones mencionadas. Si Tinder es una aplicación en la cual la variedad es mucho mayor, pues hay desde usuarios que buscan amistad, hasta usuarios que buscan pareja, sexo e incluso, prostitución, las aplicaciones de Grindr y Wapa van mucho más al “me(hoyo)” de la cuestión, convirtiendo la pantalla en un auténtico catálogo ganadero donde, los torsos y la falocracia en el primer caso, y las tetas en el segundo, tienen un carácter absolutamente prioritario sobre la belleza interior.

En todo caso y a pesar de la pérdida de encanto que este sistema pueda suponer para aquellos más tradicionales, lo que no se puede negar es que es ante todo práctico. Y de hecho, algunas rupturas dolorosas se han superado gracias a la eficaz y eficiente intervención de estas aplicaciones mediante el principio de “un clavo saca otro clavo”. Claro, que sería hipócrita negar que este procedimiento también ha generado sanguinarios conflictos, como los producidos cuando alguna hacendosa y sufrida esposa ha descubierto que su tarzán particular era un lustroso icono de la sección papis de Grindr.

A continuación, tenemos las redes sociales de contacto sexual, de nuevo con una amplia gama de canales a disposición de los usuarios que buscan satisfacer sus necesidades más primarias. Existen más de 300 redes sociales de búsqueda de contacto sexual también, en ocasiones, centradas en temáticas de búsqueda muy concretas.

Así, podemos citar: Adult Friend Finder, Amigos con Derechos, Amor con Cristo (me declaro absolutamente fan de esta red que promete “verdaderas relaciones evangélicas y citas cristianas”), Badoo, Bakala, Citas Furtivas, Encuentro Adulto, Follamigos, etc.

¿Cuál es el problema de estas redes? Que aunque no todas, mayoritariamente son de pago, por lo que para acceder a la mayoría de los contenidos y servicios de la página hay que poner el huevo, limitando mucho las posibilidades de contacto pese a permitir crear perfiles y algunas formas básicas de interacción.

Tampoco hay que preocuparse mucho por eso. Como ya sabemos no pueden ponerse puertas al campo y mucho menos en Internet, así que visto el problema, creada la solución. Y ya están proliferando páginas como Quiero Conocerte, que son agregadores de perfiles de páginas de contactos. La mecánica es fácil. Dado que a las páginas de contactos les interesa tener usuarios, uno se crea los perfiles en las diferentes web y posteriormente indica en esta página cuáles son sus nicks en las páginas precedentes, pudiendo utilizar para contactar e interaccionar los servicios de esta última que, en este caso, son abiertos y gratuitos.

Y finalmente, como ya mencionamos, tenemos las web de servicio completo, especializadas en todos los campos que puedan ser de utilidad al buscador de cibersexo. Por ejemplo, EroProfile, que permite tanto acceder a contenidos pornográficos como fotografías y videos subidos por los propios usuarios de la red social, como contactar entre sí a través de una búsqueda por perfiles perfectamente categorizada.

Resumiendo, como hemos podido ver, y siguiendo el patrón habitual de internet, dos son las utilidades de todo este tipo de canales, el acceso a contenidos y la facilidad de interacción a través de herramientas de comunicación. ¿Para qué? Eso lo veremos en el siguiente apartado.

 

Salud y libertad…

Aprovecho para incluir un enlace a este cuestionario, que pretende estudiar de forma más científica el uso de este tipo de canales y contenidos, y al que agradecería dedicarais no más de 3 minutos, si no lo habéis cumplimentado ya.

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La verdad sobre el cibersexo (3ª parte): canales I

“Y entonces, habiendo sido privados de la cercanía de un abrazo o de una mesa compartida, nos quedarán los medios de comunicación” (Ernesto Sábato)

Teniendo ya claro por lo expuesto en las partes anteriores que lo que se pretende aquí es describir sin entrar en consideraciones morales, podemos entrar ya a analizar los principales canales que facilitan el cibersexo en sus distintas modalidades, aspecto que comentaremos posteriormente. La oferta en todo caso es de tal calibre que simplemente hablaremos de las características de algunos (todos legales, faltaría más), probablemente los más conocidos o los de uso más común, invitando a aquellos que cojan excesivo gusto a los lugares mencionados a que lean la venidera parte relativa a la adicción, consecuencias negativas y su prevención o intervención.

