El laboratorio de marihuana y el canon AEDE

“Toda mentira de importancia necesita un detalle circunstancial para ser creída” (Prosper Mérimée)

osoHay días en los que uno comienza a leer el periódico y se da cuenta de que o bien lo de fichar a becarios con escasa formación y mal pagados está empezando a pasar factura a los medios de comunicación, o bien los profesionales del sector necesitan un curso de psicología básica para ejecutar con menos torpeza su mala intención de tergiversar la información para manipular a las masas.

Quizás ya el grado de infravalorar al lector ha llegado a tal nivel que no se toman ni la molestia de enmascarar un poquito sus intentos de esculpir sus falsas verdades en la plebe, pero no deben olvidar la premisa básica de que para que algo cale en el lector como una verdad, lo primero es que no se note mucho la patraña. Vamos, que este no se dé cuenta de que lo están llamando imbécil a la cara directamente. Buen momento para recordar nuestra entrada previa “Cómo saber si te toman por imbécil

Y es que el mundo de la psicología ha avanzado una barbaridad, y determinadas estrategias han demostrado su eficacia de forma asombrosa como ya hemos comentado múltiples veces en este blog. Especialmente las que no se difunden demasiado pero se utilizan en abundancia, las que se esconden en las grandes empresas bajo medidas de seguridad casi más férreas que las propias patentes de sus productos, o las que se saltan los principios del código deontológico al estilo Isinbayeba (esas que todos sabemos que “no existen” y son solo producto de “la conspiración” como bien dicen los que viven en el mundo de la piruleta, calle de la gominola).

Entre ellas por cierto, es destacable la de utilizar medias verdades o detalles circunstanciales sacados de contexto de hechos ciertos para construir la realidad alternativa que queremos inocular. Si alguno de ustedes quiere desprestigiar a su vecino o vender un producto o una realidad a otro por la razón que sea, esto es mano de santo.

En todo caso, volviendo al caso que nos ocupa, creo que por todo lo anterior es justo y necesario exigir a los medios que intentan engañarnos y cincelarnos sus dogmas, o mejor dicho los dogmas de sus amos, algo más de profesionalidad.

Porque es bastante hilarante entrar en la página web de un diario de cierta tirada en Asturias y leer el siguiente titular: “Hallan un laboratorio de marihuana en González Besada tras una riña familiar”. ¡UN LABORATORIO DE MARIHUANA!

 

Reconozco que cuando me encuentro con algo así no suelo ser capaz de reprimir el impulso y por tanto, como hombre débil que soy, cedo a la tentación de entrar al envite de forma automática.

En este caso, oh sorpresa, era uno de esos nuevos subproductos que se encuentran en la modalidad de noticia solo para suscriptores, con lo cual solo se me permitía leer el titular, la entradilla que decía “La Policía Local descubre detrás de un armario un cubículo equipado para el cultivo de cannabis propiedad de un menor” y el inicio de la misma: “Una discusión familiar sirvió ayer para que la Policía Local descubriera un laboratorio para el cultivo y…” (Para continuar leyendo hazte suscriptor por 1 €).

El problema es que no teniendo acceso a la edición impresa y tampoco ninguna intención de hacerme suscriptor de ningún diario, mucho menos para leer chorradas como las que infiero seguían en la redacción del artículo, no podía saciar mi insana y patológica curiosidad, lo que me generaba intranquilidad y desasosiego.

Porque claro, debido a ello no sabía si el chavaluco en cuestión era un pedazo de crack que se había montado un habitáculo alquímico de la de dios para extraer la esencia de THC de sus cogollos potenciando así los efectos y vendiéndolo como extracto puro de la sustancia, o simplemente que el redactor de la noticia (me inclino por ello) pretendía darle un toque sensacionalista al asunto tratando de sugerir que los porritos de la familia (que además generan una violencia desmedida que deviene en graves conflictos familiares, por los que además te pillan con el carrito del helado) son sustancias corrosivas que necesitan de un proceso de refinado altamente elaborado al estilo de la cocaína o las metanfetaminas, convirtiéndolas en mil veces más dañinas y potencialmente mortales que el cianuro. Ya saben, para que luego el intrigante señor con sombrero que las regala a la puerta de los colegios con intención de hacer adictos jóvenes, que además es un genio como inversor a largo plazo, se saque una buena tajada.

