La gran farsa del amor romántico (2ª parte)

“Cuando el sabio señala la luna el tonto mira el dedo”

Sí, amigos. Un vampiro esperando al matrimonio para echar un polvo. ¿Puede haber mayor degradación? No apto para diabéticos ni personas de náusea fácil

Sí, amigos. Un vampiro esperando al matrimonio para echar un polvo. ¿Puede haber mayor degradación? No apto para diabéticos ni personas de náusea fácil

Finalizábamos la primera parte preguntándonos: ¿Por qué entonces ese empeño en inculcarnos hasta la saciedad ese concepto de amor hollywoodiense (término más preciso que el de amor romántico que, como hemos visto, tiene técnicamente otras connotaciones)?

Quizás una de las explicaciones esté en el magistral discurso que el psiquiatra José Miguel Gaona expuso en el programa “Cuarto Milenio” dedicado al Instituto Tavistock, referente mundial en cuanto a estrategias de manipulación social se refiere. Me permito incorporar la fuente del discurso pues de este modo ya les doy la excusa a los necios para que, cuando sean incapaces de contrarrestar argumentos, puedan poner a caldo el programa o a mí mismo siguiendo la lógica ad hominem. A mí me parece un discurso de tal genialidad que lo incorporaré completo (no solo la parte referente al amor) como Anexo de la entrada del blog.

El contexto de la conversación versa sobre las estrategias de manipulación de masas utilizadas socialmente y cómo entre ellas están la atomización, la ruptura de los lazos profundos colectivos y la generación de conceptos tan indiscutiblemente asumidos como artificiales: felicidad, estilo de vida… En definitiva, la creación de espejismos sociales, como esa visión del amor, con los cuales mantenernos entretenidos buscando ideales ficticios que nos impidan dedicarnos a pensar y a movilizarnos en función de metas más cercanas y realistas. En palabras de Gaona:

“La segunda (estrategia) sería respecto a la esfera afectiva el amor, ese amor idealizado, ese amor al que se viene aspirando desde el siglo XIX en el romanticismo, el príncipe azul, la princesa… ese ideal. Pero ningún ideal existe, evidentemente, excepto para personalidades maduras con alto umbral a la frustración que puedan aguantar en un momento determinado la consecución de una amistad o de tener una pareja, etcétera. Entre esas dos cuestiones, el desequilibrio y la atomización de la sociedad, se ha producido como una pescadilla que se muerde la cola: las personas frustradas que no han encontrado esa felicidad y esa pareja, que es inexistente porque la demanda no se corresponde con la realidad, han acabado estando solas. Quizás con algún animal de compañía, que es verdad que es muy fácilmente manipulable por razones obvias, ¿no?, cualquier animalito mueve la colita” (José Miguel Gaona)

Abreviando, la creación de ideales inalcanzables, que supongan el fracaso del sujeto en su consecución y por tanto induzcan un sentimiento de culpabilidad y una reducción de su autoestima, buscan como meta algo mucho más importante que su mera idiotización: buscan su inhibición conductual, lo que llevará a desistir de otras empresas más ambiciosas que pudieran suponer un peligro para el propio orden social.

Porque, ¿cómo voy yo como individuo, que ni siquiera he sido capaz de alcanzar algo tan (supuestamente) fácil y accesible como ese estándar de amor, a tener la capacidad y la fuerza para generar el más mínimo cambio o para aportar algo de interés o importancia que movilice a un colectivo? Y si el concepto de amor es dañino, no hablemos ya del concepto de felicidad (vuelvo a remitir al discurso completo de Gaona).

Así que quizás sea bueno recordar aquí que si el niño del cuento no llega a decir que el emperador va desnudo probablemente todo el pueblo hubiera acabado yendo por la calle en pelota picada, como de hecho parece que ocurre en contextos no tan literarios.

Pero por si esto fuera poco, lo cierto es que esta visión ñoña e infantil del amor genera un problema añadido mucho más práctico, pues desencadenar esa visión irreal por mero mantenimiento de un orden social que, nos guste o no, sigue basándose en gran medida en ideas religiosas y morales de hace más de 2000 años, disocia al ser humano enfrentando de forma irreconciliable sus lados biológico y cultural, especialmente en un componente fundamental del amor como es la sexualidad.

Un lado biológico que predispone al ser humano a una atracción y una sexualidad mucho más variada y heterogénea y un lado cultural que se empeña en capar al animal humano haciéndole creer en un ideal dogmático para niños y niñas de 8 años, aspecto que no sería en sí negativo si no fundamentase tan férreamente las creencias y el comportamiento de hombres y mujeres adultos con las consiguientes frustraciones.

