Por qué desprecio el Día de la Paz

“No puedes separar la paz de la libertad, porque nadie puede estar en paz, a no ser que tenga su libertad”

Hoy es día 30 de enero y se conmemora el Día de la Paz en los centros escolares,  los cuales celebran con gran autocomplacencia su promoción de la cultura de la no violencia y de la paz. Este por supuesto, es distinto del Día de la Paz (a secas) que se celebra el 21 de Septiembre, que para fardar de superioridad moral simplona a base de slogan, siempre es mejor pillar la oferta del 2×1.

La idea es preciosa y enternecedora, o mejor dicho, lo sería, si uno no fuera un viejo zorro que  conoce perfectamente las interioridades que se ocultan bajo las fachadas éticas de algunos centros y de los más vociferantes místicos con complejo de John Lennon (cuya faceta real dista mucho de su imagen).

El caso es que a cuenta de la fecha, he recordado dos anécdotas curiosas de mi adolescencia.

La primera de ellas ocurrió en una celebración del día de la Paz, no recuerdo de cuál de los dos o si en aquella época había tres o seis, cuando los jerifaltes del colegio quisieron celebrar el día en cuestión haciéndonos seguir otra moda aún más absurda e insustancial que la de los Días de… la de los lacitos (ya se sabe que las modas son cíclicas). Total, que convocaron a todos los alumnos, alumnas, alumnes y almartes, a hacer una manifestación silenciosa con un lacito blanco en señal de la ansiada paz. Yo ya llevaba un par de días haciendo objeciones: que si los terroristas se cachondeaban de los lacitos (ETA estaba en pleno apogeo), que lo que hay que hacer es callar menos e incrementar las penas, etc. percibiendo un evidente malestar hacia mis comentarios. Así que el día de marras fueron directos a pasar revista encontrándose con mi despiste (se me había olvidado en casa), y con alguna alegación como que suponía que la participación en el show era voluntaria. La respuesta que recibí fue que lo fuera a buscar a casa y así me fumé un día más de expulsión a cuenta del asunto. Por cierto, cuánta beligerancia para tan pacífico día, aunque poco sorprendente si tenemos en cuenta que años después me enteré que el mismo colegio había organizado para sus alumnos mayores un periodo de voluntariado que, por supuesto, era impuesto con carácter obligatorio (paradojas).

El segundo momento, del que no cabe frivolizar, fue desgraciadamente más duro y quienes lo vivimos seguimos recordándolo con espanto, teniendo además que soportar las imbecilidades de los niñatos que van sentando cátedra desde su absoluta ignorancia. Habían secuestrado a Miguel Ángel Blanco y volvíamos de un campo de trabajo o alguna actividad por el estilo. El tema se comentaba por todos lados y recuerdo que el cura me dijo en el autobús: no lo matarán porque supondría una reacción social salvaje de rechazo que políticamente bla, bla, bla… Mi respuesta fue: yo creo que sí lo van a hacer porque son terroristas, y porque antes del rechazo, que se la sopla, no van a dar una imagen de debilidad y sometimiento a la presión social. A mitad del viaje en autobús, la radio dio la noticia del desenlace que todos conocemos. Ese día descubrí dos cosas: que hay gente que toma como patrón para analizar su realidad el criterio de sus propios deseos y que la paz por la paz, carece de valor. Alguien lo definió posteriormente como la paz del cementerio. Y es que la paz no tiene utilidad alguna si no va acompañada de libertad, aspecto que se puede aplicar al terrorismo o a la política, valga en algunos casos la redundancia, y que en ocasiones debe ser impuesta por la fuerza (si vis pacem para bellum).

En definitiva, que estas dos anécdotas me han hecho reflexionar sobre lo peligroso de inculcar en los estudiantes una cultura de la paz basada en el diálogo a toda costa, en presuponer de forma general al otro interlocutor buenas intenciones o en renunciar a los principios democráticos o de libertad más elementales en beneficio de dicha paz. En definitiva, en promover, no la paz, sino una paz, la paz del cementerio.

Salud y libertad…

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Archivado bajo Educar, General, Política

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