Esencia humana (3ª parte)

“El mal conoce el bien, pero el bien no conoce el mal” (Kafka)

La verdad es que para analizar esa esencia humana de la que hablamos y saber si es virtuosa o fruto de las pasiones más aterradoras, no hace falta mucho. Basta con leer un periódico o informarse de las noticias de los últimos días, para que los defensores del buenismo tengan que dar muchas explicaciones. Quizás la principal y más utilizada es que esa “esencia” no es producto de la propia “naturaleza” del hombre sino de sus “influencias sociales”.

Hay que decir a este respecto, aunque vaya contra mi propia argumentación, que a estas alturas poco importa si el origen es “natural” o “social” porque la distinción natura vs nurtura (naturaleza vs ambiente) hace ya algún tiempo que ha sido superada. Desde la genética conductual se asume que la configuración del individuo está determinada por la interacción constitucional en un ambiente concreto. De hecho, los genetistas asumen que la expresión del genotipo está influida por la interacción con el ambiente (y en el caso de los psicólogos de la personalidad asumiendo el modelo diátesis-estrés). Por tanto, realmente se podría mejor hablar del concepto de “esencia humana” prescindiendo de ese dualismo que busca su origen, aunque yo soy reticente a asumir esa minusvaloración del cerebro límbico en la conducta.

Así que volviendo al tema que nos ocupa, plantearemos a continuación algunos ejemplos, comentaremos algunos aspectos de una institución y de dos de los personajes más famosos que en el plano filosófico han defendido la innata bondad humana, y quizás la parte más interesante, analizaremos por qué el ser humano se empeña en defender contra toda lógica lo que los hechos niegan de forma bastante contundente (algunos principios psicológicos son por definición también muy descriptivos de la propia esencia de la que hablamos).

El primer ejemplo lo tenemos en el caso del asesino de Denver. El caso lo conocemos: un  individuo se disfraza de Joker y asesina a un montón de personas en la presentación de la nueva película de Batman. Lo que me gustaría comentar, más allá del hecho, está en la noticia que el diario El Mundo, publicó el día 21/07/2012 al respecto y donde figura la visión del presidente de la sociedad española de criminología:

El sociópata, tal y como explica este experto, se trata de una persona antisocial que odia a la sociedad, la rechaza y transgrede sus normas, a sabiendas de que lo que está haciendo está mal. Disfruta con el daño que hace, insiste y disfruta porque sí tiene empatía. Margaz hace una diferencia clara con otro tipo de perfiles. El psicópata no tiene ningún tipo de empatía, no puede ponerse en la piel del otro ni reconocer sentimientos. No sabe lo que es. El sociópata, por su parte, sí tiene empatía, la conoce y la siente. Si hace algo mal, lo hace sabiendo lo que hace, disfrutando con ello. El sociópata tiene lo que los criminólogos llaman un resentimiento social contra el resto de la población

Es decir, tenemos ya de primera mano a un tipo de individuos que “disfrutan causando dolor”, los sociópatas, y aunque el origen de su conducta sea de carácter social, ese “disfrute del sufrimiento” no está tan claro que sea producto de un aprendizaje social. Uno podría llevar a efecto conductas bárbaras por puro resentimiento, pero ello no implica que tuviera que disfrutar con ellas.

Más claro es el caso de los psicópatas, individuos que por definición “no tienen empatía, no pueden ponerse en la piel del otro ni reconocer sentimientos”. Sin embargo, muchos profesionales se niegan a aplicar a los psicópatas el apelativo de enfermos (por las connotaciones atenuantes que ello supondría desde el punto de vista jurídico), definiéndolos sencillamente como personas “distintas”, algunos de ellos con una inteligencia superior a la media. De hecho, habría mucho que diferenciar entre la concepción americana del psicópata, definida en base a su análisis conductual, y la concepción europea, más centrada en los factores cognitivos. Pero aquí ya tenemos una prueba de que por definición, esa esencia humana no tiene por qué ser virtuosa.

Otro problema que tendríamos al analizar esa esencia humana como virtuosa o perversa, es la definición de qué entendemos por bueno y malo. Como ya señalé en otra entrada del tema, desde mi postura relativista este tema no tiene mucha solución en los típicos dilemas morales, porque muchas variables varían en función del contexto espacio-temporal, pero sí es verdad que si analizamos conductas extremas podríamos llegar a algún tipo de consenso. Así, matar a alguien en defensa propia no parece que sea propio de una maldad innata. Matar a alguien por el simple disfrute personal, la mayoría entenderíamos que sí.