En este contexto, la propia realidad biológica se empeña en decirnos que eso del amor uno, grande y libre (y de rebote eterno), es un cuento chino. Y lo hace remitiéndonos a dos realidades: el efecto Coolidge y los sistemas de apareamiento. Realidades que por otra parte ni siquiera consideran las relaciones homosexuales, porque como todos sabemos la ciencia también tiene un componente político hegemónico que ha hecho que estos temas fueran tabúes hasta recientemente, cuando han sido socialmente aceptados, y que por tanto como objeto de estudio están en una fase pre-embrionaria.

El efecto Coolidge (no olviden este nombre los proclives a la infidelidad porque es la excusa del siglo) debe su nombre a una vieja historia (no se sabe muy bien con qué porcentaje de realidad y con qué porcentaje de leyenda urbana), según la cual el presidente estadounidense Calvin Coolidge visitaba una granja con su mujer, ambos por separado. La mujer quedó profundamente impresionada al ver como un gallo mantenía contentas y felices, sexualmente hablando, a todas las gallinas y le preguntó al granjero por la frecuencia de la interacción. Este le respondió que copulaba docenas de veces al día, tras lo cual ella con sorna le dijo que no se olvidara de decírselo al presidente. Cuando llegó el turno de este y el granjero se lo comentó, el gran hombre respondió: ¿Y copula con la misma gallina cada vez? El granjero respondió “No, señor, con una gallina distinta cada vez”, a lo que el señor Coolidge añadió triunfante: “No se olvide de contárselo a la señora Coolidge”.

El efecto Coolidge describe, en consecuencia, el efecto sexualmente activador que produce la introducción de una nueva hembra en un ambiente donde ya se ha producido la interacción sexual con resultados satisfactorios, lo cual se demostró con varios experimentos que exponen claramente que la ciencia puede ser divertida también para los sujetos experimentales (al menos inicialmente, antes del sacrificio y extracción del encéfalo).

Básicamente se cogió a un ratón y se le introdujo en un ambiente de ratoncitas cachondas (en estado de estro que lo llaman académicamente los estudiosos para darse más pompa) permitiendo al animalillo dar rienda suelta a todas sus degeneraciones ratoniles.

Nuestro macho-machote sació su voracidad sexual sin descanso cepillándoselas a todas varias veces hasta que el pobrecillo quedó exhausto. Pero las ratonas, que no solo no le hicieron ascos al asunto, sino que seguían juguetonas, le miraban en plan: “no vales para nada piltrafilla”, hiriendo su virilidad masculina e intentando levantarle el ánimo (y su ratonil miembro) con lametones y caricias, incluyendo algún mordisco de alguna que había visto 100 sombras de Ratatouille en un experimento anterior.

Todo en vano hasta que el experimentador, que quien sabe si sería un pervertidillo japonés amigo del hentai, decidió introducir una nueva ratona. Y nuestro pequeño amigo, como si se hubiera tomado un red bull, sacó fuerzas de la nada poniéndose a la faena y repitiendo la escena con cada nueva incorporación, una y otra vez, hasta su, imagino, agotadora pero feliz y dulce muerte.

Este efecto que ocurre en todos los mamíferos, también se produce en las hembras aunque parece ser que en mucha menor medida, y desde el punto de vista biológico tiene su sentido, pues supone una ganancia reproductiva desde el punto de vista evolutivo, o lo que es lo mismo, facilita que el macho pueda tener más variabilidad en la descendencia con lo que ello favorece las posibilidades de supervivencia de la especie en términos de éxito reproductivo.

Pero si cautiva y desarmada quedó la teoría del amor uno, grande y libre, por los servicios de nuestro pequeño gran héroe, el golpe de gracia llegó cuando la ecología del comportamiento se puso a estudiar los sistemas de apareamiento. Y aquí, de nuevo, ante la perfección explicativa, me voy a limitar a transcribir lo que señala el presente manual de Psicobiología*

“La monogamia genética es un mito, no existe. Entre las aves, de las que hasta un 90% son socialmente monógamas, la frecuencia de cópulas fuera de la pareja y de descendientes cuyo progenitor es un macho distinto al que colabora en la crianza llega a ser, según los casos, desde notable a… ESCALOFRIANTE (el caso del acentor común es paradgimático) (…) La principal explicación de la monogamia entre las aves, sobre todo en aquellas especies cuyos polluelos son altriciales (eclosionan completamente desvalidos) es que se requiere la colaboración de dos adultos para criarlos (…) Incluso en estas especies se ha podido comprobar que cuando el macho no es fértil (por castración experimental), el nido no suele carecer de crías. ¿Misterio? ¡No! Es que las hembras también pueden obtener ventajas de la infidelidad aun dentro de una pareja estable: la principal que se evita el problema de la infertilidad del macho, aunque otra posible ventaja es que aumenta la variabilidad genética de las crías (…), un macho más sano, fuerte y bello puede aportar mejores genes” (Abril, 2009,196-197)

acentor

Ejemplar de acentor común, más puta que las gallinas de Andrés, que aprendieron a nadar para follar con los patos (chiste asquerosamente machista, pero muy apreciado por los amantes del humor de sal gorda)

