De becas, seis con cincos y wertgüenzas

“La educación es el desarrollo en el hombre de toda la perfección de que su naturaleza es capaz” (Kant)

Parece que el ministro Wert lleva unos días revuelto por el tema de las becas y la famosa nota del 6,5 para su concesión. Desde mi punto de vista este genio del consenso (aunque sea en oposición) es uno de los peores ministros de la actualidad, tanto por su labor al frente de la política educativa como cultural. Y eso que al menos en la vertiente educativa tenía el listón muy alto a tenor de lo realizado por el Gobierno que aprobó la LOGSE, cuyo desarrollo tiene mucha responsabilidad en el paupérrimo nivel educativo de nuestro país (afortunadamente no todos los pedagogos somos de la misma escuela)

Pero más allá de la crítica personal, lo que quería plantear en esta entrada es una reflexión sobre el tema de las becas universitarias, aprovechando la polémica sobre la nota de corte para su concesión.

Es obvio que el principal condicionante para la concesión de una beca debe ser el nivel económico del receptor de la misma, pues en la propia esencia de la beca está el facilitar el acceso a la educación a alguien que no puede costeársela, garantizando al menos la igualdad de entrada para un derecho como es la educación. Pero además, parece razonable que la misma deba estar condicionada a un buen rendimiento del alumno pues en caso contrario entraríamos en la barbarie de estar sufragando la educación durante 10 años a un alumno que hace poco por aprobar cuando no absolutamente nada. Esto de hecho ya se produce actualmente si consideramos que el coste de una plaza universitaria está subvencionado en gran medida por las Administraciones Públicas, pues el pago de cualquier alumno apenas equivale a un 20% del coste real de su estancia.

Parecería pues razonable que además del análisis económico de la situación del alumno (o su familia) se tuviera en cuenta un indicador de su rendimiento.

El problema llega cuando tomamos la nota como indicador objetivo del rendimiento educativo o como fiable indicador inferencial del potencial educativo de un alumno. Porque francamente, un análisis que he echado de menos durante los últimos días en los medios de comunicación es el referente a la fiabilidad o rigor de las notas universitarias, otro de esos temas tan políticamente incorrectos de los que nadie habla pero que todos conocemos.

No obstante, como hoy no estoy para sesudos, teóricos y rigurosos análisis políticos, me voy a limitar a comentarles un par de casos vividos personalmente.

El primero, hace algunos años, ocurrió en la asignatura del Practicum de la carrera que estaba realizando por aquel entonces. A pesar de que la estancia en el centro de prácticas era de aproximadamente un mes y había un tutor que acompañaba permanentemente al alumno en dicho centro, la calificación final dependía del criterio de un tutor de la Facultad cuyo cometido pasaba por acudir ¡UN DÍA! al mencionado centro, valorar una memoria de lo realizado y tomar en consideración (o no) el informe del tutor del centro laboral. A pesar de que, no nos vamos a engañar, la mayoría de los tutores de los centros de prácticas calificaba con sobresaliente a sus discípulos, lo verdaderamente paradójico llegó cuando salieron las calificaciones finales de todos los alumnos dependientes del profesor de la Facultad. Los tres alumnos que compartían partido político con el mencionado docente universitario obtuvieron la calificación de sobresaliente. Todo el resto, unos diez, obtuvieron aprobados y notables. Como decía Marx, el bueno, es decir Groucho… (ver 02´:51´´)

El segundo caso, parte del indescriptible dominio pedagógico y docente de los profesores universitarios a la hora de elaborar y evaluar pruebas de evaluación. Imaginemos hipotéticamente la aberración psicométrica de un examen tipo test de 20 preguntas para evaluar los conocimientos de una asignatura cuyo manual consta de 405 páginas (también hipotéticamente, desde luego). Un alumno contesta correctamente 13 ítem (calificación decimal 6.5, luego beca); otro alumno contesta bien 14 pero mal 4 (luego puntuación de 12, calificación decimal 6, adiós beca). Si consideramos que un amplio porcentaje de docentes desconoce los más elementales criterios para plantear una cuestión de estas características dejándose llevar por la ambigüedad, o peor aún, la originalidad, ¿no es apelar un poco al azar cuando no jugar directamente con el futuro de los alumnos tomar estos indicadores como un todo inapelable para la concesión de becas? Ya sé que estamos ante un caso hipotético, pero dense un paseo por los foros de las asignaturas de la UNED. Tendrán buenas dosis de cómo la realidad supera la ficción.

