Libertad y muerte

“Si no recibes a la muerte como tu novia, habrás de recibirla como tu verdugo” (Gustavo Timón)

Hoy me he propuesto hacer un ejercicio de videncia con una probabilidad de acierto del 100%. Sé que pensarán que es imposible pero les aseguro que antes de acabar el post les habré adivinado el futuro con una profecía sin margen de error.

Entre que me llega la inspiración ultraterrena y mientras tanto, me gustaría compartir algunas reflexiones que me vienen desvelando desde el pasado jueves día 11, cuando fui de nuevo a ver al genial Leo Bassi al teatro Filarmónica de Oviedo.

Con Leo Bassi pasa un poco como con Toni Cantó, que a algunos les basta con leer los titulares y tener una vaga idea de su figura precedente para ponerlo a parir sin más. ¿Para qué molestarse en ir a una de sus actuaciones o ver sus videos completos hasta el final? [Por cierto, que en estos momentos Cantó vuelve a ser TT en un nuevo ejercicio de tergiversación y manipulación de un titular que miles de personas se animan a repetir como loros sin contrastar y sin haber leído la entrevista. Demasiado esfuerzo]

Si estos mismos se molestaran en acudir al menos a uno de los espectáculos de Bassi tal vez descubrirían con sorpresa una obra que mezcla a partes iguales espectáculo al estilo del circo tradicional, provocación (desde luego) y reflexión. Una reflexión que desde luego impele a hacer lo propio en base a la potencia de sus argumentos.

Así que mientras algunos siguen pensando que no tienen nada que aprender del tipo que martilleaba sandías en Crónicas Marcianas (en eso se quedan) y otros escriben artículos comentando un espectáculo que probablemente no han visto a la luz de lo dicho, yo aquí sigo comiéndome la cabeza con sus palabras.

Hablaba en un momento del espectáculo desde la perspectiva de un hombre que, ya al final de su vida, sólo espera el momento en el que le confirmen que se va a morir porque considera que es el momento en que adquirirá un nuevo nivel de experimentación en cuanto a libertad se refiere.

Considera que es en ese momento, cuando le confirmen que la muerte es inevitable y cercana, cuando realmente podrá alcanzar un nuevo clímax de libertad. Porque en ese instante ya no le importarán las imposturas sociales, las morales artificiales, las críticas superficiales… ni siquiera las pocas que ha aceptado, ya nada le importará excepto lo que realmente él mismo quiera asumir, su verdadero yo. Es en ese breve periodo que llega salvo en los casos de muerte automática (infarto fulminante, accidente de coche…), cuando uno sube un nivel respecto al conocimiento de sí mismo y a la forma de vivir en libertad, aunque sea ya durante poco tiempo.

Buscar la libertad como él puede ser una opción personal, pero nadie ha dicho que sea fácil ni sencilla. Con la libertad pasa como con el conocimiento, muchos hablan de ello pero pocos se atreven a buscarlo de forma real, y cuando uno lo hace, sabe que va a ser costa de varios inconvenientes: incomprensión, ostracismo, amenazas… Por ejemplo, el conocimiento real, el de saber cuál es la verdadera esencia del mundo en que uno vive o la propia esencia humana, conlleva dolor o infelicidad, porque solo cuando uno es consciente de la crudeza de un hecho sin adornos es cuando puede valorarlo como tal.

Cuando a uno le preguntan si es completamente feliz, caben dos explicaciones a una respuesta afirmativa. La del necio que desconoce el mundo en el que vive, con lo cual puede permitirse ser feliz gracias a la burbuja cultural que lo protege de la naturaleza de la propia realidad; o la del completo miserable psicopático, la de quien conociendo el sufrimiento y la realidad, carece de la más mínima empatía y se preocupa exclusivamente de sí mismo y de lo suyo.

La libertad es algo semejante, muchos hablan de libertad pero sus conductas están mediatizadas por lo que tienen que hacer o decir para no molestar a unos y a otros, para que su comportamiento no pueda influir negativamente en un presente o futuro trabajo, para guardar las formas de determinada posición social, para agradar o molestar… pero siempre actuando, como Leo Bassi. Y el que quiera realmente ser libre tendrá que lidiar con la incomprensión, y a veces la ira, de sus semejantes, como Zaratustra.

La búsqueda de la libertad desde un punto de vista psicoanalítico consiste desde mi perspectiva en la función de maximizar el yo, minimizar el superyó y controlar el ello [ampliar], pero cuidado, no es la fórmula de la felicidad, solo la de la libertad.

Y la libertad, mayor o menor, existente o inexistente, también tiene su juicio final, un juicio que se basa en la máxima justiciera de Platón: “a cada cual según su merecimiento”. Porque no hay juicio más aterrador y más devastador que el propio juicio personal. Ese momento justo antes de la muerte, ese instante, en que uno hace la valoración de su vida. Esos segundos en que uno nota que se le apaga el corazón o la décima de segundo en que uno ve venir el coche de frente y tiene que hacer balance.

Habrá quien considere que por esas décimas de segundo no merece la pena condicionar una vida, pero los griegos que para esto eran unos fenómenos, conocían bien la diferencia entre el Kronos y el Xeiros, el tiempo objetivo y el tiempo subjetivo. Cómo en un tiempo objetivo de tres segundos, uno puede vivir emocionalmente toda una vida en un beso, o maldecirse a sí mismo al ser consciente de que ha desperdiciado el regalo de una vida preocupándose de cosas insulsas y sin valor… y ya nada puede cambiarlo.

Los egipcios tras morir tenían que sufrir la prueba del peso del alma. Osiris presidía una ceremonia en que se ponía en uno de los platos de una balanza el corazón del muerto y en otro la pluma de Maat, que representaba la Verdad y la Justicia. Si los platos se equilibraban el muerto podía pasar al Más Allá, si no quedaba condenado.

Pero el juicio de Osiris es un juego de niños comparado con la sentencia que uno mismo puede aplicarse en el último instante. Ese juicio que convierte el último pensamiento de la vida de uno en un momento de satisfacción por haber vivido conforme a las propias convicciones y los propios principios, o de amargura por haber malgastado la vida conforme a postulados ajenos e intrascendentes. Porque, ¿cuánto durará esa décima de segundo objetivo en la subjetividad de la mente? Siendo el último pensamiento y la última emoción, podría ser eterna…

Y como empezando el post me comprometí a hacer una profecía sin margen de error, aquí se la incluyo en forma de imagen. Vea bien su futuro, sin artificialidad, sin adornos, sin disfraces. La pregunta es, ¿hacia que lado dejará usted caer la balanza, cuál será SU juicio?

Salud y (hoy más que nunca) libertad.

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Filosofía, General, Psicología

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s