Explicando el Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) (5ªparte y final)

“La huella de un sueño no es menos real que la de una pisada” (George Duby)

Si ya hemos visto más o menos cómo funciona el TOC, pasaremos a continuación a exponer una serie de estrategias que pueden ser útiles para controlarlo. Pero antes de ello comentaremos dos situaciones relevantes que deberíamos considerar.

La primera es la que afecta a los familiares y personas del entorno del sujeto que padece TOC, ya que no es fácil convivir con una persona que tiene este trastorno. En ocasiones es muy complicado pues uno mismo puede ser el objeto de la obsesión del paciente. Imagínese que es la pareja de alguien que desarrolla una obsesión por celos. La película mental que puede haber desarrollado en su cabeza el afectado es de campeonato y si además tiene poca conciencia de su enfermedad, de poco servirán las explicaciones racionales que se le den. Si al menos tuviera conciencia de enfermedad, se podría apelar a explicaciones racionales, aunque esto tampoco solucionaría el problema, pues ante todo la afectación operaría a través de la vertiente emocional. En otras ocasiones lo difícil es adaptarse a las obsesiones de otros, si ya es complicado vivir con obsesiones propias, imagínese teniendo que lidiar con las ajenas. De nuevo la poca o suficiente conciencia de enfermedad puede aliviar o agravar el problema. Por tanto, no estaría de más que las personas del entorno también recibieran asistencia psicológica para saber lidiar con las obsesiones. De hecho, su actuación como co-terapeutas puede ser muy beneficiosa para el afectado.

La segunda es la referida a la manifestación del TOC en la infancia. Ya comentamos que es muy complicado tratar el TOC en esta edad, porque es más difícil hacer entender la irrealidad de las obsesiones a los niños (que aún no manejan bien el concepto de probabilidad de un suceso) a lo que hay que añadir que la gestión del pensamiento, la conducta y la emoción es más complicada. Además, al ser conscientes de que lo que piensan es extraño y suponer que no será entendido, son muy reacios a expresar sus verdaderos pensamientos, por lo que solo podremos observar conductas de ansiedad, irritabilidad o tristeza que fácilmente se pueden confundir con otros trastornos (como el TDAH). Lo realmente importante para los padres es que sepan diferenciar entre cuándo se encuentran ante una conducta caprichosa y cuándo se encuentran ante una obsesión. Y esto no es fácil. Las obsesiones de los niños pueden ir desde miedo a los monstruos nocturnos, a los ataques alienígenas o la clásica muerte de los padres en un suceso catastrófico, hasta la necesidad de proteger la habitación con papeles pegados en las paredes para evitar un incidente nuclear, todo ello pasando por tantas casuísticas como nos vengan a la cabeza (y muchas más inimaginables). La única estrategia posible es hablar con los chavales, crear un clima de comunicación adecuado y poco a poco ir perfeccionando la técnica para que se sientan libres de revelar sus pensamientos. La pregunta clave es, ¿por qué es tan importante que eso sea así? ¿Qué pasaría si esto no se hace de tal forma? ¿Qué consecuencias habría? No juzgarles, solo entenderles y ayudarles a gestionar el afrontamiento y la irrealidad de sus pensamientos.

De hecho, ya vemos que en la base del TOC lo que hay es una necesidad de control, de intentar dominar todas las variables para saber siempre qué es lo que podemos esperar, porque si algo lleva mal nuestro procesador humano es tener que lidiar con el azar y la incertidumbre. Así, no es extraño que el perfeccionismo y la rigidez sean las dos características principales de las personas obsesivas, a quienes romper hábitos, rutinas o su modo de hacer las cosas, les puede resultar una dura tarea. Intentar romper esa rigidez en los esquemas de una persona con TOC puede ser una de las acciones más heroicas de su entorno y desde luego generará no pocos conflictos.

¿Y cómo podemos intervenir ante la aparición de obsesiones? Estas son las estrategias principales.

La primera intervención debe ir dirigida lógicamente a que el paciente acepte el problema. No hay que avergonzarse de tener TOC como no hay que avergonzarse de tener una gripe. No se puede arreglar lo que no se sabe que está estropeado y por tanto, uno debe ser honesto consigo mismo cuando aprecia que algo no funciona bien. Las personas del entorno también pueden animar a alguien que tiene ciertos comportamientos de los vistos a que consulte con un especialista. El fomento de la expresión emocional derivada de las dificultades que se han vivido y el dolor existente, constituyen ya una primera intervención terapéutica de primer nivel.

