Mi visión sobre el no-pacto de UPyD y Ciudadanos

“Somos la memoria que tenemos y la responsabilidad que asumimos. Sin memoria no existimos y sin responsabilidad quizá no merezcamos existir” (José Saramago)

broncaPasados ya varios días desde el no-pacto entre UPyD y Ciudadanos, y por tanto con la cabeza algo más fría, voy a intentar hacer un ejercicio de recomposición de ideas y reflexiones personales para ver si consigo exponer mi postura de forma clara, ordenada, más o menos desapasionada y crítica sobre lo acontecido.

En primer lugar tengo que decir que el resultado me parece un error de bulto. Las posiciones de partida de ambos viciadas y el proceso nauseabundo, justificándose más en intereses personales que institucionales y desde luego ciudadanos (con minúsculas).

La existencia de una tercera vía en España es a día de hoy una necesidad de primer orden. Habría miles de razones para justificar esta afirmación, pero si leemos con absoluto estupor que el inefable estafermo (Pedro J. dixit) que padecemos como presidente del Gobierno en lugar de enfrentarse a los nacionalismos, se levanta con la ocurrencia de estudiar la posibilidad de trasladar el Senado a Barcelona, ya nos hacemos una idea de la urgencia de construir un bloque político que actúe con dos dedos de frente. Un bloque que entienda algo tan evidente como que si se refuerza positivamente a un chantajista dándole lo que pide, lo único que se va a conseguir es más chantaje.

No obstante, plantar cara a ese cateto, provinciano y ya delirante nacionalismo basado en el odio y la coacción, tampoco es la razón primera ni la más importante. La tercera vía es necesaria para acabar con el partidismo clientelar actual, el mismo que ha instaurado un sistema milimétricamente diseñado para esquilmar al pueblo hasta dejarlo en cueros, destejiendo la red de instituciones y servicios que ha diseñado para su propio privilegio.

Y desde luego es necesaria para construir una alternativa seria, sólida y fiable que dé estabilidad y esperanzas a miles de ciudadanos hoy huérfanos, aprovechando lo que se ha hecho bien hasta ahora, y cargándose sin miramientos el tejido putrefacto. En resumen, para regenerar la democracia, levantar la bandera de la transparencia, desmantelar el entramado de chiringuitos públicos edificados para colocar a los colegas, acabar con el derroche, castigar la corrupción…

En definitiva para constituir una alternativa al bipartidismo corrupto, pero también a las alternativas populistas y farsantes de discurso ciudadano empático pero vacío de contenido, que constituyen un gran peligro no solo por sus políticas sin objetivo establecido ni procedimiento analizado, sino por la personalidad autoritaria, y a veces psicopática, de sus líderes.

Que los miembros del bipartidismo hayan podido brindar con cava y los populistas con calimocho (como ironiza el anuncio parodia de la lotería) tras enterarse del resultado de las negociaciones ya da buena cuenta a la gente mesurada de que se va por mal camino.

Desgraciadamente, desde el jueves, lo único que queda de esa tercera vía es una etiqueta en forma de eslogan publicitario, un lema que da cuenta del bochornoso espectáculo que aquellos que tenían la responsabilidad de construir un nuevo camino blanden para atacarse con el infantil argumento de “la culpa es tuya” o el “y tú más”.

No voy a manifestar una impostada superioridad moral, reconozco que yo mismo he entrado en varias ocasiones al capote como un miura y acepto como los orientales mi contradicción sin tratar de resolverla. Porque aunque hay quien dice que “dos no pelean si uno no quiere”, todos sabemos que eso es una chorrada de campeonato. Con que uno quiera la pelea está asegurada, aunque si son los dos los que están por la labor, se garantizan unas hostias de campeonato. En esas estamos.

A veces es difícil no contestar a quien por mala intención o simple desconocimiento dice cosas que no son ciertas o están tergiversadas (o que lo son pero tienen intención beligerante). Pero si además se aderezan con unas formas agresivas o despóticas, o con la osadía que suele aportar la ignorancia o la mediocridad, la tarea de resistencia se hace casi imposible. Qué le vamos a hacer, inconvenientes del carácter latino, y de tener “sangre en las venas”, a veces a punto de ebullición. El factor twitter, donde la ponderación de bocazas y justitos con aires megalómanos es mayor que en la sociedad “presencial” también ayuda.

Así que vaya por delante mi personal criterio considerando la ruptura de las negociaciones y el resultado del no-pacto una responsabilidad conjunta, y de paso, juzgando como un simplón de primera magnitud a quien responsabilice en exclusiva a alguno de los dos “bandos”, sea del propio o del ajeno.

