Partido regenerador, ¿candidato tránsfuga?

“No hay contra el desleal seguro puerto / ni enemigo mayor que el encubierto” (Alonso de Ercilla y Zúñiga)

Define el diccionario de la RAE al tránsfuga como la persona que pasa de una ideología o de una colectividad a otra, denominación que se queda corta para cierto candidato naranja que en una discutible Asamblea de su antiguo partido, del que cobraba, reconoció que llevaba tiempo en conversaciones y negociaciones con otro para dar el salto, presentándose como salvapatrias de quienes veían disminuir sus perspectivas electorales, aunque toda persona cabal y sin intereses directos imaginara que lo único que pretendía era garantizar su sustento y superviviencia política.

En cualquier otro país del mundo un sujeto de este pelaje hubiera sido inmediatamente repudiado, obligado a dimitir de todo cargo público y expulsado de la vida política para siempre pero, como “Spain is different” que reza el eslogan, aquí al margen de algún ciudadano que lo increpó al grito de “traidor” por la calle cuando intentaba entregarle propaganda electoral, fue ocultado como segundón de la familia orangista que tenía que pagarle el favor de la voladura de su antiguo partido, garantizándole de nuevo la elección como diputado autonómico.

Desgraciadamente esto no es noticia, pues en España la elección de tránsfugas, imputados e incluso corruptos manifiestos ha sido práctica general durante años, demostrando que la crisis es mucho más que económica y que la clase política no deja de ser un reflejo de la propia ciudadanía, complaciente con y cómplice de este tipo de prácticas.

En cierto artículo que versa sobre la psicología del tránsfuga, se define a estos como tipos amantes de los cambios que viven sin ideología y sin compromiso, solo pendientes de aspectos tangibles como el dinero y el poder, alcanzando en ocasiones la patológica mitomanía para creerse sus propias justificaciones. Hace unos meses, el ahora candidato de Ciudadanos defendía con vehemencia y como pilar fundamental de las soluciones políticas la devolución de competencias al Estado. Sin embargo, en una entrevista realizada hace unos días en el programa La Lupa, renegaba de tal convicción afirmando que la devolución de competencias sería un caos. Ante la confrontación del cambio de tendencia, o de chaqueta, que le presentó el propio entrevistador el candidato Prendes solo pudo decir que antes estaba equivocado.

Lo verdaderamente hilarante de la situación es que un partido que ha fundamentado su estrategia de marketing en vender la regeneración como propuesta estrella de su proyecto ilusionante, camine de forma tan pública y notoria por la senda de la incoherencia. Sabemos que un porcentaje importante de voto no se rige por la vía de la razón, sino de los intereses económicos y político-partidistas o incluso por la fácilmente manipulable emocionalidad primaria. Pero aunque solo fuera porque un porcentaje tampoco desdeñable se rige por la razón, deberían tener un poco más de respeto y coherencia por los votantes. A no ser claro que los tengan en tan baja estima que piensen que este tipo de cosas no tendrá repercusión alguna.

Carta enviada a La Nueva España el día 13/12/2015 (pendiente de publicación… o no)

Salud y libertad…

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