La verdad sobre el tampodka

“Sólo el conocimiento que llega desde dentro es el verdadero conocimiento” (Sócrates)

Lo bueno de la red, y de twitter en particular, es que superado cierto nivel de agonía por el encuentro con la cruda realidad social en que vivimos, también puede dar pie a diálogos y conversaciones interesantes, profesionales y productivas. Dicho de otro modo, bien enfocado es una herramienta magnífica para aprender de y con los demás.

Así que el mes pasado estaba tuiteando con un magnífico núcleo de profesionales y enamorados del ámbito psicológico (muy recomendable seguir a: @nuriapsi @Teofrasto o @KarlosMDiaz) cuando surgió el dichoso asunto del tampodka. No sé si conocen el tema, pero se resume en una supuesta nueva moda según la cual los adolescentes utilizarían para embriagarse un sistema consistente en introducirse un tampón bien regado de vodka por la vagina o por el recto, que además de emborrachar, tendría perniciosos efectos para la salud.

La cuestión es que el tema ya había sido tratado ampliamente por los medios de comunicación con diferentes niveles de sorna, sensacionalismo o alarmismo, y había trascendido al ámbito de la salud, donde ni siquiera los profesionales se ponían de acuerdo. Algunos decían que era una moda real y peligrosa, y otros que era una leyenda urbana que volvía cada cierto tiempo a la actualidad informativa.

Aquí podemos ver diferentes versiones de la moda en cuestión:

“El tampodka tiene efectos demoledores” (El Comercio)

“El bulo del tampodka” (El Periódico)

“Tampodka, ¿leyenda urbana o realidad en Navarra?” (Noticias de Navarra)

“Tampodka, eyeballing y oxy-shots: las prácticas con alcohol más arriesgadas” (ABC)

Que los medios de comunicación tergiversen ciertas realidades, a veces por desconocimiento y a veces por interés, es algo que tampoco nos debe sorprender, pero reconozco que el hecho de que la cosa ya fuera objeto de disputa entre profesionales, me generaba cierto amargor psicoeducativo.

Así que recordando la frase de Sócrates que da inicio a este texto, aunque con cierto nivel de literalidad, me decidí a conocer el asunto de primera mano.

Ya he hablado en otra entrada de la diferencia entre conocimiento práctico y conocimiento científico, y cómo a veces el primero es igual de útil que el segundo, e incluso a veces necesario para desarrollarlo con garantías. Por ejemplo, nada mejor que acudir a una sesión de una secta para entender cómo se desarrollan las técnicas de reforma del pensamiento, que introducirse en un chat político o sexual para hacer observación participante y ver de primera mano cómo funciona la mente de ciertos sujetos, o como hizo Antonio Salas, nada mejor que introducirse en un grupo nazi para saber cómo se organiza socialmente. Sin llegar a ese nivel de riesgo para la integridad física de uno, también es interesante el experimento de Smith.

“Según cierta consideración conductista, el pensamiento era producido por pequeños movimientos motores inconscientes del aparato vocal. Así que Smith, amante del conocimiento, decidió comprobarlo inyectándose curare para paralizar todos los movimientos voluntarios. Como después comentó que había sido capaz de pensar y resolver problemas, se descartó la hipótesis del pensamiento como producto de los movimientos del lenguaje, y pudo escribir su comunicación que como toda comunicación universitaria fue firmada por él y por otros tres compañeros”

Resumiendo, que para conocer ciertos temas cuando su complejidad es elevada, o como en este caso cuando son simples pero la disputa es amplia, lo mejor es cortar por lo sano y experimentarlo directamente. Así que me decidí a comprobar los efectos del tampodka igual que había narrado la periodista de El Huffington Post de Canadá, Danielle Crittenden en su artículo ¡Camarero, un Martini seco con un tampón!

No es que no confíe en lo narrado por ella, pero reconozco que el eco de los medios de comunicación (con centros sanitarios y Consejerías de Sanidad incluidos) y la disputa entre los profesionales del ámbito psicoeducativo me tenían con la mosca detrás de la oreja, aparte de que cuando me piden consultoría o asesoramiento me exijo a mí mismo ser riguroso. Además, qué narices, la réplica para contrastar también es parte del método científico, ¿no?

tampPor tanto el primer paso fue hacerme con un tampón, con la dificultad de que en mi casa no se gasta esta herramienta. Así que acudí a mi amigo @RickyTaun78 que ya conoce mis ventoleras, quien tras ser convenientemente asesorado por su mujer no tuvo problema en acercarme los mencionados a mi casa. Fue verdaderamente divertido bajar al coche para que me pasase el producto. Si un policía se hubiera acercado en ese momento para comprobar que me estaba pasando tampones, no imagino qué hubiera podido ocurrir.

