Explicando el Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) (1ªparte)

“Cuidado con el hombre que habla de poner las cosas en orden. Poner las cosas en orden siempre significa poner las cosas bajo su control” (Diderot)

Desde hace un tiempo llevo recibiendo en consulta un buen número de casos de Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) infantil. Aunque no es raro que el TOC se presente en niños de corta edad (los síntomas del TOC pueden aparecer a los 8 años de edad o incluso antes), lo que sí es llamativo es que sean ya varios los pacientes que me han llegado con el diagnóstico previo del, cómo no, omnipresente TDAH.

De hecho, alguno de los diagnósticos del TDAH ha sido descrito con un realismo tal que horrorizaría al más lego. Ciertas asociaciones que pasan un test en veinte minutos, sin hablar siquiera con el menor, y realizan un informe diagnóstico de copy-paste (más bien creepypasta)  o médicos que ante la exposición de síntomas tan científicos como: este zopenco no para quieto y en el colegio siempre está de bronca, ya están prescribiendo el concerta, aunque ahora también se está poniendo de moda, como no podía ser de otra manera por su nombre, el moda-finilo. Ironías de la vida, el modafinilo es un fármaco contra la narcolepsia hoy consumido de forma extendida por los estudiantes, que debieron de pensar que si despertaba al personal en cualquier lugar, por qué no les iba a despertar a ellos cuando se durmieran en clase o tuvieran que estudiar para los exámenes (efectos potenciadores cognitivos aparte, claro).

Pero dejando al margen el TDAH, el TOC, sobre todo en la infancia, es un trastorno que suele aterrorizar bastante a los padres, además de a los niños que lo sufren, por los casos más extremos conocidos. Así que para tratar de aclarar un poco el tema, y tranquilizar a los padres que puedan ver cosas extrañas en sus hijos, lo primero que diremos es que existen muchos niveles de gravedad dentro del TOC. Es cierto que el TOC puede llegar a ser incapacitante, pero también es cierto que estos casos más graves solo se dan en una minoría de personas, y que en la mayoría, el sujeto puede hacer una vida normal aunque padezca TOC.

Lo primero que hay que describir es el TOC como trastorno para analizar sus componentes. El TOC está catalogado en el DSM IV-TR como un trastorno de ansiedad. De hecho, el efecto que tienen las obsesiones es el incremento de la ansiedad por la anticipación de una consecuencia desagradable, lo que obliga a realizar una conducta subsecuente para impedir que dichas consecuencias ocurran. Seguramente se aprecie mejor con un ejemplo que todos habremos visto ya. Si una persona se ve incapaz de tocar el pomo de una puerta porque piensa que se va a contaminar y enfermar producto de sus gérmenes, tiene dos opciones. La primera no tocar la puerta (conducta de evitación), la segunda, cuando se vea obligada a tocarla, lavarse inmediatamente las manos (compulsión). De este modo las consecuencias de la idea obsesiva desaparecen (ya no me pondré enfermo porque me he quitado los gérmenes lavándome las manos). El problema, claro, es cuando uno tiene que lavarse las manos 20 veces al día.

¿Qué son pues las obsesiones? El DSM IV las define como pensamientos, impulsos o imágenes recurrentes y persistentes que se experimentan en algún momento como intrusos e inapropiados y causan ansiedad o malestar significativos. Esto implica que los pensamientos, impulsos o imágenes no se reducen a simples preocupaciones excesivas sobre problemas de la vida real. Además, aunque la persona reconoce que estos son el producto de su mente, intenta ignorarlos o suprimirlos mediante otros pensamientos o actos. Tras analizar esto, es bastante evidente que todos tenemos obsesiones en un momento u otro.

Vamos, confiese, usted también ha  pensado tras dejar el brazo colgando por el lateral de la cama, que el monstruo que todos sabemos que vive allí va a tirar de él para arrastrarlo a lo más oscuro del infierno. A no ser claro, que esconda el brazo de su vista poniéndolo encima de la cama, en cuyo caso el monstruo en cuestión queda tan desconcertado o acojonado, que no se atreve a salir de su cubil, lo que le reporta una gran tranquilidad.

Las compulsiones, por su parte, son conductas o actos mentales que el individuo se ve obligado a realizar en respuesta a una obsesión o con arreglo a ciertas normas que debe seguir estrictamente con el fin de reducir el malestar o prevenir algún acontecimiento o situación negativos, aunque estos comportamientos u operaciones mentales no estén conectados de forma realista con aquello que pretenden neutralizar.

En el caso de lavarse las manos con el fin de prevenir la catástrofe de la enfermedad puede haber cierta “lógica”, pero en el hecho de que David Beckham tenga que comprar cuarenta pares de calzoncillos iguales cada dos semanas para evitar sabe dios qué, parece que la “lógica” se nos va de las manos.

Antes de pasar a la segunda parte, veamos cómo el TOC también puede ser el responsable de un poema que expresa como pocos la relación entre el amor y el sufrimiento.

 

Salud y libertad…

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