Cómo saber si te toman por imbécil

“La indignación moral es la estrategia tipo para dotar al idiota de dignidad” (Herbert Marshall McLuhan)

Aquellos que hayáis visitado alguna vez el blog ya sabéis que tengo una cierta fascinación por twitter. Esta red social es un pequeño compendio de todo lo que uno puede encontrar en la sociedad, una muestra reducida de la masa donde la ponderación de sus subgrupos, eso sí, adquiere una forma extraña frente al universo poblacional, sobrerepresentando a algunos e infrarepresentando a otros.

Podemos encontrar por ejemplo dentro de los primeros a los miles de miserables gritones desocupados que sacan su verdadero yo, envalentonados por la percepción de anonimato, para decir las burradas más atronadoras. Tal es el caso del sujeto que insultó al hijo de Iker Casillas, con respuesta más que justificada y comprensible de este a pesar de lo que digan los sesudos asesores de los gabinetes de comunicación, muy profesionales ellos cuando de quien se habla no es de sus hijos.

ikerPero por otro lado, también podemos descubrir relaciones y contactos, que no serían posibles de otra forma, donde el potencial de enseñanza para ambos usuarios (y para cualquiera que quiera leer sus públicas conversaciones) es asombroso por el desarrollo de debates de gran profundidad.

En cualquiera de los dos casos, una herramienta de aprendizaje. En lo personal para motivarse con ejemplos y pulir vicios que podemos apreciar en los contraejemplos, en el continente para mejorar nuestras habilidades comunicativas y en el contenido para adquirir conocimientos a los que jamás hubiéramos llegado o pasar un buen rato leyendo las memeces más hilarantes.

El problema es que a veces uno no se entera hasta bien pasada la conversación de en qué extremo se encuentra o en qué punto de la amplia gama cromática de grises está, perdiendo un tiempo valioso en desechar la conversación si no le va a aportar absolutamente nada, o profundizando en ella si el contertulio merece la pena, porque hay que asumir que expresarse en 140 caracteres no es fácil por mucho enlace que se incluya y se pueden perder oportunidades simplemente por malos entendidos comunicativos.

Así que me he propuesto ordenar mis ideas, enumerando diez estrategias que utilizan aquellas personas que pretenden tratar a uno como si fuera imbécil, de forma que todos podamos establecer un estándar para no perder el tiempo, aspecto que además cuenta con la ventaja de ser aplicable a twitter o a cualquier otro proceso comunicativo, sea virtual o presencial. Aunque yo pondría el límite de descarte en el uso de tres o más de estas estrategias de forma frecuente, cada uno que ponga la nota de corte donde guste.

1.- Apelación emocional: Es bastante lógico que quien no quiera que pensemos trate por todos los medios de evitar la racionalidad, y el camino más directo para ello consiste en apelar a una forma más primaria y automática de respuesta, la emoción. No profundizaré más en este aspecto porque el tema ya está bastante tratado, sobre todo en la entrada que describía cómo utilizan este particular los nacionalistas, auténticos genios en cuanto al uso del miedo, el odio… para satisfacción de sus propios intereses.

2.- Lógica ad hominem: Consiste en recurrir a la acreditación personal cuando uno se ha quedado sin argumentos para defender aquello que está tratando de justificar. Por ejemplo, si uno de esos indescriptibles pedagogos defensores de la LOGSE escucha estas sabias palabras del juez Calatayud y no quiere dar su brazo a torcer, siempre podrá decir algo como: “Qué sabrá él, yo soy pedagogo y él es juez”. Lo será, pero te ha hecho un ZAS argumental a ti y a toda la educación laissez-affaire que os ha dejado KO.

