Autenticidad y reconocimiento

“Si la libertad se caracteriza por algo es por poder decirle a los demás aquello que no quieren oír” (George Orwell)

Iba a tratar en mi entrada de hoy el tema del nuevo fascismo de lo políticamente correcto y los procesos de idiotización basados en la manipulación de la deseabilidad social, pero gracias al twitter he podido leer la última entrada de Pérez Reverte: “ El Cáncer de la Gilipollez” y tras comprobar la habitual brillantez a la que nos tiene acostumbrados, mención a Anasagasti incluida, he decidido dejarlo para mejor ocasión.

Así que he echado un vistazo a los medios de prensa y he visto que entre las noticias de la semana con más repercusión estaban el parto doméstico de la mujer de Sánchez Dragó y la dimisión de Esperanza Aguirre, dos personajes sin duda polémicos.

La verdad es que con Esperanza Aguirre tengo poco, por no decir nada, en común. Sus políticas ultraliberales no me gustan ni me parecen apropiadas para solucionar los verdaderos problemas de los ciudadanos, más bien al contrario, así que rara vez he estado de acuerdo con ella. Con Dragó coincido algo más, me gustó el planteamiento de su “Carta de Jesús al Papa” y lo he escuchado alguna mañana dominical en el programa de Isabel Gemio, donde a veces sí que he estado de acuerdo con sus reflexiones, aunque otras, como en el tema taurino, ni por asomo. También he de decir que tengo pendiente desde hace muchísimo tiempo la lectura de “Gargoris y Habidis”.

Pero a pesar de los desacuerdos, en ambos casos reconozco cualidades que me atraen especialmente: la claridad, la transparencia, la fuerte personalidad y la capacidad de expresar y defender su criterio por encima de la aprobación social, aspectos que  a día de hoy son muy de agradecer. Por eso he llegado a la conclusión de que en realidad no es que sienta simpatía por los propios personajes, sino admiración por estas características que cercenan la autocensura y que se pueden resumir en una: librepensamiento.

Creo que vivimos en un tiempo donde se prima la mediocridad y el papanatismo de forma exagerada y por eso me simpatiza aquel que cree que tiene algo que decir, especialmente si  lo antepone a lo que se supone que debe decir, y más aún, si lo dice con la convicción, o la chulería, de saber que eso mismo no va a agradar a los demás. Como decía Orwell: “Si la libertad se caracteriza por algo es por poder decirle a los demás aquello que no quieren oír

Entiendo además que no tiene que ser fácil vivir siendo blanco de las iras de la masa adoctrinada cuando uno se sale del camino del discurso marcado por el poder hegemómico del momento, más si este cree contar con una superioridad moral como esa izquierda actual de dogmas, etiquetas y escasa competencia; o casi peor, con el apoyo directo de Dios, como la derecha rancia, acomplejada y de comportamiento impostado.

Y es que el hecho de tener una personalidad marcada puede traer más complicaciones que beneficios, quizás por eso hay que esperar a tener una cierta posición, o al menos garantizadas las lentejas, para encontrar a personas o personajes que se sientan libres (y con un cierto nivel de endiosamiento) para considerarse por encima del bien y del mal.

Tomás Gómez tiró de cita ante la retirada de Esperanza Aguirre, cuando dijo aquello de que uno se mide por la talla de sus enemigos y lo cierto es que para tener enemigos uno tiene que reunir dos características: tener algo que decir, y que lo que se diga tenga la importancia suficiente como para que moleste a un tercero. Por eso, amigo Tomás, lamento decirte que lo que tú intentas se denomina psicológicamente “brillar con gloria ajena”, porque tú no te caracterizas precisamente por ser claro y directo, sino más bien por tratar de esconder y ocultar tus acciones bajo el discurso de lo oportuno.

Otro que comentó esta necesidad de apartarse de las valoraciones ajenas en pro de la integridad personal fue Cela, que en una de sus entrevistas televisivas más famosas reconoció que cualquiera que prestara atención y diera importancia a lo que dijeran los demás de uno, estaba perdido, poniendo el ejemplo de su propia persona: “de mí se ha dicho que soy desde un genio a un completo retrasado mental, y probablemente los dos, pero al menos uno, seguro, se equivoca”. Esto me recuerda en el ámbito personal también a cierto colega de redes que tras leer mis primeros post en el blog me espetó: “no sé si eres un completo genio o un auténtico trastornado”.

Así que vaya en esta entrada mi despedida a Esperanza, mi enhorabuena a Dragó y mi reconocimiento a todos aquellos que por encima de convencionalismos muestran su autenticidad. No hay nada más triste, especialmente en campos como la política o el periodismo, que saber qué va a decir uno antes de que abra la boca.

Salud y libertad

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo General, Política

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s