Vamos, que explicaciones genéticas y reproductivamente satisfactorias o no al margen, la infidelidad es un hecho en múltiples especies aparte de la humana, lo que vuelve a poner en entredicho el ideal de amor romántico eterno, trayéndonos a todos a la cabeza realidades más mundanas. Porque ser humano, cigüeña o chimpancé (animal este que practica la poliginandría o promiscuidad) al final siempre aparece alguien que te pone juguetón y o te dejas llevar o te autocapas, pero si desde luego optas por la segunda opción, no es por mayor o menor apetencia, sino por auto-imposición y aceptación cultural.

Y por si fuera poco este melonar, podemos considerar también el umbral de la poliginia, que explica por qué a veces en especies monógamas, se da poliginia (un macho con varias hembras). En el caso del acentor los machos acaparan recursos que las hembras necesitan para la crianza, así que en ocasiones a las hembras les sale más rentable ser la segunda hembra de un territorio con recursos que la primera dama de un territorio donde ser emperatriz del hambre (Abril, 2009) ¿Les suena el relato?

Todo ello sin dejar de considerar opciones también existentes como la poliandría (una hembra con varios machos), hecho que culturalmente también puede encontrarse en la especie humana como en el caso de los inuit.

Y antes de que me tilden de redomado fascisto-machista-falócrata-y-androcéntrico heteropatriarcal por utilizar el enfoque androcéntrico, incluso en el ejemplo de poliandría con el caso de los inuit, donde hay un importante componente de sumisión de la mujer a las directrices del hombre, solamente decir que yo me limito a describir lo que hay en nuestro mundo, nuestro tiempo y la ciencia más tradicional. No tengo yo la culpa de que durante cientos/miles de años, las religiones solares se dedicaran a evangelizar en la “corrección natural” a medio mundo, aniquilando a todas las mujeres, tribus y colectivos que tenían una visión más “lunar” y no entraban por el aro de lo establecido por la religión dominante.

En resumen, y volviendo a la pregunta de mi amigo Ricky: “¿De cada 10 parejas, cuantas crees que están juntas por interés/necesidad y cuántas por amor?” No tengo ni idea. Sólo sé que de cada 10 parejas, entre 5 y 7 se separan. Y del otro 30% hay un importante porcentaje que siguen unidas por interés y por inercia. En cuanto a las que siguen unidas por amor, pues depende de cómo se defina este, pero si consideramos el ideal de “amor completo” del que hablaba Sternberg seguramente tan pocas como la inversa de tantos que dicen que han llegado a él.

Y para acabar, no puedo dejar de volver a la cita con que iniciábamos la entrada: “cuando el sabio señala la luna, el tonto mira el dedo”. Porque después de estas simples reflexiones filosóficas a medio camino entre la curiosidad personal y la cultural, estoy seguro de que algunos aburridos personajes encontrarán la excusa de oro para escanear el mío (ya hay alguno). Por lo que a mí se refiere, pueden empezar por el corazón, en su versión falangista y no muscular. A fin de cuentas ya hemos visto que el amor no es uno, grande y libre.

Salud y libertad…

 

*Abril Alonso, A. et al. (2009). Fundamentos de Psicobiología. UNED: Sanz y Torres