3.- Equivalencia argumental: Dicho de forma más coloquial es la idea de que “todas las opiniones tienen el mismo valor”. Este absurdo tan actual viene de nuevo de ese complejo histórico tan español que confunde cualquier signo de autoridad con autoritarismo. Y es que, aunque avergüence tener que escribirlo, un hecho, una percepción o una idea no tiene el mismo valor que otra. Si yo creo que la raza humana desciende del antiguo linaje entre ET y la osa del madroño del antiguo logo de Caja Madrid, estoy diciendo una soberana chorrada, y por tanto esta idea no es equiparable a la teoría sintética de la evolución. ¿Por qué? Pues ni más ni menos que por el peso de sus argumentos que, en este caso, están basados en la autoridad del conocimiento científico. Por tanto, una idea no tiene el mismo valor que otra, sino que depende del peso de los argumentos que la sostengan, alguno de los cuales por supuesto, puede ser subjetivo en base a criterios psicológicos, políticos, ideológicos…

4.- Apelar a lo políticamente correcto: Especialmente despreciado por mí dado el valor que le doy a la claridad y la transparencia, es ese fascismo impositivo que por obra y gracia del dogma da visos de validez a toda acción que se oculte tras una mascarada de buenrollismo y de predominio de las formas sobre el fondo, impidiendo analizar lo que se esconde debajo. Se me ocurre por ejemplo el famoso “No a la Guerra”. ¿Pero es que acaso hay alguien que diga, así por deporte, “Sí a la Guerra”? Hombre, quizás sí porque hay mucho psicópata suelto y algún gerente de fábrica de armas, pero no parece la norma habitual. Y cuidado, que ya lo veo venir y no estoy diciendo que no se pueda estar de acuerdo con las manifestaciones o en contra de las políticas que generaron el fenómeno, lo que desprecio es la estrategia malintencionada utilizada por la cual se prioriza la manipulación sobre el análisis de la situación, de forma que se intenta evitar que uno pueda tomar una decisión libre sabiendo que no solo se posiciona contra una guerra en concreto, sino también contra unas determinadas políticas y partidos y a favor de otros, todo en un contexto propagandístico muy determinado. No obstante, tampoco nos extenderemos con el tema del buenismo cuando el genial Pérez Reverte ya lo ha dejado claro en su entrada “Por qué van a ganar los malos

5.- El mundo del eslogan. Mensajes publicitarios directos, claros y concisos que van directos a la línea de flotación de la razón aunque no signifiquen absolutamente nada o peor, aunque su mensaje trate de convencernos de algo que va contra todo principio de realidad. “Lo llaman democracia y no lo es”. “Que no, que no, que no nos representan”… En primer lugar, si analizamos el fondo, podrá ser flojita, mejorable o incluso de baja calidad, lo cual podría ser discutible en base a argumentos y en comparación con otros sistemas, pero lo cierto es que aquí al menos hay una Constitución que garantiza que se pueda votar cada cuatro años, que haya diversidad de medios de comunicación, libertad de expresión… curiosamente aspectos que no se contemplan en otros regímenes que sí defienden los mismos que critican “esta democracia”. Y en segundo lugar, tengo malas noticias porque “que sí, que sí, que sí nos representan”. Sé que es duro, que no nos gusta y que alguno daría su vida por una realidad diferente, pero negarse la realidad e inventar una ficticia y paralela solo conduce al delirio, como ya saben algunos compatriotas.

6.- La categorización colectiva. Cuando alguien te intente definir como miembro de un grupo, ya sea desde dentro o desde fuera de él, malo. Y lo que es peor, si es uno mismo el que se identifica tanto con el grupo que llega a perder su individualidad, peligro inminente de violencia. Es en este nivel en el que la masa se mueve adquiriendo personalidad propia. Si alguien desea profundizar en este campo, le remito al breve y excelente artículo “Por qué cuando estamos en grupo nos volvemos inconscientes y estúpidos”. No obstante, como a todo se le puede sacar beneficio, es una estrategia óptima para sacar los cuartos al personal, por lo que la recomiendo a aquellos emprendedores con afán de dinero fácil y poco escrúpulo ético. Que nadie diga que la estupidez no es rentable. Un ejemplo:

merchandaising

7.- La fascinante asignación del etiquetado. Si la categorización es una estrategia de manipulación de primera magnitud, el etiquetado es su mantra, y así podemos llegar a surrealismos absurdos como la definición de “facha”, que podríamos definir hoy día como todo aquel que no piense como uno mismo, o de “progre” que significa exactamente lo mismo 360º más allá del punto inicial del círculo. Y es que en política los extremos no es que se toquen, sino que se superponen con diferente nomenclatura.