Y es aquí donde podemos ver gran cantidad de conductas que van desde lo más repugnante por su intrínseca perversión a conductas que demuestran una absoluta falta de empatía ante el sufrimiento ajeno, lo que deja un poco “tocada” la teoría de la virtud humana.

Entre las primeras podemos citar, y nada más que citar por su repugnante crudeza, ejemplos como los casos de canibalismo pactados por internet cuyo único fin suele ser el disfrute del agresor, los nauseabundos casos de pederastas como el de Nanisex o Del Valle, los asesinatos rituales…

Entre las segundas, son bastante conocidos los casos de justificación o minimización del dolor ajeno que muchas personas han realizado en caso de asesinatos terroristas, cuyas argumentaciones y excusas no tendríamos que ir muy lejos para escuchar. De hecho, en algunas zonas cercanas era habitual ver a parte del pueblo concentrarse en la plaza realizando un minuto de silencio tras el asesinato de un vecino, mientras la otra parte tomaba desenfadadamente una tapa y una cañita en la terraza del bar de la misma plaza.

También puede ser interesante si alguno tiene especial curiosidad, adentrarse en el mundo de internet, donde a través de canales específicos de chat de temática política o sexual puede encontrar con mucha facilidad personas que bajo la percepción de anonimato, no tendrán mucho problema en mostrar su “verdadero yo” y comentar los que piensan sobre determinados aspectos relacionados con la violencia o las pulsiones sexuales. De hecho, acceder a uno de estos chat, sobre todo a los segundos, debería de ser de obligado cumplimiento para que los padres vean y conozcan la realidad a la que sí o sí se van a enfrentar sus hijos, pertenecientes ya al grupo de los nativos digitales.

Incluso si quieren ir un poco más allá, siguiendo la metodología que comentábamos de Antonio Salas, no sería muy difícil que asumieran discursos ajenos (en el sentido global del concepto) lo que les permitiría de primera mano conocer las verdaderas pulsiones de quien en última instancia es su fontanero, su médico, su maestro, su vecino…

No me resisto a contar aquí una pequeña anécdota que me dejó profundamente marcado. El diálogo que tuve en uno de estos chat con una chica que podríamos tildar de hematofílica (o fetichismo vampiro), es decir, que sentía una profunda excitación de carácter sexual con el brotar de la sangre. Una chica muy agradable a la que agradezco me abriera su mente para mantener un diálogo sereno, pero desde luego no lo vamos a negar, una auténtica psicópata en potencia como algún día se plantee llevar a la práctica lo que en principio, quiero pensar, solo era una fantasía. En todo caso, tampoco quiero entrar mucho más en este tema, porque como ya he dicho, tengo ciertas hipótesis que estoy analizando desde un punto de vista más científico, por lo que no quiero anticipar nada al respecto, ni mezclarlo con un ámbito más divulgativo, al que quizás algún día también me anime.

Finalmente, y retomando el análisis de las conductas más extremas, podemos observar también que estas no se llevan a cabo solamente como conductas individuales, sino también en procesos sociales, cuyos juicios posteriores son a veces verdaderamente sorprendentes. Porque nadie discute que los nazis hayan sido (y sean) unos cabrones que promovieron un genocidio, pero a mí me sigue asombrando que se califique a los aliados como “los buenos”, siendo como fueron los que lanzaron las bombas nucleares de Hiroshima y Nagasaki sobre una población indefensa. Y podemos entrar también en las purgas de Stalin de cuyos millones de asesinados se ha perdido la cuenta, pese que algunos niños mimados occidentales (y bastante ignorantes, o algo peor) se siguen definiendo como stalinistas

Y así podríamos seguir poniendo ejemplos, pero el objetivo no es ni profundizar en el morbo de conductas lamentables, ni analizar la hipocresía y ligereza con que tildamos de “buenos” a aquellos que cometen auténticas atrocidades, sino plantear que esas atrocidades de una u otra forma, forman parte de eso que entendemos por seres humanos, y que por tanto, entender la esencia humana como virtuosa o bondadosa es negar la propia realidad. Así que tras el surtido de casuística que convertiría en muy extraña la hipótesis de que el ser humano fuera virtuoso en esencia, por la multitud de casos que la niegan, vamos a ver algunos aspectos relativos a aquellos que lo han defendido.