Y como ya me estoy extendiendo y todo hace presagiar que voy camino de otra parrafada semejante a la de mis reflexiones previas a las negociaciones, voy a intentar abreviar centrándome en lo que pienso de unos y otros.

deslealEmpezamos con Ciudadanos. Como uno también fue afiliado a Ciudadanos en su primer intento de expansión, ese que no apareció en los medios en el momento en que imperaba la censura y se constituía UPyD, puedo decir con algo de conocimiento cercano que Albert Rivera no me merece mucha credibilidad en cuanto a sus buenas intenciones políticas. Me parece el prototipo de sujeto ambicioso que vendería a quien hiciera falta por una parcelita de poder (de hecho ya lo pudimos intuir en su unión con Libertas en las primeras elecciones al Parlamento Europeo).

Viendo su forma de crecimiento y su inteligencia estratégica (que esa no se la quita nadie) creo que se plantó en las negociaciones con la única y firme intención de reventar a UPyD, pues era muy consciente de que su principal caladero de votos fuera de Cataluña pasaba por “robárselo” a este partido. Compartiendo electorado y optando también a la desbandada del PPSOE aunque en menor medida, su crecimiento pasaba por romper la credibilidad del partido magenta bastante sustentada por su actuación coherente en los organismos políticos en los que tenía representación, pero atacando directamente al principal punto débil: Rosa Díez, una líder con fama de autoritaria por los últimos acontecimientos (los líos de la dirección, la marcha de afiliados y el escándalo de Sosa Wagner).

Sabiendo que los resultados de las últimas elecciones europeas habían supuesto un frenazo para UPyD que tenía cierto estancamiento, y que la trayectoria de Ciudadanos era ascendente, no necesitaba en absoluto a nivel personal u organizativo el pacto, pero era una oportunidad magnífica para reventar a la competencia y captar electorado y afiliados.

A ello por supuesto, contribuyó enormemente la maquinaria mediática de la “derecha” que, imagino que por obra y gracia, y orden directa del PP y de Mariano, veían en Ciudadanos un partido más cercano y práctico, más ambicioso y mucho más fácil de convencer en una negociación que UPyD. Por ello, durante meses todos los medios de comunicación del sector se dedicaron a aupar a Ciudadanos y despotricar contra UPyD, para darle una posición de fuerza que en el caso de acuerdo y llegado el caso, permitiría al PP tener más accesible un partido con poder real en el que apoyarse para formar pactos de gobierno. El centro-derechista negociador de Cs Rivera era desde luego mucho más fácil de tratar y atraer que la “socialista autoritaria” Rosa Díez.

Así que la táctica de Rivera y su equipo, que manejan la comunicación, el marketing y la publicidad de manera magistral (solo superados por Podemos), fue tan fácil como ir anticipándose a las reuniones que tenía con UPyD dejando bien claro en los medios de comunicación que todas las dificultades estaban en la pérfida líder magenta que no quería perder su puesto. Qué mejor estrategia de desprestigio social contra alguien que lleva 30 años en política.

Coló, por lo que podemos definir su estrategia de dos formas: desde el punto de vista electoralista como un éxito, desde el punto de vista de la responsabilidad de buscar un pacto en pro de los ciudadanos como un tacticismo desleal verdaderamente asqueroso y digno de la vieja política partidista más rastrera.

Entre otras cosas porque nunca tuvo intención de explicar ni de arreglar los principales puntos opacos de su partido, que generaban los principales recelos en UPyD, y que ponen muy en duda su verdadera intención regeneradora: la falta de transparencia (constatada en el informe de Transparencia Internacional), su crecimiento a base de partidos localistas y regionales (verdadero cáncer en multitud de municipios y regiones por ser medio exclusivo en busca de intereses económicos), la existencia de imputados en sus órganos internos y listas electorales o los casos de transfuguismo (ver pp. 19-20 del informe de trabajo entre UPyD y Cs).

Ahora bien, si estos aspectos han supuesto un impedimento de parte para el pacto, tampoco voy a obviar los aspectos del otro bloque, en el que yo me encuentro, pues si me gusta pedir a los demás transparencia, lealtad y autocrítica, desde luego la exijo con mucha más intensidad a los propios. Y ya es hora de hacer un poco de autocrítica con contundencia aunque con intención de mejoría sobre nuestra actuación.

Es obvio que a UPyD nunca le hizo ninguna gracia el pacto con Ciudadanos y que probablemente la única razón que generó el encuentro y los grupos de trabajo fruto de la resolución del Consejo Político, fue la pataleta de Sosa Wagner antes de partir.

Así que si el pecado de Ciudadanos es (repito siempre, desde mi perspectiva) la deslealtad interesada de Rivera, el de UPyD es el grande, enorme y gigantesco ego de los miembros del Consejo de Dirección, a veces tan endiosados y fuera de realidad que se permiten el lujo de ignorar cuando no pasar olímpicamente de sus votantes e incluso de sus afiliados.

