Lazos de colores

“Todas las cosas fingidas caen como flores marchitas, porque ninguna simulación puede durar largo tiempo” (Cicerón)

Hoy en twitter, iniciada ya la campaña electoral, he visto que se ha recuperado un trino emitido en Octubre de 2013 que conjuga perfectamente la política y la denuncia de la fachada moralista buscadora de aplauso fácil imperante estos días.

lazo

Y al hilo de la denuncia no he podido dejar de acordarme de un suceso que me ocurrió allá por 2ºBUP, es decir hace más de 20 añazos (cómo pasa el tiempo), cuando estudiaba en el colegio de los jesuitas, al que Dios mediante, como dicen ellos, algún día dedicaré amplias entradas y quién sabe si algo más.

ETA había cometido por entonces su enésimo atentado asesinando salvajemente a alguna víctima inocente y en el clima de mortificación reinante tocaba hacer de mimo acudiendo al habitual, y obligatorio, acto institucional del día siguiente. Sin embargo, a alguien se le ocurrió que en esa ocasión el minuto de silencio no era suficiente y que habría que acompañar el acto solemne de una eficaz y contundente actuación adicional: colgarse un lacito blanco en la solapa para mostrar el compromiso con la paz (entendida de aquella manera, ya me entienden).

Yo ya había expresado en varias ocasiones que a mí lo de los actos simbólicos sin ir más allá me parecía una soberana gilipollez. Es decir, entendía que como muestra de apoyo a las víctimas estaba bien para que socialmente se entendiera que tenían un respaldo mayoritario, pero que lo que había que hacer era dejarse de historias e implantar la cadena perpetua para que los terroristas entendieran que una sociedad (democrática o no) no permite que cuatro tontos, marionetas de cuatro bastantes más listos, se dediquen a matar a la gente para hacer el trabajo sucio que estos últimos no se atreven a realizar para no asumir consecuencias en forma de barrote.

Obviamente, decir esto en un ambiente de ñoña espiritualidad redentora a base de perdones no tenía mucho predicamento y como el mencionado perdón tampoco se estilaba mucho cuando se aplicaba a los alumnos, que recibían un capón o algo peor cuando daban por saco llevando la contraria más de la cuenta, la conversación se zanjó rápidamente: “llevas el lazo porque lo llevan todos, porque lo digo yo y punto”.

Así que hice lo único que cabía hacer. Asentí y al día siguiente acudí a clase (y al minuto de silencio) sin el lacito blanco, diciendo que se me había olvidado en casa, que era el equivalente menos sofisticado de “los deberes se los ha comido mi perro”.

La respuesta fue enviarme de vuelta a casa (jamás he entendido que tal acción pudieran entenderla como un castigo) a buscar el lacito de los cojones, con lo que dicho día me fumé la jornada escolar, apareciendo al día siguiente para seguir con las clases dejando ya de lados circos sociales para demostrar lo buenos y éticamente intachables que son los alumnos de los colegios de la Orden. No deja de ser gracioso que hace un tiempo dicho colegio de jesuitas haya implantado en su centro el Voluntariado Obligatorio para los alumnos de Bachiller. ¿Puede haber cosa más estúpida, antieducativa y falta de sentido y coherencia que un voluntariado obligatorio?

El caso es que leyendo el tweet y recordando esta anécdota he reflexionado sobre mi evolución, comprobando que me he vuelto menos beligerante con los lacitos. Supongo que con los años uno se vuelve menos intransigente y más blandito con las formas, aunque mucho más corrosivo con los fondos.

Así que aunque ya no miro con desdén al prójimo por poner el adorno, entendiendo que puede ser un simbolismo adecuado para mostrar el apoyo o la solidaridad de uno con la causa (la que sea), sigo sintiendo una gran repugnancia por buena parte de quienes lo hacen para ganar el aplauso social a costa del dolor ajeno sin tener la más mínima preocupación por el asunto ni mucho menos la más elemental intención de enfrentarse a una dificultad existente.

Las elecciones son un momento apropiado para retratarse, para comprobar quién se pone los lazos disfrazándose de dulce caja de bombones para que se le mire con gusto y quién piensa que por encima de adornos, lo importante es solucionar los problemas. Lo bueno del asunto es que solo al mirarse uno al espejo sabrá cual es su verdadera imagen.

Debido el indiscutible afán didáctico de este blog, y junto a mi desprecio, aquí dejo un vídeo imprescindible para los amantes de la impostura.

Salud y libertad…

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Educar, General

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s