En los casos más graves, se puede requerir tratamiento farmacológico, que siempre bajo prescripción y seguimiento médico, suele consistir en antidepresivos, la mayor parte de las veces con dosis superiores a las recetadas en el caso de los trastornos depresivos. También se pueden complementar con ansiolíticos, ya que como hemos visto la ansiedad incrementa la presencia e intensidad de las obsesiones (y a veces puede ser un verdadero alivio tener una ayuda química para detener el funcionamiento de la mente).

Un ejercicio simple para evitar entrar en el bucle de la obsesión que se produce cuando uno empieza a rumiar pensamientos o a “montarse la película” en función de una idea obsesiva, es el de detención del pensamiento. Seguramente habrá visto a más de una persona con una gomita en la muñeca de esas que las niñas utilizan para sujetar las coletas. La idea es que cuando comienza la idea obsesiva, la persona tire del elástico soltándolo a la vez que piensa o dice la palabra alto. El objetivo de esta técnica es hacer consciente que se está entrando en una obsesión y detenerla antes de que se empiece a desarrollar, lo que focalizaría la atención aun más en la obsesión siendo más complicado detenerla. Si no quieres dejarte llevar por la curiosidad de saber cómo finalizará una película, no la comiences a ver.

Otra técnica es la de dejar fluir los pensamientos sin prestarles atención. En ocasiones el hecho de tratar de rechazar los pensamientos obsesivos y luchar contra ellos, lo único que genera es un gran desgaste que producto de su falta de éxito desemboca en una bajada de autoestima y de creencia en la capacidad de gestionar el problema. Por ello, dejar simplemente pasar los pensamientos sin prestarles atención pero sin tratar de eliminarlos puede ser una estrategia efectiva para reducir el malestar. Los orientales que nos llevan años en estas historias de meditación y aceptación suelen decir: “dejar pasar los pensamientos como nubes en el cielo”

Otra técnica irrenunciable es el afrontamiento con prevención de respuesta. Que te da pavor tocar el pomo de la puerta y no lavarte las manos después por si coges una enfermedad, tócalo y no te laves. Que piensas que si pasas por debajo del andamio se te va a caer encima, pasa por debajo (te juro que no se te caerá). Y si puede ser diez veces, mejor que una. Esto genera un gran malestar y en ocasiones puede verse como una tarea imposible, así que, al igual que en el tratamiento de las fobias, puede acompañarse de técnicas de reducción de la ansiedad como la respiración diafragmática.

Dado que hemos visto que la ansiedad y las obsesiones están muy relacionadas, técnicas para reducir la ansiedad pueden ser también útiles: respiración diafragmática, mindfulness, relajación de Jacobson, hacer deporte, yoga, meditación… Pero tampoco vamos a engañar a nadie, si la ansiedad es alta y se necesita respuesta a corto plazo, hay que recurrir al tratamiento farmacológico bajo prescripción médico.

La hipnosis sanitaria como técnica complementaria puede ayudar para reducir la ansiedad, incrementar la capacidad de afrontamiento del paciente, reducir su necesidad de control y flexibilizar la rigidez de los patrones de conducta.

Y por último, fundamental, la distracción. Las obsesiones llegan cuando no tiene la mente ocupada (cuando se aburre), así que en el caso de que uno perciba que está empezando a tener un funcionamiento de la mente demasiado agitado, puede plantearse ocupar en algo la atención. Aquí podríamos diferenciar las técnicas de distracción externas (ver la tele, hacer un crucigrama, leer…) de las técnicas de distracción mental (recitar tablas de multiplicar, contar sumando de tres en tres, recordar una canción, inventarse una historia ajena a la obsesión…). Eso sí, a veces la televisión es tan anodina que vale más la pena tumbarse en el sofá y disfrutar de una buena “película mental” editada con imágenes obsesivas, que a todo se le puede sacar partido en esta vida.

Como vemos, existen técnicas que pueden hacer la vida más llevadera. Eso sí, recordemos que el TOC no se cura y que las obsesiones son bastante tramposas, porque de hecho cuando uno consigue controlar una obsesión, la mente lleva la capacidad obsesiva a otro tema, lo que hace que en ocasiones sea difícil diferenciar si nuestro pensamiento es producto de una obsesión o no. Mucho ánimo a todos los que sufren el trastorno y familiares y no se “obsesionen” con el tema. Como decía Marx (Groucho): “no se tome la vida demasiado en serio, no saldrá vivo de ella”.

Salud y libertad

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