Comenzaremos pues con las páginas estáticas o de acceso a contenido pornográfico, asumiendo sobre la clasificación que mencionábamos en la segunda parte el contenido predominante, pero entendiendo como adelantábamos que ya no existe tal cosa pues a día de hoy casi todas las páginas integran los múltiples servicios. En este ámbito la cosa no requiere mayor atención, ya que basta con poner en la barra de búsqueda de google términos tan precisos como “videos porno” o “fotos porno” para poder acceder a un sinfín de webs de contenido adulto. Si uno quiere afinar la búsqueda, solo tiene que ser algo más preciso, detallando el fetiche objeto de sus amores para acceder a un universo que sin duda hará las delicias de su lujuria.

No obstante sí destacan algunas páginas muy ordenaditas donde la clasificación por categorías lleva a encontrar más fácilmente la perversión preferida de uno. Entre estas quizás las más conocidas sean dinotube o toroporno (su equivalente para quienes no quieran tener problemas con el idioma), si bien estas no contienen las parafilias más extremas que tienen sus propios canales, sobre los que no nos detendremos.

En segundo lugar, y aunque no las hemos comentado anteriormente de forma específica entre los contenidos estáticos, tenemos las páginas de relatos, que permiten dar rienda suelta a la vena creativa, literaria y, en cierto modo, más perversa del personal, como veremos en el apartado de modalidades.  ¿Por qué? Por algo tan simple como que la literatura sí puede dar cabida a fantasías que de ser explícitas en documentos gráficos o llevadas a la práctica real, tendrían un carácter delictivo. Algo parecido a lo que han hecho esos pervertidillos japoneses con su preocupante gusto por la infantilización del sexo, creando el hentai o las máquinas de buruseras, o con su indescriptible capacidad de fabricar rarezas como el sexo futanari (el equivalente al 2×1 del Carrefour).

Aunque también hay cientos de páginas de este tipo como se puede apreciar en google, donde podremos encontrarlas sin problemas tecleando términos tan rebuscados como “relatos eróticos” o “relatos porno”, quizás la página más conocida en español sea “Todorelatos”, una web donde pueden encontrarse textos clasificados por categorías según el objeto de interés. Y un primer dato importante en nuestro devenir por el mundo de los gustos sexuales nos lo puede aportar el hecho de que de los 10 relatos más valorados en su histórico, 6 pertenecen a la categoría “Amor Filial”, 1 a “Grandes Series”, 1 a “Voyeourismo”, 1 a “Grandes Relatos” y otro a “Sexo con Maduras”. Ello haciendo una búsqueda de andar por casa, sin carácter excesivamente exhaustivo, ¿me van pillando, no?

Por cierto, comentar a este respecto una pequeña anécdota. Cierta vez brujuleando en un chat erótico para satisfacer mi patológica curiosidad (no recuerdo si ese día en concreto quería también satisfacer algún otro aspecto no tan intelectual), una chica muy simpática me pidió que valorara un relato que había escrito y publicado en esa misma página. Tras exponerle que tenía serias dudas entre sí tal texto producía una mayor excitación o un mayor impulso de sacarse los ojos con una cucharilla para helados ante tamaña muestra de desconocimiento gramatical y ortográfico (lo de la duda era por ser cortés, pues era una auténtica certeza), me ofreció ser su negro literario. Sí, sí, a la usanza clásica, es decir, yo escribía los relatos y ella los firmaba. Desgraciadamente no hubo acuerdo, pues el pago de mis servicios se reducía al amor por difundir mi obra (cosa que no me aportaba especial beneficio) o cierto servicios de carácter sexual que, la verdad, no me interesaban lo más mínimo.

