Reflexiones psicológicas sobre el caso Lubitz

“El tiempo saca a luz todo lo que está oculto y encubre y esconde lo que ahora brilla con el más grande esplendor” (Horacio)

tertulianoEn primer lugar pido perdón por tener la osadía de hablar del tema sin ser tertuliano ni ingeniero aeronáutico, profesiones que por formación y experiencia a la vista de lo escuchado en los últimos días, seguramente tengan mucho más fundamento para tratar el asunto. Pero aunque pobre psicólogo y prevencionista de riesgos algo especializado en la modalidad de psicosociología aplicada (esa que todo el mundo ignora o se pasa por el arco del triunfo hasta que ocurren sucesos como este), quería humildemente exponer algunas reflexiones.

Desgraciadamente, en un país con las peculiaridades de este en que vivimos, para lo bueno y para lo malo, hay una cierta tendencia a buscar la culpabilidad en lugar de la explicación, por lo que hay una máxima no escrita que se suele aplicar en el caso de la investigación de accidentes (y en casi cualquier situación donde haya que escurrir el bulto): si hay un fallecido, buscar el origen de la tragedia en él suele ahorrar mucho tiempo y por tanto dinero. Y si no lo hay, señalar al que pueda justificar el archiconocido “error humano”. No pretendo utilizar mi habitual ironía con un toque de humor negro aprovechando esta desgraciada tragedia, pero creo que por ser una realidad tampoco se puede dejar de mostrar. Ocurrió con el maquinista del accidente del AVE, ocurre ahora con el copiloto Lubitz y ocurre hasta en el vergonzoso caso de Bartomeu con Tito Vilanova.

Y cuidado, que no estoy diciendo con esto que el tal Lubitz no sea responsable directo, que tiene todas las papeletas para serlo aunque la investigación no haya finalizado, solo que hay una cierta tendencia a buscar ya de antemano una conclusión en forma de responsabilidad personal que evite costosas responsabilidades organizativas. Porque si Lubitz hizo lo que hizo fue sin duda porque la organización también falló al dejarlo ocupar la posición que ostentaba.

En todo caso, lo que quiero manifestar en esta entrada antes de analizar un poco la personalidad de este sujeto al hilo de lo que he leído sobre él en los medios (y por tanto con un rigor más bien justito), es la desvergüenza que han manifestado estos mismos medios de comunicación utilizando de forma sensacionalista el tema de los trastornos mentales para acrecentar sus ganancias, importándoles un auténtico bledo incrementar el estigma hacia las personas que ya bastante desgracia tienen con estar pasando por una mala situación.

En los últimos dos días he leído titulares como “Lubitz tenía un trastorno de ansiedad generalizada y desprendimiento de retina”, “Lubitz tenía Síndrome de burnout” o “Andreas Lubitz sufría una severa depresión”. Y sea o no cierta esta ligereza en los diagnósticos, lo que sí es cierto es que al mencionar de esta forma estos sucesos están haciendo que opere el mecanismo psicológico de asociación por yuxtaposición, que consiste básicamente en que si Lubitz tenía estos trastornos, y Lubitz estrelló el avión, estos trastornos pueden llevar a estrellar aviones, una falacia que no por el hecho de serlo deja de calar en la ciudadanía incrementando el estigma de los trastornos mentales.

Por tanto, sería de agradecer que los medios de comunicación actuaran con un poco más de responsabilidad y un poco menos de interés monetario, aunque todos sepamos que esto es como pedir a los políticos que sean honrados. La respuesta puede ser una sonora carcajada.

Por no extenderme demasiado es de sobra conocido, y no hace falta ser psicólogo para ello, que patologías como la depresión y la ansiedad no pueden desencadenar por sí mismas la decisión de algo tan brutal como decidir estrellar un avión repleto de pasajeros contra una montaña. La depresión en primer lugar porque generalmente tiene como principal síntoma un estado de ánimo decaído que deviene en inhibición conductual, por lo que incluso en casos extremadamente graves puede llevar a plantearse el suicidio, pero no el asesinato y menos el asesinato múltiple sin variables añadidas. Y el trastorno de ansiedad generalizada porque conlleva preocupaciones exageradas y un importante grado de tensión que no tiene relación alguna con la planificación de un hecho de semejantes características.

El Síndrome del trabajador quemado o burnout es menos conocido. Es una patología derivada generalmente de un prolongado estrés laboral y unas condiciones organizativas deficitarias que generan importantes problemas físicos y psicológicos, concretándose en tres dimensiones que afectan al trabajador:

  • Agotamiento emocional: Situación de cansancio psicológico y pérdida de recursos emocionales para hacer frente a las situaciones laborales y al estrés generado por el trabajo.
  • Deshumanización: Adopción de actitudes negativas, insensibilidad y cinismo hacia los usuarios o personas con quien se tiene contacto laboral.
  • Falta de realización personal: Evaluación negativa del trabajo, sensación de ineficacia profesional y baja autoestima personal.

