Entendiendo la transexualidad (2ª parte)

“En un bosque se bifurcaron dos caminos, y yo… Yo tomé el menos transitado. Esto marcó toda la diferencia” (Robert Frost)

El segundo aspecto que conviene señalar es el referido a las causas y manifestaciones de la propia condición de transexual, pero dejando claro que hablaremos de estos puntos como una aportación con afán didáctico y no desde luego como una justificación ante las tonterías varias que expelen ciertos grupos homófobos.

Entre este tipo de grupúsculos es generalizada la idea de plantear la transexualidad como una decisión libre o incluso como un capricho, lo cual ya es estúpido per se desde su base. ¿Quién en su sano juicio se metería  en un procedimiento tan física y psicológicamente duro y costoso, con implicaciones biopsicosociales tan graves y cuyo desenlace social, desgraciadamente, solo te va a llevar a la incomprensión o la discriminación? Es obvio que nadie. Hay que estar muy seguro de lo que se va a hacer y tener una fortaleza física y mental a prueba de bombas para meterse en semejante jardín.

Las hipótesis más actuales sobre por qué se produce la transexualidad son las relacionadas con las descargas de testosterona en el período perinatal. La testosterona tiene efectos masculinizantes en el embrión e interviene en la formación de los órganos sexuales internos y externos. Ahora bien, entre el cuarto y el séptimo mes de embarazo existen ciertas descargas de testosterona relacionadas con el desarrollo del sistema nervioso central y su dimorfismo sexual.

Desde esta perspectiva, la transexualidad se explicaría por la acción o inacción de las hormonas en dicho sistema nervioso central, cuando estas ya han configurado la biología sexual del embrión. Imaginemos, por ejemplo, que se han producido las descargas de testosterona que han configurado unos órganos sexuales masculinos pero que no se produce la descarga prevista a la hora de configurar el sistema nervioso central. El resultado sería un cerebro femenino en un cuerpo masculino, lo que, por cierto, se parece sospechosamente a la cita tradicionalmente escuchada a personas en esta situación, que decían aquello de: “soy una mujer atrapada en un cuerpo de hombre” (y viceversa).

En este punto también es obligado mencionar las denominadas situaciones de indefinición sexual, que anulan de raíz el argumento de la identificación del sexo en función de la carga genética. Así, por ejemplo,  tenemos a personas con el síndrome de insensibilidad a los andrógenos (genotipo XY y cuerpo femenino), con el síndrome del conducto mülleriano persistente (genotipo XY y genitales externos masculinos, pero con genitales internos mixtos, tantos masculinos como femeninos), con el síndrome de Turner (genotipo X0. ¿A estos qué los consideramos según esta categorización genética: hombres, mujeres, tocadiscos?), etc…

Resumiendo, que apreciando la complejidad del fenómeno ya podemos ver que la identidad sexual no es algo que pueda reducirse a algo tan simple como tener un determinado genotipo o tener o dejar de tener colita.

Finalmente y en tercer lugar, otro aspecto que ha generado polémica es el relativo a las campañas de difusión. Primero, la campaña: “hay niñas con pene y niños con vulva” y, posteriormente, su contraréplica: “los niños tienen pene, las niñas tienen vulva”.

Y aquí ha venido otro gran problema, uno que ha sido creado artificialmente en función de intereses de lobbies de ambos lados y en el que ha pesado muy poco pensar en el interés de los transexuales en general y de los niños con esta condición en particular.

Para entender este problema puede ser útil conocer la teoría lingüística de los prototipos. El lenguaje es una construcción categorial que se rige por un principio básico como es dar la máxima información con el mínimo coste (en este caso de palabras). En esta concepción las categorías son clases heterogéneas y no discretas, en las cuales habría algunos miembros más representativos de la categoría que otros. Por ejemplo, dentro del prototipo de mediocre, Pedro Sánchez o ZP serían ejemplos con máximo nivel de representatividad, mientras que Felipe González lo sería algo menos y Borrell no lo sería en absoluto. O dentro del prototipo de inútil, Rajoy sería un elemento con alto nivel de representatividad, mientras que Soraya, que es más lista que el hambre, no encajaría de momento en esta categoría.  Estos miembros más representativos de una categoría son pues los prototipos

Por otro lado, también existen niveles en el lenguaje en función de la generalidad y especificidad de la información que queremos transmitir. Por ejemplo, un nivel supraordenado que aporta información sobre una categoría general (fruta), un nivel ordenado que aporta una información más específica sobre aquello a los que nos referimos (manzana) y un nivel subordinado que establece un mayor nivel de concreción (golden). Vemos por tanto que podemos hacer referencia a un mismo concepto utilizando los tres niveles: una manzana golden es efectivamente una fruta, una manzana y del tipo golden, pudiendo utilizar cada concepto en función del grado de concreción que queramos darle a la información que nos interesa transmitir.

Funcionando así el lenguaje es pues absurdo pretender que un concepto pueda recoger todo el abanico de posibilidades específicas que lo definan. Más bien al contrario, utilizaremos un concepto genérico, teniendo en cuenta que cada elemento formará parte del mismo por compartir unas características semejantes, pero también asumiendo que posee unas características concretas que lo diferencian de los demás.

Así, en base a esos prototipos, los niños tienen una serie de rasgos, entre ellos algunos de carácter biológico, y las niñas otras. Pretender invertir estas características es desde el punto de vista lingüístico una estupidez y desde el punto de vista social una inutilidad, porque ni la sociedad tiene interés alguno en conocer la verdad sobre cómo funciona el lenguaje ni, en la mayoría de los casos, saber qué define a los niños transexuales, pues vivimos en una sociedad que mayormente, y al margen de imposturas, se preocupa de su propio culo y se rige por conocimientos superficiales que buscan solo contrastar el conocimiento previo, incluido sus prejuicios, sin mucho esfuerzo.

