Cataluña: el síndrome del niño emperador

“Podrían engendrarse hijos educados si lo estuvieran los padres” (Goethe)

Niño emperadorEn el ámbito educativo se conoce como síndrome del niño emperador a la condición del menor caracterizada por un comportamiento disruptivo cuyos síntomas son la agresión física y psicológica hacia los progenitores o las figuras de autoridad, una conducta desafiante con dificultades para canalizar la expresión de la ira y una persistencia en la violación de las normas y límites familiares que se acompañan de un alto nivel de egocentrismo, baja tolerancia a la frustración, escasa empatía y falta de autoestima.

Este fenómeno, también conocido en el ámbito clínico como trastorno negativista-desafiante u oposicionista (aunque habría ciertos matices diferenciales), comenzó a estudiarse en profundidad dada la alarmante proliferación de casos que se produjo en China como consecuencia de la política del hijo único, momento en que  comenzó a sospecharse que los patrones educativos familiares influían de manera notable en el aumento de casos, más teniendo en cuenta que afectaba especialmente a chavales de cierto nivel socioeconómico.

Dos de las variables que parecían tener especial relevancia en la aparición del trastorno eran la total ausencia de autoridad y exceso de permisividad de los padres, unidos a una sobreprotección importante, lo que generaba en el niño un egocentrismo y egoísmo ilimitado: el niño se sentía dios y se consideraba el centro del mundo, de forma que entendía que todo y todos estaban ahí para él, para satisfacer sus demandas y caprichos porque era especial. En definitiva, un niño mimado que se consideraba mejor que cualquier otro y digno de alabanza, exigiendo en todo momento atención y la satisfacción de sus deseos porque siempre se le había tratado como si fuera único y así lo mereciera.

A veces la extrapolación que puede hacerse entre las características individuales y los procesos sociales es ciertamente certera, como ocurrió con el documental “La Corporación”, que describía cómo si se aplicaban características humanas a las multinacionales, un amplio porcentaje de estas acabarían teniendo el diagnóstico de psicopatía.

Lo descrito con el caso del síndrome del niño emperador es perfectamente aplicable al caso de Cataluña, dejando al margen los procesos de ingeniería social que ya hemos analizado. Cataluña no deja de ser hoy un niño malcriado y consentido al que durante mucho tiempo se le ha hecho creer que es especial y al que no se le han dado los dos azotes necesarios cuando la situación lo requería. De hecho, cuando se ha planteado la necesidad de encauzar a ese pequeño déspota que siempre ha recibido todos los caprichos (el emperador) han aparecido las habituales voces acusadoras de algunos vecinos que al grito de “fascistas” exigían que no se regañara al niño y que se le diera un pedazo más de tarta. Y es que siempre hay quien busca el aplauso social desde su impostada superioridad moral cuando no tiene que sufrir en su vida diaria las consecuencias de lo sermoneado.

En realidad, hasta aquí, nada hay nuevo bajo el sol, ni siquiera el hecho de que, como en tantas ocasiones, haya tenido que ser otro padre el que venga a darnos una lección de educación y coherencia con su ejemplo, para ponernos en el espejo de nuestras malas prácticas. El Tribunal Constitucional alemán prohíbe a Baviera realizar un referendum de independencia por ir contra la Constitución, ya que la soberanía recae en el pueblo alemán.

Salud y libertad…

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