En tercer lugar, tenemos los foros, de los cuales quizás el más conocido en la red hispana sea “pajilleros” (que no se diga que el ciberporno está reñido con el marketing). Este es un ejemplo de cómo las páginas de foros han evolucionado hasta integrar todos los servicios que un buen onanista usuario de estas páginas, como bien indica su nombre, puede requerir. Así, aquí tenemos un espacio para los videos porno, otro para las fotos, otro para contactos, otro para relatos, un chat y hasta un acceso a sex-shop (que la pela es la pela, y más aún si podemos aprovecharnos de que el prójimo quiere pelársela). Cada uno de estos grandes apartados, tiene ordenados sus correspondientes hilos temáticos, con su presentación y sus respuestas engarzadas. Todo perfectamente gestionado por un grupo de moderadores que se encargan de ordenar los contenidos, y poner orden cordura cuando algún descerebrado se sale de madre.

No obstante, la cosa no queda aquí y aún existen más canales como veremos en nuestra próxima entrada.

 Salud y libertad…

Aprovecho para incluir un enlace a este cuestionario, que pretende estudiar de forma más científica el uso de este tipo de canales y contenidos, y al que agradecería dedicarais no más de 3 minutos, si no lo habéis cumplimentado ya.

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La verdad sobre el cibersexo (2ª parte): el marco de lo aceptable

“El único egoísmo aceptable es el de procurar que todos estén bien para estar uno mejor” (Jacinto Benavente)

Shibari, para los que tengan paciencia y amor por el arte de los nudos marineros

Entrando en harina, tras las consideraciones más psicológicas de la primera parte acerca de por qué este tema sigue siendo un tema tabú para los meapilas y conlleva una incapacidad para entenderlo en sus manifestaciones más brutales para los buenrollistas habituales, lo primero que conviene analizar es el factor relativo a los canales y formatos que se utilizan en su práctica.

Desde que Internet se instaló en nuestras vidas, este medio se ha constituido como un avance incomparable por el acceso a la información que ha permitido y por su utilidad como facilitador de la comunicación, lo que ha posibilitado que personas de todo signo y condición puedan ponerse en contacto entre sí sin problema. En el tema del sexo, esto ha supuesto una auténtica revolución.

¿Por qué? Por algo tan sencillo como la globalización. Antes de que Internet permitiera un contacto universal y generalizado, aquel que tenía algún gusto sexual llamémosle particular, peculiar o socialmente minoritario, lo vivía en la intimidad, de forma privada, cuando no con sentimientos de culpabilidad que le impelían incluso a reprimirlo (en ocasiones lo conseguía y en otras los desarrollaba en ciertos círculos que no dejaban de ser marginales). Sin embargo, Internet trajo la luz y todo aquel con gustos particulares descubrió no solo que su gusto no era una anormalidad exclusiva producto de su mente enferma, sino que había una legión de seguidores enamorados de la misma temática. Es más, independientemente de la peculiaridad o de la aberración que fuera, no solo había una legión de seguidores con los que poder “normalizarse”, sino que la red les permitía ponerse en contacto para intercambiar material, llevarla a la práctica o, por qué no, retroalimentarla llevándola más allá con ideas más originales.

Así, primero aparecieron las web estáticas donde acceder a los contenidos, después los chat y foros (algunos específicos de temática sexual), posteriormente las redes sociales (algunas también temáticas) y, finalmente, las páginas dinámicas que permitían integrar todos los servicios previos en un único canal distribuidor.

Pero antes de entrar a ver qué canales se utilizan, qué modalidades de cibersexo se practican y qué tipologías o categorías de sexo pueden encontrarse a través suyo, y dado que hemos hablado de conductas sexuales convencionales, peculiares o aberrantes, conviene definir lo que puede entenderse como una conducta sexual aceptable o inaceptable.

Desde el punto de vista psicológico el conjunto de fantasías, deseos o prácticas sexuales, entrarían dentro de la forma de expresión sexual de un individuo, lo que se engloba dentro del concepto de la erótica (hay quien incluye este aspecto en el concepto de sexualidad). Hasta hace relativamente poco tiempo cuando esta forma de expresión sexual era considerada patológica se hablaba de parafilia, si bien desde la aprobación del DSM-V se hace una distinción entre parafilias y trastornos parafílicos.