En todo caso, y al igual que en los casos anteriores, tampoco supondría una explicación única plausible para el caso que nos ocupa.

burnout

En mi opinión, ya digo que sin un análisis exhaustivo y a tenor de lo leído en los medios de prensa, y suponiendo que sea real la hipótesis principal lo cual a estas alturas es mucho suponer, lo que nos encontramos es ante un caso sociopatía, muy probablemente generado por la frustración de la obsesión permanente en su vida de ser piloto.

Prescindiendo de las múltiples teorías y diferencias existentes, a veces contradictorias, entre la definición de sociópatas y psicópatas, yo coincido más con aquella que frente al entendimiento de la psicopatía como algo más inherente a la persona, temprano y, solo en ocasiones, producto de causas traumáticas más generales, entiende la sociopatía como un trastorno desadaptativo en contra de la sociedad como consecuencia de hechos concretos o interacciones sociales específicas que influyen sobre la emocionalidad y la conducta.

Prueba de ello es que tal y como señalan los medios, a Lubitz no se le reconocía otro hobby que su profesión, su obsesión era ser piloto y como señala algún compañero: “era un friki que estaba obsesionado y que habría muerto si no pasa las pruebas para ser piloto“.

Ante estos tintes obsesivos no sería de extrañar que, cada vez de forma más creciente, las diferentes dificultades que se iba encontrando en su anhelo de ser capitán y comandante de vuelos de larga distancia, producto de su historial de salud, se fueran haciendo más evidentes para él y que ello le generase un rechazo y odio creciente hacia el sistema que le iba a impedir “triunfar” en aquello a lo que había destinado su vida. Es decir, un fenómeno de externalización de la culpa con ansias de destrucción hacia lo que representaba la frustración de su sueño.

La baja médica que recibió y que le impedía volar el día del suceso y el desprendimiento de retina que podría haber acabado con su vida como piloto, probablemente pudieron actuar como desencadenantes de la situación.

mascaraResumiendo, vista frustrada su obsesión ante la imposibilidad de seguir ocultando su situación de salud que hubiera sido evidente en el siguiente reconocimiento médico, decidió no solo quitarse la vida, sino hacerlo en una acción que afectara gravemente a la imagen de la organización para la que trabajaba (que representaría el sistema al que ha culpabilizado de su fracaso), y con un acto lo suficientemente trascendente como para que se recordase su nombre. No olvidemos la confesión realizada a una exnovia a la que comentó: “Todo el mundo sabrá mi nombre y lo recordará

El fenómeno de la trascendencia es también característico de los grandes casos de asesinos en serie, asesinos múltiples o magnicidas como una forma de expresión desadaptativa de la megalomanía de determinados sujetos (más propia en este caso sí de los psicópatas que de los sociópatas), aspecto que podría incluso estar en la base de su obsesión. Ahí tenemos el caso de David Chapman que asesinó a Lennon simplemente porque quería que su nombre pasase a la Historia ligado al del segundo.

En fin, sea esta hipótesis acertada o no, lo que sí ha supuesto el caso es convertirse en razón suficiente para que las compañías aéreas, y la sociedad en general, empiece a tomarse un poco más en serio el factor psicológico. Porque es un poco surrealista que las pruebas psicológicas en el caso de los pilotos solo se realicen para la obtención de la licencia pero no en las revisiones periódicas, que atienden solo a criterios médicos y biológicos pero no psicológicos. Un absurdo si consideramos que buena parte de los trastornos mentales son sobrevenidos.

Y quizás, solo quizás, una prueba más de que muchas veces cometemos el error de considerar que todo el mundo se rige por principios y valores semejantes a los nuestros. Otro tema es que esos otros sean lo suficientemente inteligentes como para ocultarlos por deseabilidad social en las relaciones con los vecinos. Decir que era una persona entrañable y bondadosa o un vecino ejemplar, al igual que ocurre cuando se descubre a un asesino en serie o a un pederasta, es bastante sintomático de nuestro deseo de ser ignorantes al riesgo para vivir bajo una ficticia sensación de seguridad, porque ¿acaso pensamos que lo van a ir gritando por la calle?

Como decía Oscar Wilde: “El hombre es menos sincero cuando habla por cuenta propia, darle una máscara y os dirá la verdad”. Y créanme que hablar con personas bajo la máscara, aspecto que ha permitido el anonimato de internet es a la par adictivo… y aterrador.

Salud y libertad

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3 comentarios

Archivado bajo Psicología

3 Respuestas a “Reflexiones psicológicas sobre el caso Lubitz

  1. José F. Fijóo Carrasco

    Estoy de acuerdo con lo espuesto, Antonio; como que también creo que los mismos síntomas en personas distintas no dan lugar a los mismos hechos. Un problema, o varios, psicológicos, no se manifiestan de la misma manera y con la misma intensidad en distintos sujetos. El caso que nos ocupa, ha denegrado en una tragedia extrema y que en otro sujeto con el mismo problema, no llegaría a tanto. En cuanto a la prensa, ya lo ha comentado; para que insistir.

  2. Pingback: Trastornos mentales y terrorismo islámico | cancerverus

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