Desconozco si el origen de ello está como dicen algunos en la negativa de Rosa Díez a dar paso a nuevos liderazgos por su querencia al protagonismo en tiempos donde lo que pega son líderes jóvenes y guapetes (la política parece hoy un concurso de popularidad de un instituto americano cutre de secundaria) o es parte de la cultura de la propia organización marca de la casa, impregnada de ciertos males académicos y universitarios por deformación profesional de algunos de sus dirigentes, pero es un hecho que existe y que se debe trabajar para eliminar.

Esto como no puede ser de otra manera, deviene en una increíble cerrazón mental, que hace que estemos absolutamente encantados de habernos conocido y de lo bien que hacemos las cosas. Como dice un amigo mío y perdóneseme la grosería, “que no nos damos por el culo a nosotros mismos porque no llegamos, que si no…

Un cargo del partido (obviemos nombres) me hizo hace mucho tiempo una comparación basada en estereotipos que se me quedó grabada a fuego, pero con el tiempo creo que tiene bastante razón. Me dijo: “Lo de UPyD y Ciudadanos es una cuestión de vascos y catalanes. Los vascos para lo bueno y para lo malo son gente de principios y de ideas fijas, de ir con sus principios contra una pared; los catalanes, también para lo bueno y lo malo, son negociadores natos, estas son nuestras propuestas pero a ver en qué cedemos y por cuánto”.

Y así como Ciudadanos tiene sus debilidades en los aspectos internos comentados, en UPyD tenemos nuestro talón de Aquiles precisamente en su potencial, nuestra capacidad de comunicación. Como bien señaló magistralmente el brillante Toni Cantó en su genial entrevista en El Objetivo con Ana Pastor, de nada sirve hacer las cosas bien si nadie se entera.

Porque es maravilloso relamernos ante nuestro excelente trabajo, ante nuestros sesudos e intelectuales análisis académicos y ante nuestros orgasmomegacósmicos informes de 200 folios con análisis pormenorizados, diagnósticos certeros y soluciones hiperestudiadas, pero de nada sirven si no los lee ni el tato.

Me asombra que nuestro autocomplaciente Consejo de Dirección no se entere de que da absolutamente igual que hayamos presentado un informe de 42 folios con datos objetivos pormenorizados de las razones de la ruptura con Cs si nadie lo lee. Porque como no estamos en el ámbito universitario ni en un mundo de intelectuales, como estamos en un mundo en el que Adán y Eva se marca un 14% de share, lo que cuenta y lo que queda son los titulares y los eslóganes. Y ahí nos han repartido coces hasta en el cielo de la boca, primero por esa particular guerra que tenemos contra los medios de comunicación y segundo por una estrategia no adaptada al mundo terrenal.

Y queda mal decirlo, es políticamente incorrecto y se lo dejas a huevo a quien lo quiera tergiversar para hacerte polvo apelando con cinismo e impostura moral a tu consideración sobre la sociedad, pero es lo que hay. Y es la razón por la que alguien puede hacer las cosas bien pero no comerse un rosco, y uno llegar diciendo obviedades por un lado y babayadas por el otro, y conseguir el voto de buena parte de la población sin despeinarse la coleta.

Porque hay que bajar a la calle y saber con qué reglas se juega y cómo funcionan las cosas aquí abajo, además de en las instituciones que hay que cambiar y en los mundos celestiales. Porque cualquier comunicador por malo que sea sabe que la regla de oro es simplificar y adaptar el mensaje a las características del receptor y no darle un mamotreto de 300 páginas que no se lee ni el que lo escribió.

Por tanto, y teniendo en cuenta que otro defecto importante a superar es la ingratitud que se ha tenido con gente que ha trabajado mucho y bien sacrificando su tiempo por unas ideas y principios, no estaría de más criticar menos al que critica y hacer más autocrítica para hacer también un buen diagnóstico y buscar soluciones a lo que falla en casa.

Y en cuanto al pacto, resumiendo, es triste que con una finalidad y unos objetivos encomiables y necesarios ambos partidos hayan primado los intereses propios, los egos, las deslealtades y las cerrazones, y que el país no tenga una alternativa sólida con que esperanzarse. Ni unos ni otros han o hemos estado a la altura y lo único que queda es pedir que se recapacite, que se escuche el auténtico clamor ciudadano, y que por una vez los personalismos dejen paso a la responsabilidad.

Salud y libertad…

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2 comentarios

Archivado bajo Política

2 Respuestas a “Mi visión sobre el no-pacto de UPyD y Ciudadanos

  1. Sergio

    Buen análisis.
    La autocomplacencia es el principal mal de UPyD. Los afiliados y simpatizantes están todo el día machacando con lo bueno y transparente que es UPyD, sin entender que lo de verdad importa no es lo que ellos crean qué es su partido, si no cómo lo percibe la ciudadanía.

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