Así que lo que ha hecho la primera campaña pretendiendo acudir a una diferenciación tan específica, aun pudiendo ser cierta, es hacer un flaco favor a la causa, favoreciendo por el contrario una contra-campaña interesada en difundir ideas homófobas, a la que jamás se le habría dado la difusión que se le dio de no ser por ello.

Y es que, en efecto, hoy hay una cierta tendencia a querer que el lenguaje abarque la individualidad de cada uno cuando precisamente está construido para abarcar aspectos generales. Más hoy en día, cuando hay un estúpido complejo antihegemónico, en el que parece que si uno no se es miembro de una minoría, es directamente un cabrón fascista, aspecto que hay que agradecer a políticos mediocres e inútiles (ver prototipos) y a buenrollistas en general de intelecto muy limitado.

Salud y libertad…

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3 comentarios

Archivado bajo Psicología

3 Respuestas a “Entendiendo la transexualidad (2ª parte)

  1. Pingback: Entendiendo la transexualidad (1ª parte) | cancerverus

  2. anónimo

    Un hombre quiere ser una mujer. Una mujer quiere ser un hombre. Mi reacción ¿es esto un problema? Problema es morirse lentamente de cáncer entre terribles dolores, unidos a una gran insatisfacción biográfica, con infancia trágica incluida, matrimonio desastroso, enfermedad mental abundante y de ida y vuelta, con miedo y asco por todo y por todos. Eso y la lentitud de los tratamientos médicos, especialmente lentos cuando los médicos no piensan que vayan resultar útiles. Por no hablar del hecho de que hay gente que no quiere tomar opiáceos porque le han metido miedo con tantos años de campaña contra las drogas. Lo que se dice hacer una pan y que salgan unas hostias. Enhorabuena, oh próceres del mundo desarrollado.
    Pero volvamos al problema problemático de los felices desdichados que todavía no han visto a la muerte de cerca.
    ¿Cómo reacciona la parte bienpensante de la sociedad? ¡Declarando que no existen ni hombre ni mujeres, sino que la realidad es completamente arbitraria! Esto tiene su gracia, porque las mujeres que quieren ser hombres tienen bien clara la diferencia entre los sexos y saben que a ellas no les corresponde el suyo sino el otro. Decir que esas diferencias no existen solo complica las cosas. Pero es lo que tiene ser bienpensante, es decir, un rompetechos.
    ¿Y cómo responde la parte no bienpensante de la sociedad? No lo sabemos, porque no es un grupo homogéneo. Mas podemos encontrar opiniones de todo tipo: la ley debería prohibir el travestismo y las cirugías de cambio de sexo; habría que meter a los transexuales en un manicomio; la culpa es del capitalismo y la contaminación que produce, la cual afecta al funcionamiento glandular de los animales; la culpa es de la pedagogía progre de mayo del sesenta y ocho, porque ha destruido por completo la civilización occidental; no existe el transexualismo porque toda la realidad es una simulación de ordenador, gobernada por las sádicas intenciones del grupo de alienígenas, cuyo único propósito es entretenerse (algunas personas piensan, las pobres, que esta última chorrada es propia del siglo XX y de filósofos materialistas como Putnam, pero en realidad viene de Descartes, quizás sea anterior a él). Y otras muchas gansadas más.
    Ahora soltaré mi gansada personal, que como despojo humano que soy tengo derecho a expresar.
    Hay poco que entender aquí. Hay gente para la que la búsqueda del placer sexual (no solo genital) es lo más importante. Algunos de estos tienen muy claro qué tipo de atención quieren atraer. Y deciden transformar su aspecto y su lenguaje para atraer (y alejar) a sus objetivos sexuales. Lo cual forma parte de la evolución sexual del individuo, un pequeño detalle que se suele olvidar. Pero en el proceso se topan con la Iglesia, es decir, con la Sociedad y sus Normas contradictorias e inhumanas. Y sufren. Como sufre cualquier otro humano que busque satisfacer una necesidad (de cualquier tipo) y se encuentre con oposición. Da igual que la oposición provenga de personas o de la propia madre naturaleza: la dificultad nos angustia a todos. Unos se crecen ante la adversidad. Otros son pasto de psicólogos, que suelen dejarlos todavía más heridos que cuando los encontraron. La transexualidad, sus virtudes y sus adversidades, no es más que la enésima variación del tema de la angustia existencial humana. ¡Pensamos demasiado, especialmente los bobos!
    Para mí, aquí no hay mucho problema. O no debería haberlo, si los humanos nos respetásemos más de lo que solemos hacerlo. Pero si hay algún problema, es recomendable no politizarlo. Dejar a la gente en paz. A su aire. Que salga el Sol por donde quiera. Ya sé que esta idea es aberrante y sobrecogedora para mucha gente que tiene ese irresitible impulso de salvar el mundo cueste lo que cueste, por más que el mundo no haya pedido ayuda en ningún momento. A mí me resulta acojonante que a estas alturas todavía sigamos con este peligroso juego de socializar problemas personales y elevarlos a la categoría de “problema social”, lo cual asegura que nunca serán resueltos y solo aumentará el sufrimiento. Show must go on…

    • Interesante reflexión:

      No coincido en una cosa, creo que confunde la identidad sexual con la orientación sexual. Son cosas distintas y a veces no relacionadas.
      En lo otro coincido. Como decía el sabio, los problemas empiezan cuando uno deja de preocuparse de sus problemas para empezar a preocuparse de lo que tienen que hacer los demás. No obstante, la psicología entra precisamente por petición cuando uno no sabe preocuparse de sus propios problemas y pide que le echen un cable para superarlos. Un saludo.

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