La parafilia se define por tres factores generales: involucrar en el acto sexual a objetos inanimados o personas no conscientes y/o sin capacidad de consentir el acto sexual (animales, niños, etc.), generar malestar clínicamente significativo o afectar a la vida laboral, social, etc. del sujeto, y por manifestar el comportamiento durante un mínimo de seis meses. Cuando dicha parafilia causa además un deterioro en el individuo o supone un daño personal o riesgo de daño ajeno, es cuando hablamos de trastorno parafílico, lo que requiere una intervención psicológica.

De inicio, el DSM-V incluye los siguientes tipos de parafilias (recordando que deben cumplirse las condiciones anteriores): voyeurismo (observar a personas desnudas o practicando sexo que no son conscientes de estar siendo vistas, lo cual diferencia este caso de la pornografía, por ejemplo), exhibicionismo (exponer los genitales a una persona desprevenida), frotteurismo (tocar o frotarse contra otra persona con fines sexuales sin su consentimiento, muy habitual en el metro y los autobuses urbanos aprovechando la ocasión), masoquismo sexual (excitación sexual a través del hecho de ser humillado, golpeado, atado o sometido a sufrimiento), sadismo sexual (excitación sexual derivada de causar sufrimiento físico o psicológico a otra persona), pedofilia (excitación sexual con niños prepúberes, generalmente con niños menores de 13 años), fetichismo (excitación sexual con objetos inanimados –excluyéndose artículos diseñados con fines específicamente sexuales- o gran interés por partes del cuerpo no genitales), travestismo (excitación sexual por el hecho de travestirse) o trastorno parafílico no especificado (cuando se cumplen las condiciones del trastorno parafílico pero este no se debe a los objetos mencionados en los casos anteriores. Tendríamos aquí por ejemplo la zoofilia, necrofilia, catafilia, belonefilia, etc.).

Todo este rollo psicológico o sanitario se puede resumir en algo que es de puro sentido común, aunque a veces el sentido común sea el menos común de los sentidos: aceptable es cualquier conducta sexual consensuada entre dos adultos en plenas facultades mentales que consienten libremente, lo disfrutan y siempre que no les cause un daño excesivo a ninguno de los dos.

Y aquí conviene hacer dos matices importantes. El primero que libremente es libremente, lo que invalida la presión, la coacción y no digamos ya la amenaza o el uso de la fuerza. Es obvio que no habría ni que mencionarlo, pero desgraciadamente todavía hay un buen número de miserables que no entienden el no, o de más miserables aún que saben perfectamente cómo manipular a sus parejas para satisfacer sus más oscuras inclinaciones, aunque sean perfectamente conscientes de que no las disfrutan o que les causan un daño irreparable, lo que por cierto, no deja de ser otra forma de violación.

El segundo es el matiz del daño “excesivo”. ¿Por qué es importante? Porque siempre hay algunos que gustan de llevarlo todo más allá y podemos encontrarnos casos como los de canibalismo que han proliferado últimamente en Alemania y que, independientemente de su carácter consensuado y aceptando el improbable caso de que no incluyan un trastorno mental, no son aceptables por sus mortíferas consecuencias, independientemente de la grata (o ingrata) experiencia gastronómica y culi-naria que generen.

Apeluchado pero con disciplina

 

 Salud y libertad

Aprovecho para incluir un enlace a este cuestionario, que pretende estudiar de forma más científica el uso de este tipo de canales y contenidos, y al que agradecería dedicarais no más de 3 minutos, si no lo habéis cumplimentado ya.

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La verdad sobre el cibersexo (1ª parte): Introducción

“El sexo sólo es sucio si se hace bien” (Woody Allen)

Con las entradas de blog pasa a veces como con los trinos de twitter, uno escribe algo profundo pensando que lo va a petar, algo a lo que el autor concede un valor incalculable por su afán didáctico y reflexivo, y el resultado es la más absoluta indiferencia por parte de los lectores. Sin embargo, posteriormente uno describe cómo se mete un algodón impregnado con vodka por el orto o en qué ángulo te potencia la Viagra, y el personal enloquece.