8.- La inversa de la anterior, se trata de la aplicación de la hipótesis de Sapir-Whorf. El lenguaje orwelliano es una aplicación de esta hipótesis que básicamente determina que es la forma del lenguaje la que determina nuestros procesos de pensamiento. Dicho de otro modo, si antes queríamos decir algo y lo etiquetábamos para saltarnos el proceso de racionalización, ahora procedemos a la inversa, definimos un concepto tal y como interesa para nuestros fines. Imaginemos el concepto Dios. Obviamente no es lo mismo definir a Dios como el conjunto de leyes que gobiernan el Universo, como el conjunto de conocimientos universales a modo de registro akashico autoconsciente, o como el tipo de barba que te va a meter un rayo por donde no brilla el sol si te pones tontorrón y no sigues las directrices que le dio a vete tú a saber que colgao de las cuevas del ñapazucu hace 5.000 años. Porque lo importante es que cada definición, tan diferente, nos lleva a unas determinadas consecuencias lógicas: a vivir como a uno le place frente a unas leyes de la naturaleza externas y que no influyen en la vida humana, a ponerse a estudiar como un poseso para llegar a experimentar una pequeña gota de divinidad, o a no comer carne los viernes de cuaresma porque te rilas cuando venga a buscarte el demonio por los pies el día que fines. De hecho, si tenemos en cuenta estos aspectos podremos entender gran cantidad de los problemas de comunicación entre humanos, ya que intereses aparte, la mitad de las veces ni siquiera estamos hablando de lo mismo aunque utilicemos el mismo significante.

9.- El testimonial positivo y el testimonial negativo, una táctica de propaganda fundamentada en la asociación, que consiste en que personas respetadas (positivo) o rechazadas (negativo) presten su apoyo a una idea, con el fin de valorar o descalificar la idea en sí. ¿Que quieres dar apoyo a las ideas de la cienciología? Te traes a Tom Cruise que es muy molón y la mitad del personal ni se va a plantear cuáles son las perogrulladas que está diciendo. ¿Qué quieres desprestigiar a UPyD? Dices que los calificó positivamente Ynestrillas y además Jiménez Losantos y que por eso tienen que ser malos, remalos malísimos y te quedas tan ancho. Por cierto, recuerdo a todo el mundo que Hitler era vegetariano, así que ya quiero ver a todos los perroflautas del mundo comiendo carne de ñu, no sea que de lugar a confusiones. De hecho, es curioso que esta táctica sea ampliamente utilizada por los servicios secretos de medio mundo para desprestigiar cualquier idea que consideren peligrosa, subversiva o simplemente contraria a los intereses que convienen. Solamente tienen que sacar a un “colgao” defendiéndola para que buena parte de la población se aleje automáticamente de ella. Tan recomendable para “ganar debates” como estúpido para entrar en el fondo del tema, pero altamente eficaz.

10.- Y por último, la siempre socorrida falsa analogía, la comparación despectiva con otro elemento que no tiene absolutamente nada que ver, pero que a ver quien es el guapo que lo discute con la de tiempo que lleva. Cuando yo estaba en UPyD éramos especialistas en padecer esta táctica, ya que según a quien le preguntases, te diría que éramos la marca blanca del PSOE, la marca blanca del PP o incluso la nueva marca de Falange, eso sí en versión magenta, laica y gay, que éramos modernos que te pasas.

 

Resumiendo, que si alguien quiere debatir para vencer o convencer (muy al estilo de un pilar básico del discurso jurídico) en lugar de para crecer o para aprender, es probable que utilice tácticas de este tipo, cuya intención, directa o indirecta, no deja de ser apelar a la imbecilidad del otro para hacerlo cambiar de opinión.

En todo caso, aquí solo he puesto diez estrategias para identificar esos intentos de manipulación o propaganda, fundamentados en la falta de respeto al libre pensamiento del otro, pero lo triste es que hay más, muchos más y todos ellos altamente estudiados, validados, practicados y eficaces. Por cierto, contra ello solo hay un arma, la educación. Estamos perdidos…

Salud y libertad

 

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Archivado bajo Educar, General, Política, Psicología

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