La niña terrorista y el director imbécil

“Contra la estupidez, hasta los dioses luchan en vano” (Goethe)

Seguramente más de una vez y más de dos se hayan hecho ustedes la siguiente pregunta: “¿Pero qué narices le pasa a este mundo?” A mí esto me suele pasar a menudo cuando leo noticias tan impactantes como esta: “Niños expulsados de institutos y enviados al juez por jugar a policías y ladrones” (Diario El Mundo, 18/02/2013)

Lo mejor del espectáculo viene cuando uno lee los tres primeros párrafos:

Una niña de 5 años, expulsada durante 10 días del instituto por hablar con su amiga de las pistolas de Hello Kitty, que disparan pompas de jabón, y con una referencia en su historial académico por realizar amenazas terroristas

Un niño de 6 años, expulsado un día por jugar a indios y vaqueros y decir pum mientras <<disparaba>> con su mano a un compañero que hacía como si blandiera un arco y una flecha

Otro niño, éste de 10 años arrestado, fichado (toma de huellas dactilares incluidas) y oficialmente en libertad condicional por enseñar en el autobús del colegio una pistola de plástico que cuesta un dólar

El lugar del que estamos hablando es EE.UU., país paradigma de libertad (y de la decadencia occidental) y a la luz de lo visto, del más acusado sentido de la paranoia del que puede hacer gala un colectivo social.

Porque a pesar de lo leído, lo llamativo del tema no es solo su peculiar sentido de la prevención de la violencia en los centros escolares, sino la incoherencia manifiesta de un lugar donde se permite comprar esto presentando el carnet de conducir…

pist1903

…a la par que considera un peligro potencial, una amenaza para la sociedad y un riesgo apocalíptico hablar de (sí, solo hablar, ni siquiera amenazar con) esto otro

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Y es que más allá del inmisericorde castigo que merecerían los padres de la criatura por su sentido del gusto (que no obstante tampoco sería tan radical como para solicitar la supresión de la patria potestad), parece exagerado penar a la chiquilla con una mención de terrorismo en su historial académico y policial, incluso aunque estos pudieran tener una foto semejante o tan aterradora como la siguiente…

Ciertamente, USA es un país peculiar (aunque en España tampoco lo hacemos mal): un país donde te pueden sacudir por arriba y por abajo con escenas de violencia gratuita, pero te pueden censurar el visionado de un pezón con un pixelado al más puro estilo de la pelusilla del porno japonés; un país donde te pueden meter en la cárcel acusado de acoso sexual por contar un chiste verde, pero que concede medallas a soldados que abusan sexual y físicamente de presos en cárceles de dudosa legalidad; un país donde son capaces de fabricar una pistola real con balas rosas basadas en un dibujo animado que representa inocencia y niñez; o un país donde puedes comprar un arma de asalto automática, pero donde te expulsan diez días por hablar de las pompas (de jabón) de Hello Kitty.

Creo sinceramente que hemos perdido el norte hace tiempo, el norte, el sur, el este y el oeste. Y es que si algo produce más terror que una niña hablando de cartuchos para su Kitty-pistola, es que un director de un centro escolar sea tan sumamente imbécil como para expulsarla diez días por ello, mención aparte.

Si alguien como este sujeto, con semejante trastorno de lo que está bien y lo que está mal y que no diferencia lo que es un juego simbólico de lo que es real o lo que es un cachivache de plástico de lo que es un arma de asalto, es el encargado de dirigir la educación de las futuras generaciones, no nos quejemos cuando empecemos a tener problemas graves porque estas mismas generaciones no sepan discernir lo bueno de lo malo o lo trivial de lo importante.

Y recuerde, si usted ve a esta persona no dude en llamar a los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado. Su vida puede depender de ello…

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2 comentarios

Archivado bajo Educar

2 Respuestas a “La niña terrorista y el director imbécil

  1. Curiosamente pienso igual en este extremo. Todo país tiene sus contradicciones. En el caso de los USA (que a veces nos lo ponen demasiado a huevo) eso de no poder enseñar una pistola de juguete, pero que sea legal que papi lleve un .357 con un cañón como su brazo en la sobaquera, estremece. Estremece esa cultura a las armas y a la religión de la segunda enmienda (creo), que permite llevar armas hasta por la calle, alegremente, en algunos estados. Y lo que estremece en sí no es el “derecho” a llevarlas, sino que no hagan un maldito psicotécnico al portador, que se lleven con municiones brutales como las cabezas huecas, las municiones Glaser, puntas mercuriales o las falsas ojivas plásticas. “Para cazar”, dicen. Y te venden un rifle del calibre .50 BMG capaz de derribar un avión.
    En fin. Más de lo mismo. La inconsistencia argumental y del sentido común al fichar a un crío, o amonestar a una niña que habla de burbujas de jabón, pero no hablan de llevarlos a los campamentos de las milicias donde se tiran todo un verano con rifles de asalto a las espaldas.
    Y se erigen como “la policía del mundo”. Pasa lo que pasa, después. Ellos son su propia destrucción.

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