La verdad sobre el cibersexo (2ª parte): el marco de lo aceptable

“El único egoísmo aceptable es el de procurar que todos estén bien para estar uno mejor” (Jacinto Benavente)

Shibari, para los que tengan paciencia y amor por el arte de los nudos marineros

Entrando en harina, tras las consideraciones más psicológicas de la primera parte acerca de por qué este tema sigue siendo un tema tabú para los meapilas y conlleva una incapacidad para entenderlo en sus manifestaciones más brutales para los buenrollistas habituales, lo primero que conviene analizar es el factor relativo a los canales y formatos que se utilizan en su práctica.

Desde que Internet se instaló en nuestras vidas, este medio se ha constituido como un avance incomparable por el acceso a la información que ha permitido y por su utilidad como facilitador de la comunicación, lo que ha posibilitado que personas de todo signo y condición puedan ponerse en contacto entre sí sin problema. En el tema del sexo, esto ha supuesto una auténtica revolución.

¿Por qué? Por algo tan sencillo como la globalización. Antes de que Internet permitiera un contacto universal y generalizado, aquel que tenía algún gusto sexual llamémosle particular, peculiar o socialmente minoritario, lo vivía en la intimidad, de forma privada, cuando no con sentimientos de culpabilidad que le impelían incluso a reprimirlo (en ocasiones lo conseguía y en otras los desarrollaba en ciertos círculos que no dejaban de ser marginales). Sin embargo, Internet trajo la luz y todo aquel con gustos particulares descubrió no solo que su gusto no era una anormalidad exclusiva producto de su mente enferma, sino que había una legión de seguidores enamorados de la misma temática. Es más, independientemente de la peculiaridad o de la aberración que fuera, no solo había una legión de seguidores con los que poder “normalizarse”, sino que la red les permitía ponerse en contacto para intercambiar material, llevarla a la práctica o, por qué no, retroalimentarla llevándola más allá con ideas más originales.

Así, primero aparecieron las web estáticas donde acceder a los contenidos, después los chat y foros (algunos específicos de temática sexual), posteriormente las redes sociales (algunas también temáticas) y, finalmente, las páginas dinámicas que permitían integrar todos los servicios previos en un único canal distribuidor.

Pero antes de entrar a ver qué canales se utilizan, qué modalidades de cibersexo se practican y qué tipologías o categorías de sexo pueden encontrarse a través suyo, y dado que hemos hablado de conductas sexuales convencionales, peculiares o aberrantes, conviene definir lo que puede entenderse como una conducta sexual aceptable o inaceptable.

Desde el punto de vista psicológico el conjunto de fantasías, deseos o prácticas sexuales, entrarían dentro de la forma de expresión sexual de un individuo, lo que se engloba dentro del concepto de la erótica (hay quien incluye este aspecto en el concepto de sexualidad). Hasta hace relativamente poco tiempo cuando esta forma de expresión sexual era considerada patológica se hablaba de parafilia, si bien desde la aprobación del DSM-V se hace una distinción entre parafilias y trastornos parafílicos.

La parafilia se define por tres factores generales: involucrar en el acto sexual a objetos inanimados o personas no conscientes y/o sin capacidad de consentir el acto sexual (animales, niños, etc.), generar malestar clínicamente significativo o afectar a la vida laboral, social, etc. del sujeto, y por manifestar el comportamiento durante un mínimo de seis meses. Cuando dicha parafilia causa además un deterioro en el individuo o supone un daño personal o riesgo de daño ajeno, es cuando hablamos de trastorno parafílico, lo que requiere una intervención psicológica.

De inicio, el DSM-V incluye los siguientes tipos de parafilias (recordando que deben cumplirse las condiciones anteriores): voyeurismo (observar a personas desnudas o practicando sexo que no son conscientes de estar siendo vistas, lo cual diferencia este caso de la pornografía, por ejemplo), exhibicionismo (exponer los genitales a una persona desprevenida), frotteurismo (tocar o frotarse contra otra persona con fines sexuales sin su consentimiento, muy habitual en el metro y los autobuses urbanos aprovechando la ocasión), masoquismo sexual (excitación sexual a través del hecho de ser humillado, golpeado, atado o sometido a sufrimiento), sadismo sexual (excitación sexual derivada de causar sufrimiento físico o psicológico a otra persona), pedofilia (excitación sexual con niños prepúberes, generalmente con niños menores de 13 años), fetichismo (excitación sexual con objetos inanimados –excluyéndose artículos diseñados con fines específicamente sexuales- o gran interés por partes del cuerpo no genitales), travestismo (excitación sexual por el hecho de travestirse) o trastorno parafílico no especificado (cuando se cumplen las condiciones del trastorno parafílico pero este no se debe a los objetos mencionados en los casos anteriores. Tendríamos aquí por ejemplo la zoofilia, necrofilia, catafilia, belonefilia, etc.).

Todo este rollo psicológico o sanitario se puede resumir en algo que es de puro sentido común, aunque a veces el sentido común sea el menos común de los sentidos: aceptable es cualquier conducta sexual consensuada entre dos adultos en plenas facultades mentales que consienten libremente, lo disfrutan y siempre que no les cause un daño excesivo a ninguno de los dos.

Y aquí conviene hacer dos matices importantes. El primero que libremente es libremente, lo que invalida la presión, la coacción y no digamos ya la amenaza o el uso de la fuerza. Es obvio que no habría ni que mencionarlo, pero desgraciadamente todavía hay un buen número de miserables que no entienden el no, o de más miserables aún que saben perfectamente cómo manipular a sus parejas para satisfacer sus más oscuras inclinaciones, aunque sean perfectamente conscientes de que no las disfrutan o que les causan un daño irreparable, lo que por cierto, no deja de ser otra forma de violación.

El segundo es el matiz del daño “excesivo”. ¿Por qué es importante? Porque siempre hay algunos que gustan de llevarlo todo más allá y podemos encontrarnos casos como los de canibalismo que han proliferado últimamente en Alemania y que, independientemente de su carácter consensuado y aceptando el improbable caso de que no incluyan un trastorno mental, no son aceptables por sus mortíferas consecuencias, independientemente de la grata (o ingrata) experiencia gastronómica y culi-naria que generen.

Apeluchado pero con disciplina

 

 Salud y libertad

Aprovecho para incluir un enlace a este cuestionario, que pretende estudiar de forma más científica el uso de este tipo de canales y contenidos, y al que agradecería dedicarais no más de 3 minutos, si no lo habéis cumplimentado ya.

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1 comentario

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