La moraleja es que el saber y el pensar aburren, mientras que el morbo vende. Así que, dado que mis estadísticas de acceso demuestran que sois unos morbosos sin redención, vamos a entrar de lleno en el mundo más morboso que hay dentro de las caretas sociales: el del sexo (hoy en día inentendible sin su correlato virtual, el cibersexo).

Como decía Oscar Wilde y ya hemos citado hasta la náusea por estos lares: “el hombre es menos sincero cuando habla por cuenta propia, dadle una máscara y os dirá la verdad”. Y como también hemos señalado, no hay mayor máscara que la que proporciona Internet, pues aunque el anonimato que facilita no es real, sí es lo suficientemente engañoso como para que la persona que está bajo su “dominio” así lo perciba y, por tanto, se comporte como si lo fuera.

A este respecto mueve bastante a hilaridad el comentario de quienes dicen que Internet no es el mundo real y que el personal confunde lo que existe con lo ficticio. Decía un viejo meme que si te metes en un chat de gatos, comportándote como un gato y queriendo relacionarte gatos, a lo mejor es porque tú eres un gato, quieres serlo o tienes intereses de gatos, por mucho que tengas apariencia de perro.

Es algo parecido a lo que podemos ver a diario los psicólogos, acostumbrados a observar la imagen social de ciertos sujetos interaccionando en un teatrillo perfecto donde todo es fachada y atrezzo, y donde las parejas pasean felices por la calle cogidas del hombro entre sonrisa y sonrisa, antes de quedar horrorizados por la crudeza de  la verdadera vida íntima que se esconde tras las bambalinas, y que te cuentan en consulta.

También recuerda en ocasiones a esos noticiarios truculentos donde la vecina sale a exponer sus primeras impresiones sobre el pederasta que acaban de detener en el piso de arriba y comenta aquello tan manido de: “pues era un vecino excepcional, quién iba a pensarlo con lo alegre que era y siempre saludando a todo el mundo”. Pues normal, señora, el problema de los monstruos es que no llevan tatuado en la cara la palabra “psicópata” o “pederasta”, más bien al contrario, les interesa pasar desapercibidos al ser conscientes de las barbaridades que cometen y de las consecuencias que puede tener ser descubiertos. Dicho de otro modo, el lugar más seguro para resguardarse de un grupo terrorista, es el bloque de edificios contiguo al suyo (y por aquello de que el suyo igual vuela en pedazos si yerran con el bombazo que están preparando).

Finalmente, y antes de comenzar a analizar la realidad que se esconde tras la pantalla, hay que considerar otro factor psicológico importante como es la negación (incluso la racionalización que en ocasiones se utiliza para justificar una negación), mecanismo de defensa que opera de forma generalizada cuando una motivación social básica, la de confianza, se ve alterada.

La motivación social básica de confianza es aquella que impele al ser humano a creer que vive en un lugar relativamente seguro donde su integridad física y psicológica no se ven alteradas. Este principio tiene su sentido, ya que en caso contrario la activación que generaría saberse permanente en peligro conllevaría un estado de ansiedad y miedo poco adaptativos que dificultarían mucho poder seguir adelante. El problema es que para mantener este tipo de principios básicos, a veces nuestra mente utiliza mecanismos de defensa como los señalados, ejemplo de lo mal diseñado que está en ocasiones nuestro software cognitivo.

Y claro, aplicándolo al caso que nos ocupa, esto se traduce en que será mucho más socorrido achacar antes las perversiones de un engendro a que Manolín es un perturbado mental (como los terroristas, hoy trastornados víctimas del capitalismo y la marginación social en lugar de hijos de puta a secas), que a pensar que nuestro médico, el profesor de nuestro hijo, nuestro fontanero, nuestro peluquero o el tío que nos vende la carne pueden disfrutar practicando según qué aberraciones o tener determinados impulsos, ejecutándolos en mayor o menor grado a la par que consiguen mantener, al menos durante un tiempo, una imagen de normalidad e incluso de afabilidad.

 

Salud y libertad…

[Continuará]

Aprovecho para solitaros colaboración cubriendo este cuestionario totalmente anónimo, que pretende estudiar de forma más científica el uso de este tipo de canales y contenidos, y no tardaréis más de 3 minutos en cubrir. Muchas gracias.

 

 

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