[Continuación]

Salud y libertad

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2 comentarios

Archivado bajo Filosofía

2 Respuestas a “Esencia humana (3ª parte)

  1. Hola Cancerverus, te veo sumido en profundas y filosóficas reflexiones. Yo, sin ninguna pretensión de vulgarizar el tema te seré claro y conciso. No creo que sea necesario realizar sesudos análisis sobre el asunto para concluir que la esencia humana es básicamente una miscelánea de cinismo, hipocresía y envidia. Y con estos calificativos no pretendo definir al ser humano como malo por naturaleza cuando en realidad el bien y el mal, tal y como los conocemos, no dejan de ser meros convenios establecidos para mejorar (o tal vez no) nuestra convivencia.

    Es suficientemente conocido por todos que en el mundo existen diferentes culturas, y no son pocos los ejemplos que se pueden encontrar de comportamientos bien vistos por unos y muy mal vistos por otros, dicho lo cual me parece un exceso de arrogancia que por ejemplo desde occidente se quieran dar lecciones a otros pueblos sobre lo que está bien o mal, no respetando su cultura o sus tradiciones milenarias porque desde nuestro pedestal las consideramos salvajes, anticuadas o anómalas.

    Por otra parte la hipocresía que impera en occidente me parece difícil que pueda darse con tal intensidad en otras zonas del globo, y me remito a ejemplos actuales. Espero que me permitas acudir a cuestiones olímpicas, ya que es lo que ahora mismo está en candelero o en candelabro (como prefieras).

    Hace un par de semanas el Comité Olímpico denegó la participación a una atleta Griega por escribir un chiste de africanos en twitter. Quiero recordar que hablamos del mismo comité que hace 4 años no tuvo inconveniente en celebrar los juegos en un país en el que según nuestras convenciones no se respetan los derechos humanos. Hoy mismo (cuando escribo estas palabras) ha saltado a la prensa que una palista alemana ha sido expulsada de los juegos por ser supuestamente simpatizante de un partido político alemán de corte NAZI. No parece que la implicada haya cometido ningún delito contra la propiedad o contra otras personas salvo simpatizar con una opción política que además es legal según las leyes alemanas. He leído que algún alto gerifalte del comité olímpico alemán ha dicho que una persona con ese tipo de ideas no tenía cabida en un evento deportivo. Me gustaría que este mismo hipócrita hijo de mala madre me explicara entonces porqué los juegos SI tienen cabida en países que viven bajo el yugo de tremendas dictaduras o porqué los malvados jueces y políticos alemanes no cambian la ley para encarcelar a todos los componenentes de ese partido político.

    ¿Es que acaso no se permite que los deportistas puedan pensar en libertad?. Pues no, no se permite que nadie lo haga. Por eso hago especial hincapié en la cuestión de la hipocresía. Si yo o cualquier otra persona afirmamos lo que he escrito anteriormente no faltará quien automáticamente nos califique de: antisistemas, nazis, fascistas, racistas, o cosas peores. ¿Pero que es lo que he hecho en realidad?, simplemente he puesto en cuestión de forma perfectamente argumentada la forma de actuar de ciertas personas con poder para decidir lo que según su criterio está bien o mal. Y lo he hecho demostrando que su criterio es tan variable como los principios de Groucho Marx, cosa esta, tremendamente contagiosa para el resto de la gente “normal”. Olvidémonos de lo políticamente correcto y seamos pragmáticos: La libertad de cada uno termina donde empieza la libertad de los demás. Esta es una estúpida frase sin ningún sentido y que ha sido aceptada como una especie de mantra en las sociedades occidentales. La frase es bonita y queda bien, aparte de eso es una soberana gilipollez. ¿Cómo y quien establece donde empieza y donde acaba mi libertad?. ¿Soy libre de pensar lo que quiera?, ¿soy libre de decir lo que pienso?. ¿Si no puedo decir lo que pienso porque atento contra la libertad de otro me convierto entonces en un mentiroso y un hipócrita?. ¿Es eso lo que queremos, una sociedad de hipócritas que no dicen lo que piensan por no ofender o por miedo a las represalias?, ¿es eso libertad?…., Pero que coño de mierda es esta…!!!!
    Yo lo tengo claro, la esencia humana es básicamente IMBÉCIL.

    Un saludo

    • Bueno, lo que planteas de esa forma tan enérgica que tienes de decir las cosas es más o menos lo que planteo yo en otros términos, la hipocresía con la cual algunos juzgan en los demás como inadmisible lo que ellos mismos hacen. De hecho, ahí está la paradoja de Popper, cuando comentaba aquello de que no se puede ser tolerante con los intolerantes (lo cual por definiciòn te convierte en intolerante y es la pescadilla que se muerde la cola). Por otra parte sabes que comulgo bastante contigo en la idea sobre Occidente y los principios en que hoy se sustenta. Su arrogancia es solo comparable a su decadencia.

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