Pero entonces llegó el primer problema. Resulta que las lecciones magistrales de su señora le hacían transmitirme que existen tampones que se expanden a lo ancho y tampones que se expanden a lo largo. Imagino que a las mujeres que lean esto no les causará sorpresa alguna, pero para mí era un enigma semejante al descubrimiento de la electricidad. Y más si pensamos en la moda adolescente, porque en caso de ser real ¿los utilizarán de un tipo o de otro? Al final decidí quedarme con los dos y vería sobre la marcha cómo me las apañaba.vodka

El paso siguiente fue la compra del vodka. Como me daba cierto miedo opté por uno de no mucha graduación. Bueno, por eso y porque era el más barato del Carrefour, porque si fuera para degustarlo pase, pero para estos menesteres como que ya había tenido suficiente con la bronca de mi mujer por dedicarme a estos experimentos, como para tener otra por gastarme un dineral en un vodka para transpirarlo por salva sea la parte. Resultado final: Tarisskoff, botella de 70 cl y 30% de graduación.

Así que tras prepararlo todo, empezamos. Primero tomarme la tensión antes del comienzo: 12.8 / 7.8 y 79 pulsaciones. Como un reloj.

El segundo paso es llenar una taza de vodka e impregnar los tampones. Quedo absolutamente alucinado de la cantidad de líquido que puede llegar a absorber un tampón. De forma súbita e inmediata comprendo la diferencia entre los tampones que se expanden a lo largo y los que lo hacen a lo ancho. Sin ninguna duda utilizo para mi experimento el que se expande a lo largo. Como dice el brindis, “al centro y pa adentro”. Todo sea por conocer…

Insertarse el tampón con vodka es en primer lugar verdaderamente complicado y en segundo lugar una auténtica guarrada porque empieza a chorrear por todos lados. Por tanto me pongo en el lugar de los adolescentes que en pleno botellón y sin la comodidad que a mí me da la privacidad, tienen que bajarse los pantalones e insertarse el tampón emborrachado. Me cuesta bastante creer que se sometan a este ritual tanto por la dificultad como porque sería imposible hacerlo sin que les quedara toda la ropa empapada en vodka, con la consiguiente incomodidad para toda la noche, los chascarrillos sobre su incontinencia urinaria y sobre todo, las explicaciones domésticas sobre por qué se llega a casa con unos pantalones empapados (o ya secos) oliendo a vodka del malo. También me pregunto si los adolescentes estarán para estos dispendios teniendo en cuenta la crisis, su capital y el precio del alcohol, aunque pienso que quizás se compense con el efecto

Tras la inserción, lo primero que noto es un escozor bastante desagradable, aunque habiendo leído el artículo de la experimentadora original del Huffington Post estaba sugestionado para que fuera bastante peor, por lo que me quedo más tranquilo esperando. A los cinco minutos, nueva toma de datos. Tensión 13.0/7.7 y 87 pulsaciones. Imagino que el incremento de pulsaciones será por efecto de la emoción.

Diez minutos, quince minutos, veinte… Ni el más mínimo síntoma de embriaguez. Lo único que sube con el paso del tiempo es el nivel de escozor que va in crescendo y algún pensamiento del tipo “¿qué narices estoy haciendo?”, “¿tendré algún tipo de curiosidad patológica por hacer estas cosas?”… Parecen todos pensamientos bastante racionales y lúcidos como para ser signos de embriaguez. A los 25 minutos y dado que la embriaguez ni está ni se la espera, doy por finiquitado el experimento. Más datos, tensión 13.2 / 7.6 y 82 pulsaciones.

Como diríamos si esto fuera una ponencia científica, vamos con las conclusiones. La eficacia del tampodka para emborracharse es nula. A ello habría que añadir un considerable derroche de alcohol en el proceso por la impregnación de los tampones, el chorreo al insertarlo y lo que se pierde durante la inserción, lo que no sería muy aplaudido teniendo en cuenta las carencias económicas de los adolescentes unidas al precio del vodka. Por si fuera poco, el único efecto a conseguir será un escozor molesto en el recto, pero ni un atisbo de embriaguez.

¿Que una vez conocida la ya creo que demostrada leyenda urbana alguno pueda realizarlo para ser el macho alfa, el machito o el lomo espalda plateada de la manada (lo que por cierto suele coincidir con el más descerebrado)? Es posible, pero desde luego tras una sola prueba no creo que lo volviera a repetir, tanto por su nula eficacia como por sus complicaciones añadidas. Yo desde luego, no tengo intención de hacerlo…

[P.D. MUY IMPORTANTE: De sobra sé que la entrada en cuestión puede dar mucho juego para ser descontextualizada, entendida desde su lado morboso o incluso humorístico, más aún por el estilo cómico utilizado en ocasiones para facilitar su lectura. Desde luego no es esa su intención, y me apenaría que su entendimiento se quedara en lo superficial y anecdótico. Lo que realmente me parece serio, y mucho, es que los medios de comunicación puedan difundir este tipo de noticias sin contrastar su veracidad, expandiendo bulos que pueden ser llevados a efecto como ha ocurrido con otras leyendas urbanas. No por habitual es positivo y es una tendencia que debería corregirse. Y desde luego, debería mover a la reflexión que profesionales del ámbito sanitario y psicoeducativo den asimismo carta de veracidad a este tipo de informaciones solo porque salen en los medios de comunicación o porque lo han escuchado de forma tangencial sin entrar al fondo del asunto o a un análisis más riguroso. Allá cada cual con lo que quiera entender y el sentido que le quiera dar]

Salud y libertad…

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2 comentarios

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2 Respuestas a “La verdad sobre el tampodka

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