Explicando el Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) (3ªparte)

“La mejor amiga y la peor enemiga del hombre es la fantasía” (Arturo Graf)

Analizado ya el tema desde un punto de vista más teórico y científico en cuanto a sus componentes, obsesiones y compulsiones, y en cuanto a su consideración como trastorno, vamos a continuación con la chicha, a ver cómo se manifiesta en la vida diaria de quienes lo padecen.

Quizás uno de los campos en los que más generalmente se manifiesta el TOC, y que lo hace visible para otros, es en el de las compulsiones generadas por obsesiones de contaminación. Este campo es muy amplio ya que pueden darse obsesiones con los deshechos del cuerpo, con los gérmenes, con los agentes contaminantes del medioambiente, con los productos del hogar, bichos (generalmente insectos), contagios varios… Como en todos los casos, las compulsiones van dirigidas a evitar la obsesión relacionada. Por ejemplo, el caso de una chica que hacía recurrentemente la cama por miedo a que hubiera bichos en su interior, el de un niño que tenía que abrir siempre de forma completa las sábanas antes de dormir para asegurarse de que no los había, un hombre que se lavaba las manos casi 20 veces al día por miedo a contagiarse de cualquier enfermedad debido al contacto con superficies no limpias o el caso de Michael Jacksón cuando llevaba su clásica mascarilla.

Otro campo amplio y quizás uno de los que mayor culpabilidad y malestar genera, es el relacionado con las obsesiones agresivas. Este es un caso curioso, porque hay quien dice que quizás su origen parta precisamente del miedo a hacer algo que uno no haría, lo que conduce a que aparezca el pensamiento. Se entenderá mejor con un simple ejercicio. Piense durante dos minutos en cualquier cosa que desee…

dos

Conteste a la pregunta: ¿ha pensado usted en un oso blanco? Probablemente la respuesta sea que no. Ahora bien, si yo le pido en este momento que durante un par de minutos piense en cualquier cosa excepto en un oso blanco, ¿qué ocurre? Pues que es muy probable que el oso blanco se le haya colado en alguna ocasión. ¿Por qué? Porque el hecho de no querer pensar en algo hace que tengamos que focalizar la atención en ello precisamente para eliminarlo, lo que produce un efecto paradójico. Obsesiones de este tipo hay muchas: estar parado en la acera esperando para cruzar y que surja el impulso de saltar a la carretera o, peor, el de empujar a otro contra un coche, estar en una tienda y tener el impulso de robar algo, miedo a herir a otra persona por no tener suficiente cuidado…

Analicemos una situación que no por extraña, deja de ser habitual en las persona con TOC. A un padre le venía una imagen horrible en la que sin venir a cuento se veía agrediendo a su hijo. Precisamente producto de esa imagen, la compulsión consistía en darle un beso, abrazarle o acariciarle la cabeza, ya que era la forma de demostrarse a sí mismo que no era capaz de ejecutar lo que esa terrible visión le dictaba y que en realidad a su hijo lo quería con locura. Lógicamente, el simple hecho de tener esa imagen le producía una gran culpabilidad y sufrimiento.

Las obsesiones agresivas, en ocasiones también se mezclan con las de carácter sexual. Otro hombre estaba destrozado porque en una ocasión viendo a un niño le asaltaron imágenes de ese carácter, con lo cual llegaba a dudar de que fuera pedófilo. En este caso, desde luego no lo era y que le asaltaran esas imágenes le producía una gran culpabilidad. Esta es quizás la cara más dolorosa del TOC, pero se ve cómo las obsesiones son casi siempre de origen negativo, doloroso e intrusivo.

Otro tipo de obsesiones que pueden darse son aquellas relacionadas con el ahorro, la necesidad de orden, de acaparamiento, los miedos supersticiosos, celos, parejas, personas, necesidad de contar, obsesiones con números (como el gran genio Nicola “Redios” Tesla, que eso sí, estaba como unas marcacas), de repetir ciertas cosas, de confesar ciertos pensamientos, controlar la alimentación, el ejercicio, preocupación por enfermedades, por catástrofes que pueden ocurrir, revisar cerraduras, el gas, la luz… ¿Cuántas veces ha vuelto al coche para ver si lo había cerrado correctamente?

Relacionado con los miedos supersticiosos para mí a veces es un verdadero deporte (que nuestro cierto grado de enajenación lo tenemos todos) ver cómo tanto niños como adultos pasan de saltito en saltito por las baldosas azules del suelo de la zona del famoso Hotel de la Reconquista de Oviedo, evitando pisar las rosas a toda costa. Esto como recordatorio de que todos podemos tener obsesiones en algún momento que a veces pueden verse incluso como juegos inocentes.

Saltito a saltito hasta la victoria final

Saltito a saltito hasta la victoria final

Vamos, desde masticar 207 veces cada alimento antes de tragarlo hasta no permitir la entrada de tu cuñado en casa porque eso puede ocasionar que los extraterrestres vengan a destruirnos, las obsesiones del TOC abarcan hasta donde llega la imaginación. Y ya decía La Historia Interminable que el reino de Fantasía no tiene fronteras. Qué le vamos a hacer, los seres humanos a veces venimos con estos pequeños errores de software. Bueno, y algunos con errores mucho mayores.

Salud y libertad…

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