En fin, que no había solución, la duda permanecería ahí instalada oscureciéndose hasta el fin de los días, y mi cerebro dándole vueltas en una zona recóndita de su profundo inconsciente.

plantacion de zanahorias

Moderno laboratorio de genética molecular

Pero superado el trauma y cuando para nada me preocupaba ya el asunto en la conciencia racional, cometí el error de leer la noticia que narraba como el Congreso enviaba al Senado la reforma que endurecía la Ley Sinde aceptando el canon AEDE, o tasa google, que básicamente es un pago que el Gobierno se saca de la manga y que obliga a los agregadores de noticias tipo menéame o incluso redes como twitter donde los enlaces son muy habituales, a retribuir a los medios a los que enlazan. Aquí está bastante bien explicado.

Dicho de otro modo, el Gobierno, con dinero ajeno, paga a los medios de comunicación y diarios que controla el salario para que sigan ejerciendo como buenos esbirros, lamiendo la mano que les da de comer. Así, los medios siguen ejerciendo de meretrices reduciéndose el juego a una mera negociación por el precio del servicio, al estilo de la anécdota del genial Groucho Marx:

Preguntaba Groucho Marx: “Señorita, ¿se acostaría usted conmigo por un millón de dólares?”

“Por supuesto”, respondía ella.

“¿Y por un dólar?”, contestaba Groucho.

“¿Qué se cree usted que soy?”, reprochaba la dama ofendida.

“Lo que usted es ya ha quedado claro, ahora estamos negociando el precio”

Unos dictan y otros difunden. Y los que difunden cobran gracias a los que dictan, que casualmente son los que legislan, de los que leen, de los que enlazan, de la publicidad y hasta de quienes los mencionan para ponerlos a parir. Qué bonito trabalenguas.

Así que en esas estaba, dándole vueltas a la genialidad de que un diario cobre de la publicidad y de las propias víctimas de sus mentiras por orden de quien le redacta los cuentos según conveniencia, cuando el inconsciente traicionero que se oculta en una aleatoria activación de patrones de la red neural me saltó por los aires. Como si las conexiones cambiaran la dirección de los impulsos eléctricos y los recuerdos de la vieja noticia se mezclaran con la actual. En cristiano, cortocircuito mental.

Y me vino a la cabeza la definición de droga como: “toda sustancia que introducida en el organismo por cualquier vía es capaz de actuar sobre el sistema nervioso central, provocando una alteración física o psíquica, con capacidad de cambiar el comportamiento de la persona”. Y mezclé el concepto de sustancia con el de información y el de información con el de las noticias prefabricadas en un laboratorio social, aunque no fuera de marihuana.

Y aquel señor inquietante se quitaba el sombrero en la puerta del colegio y pervertía a la juventud de forma totalmente gratuita en pro de vete tú a saber qué inversión siniestra a largo plazo. Y tenía el careto de Wert. Y en lugar de regalar drogas, venía a cobrar el canon AEDE a jóvenes frikis que agregaban noticias en aplicaciones programadas por ellos mismos por simple ocio o a modo de práctica informática.

Y al joven chaval le caían dos soplamocos, uno por porrero y otro por poner un enlace en twitter. Y la riña familiar no era por tratar marihuana en un laboratorio, sino porque una famosilla detestable había mostrado su pezón derecho en lugar del izquierdo en un programa de telebasura, y el medio de comunicación en cuestión, por orden del Gobierno, había decidido que ese tipo de información era el único al que podían acceder los jóvenes sin pagar.

Y menéame ya no era un agregador de noticias donde la sociedad podía informarse, opinar de política, discutir, despellejarse o debatir sobre lo que a uno le diera la gana, sino una página porno donde a los jóvenes y los no tan jóvenes sí se les permitía acceder sin cuota de acceso para dar buen uso al nombre de la web.

Y cuando estaba en pleno ataque de pánico, rayando en la locura, apliqué la técnica de parada del pensamiento al grito de ¡Basta! Y en lugar de seguir leyendo los enlaces prefabricados que otros interesadamente me enviaban, decidí vaciar una habitación y mi mente para dedicarme a la química, donde ahora en la clandestinidad, cual forajido al estilo Breaking Bad, llevo mi propio laboratorio de tomates y alcaparras.

 

Salud y libertad…

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Archivado bajo Educar, Política, Psicología

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