Lamentable incidente nocturno

“La violencia es el último recurso del incompetente” (Isaac Asimov)

Volvía ayer a casa a las 3:30 de la mañana escuchando la radio después de tomar una cervecita en plan tranquilo con una pareja de buenos amigos, cuando bajando por la calle Martínez Vigil adelanté a un par de sujetos que iban un poco bebidos.

Una par de chicos de unos veintipocos años que iban con un puntín más de alegría de lo necesario hablando a voces en lo que parecía italiano y riéndose a grandes carcajadas, pero que tampoco hacían nada particularmente malo. Ellos también se cruzaron con un muchacho latino bastante curtido de gimnasio que estaba meando contra una valla mientras otra chica, menuda y delgada, le esperaba.

Hasta ahí todo normal, pero cuando ya casi llegaba al final de la calle empecé a escuchar gritos a un volumen que se superponía al de mi mp4, primero reprochando a los chicos porque “aquí se habla español”, palabras que provenían de la fémina, y después “exigiendo respeto” por parte de él.

Me quité los cascos para observar si iba a haber problemas y lo siguiente que vi fue un a uno de los jóvenes recibir no sé muy bien si un puñetazo o un empujón que lo hizo caer directamente contra la carretera y el bordillo de la acera. Aunque no lo vi exactamente ya que me lo tapaba su espalda por la forma de caer pareció más bien un puñetazo.

Rompiendo todas mis normas que básicamente consisten en cuando hay un caso así, quedarme lejos y llamar a la policía para que se haga cargo cometí el error de subir a ver qué tal se encontraba el muchacho que había recibido el golpe. Se dolía bastante del brazo que tenía mala pinta y subí un poco más a pedir a los otros que por favor dejaran la discusión.

El muchacho latino me dijo de forma educada que él exigía respeto, a lo que le respondí amablemente que lo entendía perfectamente, pero que tuviera en cuenta que iban un poco bebidos y que en todo caso no podía tomarse así la justicia por su mano. El otro italiano continuaba pidiéndole explicaciones por el guantazo que le había dado a su compañero, que seguía doliéndose del brazo.

La cosa parecía que no iba a ir a mayores así que les dije a ambos que lo mejor era dar por zanjado el tema y que cada uno nos fuéramos por nuestro lado. Cuando ya todo parecía acabado, la chica, ignoro si pasada de sustancias estimulantes o porque realmente tenía un serio problema de control de los impulsos, se apartó de su compañero, se acercó y escupió directamente al italiano cayendo en mi brazo la mitad del escupitajo, mientras le decía al otro chico que era “un hijo de puta” y otras cuantas lindezas.

Cuando le dije: “oye, que me has dado a mí” su respuesta fue todo un compendio de educación, urbanidad y saber estar: “Y a mí qué cojones me importa haberte dado, a mí que cojones me importa tu puta vida”.

Como vi la cosa ya ciertamente tensa, mis palabras fueron: “mira de verdad, o lo dejamos o llamo a la policía y que sean ellos los que se hagan cargo”. Error. El muchacho latino pareció asustarse y me dijo bastante amablemente: “Oye, policía no ¿eh? De policía nada”. Y en ese mismo momento, la histérica de su amiga se soltó de su brazo y vino directamente a mí con intención de agredirme, gritando: “A mí no me insultas tú hijo de puta, racista de mierda…”. Todavía estoy dándole vueltas a si consideró un insulto sugerir que llamaría a la policía, lo inventó porque le pareció una buena excusa para iniciar pelea que era lo que de verdad le apatecía o sencillamente escuchaba voces en su interior.

Por tres veces tuvo que cogerla su compañero casi al vuelo mientras yo me quedaba absolutamente flipado con la reacción de la chavala.

Justo en ese momento por la calle perpendicular inferior pasaba un coche de policía así que bajé corriendo llamándoles pero no llegaron a escucharme por lo que no pararon, y como ya estaba casi al final de la calle a una distancia prudencial, decidí no empeorar las cosas y marcharme, mientras la enajenada seguía exhibiendo su amplio vocabulario dedicando bellas palabras a todo el que se movía mientras su compañero la sujetaba casi en brazos para que no se fuera a atizar al primero que pillara.

Después del lamentable espectáculo me surgen varias reflexiones.

La primera, como aprendizaje personal, es que nunca debería volver a romper mis normas. Si considero que la situación es suficientemente grave como para que ocurra una desgracia, debo limitarme a llamar a la policía desde la distancia y no meterme en un asunto que no me compete, porque puedo ser yo el que salga escaldado. De todo se aprende en esta vida.

La segunda es lo patética que resulta esa nueva tendencia existente entre algunas mujeres de tratar de ganarse el respeto adquiriendo los clásicos comportamientos de machito descerebrado, conducta que he despreciado toda mi vida en los hombres, y que vista en una mujer como medio de buscar una igualdad con el mismo es realmente bochornosa. Si la igualdad va a consistir en coger los peores vicios de los hombres con mayor radicalidad para demostrar que se es tanto o más que el otro, vamos apañados.

La tercera es la constatación de la triste sociedad en que vivimos, donde se sigue valorando la violencia como medio de resolución de conflictos. Pero además, cómo gracias a lo políticamente correcto, el agresor se puede autodesignar como víctima justificando su propia violencia apelando a palabras marcadas socialmente, como racista. Que uno lo sea o no es lo de menos, es como si hubiera un principio de: “mi condición me permite hacer lo que me de la gana y el que me lo impida es una racista”. Cómo me recuerda a su versión intelectual de: “Yo tengo mi verdad y el que no piense como yo es un fascista”

Y la cuarta, que este tipo de situaciones solo se arreglan con educación. Independientemente de que la chica fuera puestísima de estimulantes o su grado de activación y violencia fueran cosa innata, es evidente que es un peligro para sí y para los demás. Pero tampoco creo que con medidas represivas se solucione nada, más bien al contrario. Educación y aprender a convivir de forma civilizada. [on] Así que viendo el valor que se da hoy a la educación, nos espera un futuro brillante y prometedor [modo irónico off].

En un instante llamaré a un amigo policía para saber si los italianos cursaron denuncia o si dio parte algún centro de salud de haber tratado alguna lesión producto de una agresión. Ya os contaré…

Mientras tanto, os dejo un tema. Ojalá el mundo real se pareciera ligeramente al mundo que algunos nos quieren vender para hacernos vivir en la ilusión de una seguridad y verdades que no existen…

Salud y libertad.

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Educar, General

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s