ANEXO: Discurso íntegro de José Miguel Gaona sobre la manipulación social

“Si empezamos a desmenuzar aquellas cuestiones por las que nos están manipulando es probable incluso que algún espectador pudiera sentirse ofendido, pero de una manera muy directa además, porque iría en contradicción con una serie de creencias y el problema de las creencias es que muchas veces están basadas en sentimientos, en sensaciones y en cuestiones que de alguna manera nos han ido bombardeando. Nos bombardean con tantísima información que muchas veces la adoptamos. Ya sabes ese dicho de: atibórrales de información que creerán que están pensando. Pero dentro de ese atiborramiento de información hay un elemento clave: cuando todo está más o menos seguro viene la anti-información, que es como el condimento final. Entonces, cuando todos creíamos que las cosas estaban más o menos claras, de repente hay un giro de 180º que nos resetea el disco duro, nos deja literalmente atontados y en ese momento en que estamos confusos intentamos agarrarnos como un clavo ardiendo a esa verdad que se nos va a ofrecer. Entonces estamos rodeados de mentiras, pero de mentiras de tal calibre…” [nota del autor: mencionar en este punto que el uso de contradicciones lingüísticas y ruptura de guiones pre-establecidos es una estrategia muy utilizada en hipnosis para favorecer los estados de trance hipnótico, aspecto que permite acceder de forma más eficaz a las estructuras inconscientes y facilita la inducción de sugestiones. Esta técnica ha sido ampliamente utilizada por los grupos de dinámica sectaria y forma parte prioritaria de las técnicas de reforma del pensamiento]

“La atomización es fundamental porque el núcleo de crítica social son esas escenas que existían, quizás existen todavía en nuestro país, en el que varias personas de una misma familia con esos valores que antes comentaba Santiago se sientan en torno a una mesa, discuten, dan palmadas contra la mesa, y en un momento dado surgen ideas que se oponen a la corriente que les intenta arrastrar. Pero muchas veces, ¿qué es la familia hoy? Se ha perdido el concepto de clan, que no solamente era clan, llevaba añadido un montón de ideas. Muchas familias hoy en día consisten, quizás, en una mujer solitaria, digo mujer solitaria porque la mitad de las parejas están separadas y la familia monoparental parece como que es muy guay y se ha puesto muy de moda. Esto es la atomización absoluta, (una mujer) que convive con un niño muchas veces y a quien le han vendido la idea de que es muy libre porque hace aparentemente lo que le da la gana y en el fondo quizás es una persona muy desgraciada que tan solo percibe un ínfimo sueldo y que no tiene nada que ver con Sexo en Nueva York, a pesar de que Sexo en Nueva York es la referencia para hacerle sentir bien. Sí, estamos vendiendo modelos, estilos de vida, pero que luego en la realidad quedan en la fantasía”

“Fíjate que hay algo mucho más perverso y es haber convencido a la sociedad de que lo que realmente necesita, lo que se merece y lo que es indispensable es ser feliz. Eso yo sé que suena mal, y muchos dirán: ¿qué está diciendo? Bueno, pues como evidentemente no es posible ser feliz todo el tiempo ni todas las veces y una de las cuestiones que siempre se dice en publicidad es tú te lo mereces, tú te lo has ganado… (lo que se consigue es que) los umbrales a la frustración siempre estén muy bajos, que es una de las características actualmente de nuestra sociedad. El espejismo de querer ser feliz, de necesito ser feliz, de debo a toda costa ser feliz todo el rato, es paradójicamente en primer lugar lo que ha hecho infeliz a muchísima gente porque obviamente se da cuenta de que no lo logra, luego (piensa) algo me debe pasar. Pero en segundo lugar creo que la psiquiatría y la psicología se han aprovechado muchísimo de ello, porque evidentemente nos hemos convertido en los grandes popes o chamanes, nosotros tenemos la fórmula de la felicidad. Huelga decir que algunos laboratorios además lo han envasado y encapsulado por un módico precio. Con lo que ese espejismo de la felicidad creo yo que es una de las peores cuestiones”

“La segunda sería respecto a la esfera afectiva el amor, ese amor idealizado, ese amor desde el siglo XIX al que se viene aspirando, en el romanticismo, el príncipe azul, la princesa… ese ideal. No es real ningún ideal evidentemente, excepto para personalidades maduras con alto umbral a la frustración que puedan aguantar en un momento determinado la consecución de una amistad o de tener una pareja, etcétera. Entre esas dos cuestiones, el desequilibrio y la atomización de la sociedad, se ha producido como una pescadilla que se muerde la cola: las personas frustradas que no han encontrado esa felicidad y esa pareja que es inexistente porque la demanda no se corresponde con la realidad, han acabado estando solas. Quizás con algún animal de compañía, que es verdad que es muy difícilmente manipulable por razones obvias, ¿no?, cualquier animalito mueve la colita”

“¿Cómo librarnos de esto? Evidentemente estamos dentro del sistema. La única manera de quizás hacerlo es mediante una educación que no existe hoy en día, porque no podría estar justamente a cargo del propio sistema que es el que inculca los mismos valores que luego van a ser manipulados”

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2 comentarios

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2 Respuestas a “La gran farsa del amor romántico (2ª parte)

  1. Me gusto muchísimo!!! Si alguna vez quisieras visitar mi blog aquí te dejo el link 🙂 https://deliriousarchives.wordpress.com

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