Explicando el Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) (4ªparte)

“Cuanto más alto coloque el hombre su meta, tanto más crecerá” (Friedrich Schiller)

Tras observar las manifestaciones del TOC en casos concretos de la vida real, entenderemos ahora por qué pueden alterar en cierta medida la vida de los pacientes afectados. Pero profundizaremos a continuación en un punto de especial relevancia, aunque del que poco se ha escrito, que puede derivar en una gestión con la que sacar partido a las obsesiones o, todo lo contrario, hacer que estas se vuelvan completamente autodestructivas.

Como hemos señalado, una de las características de las obsesiones es que son intrusivas (es decir, ideas que se nos “cuelan” en la mente sin que nosotros podamos controlar su presencia), recurrentes (vuelven una y otra vez) y generalmente con un contenido negativo que es lo que produce que se incremente la ansiedad y las consiguientes consecuencias en el deterioro del estado de ánimo.

Esta visión negativa es lo que le da al trastorno su carácter egodistónico, palabro psicológico que viene a significar que genera malestar, pues tales pensamientos, impulsos o imágenes son disonantes con la imagen que el sujeto tiene de sí mismo, con sus valores, creencias o principios. Es fácil entender que si yo doy mucha importancia a la higiene y la limpieza, tener obsesiones centradas en la suciedad me generará un profundo malestar.

Ahora bien, ¿qué pasa si llegamos a conectar con una obsesión, una imagen o un impulso producto del trastorno hasta el punto de que nos generen bienestar? En este caso, estamos ante una obsesión egosintónica, es decir, un pensamiento, imagen o impulso que sería coherente con la percepción de uno y nos podría generar bienestar, lo que a su vez la haría retroalimentarse.

Veámoslo con un ejemplo referido a otro trastorno diferente. Las personas con trastorno bipolar generalmente alternan estados de depresión con estados de manía, esto es, momentos de exaltación que les producen una gran energía, activación y que los dota de una gran autoestima e imagen de sí mismos (digamos que es el equivalente endógeno de ponerse de coca hasta las cejas. De hecho, la neuroquímica cerebral en ambos estados es bastante semejante). La persona no identifica esto como un trastorno porque no solo no le produce malestar, sino que contrariamente, la genera un subidón en toda regla proporcionándole satisfacción y megalomanía. Es decir, aunque su estado sea patológico, pues está alterado respecto al funcionamiento normal (entendiendo lo normal como lo habitual), ha sintonizado con él haciéndole sentir estupendamente. Este aspecto es el que, trasladándolo al TOC, puede permitir que le saquemos rendimiento a un pensamiento intrusivo o constituir en sí mismo un problema mayor aún que las propias obsesiones.

Imaginemos que en pleno festival guarrindongo-sexual de lujuria y desenfreno nos viene un impulso o una imagen sobre una conducta que podríamos calificar de “retorcida”. La imagen se nos cuela y aunque la vemos como algo con cierto contenido “perverso”, fruto de la cachondez damos pequeños pasitos hacia adelante. Y, coño, resulta que a nuestra pareja también le parece algo retorcido, lo cual deriva en que además de ponerla como una moto y permitirnos ejecutar la conducta, nos la solicite con fruición. He aquí la explicación de por qué las personas con un TOC manifestado en ciertas obsesiones sexuales son tan buenos amantes. Ahora bien, ¿qué pasa si sintoniza con obsesiones sexuales basadas en el daño, el abuso y otro sinfín de conductas poco recomendables que todos podemos imaginar? Aquí es donde entra en juego el yo de cada cual, y donde podemos comprobar que si uno no tiene principios, conciencia, ni límites, la presencia añadida de obsesiones le puede llevar a cotas no muy recomendables para el resto de los mortales.

Otro aspecto en el que se puede aprovechar el TOC como elemento al que sacarle partido, por supuesto estamos hablando siempre dentro de ciertos límites del trastorno que no han desbordado la capacidad de gestión de la persona, es en cuanto al orden. Recientemente televisaron dos documentales en los cuales un jefe de sala de un restaurante y un director de hotel, tenían claros síntomas de TOC. Era algo fascinante, porque los platos, la cubertería, las plantas estaban milimétricamente colocadas en las mesas. El mínimo detalle era cuidado con esmero y los directores del restaurante y del hotel estaban encantados con el trabajo de sus seleccionados, aunque en este caso habría que preguntar a los sufridos subordinados de estos últimos cómo lo llevaban.

El obsesionarse con un tema también tiene su punto positivo. Imaginemos que un joven, guapo y simpático bloguero desea escribir una entrada con cinco partes sobre el TOC para su excelente, inigualable y magnífico blog, publicando una entrada por semana. En este caso, el deseo de finalizar con cierto nivel de perfección la tarea global puede hacer que el sujeto focalice la atención en la misma, y en lugar de hacer las cinco partes en cinco semanas, las haga en cinco días. Cuando una persona con TOC está enfrascada en una tarea el tiempo se detiene y no es raro que comience una tarea no pestañeando hasta que la finalice. Y no pestañear implica que puede postergar comer, dormir, salir… Solo se centra en la tarea y no parará hasta que la concluya, lo que los convierte en ciertos ámbitos en muy buenos trabajadores. Las relaciones no habituales que pueden hacer entre sucesos también los señalan cómo potenciales genios en ciertas labores intelectuales o de investigación.

En lo referente a escribir, también el TOC ha sido causa de grandes éxitos. Imagine que constantemente le vienen a la mente pensamientos violentos, terroríficos, preocupantes o extraños… unidos en ocasiones a intensas pesadillas que suelen acompañarlosdurante el sueño. A poco que trabajen la escritura, tendrán un filón para crear novelas, guiones, cuentos, historias… No tendrán ni que esperar que las musas les inspiren, bastará con plasmar su propio pensamiento. Dickens es un ejemplo de ello, pero hay otros casos como Woody Allen, Martin Scorsese, Charles Chaplin, Kant, Oscar Wilde…

Ahora bien, la vida no es todo color de rosa y uno siempre se va a encontrar con auténticos hijos de puta. Imagine que ese potencial para realizar trabajos con perfección sin importarle un pito ni el tiempo que dedica a ello, ni lo que deja sin hacer, ni las consecuencias que le va a implicar, lo emplea en putear a alguien con quien ha tenido un conflicto (los acosadores o la celotipia también pueden partir de aquí). Con el añadido de imaginar en cada hora cien formas a cada cual más enfermiza de hacerle la vida imposible, desarrollándolas mentalmente como si de una película se tratase, focalizando su atención solo sobre ello y con el añadido de disfrutarlo como si otro estuviera tomando el sol en la playa. ¿Malas perspectivas, verdad? Esta es la razón por la que es una soberana estupidez buscarle las cosquillas a una persona con TOC y por la que uno queda prendado de su perfección para lo bueno o para lo malo. De hecho, se me está ocurriendo… ¿y si se enfrentaran dos con TOC? Pues que gane el mejor… o el peor!

Salud y libertad…

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