Porque lo cierto es, y esto sigue siendo una visión personal, que la calificación de una asignatura dice más de la capacidad del alumno para someterse a las directrices de un tercero, por muy ilógicas y faltas de fundamento que sean, que del propio rendimiento o conocimiento del campo evaluado en cuestión. Es la eterna dinámica española, país muy de envidiar al vecino, entre primar la capacidad y excelencia por un lado o la docilidad y sumisión por el otro. De momento, gana lo segundo por goleada como podemos ver en el terreno político, pero también en el laboral, estudiantil…

Esto nos lleva a otra serie de consideraciones, como si es equivalente estudiar en una Universidad u otra. ¿Es lo mismo estudiar en una Universidad donde de media se estudia cuantitativamente un 500% más contenido que en otra para la misma carrera (sí, las hay, vaya si las hay), es semejante estudiar en una Universidad donde el porcentaje de suspensos de una carrera multiplica por 3 al de cualquier otra, debería ser igual de cara a la concesión de una beca el baremo cuando se estudia una Ingeniería en Telecomunicaciones que una carrera de Derecho, cuando la media de la primera bajará en varias décimas o algún punto respecto a la otra?

Y todo esto por no hablar del referente de porcentaje de aprobados, porque ¿acaso es más justo conceder una beca a un alumno que se matricula de 60 créditos y aprueba el 100% con un 6.5, que a otro que se matricula de 90 créditos y los supera con una media de 6?

Por tanto, todo esto suena a mucho de ocurrencia, poco de análisis y nada de conocimiento de la dinámica universitaria. Aunque este particular es muy típico de quien se dedica a implantar políticas sin hacer diagnósticos y a leer informes ajenos sin mamar la propia realidad de lo que tiene que gestionar.

Finalmente y ya puestos, no sería mala idea complementar el sistema de becas con otra figura utilizada en varios países como la de los préstamos-renta. Eso sí, sin la trampa utilizada en España de ponerse a cobrar el préstamo desde el mismo momento en que se concede (aunque sea al 0% de interés) y tomando como ejemplo otros lugares, cuyo pago se empieza a realizar desde el momento en que el alumno encuentra un trabajo con un nivel de cualificación equivalente a aquel a cuya formación se ha destinado el crédito y siempre pagando en función del nivel de ingresos.

Aunque claro, eso por estos lares nos llevaría a tener que pedir muchas explicaciones sobre las categorías profesionales en el ámbito laboral y preguntarnos por qué un licenciado está desarrollando labores de licenciado pero cotizando por una categoría 8 como mozo de almacén… hipotéticamente, desde luego.

Salud y libertad…

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4 comentarios

Archivado bajo Educar, Política

4 Respuestas a “De becas, seis con cincos y wertgüenzas

  1. ¿No deberíamos plantearnos que tenemos una burbuja universitaria que hay que ir pinchando?

    • Sin duda, si por mi fuera… No es ni medio normal que un país como este tenga casi 80 Universidades entre públicas y privadas. Más calidad y menos cantidad, y por supuesto, más racionalidad económica. Gracias por el comentario.

  2. enhorabuena por tu post, pero si el criterio de la nota es injusto, ¿cuál propones tú a cambio? Porque mira que le he dado vueltas y no se me ocurre ninguno…Quizá habría que matizarlo con el porcentaje de créditos aprobados como sugieres. Pero esto es como la mayoría de edad, un chico ¿es más maduro con 18 años y un mes que con 17 años y 11 meses? Pues en algún sitio hay que poner el límite. Dicho esto, de acuerdo con que tenemos el peor ministro de educación en muchos años (y mira que era difícil superar a los anteriores). Uno de los problemas más graves que tiene la educación actual en mi opinión es la falta de exigencia, debe haber, como tú mismo dices, algún criterio indicador del rendimiento educativo.

    • Estimado Jose:

      Muchas gracias por tu comentario. Estoy de acuerdo con poner el límite en algún lado y la nota puede ser un buen dato, pero no creo que deba ser el único. Aunque reconozco que se me da mejor reflexionar sobre las preguntas que plantear las respuestas, quizás lo que habría que hacer es considerar baremos diferentes en función de indicadores como la Universidad, las notas del alumno en relación con las de la propia Universidad, el número de créditos matriculados, el tipo de carrera… Y desde luego, lo que yo creo que debería tener un peso considerable es la situación económica del alumno.

      Por otro lado estoy de acuerdo en que existe falta de exigencia y debe premiarse la excelencia, pero tal vez habría que empezar por utilizar ese mismo criterio con los propios docentes universitarios. Desde luego hay muchas cosas que arreglar porque desde mi humilde punto de vista el sistema educativo en su conjunto está en parada total…

      Saludos.

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