Explicando el Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) (2ªparte)

“Cuando las leyes de la matemática se refieren a la realidad, no son ciertas; cuando son ciertas, no se refieren a la realidad” (Einstein)

En la primera parte hemos visto qué es el TOC a grandes rasgos, cómo se definen las obsesiones y las compulsiones, que más o menos todos tenemos en algún momento y cómo algún iluminado tira de TDAH por intuición sin hacer la más elemental de las preguntas al paciente. ¿Pero cómo podemos saber si existe un problema?

También en este caso el DSM IV-TR nos saca de dudas, señalando que la vertiente problemática se da cuando las obsesiones o compulsiones provocan un malestar clínicamente significativo, es decir, cuando representan una pérdida de tiempo excesiva (suponen más de 1 hora al día) o interfieren marcadamente con la rutina diaria del individuo, sus relaciones laborales, académicas o su vida social. En definitiva, cuando la cantidad de obsesiones, su frecuencia o la intensidad del miedo o preocupación que generan supera unos ciertos límites y empiezan a interferir en nuestra vida diaria. Vamos, lo que viene siendo cuando la cosa se desmadra, porque no es lo mismo tener una mancha que nadie apreció en la camisa e ir a frotarla al baño en una comida social, que tener que ausentarte de la misma por la vergüenza que produce una mancha que nadie está viendo ni sería capaz de ver.

En la mayoría de los casos, como ya comentamos no es un trastorno particularmente grave pero sí es un auténtico coñazo de trastorno. La metáfora que yo suelo utilizar en consulta es la del pájaro carpintero. Imagina que tienes un pájaro carpintero picoteando en un tronco al lado de tu oído 24 horas al día. Al principio es posible que puedas ignorar al pajarito de marras, pero cuando llevas 2 horas con el pájaro a cuestas te dan ganas de crucificarlo y cenártelo ensartándolo en una brocheta. Los pensamientos del TOC son de este tipo y pueden acabar desquiciando al más paciente de los santos.

Prueba para entender el TOC: sube el volumen todo lo que puedas e intenta aguantar al pajarito 4 horas. La persona con TOC tiene que aguantar esto en su mente 24 horas al día con pensamientos desagradables.

La situación se desborda generalmente cuando se da el cierre del círculo, ya que la ansiedad incrementa la frecuencia e intensidad de las obsesiones. Es decir, las obsesiones nos producen ansiedad y esta ansiedad (sumada a la que ya tenemos por el devenir de la vida diaria) incrementa la frecuencia e intensidad de las obsesiones. Es por ello que además de la ansiedad, el trastorno puede derivar en depresión, muy especialmente cuando uno aún no ha sido diagnosticado del mismo, se culpabiliza por tener unos pensamientos “malignos” o sencillamente piensa que está como unas maracas porque le vienen unas cosas horribles a la cabeza que es incapaz de gestionar, lo que sumado a una ansiedad sostenida durante mucho tiempo lleva al organismo literalmente al agotamiento. De hecho la función adaptativa que tiene la depresión es esa, que el organismo descanse y ahorre recursos para poder volver a enfrentarse al entorno.

Este tipo de consecuencias son más problemáticas en los niños lógicamente, porque la conciencia de sí mismos y la gestión de sus conductas y emociones son menores que en los adultos.  Al menos en la mayoría de las ocasiones, porque generalmente un adulto cuando tiene estas obsesiones o compulsiones puede llegar a reconocer que estos pensamientos son excesivos o irracionales, característica que no se da en los niños, que pueden ver esos pensamientos como naturales, empeorando la situación. No obstante, también hay que decir que ciertos adultos tampoco son conscientes de la irracionalidad o exageración de sus pensamientos, lo que se conoce con el nombre de “pobre insight” o “poca conciencia de enfermedad”.

Como vemos, diagnosticar esta situación en el caso de los niños es especialmente importante, más si tenemos en cuenta que en no pocas  ocasiones la conducta derivada de sus obsesiones se confunde con caprichos absurdos. El niño puede no querer ir a la escuela porque es un vago redomado o porque le da por saco aguantar a un maestro soplagaitas, pero también puede intentar quedarse en casa porque le están acosando (bullying) o porque tiene la idea obsesiva, a la que da visos de realidad, de que si va, sus padres van a morir en un terrible accidente (una de las obsesiones más típicas en la infancia) quedándose solo y desamparado en el mundo. Por eso es tan importante la entrevista clínica y hablar con ellos para saber cuál es el motivo de su desatención, de su irritabilidad , de su ansiedad o de su inquietud, antes de que un cenutrio los diagnostique TDAH.

No me resisto a contar aquí el caso de un niño con Trastorno de Ansiedad por Separación, que no deja de ser una variante contextualizada de ideas obsesivas, al que cierto médico le diagnosticó TDAH sin haber intercambiado con él ni una sola palabra, y al que, debido al consumo de metilfenidato (ese derivado anfetamínico que se receta en el TDAH), se le incrementaron las obsesiones ad infinitum.

Salud y libertad…

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Psicología

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s